NO PASAMOS, SOLO VAMOS…

NO PASAMOS, SOLO VAMOS…

Imagen: Jaime Rojo

Leí una vez que en este mundo informatizado nuestro, donde es tan fácil acceder a casi cualquier información a golpe de clic, hemos perdido la importantísima costumbre de leer todo el contenido de un libro, una revista, un periódico o un artículo. Hoy podemos ir directamente al párrafo que nos interesa, sin perder tiempo y sin darnos cuenta de que, al menos ojear el resto de la página, nos proporcionaría un conocimiento más amplio, más completo, contextualizado y, por supuesto, más útil e interesante.

Pero hoy ya no pasamos, solo vamos

Ya no pasamos (por todo un libro), solo vamos (a un determinado párrafo). Pensaba en esto viendo a un frutero parado delante de su tienda sin clientes y, lo que es más trágico para él, sin atisbo de que los hubiera en toda la mañana.

La gente ya no pasamos, solo vamos

Hoy ya no pasamos por todas las tiendas de nuestro barrio como cuando yo era niña y en la que no comprabas entrabas a saludar a una amiga, o vecina, o a la tendera, al tiempo que asegurabas, con la absoluta certeza que te ofrecía la cotidianeidad del paso, que mañana comprarías.

Hoy no pasamos, solo vamos….

Vamos a ese lugar donde comprar lo q queremos, sin más. Si vamos a por el pan, a la panadería, si vamos a por el periódico, al quiosco, si vamos a por algo más, al supermercado… vamos directamente, tal vez en coche, no pasamos por otra tienda, solo vamos, como cuando vamos a un párrafo concreto y no pasamos por todo el libro.

Y me ha invadido un profundo pesar, como de estar perdiéndome algo importante….

AlmaLeonor_LP

ARDÁN

ARDÁN

En un pequeño pueblo de Castilla la Vieja llamado Cortiguera, tenían un ataúd en la iglesia donde se depositaban, sucesivamente, todos los muertos de la villa. Los difuntos permanecían un tiempo en el féretro, que podemos llamar comunal, bajo el inquietante letrero:

“Aquí se acaba el gozo de los injustos”.

Así comienza “Epitafios, la voz de los cementerios” (1994), un libro de mi amigo Javier Rodríguez Coria, que me dedicó muy queridamente en un encuentro fantástico de amigos lectores en Barcelona, en la hoy ya lejana fecha de marzo de 2007.

Javier Coria ha fallecido hoy, 18 de julio de 2019.

Alguien dijo que el epitafio es la última de las vanidades del hombre, por eso era muy habitual entre la clase media, comerciantes y nuevos ricos, el epitafio rimbombante y ampuloso, que contrastaba con la sencillez y brevedad de las inscripciones en los túmulos de la alta burguesía y aristocracia. En este caso la ostentación se evidenciaba en la edificación del panteón, cuya construcción se solía encargar a famosos arquitectos y escultores. […] Aunque es verdad que esa desigualdad, en el caso de los difuntos, es solo apariencia externa.

 

De aquel viaje del año 2007 me traje una experiencia irrepetible y unos cuantos amigos con los que he seguido en contacto. Otros se fueron quedando al margen, siguiendo su propio camino, como sucede siempre en la vida. Pero ninguno, estoy segura, olvidará nunca aquella jornada en la que pusimos caras a muchos avatares y nicks que nos eran tan familiares y cercanos como si de una familia se tratase. Fuimos familia en aquel viaje.

Quevedo en sus poesías ha dicho: “Que mudos pasos traes, oh muerte fría, pues con callados pies todo lo igualas”. Y Voltaire, en un tono más irónico, escribió en sus cartas: “Me voy acercando lentamente a ese momento en el que los filósofos y los imbéciles tienen el mismo destino”. […] En muchos de estos casos, se hace válida la frase  del escritor satírico suizo Rodolphe Toepffer: “Los epitafios mienten, sin ninguna duda, más que los sacamuelas”.

 

Javier fue, sobre todo, Barcelona. Nos enseñó lo más escondido de su amada Barcino, sus calles adornadas de preciosos edificios como pendientes elaborados (la casa Lleó Morera, Casa Amatller, Casa Batlló, Casa Milá…), la Barcelona modernista, el llamado “Quadrat D’Or” que abordamos desde la Rambla de Cataluña (no las Ramblas) hasta la Av. Diagonal y regresamos por el Paseo de Gràcia hasta la Plaza Cataluña. También la Barcelona clásica, con la necrópolis romana conservada en la plaza Villa de Madrid, las dos arcadas del acueducto romano de finales del siglo I conservadas dentro la Casa de L’Ardiaca, y las imponentes columnas de 16 mt de altura, del templo de Augusto de finales del siglo I a.C., que se encuentran en el patio interior de un edificio en el número 10 de la calle del Paradís. La Barcelona renacentista, la Barcelona medieval, la Barcelona judía, la Barcelona “canalla”… Especial fue la Barcelona librera, con dos visitas de excepción: un recorrido por “el cementerio de los libros perdidos” de la famosa Librería Canuda; y la invitación a mejillones y vino tinto en la Librería Negra y Criminal de Paco Camarasa.

El humor está presente en la literatura funeraria. Es como un guiño irónico a la muerte y una forma de acercarnos, desdramatizando, al hecho mortuorio. […] En la actualidad los epitafios son escasos, salvo los meramente indicativos […], claro está que también ha cambiado el concepto de los cementerios y cómo no, la idea de la muerte.[…] El epitafio también ha cambiado a lo largo de la historia. Del texto que resaltaba lo que fue, lo que hizo y la clase social a la que pertenecía el difunto, se pasó al más trascendente, donde se habla de lo que supuestamente será en la otra vida. En definitiva, el epitafio buscaba la exaltación del recuerdo como forma de perpetuar la vida.

 

Javier Rodríguez Coria vivirá por siempre en quienes le conocimos y quisimos. No hará falta sumar a su libro un último epitafio, porque él no lo hubiese querido. De haberlo hecho, pienso que solo hubiese figurado una palabra… Ardan.

AlmaLeonor_LP (Pilar López Almena).

Sit tibi terra levis.
Descansa en paz querido amigo.

 

 

 

HISTORIA (VII)

HISTORIA (VII)

Imagen: Joanna Sierko Filipowska

 

«Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía.»

