CARCASSONA Y ALREDEDORES (2)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (2)

Carcassona y alrededores (fotos aquí o pinchando en la imagen)

Este viaje no lo iniciamos en Valladolid, sino en Pamplona, a donde llegamos el día anterior, el 17 de noviembre. De Pamplona salimos a las 10:00 de la mañana del 18, rumbo a Carcassona, no sin antes repostar a 1,30€ de gazole (un total de 65€).

Lo primero que tengo que decir es que, tal vez inocentemente, fuimos desde Pamplona hasta la frontera en Irún por la carretera nacional (N-121a), no por autopista (AP15), por lo que el viaje fue más lento y, esto fue inevitable, lleno de obras en varios tramos. Eso sí, el paisaje espectacular. Todo el otoño en explosión de colores a nuestro alrededor, sobre todo en los tramos en los que atravesamos o dejamos cerca los bosques de Orgi y Bertiz. También nos encontramos con varios túneles (alguno cerrado que nos obligó a circular por el puerto) y tramos de fuerte pendiente de bajada que llegaron a taponarme los oídos. Después, está el tema de atravesar Irún. Llevábamos puesto el Tom-Tom, pero en una rotonda nos hacía dar la vuelta por donde habíamos venido y no nos pareció lógico, así que tomamos la salida anterior y… se lio todo de una manera tremenda. Había muchas obras, dimos un montón de vueltas, pagamos un peaje (1,04€) de más y, finalmente, volvimos al punto donde nos confundimos y, efectivamente, había que volver por donde habíamos entrado para tomar un desvío casi inmediatamente a la derecha hacia Bayona. En ese momento decidimos no volver a dudar del Tom-Tom (no lo hacíamos por capricho, es viejo, está sin actualizar y ya nos la había jugado alguna vez antes) y seguir sus instrucciones. Claro que después el muy capullo se vengó y llegó un momento en el que ya fuese porque estaba nublado, ya porque es muy antiguo, ya por que sí, el caso es que funcionó pocas veces más. De este viaje no pasa que lo jubilemos.

Aire D’Hastingues (Francia)

Por cierto que llevamos todo el camino con unos 14º de temperatura y un cielo azul y soleado. Son las 11:25 de la mañana y hemos recorrido 93 km cuando pasamos la frontera francesa. Hay mucha policía gala, equipados con rifles y con cara de pocos amigos. No sabemos si será debido al COVID o por algún chivatazo, pero es la primera vez que vemos algo así en este punto. Empezamos la deriva de peajes: Biriatou (1,80€), La Négresse (2,50€), recogida de ticket en Sames y pago en Lestelle (19,40€), Muret (1,80€), recogida de ticket en Toulouse y pago en Carcassona-Est (9,10€). Total 35,64€ de peajes (incluido el de Irún que no debíamos haber pagado), que ya está bien, y eso solo en el viaje de ida. Afortunadamente, con lo poco que hemos circulado, no tuvimos que repostar más que una vez y poco (35€), antes de volver a entrar en España (repostamos en Pamplona ya para volver a Valladolid, por lo que no lo cuento como gasto del viaje), así que podemos decir que los gastos de gazole (me encanta esta palabra francesa) han sido en total 100€ justos.

En medio hicimos una parada corta en el Aire D’Hastingues y otra más corta todavía en el punto de peaje de Lestelle, donde seguíamos con una buenísima temperatura, 13º en este momento, y eso que ya llevábamos un trecho viendo los Pirineos nevados en el horizonte. El paisaje seguía siendo impresionante, tanto como las bajadas con fuerte pendiente por la que pasamos aproximadamente entre Pau y Tarbes, con ratios de 5% y 6% continuamente. En Toulouse, cogemos la E80 dirección Montpellier, la llamada Autoroute des Deux Mers, y después de más obras  y más paisaje infinitamente bello, tomamos la salida 24 dirección Carcassona-Est, dejando atrás el área desde donde se divisa la Cité y que ha sido punto de parada casi obligada las otras veces que pasamos por aquí.

A las 16:30 horas y con 515 km en el marcador, parábamos en la puerta del Hotel Espace Cité en la Rue Trivalle. Como diría el Tom-Tom… ¡Ha llegado a su destino!

DÍA 18 DE NOVIEMBRE: CARCASSONA LA NUIT

La entrada a la Cité por la Puerta Narbona

De la Cité de Carcassona hay pocas cosas que contar que no sepa ya prácticamente todo el mundo. No obstante, una amplia explicación sobre la historia de la Cité se puede encontrar en una entrada anterior de HELICON, el relato de nuestro VIAJE POR LOS CASTILLOS CÁTAROS del 2012, así que remito a ese artículo para saber más. Lo que si diré aquí, de nuevo, es que una vez que has visto su silueta en el horizonte ya no puedes sustraerte de acercarte a ella. Es un lugar imponente, soberbio, atrayente y muy, muy fotogénico. Nada más llegar al hotel, inscribirnos, instalarnos y asearnos, nos fuimos directos a la Puerta Narbona para fotografiar la Cité de noche.

El visitante olvida aquí, de pronto, los automóviles, la multitud de veraneantes y el estrés de sus contemporáneos

Así empieza una guía de Carcassona que adquirimos en el hotel. Nada más incierto. De día es un trasiego continuo de turistas. De noche, hay mucha gente igualmente, tanto visitantes como habitantes de la Cité, que los tiene (y no me refiero a los hospedados en los hoteles). Hay que tener muchísimo cuidado con los vehículos pues el tocón que impide el paso durante el día está abierto por la noche y el tránsito de coches es constante (durante el día se pueden ver algunos del mantenimiento de la Cité, debidamente identificados) y todos van muy rápidos (demasiado, pienso). Suponemos que serían los vehículos de los negocios para aprovisionarse para el día siguiente, pues alguno vimos descargando cosas en un par de locales.

