WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

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Alex Høgh Andersen, actor que interpreta a “Ivar el deshuesado” en la serie de TV “Vikings” (2013-2017)

Ahora que ya hemos visto algunas sillas de ruedas del cine o la televisión, es hora de abordar aquellas que sabemos se utilizaron a lo largo de la historia, pero para ser justos, conocemos las que utilizaron personajes famosos o eminentes de la historia, porque de los miles de personas anónimas que la han podido utilizar en uno u otro momento, pocos datos tenemos. Bueno, alguno sí, enseguida los conoceremos. Pero antes, un desmentido, o desmentido a medias, porque no se sabe con seguridad…

Ivar Ragnarsson (787-873), uno de los hijos del temible Ragnar Lodbrok, y que también comandó un ejército vikingo, como sus hermanos Halfdan y Ubbe, era conocido como Ivar el Deshuesado y tradicionalmente se le ha tenido como un inválido que necesitó ser transportado en volandas  sobre su escudo toda su vida (no se dice nunca que fuese en silla de ruedas y en la serie de TV utiliza un carruaje especial). Pero no esta tan claro. Inn Beinlausi, era un apelativo usado en las sagas vikingas que significa “deshuesado”, si, incluso en el poema Háttalykill inn forni, se le describe como un ser sin un solo hueso, pero no es seguro que fuese así. Algunos investigadores aceptan literalmente su apodo como el de un caudillo, al menos, cojo y extendiéndose un poco más, con una enfermedad que se ha llegado a identificar como “osteogénesis imperfecta” (conocida como «huesos de cristal»). Pero esto es muy improbable, afirma la mayoría, dado el tipo de sociedad en la que vivía, una sociedad que practicaba el infanticidio si se observaban taras físicas, y más en el descendiente de un líder. Para la mayor parte de los historiadores especialistas en el tema no es un término que deba tomarse literalmente, sino como una expresión, tal vez de impotencia sexual (la serie “Vikings” se encargó de desmentirlo explícitamente), tal vez de todo lo contrario, de poseer unas dotes físicas impresionantes que le permitían moverse con gran flexibilidad, como una serpiente, o como un berserker, un guerrero nórdico muy temido, fiero hasta el extremo y que, al parecer, consumía algún tipo de brebaje que le producía un perfil psicótico y le hacía insensible al dolor (casi). Lo cierto es que Ivar el deshuesado no es un personaje al que se debería incluir en una relación de los que si utilizaron sillas de ruedas en algún momento de la historia pero, curiosamente, he decidido que encabece esta. Vamos con los demás.

El hombre de la Chapelle-aux-Saints, en un relieve de la fachada del Instituto de Paleontología Humana de París, obra de 1911 de Constant Ambroise Roux.

A lo largo de la historia no se ha tratado bien a aquellos seres humanos que nacieron o desarrollaron (ya fuese por accidente o enfermedad) la necesidad de ser transportados a hombros, o en un aparato adaptado, o en una silla de ruedas. Como se ha dicho antes, frecuentemente estas personas eran rechazadas y hasta eliminadas desde la infancia. Hay alguna notable excepción desde, incluso, la prehistoria. Por ejemplo, contaba yo en un artículo al respecto en Anatomía de la Historia, el caso de un neanderthal (con una antigüedad de unos 60.000 años) que presentaba varias lesiones graves que le convirtieron prácticamente en inválido. Se trata del ejemplar conocido como el “Viejo de la Chapelle-aux-Saints”, descubierto en 1908 y estudiado por el paleoantropólogo de la Universidad de Washington, y uno de los mayores expertos en neandertales, Erick Trinkaus. Hay más ejemplos, como el espécimen de Shanidar 1 (de hace unos 80.000 años), que presentaba mayores lesiones (aplastamiento de la mitad del cuerpo) y también un caso en España, en el yacimiento de Atapuerca, los restos de un heidelbergensis (de medio millón de años) apodado “el Viejo de la Sima de los Huesos”, descubierto en 1994, que pese a sufrir una pronunciada curvatura de la espalda (cifosis lumbar degenerativa) y una desviación de la columna respecto al sacro (espondilolistesis moderada), había llegado a la ancianidad: superaba los 45 años, como unos 80 años actuales. Todos ellos tuvieron que necesitar ayuda solidaria y altruista de sus congéneres para sobrevivir y, muy posiblemente, ser trasladados en brazos o en volandas por otros miembros del grupo.  

Un poco más adelante se conocen algunas vasijas del periodo Neolítico con pinturas de personas donde se pueden apreciar ciertas incapacidades como escoliosis, acondroplasia o amputaciones de miembros. Hacia el siglo VI a.C. sabemos ya de la existencia de sillas con ruedas, o más bien una especie de camilla rodante, por una representación en una vasija griega. También se sabe que en China, desde el siglo V a.C., ya se utilizaban versiones rudimentales de sillas de ruedas, incluso, se conoce un dibujo donde Confucio en silla de ruedas conversa con un niño (“Xiao er lun“).  Y un alto personaje chino ya en el siglo II d.C. utilizaba una silla de ruedas. Se trata del general Zhuge Liang (181-234), de la dinastía Qing, escritor, ingeniero e inventor, que falleció a la edad de 54 años, después de haber contribuido militarmente en muchas campañas a la fundación del reino de Shu. Estos casos chinos no necesariamente se refieren a personas con problemas de movilidad, sino que, más probablemente, fuesen transportados en sillas de ruedas por su ancianidad o estatus.

Y en el antiguo Egipto, una de las sociedades más estrictas en cuanto a la apariencia personal y que también practicaba el infanticidio y abandono de niños con algún tipo de problema físico, se conocen, sin embargo, algunas representaciones  que muestran gentes con estas minusvalías, como la de un sumo sacerdote (del 1400 a.C.) con bastón y una pierna que parece afectada de poliomelitis.  Sin duda, necesitaría de una asistencia mayor que la de un bastón en algunos desplazamientos.

“La curación del paralítico” (1668) Bartolomé Esteban Murillo.

