COMUNICAR(NOS)

COMUNICAR(NOS)

Imagen: Manuel Felguérez

Responder a la pregunta «¿por qué escribo?» es fácil, pero no existe una manera rápida de hacerlo. Explicarlo puede resultar arduo. Dado que lo que yo compongo es, mayormente, ensayo histórico, es posible que alguien llegue a pensar que mi interés por escribir tenga alguna connotación diferente de quien escribe literatura, novela, relato o poesía. Creo que nada más lejos de la realidad. Todos escribimos con diferentes motivaciones, pero el fin último es comunicar(nos): Comunicar y comunicarnos. Es decir, transmitir a otros una idea, un pensamiento, un sentimiento, un interés, un recuerdo, una pasión, una enseñanza, un deseo, un sueño… Y, también, recibirlo de los demás. Lo que varía es el medio que cada uno utiliza para hacerlo.

Decía Aristóteles (Poética, siglo IV a. C.) que «la poesía es más filosófica y elevada que la historia, pues la poesía dice más bien lo general y la historia, lo particular». El sabio griego reconocía que tanto el que escribe historia como quien escribe poesía tratan, por lo general, los mismos temas. Sólo se diferencian en la forma de expresarlo, en cómo se presenta al público. Claro que, también, en la forma en la que ese público debe apreciarlo: de forma general, la poesía; de forma particular, la historia. Tal vez haya quien piense que la literatura, la novela, el relato o la poesía, contienen una personalísima motivación, un interés particular, una sentida introspección, una confesión abierta de las emociones y pesares de los autores… En definitiva, que incluyen un mayor grado de subjetividad de la que goza (tiene que ser así) el ensayo histórico. Pero lo cierto es que éste tampoco está libre de la influencia de la personalidad del historiador (tiene que ser así), por lo que es muy probable que los pensamientos y los intereses, los sentimientos y los pesares del historiador estén tan presentes en sus obras como los del escritor de literatura, poesía, novela o cuento.

Así que volvemos a preguntar: ¿por qué escribo yo como autora de ensayo histórico? Y la respuesta sigue siendo la misma: para comunicar(nos). Y ahora viene la larga explicación.

El lenguaje es el mayor logro de la cognición humana. Todos los resultados físicos y fisiológicos de la evolución anteriores al lenguaje, no nos hicieron tan humanos como sí lo hizo la palabra. A partir del momento en el que tuvimos la intención clara de comunicar(nos), los homínidos fuimos ya plenamente humanos. Antes no. Sí, evidentemente, el lenguaje escrito es más tardío que todo eso. Pero, hay historiadores y lingüistas que piensan en la existencia de una comunicación simbólica anterior incluso al lenguaje hablado: un gesto, una mirada, un movimiento corporal, un rasgo trazado toscamente en un madero o hueso, las huellas de manos marcadas en la pared de una cueva y otros tipos de representaciones figurativas (rayas, círculos, etc.), pudieron ser anteriores, o coetáneas, al nacimiento de la palabra hablada. Si debemos considerar eso escritura o no, es un largo debate al que ya se dedican otros, yo solo apuntaré que toda comunicación interpersonal consta tanto de palabras como de gestos, ¿por qué no considerar entonces esos gestos como un «complemento escrito» a la palabra? Escribimos siempre que hablamos.

La historia nos cuenta que la escritura pudo originarse alrededor del cuarto milenio a. C. en varios lugares al mismo tiempo: Mesopotamia, Egipto y en el medio y lejano Oriente. Con este nuevo logro humano los historiadores consignan el nacimiento de la Historia (todo lo anterior es Prehistoria o Protohistoria). La palabra escrita nos sitúa en un nuevo estadio de la evolución humana y, a partir de él, los avances históricos hasta nuestros días fueron inmensos y muy rápidos. Demasiado rápidos. Y entonces se hizo necesario conceder a la comunicación un nuevo rasgo, porque ya no solo se trataba de comunicar(nos), sino de que esa comunicación, ese mensaje, fuese permanente en el tiempo, que trascendiera el tiempo. Y también el espacio. Se necesitó entonces, no solo un mensaje que transmitir, sino también un soporte duradero sobre el que transmitirlo. Desde las iniciales tablillas de barro sumerias (no quiere decir que sean las más antiguas muestras de lenguaje escrito, solo son las más antiguas que hemos encontrado) hasta nuestros días, todo lenguaje escrito consta de esos mismos elementos: un mensaje y un soporte duradero sobre el que transmitirlo. Sigue siendo la idéntica necesidad humana de comunicar(nos), pero los pueblos, en su expansión numérica y territorial, vieron imprescindible hacerlo no solo con la palabra escrita (o con el gesto convencional), sino también con un medio duradero y universal.