Calles de la Cité

Pero esa noche también nos encontramos con alguna sorpresa, como por ejemplo, una dotación de bomberos que debían estar achicando agua de algún punto del interior de la Cité pues una manguera recorría buena parte de la calle central, la Cross Mayrevieille (no fuimos a ver hasta donde llegaba, pero si vimos a varios sapeurs pompiers deambulando por el interior de la Cité), desde la entrada, donde estaba el camión de bomberos que no cabe por la Puerta Narbona. También llegaron gentes que entraban por una puerta lateral nada más acceder a la Cité, y que guardaban dos personas con identificadores. Me pudo la curiosidad y pregunté. No se trataba de un espectáculo público, sino de un acto privado que se celebraba en la llamada Torre del Tesoro, y cuyo camino de acceso desde ese punto estaba iluminado. Y cuando ya casi nos íbamos vimos llegar dos autobuses hasta la misma Puerta Narbona. Un tropel de gente entró en grupo en la Cité y, de nuevo, la curiosidad nos hizo querer saber dónde iban. No sería a cenar, porque a esas horas (no eran ni las ocho de la tarde), todo lo que podía estar abierto en la Cité estaba ya cerrado y los pocos restaurantes abiertos, no tenían apenas gente y se disponían a cerrar. Así que ¿dónde iban? La respuesta, de nuevo, era privada. En el Anfiteatro (en realidad llamado Teatro Jean Deschamps) situado al lado de la basílica que solo puede verse desde lo alto de las murallas en la visita pagada al Castillo Condal, se celebraba un acto (no llegamos a entender si obra de teatro o concierto) al que acudían todas esas personas de los autobuses.

La Lices Basses (Torre Samson)

Total, que entre unos y otros, además de visitantes como nosotros que no dejaban de entrar y salir por la Puerta Narbona (es decir, sin contar los que accederían por las otras puertas), volvimos a constatar que pese a ser noviembre, noche cerrada, frío (moderado, no obstante) y sin apenas locales abiertos, la Cité sigue siendo muy visitada. Pero logramos hacer nuestras fotos nocturnas sin gente.

DÍA 19 DE NOVIEMBRE: LA CITÉ Y LA CIUDAD BAJA

La Cité de Carcassona. Puerta Narbona

El día de hoy le reservamos para dedicarlo por entero a la Cité y la ciudad de Carcassona. Hoy no moveremos la furgo del pequeño aparcamiento libre del hotel (según la web, este aparcamiento no se reserva, pero a nosotros nos hicieron el favor de guardarnos el sitio los días que salimos, todo un detallazo por su parte). Amaneció claro y luminoso y con una temperatura más que agradable (entre 7º y 10º grados toda la mañana), así que pudimos ir más ligeros de ropa.

Cementerio de la Cité

Empezamos a hacer fotografías antes de entrar en la Cité, pues vimos que estaba abierto, y entramos, en el Cimetière de la Cité, el cementerio más antiguo (algunas tumbas datan de 1800) y popular de los cuatro que tiene Carcassona (La Conte, Saint Michel y Saint Vicent, son los otros) y el único en la margen derecha del Aude. Sobrecoge, como todos los cementerios, pero este lo hace especialmente por la cantidad enorme de enterramientos que tiene, los muchos recuerdos que adornaban todos y cada uno de ellos (más que flores, que también había, pequeñas lápidas y recordatorios de todo tipo que abigarraban las tumbas) y por las torres medievales de la Cité sobresaliendo por encima de las cruces y ángeles de las lápidas de piedra. Una tumba sin cruces me llamó la atención.

Dama Carcas

Volvemos a la entrada de la Puerta Narbona para detenernos de nuevo junto a la Dama Carcas, la valiente mujer que originó, según cuenta la leyenda (ver HELICON ), el nombre de Carcassona: «Sire, Carcas sonne!». Aunque la que preside la Puerta Narbona es una reproducción, la original se encuentra en la exposición del Castillo (Musée Lapidaire), a partir de aquí ya todo es admiración, majestuosidad y leyenda viva. Cada pequeño detalle merece la pena ser fotografiado, con el aliciente, además, de que la poca gente que deambula por la Cité (había gente, pero mucho menos que en verano) invita a hacer más fotografías.

La Torre del Tesoro y la Torre de Bérard a la derecha

La ciudadela o la Cité de Carcassona tal y como la conocemos hoy es una recreación realizada por el gran arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879)​ sobre vestigios de siglos anteriores. Las obras comenzaron en 1853 y se prolongaron hasta el año 1911, ya con su sucesor, Paul Boeswillwald al frente. Hay restos de la época galo-romana (siglos IV y V) y de la época medieval (siglos XII a XIV). La Cité está rodeada por un total de 52 torres (todas tienen su nombre), cuatro puertas fortificadas (también los tienen) y 3 kilómetros de murallas.

Lices Hautes. Torre Moulin du Midi (derecha) y Gran Burlas (izquierda al fondo)

Gran parte de la Cité es visitable de forma libre y es el principal de sus encantos. Recorrer las lices, o calle entre las murallas interior y exterior, así como sus calles y callejuelas, plazas y recovecos, todas ellas repletas de tiendas, hoteles y restaurantes (y viviendas), invitan a realizar, esta vez sí, un viaje al pasado.

