BEFOREIGNERS

BEFOREIGNERS

El otro día me vi los cinco primeros capítulos (los únicos disponibles en HBO por el momento) de la serie noruega “Beforeigners”, que significa “Visitantes”. El planteamiento es curioso, pues se trata de gentes de otras épocas históricas que un buen día aparecen en los mares de todo el mundo. La serie se centra en lo que ocurre en Noruega, en Oslo, tras varios años de llegadas, pero los visitantes aparecen en todas partes y siguen llegando. Y más curioso aún es que una de esas visitantes, una mujer vikinga, una guerrera vikinga para ser más exactos, acaba siendo policía tras un curso de entrenamiento en la academia, y la colocan como compañera de un policía drogadicto (Lars Haaland, interpretado por Nicolai Cleve Broch) que se ha separado de su mujer y esta vive con su nueva pareja, un hombre del siglo XIX también llegado como visitante. El lío está servido. Un matrimonio separado no solo por sus diferencias conyugales, sino también por la procedencia histórica de sus parejas… aunque una sea marital y la otra laboral.

En realidad esto de una pareja atípica de policías ni siquiera es un argumento novedoso, pues hay muchas, muchísimas, series policíacas que se centran en una pareja mixta, hombre y mujer habitualmente, aunque también del mismo sexo, en la que uno de los dos tiene un “poder” especial, una percepción especial, una sabiduría especial… con la que resuelven casos. Ya saben, o es un escritor (“Castle”), o es un medium (“Medium”), o es un falso médium (“El Mentalista”),  o es un Sherlock Holmes moderno (“Sherlock” y “Elementary”), o es un inmortal (“Forever”), o es un vampiro (“iZombie”), o tiene una memoria ultraprodigiosa (“Imborrable”), o es un esquizofrénico con alucinaciones (“Perception”), o es un extraterrestre (“Alien Nation”), o… es decir, series de parejas de policías con uno de los miembros, cuanto menos, extraño, las hay a patadas últimamente… Y esta de “Beforeigners” es una de ellas, un policía y una mujer del pasado que es su compañera en el cuerpo.

Esta serie, sin embargo, me resulta original, aunque solo sea por el escenario noruego que permite extasiarse con sus paisajes y huir de las sempiternas calles estadounidenses, porque, en realidad, el desarrollo de los personajes parece un poco cogido por los pelos: un neandertal (en pelota picada) que monta una agencia de vigilantes, una vikinga que pese a llevar años en este tiempo no usa compresas, un tipo del siglo XIX que acude a un consejero matrimonial… en fin. La trama aún está por desentrañarse, pues al parecer hay algo extraño y oculto en esas “llegadas” de otro tiempo, y ya se verá por donde va este asunto o las líneas argumentales de cada uno de los protagonistas, que, por otro lado, mantienen las mismas tribulaciones personales… que si las drogas, que si la convivencia con hijos adolescentes, que si las enfermedades, que si los envidiosos compañeros de trabajo, que si los amigos juerguistas, que si un novio del pasado (en este caso MUY del pasado)…

Nicolai Cleve Broch en Fremvandrerne (2019)

Hay dos cosas que me han llamado la atención y me tienen enganchada a esta serie. Una, es el tono de voz de la vikinga (Alfhildr Enginsdottir, interpretada por la actriz Krista Kosonen) cuando habla en protonórdico, que es subyugante, o al menos a mi me lo parece. Y la otra, su música… la canción de cabecera “Ain’t No Love In the Heart of the City” (No hay amor en el corazón de la ciudad), de Bobby “Blue” Bland es una preciosidad que lamento no haber conocido antes.

Una banda sonora muy cuidada la de esta serie, lo que, por otro lado, es algo de lo que se ocupan muy seriamente en los últimos tiempos tanto en televisión como en cine. Aquí pueden ver y escuchar el resto de temas musicales de la serie.