La llegada de las religiones monoteístas no cambió este panorama cuasi-solidario y si, por un lado, se proclama el amor al prójimo en todas sus circunstancias, por otro, ya desde el judaísmo se aprecia una cierta animadversión hacia las personas con algún defecto, como si fuese un “pecado” no redimido. En el Levítico (21: 17-21) podemos leer: “si alguno de tus descendientes tiene algún defecto físico, no podrá acercarse a mi altar para presentarme las ofrendas que se quemen en mi honor.” Los sacerdotes judíos debían mantener un determinado aspecto y no padecer daño físico alguno: ni ciegos, bizcos, cojos, mancos, jorobados, enanos o deformes, con enfermedades en la piel o, curiosamente, tampoco los que tuviesen los testículos aplastados (¿un eufemismo para la impotencia?). Sin embargo, en el Nuevo Testamento se presta algo más de atención a este colectivo y en él se puede encontrar como Jesús llega a curar a un hombre paralítico que le es presentado en una camilla, lo que podríamos entender como una silla de ruedas de la antigüedad: “levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. El hombre se levantó y se fue a su casa” (Mateo 9: 2-7).

Miniaturas medievales sobre el Rey Tullido y Perceval llegando a su castillo.

La Edad Media acentuó el oscurantismo hacia la discapacidad. Item más… también hacia cualquier diferencia del canon establecido por la Iglesia, llegando a calificar de brujas y herejes a toda aquella o aquel que se interesara por una explicación no religiosa de cualquier fenómeno. Pero hacia los siglos XII-XIII, en pleno medioevo, la leyenda del Grial trae a cuento un curioso personaje, el Rey Pescador, también llamado “El rey tullido”, un regidor herido en el muslo (o en la ingle, o en los testículos ¿aplastados, como decía el Levítico?), incapaz de moverse por sí mismo, impotente (curiosa similitud con Ivar el deshuesado), como si fuese el anuncio de un reino acabado, infértil. El rey cojo representa a un hombre que necesita redención y que en los relatos artúricos se muestra como el último (algunos hablan de un padre y un hijo que viven en un castillo y solo el primero está impedido) de una estirpe de protectores del Santo Grial.

A partir de aquí las cosas ya fueron mejorando poco a poco (muy poco a poco) para todas aquellas personas que necesitaron una silla de ruedas para poder desplazarse. Pero un elemento como una silla de ruedas solo podría ser privilegio de poderosos. Por ejemplo, el rey Felipe II de España, quien sufría una severa inmovilización a causa de la gota y la artrosis, y para quien se creó en 1595 la que se tiene por la primera silla de ruedas destinada especialmente a ese propósito. Se trataba de un cómodo sillón al que se le aplicaron ruedas en las patas y debía ser empujado por un asistente.

Algo más de medio siglo después, en 1665, un relojero de Nuremberg, Stephan Farffler (1633-1689), va a necesitar utilizar una silla de ruedas (no se sabe bien si por una paraplejia o porque perdió sus piernas) y él mismo se construye la que se tiene por la primera silla de ruedas autopropulsada. Se trataba de una mezcla entre sillón y triciclo que se impulsaba con una manivela que se accionaba con la mano. Este artefacto se tiene también por el primer triciclo de la historia.

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Durante los siglos XVIII y XIX la salud va a ser la protagonista de las sillas de ruedas que se desarrollan, sobre todo las destinadas a los balnearios, para todo tipo de públicos, no solo aquellos que tuviesen una necesidad física de utilizarlas. Y también va a hacer estragos la poliomielitis, sobre todo en la infancia…

La tragedia de la Gran Guerra vino a sumar una nueva batería de problemáticas con las que las naciones europeas se tuvieron que enfrentar una vez terminado el conflicto: la enorme cantidad de mutilados de guerra que volvieron a casa. El desarrollo de las sillas de ruedas vino así a paliar en lo posible estas necesidades. Como ya adelanté en el artículo anterior, la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo la Guerra de Vietnam, también se cobraron su tributo de soldados y civiles con trágicas mutilaciones que les obligaron a utilizar sillas de ruedas.

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Una de las consecuencias de estas necesidades postbélicas fue el desarrollo del deporte paralímpico, ya hablé de ello en otro artículo de HELICON. El impulsor fue Sir Ludwig Guttmann (1899-1980), médico judío quien, tras huir de Alemania, se instala en Londres donde ejerce como neurólogo en  el Hospital de Stoke Mandeville (Buckinghamshire). Es aquí donde se organiza el primer evento deportivo para personas con discapacidad (la mayoría con lesión medular que necesitaban sillas de ruedas, más tarde se incorporarán mutilados de guerra), el 29 de julio de 1948, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Londres de ese año.

Sin embargo, el mayor adelanto en cuanto al diseño de estos aparatos había llegado unos diez años antes y por una causa no bélica: un accidente minero. En 1918 un ingeniero norteamericano, Herbert Everest, quedó inválido a causa de un accidente en una mina. Durante años utilizó las sillas de ruedas de las que disponía el mercado, nada prácticas para ser usadas por uno mismo y necesitadas de empuje por una segunda persona en la mayoría de los casos. Otro ingeniero amigo, Harry C. Jennings, recogió sus quejas y entre los dos crearon la que se tiene por la silla de ruedas de la que deriva todas las que conocemos en la actualidad. Aunque trabajaron en ella desde 1933, el modelo no fue patentado hasta 1937 y montaron una empresa, Everest & Jennings, que tras la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un auténtico monopolio, pues eran quienes proporcionaban todas las sillas de ruedas que el país necesitó. Suyas fueron las sillas que utilizaron personajes como Alvin Cullum York (1887-1964), llamado coloquialmente el Sargento York (conocido en el cine por la película homónima de 1941, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper), uno de los soldados del ejército de los EE.UU. más condecorados de la Primera Guerra Mundial y que la necesitó hacia el final de su vida por sus muchos problemas de salud. También la que usó Winston Churchill  (1874–1965) , ya de muy mayor, y la que utilizó toda su vida Franklin Delano Roosevelt de quien hablaré en un momento.