El visitante contempla estas torres y estas murallas en las que resuenan rumores de batalla, relinchos de corceles y zumbidos de ballestas. Se imagina a los caballos partir a galope por las puertas del castillo o a los burgueses desterrados huir en camisa por las pedregosas pendientes…”

Castillo Condal. Puerta fortificada y puente sobre el foso. Torres Casernes (con matacanes) y Mayor (al fondo)

El Castillo Condal  (Château Comtal) es uno de los edificios más destacados de la Cité, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1997. Fue mandado construir en el siglo XII por el vizconde de Carcassona, Ramón Trencavel, de una manera bastante avanzada para su tiempo. En el año 1209 la cruzada albigense conquista la ciudad y pasa a dominio real en 1226.

Está situado sobre un pequeño promontorio de la Cité, en el cinturón antiguo de la ciudad. La fachada exterior se asoma al rio Aude y domina la ciudad nueva (la Bastida). La entrada al castillo está situada en el interior de la Cité y está defendida por una barbacana circular, un foso seco (nunca se cubrió con agua) que salva un puente que en un principio no era de piedra, y una puerta flanqueada por dos torres de defensa. El edificio del castillo forma un espacio casi rectangular defendido por dos barbacanas semicirculares y por otras tres torres (San Pablo, Cuarteles y Mayor),  que muestran galerías de madera suspendidas, algo que no se conocía hasta entonces y que en el futuro serían conocidas como matacanes. La puerta del castillo se cerraba con un rastrillo y una puerta con armazón de hierro tras de la cual existía otro rastrillo. Estos dos rastrillos se maniobraban desde distintos puestos, separados entre sí, para evitar que una traición los invalidara. Muy listo el señor vizconde (y muchas traiciones debieron existir para tomar esta medida). El lado oeste del castillo está formado por la propia muralla exterior, de época galorromana (torres Pinte, que es rectangular, Pólvora y Capilla), y los lados sur, este y norte, dan al interior de la ciudadela. Desde el interior del castillo se puede hacer un recorrido por encima de las murallas de la Cité: la muralla medieval al oeste y la muralla galorromana al norte.

Poternas exteriores: Notre-Dame (primer término) y Mouretis (al fondo).
Torres interiores: Vieulas (izqd.) y Rodez (drcha.)

Tampoco le visitamos esta vez, será para la próxima (la entrada permite entrar y salir hasta tres veces en un día). Antes de seguir con la visita hagamos algo de historia de la construcción de la Cité. En el siglo XIII, las huestes del rey Luis VIII, “el león”, de la dinastía de los Capetos, consiguen vencer a los Trencavel que pierden definitivamente la ciudadela. El rey decide entonces reparar las murallas. De esta época son las defensas interiores y la fortificación de las exteriores. Destacan las torres más fuertes de toda la construcción, Gran Burlas y, sobre todo, Vade, un torreón dotado de pozo y horno que mide unos 25 m de altura. En el exterior destacan la torre Peyre.

Torres exteriores: La Peyre y La Vade. Torres Interiores (drch. a izqd.): Saint Sernin, Trauquet, St. Laurent y Davejean. Al fondo Torre Baltasar.

Siguiendo a su predecesor en la reconstrucción de la Cité, de Luis IX, “el rey santo” (San Luis), son la Barbacana de San Luis y la Puerta Narbona (al este), mejor dicho, la antepuerta que situó delante de la que ya existía y que constituye el prototipo de las puertas fortificadas de la Edad Media. Está compuesta por dos torres gemelas de 25 m de altura, que al estar unidas entre sí estrechan la entrada, que mide tan solo 2,50 m. Cada torre se prolonga hacia adelante por un saliente con arquerías que permitía a los arqueros cubrir mejor el paso, también provisto de dos rastrillos, una puerta fortificada y un puente levadizo. El rey colocó defensas también en las otras puertas de acceso a la Cité: Puerta del Aude (oeste), Puerta de San Nazario (sur), Puerta de Rodez (norte). La Puerta del Aude contaba con una barbacana defensiva en su tiempo, pero solo queda hoy la rampa de acceso, rodeada de murallas almenadas, ofreciendo una de las vistas más bonitas de la Cité.

Puerta del Aude (efecto Wi-Fi)

Las reconstrucciones de San Luis alcanzaron las torres de la defensa interior: Trauquet, St. Laurent, Davejean y Baltasar. Reformó y reforzó con grandes piedras de cantería las bases romanas de las murallas situadas al otro lado, al igual que las torres de este costado: Molino du Midi, Condestable, Vieulas, Marquière y Samson. De esta época son también las protecciones de las torres Baltasar, San Martín y Mipadre, fortificadas al estilo de la Puerta Narbona.

Torre Mipadre

De Felipe III, “el atrevido” (sucedió a su padre Luis IX tras morir durante la octava cruzada en Túnez), son las obras de las torres sur, Prisiones e Inquisición, así como la Torre del Tesoro, un potente torreón cuadrangular, rematado con un aguilón escalonado de estilo flamenco, que se redondea en la parte que da a las lizas, constituyendo casi una torre diferente. Consta de una bodega, dos pisos abovedados y un tercer nivel con pisos de madera. Bajo el armazón del tejado, un último nivel permite acceder a las almenas.