Pero lo que quería yo destacar de “Beforeigners” es que no han querido sustraerse del racismo y la xenofobia de nuestro tiempo. Ellos no vienen de otro país, no son inmigrantes, son noruegos como los demás, pero no son de este tiempo, son del pasado. Y eso hace que haya protestas por su presencia y pintadas instándoles a volver a su casa… ¡¡pero si ya están en ella!! Y si nos ponemos “puretas” tienen más derecho a estar ahí que los “noruegos actuales”, aunque solo sea por antigüedad… Me resulta fascinante como un argumento tan manido últimamente contra los inmigrantes, que vienen de “fuera”, puede demostrar ser tan obsoleto solo con cambiar ubicación por tiempo…  A ver cómo evoluciona esta parte de la trama en los próximos episodios…

AlmaLeonor_LP

 

 

WHEELCHAIRS

WHEELCHAIRS

Ahora que ha terminado la afamada serie de HBO Juego de Tronos, hemos de coincidir en que dos de sus personajes más importantes, y desde luego de los más aplaudidos por todos los aficionados, presentan algún tipo de discapacidad: Peter Dinklage (interpretando a Tyrion Lanister, sin duda de los mejores personajes y actores de la serie) nació con acondroplasia, la causa más habitual de enanismo; y el personaje de Bran Stark (interpretado por Isaac Hempstead-Wright, un nombre mucho más difícil de recordar) necesita una silla de ruedas para moverse, silla  que, por cierto, le diseñó Tyrion. Pues bien, en este artículo sobre sillas de ruedas vamos a conocer a algunos personajes más que la han necesitado en un papel cinematográfico.

Antes de hablar de personajes ficticios que han aparecido en la gran pantalla (o en la pantalla chica) en silla de ruedas, me gustaría hablar de un actor que se vio abocado a utilizarla debido a un accidente que le produjo una tetraplejia severa. Me refiero a Christopher Reeve (1952-2004), el primer y más carismático Superman del cine al que, el 27 de mayo de 1995, una caída desde el caballo que montaba le causo la fractura de dos vértebras cervicales y le seccionó la médula espinal. Después de varias operaciones y de permanecer seis meses en un centro de rehabilitación, sólo pudo recuperar la movilidad de los dedos de su mano izquierda y necesitaba respiración asistida. “Village of the Damned” (1995), dirigida por John Carpenter, fue su última película antes del accidente, después, en 1997, dirigirá un filme para TV “In the Gloaming” y al año siguiente protagoniza “La Ventana de Enfrente”, junto a Daryl Hannah, un remake del clásico de Alfred Hitchcock. También participó en diversos programas televisivos y en algunos episodios de series de TV, como en dos capítulos de la  serie “Smallville”, interpretando a Virgil Swann, un científico que le dio a Clark Kent (Tom Welling) claves sobre su verdadero origen. Fueron los dos episodios con mayor audiencia de toda la serie. En marzo de 1996 Christopher Reeve apareció en su silla de ruedas en la ceremonia de los Oscars, donde pidió a la industria cinematográfica que dedicara un poco más de tiempo y esfuerzos para prestar más atención a los problemas sociales en que se encuentran miles de personas. La ovación de los asistentes fue apoteósica.

Reeve había colaborado desinteresadamente en varias causas sociales relacionadas con el medio ambiente y con el apoyo a discapacitados y personas con parálisis desde el inicio de su carrera. Proyectó su fama hacia la visibilización de estos problemas y contribuyó económicamente en muchas de esas instituciones, como también en las Olimpiadas especiales. Después de su accidente, él y su esposa refundaron la “Fundación Americana de Parálisis”, con el nombre de Christopher and Dana Reeve Foundation, dedicándose a un amplio programa que incluye desde el cultivo de células madre a la ayuda a las personas con paraplejia o tetraplejia, ya sea por causas naturales o por accidentes. La fundación trabaja también para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con discapacidades. El actor asumió la presidencia de la fundación y durante el resto de su vida se dedicó a ampliar sus funciones y su programa de becas.