Quizá el personaje más emblemático en utilizar una silla de ruedas de Everest & Jennings, y eléctrica, además, fue Ed Roberts (1939-1995), tetrapléjico tras contraer la polio a los 14 años, que se convirtió en uno de los activistas pro derechos de los discapacitados con mayor proyección en los USA. Fue el primer estudiante en una silla de ruedas que asistió a la universidad, concretamente a Berkeley en California. Fundó un grupo muy implicado en protestas y reivindicaciones para gente con discapacidad llamado  “Rolling Quads”, dando así un salto cualitativo al introducir el tema en la política. Su coraje produjo muchos éxitos, entre ellos la creación del Programa de Estudiantes con Discapacidades Físicas (PDSP), que proporcionaba servicios como la asistencia a los estudiantes en clase y reparación de sillas de ruedas a los miembros de la Universidad. Más tarde surgirá el Centro para la Vida Independiente (CIL) de Berkeley, el primer servicio de vida independiente y programa de defensa dirigido por y para personas con discapacidades. En 1976 es nombrado director del Departamento de Rehabilitación Vocacional de California por el gobernador Jerry Brown, lo que resulta curioso pues esta agencia le había etiquetado en el pasado como “incapacitado para trabajar”. Sirvió en ese puesto hasta 1983 cuando regresa a Berkeley y funda el Instituto Mundial de Discapacidad. Ed Roberts murió el 14 de marzo de 1995, a la edad de 56 años de un paro cardíaco.

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Hay algunos personajes de la historia a los que casi que identificamos ya con una silla de ruedas. Algunos, por tener un problema desde su nacimiento, como fue el caso de la poetisa y escritora mexicana Gabriela Brimmer (1947-2000), una gran activista por los derechos de las personas con discapacidad, que llegó a fundar la Asociación por los Derechos de las Personas con Alteraciones Motoras (ADEPAM). ​Gabriela nació con una parálisis cerebral tetrapléjica grave, de origen perinatal, que le impedía cualquier expresión o movimiento excepto en su pie izquierdo y es con el dedo gordo de su pie con el que marcaba las teclas en una máquina de escribir. Y otros, porque necesitaron silla de ruedas por un accidente, como le ocurrió a la gran actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), quien tras una fatídica caída de niña las complicaciones que padeció toda su vida se acentuaron en 1914 y tuvieron que amputarle una pierna. Visitó el frente francés durante la Primera Guerra Mundial en silla de ruedas, y con ella actuó el resto de su vida. Falleció el 26 de marzo de 1923 y su funeral fue multitudinario: más de cien mil personas acudieron.

También Frida Khalo (1907-1954), que no necesita más presentación, necesitó utilizar una silla de ruedas, y no por la poliomelitis que le diagnosticaron en 1913, sino por un rosario de enfermedades, operaciones y accidentes que padeció toda su vida, el más grave ocurrido el 17 de septiembre de 1925, cuando un tranvía arrolló el autobús en el que viajaba. El accidente fracturó su columna en tres partes, además de otras muchas lesiones y fracturas en las costillas, la clavícula y las extremidades inferiores (su pierna derecha se rompió en once partes). Fue sometida a más operaciones (un total de 32 en toda su vida) y sufrió dolores fortísimos desde entonces. Su vida transcurrió entre la silla de ruedas y la cama de su hogar, reflejando todo su dolor y sufrimiento en sus pinturas.

Memorial a Franklin Delano Roosevelt en Washington.

Por ejemplo, también identificamos enseguida junto a una silla de ruedas, al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt (1882-1945), y eso que no le gustaba nada mostrarse sentado en ella. Primo en quinto grado del que es reconocido como uno de los mejores presidente de los EE.UU., Theodore Roosevelt (1858-1919), no le anduvo a la zaga, ya que es el único de toda la historia del país en haber sido reelegido en cuatro ocasiones (1932, 1936, 1940 y 1944) y, por lo tanto, el que mayor tiempo lo dirigió: 12 años (hubiesen sido más de no haber fallecido antes). Roosevelt, que era gobernador del Estado de Nueva York, se ganó a los estadounidenses con la aplicación del programa político conocido como New Deal, sacando al país del estado de depresión causado por el Crack del 29. Con este respaldo consiguió ser presidente de los EE.UU. en 1932 ampliando el programa y consolidando la recuperación económica. Lidió con la Segunda Guerra Mundial, fue quien declaró la guerra a Japón y a Alemania, el impulsor de la Conferencia de Yalta, uno de los firmes apoyos del Desembarco de Normandía y firmó la puesta en marcha del Proyecto Manhattan que terminaría por elaborar las bombas atómicas que EE.UU. hizo estallar en Hiroshima y Nagasaki, aunque en puridad, la orden fue firmada por su sucesor, Harry S. Truman (1945-1945). Roosevelt no vio, por lo tanto, el final de la Segunda Guerra Mundial, fallecía el 12 de abril de 1945, mientras trabajaba en su despacho. Hablaba alemán y francés y, posiblemente, algo de español, pues tenía familia en Chile y vivió allí algún tiempo.

Prácticamente toda su carrera política la realiza en silla de ruedas, aunque procuró casi siempre ocultar su parálisis utilizando muletas para permanecer de pie, pero no podía andar. Le sobrevino cuando en 1921 enfermó de la terrible poliomielitis, una enfermedad muy extendida en los EE.UU. y que causaba estragos. Se trata de una infección viral de las fibras nerviosas de la columna vertebral que le produjo una parálisis total y permanente de cintura para abajo. Pudo recuperar las funciones de su abdomen, parte baja de la espalda, vejiga, intestinos y funciones sexuales (de hecho le fue infiel a su mujer, Eleanor, casi desde su matrimonio y hasta el fin de sus días, pues nunca se divorciaron), pero no sus piernas. Siempre afirmó que “estaba recuperándose” y procuraba no mostrarse en público en silla de ruedas.

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Otro político en silla de ruedas, este más actual y uno de los hombres más influyentes en la economía mundial (fue el ministro de Finanzas alemán desde 2009 a 2017 y firme apoyo de Ángela Merkel), es Wolfgang Schäuble (18 de septiembre de 1942). El 12 de octubre de 1990 fue víctima de un atentado cometido por un trastornado mental que le causó lesiones irreversibles teniendo que utilizar desde entonces silla de ruedas.

Pero sin duda, el más carismático y conocido personaje al que se le relaciona con una silla de ruedas es Stephen Hawking (1942-2018). Físico teórico, astrofísico, cosmólogo y uno de los hombres más inteligentes del planeta, era también un magnífico divulgador científico dotado de un gran sentido del humor. Le diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica) a los 21 años anunciándole que no le quedaban muchos más de vida. Falleció el año pasado, a los 76 años de edad, después de una vida fructífera que le ha llevado a ser reconocido como el hombre más inteligente del mundo. Su silla de ruedas era especial, la manejaba a través de leves movimientos de cabeza y ojos, y contenía un sintetizador de voz para poder comunicarse. La película La Teoría del Todo” (2014, James Marsh) con un inconmensurable Eddie Redmayne, ganador de un Óscar de la Academia por su interpretación, recrea la vida del gran Hawking.

