MICRORRELATOS (IV)

MICRORRELATOS (IV)

Imagen: Granada en la Alhambra de Granada, de AlmaLeonor_LP

“Cuando aprendió a besar sintió que no fue su boca lo que se abría, sino una puerta a los insondables y placenteros misterios del universo.”

AlmaLeonor_LP

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EL DÍA DE REYES

EL DÍA DE REYES

“Sin embargo, para mí, el día de Reyes siempre fue uno de mis días favoritos. Egoístamente. Ese día, o mejor dicho, en la víspera y como parte de los preparativos para el día de Reyes, todos los miembros de mi familia se afanaban en limpiar sus propios zapatos, aquellos que colocarían en el alféizar de la ventana esperando la dadivosidad mágica de unos imaginados reyes que, llegados de un oriente lejano, agasajaban a los niños en las casas. Y a todos, niños y adultos, en la mía. Aunque fuese con un simple bollo de azúcar y canela preparado por mi madrina, o una bolsita de blancas peladillas compradas por mi padre en la plaza del mercado.

El resto del año, junto a mi primo Ángel, era yo quien hacía de limpiabotas cada sábado por la mañana, regalando mi trabajo a los adultos de la casa. Una vez se lo dije a mi madrina y ésta recriminó mi sentida y escondida queja, advirtiéndome que no lo dijese más o los Reyes Magos lo sabrían y no premiarían mis buenas acciones del año con un regalo de Epifanía.

Pero cuando el siete de enero, un día después del festivo de Reyes de este año, me encomendaron escribir un artículo sobre las actrices del Hollywood dorado de los años cuarenta y cincuenta, me alegré como si el Rey Gaspar ―mi favorito de los tres magos, siempre― hubiese dejado en mis relucientes zapatos el mejor de los regalos.

― Rita, que se llama Margarita Carmen Cansino, se casó con el Aga Khan, un príncipe árabe, de oriente. Una especie de Rey Gaspar, pero de verdad. Y a ella la llamaban la Begum Aga Khan… la Begum Rita.

― ¿Y tú cómo sabes esas cosas, papá?

Rita nunca se casó con un rey Gaspar, que curiosamente era tenido por muchas niñas de mi generación como el más accesible y casadero de los tres magos de oriente. El rey Melchor aparecía siempre como un viejito barbudo que podría muy bien ser nuestro abuelo, y el negro Baltasar era un exotismo demasiado alejado de todo pensamiento inocente. Sin embargo, el rey Gaspar podía aparecer como un soñado pretendiente lejano. Pero Rita no se casó con uno, ni con un príncipe árabe siquiera. Tampoco con el heredero del título persa, Aga Khan, que ostentaba la familia de su marido.

Rita Hayworth se casó y tuvo una hija, con Ali Khan…”

 

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

Alma Leonor López Pilar

 

HISTORIA

HISTORIA

Imagen: Dragan Ilic di Vogo (1962) Belgrado (Serbia).

No llevéis al pasado vuestros miedos,
regresad a él como los muertos que lo habitan:
desnudos, con el alma a buen recaudo,
miradlo atónitos pero con un ansia de embalse,
oled su inconfundible aroma de ruina indeleble,
no le manchéis de deseo, dejadlo
tal y como os lo encontrasteis,
lleno de vida engastada en una esbelta
gota de ámbar
ajena a vuestro vértigo de flecha,
miradlo con las lentes que necesita
un oficio de forenses inquietos
y hacedle las preguntas que
nunca tendrán una respuesta,
que jamás nos salvarán la vida.

José Luis Ibáñez Salas.

PALIZAS DE AÑO NUEVO

PALIZAS DE AÑO NUEVO

Imagen: Takanakuy – Ilustra

Ya hemos visto como en Japón la Nochevieja reciben la visita de unos ogros peculiares que azuzan a los niños perezosos, pero no es la única costumbre, cuanto menos raruna, que podemos encontrar en estas fechas. Vamos a ver otra

En Perú no son ogros los que asustan, sino los propios convecinos. Allí, por las fechas de Navidad y Año Nuevo, sobre todo en Año Nuevo, se mantiene una antiquísima tradición, la Takanakuy. Consiste, nada más y  nada menos, que en zurrarse de lo lindo para librarse de todo tipo de odios e inquinas y empezar el Año Nuevo desde cero. Como propósito no es malo, pero podrían resolverlo de alguna manera menos dolorosa, digo yo.