Imagen de la Virgen en la Puerta Narbona (y tocón que impide el paso de vehículos)

Sobre la Puerta Narbona una imagen de la virgen (el niño que portaba desapareció) del siglo  XIV, anuncia la religión de sus moradores y evidencia que la reforma de la Cité duró varios siglos. Paradójicamente, desde finales de la Edad Media su importancia defensiva fue disminuyendo, hasta que fue necesario rearmarla para la defensa de Francia frente a la Corona de Aragón, ya en época de Felipe el Hermoso, manteniendo esta función defensiva de frontera hasta la firma del Tratado de los Pirineos (7 de noviembre de 1659) que fijó definitivamente la frontera franco-española alejada de la Cité. Su deterioro fue evidente desde esta fecha hasta el siglo XIX cuando se acometió su reconstrucción.

Estatua de San Luis enrejado en una esquina
Edificio en una de las plazas de Carcassona

Además de las torres, las murallas, el castillo, la barbacana y las puertas defensivas, la Cité cuenta con algunas otras maravillas. Sus calles son una de ellas. Los edificios rezuman historias medievales, y esconden, a poco que te fijes, algunas maravillas que sorprenden en cada esquina. Como la pequeña estatua de San Luis que se esconde tras una reja.

Place du Château

También sus plazas, más dominadas por los comercios y restaurantes, pero con rincones tan bellos como el pequeño jardincito que hay en la Place du Château, y que nos sirvió de improvisado lugar para comer. Otras plazas también ofrecen bellezas, como las dos presididas por pozos: Place du Grand Puits y Place du Petit Puist,que abastecían de agua a la Cité. Las Plazas Marcou y Auguste Pierre Pont, son otros de los lugares más encantadores (y más llenos de restaurantes, sobre todo la primera). Y no hay que olvidar, para quien tenga curiosidad, los varios pequeños museos de la Cité: el Museo de la Escuela (Musée de l’Ecole); el Museo de la Inquisición (Musée de L’inquisition, con dos ubicaciones); y la Maison Hantée, la casa encantada, un lugar donde, dice el folleto, los “escalofríos y miedos están garantizados”… Pues ya saben.

Place du Petit Puist

Y una curiosidad que nos hemos encontrado en este recorrido es una especie de “desgaste” en las paredes de una parte de la Cité (la que da a la puerta del Aude, que ofrece al visitante una de las vistas más bellas de todo el conjunto, insisto), que parecían señales de red Wi-Fi. No es eso, claro está, sino las consecuencias de un montaje artístico que se llevó a cabo en el año 2018 y que cubría por completo esta puerta con unas cintas (o pintadas) amarillas. Era una obra titulada “Círculos concéntricos excéntricos”, del artista Felice Varini, para celebrar el 20 aniversario del nombramiento de Carcassona como Patrimonio de la Humanidad. Sinceramente, a mí no me gustó ese montaje (pueden verlo pinchando en el título) ni el efecto que hace actualmente, tres años después de la instalación. Prefiero la ciudad tal y como se veía en nuestras anteriores visitas. Aunque el efecto que se aprecia en las fotografías parece curioso, a mí me resulta inconveniente.

Durante la época estival la Cité cuenta con varios espectáculos, como el de la “Ciudad de las piedras vivientes”, en agosto, cuando en la noche se proyectan diferentes trabajos artísticos sobre las murallas de Carcasona acompañados de música. También se celebra el Festival de Carcasona, en el mes de julio, y que incluye espectáculos de teatro, música, danza, proyección de documentales y otros actos, en el Teatro Jean Deschamps, en el interior de la Cité. Este escenario privilegiado cuenta hoy con 3000 localidades de asiento (llegó a tener el doble) y desde el año 2006 está dedicado al actor y director de teatro francés Jean Deschamps, fundador del Festival de Carcassona en el año 1957.

Basílica de San Nazario y San Celso de Carcasona

Faltaría mencionar la Basílica de San Nazario y San Celso de Carcasona (Église Basílica de SaintNazaire-et-Saint-Celse de Carcassonne), que fue catedral hasta 1801, monumento histórico desde 1840 y se mantiene con el rango de basílica menor desde 1898. Su origen es una iglesia del siglo VI de la que no queda nada y sobre la que se erigiría un templo carolingio en el siglo VIII. Pero todo eso parece perderse en las brumas de la leyenda. La primera mención constatada a la actual iglesia bajo la protección de San Nazaire data del siglo X, cuando el obispo Gimer la eleva al rango de catedral. Más tarde, en el año de 1096, es consagrada por el Papa Urbano II. Todo el conjunto sufrió daños con los asedios de la cruzada albigense, pero también reparaciones y ampliaciones. Violet-le-Duc modificó tanto el exterior como el interior de la basílica manteniendo los dos estilos que la caracterizaron: el románico y el gótico. El románico evoca la prosperidad vizcondal de la época de las cruzadas, y el gótico evidencia la victoria de la iglesia sobre la herejía.

Altar mayor y vidrieras de Saint Nazaire

Del interior, destacaría yo sus vidrieras, que decoran el santuario y el crucero, y están dedicadas, unas a la infancia y pasión de Cristo (datan de 1280), y las demás a la vida de San Pedro y San Pablo, así como a los patronos, San Nazaire y San Celso, que son un poco más tardías (siglo XIV). Todas las vidrieras fueron restauradas durante la reforma de la Cité en el siglo XIX por el parisino Alfred Gérente (1821-1868).

Órgano de Saint Nazaire

Pero hay más maravillas. Por ejemplo el órgano, que ya existía en el siglo XVII (del fabricante Jean de Joyeuse) y es de los más antiguos de Francia. Aunque se ha restaurado varias veces (en los siglos XVIII, XIX y XX) apenas se utiliza hoy en día. Está catalogado como monumento artístico.