Leí una vez que solo entendemos aquello que podemos expresar con palabras, que el lenguaje condiciona nuestra visión del mundo. El lenguaje ejercita esa magia en de cada uno de nosotros. Comunicar(nos) adquiere entonces una dimensión interpersonal que requiere de otros valores añadidos, como la tolerancia, la empatía, el ponerse en el lugar del otro, para que aquello que queremos transmitir llegue con toda la nitidez que el mensaje requiere. Y ese gesto también incluye un grado de sabiduría, de conocimiento, de aprendizaje incluso. Escribimos para enseñar, para explicar, para mostrar a otros lo que conocemos, para describir lo que nos gustaría que otros conozcan también, ya sea la materia propia de un ensayo, ya sea el mensaje envuelto en una historia novelada, un cuento, una poesía. Y quienes lo reciben aprecian esa función del lenguaje y la interiorizan como una labor intrínseca al hecho de comunicar(nos). Todo escrito muestra y enseña, difunde y educa (a los demás y a nosotros mismos como escritores) porque es algo inherente a la propia creación del lenguaje, tanto el hablado como el escrito.

Como seres sociales que somos, no podemos vivir sin comunicar a otros nuestras ideas, pensamientos, intenciones, deseos… En realidad, para comunicarnos todo eso y más entre iguales, para entablar un feed-back de información que puede, o no, ser apreciada por otros (eso no importa) pero que forma parte de la propia necesidad humana de hacerlo. No podemos comunicar sin comunicarnos.

Yo escribo, sobre todo historia, por la misma razón por la que lo hacían los que consignaron datos comerciales en aquellas antiguas tablillas sumerias (curiosamente, eran eso, no crónicas históricas, ni sesudos tratados de literatura, ni brillantes obras poéticas), para que permanezcan en el tiempo, como un legado personal de una forma particular de comunicar(nos). Yo escribo, también, para dar respuesta a esa función divulgativa que el propio lenguaje incluye en su idiosincrasia, como un ejercicio de revelación, de instrucción, de cultura, porque toda comunicación es una enseñanza, incluso para uno mismo. Finalmente, yo escribo como parte de un gesto atávico, ancestral, universal, genuino del ser humano. ¿Por qué escribo? porque siento como propia esa necesidad humana de comunicar(nos).

AlmaLeonor López Pilar
Junio 2021

UBUNTU

UBUNTU

Imagen: Alain J. Picard

Un antropólogo mostró un juego a los niños de una tribu africana. Colocó una canasta de deliciosas frutas cerca de un tronco de árbol y les dijo:

-El primer niño que alcanza el árbol obtendrá la canasta.

Cuando les dio la señal de inicio, se sorprendió de que caminaran juntos, tomados de la mano hasta alcanzar el árbol y compartieran la fruta. Cuando les preguntó por qué lo hicieron, cuando cada uno de ellos podía conseguir la canasta sólo para él, respondieron, con asombro del antropólogo:

Ubuntu… ¿Cómo uno de nosotros puede ser feliz mientras el resto sufre?

Ubuntu en su lengua y cultura significa “Yo soy porque somos”. Es una forma social de entender el individuo. Es una tribu que conoce el secreto de la felicidad, de la felicidad compartid. Un secreto que se ha perdido en gran medida en el resto de las culturas y sociedades que se consideran civilizadas. Es hora de que gritemos todos ¡¡UBUNTU!!

Anónimo.

¿CUANDO TE VOLVERÉ A BESAR?

¿CUANDO TE VOLVERÉ A BESAR?