HERÓDOTO. Historia, VII, 10.
Publicado por primera vez en HELICON el día 2 de julio de 2006

WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

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Alex Høgh Andersen, actor que interpreta a “Ivar el deshuesado” en la serie de TV “Vikings” (2013-2017)

Ahora que ya hemos visto algunas sillas de ruedas del cine o la televisión, es hora de abordar aquellas que sabemos se utilizaron a lo largo de la historia, pero para ser justos, conocemos las que utilizaron personajes famosos o eminentes de la historia, porque de los miles de personas anónimas que la han podido utilizar en uno u otro momento, pocos datos tenemos. Bueno, alguno sí, enseguida los conoceremos. Pero antes, un desmentido, o desmentido a medias, porque no se sabe con seguridad…

Ivar Ragnarsson (787-873), uno de los hijos del temible Ragnar Lodbrok, y que también comandó un ejército vikingo, como sus hermanos Halfdan y Ubbe, era conocido como Ivar el Deshuesado y tradicionalmente se le ha tenido como un inválido que necesitó ser transportado en volandas  sobre su escudo toda su vida (no se dice nunca que fuese en silla de ruedas y en la serie de TV utiliza un carruaje especial). Pero no esta tan claro. Inn Beinlausi, era un apelativo usado en las sagas vikingas que significa “deshuesado”, si, incluso en el poema Háttalykill inn forni, se le describe como un ser sin un solo hueso, pero no es seguro que fuese así. Algunos investigadores aceptan literalmente su apodo como el de un caudillo, al menos, cojo y extendiéndose un poco más, con una enfermedad que se ha llegado a identificar como “osteogénesis imperfecta” (conocida como «huesos de cristal»). Pero esto es muy improbable, afirma la mayoría, dado el tipo de sociedad en la que vivía, una sociedad que practicaba el infanticidio si se observaban taras físicas, y más en el descendiente de un líder. Para la mayor parte de los historiadores especialistas en el tema no es un término que deba tomarse literalmente, sino como una expresión, tal vez de impotencia sexual (la serie “Vikings” se encargó de desmentirlo explícitamente), tal vez de todo lo contrario, de poseer unas dotes físicas impresionantes que le permitían moverse con gran flexibilidad, como una serpiente, o como un berserker, un guerrero nórdico muy temido, fiero hasta el extremo y que, al parecer, consumía algún tipo de brebaje que le producía un perfil psicótico y le hacía insensible al dolor (casi). Lo cierto es que Ivar el deshuesado no es un personaje al que se debería incluir en una relación de los que si utilizaron sillas de ruedas en algún momento de la historia pero, curiosamente, he decidido que encabece esta. Vamos con los demás.

El hombre de la Chapelle-aux-Saints, en un relieve de la fachada del Instituto de Paleontología Humana de París, obra de 1911 de Constant Ambroise Roux.

A lo largo de la historia no se ha tratado bien a aquellos seres humanos que nacieron o desarrollaron (ya fuese por accidente o enfermedad) la necesidad de ser transportados a hombros, o en un aparato adaptado, o en una silla de ruedas. Como se ha dicho antes, frecuentemente estas personas eran rechazadas y hasta eliminadas desde la infancia. Hay alguna notable excepción desde, incluso, la prehistoria. Por ejemplo, contaba yo en un artículo al respecto en Anatomía de la Historia, el caso de un neanderthal (con una antigüedad de unos 60.000 años) que presentaba varias lesiones graves que le convirtieron prácticamente en inválido. Se trata del ejemplar conocido como el “Viejo de la Chapelle-aux-Saints”, descubierto en 1908 y estudiado por el paleoantropólogo de la Universidad de Washington, y uno de los mayores expertos en neandertales, Erick Trinkaus. Hay más ejemplos, como el espécimen de Shanidar 1 (de hace unos 80.000 años), que presentaba mayores lesiones (aplastamiento de la mitad del cuerpo) y también un caso en España, en el yacimiento de Atapuerca, los restos de un heidelbergensis (de medio millón de años) apodado “el Viejo de la Sima de los Huesos”, descubierto en 1994, que pese a sufrir una pronunciada curvatura de la espalda (cifosis lumbar degenerativa) y una desviación de la columna respecto al sacro (espondilolistesis moderada), había llegado a la ancianidad: superaba los 45 años, como unos 80 años actuales. Todos ellos tuvieron que necesitar ayuda solidaria y altruista de sus congéneres para sobrevivir y, muy posiblemente, ser trasladados en brazos o en volandas por otros miembros del grupo.  

Un poco más adelante se conocen algunas vasijas del periodo Neolítico con pinturas de personas donde se pueden apreciar ciertas incapacidades como escoliosis, acondroplasia o amputaciones de miembros. Hacia el siglo VI a.C. sabemos ya de la existencia de sillas con ruedas, o más bien una especie de camilla rodante, por una representación en una vasija griega. También se sabe que en China, desde el siglo V a.C., ya se utilizaban versiones rudimentales de sillas de ruedas, incluso, se conoce un dibujo donde Confucio en silla de ruedas conversa con un niño (“Xiao er lun“).  Y un alto personaje chino ya en el siglo II d.C. utilizaba una silla de ruedas. Se trata del general Zhuge Liang (181-234), de la dinastía Qing, escritor, ingeniero e inventor, que falleció a la edad de 54 años, después de haber contribuido militarmente en muchas campañas a la fundación del reino de Shu. Estos casos chinos no necesariamente se refieren a personas con problemas de movilidad, sino que, más probablemente, fuesen transportados en sillas de ruedas por su ancianidad o estatus.

Y en el antiguo Egipto, una de las sociedades más estrictas en cuanto a la apariencia personal y que también practicaba el infanticidio y abandono de niños con algún tipo de problema físico, se conocen, sin embargo, algunas representaciones  que muestran gentes con estas minusvalías, como la de un sumo sacerdote (del 1400 a.C.) con bastón y una pierna que parece afectada de poliomelitis.  Sin duda, necesitaría de una asistencia mayor que la de un bastón en algunos desplazamientos.

“La curación del paralítico” (1668) Bartolomé Esteban Murillo.

La llegada de las religiones monoteístas no cambió este panorama cuasi-solidario y si, por un lado, se proclama el amor al prójimo en todas sus circunstancias, por otro, ya desde el judaísmo se aprecia una cierta animadversión hacia las personas con algún defecto, como si fuese un “pecado” no redimido. En el Levítico (21: 17-21) podemos leer: “si alguno de tus descendientes tiene algún defecto físico, no podrá acercarse a mi altar para presentarme las ofrendas que se quemen en mi honor.” Los sacerdotes judíos debían mantener un determinado aspecto y no padecer daño físico alguno: ni ciegos, bizcos, cojos, mancos, jorobados, enanos o deformes, con enfermedades en la piel o, curiosamente, tampoco los que tuviesen los testículos aplastados (¿un eufemismo para la impotencia?). Sin embargo, en el Nuevo Testamento se presta algo más de atención a este colectivo y en él se puede encontrar como Jesús llega a curar a un hombre paralítico que le es presentado en una camilla, lo que podríamos entender como una silla de ruedas de la antigüedad: “levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. El hombre se levantó y se fue a su casa” (Mateo 9: 2-7).

Miniaturas medievales sobre el Rey Tullido y Perceval llegando a su castillo.

La Edad Media acentuó el oscurantismo hacia la discapacidad. Item más… también hacia cualquier diferencia del canon establecido por la Iglesia, llegando a calificar de brujas y herejes a toda aquella o aquel que se interesara por una explicación no religiosa de cualquier fenómeno. Pero hacia los siglos XII-XIII, en pleno medioevo, la leyenda del Grial trae a cuento un curioso personaje, el Rey Pescador, también llamado “El rey tullido”, un regidor herido en el muslo (o en la ingle, o en los testículos ¿aplastados, como decía el Levítico?), incapaz de moverse por sí mismo, impotente (curiosa similitud con Ivar el deshuesado), como si fuese el anuncio de un reino acabado, infértil. El rey cojo representa a un hombre que necesita redención y que en los relatos artúricos se muestra como el último (algunos hablan de un padre y un hijo que viven en un castillo y solo el primero está impedido) de una estirpe de protectores del Santo Grial.