Piedra del Asedio

También alberga la llamada Piedra del Asedio (Pierre du siège) que representa la batalla de Toulouse en el siglo XIII, durante la Cruzada Albigense, donde es asesinado Simon de Montfort. Su cadáver fue devuelto a Carcassona y enterrado en la Iglesia de Saint-Nazaire, pero años después sus restos fueron llevados a un monasterio cerca de Toulouse y se piensa que esta piedra (descubierta en 1835) formaba parte de su tumba (sus restos están en Toulouse, pero en Saint-Nazaire se conserva también una lápida que debió formar parte del enterramiento primitivo). La curiosidad de esta Pierre du siège es que muestra el asedio con un trabuquete ¡manejado por mujeres!

Campana en Saint Nazaire

Una enorme campana de bronce llama enseguida la atención.   Construida en el siglo XVI, fue colocada en un principio en el crucero, en el sur de la basílica y hoy reposa en el suelo, sin que haya encontrado la razón. También vimos un relicario en madera de San Roque y, como no, una estatua de Juana de Arco, además de otras estatuas de obispos y santos (una lista de los objetos catalogados que se encuentran en la basílica puede verse aquí). También se puede visitar el Museo del Tesoro de Notre Dame de l’Abbaye.

Gárgola en Saint Nazaire
Puerta románica de Saint Nazaire

Del exterior son admirables sus agujas  y la torre (gran parte del exterior de la basílica estaba en obras, cubierta por andamios y lonas, una obra de restauración que comenzó en julio de 2020), así como las gárgolas de todo el conjunto y los canecillos que decoran la puerta románica, muy distinta a la puerta gótica (es por donde se accede hoy). El antiguo claustro de Saint Nazaire, en la parte sur del edificio, está ocupado hoy por el mencionado Teatro Jean Deschamps,construido en 1908 y no se visita, solo es visible desde lo alto de las murallas, accesibles con la entrada de la visita al Castillo Condal y, claro está, con las entradas a los espectáculos que allí se celebran.

Puerta de los Jacobinos

Aunque no fue exactamente en el día de hoy cuando lo visitamos, sino en dos momentos distintos a lo largo de los cuatro días que permanecimos en Carcassona, sí que voy a contar aquí nuestra visita a la Ciudad Nueva, la Bastida de San Luis. Situada en la orilla izquierda del río Aude, fue construida en 1260 por orden de San Luis siguiendo un plan cuadrangular en torno a una plaza central (hoy la Place Carnot). Dentro de esta zona aún pueden contemplarse casas señoriales, como la que hoy ocupa el Museo de Bellas Artes (Musée des Beaux-Arts, de entrada libre) de los siglos XVII a XIX, algunos edificios notables que hoy son hoteles, o las Halles, la antigua lonja del mercado del siglo XVIII, que ostenta el título de Monumento histórico de Francia y que ha sido restaurado recientemente.

El interior tiene otros muchos encantos que no recorrimos (mis piernas no dan para mucho caminar tampoco), pero si pudimos ver la Puerta de los Jacobinos, del siglo XVIII, pero colocada donde la antigua Bastida fortificada contenía una de las puertas de acceso, la puerta sur, las otras eran: Puerta de Tolosa (oeste), Puerta las Carmes (norte) y la Puerta de los Cordeleros (este). Junto a ella, hoy puede verse una parte de esa muralla. También vimos parte del llamado Baluarte de San Marcial, una de las defensas colocadas durante las guerras de religión en el siglo XVI para reforzar las defensas y que hoy contiene un bulevar y los Jardines del Calvario.

Catedral de Saint-Michel de Carcassona

Sí que pudimos ver parte de la Catedral de Saint-Michel (siglos XVI-XVIII, de estilo gótico, ya estaba cerrada), la que arrebató a Saint Nazaire su título de Catedral de Carcassona en 1803. Viollet-le-Duc también realizó la reforma de la catedral en 1857. Se pueden contemplar algunos restos de la muralla en su entorno, así como una estatua de Juana de Arco y algunas gárgolas. Se estaba echando la noche, así que no hicimos mucho más por aquí.

El Puente Viejo de Carcassona

Llegamos así a la última visita que hicimos en la ciudad de Carcassona, la visita al Puente de Piedra, o Puente viejo (Pont-Vieux), el puente medieval sobre el Aude, del siglo XIV, único enlace hasta el siglo XIX entre la Cité y la Bastida, hoy peatonal, y con unas preciosas orillas ajardinadas que lo flanquean. Desde el puente también hay caminos que llegan hasta la Cité, hasta la Puerta del Aude, pero nosotros llegamos a él siguiendo la calle de nuestro hotel, la Rue Trivalle, una elección acertada, pues es una de las viejas callejuelas de Carcassona, en la zona que une la ciudad alta con la baja (la Bastida), que circula paralela a las murallas de la Cité y que guarda el viejo encanto de los pueblos pequeños, así como varios restaurantes y comercios locales. También un centro religioso-hotelero Notre Dame De L’abbaye, o, al menos un albergue, así se anuncia en Internet, y que contaba con varias escenas medievales pintadas en su muro exterior, incluida una reproducción de la Piedra del Asedio. Y hasta un museo, el Centro Cultural de la memoria Combatiente, un pequeño museo militar gratuito, cuya visita se presentaba interesante (hay una sala que se ve desde el exterior), pero la dejamos para otra ocasión porque la hora se nos echa encima y nos quedamos sin luz.