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Finalmente, en el mundo del deporte también se cuenta con personajes muy conocidos que utilizan silla de ruedas. Dejando a un lado el baloncesto en silla de ruedas, que tiene innumerables estrellas con un entusiasmo, deportividad y entrega más que notables, hoy, con una disfunción motora, es posible practicar cualquier deporte (prácticamente), como hemos podido ver en las numerosas ediciones de los Juegos Paralímpicos que se viene celebrando oficialmente desde los Juegos de Roma de 1960, aunque como hemos dicho, el antecedente primero se encuentra en los Juegos de Stoke Mandeville de 1948 en Londres. Aaron Fotheringham (8 de noviembre de 1991), por ejemplo, es un atleta extremo en silla de ruedas que realiza trucos adaptados de skate y BMX. Aaron nació con espina bífida y aunque usó muletas desde el principio, varias operaciones fallidas de cadera le obligaron a utilizar silla de ruedas desde los ocho años. Es uno de los skaters más conocidos del mundo.

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Alex Zanardi

Otro caso es el del accidente que obligó al piloto profesional de Formula-1 Alex Zinardi (23 de octubre de 1966) a utilizar una silla de ruedas. Fue el 15 de septiembre de 2001 en una carrera de CART en Lausitz (Alemania), por el que tuvieron que amputarle sus dos piernas. Pudo volver a la competición en 2004, con BMW en turismos y gran turismos, y en la especialidad de ciclismo de mano obtuvo la medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de 2012 y en los juegos de Río 2016.

Y hasta aquí esta serie de dos artículos (el anterior, “Wheelchairs” se publicó en HELICON el pasado día 27 de junio y puede leerse pinchando aquí) relacionados con las sillas de ruedas, más que en las causas que obligan a utilizarlas.

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HOY… YES, BREXIT

HOY… YES, BREXIT

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Discurso de Winston Churchill en Zurich
19 de Septiembre de 1946

Deseo hablarles hoy sobre la tragedia de Europa … es desde Europa de donde han surgido y se han desarrollado esta serie de horribles guerras nacionales … que ha arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad … Es cierto que algunos pequeños Estados se han recuperado rápidamente, pero en grandes áreas, una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror … a pesar de todo, aún hay un remedio que si se adoptara de una manera general y espontánea, podría cambiar todo el panorama como por ensalmo, y en pocos años podría convertir a Europa, o a la mayor parte de ella, en algo tan libre y feliz como es Suiza hoy en día. ¿Cuál es ese eficaz remedio? Es volver a crear la familia europea, o al menos todo lo que se pueda de ella, y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especia de Estados Unidos de Europa … Me agradó mucho leer en los periódicos hace dos días que mi amigo el presidente Truman ha expresado su interés y simpatía por este gran proyecto … Estas organizaciones no debilitan, sino que, por el contrario, fortalecen a la organización mundial … Todos sabemos que las dos guerras mundiales que hemos pasado, surgieron por la vana pasión de una Alemania recién unida, que quería actuar como parte dominante del mundo … Los culpables deben ser castigados. Alemania debe ser privada del poder de volver a armarse y hacer otra guerra agresiva. Pero cuando se haya realizado todo esto, y se realizará, y se está haciendo, debe haber un final para la retribución. Tienen que haber lo que Mr. Gladstone llamó hace muchos años «un bendito acto de olvido». Tenemos que volver la espalda a los horrores del pasado … Si hay que salvar a Europa de la in finita miseria, y por supuesto de la condena final, tiene que darse un acto de fe en la familia europea y un acto de olvido hacia los crímenes y locuras del pasado … Ahora voy a decir algo que les sorprenderá. El primer paso en la recreación de la familia europea debe ser una asociación entre Francia y Alemania. Sólo de este modo puede Francia recuperar la primacía moral de Europa. No puede haber un renacimiento de Europa sin una Francia grande espiritualmente y una Alemania grande espiritualmente… En todo este urgente trabajo, Francia y Alemania deben tomar juntas la cabeza. Gran Bretaña, la Commonwealth británica de naciones, la poderosa América y confío que la Rusia soviética —y entonces todo sería perfecto— deben ser los amigos y padrinos de la nueva Europa y deben defender su derecho a vivir y brillar. Por eso os digo ¡Levantemos Europa!

Zurich, Suiza
19 de Septiembre de 1946

 

HOY…. YES, BREXIT

El resultado del Referéndum británico del día 23 de junio de 2016, ha hecho saltar varios mitos por los aires. El primero, ese de que Europa, la Unión Europea, no puede entenderse sin la concurrencia de todos los países que conforman el continente. Puede. Y ya era hora de que se entendiese así, en lugar de acelerar incorporaciones a golpe de posiciones geoestrátegicas (Croacia, Ucrania…), tours de force políticos entre los países hegemónicos (Alemania, Francia, Reino Unido…), planificaciones macroeconómicas  (Países del Este, de los Balcanes… ) o flagrantes casos de manipulación poítico-social, como con Turquía ahora mismo, con una promesa de aceleración de su solicitud de incorporación a cambio de proporcionar un parapeto territorial a las oleadas de refugiados sirios. Ahora, se están planteando desde la expulsión de países miembros por no cumplir objetivos económicos (“Grexit”, el más claro ejemplo, pero también Chipre, Portugal e incluso España), hasta la solicitud de “desconexión” de otros países por motivos socio-políticos (fundamentalmente), como es el caso del “Brexit”.

El segundo mito, en realidad no es tal, ya que lo que ha evidenciado el Referéndum británico es que, una vez más, la Unión Europea se encuentre ante el brete de resolver un difícil problema para el que no está preparada. Es el último del rosario de una serie de conflictos (disputas territoriales entre países miembros, guerra de los Balcanes, escasa representación internacional como ente supranacional, fracaso de la Constitución Europea, crisis económica…) que, desde la década de los noventa, esta UE no ha sabido cómo afrontar. Lo que ha mostrado a las claras el “Brexit”, es que la Unión Europea necesita una profunda refundación o, al menos, un exhaustivo análisis y autocrítica para retomar su papel fundacional, el de un organismo capaz de mejorar las relaciones entre los países europeos y garantizar el mejor desarrollo económico, político, social, democrático y cívico de sus ciudadanos. Abandonando las políticas sociales y entregándose de lleno a la gestión macroeconómica de un mundo globalizado, degradando con ello hasta la concepción democrática del gobierno europeo y sin avanzar en realidades concretas, realidades políticas, esta UE está abocada a desaparecer.