A partir de aquí las cosas ya fueron mejorando poco a poco (muy poco a poco) para todas aquellas personas que necesitaron una silla de ruedas para poder desplazarse. Pero un elemento como una silla de ruedas solo podría ser privilegio de poderosos. Por ejemplo, el rey Felipe II de España, quien sufría una severa inmovilización a causa de la gota y la artrosis, y para quien se creó en 1595 la que se tiene por la primera silla de ruedas destinada especialmente a ese propósito. Se trataba de un cómodo sillón al que se le aplicaron ruedas en las patas y debía ser empujado por un asistente.

Algo más de medio siglo después, en 1665, un relojero de Nuremberg, Stephan Farffler (1633-1689), va a necesitar utilizar una silla de ruedas (no se sabe bien si por una paraplejia o porque perdió sus piernas) y él mismo se construye la que se tiene por la primera silla de ruedas autopropulsada. Se trataba de una mezcla entre sillón y triciclo que se impulsaba con una manivela que se accionaba con la mano. Este artefacto se tiene también por el primer triciclo de la historia.

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Durante los siglos XVIII y XIX la salud va a ser la protagonista de las sillas de ruedas que se desarrollan, sobre todo las destinadas a los balnearios, para todo tipo de públicos, no solo aquellos que tuviesen una necesidad física de utilizarlas. Y también va a hacer estragos la poliomielitis, sobre todo en la infancia…

La tragedia de la Gran Guerra vino a sumar una nueva batería de problemáticas con las que las naciones europeas se tuvieron que enfrentar una vez terminado el conflicto: la enorme cantidad de mutilados de guerra que volvieron a casa. El desarrollo de las sillas de ruedas vino así a paliar en lo posible estas necesidades. Como ya adelanté en el artículo anterior, la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo la Guerra de Vietnam, también se cobraron su tributo de soldados y civiles con trágicas mutilaciones que les obligaron a utilizar sillas de ruedas.

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Una de las consecuencias de estas necesidades postbélicas fue el desarrollo del deporte paralímpico, ya hablé de ello en otro artículo de HELICON. El impulsor fue Sir Ludwig Guttmann (1899-1980), médico judío quien, tras huir de Alemania, se instala en Londres donde ejerce como neurólogo en  el Hospital de Stoke Mandeville (Buckinghamshire). Es aquí donde se organiza el primer evento deportivo para personas con discapacidad (la mayoría con lesión medular que necesitaban sillas de ruedas, más tarde se incorporarán mutilados de guerra), el 29 de julio de 1948, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Londres de ese año.

Sin embargo, el mayor adelanto en cuanto al diseño de estos aparatos había llegado unos diez años antes y por una causa no bélica: un accidente minero. En 1918 un ingeniero norteamericano, Herbert Everest, quedó inválido a causa de un accidente en una mina. Durante años utilizó las sillas de ruedas de las que disponía el mercado, nada prácticas para ser usadas por uno mismo y necesitadas de empuje por una segunda persona en la mayoría de los casos. Otro ingeniero amigo, Harry C. Jennings, recogió sus quejas y entre los dos crearon la que se tiene por la silla de ruedas de la que deriva todas las que conocemos en la actualidad. Aunque trabajaron en ella desde 1933, el modelo no fue patentado hasta 1937 y montaron una empresa, Everest & Jennings, que tras la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un auténtico monopolio, pues eran quienes proporcionaban todas las sillas de ruedas que el país necesitó. Suyas fueron las sillas que utilizaron personajes como Alvin Cullum York (1887-1964), llamado coloquialmente el Sargento York (conocido en el cine por la película homónima de 1941, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper), uno de los soldados del ejército de los EE.UU. más condecorados de la Primera Guerra Mundial y que la necesitó hacia el final de su vida por sus muchos problemas de salud. También la que usó Winston Churchill  (1874–1965) , ya de muy mayor, y la que utilizó toda su vida Franklin Delano Roosevelt de quien hablaré en un momento.

Quizá el personaje más emblemático en utilizar una silla de ruedas de Everest & Jennings, y eléctrica, además, fue Ed Roberts (1939-1995), tetrapléjico tras contraer la polio a los 14 años, que se convirtió en uno de los activistas pro derechos de los discapacitados con mayor proyección en los USA. Fue el primer estudiante en una silla de ruedas que asistió a la universidad, concretamente a Berkeley en California. Fundó un grupo muy implicado en protestas y reivindicaciones para gente con discapacidad llamado  “Rolling Quads”, dando así un salto cualitativo al introducir el tema en la política. Su coraje produjo muchos éxitos, entre ellos la creación del Programa de Estudiantes con Discapacidades Físicas (PDSP), que proporcionaba servicios como la asistencia a los estudiantes en clase y reparación de sillas de ruedas a los miembros de la Universidad. Más tarde surgirá el Centro para la Vida Independiente (CIL) de Berkeley, el primer servicio de vida independiente y programa de defensa dirigido por y para personas con discapacidades. En 1976 es nombrado director del Departamento de Rehabilitación Vocacional de California por el gobernador Jerry Brown, lo que resulta curioso pues esta agencia le había etiquetado en el pasado como “incapacitado para trabajar”. Sirvió en ese puesto hasta 1983 cuando regresa a Berkeley y funda el Instituto Mundial de Discapacidad. Ed Roberts murió el 14 de marzo de 1995, a la edad de 56 años de un paro cardíaco.

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Hay algunos personajes de la historia a los que casi que identificamos ya con una silla de ruedas. Algunos, por tener un problema desde su nacimiento, como fue el caso de la poetisa y escritora mexicana Gabriela Brimmer (1947-2000), una gran activista por los derechos de las personas con discapacidad, que llegó a fundar la Asociación por los Derechos de las Personas con Alteraciones Motoras (ADEPAM). ​Gabriela nació con una parálisis cerebral tetrapléjica grave, de origen perinatal, que le impedía cualquier expresión o movimiento excepto en su pie izquierdo y es con el dedo gordo de su pie con el que marcaba las teclas en una máquina de escribir. Y otros, porque necesitaron silla de ruedas por un accidente, como le ocurrió a la gran actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), quien tras una fatídica caída de niña las complicaciones que padeció toda su vida se acentuaron en 1914 y tuvieron que amputarle una pierna. Visitó el frente francés durante la Primera Guerra Mundial en silla de ruedas, y con ella actuó el resto de su vida. Falleció el 26 de marzo de 1923 y su funeral fue multitudinario: más de cien mil personas acudieron.

También Frida Khalo (1907-1954), que no necesita más presentación, necesitó utilizar una silla de ruedas, y no por la poliomelitis que le diagnosticaron en 1913, sino por un rosario de enfermedades, operaciones y accidentes que padeció toda su vida, el más grave ocurrido el 17 de septiembre de 1925, cuando un tranvía arrolló el autobús en el que viajaba. El accidente fracturó su columna en tres partes, además de otras muchas lesiones y fracturas en las costillas, la clavícula y las extremidades inferiores (su pierna derecha se rompió en once partes). Fue sometida a más operaciones (un total de 32 en toda su vida) y sufrió dolores fortísimos desde entonces. Su vida transcurrió entre la silla de ruedas y la cama de su hogar, reflejando todo su dolor y sufrimiento en sus pinturas.