Imagen de Fei A versionando la obra de Magritte en tiempos de COVID

Decías en aquel viaje que te apenaban los monos de Gibraltar; que ellos no veían ni oían, pero lo peor era que, con su boca tapada, no podrían besar. Ni siquiera pensabas en que lo que representaban era que no podían hablar, que no podían decirse te quiero. Pero a ti te importaba más que no se pudieran besar. Para ti era lo peor que les podía pasar, lo peor que le podía pasar a alguien…, a ti…, a nosotros. No poder besarnos. No sentir el roce de unos labios que hoy apenas tienen tiempo y ganas de decirse te quiero con palabras.

¡Estabas equivocada! Ahora lo sé. ¿Recuerdas aquella lámina de Magritte en aquel café donde nos conocimos? No comentaste nada, pero te descubría un rictus de desagrado cada vez que la mirabas. Un día me dijiste que no te gustaba nada aquella pintura. Yo pensaba que sufrías por los amantes que no juntaban su boca, si no su velo, porque ellos eran como los monos de Gibraltar que tampoco se podían ver, y que, aunque se besaban, no se podían tocar ni sentir… Pero no era por eso. Tú decías que lo que significaba esa pintura para Magritte era una terrible historia. Una historia de muerte, la de ese velo mojado. La muerte siempre dibuja una terrible historia, como la que estamos viviendo hoy… aquí.

¡Pero no quiero que sea así! Y no será así cuando esto pase. Tal vez Magritte nos ofrecía una ventana de esperanza en la desesperanza de su obra. Un deseo. Tal vez él viera más allá de ese paño que cubre a los amantes y que cubre también a los cadáveres…, y que ya no sienten. Tal vez nos estuviera avisando de que un velo oculta, pero también muestra. ¡Piénsalo! Si dos amantes se besan aun sin verse el rostro, su amor es tan ciego como verdadero. ¡Como nosotros!, que curamos sin mostrar el rostro, y no es tan solo trabajo. En Los amantes de Magritte no son los convencionalismos, no es la apariencia, no es la banalidad de un encuentro fortuito, no es la frugalidad de un momento… ¡Es la eternidad! La inmensa eternidad de un beso. No importa que nadie sepa lo que hay detrás de ese velo o detrás de nuestro día a día, porque no es ni siquiera necesario adivinarlo. Se sabe. Es…

—No os quitéis la mascarilla, cariños, vienen más pacientes…

AlmaLeonor_LP

Relato propio relacionado con el periodo de confinamiento obligado por la pandemia de la COVID, basado en la obra de Rene Magritte, y que fue incluido en la obra CUANDO ESTO PASE… UN PROYECTO COMUNITARIO CONSTRUIDO DURANTE EL CONFINAMIENTO, de Oscar Fábrega Calahorro para la Editorial GUANTE BLANCO, y que puedes adquirir aquí, o pinchando en la imagen superior. Me ha parecido que debía traerlo aquí precisamente hoy, 13 de abril, el Día Internacional del Beso .

AlmaLeono_LP

LA CLASE DE DERECHO

LA CLASE DE DERECHO

Imagen: Hugh Laurie en la serie de TV “House”

En el primer día de clase, el profesor de “Introducción al Derecho” entró al aula y lo primero que hizo fue pedir el nombre de un estudiante que estaba sentado en la primera fila:

–¿Cuál es su nombre?
–Mi nombre es Nelson, Señor.
–¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! –gritó el maestro desagradable.

Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió de la habitación. Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.

–¡Muy bien! Vamos a empezar –dijo el profesor.
–¿Para qué sirven las leyes? –preguntó el maestro.

Los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:

–Para tener un orden en nuestra sociedad.
–¡No! –respondió el profesor.
–Para cumplirlas.
–¡No!
–Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
–¡No! ¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta!
–Para que se haga justicia –Una muchacha habló con timidez.
–¡Por fin! Es decir, por la justicia. Y ahora, ¿qué es la justicia?

Todos empezaron a molestarse por la actitud tan vil del profesor. Sin embargo, continuaron respondiendo:

–A fin de salvaguardar los derechos humanos…
–Bien, ¿qué mas ? –preguntó el maestro.
–Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien …
–OK, no está mal, pero respondan a esta pregunta: ¿Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?

Todos estaban en silencio, nadie respondió.

–Quiero una respuesta por unanimidad!
–¡No! –Todos contestaron con una sola voz.
–Se podría decir que he cometido una injusticia?
–¡Sí!
–¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? Para que queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. ¡Todos! ¡No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson –dijo– Después de todo, él es el maestro, yo soy un estudiante de otro período.