La UE ahora se encuentra sumida en la búsqueda de una solución al incierto proceso de “desconexión” del Reino Unido del Tratado de la Unión, un proceso, que por otro lado, estaba previsto en la compleja normativa de la UE, como muy bien nos dejaron claro desde las más altas instituciones europeas en el caso del posible y tan cacareado “Grexit” de hace unos meses. Los que entonces clamaban por la salida de Grecia de la Unión Europea como una factible solución a los problemas económicos de todo el eurogrupo, sin preocuparse un ápice por la “unidad” del continente, ni por la total pertinencia histórica de la presencia de Grecia en la Unión, hoy, lamentan la decisión inglesa y piden a Londres que “no abandone el barco”.

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El último mito que ha puesto en solfa el “Brexit” británico es el de la tradición europeísta del Reino Unido.

Dos cosas antes de seguir con la exposición de esta mi opinión personal (exclusivamente). Una, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, al menos como entidad nacional, nunca ha sentido como propia la pertenencia a la UE y si entró fue forzado por las favorables condiciones comerciales que esta les ofreció en los momentos de su incorporación (recordemos, en 1972-73, cuando el mundo se hallaba sumido en una de esas crisis económicas mundiales tan recurrentes) y el intento británico de sobreponerse al coloso comercial europeísta con la sola fuerza de su presencia en los países de su órbita imperial (con la creación en 1960 de la fallida Asociación Europea de Libre Comercio, AELC, con países europeos que no formaban parte de la entonces CEE), se mostró como un sonoro fracaso.

Y segunda, tras el resultado del Referéndum británico se está poniendo en tela de juicio desde la validez del resultado del mismo (al fin y al cabo por la mínima, un 52%), como la pertinencia del propio mecanismo de consulta popular, alegando que deben ser los expertos y políticos quienes tomen cierto tipo de decisiones y no dejarlas al arbitro de “ignorantes” (sic, en algunos casos) que no saben lo que votan. Esto es muy grave (hablaré de ello en un próximo artículo).

Es pertinente hacer un poco de historia antes de abordar la actualidad política. El final de la Segunda Guerra Mundial supuso todo un reto socioeconómico tanto para los países implicados, como para los que no lo fueron (o no tan directamente). La intervención de Winston Churchill en el llamado Discurso de Zurich ( el 19 de Septiembre de 1946) que encabeza este escrito, vino a enlazar los anhelos de una unión paneuropea, tal y como había sido concebida por buena parte de los intelectuales más reconocidos del periodo de entreguerras (André Gide, Coudenhove-Kalergi, Conde Keyserling, Edo Fimmen, Aristide Briand, Ortea y Gasset, Julien Benda…), con la necesidad perentoria de reconstruir una Europa devastada por la guerra y dividida en bloques a causa del reparto geoestratégico de la postguerra. Churchill abogaba por la reconciliación franco-alemana como piedra fundamental de tal unión. Pero no es cierto que los ingleses sintiesen como suya la tarea de reconstruir una Europa continental que les había atacado por tierra, mar y aire y en lo más profundo de su sentimiento nacional british, tan encerrado en sí mismo, tan isleño.

Por otro lado, la entrada de los EEUU en el conflicto europeo, que puso fin a la “política de no intervención” que se había marcado el creciente estado desde su constitución en el siglo XVIII, se prolongó en el tiempo y en el territorio europeo, gracias, entre otros, al firme apoyo del ya exministro inglés, Winston Churchill, y a la inyección económica del Plan Marshall. Esto fue consecuencia,  y además causa, del endurecimiento de relaciones con la URSS y los países europeos que habían quedado bajo su órbita. Y hay que hacer constar que no lo fueron por decisión soberana de los propios países, ni siquiera por conquista militar en la guerra, sino por un acuerdo tácito entre las potencias aliadas durante el propio conflicto. Nunca debemos olvidar esto. Si Europa fue una Europa dividida en dos (separada por ese “Telón de Acero” que igualmente definió Churchill en el Discurso de Fulton del mismo año de 1946) fue por una decisión acordada entre países aliados (con Inglaterra a la cabeza) que afectó a otros que ni siquiera tuvieron voz y voto en tal decisión. Y en ese mismo año de los discursos de Churchill, en 1946, es cuando los EEUU deciden ayudar a Europa en su reconstrucción.

Fue con el llamado Plan Marshall, que se empieza a pergeñar cuando, desde Londres, se avisa de que no puede seguir apoyando económicamente ni al gobierno conservador griego (frente a las guerrillas comunistas helenas) ni al turco (al que la URSS trataba de incluir en su órbita), considerados ambos barreras político-geográficas a la expansión comunista rusa por el este. El apoyo claro a Grecia y Turquía fue proclamado por la administración Truman con la puesta en marcha del plan económico, que incluía una condición de vital importancia: ayudaría a cualquier gobierno que hiciera frente a la amenaza comunista (Doctrina Truman). Y con la connivencia de todos, se puso en marcha.

La primera consecuencia del plan es que se fiscalizó todo lo que en la Europa de influencia occidental podía sonar a comunista. En Francia e Italia existían potentes Partidos Comunistas, en Bruselas y en Londres políticos comunistas desempañaban cargos políticos, pero fueron sistemáticamente mermados en un periodo relativamente corto durante el año 1947 en una cruzada “anticomunista” que es posible que no haya sido ampliamente entendida todavía, ni conocida más allá de círculos políticos y académicos. En España, el corolario de esta campaña fue la dolorosa inacción internacional contra una dictadura personalista que, aunque había mantenido contactos con las potencias fascistas derrotadas en la guerra, se mostró fiel aliada de esta cruzada. Franco se queda. La legalidad republicana deja de importar en Europa.