Memorial a Franklin Delano Roosevelt en Washington.

Por ejemplo, también identificamos enseguida junto a una silla de ruedas, al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt (1882-1945), y eso que no le gustaba nada mostrarse sentado en ella. Primo en quinto grado del que es reconocido como uno de los mejores presidente de los EE.UU., Theodore Roosevelt (1858-1919), no le anduvo a la zaga, ya que es el único de toda la historia del país en haber sido reelegido en cuatro ocasiones (1932, 1936, 1940 y 1944) y, por lo tanto, el que mayor tiempo lo dirigió: 12 años (hubiesen sido más de no haber fallecido antes). Roosevelt, que era gobernador del Estado de Nueva York, se ganó a los estadounidenses con la aplicación del programa político conocido como New Deal, sacando al país del estado de depresión causado por el Crack del 29. Con este respaldo consiguió ser presidente de los EE.UU. en 1932 ampliando el programa y consolidando la recuperación económica. Lidió con la Segunda Guerra Mundial, fue quien declaró la guerra a Japón y a Alemania, el impulsor de la Conferencia de Yalta, uno de los firmes apoyos del Desembarco de Normandía y firmó la puesta en marcha del Proyecto Manhattan que terminaría por elaborar las bombas atómicas que EE.UU. hizo estallar en Hiroshima y Nagasaki, aunque en puridad, la orden fue firmada por su sucesor, Harry S. Truman (1945-1945). Roosevelt no vio, por lo tanto, el final de la Segunda Guerra Mundial, fallecía el 12 de abril de 1945, mientras trabajaba en su despacho. Hablaba alemán y francés y, posiblemente, algo de español, pues tenía familia en Chile y vivió allí algún tiempo.

Prácticamente toda su carrera política la realiza en silla de ruedas, aunque procuró casi siempre ocultar su parálisis utilizando muletas para permanecer de pie, pero no podía andar. Le sobrevino cuando en 1921 enfermó de la terrible poliomielitis, una enfermedad muy extendida en los EE.UU. y que causaba estragos. Se trata de una infección viral de las fibras nerviosas de la columna vertebral que le produjo una parálisis total y permanente de cintura para abajo. Pudo recuperar las funciones de su abdomen, parte baja de la espalda, vejiga, intestinos y funciones sexuales (de hecho le fue infiel a su mujer, Eleanor, casi desde su matrimonio y hasta el fin de sus días, pues nunca se divorciaron), pero no sus piernas. Siempre afirmó que “estaba recuperándose” y procuraba no mostrarse en público en silla de ruedas.

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Otro político en silla de ruedas, este más actual y uno de los hombres más influyentes en la economía mundial (fue el ministro de Finanzas alemán desde 2009 a 2017 y firme apoyo de Ángela Merkel), es Wolfgang Schäuble (18 de septiembre de 1942). El 12 de octubre de 1990 fue víctima de un atentado cometido por un trastornado mental que le causó lesiones irreversibles teniendo que utilizar desde entonces silla de ruedas.

Pero sin duda, el más carismático y conocido personaje al que se le relaciona con una silla de ruedas es Stephen Hawking (1942-2018). Físico teórico, astrofísico, cosmólogo y uno de los hombres más inteligentes del planeta, era también un magnífico divulgador científico dotado de un gran sentido del humor. Le diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica) a los 21 años anunciándole que no le quedaban muchos más de vida. Falleció el año pasado, a los 76 años de edad, después de una vida fructífera que le ha llevado a ser reconocido como el hombre más inteligente del mundo. Su silla de ruedas era especial, la manejaba a través de leves movimientos de cabeza y ojos, y contenía un sintetizador de voz para poder comunicarse. La película La Teoría del Todo” (2014, James Marsh) con un inconmensurable Eddie Redmayne, ganador de un Óscar de la Academia por su interpretación, recrea la vida del gran Hawking.

Resultado de imagen de Aaron Fotheringham

Finalmente, en el mundo del deporte también se cuenta con personajes muy conocidos que utilizan silla de ruedas. Dejando a un lado el baloncesto en silla de ruedas, que tiene innumerables estrellas con un entusiasmo, deportividad y entrega más que notables, hoy, con una disfunción motora, es posible practicar cualquier deporte (prácticamente), como hemos podido ver en las numerosas ediciones de los Juegos Paralímpicos que se viene celebrando oficialmente desde los Juegos de Roma de 1960, aunque como hemos dicho, el antecedente primero se encuentra en los Juegos de Stoke Mandeville de 1948 en Londres. Aaron Fotheringham (8 de noviembre de 1991), por ejemplo, es un atleta extremo en silla de ruedas que realiza trucos adaptados de skate y BMX. Aaron nació con espina bífida y aunque usó muletas desde el principio, varias operaciones fallidas de cadera le obligaron a utilizar silla de ruedas desde los ocho años. Es uno de los skaters más conocidos del mundo.

Resultado de imagen de Alex Zanardi

Otro caso es el del accidente que obligó al piloto profesional de Formula-1 Alex Zinardi (23 de octubre de 1966) a utilizar una silla de ruedas. Fue el 15 de septiembre de 2001 en una carrera de CART en Lausitz (Alemania), por el que tuvieron que amputarle sus dos piernas. Pudo volver a la competición en 2004, con BMW en turismos y gran turismos, y en la especialidad de ciclismo de mano obtuvo la medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de 2012 y en los juegos de Río 2016.

Y hasta aquí esta serie de dos artículos (el anterior, “Wheelchairs” se publicó en HELICON el pasado día 27 de junio y puede leerse pinchando aquí) relacionados con las sillas de ruedas, más que en las causas que obligan a utilizarlas.

AlmaLeonor_LP

WHEELCHAIRS

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Ahora que ha terminado la afamada serie de HBO Juego de Tronos, hemos de coincidir en que dos de sus personajes más importantes, y desde luego de los más aplaudidos por todos los aficionados, presentan algún tipo de discapacidad: Peter Dinklage (interpretando a Tyrion Lanister, sin duda de los mejores personajes y actores de la serie) nació con acondroplasia, la causa más habitual de enanismo; y el personaje de Bran Stark (interpretado por Isaac Hempstead-Wright, un nombre mucho más difícil de recordar) necesita una silla de ruedas para moverse, silla  que, por cierto, le diseñó Tyrion. Pues bien, en este artículo sobre sillas de ruedas vamos a conocer a algunos personajes más que la han necesitado en un papel cinematográfico.