Resultado de imagen de “The Brooke Ellison Story”

A principios del 2004, dirigió la película “The Brooke Ellison Story” para la televisión, sobre la vida real de Brooke Ellison, la primera persona  tetrapléjica que se gradúa en la Universidad de Harvard, y en la que su esposa participó como una de las protagonistas. En octubre de ese mismo año, una infección por sepsis se agrava con la administración de un antibiótico y sufre un ataque cardíaco que le deja en coma, falleciendo al día siguiente. En esos momentos codirigía el filme animado “Everyone’s Hero”, que fue estrenado en el 2006, dos años después de su muerte y el mismo año en el que, en marzo, fallecía su esposa Dana víctima de un cáncer de pulmón. La fundación que crearon ambos sigue vigente en la actualidad.

Películas con protagonismo de una discapacidad hay muchas, muchísimas, y no pretendo aquí hacer una lista exhaustiva. Me gustaría, eso sí, recoger algunas que a mí me parece que deben ser reseñadas por uno u otro motivo. Por ejemplo, aquellas que hacen referencia a soldados que vuelven del frente necesitando una silla de ruedas. De la Primera Guerra Mundial habla Lucky Star” (1929), película muda (se distribuyó en los EE.UU. una versión sonora, aunque con poco diálogo, pero se ha perdido), de  Frank Borzage. Estaba protagonizada por Charles Farrell, y cuenta la historia de un hombre que regresa del frente confinado en una silla de ruedas y lucha por el amor de su antigua novia, papel que interpreta Janet Gaynor. De la Segunda Guerra Mundial es memorable la película The Men” (1950),  de  Fred Zinnemann, protagonizada por un debutante Marlon Brando al que acompaña Teresa Wright. La película hace un recorrido por los problemas de superación de Brando y otros soldados que han sufrido algún tipo de discapacidad durante la guerra.

Pero, sin duda, es de la Guerra de Vietnam de la que más veces hemos visto sillas de ruedas en el cine. La vimos en El regreso” (1978), de Hal Ashby, protagonizada por John Voight y Jane Fonda, que obtuvieron sendos reconocimientos a su interpretación: Voight en el Festival de Cannes y Fonda el Globo de Oro. También en El Cazador” (The Deer Hunter, 1978), la gran película de Michael Cimino protagonizada por Robert de Niro, aunque el que usa la silla es John Savage y quien se llevó el Oscar a la mejor interpretación fue Christopher Walken. La vimos en Forrest Gump” (1994), de Robert Zemeckis, con un inconmensurable Tom Hanks salvando al Teniente Dan (Gary Sinise) de morir en el frente y de morir de desesperación y abatimiento una vez de vuelta a casa recluido en una silla de ruedas. Tanto The Deer Hunter, como Forrest Gump, están consideradas «cultural, histórica y estéticamente significativas» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionadas para su preservación en el National Film Registry. Y la vimos, finalmente, en Nacido el 4 de Julio” (1989), de Oliver Stone, con un entregado Tom Cruise.

Otras veces las sillas de ruedas son “aparatosos” artefactos que acompañan a un “aparatoso” protagonista. Por ejemplo, la que se puede ver en Wild Wild West” (1999), de Barry Sonnenfeld, y que utiliza el inválido doctor Arliss Loveless (Kenneth Branagh). En la película Doom” (2005), de Andrzej Bartkowiak, uno de los protagonistas utiliza una extraña silla de ruedas de gran movilidad que, sin embargo, no le sirve de gran cosa… y acaba convertido en “cosa” en silla de ruedas. Y en la película Alien: resurrección” (1997), de Jean-Pierre Jeunet, cuarta de la serie, y la peor de todas pienso yo, uno de los protagonistas, Vriess (Dominique Pinon) también ocupa una extraña y bastante equipada armamentísticamente, silla de ruedas.

Encontramos sillas de ruedas también en mundos fantásticos, como la silla del Profesor Xavier de los X-Men, utilizada tanto por Patrick Stewart como por James McAvoy. Y, por cierto, McAvoy protagoniza otra película, Glass” (2019), de M. Night Shyamalan, con un inquietante personaje en silla de ruedas, Elijah Price, interpretado por el incombustible Samuel L. Jackson‎, personaje que hizo su primera aparición en El Protegido” (2000).