El Plan Marshall (denominado oficialmente European Recovery Program o ERP) fue anunciado, pues, en la Universidad de Harvard el 5 de Junio de 1947. Se trataba de un masivo programa de generosa ayuda económica para Europa,  con entrada de capital estadounidense, que permitió, o al menos empujó, la recuperación del continente y, de paso, propició un “lavado de cara”, un blanqueo podría decirse, de los trapos sucios de muchas empresas colaboradoras con el nazismo, pero necesarias para poner en marcha el plan. Por ejemplo, algunos de los bancos más importantes de Alemania y Suiza. En la administración norteamericana del presidente Truman, para gestionar y organizar toda esta labor propagandística anticomunista, se crea, en julio de 1947, la Ley de Seguridad Nacional, por la que nacían la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional.

Además de lo que esto significó en los Estados Unidos (las listas negras de conocidos activistas y la caza de brujas de Hollywood, por ejemplo), la influencia comunista en Europa Occidental se redujo considerablemente en las primeras décadas. Y siguió disminuyendo, aunque más paulatinamente, hasta alcanzar a la Europa Oriental, y, como sabemos, producir el derribo del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS. Pero también, este acoso a las izquierdas, causó un cierto desconcierto entre los pensadores marxistas y los ideólogos del eurocomunismo, que llegaron incluso a hacer suya la consigna del “fin de la historia” del historiador Francis Fukuyama (teoría desarrollada en su libro “El fin de la historia y el último hombre”, 1992). Es posible, incluso, que haya que buscar en los últimos coletazos de este acoso y derribo, algunas razones más que apunten a lo que hoy se está tratando en España como el abandono del socialismo en favor de la socialdemocracia .

Volviendo al Plan Marshall, económicamente distribuyó 13 mil millones de dólares (se había estimado una cantidad cercana a los 30.000 millones, que finalmente se redujo a 17.000, repartidos en cuatro años, el 80% en donativos a los gobiernos y el resto en préstamos), de los que las primeras partidas fueron a parar, precisamente, a Grecia y Turquía en el mismo mes de enero de 1947. No sería descabellado apuntar entonces, que estos dos países fueron si no el germen, si la motivación primera por la que se pone en marcha el mecanismo que acabará impulsando la creación de los organismos que darán lugar a la unión de Europa.

Las aportaciones económicas más importantes fueron para el Reino Unido (el que más recibió, aunque no fue invadido territorialmente) y Francia. Finlandia y España, se quedaron fuera de la ayuda norteamericana.

País 1948–1949
(millones
de dólares)
1949–1950
(millones
de dólares)
1950–1951
(millones
de dólares)
Total
(millones
de dólares)
Alemania Occidental 510 438 500 1.448
 Austria 232 166 70 488
 Bélgica y  Luxemburgo 195 222 360 777
 Dinamarca 103 87 195 385
 Francia 1.085 691 520 2.296
 Grecia 175 156 45 366
 Irlanda 88 45 0 133
 Islandia 6 22 15 43
 Italia y Trieste 594 405 205 1.204
 Noruega 82 90 200 372
 Países Bajos 471 302 355 1.128
 Portugal 0 0 70 70
 Reino Unido 1.316 921 1.060 3.297
 Suecia 39 48 260 347
 Suiza 0 0 250 250
 Turquía 28 59 50 137

Fuente: Wikipedia 

En abril de 1948 el presidente de los EEUU firmará la Ley General que pone en marcha el Plan Marshall. Para gestionarlo, los países que recibirían la ayuda crean, casi al mismo tiempo, la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE). De esta organización es de donde saldrá en 1961 la OCDE, la Organización Comunitaria de Desarrollo Económico. La unión de Europa se ponía en marcha con estos mimbres económico-industriales (no es mi intención explicar aquí todo el proceso de creación de la unión, solo el que, a mi juicio, es necesario conocer para entender el “Brexit”), pero se afianzó con un pilar más, el militar, con la creación en 1949 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a la que España se incorporará en 1982.

Como todo el mundo sabe, nuestra permanencia en la OTAN fue avalada por el triunfo de un Referéndum convocado por el PSOE en 1986, después de que este partido accediera al Gobierno de España en 1982 prometiendo, precisamente, lo contrario: que nos sacaría de la OTAN. En aquellos años, este cambio de opinión en el partido socialista provocó la dimisión del ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, por estar en desacuerdo con tal giro político, y una serie de movimientos internos, tanto en el Partido Comunista de España, como en los diferentes grupúsculos comunistas que existían entonces y que abanderaron la oposición a la OTAN, que acabaron por conformar la formación Izquierda Unida, que es la que hoy existe. Fueron las presiones de los EEUU y las negociaciones con la ya creada Comunidad Económica Europea, las que resultaron determinantes para que la pregunta de esta convocatoria naciese casi con la respuesta dada:

El Gobierno considera conveniente, para los intereses nacionales, que España permanezca en la Alianza Atlántica, y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos:
1.º La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada.
2.º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español.
3.º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España.
¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?

Ninguno de esos puntos ha sido cumplido. Ni se redujo la presencia militar estadounidense en España, ni se trató el tema nuclear fuera de los acuerdos internacionales existentes y España se incorporaría a la estructura militar de la OTAN en 1997, con el Gobierno de Jose Mª Aznar (Ceuta y Melilla no están incluidas, por cierto). Pero quedémonos con el significativo caso de la convocatoria de un Referéndum que no se quería perder. En realidad, ese es el objetivo de este tipo de consultas, solo que a veces, quienes los convocan se llevan la sorpresa de que las urnas pueden contener más papeletas de las previstas con la opción no deseada.

El objetivo de la OTAN siempre fue Atlántico. Se crea como un organismo de defensa militar contra el bloque soviético (que no había conformado ningún acuerdo semejante hasta la fecha, pero que en 1955 organiza el Pacto de Varsovia como respuesta militar en el mismo sentido) al tiempo que, ¡ojo!, un compromiso firme de cooperación militar en caso necesario, entre EEUU y el Reino Unido, además de con el resto de países de la órbita occidental de Europa, por supuesto. El feeling del Reino Unido con los EEUU no acabó con este compromiso, sino que se prolongó en el tiempo (con picos de absoluta connivencia hegemónica, como en los años ochenta, con Reagan en los USA y Teacher en los British), hasta llegar a hoy día. ¿Alguien se puede creer que en el seno del gobierno y parlamento estadounidense se estén alegrando por el resultado del “Brexit” como está proclamando el candidato Donald Trump? No creo que les haga ninguna gracia perder dentro de la Unión Europea a su más fiel y domesticado aliado.