Aprendan que cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada.

Manuel Martínez (Calameo)

MAMPARITIS

MAMPARITIS

Interior de un barco velero del siglo XVII

Con esta especie de manía humana de poner nombre a todo (no está mal por otro lado), resulta que existe un nombre para denominar a esa sensación que todos hemos tenido alguna vez, estoy segura, y que se caracteriza por irritarse hasta el extremo por cualquier cosa… ¿A quién no le ha pasado en alguna ocasión? De hecho, es bastante corriente que esa irritabilidad, cuando es una mujer quien la sufre, se atribuya como una consecuencia del ciclo menstrual. Pues no señores, resulta que es un mal muy macho, una situación que se daba muy frecuentemente entre los marinos de la armada y al que ellos mismos bautizaron como MAMPARITIS, llamada así por los mamparos que se instalan para separar camarotes en el interior de los buques.

Desde hace tiempo los marinos saben de este problema, aunque no lo llamasen así. Pasar días, semanas y hasta meses a bordo de un buque o un submarino de pequeñas dimensiones (comparado con un continente en tierra) y superpoblado, ocasiona que en algunos momentos el roce no haga el cariño, sino todo lo contrario, que produzca irritabilidad y susceptibilidad extrema, sobre todo en los marineros menos experimentados, y que cualquier gesto de otro compañero, aunque sea simple y anodino, llegue a molestar hasta extremos incluso violentos, magnificando cualquier cuestión nimia y provocando discusiones que podrían llegar a producir auténticos motines. Todos recordamos lo que nos contaron en la escuela acerca de que Cristóbal Colon obligó a sus marineros a seguir más allá de cuanto les era conocido, estos llegaron a rebelarse y a punto estuvo de producirse un motín para volver en lugar de seguir avanzando en la nada. Si ese brote que hoy llamaríamos mamparitis hubiese triunfado, el insigne navegante no hubiese llegado a América…

Escena de la película “Master and Commander”

Pues bien, ese nerviosismo entre la marinería sigue existiendo hoy en día y los mandos de la Armada e incluso los de buques civiles, lo conocen muy bien. No hay preparación para estas situaciones ni cura alguna, que no sea la paciencia y la experiencia. También, afirman, la actividad continua, la realización de tareas con horarios estrictos y, en general, ocupar el cuerpo en actividades que liberen la mente de tales susceptibilidades. Por ello, los mandos suelen colocar a los marineros más novatos al lado de los más experimentados para tratar de atenuar esas sensaciones o que no lleguen a aparecer. Pero es difícil. Los camarotes de los barcos son muy pequeños y muchas veces no existe siquiera un espacio personal y hay que compartir hasta la cama (o hamaca) donde se duerme: mientras unos trabajan otros duermen y viceversa, pero en el mismo sitio. Estas estrecheces unidas al paso inexorable del tiempo sin poder salir de un entorno claustrofóbico en muchos casos (sobre todo en los submarinos), hacen que estos síntomas aparezcan más pronto que tarde, pese a la experiencia. Entonces se sobredimensionan las acciones de los demás, aparecen las fobias más personales, las manías más persecutorias, se llega a discutir por todo, todo irrita, por cualquier cosa se monta una pelea… incluso se ha llegado a certificar que algunos marineros sufrían enfermedades imaginarias producto de esa misma irritabilidad. Es decir, es un mal que también se somatiza.

Imagen del “Faro de Vigo” en el blog Foro Naval.

Pues bien, todo esto se ha recordado últimamente por las situaciones que puede llegan a producirse con las normas de confinamiento obligadas por la actual pandemia mundial por la COVID19. Estar encerrado en casa, o no tener la oportunidad de salir todo lo que apetezca, no poder juntarse con amigos o familiares en gran número, encontrarse lugares de reunión clausurados, también bares, restaurantes y centros comerciales, hacer colas para entrar en los establecimientos que sí que abren, el influjo de las redes sociales, que alimentan los bulos y la desinformación produciendo enfado con cada post leído, la propia desinformación vertida por las autoridades, etc., etc., llegan a producir entre algunas personas un malestar, impotencia e irritabilidad similares a los de la mamparitis marinera. Todo eso puede afectar mucho a la persona que lo sufre, pero también a las personas con quienes convive, familiares, compañeros de trabajo y amigos, llegando a extremos de crear un ambiente particularmente irritante y hasta violento en el entorno familiar, laboral o social. Poner freno a este tipo de situaciones puede ser muy difícil, sobre todo porque la población en general no estamos preparados para una situación como la que estamos viviendo y tan alargada en el tiempo.