Antes de hablar de personajes ficticios que han aparecido en la gran pantalla (o en la pantalla chica) en silla de ruedas, me gustaría hablar de un actor que se vio abocado a utilizarla debido a un accidente que le produjo una tetraplejia severa. Me refiero a Christopher Reeve (1952-2004), el primer y más carismático Superman del cine al que, el 27 de mayo de 1995, una caída desde el caballo que montaba le causo la fractura de dos vértebras cervicales y le seccionó la médula espinal. Después de varias operaciones y de permanecer seis meses en un centro de rehabilitación, sólo pudo recuperar la movilidad de los dedos de su mano izquierda y necesitaba respiración asistida. “Village of the Damned” (1995), dirigida por John Carpenter, fue su última película antes del accidente, después, en 1997, dirigirá un filme para TV “In the Gloaming” y al año siguiente protagoniza “La Ventana de Enfrente”, junto a Daryl Hannah, un remake del clásico de Alfred Hitchcock. También participó en diversos programas televisivos y en algunos episodios de series de TV, como en dos capítulos de la  serie “Smallville”, interpretando a Virgil Swann, un científico que le dio a Clark Kent (Tom Welling) claves sobre su verdadero origen. Fueron los dos episodios con mayor audiencia de toda la serie. En marzo de 1996 Christopher Reeve apareció en su silla de ruedas en la ceremonia de los Oscars, donde pidió a la industria cinematográfica que dedicara un poco más de tiempo y esfuerzos para prestar más atención a los problemas sociales en que se encuentran miles de personas. La ovación de los asistentes fue apoteósica.

Reeve había colaborado desinteresadamente en varias causas sociales relacionadas con el medio ambiente y con el apoyo a discapacitados y personas con parálisis desde el inicio de su carrera. Proyectó su fama hacia la visibilización de estos problemas y contribuyó económicamente en muchas de esas instituciones, como también en las Olimpiadas especiales. Después de su accidente, él y su esposa refundaron la “Fundación Americana de Parálisis”, con el nombre de Christopher and Dana Reeve Foundation, dedicándose a un amplio programa que incluye desde el cultivo de células madre a la ayuda a las personas con paraplejia o tetraplejia, ya sea por causas naturales o por accidentes. La fundación trabaja también para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con discapacidades. El actor asumió la presidencia de la fundación y durante el resto de su vida se dedicó a ampliar sus funciones y su programa de becas.

Resultado de imagen de “The Brooke Ellison Story”

A principios del 2004, dirigió la película “The Brooke Ellison Story” para la televisión, sobre la vida real de Brooke Ellison, la primera persona  tetrapléjica que se gradúa en la Universidad de Harvard, y en la que su esposa participó como una de las protagonistas. En octubre de ese mismo año, una infección por sepsis se agrava con la administración de un antibiótico y sufre un ataque cardíaco que le deja en coma, falleciendo al día siguiente. En esos momentos codirigía el filme animado “Everyone’s Hero”, que fue estrenado en el 2006, dos años después de su muerte y el mismo año en el que, en marzo, fallecía su esposa Dana víctima de un cáncer de pulmón. La fundación que crearon ambos sigue vigente en la actualidad.

Películas con protagonismo de una discapacidad hay muchas, muchísimas, y no pretendo aquí hacer una lista exhaustiva. Me gustaría, eso sí, recoger algunas que a mí me parece que deben ser reseñadas por uno u otro motivo. Por ejemplo, aquellas que hacen referencia a soldados que vuelven del frente necesitando una silla de ruedas. De la Primera Guerra Mundial habla Lucky Star” (1929), película muda (se distribuyó en los EE.UU. una versión sonora, aunque con poco diálogo, pero se ha perdido), de  Frank Borzage. Estaba protagonizada por Charles Farrell, y cuenta la historia de un hombre que regresa del frente confinado en una silla de ruedas y lucha por el amor de su antigua novia, papel que interpreta Janet Gaynor. De la Segunda Guerra Mundial es memorable la película The Men” (1950),  de  Fred Zinnemann, protagonizada por un debutante Marlon Brando al que acompaña Teresa Wright. La película hace un recorrido por los problemas de superación de Brando y otros soldados que han sufrido algún tipo de discapacidad durante la guerra.

Pero, sin duda, es de la Guerra de Vietnam de la que más veces hemos visto sillas de ruedas en el cine. La vimos en El regreso” (1978), de Hal Ashby, protagonizada por John Voight y Jane Fonda, que obtuvieron sendos reconocimientos a su interpretación: Voight en el Festival de Cannes y Fonda el Globo de Oro. También en El Cazador” (The Deer Hunter, 1978), la gran película de Michael Cimino protagonizada por Robert de Niro, aunque el que usa la silla es John Savage y quien se llevó el Oscar a la mejor interpretación fue Christopher Walken. La vimos en Forrest Gump” (1994), de Robert Zemeckis, con un inconmensurable Tom Hanks salvando al Teniente Dan (Gary Sinise) de morir en el frente y de morir de desesperación y abatimiento una vez de vuelta a casa recluido en una silla de ruedas. Tanto The Deer Hunter, como Forrest Gump, están consideradas «cultural, histórica y estéticamente significativas» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionadas para su preservación en el National Film Registry. Y la vimos, finalmente, en Nacido el 4 de Julio” (1989), de Oliver Stone, con un entregado Tom Cruise.

Otras veces las sillas de ruedas son “aparatosos” artefactos que acompañan a un “aparatoso” protagonista. Por ejemplo, la que se puede ver en Wild Wild West” (1999), de Barry Sonnenfeld, y que utiliza el inválido doctor Arliss Loveless (Kenneth Branagh). En la película Doom” (2005), de Andrzej Bartkowiak, uno de los protagonistas utiliza una extraña silla de ruedas de gran movilidad que, sin embargo, no le sirve de gran cosa… y acaba convertido en “cosa” en silla de ruedas. Y en la película Alien: resurrección” (1997), de Jean-Pierre Jeunet, cuarta de la serie, y la peor de todas pienso yo, uno de los protagonistas, Vriess (Dominique Pinon) también ocupa una extraña y bastante equipada armamentísticamente, silla de ruedas.

Encontramos sillas de ruedas también en mundos fantásticos, como la silla del Profesor Xavier de los X-Men, utilizada tanto por Patrick Stewart como por James McAvoy. Y, por cierto, McAvoy protagoniza otra película, Glass” (2019), de M. Night Shyamalan, con un inquietante personaje en silla de ruedas, Elijah Price, interpretado por el incombustible Samuel L. Jackson‎, personaje que hizo su primera aparición en El Protegido” (2000).

Otro mundo fantástico donde encontrar una silla de ruedas es el creado en la película Gattacca” (1997) de Andrew Niccol, donde un inválido, Jerome, interpretado por Jude Law, propone a Vincent (Ethan Hawke), un ser “menor”, intercambiarse para tener más oportunidades en la vida. Y hablando de oportunidades… ¿Qué me dicen del personaje interpretado por Sam Worthington en Avatar” (2009) de James Cameron? El inválido Jake Sully se convierte en un intrépido guerrero Na’vi, gracias a su avatar del planeta Pandora.

Sorprendentemente en la serie James Bond hemos visto varias sillas de ruedas. Desde una convertida en arma mortífera, fabricada por El Doctor Q (Desmond Llewelyn) en GoldenEye” (1995), de Martin Campbell, junto al Bond de entones, Pierce Brosnan; hasta otra en la que vemos trasladar a un noqueado Daniel Craig en Casino Royale” (2006), del mismo Campbell. Pero el más carismático ocupante de una silla de ruedas en la serie Bond es el personaje de Ernst Stavro Blofeld, el malvado villano que aparece en nada menos que seis películas de la saga (protagonizado por diversos actores, desde Donald Pleasence hasta Christoph Waltz, pasando por Telly Savalas, Charles Gray y otros actores que pusieron cuerpo y voz, incluso se dice que Max Von Sydow lo interpretó una vez) como el oscuro jefe de la organización criminal mundial SPECTRE. En For Your Eyes Only” (Sólo para sus ojos, 1981), de John Glen, el Bond protagonizado por Roger Moore, arroja al malvado Blofeld a una chimenea desde un helicóptero con su silla de ruedas y todo. A modo de parodia, el Dr. Evil de la serie de películas Austin Powers, interpretadas por Mike Myers, también utiliza una extraña silla de ruedas ocultas.