Pero retomemos la historia, ahora que ya llegábamos al momento clave. Francia, Italia, los países del Benelux (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo), junto con Alemania Occidental firmaron el Tratado de Roma de 1957, por el que se crea definitivamente la Comunidad Económica Europea (CEE).

“Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: Se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania.”

Extracto de la Declaración Schuman, discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, el 9 de mayo de 1950.

¿Dónde estaba Inglaterra en este proceso? En la OTAN. No quiso unirse al acuerdo económico de Europa. Es más, en 1960 el Reino Unido firma el Convenio de Estocolmo por el que se crea la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, en sus siglas en ingles), con países que no están dentro de la CEE: Además de Gran Bretaña, Austria, Dinamarca, Noruega, Suecia, Portugal y Suiza, a los que se sumarán Finlandia (1961), Islandia (1970) y Liechtenstein (1991). Son países que ya se están enfrentando a una crisis comercial originada por la pujanza económica de la CEE, pero que hacen que dentro de Europa, existan en estos momentos tres bloques comerciales con ideas políticas dispares: el integrado en la CEE, basado en el eje Francia-Alemania; el Atlántico recién formado con Gran Bretaña y los países nórdicos fundamentalmente (aunque la CEE y el grupo Atlántico están integrados en la OTAN); y el bloque comunista del Pacto de Varsovia.

El Reino Unido no quiso adherirse a una construcción Europea que tuviera que hacerle renunciar a otros logros que consideraba prioritarios: sus aspiraciones imperiales materializadas en la Commonwealth, y su compromiso atlántico con los EEUU. Pero rectificó. Existiendo la OTAN como pilar de la defensa atlántica, fracasado comercialmente el intento EFTA y tras iniciarse los procesos descolonizadores de los años sesenta y setenta, el Reino Unido solicita entrar en la CEE. Pero entonces se encuentra con el decidido veto de Francia, con Charles de Gaulle a la cabeza, que no acepta las imposiciones atlantistas del dueto EEUU-Reino Unido. Su solicitud es rechazada en 1961, en 1963 y en 1967. Es en 1969, con el nuevo presidente francés, Georges Pompidou, cuando se acepta la ampliación de la CEE con el beneplácito de las solicitudes de entrada de Dinamarca, Irlanda, Noruega y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

No se acepta tampoco la entrada de Grecia, todo hay que decirlo. El principal escollo, el golpe de Estado militar del general Giorgios Papadopoulos, el 21 de abril de 1967, cayó el 23 de julio de 1974, recuperando entonces Grecia la democracia y las conversaciones de adhesión (la candidatura oficial se realiza el 12 de junio de 1975),  pero no se incorpora efectivamente hasta el 1 de noviembre de 1981, cuando tanto Francia como Alemania superan sus reticencias a la inclusión.

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Las negociaciones con el Reino Unido concluyeron en la firma del Tratado de Adhesión de Bruselas en enero de 1972, al tiempo que Dinamarca e Irlanda. Noruega, que también había entrado en la ronda de conversaciones para la adhesión, no se incorporó finalmente porque su población la rechazó en Referéndum (con un margen escaso, un 53,5%). Y no pasó nada. Es más, el Referéndum del país nórdico fue considerado un ejercicio democrático ejemplar y de primer orden.

La aceptación del Reino Unido en la CEE no suavizó las difíciles relaciones entre ambos. En 1974 el laborista James Callaghan llegó a solicitar ya su retirada por la no aceptación de productos procedentes de Nueva Zelanda (de nuevo el compromiso británico con la Commonwealth). Con Margaret Thatcher las negociaciones con las Comunidades Europeas constituyeron un tour de force que se inclinó del lado británico en muchas ocasiones (en materia agrícola, financiera y pesquera sobre todo). Incluso, Gran Bretaña fue uno de los principales opositores a la firma del Acta Única Europea que finalmente fue aceptada en 1985 permitiendo la ampliación de competencias de la Comunidad. Estas negociaciones supusieron, de nuevo, la celebración de Referéndums nacionales en países que se oponían igualmente, como Dinamarca e Irlanda (los dos países que entraron junto al Reino Unido, además de Grecia, que también se opuso en un principio). En Irlanda, incluso, el Referéndum supuso la modificación de su Constitución nacional para aceptar el Acta Única Europea, que finalmente, entró en vigor el 1 de julio de 1987. Hay que recordar también, que más tarde, tanto Francia en mayo de 2005, como en los Países Bajos en junio de 2005, se celebraron sendos Referéndums para consultar la aceptación de la Constitución Europea y en ambos casos el resultado fue negativo. Tras ese fracaso se firmó el Tratado de Lisboa de 2007, que, de nuevo, obligó al electorado irlandés a manifestarse en un Referendum en junio de 2008, con un resultado, otra vez, negativo, que pospuso la entrada en vigor del Tratado hasta el 2009. Actualmente, y con sucesivas ampliaciones, la UE cuenta con veintiocho miembros… o contaba.

Dentro ya de la Unión Europea, el Reino Unido mantuvo siempre su moneda, la libra esterlina, y no se integró en el Espacio Schengen de movilidad intraeuropea. Mantiene singularidades propias, como la circulación por la izquierda, el rechazo al sistema métrico con las mediciones en millas, la estimación en grados Fahrenheit en lugar de Centígrados… es decir, pese a contar con los mismos derechos que el resto de países miembros dentro de la UE, haber ocupado la presidencia rotatoria del Consejo de la UE en cinco ocasiones entre 1977 y 2005 (y la próxima debía serlo en 2017… a ver qué pasa), aceptar las ayudas económicas de la UE, etc. Nunca se ha integrado del todo en el proyecto europeo.

Es decir. Ni el Reino Unido se ha sentido nunca europeísta, ni un Referéndum para acatar la voluntad popular es algo extraño en Europa, por mucho que ahora se esté denostando tanto este instrumento democrático, que parece que no gusta a tantos políticos. En España ni al PP, ni al PSOE, pero ambos (y otros partidos como Ciudadanos en España, el de LePen en Francia o los republicanos de Trump en EEUU), se han apresurado a utilizarlo de forma descaradamente partidista, como puede leerse en varios diarios, tanto en El País, como en El Confidencial.