Crucero que marca la mitad del Puente Viejo

El Puente Viejo tiene doce arcos de medio punto y 225 metros. Forma parte del Camino de Santiago en el sur de Francia. Se sabe que aquí se permitió construir un puente de madera en el siglo XII, el llamado Pont du Moulin du Roi, que fue destruido durante la cruzada albigense y vuelto a construir en piedra sufragado por sus habitantes, ya en el siglo XIV, con permiso del rey Felipe V capeto. El centro de este puente marcaba el límite entre la ciudad baja y la ciudad alta. Hoy, en ese lugar, se encuentra un cristo de piedra y ningún farol, por lo que la noche parece cortar el puente entre las dos zonas iluminadas. Tras varios derrumbes, fue restaurado (al parecer alterando algo el original) en 1820, y en 1926 declarado monumento histórico de Francia. Los otros puentes con los que cuenta hoy la ciudad de Carcassona son le Pont-Neuf (desde donde hay una vista panorámica del Puente Viejo y la Cité) y le Pont de l’Avenir (del futuro). Pero el Pont-Vieux sigue siendo el mejor acceso a la Cité.

El río Aude desde el Puente Viejo. Vista de los parques de sus orillas

Otro de sus encantos son los jardines que lo rodean, el Parque Bellevue y el Jardín de Pierre y Maria Sire . Ofrecen un lugar maravilloso para pasear, contemplar la Cité y el Puente viejo desde una nueva perspectiva, y admirar unas orillas muy cuidadas, iluminadas, con bancos para sentarse, con balcones a la orilla, con pasarelas sobre el río… Un sitio precioso de verdad.

Finalmente, en el lado de la ciudad vieja de la Cité, al lado del puente, se puede ver el edificio de la Real Manufactura, del siglo XIV y restaurado recientemente como oficina local de la Dirección General de Finanzas Públicas. Y al otro lado, en el lado izquierdo, justo al terminar el puente, una pequeña capilla (estaba cerrada), la de Notre Dame de la Sante (Nuestra Señora de la Salud) del siglo XV, que marca el inicio del camino del piedemonte pirenaico hacia San Jean de Pie de Port, en dirección a Santiago de Compostela. En el lado derecho, ya en la orilla de la ciudad nueva, el lujoso Hotel du Roi, que ocupa un edificio notable (no he encontrado que edificio es el que está adosado a la parte nueva del hotel) y un lugar privilegiado que llega a ocupar la orilla del río, una orilla a la que no se puede acceder de otro modo.

La Cité desde el Puente Viejo al anochecer

Y hasta aquí nuestra visita a Carcassona (la Cité y la Bastida). Para los dos días siguientes organizamos dos pequeños recorridos por los alrededores, que resultaron increíbles y de los que hablaré ya en el próximo capítulo.

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Continuará…

CARCASSONA Y ALREDEDORES (NOVIEMBRE 2021)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (3)

VISITA RELÁMPAGO A TORO

VISITA RELÁMPAGO A TORO

FACHADA DEL AYUNTAMIENTO DE TORO (ZAMORA)

Es lunes y sabemos que todo museo o lugar visitable con entrada está cerrado (incluidas iglesias y demás edificios religiosos, que ya les vale), pero aun así, como este día de noviembre amanece luminoso y claro, hemos decidido ir a visitar TORO, una localidad de la provincia de Zamora, que dista tan solo 79 km. de Valladolid y que no conocemos.

La ruta es fácil, salimos de Valladolid por la carretera Salamanca cogiendo enseguida la A-62 hasta encontrar la salida hacia Toro, no tiene pérdida. En apenas 55 minutos nos encontramos ya a las puertas de la localidad, vemos que no es difícil aparcar y lo hacemos en la misma avenida por la que hemos entrado (Av. de Luis Rodríguez de Miguel). Desde aquí vemos la primera referencia monumental, la Puerta de la Corredera, construida en 1602 en honor a Felipe III, que estaba incluida en el tercer recinto amurallado de la ciudad. Es la entrada natural al recito histórico de la ciudad de Toro.

Puerta de la Corredera

Esta puerta se construyó a semejanza de los arcos triunfales de la Roma Imperial, era decorativa y está realizada con grandes bloques de sillería. El arco es de medio punto y tres bolas decoran el frontón triangular. En la parte derecha del arco, visto desde la entrada a la ciudad, existe una inscripción de difícil lectura, pero la que se encuentra en su parte exterior central se puede leer perfectamente:

PHILIPPO III HISPANIARVN REGI LONGE POTENTISSIMO ET INVICTISSIMO SENATVS POPVLVSQVE TAVRISANVS DEDICAVIT. IIII IDVS FEBRVARII ANNO MDCII. REGIO VRBIS PREFECTO GARSIA SILVA FIGVEROA.

La ciudad de Toro, situada estratégicamente en una elevación sobre el río Duero, es reflejo de su notable papel histórico, de especial relevancia entre los siglos XII y XVI, en la que fue sede real y lugar de celebración de Cortes. Aquí, en la que fuera residencia regia en el Palacio de Diego de Ulloa y Sosa (siglo XV), del que hoy solo queda la portada después del incendio de 1923, se convocaron las Cortes por Fernando II de Aragón (1505), leyéndose el testamento de Isabel I de Castilla donde fue proclamada heredera Juana I y nombraba regente a su padre Fernando V de Castilla. En esta celebración de las Cortes de Toro de 1505 se promulgaron las célebres ochenta y tres Leyes de Toro, anticipo del moderno Código Civil (el primero de 1889). La Portada del Palacio de las Leyes se encuentra en la Calle Capuchinos, dentro de la zona más antigua de la ciudad, en la parte izquierda de la misma.