Y para no dejar de lado completamente a los malvados malos de las películas, no quiero dejar de mencionar al terrorífico Chucky Lee Ray, que vuelve en La Maldición de Chucky” (2013), de Don Mancini, la sexta entrega de la serie, mortificando a Nica Pierce (Fiona Dourif), una joven en silla de ruedas.

Vamos a ir terminando con dos de mis personajes favoritos en silla de ruedas. Primero, Peter Sellers, el Dr. Strangelove de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1965), el icónico filme de  Stanley Kubrick y en el que Sellers interpreta nada menos que tres papeles distintos: además del inválido Strangelove, el del Presidente de los EE.UU., Merkin Muffley y el capitán de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), Lionel Mandrake.

Y no, no me he olvidado de la película mencionada antes, La Ventana Indiscreta” (1954) de Alfred Hitchcock, donde un James Stewart accidentado y con un aparatoso escayolado en una pierna, termina con las dos escayoladas por el desarrollo de una historia en la que se ven envueltos desde su novia, la bella Grace Kelly, hasta su terapeuta, Thelma Ritter, y, por supuesto,  el malo malísimo de la película, Raymond Burr. Con este último vamos a hablar de sillas de ruedas en series de televisión.

Ironsidefue una exitosa serie de televisión de los años sesenta-setenta (emitida por la NBC del 14 de septiembre de 1967 al 16 de enero de 1975, un total de 199 episodios), protagonizada por un asesor externo de la policía de San Francisco, el exjefe de detectives Robert T. Ironside, interpretado por Raymond Burr (quien ya era muy conocido por la exitosa serie de policías y jueces “Perry Mason”, emitida de 1957 a 1966), tras verse obligado a renunciar a su puesto al quedar paralítico en un acto de servicio. Tuvo un éxito tremendo en su momento, tanto que hasta se hizo una película, “The Return of Ironside(1993), que pretendía ser el episodio piloto para el regreso del asesor policial a la pequeña pantalla. Pero Burr estaba ya enfermo de cáncer y no pudo rodar más. Fallecía en septiembre de ese mismo año, acompañado por quien había sido su pareja durante mucho tiempo, Robert Benevides.

Y desde el año 2012 contamos con Caïn, una serie francesa (en España se ha visto este año) protagonizada por el capitán Fred Caïn, un policía de Marsella, cínico e inteligente, que realiza su trabajo en silla de ruedas debido, como en el caso de Ironside, a una herida de bala en acto de servicio. Creada por Bertrand Arthuys está protagonizada por un famoso actor de teatro y televisión francés, Bruno Debrandt.

Pero en televisión hemos visto a otros actores interpretar un papel en silla de ruedas. Desde Bran Stark mencionado al inicio de este artículo, a otros como por ejemplo, Steve Kearban (interpretado por Craig Lamar Traylor), que en la serie Malcolm in the middle es el mejor amigo de Malcolm. En la exitosa serie Mom, desde la tercera temporada, aparece  en silla de ruedas Adam Janikowski, un exdoblador de cine, novio de Bonnie, que está interpretado por William Fichtner. También en las series de dibujos animados podemos encontrarnos con un personaje en silla de ruedas, como por ejemplo, Joe Swanson, de la serie American Dad, un personaje de Peppa Pigy otro de South Park, Timmy Burch. 

Pero el personaje más recordado por todos será, sin duda, Clara, de la serie infantil de los setenta, Heidi

Para terminar, quiero recordar algunos personajes “ocasionales” que han aparecido en algunas películas con una silla de ruedas y que merecen, al menos, una mención. Por ejemplo, Billy Black, de la saga Crepúsculo, de Catherine Hardwicke, interpretado por Gil Birmingham que se ve en silla de ruedas a causa de la diabetis; el capitán Pike (Bruce Greenwood) de la película Star Treck” (2009), de J.J. Abrams, aparece en silla de ruedas tras ser atacado por los romulanos y ser rescatado por el joven Kirk (Chris Pine). Algunos fans han encontrado anacrónico utilizar una silla de ruedas en un futuro tan lejano, pero no es el único caso… existen otras sillas de ruedas en el universo Star Treck; también podemos ver una silla de ruedas en una película del sin par Jackie Chan, Duro de matar” (1995), la utilizada por un niño al que Chan protege, interpretado por Morgan Lam; Y también la silla de ruedas de la abuela de la entrañable Coco” (2017), la película animada sobre la festividad mexicana del día de difuntos dirigida por Lee Unkrich.

Uno de mis personajes favoritos, y el último de esta recopilación, es el de la señora Muriel Donnelly, interpretado por la gran Maggi Smith en la película El exótico Hotel Marigold” (2012) de  John Madden. Otro día hablamos de las sillas de ruedas en personajes reales de la Historia.

AlmaLeonor_LP

 

WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

 

¡¡FELIZ ANIVERSARIO!!

¡¡FELIZ ANIVERSARIO!!

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¡Hola!
Esto es como estrenar casa.
Apenas están puestas las paredes y el suelo, ni siquiera luces. La Bienvenida es la forma de encender la luz en esta mi nueva casa.
Recorro las habitaciones y las encuentro vacías… todavía. Pero tengo ilusión por amueblarla. Y esa ilusión me llega por el convencimiento de que cuento con vosotros para esa tarea.
Tenemos mucho trabajo por delante.
Imaginaos que estáis delante de una puerta abierta, a vuestros pies una alfombra que pone “Bienvenido”, y enfrente todo un mundo donde depositar vuestra inspiración.
Bienvenidos a Helicon.
Besos.Alma. 
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De esta forma iniciaba mi andadura en este blog, HELICON, hace ahora 13 años, el 10 de junio de 2006. Todo el tiempo transcurrido no ha hecho más que hacerme desear cada vez más “amueblar” esta casa que ya es tan mía como vuestra. Muchas gracias por estar ahí con cada entrada. He estado ausente un tiempo por un accidente, pero procuraré ir retomando la actividad poco a poco.
¡Bienvenidos de nuevo a HELICON!!
AlmaLeonor

RESTAURACIONES O LA PARADOJA DE TESEO

RESTAURACIONES O LA PARADOJA DE TESEO

Imagen: “El Barco de la Aventura (1927), Paul Klee

Se preguntaba Plutarco con esta leyenda sobre el Barco de Teseo, si seguiría siendo el monumento original una vez “restauradas” sus piezas una a una, o si ya sería otro… Esta es la historia que contaba…

“El barco en el cual volvieron (desde Creta) Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era.”

Sobre esta paradoja se ha escrito mucho y se ha llegado a preguntar, incluso, que si se diera el caso de construir otro barco con las piezas sustituidas del primero, si ese segundo sería más original que el original o si no lo era ninguno… el caso es que esta historia me sirve para introducir un tema sobre el que quería hablar, las restauraciones de monumentos y obras de arte.