El Reino Unido ha convocado un Referéndum preguntando a sus ciudadanos si están de acuerdo o no en salir de la UE ante la coyuntura de inestabilidad económica, social y política en la que está inmersa, no solo la UE, sino todo el mundo. Bien. Está en su derecho (otra cosa, insisto, es la manipulación partidista). Su respuesta ha sido favorable al “Brexit”. El Reino Unido ha decidido soberanamente iniciar el proceso de “desconexión” (por utilizar un término que ya nos es conocido en España) de la UE.

No es nuevo. No es desconocido en la UE. No es casual. La pregunta que anda en boca de todos es “¿Qué va a pasar ahora?”, como si nadie cayera en la cuenta de que este Referéndum hace mucho tiempo que se había anunciado y los dirigentes políticos (tanto ingleses como del resto de la UE) se han venido preparando para el resultado. O eso tendrían que haber hecho. No pasará nada que no esté sabido.

Hablaré de ello mañana…

Continuación

AlmaLeonor

Fuentes: Mis propios apuntes, wikipedia, Las indicadas en los enlaces.

GEORGE BERNARD SHAW

GEORGE BERNARD SHAW

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¿SABÍAS QUE… George Bernard Shaw es la única persona que ha recibido un Premio Nóbel  y un Óscar de Hollywood?

El escritor y dramaturgo irlandés George Bernard Shaw (1856-1950) cuyo aniversario de su muerte se recuerda hoy, 2 de noviembre, fue todo un personaje. De familia protestante se dedicó muy pronto a la escritura y también al periodismo, la crítica literaria y  la crítica musical, esta con el pseudónimo de Corno di Bassetto.

Involucrado en política como concejal de su distrito en Londres desde 1897, fue un conocido socialista miembro de la Sociedad Fabiana (cimiento del futuro Partido Laborista británico), que buscaba la transformación de la sociedad a través de métodos no revolucionarios. Fundada en 1884 por Sydney Webb y su esposa Beatrice Webb, a ella pertenecieron desde la anarquista Charlotte Wilson, como la feminista Emmeline Pankhurst o el escritor H.G.Wells.

BERNARD SHAW

Shaw escribió un voluminoso Manual de Socialismo y Capitalismo para mujeres inteligentes” (1928) precisamente como fruto de esta colaboración “fabiana”. Esta obra, además de mostrar su particular explicación sobre el Capitalismo (“un caballo desbocado”), trata de ser un manual de difusión del socialismo no revolucionario de la Sociedad Fabiana, alejándose del “utópico” de Fourier o del más revolucionario de los marxistas. Bernard Shaw estaba casado (desde 1898) con la millonaria Charlotte Payne-Townshend (también miembro de la Sociedad Fabiana y luchadora por los derechos de las mujeres) y escribió el libro a instancias de su cuñada, Lady Cholmondeley, porque “estaba  intrigada sobre esas nuevas ideas socialistas y quería tener una ligera noción sobre el tema para exponerlo como debate en las tertulias que organizaba con las amigas“.

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Charlotte y Bernard Shaw (centro) con Sidney Webb y Beatrice Webb (en primer plano)

Fue un amante de la fotografía. Se compró su primera cámara en 1898 y tomó imágenes durante toda su vida. Fue una de las primeras personas en entender la fotografía como una forma de arte, y escribió varias reseñas de exposiciones fotográficas, como las de su amigo, el fotógrafo Alvin Langdon Coburn (1882-1966). Toda su colección fotográfica es objeto hoy de un gran proyecto que permitirá el acceso en línea a miles de fotos tomadas por Shaw.

431px-Alvin_Langdon_Coburn-Shaw“Bernard Shaw”, fotograbado de Alvin Langdon Coburn, publicado ‘Camera Work’, el 21 de noviembre de 1908.

Se volvió vegetarianoanti-viviseccionista y antagonista de deportes crueles por el resto de su vida. Eso sí, la ironía no la perdió nunca. Se cuenta que con el estreno de la obra “Comandant Barbara” (1905), una vitriólica sátira al Ejército de Salvación Inglés, el dramaturgo escribió al político Winston Churchill, con el que no se llevaba bien, invitándole al estreno de la obra: “Venga usted con un amigo, si es que lo tiene“, le espetó. A lo que Churchill contestó: “Me es imposible asistir, acudiré a la segunda presentación, si es que la hay“.

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George Bernard Shaw en 1925 (69 años), cuando se le concedió el Premio Nobel de Literatura

En los años anteriores a la Primera Guerra Mundial escribió una gran producción literaria, que continuó durante toda su vida. Por toda ella fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1925. Shaw quiso rechazar el premio porque no era hombre al que le gustasen los honores públicos, pero aceptó a petición de su esposa que lo consideró un tributo a Irlanda. Lo que si hizo es rechazar el premio monetario, utilizado posteriormente para financiar la traducción de la obra de su colega dramaturgo August Strindberg del sueco a Inglés.

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Entre esa extensa obra se incluye “Pigmalión”, escrita en 1913. La obra se llevó al cine en 1938, dirigida por Anthony Asquiht y Leslie Howard, y protagonizada por este y Wendy Hiller (es más conocida la versión musical norteamericana de 1964, dirigida por George Cukor y protagonizada por Rex Harrison y Audrey Hepburn). George Bernard Shaw escribió el guión adaptado de su propia novela y fue galardonado por ello con el Óscar de Hollywood de ese año 1938, el año de “Vive como Quieras” (Frank Capra), “Jezabel” (William Wyler), “Ángeles con caras sucias” (Michael Curtiz) o “Forja de Hombres” (Norman Taurog). Shaw recibió el Óscar junto a Ian DalrympleCecil Lewis W.P. Lipscomb, que también intervinieron en el guión.

Sobre sus obras se han filmado varias películas además de las mencionadas “Pigmalión” y My Fair Lady” ,  “César y Cleopatra” (1945, Gabriel Pascal), “La Millonaria” (1960, Anthony Asquith), “Androcles y el león” (1952, Chester Erskine) y “The Doctor’s Dilemma” (1958, Anthony Asquith).

Dibujo

Con el tiempo, los derechos de autor de las versiones de su obra “Pigmalión”, sirvieron a sus herederos para cumplir con uno de los deseos del escritor, muy preocupado por las incoherencias en la escritura de la lengua inglesa. Por ello quiso crear un nuevo alfabeto fonético para el inglés, que fue llevado a término por sus herederos, desarrollando el denominado alfabeto Shaviano.

Todo un completísimo personaje.

AlmaLeonor