Verraco de la ciudad de Toro

Pese a que su nombre evidencia claramente la figura de un bovino, un toro, su etimología, documentada desde antiguo, deriva de «Campu Gothorum», es decir, «campo de godos», denominación que, desvirtuada con el paso del tiempo, llegó a convertirse en la actual Toro. No obstante, la figura del toro, el animal, recorre toda la población, empezando por su escudo, protagonizado por un toro y un león en posición rampante. También con una figura singular, un verraco (se denominan así genéricamente, siento algunos un gran cerdo y otros un pequeño toro, de la etapa final de la Edad de Bronce y principios de la Edad de Hierro, signo reconocible de los Vettones) que fue hallado en la ciudad y que para muchos es lo que justifica el origen de su nombre. También hay quien ve en este toro pétreo la prueba de que esta localidad fue el primitivo asentamiento vacceo de «Arbocala», población conquistada por Aníbal como menciona Tito Livio. Sin que nada de esto esté probado fehacientemente, el Verraco de Toro, realizado en granito, fue hallado en la ciudad por los repobladores cristianos en tiempos del Alfonso III de Asturias. Hoy en día está situado justo enfrente de la entrada del Alcázar de Toro, donde está situada la Oficina de Turismo, y un lugar privilegiado desde donde observar todos los maravillosos alrededores.

Alcázar de Toro

Me he desviado un poco de la ruta que seguimos. Desde la puerta de la Corredera, seguimos por la calle principal hasta dar con el Arco o Torre del Reloj, situada sobre la llamada Puerta del Mercado (siglo XV) una de las que flanqueaban el recinto amurallado de Toro. La torre data del siglo XVIII y se atribuye su diseño a Joaquín Churriguera. El reloj que le da nombre está en el segundo cuerpo de la torre y uno más abajo podemos ver una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, justo en el lugar en el que originalmente se encontraba una capilla dedicada a la Virgen de las Nieves, que fue trasladada a la Iglesia del Santo Sepulcro (del siglo XII ha sido objeto de varias reformas hasta el siglo XIV), otro de los lugares que visitar en Toro, justo en la Plaza Mayor de la localidad, frente al Ayuntamiento.

Torre del Reloj sobre la Puerta del Mercado.
Sagrado Corazón de Jesús
Ayuntamiento de Toro
Iglesia del Santo Sepulcro

Como ya he dicho, no visitamos ningún edificio en su interior porque los lunes no es día de visitas, todo está cerrado (afortunadamente, la Oficina de Turismo estaba abierta), pero anotamos Toro para una próxima vez. Nos gustaría entrar en esta Iglesia del Santo Sepulcro y otros edificios sacros a los que ya no llegamos, como por ejemplo la Iglesia-Museo de San Sebastián de los Caballeros  y la Iglesia mudéjar de San Salvador de los Caballeros, hoy también museo de escultura medieval. Tampoco nos acercamos hasta la Iglesia de San Lorenzo el Real, una de las más antiguas de Toro (siglo XII) y que alberga numerosos sepulcros de gentes notables de los siglos XV y XVI. No obstante, para quien no tenga tiempo de hacer estas visitas o le pase como a nosotros que decide visitar Toro cuando los monumentos están cerrados, aquí se pueden ver. Es una página fantástica, de la Web de Turismo de Toro, con vistas panorámicas de la localidad y de todos sus monumentos, incluida una visita virtual en el interior de todos ellos.

Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)

Mención aparte merece la Colegiata de Santa María la Mayor, imponente edificio religioso alzado  unos cien metros sobre el rio Duero y desde donde se puede observar toda la vega. Construida a finales del siglo XII, es un ejemplo del románico de transición, que también se puede observar en otras localidades castellanas, como por ejemplo la Colegiata de Nuestra Señora de la Anunciada de Urueña (Valladolid) que visitamos el otro día y que presenta una similar factura, aunque la de Toro es más monumental y se reconocen en ella varios momentos constructivos después de algunos derrumbes, que llegan hasta el siglo XVI. Pero el pórtico occidental se acabaron durante el reinado de Sancho IV (1284-1295), gracias al mecenazgo de su esposa, la gran María de Molina.

Puerta Septentrional de la Colegiata
Puerta Septentrional de la Colegiata (Detalle)
Puerta Septentrional de la Colegiata (Detalle)

La Puerta Septentrional de la Colegiata, que pudimos admirar detenidamente, es del maestro Mateo, y muestra un gran número de figuras con instrumentos musicales (los Ancianos del Apocalipsis) en torno a una manifestación de la divinidad de Cristo, flanqueado por los santos intercesores, la Virgen y Juan. Es una preciosidad de puerta que no nos cansábamos de fotografiar. Y por lo que vemos en la web, merece muchísimo la pena visitar el interior.

Paseo del Espolón
Vistas desde el Paseo del Espolón

Nosotros disfrutamos de un día espléndido con una luz otoñal fantástica, sol aun con fuerza y algo de fresquete a primera y última hora, que invitaba a recorrer sus calles y alrededores. Andando, andando llegamos hasta la zona del Alcázar y el llamado Paseo del Espolón con vistas al río, los cortados que lo rodean y el impresionante Puente de Piedra. Un simpático toresano nos cuenta en este punto que se puede llegar hasta los alrededores del río desde una carretera que se ve muy bien desde aquí arriba, sin tener que hacerlo a través de los caminos que vemos partir desde el pueblo y que, aunque no presentan mucha dificultad, no me atrevo a realizar porque ya llevo mucho tiempo andando y no puedo abusar de mis rodillas.