Imagen: Base de columna _jónica del Pórtico Norte del Templo del Erechtheion en la Acrópolis de Atenas (Grecia). Walter Hege (1893-1985)

Hay cierta fricción entre quienes son partidarios de restaurar completamente una obra de arte o un monumento y reconstruirlo hasta dejarlo como se concibió en un principio, o no restaurarlo y conservarlo como lo hemos conocido en un tiempo actual. Ejemplos hay muchos, y el que más me viene a la memoria es la restauración de la ciudad de Carcassona (Francia), conjunto arquitectónico medieval restaurado por Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) en el siglo XIX y declarado en 1997 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Francia es uno de los lugares donde más patrimonio nacional se ha restaurado, y no solo por el cliché chauvinista que se les atribuye. Este país dotó de una ley nacional (nº 62-903 de 4 de agosto de 1962, llamada Ley Malraux) a la restauración del patrimonio histórico y estético de Francia con el fin de facilitar su restauración.

Sarlat-la-Caneda. Fotografía propia.

Una de las primeras localidades beneficiadas de esta ley fue Sarlat-La-Canéda, capital del Perigord Noir y uno de los lugares más bonitos de Francia, escenario de varios filmes de temática histórica (también Carcassona lo ha sido), como “Los Duelistas” (1977) de Ridley Scott, “Juana de Arco” (1999) de Luc Besson, “Los Miserables” (1982) de Robert Hossein o “La Hija de D’Artagnan” (1994), de Bertrand Tavernier. Antes de la puesta en marcha de esa ley  también fue restaurada la ciudad intramuros de Saint-Malo en la Bretaña. Este enclave, antigua ciudad galorromana de Aleth, que llegó a ser una República independiente de Francia en 1590 durante cuatro años, terminó por deteriorarse con el tiempo y resultó casi totalmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial. Su restauración, “historizada”, pero no “idéntica”, se inicia en 1948 y duró hasta 1953 siempre con polémica por la introducción de modernidades impropias de su espíritu original. Sin embargo hoy está considerada como una restauración ejemplar, como también se consideran los otros dos enclaves señalados.

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Imagen: El Mundo.

Pero no todos han tenido la misma suerte. Por ejemplo, se sabe que en el año 2010 el afamado Silvio Berlusconi, a la sazón, primer ministro de Italia entonces, se hizo llevar (por graciosa cesión de un museo) a su residencia oficial, el Palacio Chigi, unas estatuas que representaban a Marte y Venus datadas del siglo II. Como estaban algo deterioradas (faltaba una mano de ambos y el pene de Marte) las mandó “restaurar” sin hacer ningún tipo de estudio previo y sin seguir los parámetros debidos en este tipo de recuperaciones. Ni que decir tiene que el resultado fue nefasto aunque se mostrases “completas” y hoy, vuelven a verse tal y como se encontraron originalmente. Otro ejemplo parecidos fue el caso del pegamento Epoxi utilizado sin mesura ninguna en la perilla de la cabeza de Tutankamón, desprendida, precisamente, durante una restauración. Este tipo de “restauraciones” tan peregrinas han sido emprendidas a veces por personas sin preparación ni escrúpulos y que, desde el desafortunado incidente del Ecce Homo de Borja, parecen buscar más una repercusión mediática que una auténtica recuperación del patrimonio. Así, hemos conocido la barbarie perpetrada en Estella (Navarra) en una talla de san Jorge del siglo XVI (en la iglesia de San Miguel) y al que le han “subido los colores” muy ostensiblemente, o la polémica restauración del Castillo de Matrera de Villamartín (Cádiz), que, para más inri, ha sido premiada en dos ocasiones.  En fin, hay muchos más ejemplos de este tipo de “actuaciones” en pro del arte y el patrimonio que más parecen “atentar” contra él, por mucho que tengan un permiso oficial, como ha ocurrido en Valencia cuando la Generalitar ha autorizado un grafiti en el interior de un convento del siglo XIII.  Hoy, hasta un youtuber restaurador (eso sí, un restaurador reconocido) ofrece muestras virtuales de cómo hacerlo (y con gran éxito de público además) lo que ha despertado toda una oleada de críticas y detractores.

Imagen: National Geographic

Aunque no todo va a ser tan negativo, por ejemplo, en la restauración del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela, es unánime la impresión de haber realizado un trabajo ejemplar aunque la paradoja de Teseo podría aplicarse tanto para una restauración fallida como para una restauración exitosa. El caso es que se realiza una “intervención” sobre un elemento original y antiguo en el tiempo.

Hace poco tiempo encontré una noticia acerca de la recuperación del color original de las cariátides griegas, que me han llevado a escribir este artículo. El presidente del Museo de la Acrópolis, Dimitrios Pandermalis defendía así el trabajo de restauración:

“Las Cariátides han sufrido incendios, guerras, bombardeos y otros desastres, asegura. En los años 70 fueron llevadas al antiguo Museo de la Acrópolis. Allí fueron instaladas en una sala especial para su conservación. Más tarde fueron trasladadas al nuevo museo. Ahora los visitantes pueden admirar no solo las esculturas sino también la innovadora técnica que utilizamos para limpiarlas y restaurarlas”.

Imagen: Viajeros decimonónicos contemplan las cariátides originales.

Tras la restauración las cariátides de la Acrópolis aparecen blancas, “limpias”, casi no se distinguen las líneas trazadas con el cincel al carecer de sombras que las remarquen.  Me preguntaba entonces si esta intervención sería lo más correcto. Aunque ya sabemos que la antigua estatuaria griega poseía una exuberante gama de colores que se han perdido,  no me imagino un arte tan excelente con unos colores tan simples y unas líneas tan poco definidas. Por eso me pregunto a veces si estas estatuas, que estaban pensadas para ser colocadas en el exterior, no se esculpirían ya con la intención de que la acumulación de polvo por el paso del tiempo creara efectos de luces y sombras que dotaran de mayor viveza y carácter a la obra.

Imagen: Cariátide en proceso de restauración

De acuerdo que hoy en día estatuas y fachadas de edificios se ven amenazados por nuevos parásitos y nuevos componentes de “suciedad” derivados de la combustión de los automóviles, la polución urbana y la contaminación, pero aun así, creo que un “pulido” completo de la pieza, así como un “coloreado” exhaustivo de la misma, no puede responder a la belleza tantas veces representada y tantas veces buscada en el arte griego y, por extensión, también romano y medieval.

Imagen: “El Coliseo”(1746) Giovanni Paolo Panini

Son muchas las voces que claman contra una posible restauración completa de sitios como el Partenón griego o el Coliseo Romano. Son lugares hoy considerados monumentos nacionales y patrimonio de la humanidad de la UNESCO, pero que en su día se construyeron como edificios civiles. No monumentos. El Coliseo, por ejemplo, era el Anfiteatro Flavio y el nombre con el que le conocemos hoy se debe a la ubicación en sus inmediaciones de una estatua, el “Coloso de Nerón” que se ha perdido. El  Coliseo también ha sido recientemente restaurado (con polémica) y luce hoy una nueva cara más “limpia” aunque, insisto, aparece, casi, carente de carácter. El gobierno italiano se está replanteando, incluso, recuperar la “arena” del Coliseo para dedicar el espacio a actividades culturales.