Otro mundo fantástico donde encontrar una silla de ruedas es el creado en la película Gattacca” (1997) de Andrew Niccol, donde un inválido, Jerome, interpretado por Jude Law, propone a Vincent (Ethan Hawke), un ser “menor”, intercambiarse para tener más oportunidades en la vida. Y hablando de oportunidades… ¿Qué me dicen del personaje interpretado por Sam Worthington en Avatar” (2009) de James Cameron? El inválido Jake Sully se convierte en un intrépido guerrero Na’vi, gracias a su avatar del planeta Pandora.

Sorprendentemente en la serie James Bond hemos visto varias sillas de ruedas. Desde una convertida en arma mortífera, fabricada por El Doctor Q (Desmond Llewelyn) en GoldenEye” (1995), de Martin Campbell, junto al Bond de entones, Pierce Brosnan; hasta otra en la que vemos trasladar a un noqueado Daniel Craig en Casino Royale” (2006), del mismo Campbell. Pero el más carismático ocupante de una silla de ruedas en la serie Bond es el personaje de Ernst Stavro Blofeld, el malvado villano que aparece en nada menos que seis películas de la saga (protagonizado por diversos actores, desde Donald Pleasence hasta Christoph Waltz, pasando por Telly Savalas, Charles Gray y otros actores que pusieron cuerpo y voz, incluso se dice que Max Von Sydow lo interpretó una vez) como el oscuro jefe de la organización criminal mundial SPECTRE. En For Your Eyes Only” (Sólo para sus ojos, 1981), de John Glen, el Bond protagonizado por Roger Moore, arroja al malvado Blofeld a una chimenea desde un helicóptero con su silla de ruedas y todo. A modo de parodia, el Dr. Evil de la serie de películas Austin Powers, interpretadas por Mike Myers, también utiliza una extraña silla de ruedas ocultas.

Y para no dejar de lado completamente a los malvados malos de las películas, no quiero dejar de mencionar al terrorífico Chucky Lee Ray, que vuelve en La Maldición de Chucky” (2013), de Don Mancini, la sexta entrega de la serie, mortificando a Nica Pierce (Fiona Dourif), una joven en silla de ruedas.

Vamos a ir terminando con dos de mis personajes favoritos en silla de ruedas. Primero, Peter Sellers, el Dr. Strangelove de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1965), el icónico filme de  Stanley Kubrick y en el que Sellers interpreta nada menos que tres papeles distintos: además del inválido Strangelove, el del Presidente de los EE.UU., Merkin Muffley y el capitán de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), Lionel Mandrake.

Y no, no me he olvidado de la película mencionada antes, La Ventana Indiscreta” (1954) de Alfred Hitchcock, donde un James Stewart accidentado y con un aparatoso escayolado en una pierna, termina con las dos escayoladas por el desarrollo de una historia en la que se ven envueltos desde su novia, la bella Grace Kelly, hasta su terapeuta, Thelma Ritter, y, por supuesto,  el malo malísimo de la película, Raymond Burr. Con este último vamos a hablar de sillas de ruedas en series de televisión.

Ironsidefue una exitosa serie de televisión de los años sesenta-setenta (emitida por la NBC del 14 de septiembre de 1967 al 16 de enero de 1975, un total de 199 episodios), protagonizada por un asesor externo de la policía de San Francisco, el exjefe de detectives Robert T. Ironside, interpretado por Raymond Burr (quien ya era muy conocido por la exitosa serie de policías y jueces “Perry Mason”, emitida de 1957 a 1966), tras verse obligado a renunciar a su puesto al quedar paralítico en un acto de servicio. Tuvo un éxito tremendo en su momento, tanto que hasta se hizo una película, “The Return of Ironside(1993), que pretendía ser el episodio piloto para el regreso del asesor policial a la pequeña pantalla. Pero Burr estaba ya enfermo de cáncer y no pudo rodar más. Fallecía en septiembre de ese mismo año, acompañado por quien había sido su pareja durante mucho tiempo, Robert Benevides.