Claro que todo este festival está aderezado con música (llamada waylilla o wayliya, una especie de “canción protesta”, popularizada desde los años 60) y baile frenético, comida abundante (y la peruana es de las más variadas, copiosas y espectaculares del mundo) y bebida más abundante todavía, lo que contribuye a que los porrazos se sientan menos… supongo. Aunque los moratones, cortes y sangrados son totalmente reales y dolorosos, ya que está  permitido utilizar desde punteras metálicas en las botas mineras (habituales en muchos lugares en Perú) hasta cinturones para propinar golpes. Lo que no se permiten son anillos… que cosas. Incluso hay un árbitro que controla que las cosas no se desmadren demasiado. A lo mejor se lleva algún sopapo sin quererlo… Lo que no hay es policía ni jueces en estos distritos, de ahí que se terminaran por buscar la forma de solucionar las rencillas por sí mismos.

Al finalizar la pelea, los contrincantes, siempre en parejas, deben abrazarse y volver a la normalidad… hasta la próxima afrenta. Es una especie de catarsis social anual en las comunidades indígenas peruanas, que últimamente ha traspasado este estatus para realizarse, pese a la prohibición gubernamental, en zonas urbanas de la propia capital, Lima.

También es posible encontrar una costumbre muy parecida en Canas, en Perú, cerca de Cuzco. Se trata de Ch’ijar Jaqhi o Tupay (significa “colisionar”)  un festival que se lleva a cabo el 20 de enero y en el que las peleas son entre grupos de diferentes comunidades. Se considera una batalla ritual. Otra pelea similar, la Tupay Tuqtu  (“choque de gallinas”, más o menos) se celebra el 2 de febrero y ha sido declarada Patrimonio Cultural Nacional en el 2008. Bolivia, en la zona de Potosí (también minera e indígena, por cierto), llamada Tinku, pero que se celebra en mayo, y prácticamente solo masculina.

El nombre Takanakuy  deriva del quechua y está formado por la palabra “Taka”, que significa “golpe” y “nakuy”, que podría traducirse por “hacerse mutuamente algo”. Es una “celebración” popular en distritos peruanos como Santo Tomás, Llusco y Quiñota, pero la más famosa es la de la provincia de Chumbivilcas, cerca de Cuzco. Allí se toma como una fiesta esperada todo el año y una tradición que se toma muy en serio, pues está interiorizada como una popular autoadministración de justicia, a la vez que una muestra pública de valentía y coraje para defender la propia causa, que proporciona prestigio a sus protagonistas, ya sean hombres o mujeres, pues ambos por igual participan de este evento.

Takanakuy, la película (tres partes)

Y a mi que me recuerda otras cosas… ¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

AlmaLeonor_LP

 

 

 

ENERO…

ENERO… 

En Enero nace el Alma
virginal y sin secreto,
Febrero le da sentidos,
Marzo combate su cuerpo,
Abril abre la impaciencia,
Mayo el florido deseo.
En Junio son desazones
lo que en Julio cumplimientos,
Agosto es dulce cansancio,
Septiembre el umbral del duelo,
Octubre la despedida,
Noviembre el lento recuerdo
y Diciembre el desamparo.
Luego nacerá lo muerto,
sin regreso, sin huida,
en la soledad del tiempo.

Dionisio Ridruejo (1912-1975).