¿Tiene sentido volver a reconstruirlo como estaba en sus inicios? Como en el caso de la paradoja de Teseo, ¿un edificio que ha sido considerado monumento precisamente por ser una ruina que nos ha llegado desde la antigüedad, seguirá siendo monumento si recupera su utilidad primigenia como espacio cultural civil una vez restaurado? ¿Será el mismo o será otra cosa diferente? ¿La utilización comercial de los entornos monumentales restaurados (como lo ha sido Carcassona o Sarlat-la-Canéda, al ser utilizados como escenarios de cine, y enclaves turísticos de primer orden), justifica intervenciones con tan alto coste cultural?

Imagen: Caspar David Friedrich

El sociólogo y crítico de arte John Ruskin (1819-1900), acérrimo detractor de las restauraciones, decía que constituyen “la forma más vil de destrucción acompañada de la falsa descripción del objeto destruido” (“Las siete lámparas de arquitectura”, 1849). Así lo recoge otro de los mayores defensores de la conservación frente a la restauración, el profesor Marco Dezzi Bardeschi. El envejecimiento de los materiales arquitectónicos suponen un valor añadido a los mismos y los colores originales de una obra pictórica son imposibles de recuperar por mucho que se “laven” con modernas técnicas restauradoras que, en realidad, le hacen perder su “pátina” de antigüedad. Ya en su momento, el mismísimo Viollet le Duc era criticado por su afán “recuperador”, frente a un grupo de intelectuales que defendían la “conservación”, como Víctor Hugo o el mencionado John Ruskin.

Toda intervención en una obra artística o arquitectónica,  incluido el paso del tiempo, representa una modificación sustancial a su idea primigenia. Pero al contrario de lo que nosotros pudiéramos adivinar sobre la forma o los colores primigenios de la obra, los artistas de la antigüedad, sí que podían llegan a imaginar cómo sería esa intervención del paso del tiempo en su trabajo e, incluso, incluir el transcurso del tiempo como factor determinante en el resultado atemporal de la obra. Las grandes obras de la antigüedad se realizaban con una intención de perdurabilidad que, a buen seguro, tenían en cuenta las señales del paso del tiempo ¿Acaso no pensaban los constructores de las catedrales góticas que los distintos colores del día y de la noche, las sombras y luces de una tormenta, el efecto difuminador de la lluvia, no influirían en el efecto que su obra causaba en quien la contemplaría a lo largo de los siglos de su previsible existencia? ¿No pensarían lo mismo del ennegrecimiento de pináculos y gárgolas?

Imagen: Gárgola en la Catedral de Bayeux (Francia)

En el mismo sentido que aventura la paradoja de Teseo, se preguntaba Víctor Hugo que “si se suprimiese cualquier parte de esta combinación arquitectónica generada fortuitamente por los siglos, ¿no sería como arrancar una sílaba a una palabra, una cuerda a un clavicémbalo?”. Y si lo hiciéramos, me pregunto yo, ¿cómo estaremos seguros de acertar con la idea primigenia del artista? Resulta imposible no introducir un cierto grado de innovación a la hora de realizar una restauración (un ejemplo extremo de esta afirmación es la pequeña escultura de un astronauta en la restauración de la fachada de la Catedral de Salamanca), siempre se corre el riesgo de dejar constancia, de alguna manera, de la autoría de la misma, ya sea en forma de “firma” (como los constructores de pirámides, que dejaron escritos los nombres de sus cuadrillas de trabajo en los muros interiores de las mismas), o en forma de materiales novedosos o elementos no originales. Y los trabajos originales contaría con el error como un factor a tener en cuenta en su obra, como dice Marco Dezzi Bardeschi, “las desviaciones, las irregularidades, los defectos de simetría son hechos históricos”, son también parte de la obra, como lo es el paso del tiempo. Un hombre envejece con el tiempo, una obra, un monumento, una construcción, un paisaje, incorpora igualmente el paso del tiempo, llegando, incluso, a completar la obra, a dotarla de un sentido distinto en cada época de su perdurabilidad. Conservar ese registro es también una labor necesaria.

AlmaLeonor_LP

 

Consultar para ampliar: “Conservar, no restaurar. Hugo, Ruskin, Boito, Dehio et al. Breve historia y sugerencias para la conservación en este milenio“, de Marco Dezzi Bardeschi

 

FRASES CON IMÁGENES (LXXVIII)

FRASES CON IMÁGENES (LXXVIII)

Imagen: Hanan Milner

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre…

Walt Whitman (1819-1892)

Dedicado a mi hijo en el día de su 27 cumpleaños.

¡¡FELIZ AÑO NUEVO 2019!!

¡¡FELIZ AÑO NUEVO 2019!!

Defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos…

Defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar…

                 …y también de la alegría.
Mario Benedetti.

¡Por un año en el que solo nos tengamos que preocupar de una cosa… de defender la alegría!
AlmaLeonor_LP

 

QUEMAR LAS NAVES…

QUEMAR LAS NAVES…

BURN THE SHIPS

¿Cómo llegamos aquí?
Estamos desechados en una orilla solitaria.
Puedo ver en tus ojos, querida
Es difícil tomar un momento más
Tenemos que
Quema los barcos, corta los lazos.
Envía un destello a la noche
Di una oración, cambia la marea
Seca tus lágrimas y despídete
Entra en un nuevo día
Podemos levantarnos del polvo y alejarnos.
Podemos bailar sobre nuestra angustia, sí
Así que enciende un fósforo, deja el pasado, quema los barcos.
Y no mires atrás
No dejes que te detenga
Este miedo, este miedo a caer de nuevo.
Y si necesitas un refugio.
Estaré aquí hasta el final.
Oh, es hora de
Quema los barcos, corta los lazos.
Envía un destello a la noche
Di una oración, cambia la marea
Seca tus lágrimas y despídete
Entra en un nuevo día
Podemos levantarnos del polvo y alejarnos.
Podemos…
Tanto tiempo para avergonzar, caminar a través del dolor
Fuera del fuego hacia mañana
Así que tirar las pastillas, enfrentar el miedo
Siente el peso desaparecer
Venimos limpios, nacemos de nuevo
Nuestros esperanzados pulmones pueden volver a respirar
Oh! Podemos respirar de nuevo
Entra en un nuevo día
Podemos levantarnos del polvo y alejarnos
Podemos bailar sobre nuestra angustia, sí
Enciende un fósforo, deja el pasado, quema los barcos
Y no mires atrás.

Joel David Smallbone / Luke Smallbone
KING & COUNTRY

PARA ESTE NUEVO AÑO 2019 LES DESEO TODA LA FELICIDAD DEL MUNDO

…PERO ENTREN EN EL NUEVO AÑO SIN COMPLEJOS, SIN ATADURAS, SIN DOLOR, SIN REMORDIMIENTOS, SIN AÑORANZAS, SIN VUELTA ATRÁS… HAY QUE QUEMAR LAS NAVES, EMPEZAR DE NUEVO… TODOS. PODEMOS HACERLO Y ATISBAR LA FELICIDAD.