Arco del Postigo (vista norte)
Arco del Postigo (vista sur)

Así que, después de entrar en la Oficina de Turismo, subir a lo alto del Alcázar y fotografiar el verraco de piedra, nos volvimos a la furgo callejeando y en la calle Trascastillo encontramos el Arco del Postigo, uno de los postigos de la antigua muralla de la ciudad (Toro llegó a contar hasta con tres recintos amurallados), que a finales de la Edad Media tenía abierta sobre el arco una capilla que se llamaba de Nuestra Señora de la Antigua. Hoy se puede ver un relieve de la Anunciación.

Área Recreativa Puente Mayor de Toro (Zamora)
Hora de Comer…

Ahora, ya en la furgo, nos dirigimos hasta donde nos indicó el simpático anciano que nos abordó en el Paseo del Espolón y nos encontramos con una estupenda chopera (aunque podría estar más arreglada, incluido el camino de acceso, que es de tierra, pero es fantástica) con mesas y bancos, justo al lado del río y desde donde se accede al Puente de Piedra, que según un cartel, es el Área Recreativa Puente Mayor de Toro. Nos ha encantado y vamos a comer aquí.

El río Duero es otro de los elementos protagonistas de Toro, ya que lo atraviesa de este a oeste. En este valle el río ha ido erosionando sus orillas llegando a alcanzar en algunos puntos los 6 km de anchura y creando cortados, terrazas, laderas, abarrancamientos y fondos de valle. El límite sur de la población es una ladera de una pendiente media del 25%, llamada «La Barranquera». En los alrededores del río se encuentran las tierras vinícolas del término municipal que han dado a esta localidad su Denominación de Origen Toro.

La Barranquera de Toro
El Puente de Piedra desde la Chopera

Ahora solo nos queda recorrer esta parte del río y atravesar el magnífico Puente de Piedra, de veintidós arcos apuntados, que en origen (en el siglo XI) fue de madera, y que mantiene una orientación paralela a la corriente del río, por lo que se supone que en origen la corriente del río tendría otra dirección. Fue construido en piedra de arenisca, y no de caliza toresana. Antiguamente unía el campamento romano de Villalazán con la ciudad vaccea de Arbucala, y durante la guerra de la independencia española, mientras las tropas francesas se retiraban en 1812, volaron dos de sus arcos tratando de impedir la llegada de Wellington. Pero hoy en día solo es un lugar de paseo peatonal desde donde observar su caudal, las islas del meandro y las grullas que se pasean de uno a otro lado con toda la majestuosidad de su vuelo.

La Colegiata desde el Puente de Piedra
El Puente de Piedra
El Puente de Piedra
El Puente de Piedra
El Puente de Piedra

Aquí nos pasamos buena parte de la tarde, fotografiando un montón de rincones embellecidos por los colores otoñales de la arboleda, los rayos de sol que los atravesaban y adornados por la estampa del puente que ofrecía miles de encuadres para tomar fotografías. No podemos olvidar las vistas de Toro y de su Colegiata en todo lo alto de la Barranquera, que junto al puente ofrecía unas vistas preciosas. La verdad es que no nos hubiésemos marchado de este lugar, absolutamente tranquilo (no vimos a nadie paseando por aquí mientras estuvimos nosotros, solo cuando nos marchábamos llegó una pareja) y bello que ofrecía, además, un curioso fenómeno sonoro: A un lado del río se escuchaba el bramar de las aguas al pasar por los pilares del puente y la escollera, que formaba remolinos y espumeaba de la fuerza con la que pasaba; al otro lado, ni un solo sonido y una inmensa calma.

El Puente de Piedra al caer la tarde

Fue un magnífico broche final a una excursión relámpago a Toro que nos dejó un maravilloso sabor de boca. ¡Precioso! Algunas imágenes más se pueden ver pinchando aquí o en la imagen de cabecera.

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Postdata: Durante el recorrido por Toro salieron a mi paso una buena cantidad de imágenes pintadas en las paredes que merecen ser conocidas. Se pueden ver pinchando aquí, o en la imagen:

¡¡FELIZ ANIVERSARIO!!

¡¡FELIZ ANIVERSARIO!!

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¡Hola!
Esto es como estrenar casa.
Apenas están puestas las paredes y el suelo, ni siquiera luces. La Bienvenida es la forma de encender la luz en esta mi nueva casa.
Recorro las habitaciones y las encuentro vacías… todavía. Pero tengo ilusión por amueblarla. Y esa ilusión me llega por el convencimiento de que cuento con vosotros para esa tarea.
Tenemos mucho trabajo por delante.
Imaginaos que estáis delante de una puerta abierta, a vuestros pies una alfombra que pone «Bienvenido», y enfrente todo un mundo donde depositar vuestra inspiración.
Bienvenidos a Helicon.
Besos.Alma. 
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De esta forma iniciaba mi andadura en este blog, HELICON, hace ahora 13 años, el 10 de junio de 2006. Todo el tiempo transcurrido no ha hecho más que hacerme desear cada vez más «amueblar» esta casa que ya es tan mía como vuestra. Muchas gracias por estar ahí con cada entrada. He estado ausente un tiempo por un accidente, pero procuraré ir retomando la actividad poco a poco.
¡Bienvenidos de nuevo a HELICON!!
AlmaLeonor
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