 

NAMAHAGE… DEMONIOS DE AÑO NUEVO

NAMAHAGE… DEMONIOS DE AÑO NUEVO

En el rico folklore y mitología japonesa podemos encontrar casi de todo, incluido un peculiar demonio navideño que asoma durante el ritual de Año Nuevo, sobre todo en Akita, en la región de Oga, al norte de Honshü. Se trata del Namahage (生 剥) un ogro (oni) enmascarado vestido con un atuendo de paja (llamado mino), portando un cubo de madera (teoke) y armado con cuchillos (hoy suelen ser también de madera ) que, en la víspera de Año Nuevo, procesionan por las casas en parejas o en grupos de tres, preguntando a los niños si han sido perezosos o si se han portado mal. Lo hacen con una especie de cancioncilla compuesta por frases simples:

“¿Hay llorones por aquí?” (Nakuko wa inee gā? )

“¿Han sido niños traviesos?” (Waruiko wa inee ka? )

Tradicionalmente, los Namahage o, también, Ogros de Año Nuevo, visitaban los hogares en la primera noche de luna llena del año (alrededor de mediados de febrero, dos semanas después del Año Nuevo Chino), con el propósito de advertir a los niños “vagos” o perezosos para que se pusieran a hacer algo útil y no quedarse todo el tiempo junto al fuego sin hacer nada. Antiguamente se preguntaba a los niños si tenían “ampollas” producidas por la sobrexposición al fuego, lo que evidenciaba que no se habían movido. El cuchillo que suelen portar era un instrumento para “pelar” las ampollas.

Hoy en día, en Nochevieja, los padres advierten a sus hijos con la visita de los Ogros de Año Nuevo si han sido perezosos, llorones o desobedientes, para llevárselos a las montañas y no volver a ver jamás a su familia. Es una advertencia que aterroriza a los niños y les hacen llorar (de ahí la pregunta de la cancioncilla). Pero tienen también su lado positivo, pues si los niños han sido buenos y ofrecen dulces a los ogros en la visita, éstos bendicen y protegen la casa librando a sus habitantes de enfermedades, desastres y malas cosechas durante el año. Entonces la familia va al Templo Sintoísta más cercano y reza dando gracias por las bendiciones.

En Nochevieja, varios hombres jóvenes se disfrazan de Namahage y recorren las calles de las ciudades del sur de Japón. En cada casa, golpean el suelo 7 veces antes de entrar, 5 veces cuando les ofrecen comida y bebida y finalmente 3 veces antes de marcharse. Pero también tienen sus supersticiones. Los Namahage no entran en las casas donde ha habido un nacimiento o un fallecimiento durante el año, ni tampoco en las casas donde hay una persona inválida. En estos casos, los ogros golpean el suelo varias veces en la entrada de la casa, pero jamás entran en ella.

El origen de esta costumbre, parece ser muy antiguo y no está claro, hay varias versiones. Una de las más populares es la que se cuenta en la ciudad de Akita. Es la historia del emperador Wudi de la Dinastía Han (156 – 87 a.C)  que viajó desde China a Japón llevando consigo cinco ogros que se establecieron en las cumbres de los dos montes de la región de Oga, Honzan y Shinzan, robando comida a los campesinos y raptando mujeres jóvenes. Para tratar de librarse de ellos, los habitantes de la región idearon un truco. Apostaron a los Ogros a que no serían capaces de construir  en una sola noche, una escalera de piedra de mil escalones que llevara desde la orilla del mar hasta lo alto del monte Shinzan, el más alto de los dos. Si lo lograban, les entregarían alimentos y una mujer joven cada año, pero si no lo lograban tendrían que marcharse. Aceptaron, pero los aldeanos les engañaron haciendo que un gallo cantase antes del alba sin dar tiempo a los ogros a completar su trabajo. Creyendo que habían fallado en la apuesta, se marcharon. Desde entonces los ogros (oni, o Namahage), instan a los niños a no ser descuidados, perezosos o vagos y a terminar sus tareas antes de que sea demasiado tarde.

Festival Namahage de Febrero de 2008.

En Japón cuentan hasta con su propio museo, el Museo de los Namahage en Oga, donde uno puede conocer todo lo relacionado con estos ogros e incluso disfrazarse de ellos. Además, en el Santuario de Shinzan, también en Oga, se celebra el Festival Sintoista de Sedo, el segundo fin de semana de febrero, donde los protagonistas son los Namahage, y todas las ceremonias asociadas a ellos.

Ya lo saben… Procuren no ser perezosos ni vagos en Nochevieja, o estos ogros Namahagen aparecerán con su cuchillo y su caldero para cortar las ampollas de fuego.

AlmaLeonorLP