Y desde el año 2012 contamos con Caïn, una serie francesa (en España se ha visto este año) protagonizada por el capitán Fred Caïn, un policía de Marsella, cínico e inteligente, que realiza su trabajo en silla de ruedas debido, como en el caso de Ironside, a una herida de bala en acto de servicio. Creada por Bertrand Arthuys está protagonizada por un famoso actor de teatro y televisión francés, Bruno Debrandt.

Pero en televisión hemos visto a otros actores interpretar un papel en silla de ruedas. Desde Bran Stark mencionado al inicio de este artículo, a otros como por ejemplo, Steve Kearban (interpretado por Craig Lamar Traylor), que en la serie Malcolm in the middle es el mejor amigo de Malcolm. En la exitosa serie Mom, desde la tercera temporada, aparece  en silla de ruedas Adam Janikowski, un exdoblador de cine, novio de Bonnie, que está interpretado por William Fichtner. También en las series de dibujos animados podemos encontrarnos con un personaje en silla de ruedas, como por ejemplo, Joe Swanson, de la serie American Dad, un personaje de Peppa Pigy otro de South Park, Timmy Burch. 

Pero el personaje más recordado por todos será, sin duda, Clara, de la serie infantil de los setenta, Heidi

Para terminar, quiero recordar algunos personajes “ocasionales” que han aparecido en algunas películas con una silla de ruedas y que merecen, al menos, una mención. Por ejemplo, Billy Black, de la saga Crepúsculo, de Catherine Hardwicke, interpretado por Gil Birmingham que se ve en silla de ruedas a causa de la diabetis; el capitán Pike (Bruce Greenwood) de la película Star Treck” (2009), de J.J. Abrams, aparece en silla de ruedas tras ser atacado por los romulanos y ser rescatado por el joven Kirk (Chris Pine). Algunos fans han encontrado anacrónico utilizar una silla de ruedas en un futuro tan lejano, pero no es el único caso… existen otras sillas de ruedas en el universo Star Treck; también podemos ver una silla de ruedas en una película del sin par Jackie Chan, Duro de matar” (1995), la utilizada por un niño al que Chan protege, interpretado por Morgan Lam; Y también la silla de ruedas de la abuela de la entrañable Coco” (2017), la película animada sobre la festividad mexicana del día de difuntos dirigida por Lee Unkrich.

Uno de mis personajes favoritos, y el último de esta recopilación, es el de la señora Muriel Donnelly, interpretado por la gran Maggi Smith en la película El exótico Hotel Marigold” (2012) de  John Madden. Otro día hablamos de las sillas de ruedas en personajes reales de la Historia.

AlmaLeonor_LP

 

WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

 

BÁRBARA STANWYCK

BÁRBARA STANWYCK

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

“Bárbara Stanwyck también era de sus favoritas, una mujer de rompe y rasga, capaz de ponerse el mundo por montera y desafiar a los mismísimos demonios del averno. Siempre le gustó, decía, su mirada cortante y su postura desafiante, sobre todo cuando alzaba la barbilla y se quedaba como «suspendida» en el aire mientras pronunciaba su frase o una palabra de su papel, lo que acabó por ser una de sus notas características, las que la auparon entre las más grandes intérpretes melodramáticas del Hollywood de su tiempo. Fue una de esas malas del cine con las que mi padre sí comulgaba.”
AlmaLeonor_LP

Barbara Stanwyck (Ruby Catherine Stevens)
(16 de julio de 1907 – 20 de enero de 1990)

EL FUTURO ES UN PAÍS EXTRAÑO

EL FUTURO ES UN PAÍS EXTRAÑO

Escena de “Beneath the Planet of the Apes” (1970, Ted Post)