La COVID19 es una enfermedad muy contagiosa, mortal en muchos casos, pero también es muy exigente superarla. Las soluciones que nos ofrecen desde las instituciones médicas y políticas, suelen venir con cuentagotas y muchas veces son confusas e inaceptables, tanto, que lo que un día se dicta como obligatorio al día siguiente se suspende por ser contrario a la ley. Todo eso produce mucha inseguridad entre la ciudadanía, dejando un amplio espacio libre a las especulaciones y a las acciones negacionistas de todo tipo. Eso también es una forma de mamparitis, una irritabilidad contra las medidas poco claras que hace que muchos se nieguen a utilizar mascarillas con los alegatos más peregrinos, o acepten tomar placebos o productos incluso peligrosos para la salud, con la esperanza de no caer en un contagio y verse obligado a acudir a las farmacéuticas, demonizadas hasta el extremo por estos grupos negacionistas y a las que acusan de enriquecerse a nuestra costa (negando incluso la necesidad de una vacuna o exigiendo que esté disponible de forma inmediata) mientras esos grupos están haciendo exactamente lo mismo, enriquecerse a costa de la ignorancia, la esperanza y la buena fe humanas.

Lo malo es que para esta situación no hemos tenido preparación alguna, ni tenemos a “hermanos mayores” o más experimentados con los que contar. Estamos solos frente a nuestros miedos y soledades. Para mucha gente, este encierro obligado en casa es una situación inaceptable que les produce una continua irritabilidad y desasosiego. Y se discute por todo, todo molesta, todos es cuestionable, todo es una mentira, o una verdad a medias, o directamente una manipulación contra la que rebelarse. La mamparitis de la COVID19 puede producir situaciones muy duras para mucha gente que no están contempladas en los protocolos de actuación frente al virus.

Tratemos de no caer en algunos males ajenos a la propia enfermedad (que ya es bastante grave) como puede ser la irritabilidad extrema por cuestiones nimias o por sobredimensionar cualquier acción o inacción de otros. Si nos vemos asolados por esta irritabilidad no hay manera de frenarla si no es con la propia voluntad de hacerlo. Solo nosotros podemos hacer frente a esa consecuencia tan sutil como letal, tan alarmante como desconocida, como es la mamparitis de la COVID19. Hoy por hoy, solo podemos actuar contra la COVID19 siguiendo a rajatabla las medidas profilácticas: el uso de la mascarilla y la higiene extrema. Irritarnos por ello solo nos va a producir un problema más.

AlmaLeonor_LP

ME TUVISTE

ME TUVISTE

Duérmete, mi niña,
duérmete sonriendo,
que es la ronda de astros
quien te va meciendo.

Gozaste la luz
y fuiste feliz.
Todo bien tuviste
al tenerme a mí.

Duérmete, mi niña,
duérmete sonriendo,
que es la Tierra amante
quien te va meciendo.

Miraste la ardiente
rosa carmesí.
Estrechaste al mundo:
me estrechaste a mí.

Duérmete, mi niña,
duérmete sonriendo,
que es Dios en la sombra
el que va meciendo.

GABRIELA MISTRAL

Un día como hoy, de 1963.
AlmaLeonor_LP

 

EL ORIGEN…

EL ORIGEN…

Imagen: Alex Howitt

“No hay prueba de que el hombre desde su origen creyera noblemente en la existencia de un Dios omnipotente… Más no es en modo alguno difícil de explicar su origen natural… Tan pronto como las facultades importantes de la imaginación, admiración y curiosidad, juntas con algo de raciocinio, empezaron a desarrollarse parcialmente, el hombre naturalmente trató de explicarse todo lo que le rodeaba y empezó a especular, aunque vagamente, sobre su propia existencia.”

Charles DarwinEl origen del hombre
(The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex, 1871)