“La mayoría de los políticos, sobre todo los de izquierdas, creen que la gente piensa siempre conscientemente y que “si se les dan los hechos, la mayoría razonaría las conclusiones correctas”. En realidad el votante se alimenta de las noticias y los análisis que recibe de los medios de comunicación -periódicos, radios y televisiones- afines a su modo de pensar y de sentir. Comienza evaluando los hechos políticos emocionalmente, de acuerdo con un trasfondo de ideas morales que está firmemente asentado en su interior -la idea instintiva que todos tenemos de lo que es bueno y lo que es malo- “y a partir de aquí la mente opera hacia atrás, llenando -o inventando- ‘hechos’ que están de acuerdo con este trasfondo interior”.

Podría suponerse que este mecanismo actúa tanto para favorecer el voto a la derecha como a la izquierda; pero la izquierda no dispone del bagaje de medios de comunicación que puedan alimentar un modo crítico de pensar…. están en manos de la derecha… y/o… condicionados por los intereses de sus propietarios y por la presión de los grandes anunciantes, sin cuyos ingresos no podrían subsistir.”

Josep Fontana (2013)

SMILE (JOCKER)

SMILE (JOCKER)

Sonríe,
aunque tu corazón esté adolorido.
Sonríe,
aunque se esté rompiendo.
Cuando hay nubes en el cielo,
podrás arreglártelas…
si sonríes a
través de tu miedo y tristeza.
Sonríe,
y tal vez mañana
verás que brilla el sol,
para ti…
Ilumina tu rostro con alegría.
Escóndete, cada rastro de tristeza.
Aunque una lágrima
esté muy cerca.
Ese es el momento, debes seguir intentando
Sonríe, ¿de qué sirve llorar?
Descubrirás que la vida todavía vale la pena
Si solo sonríes
Si sonríes a
través de tu miedo y tristeza.
Sonríe, y tal vez mañana
verás que el sol brilla
por ti …
Ilumina tu rostro con alegría
Oculta todos los rastros de tristeza
aunque una lágrima
puede estar muy cerca.
Ese es el momento en el
que debes seguir intentando
sonreír, ¿de qué sirve llorar?
Descubrirás que la vida todavía vale la pena
Si solo sonríes
Si tu … solo sonríes
Jimmy Durante

Autores de la canción: Mark Ernestus / Moritz Von Oswald / Joseph Savage
Letra de Smile © Sony/ATV Music Publishing LLC, Universal Music Publishing Group, para el Álbum ‘Hello, Young Lovers’
Banda sonora del trailer de la película “Jocker” (2019) de Todd Phillips (estreno el próximo 4 de octubre).

LESLIE CARON

LESLIE CARON

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Como decía, incluso con mis pocos años llegué a poder diferenciar a cada una de aquellas extraordinarias bailarinas. Desde la misma Eleanor Powell ―que en los años sesenta fue nombrada «la más grande bailarina de claqué del mundo»―, mi favorita siempre, hasta Ann Miller…

Y muchas más en medio de ambas, como por ejemplo, Joan Crawford, que bailaba estupendamente aunque se prodigó poco; Yvonne DeCarlo, otra de las conquistas de Ali Khan; la pequeña y «cintura de avispa» Vera Ellen; la francófona y enamoradiza Leslie Caron

AlmaLeonor_LP

Leslie Caron (Leslie Claire Margaret Caron)
Francia, 1 de julio de 1931

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

FRASES CON IMÁGENES (XCI)

FRASES CON IMÁGENES (XCI)

Imagen: Viggo Mortensen en la película “Alatriste” (2006), de Agustín Díaz Yanes
“Quiero y mando que toda la gente civil… y sus domésticos y criados que no traigan librea de las que se usan, usen precisamente de capa corta (que a lo menos les falta una cuarta para llegar al suelo) o de redingot o capingot y de peluquín o de pelo propio y sombrero de tres picos, de forma que de ningún modo vayan embozados ni oculten el rostro; y por lo que toca a los menestrales y todos los demás del pueblo (que no puedan vestirse de militar), aunque usen de la capa, sea precisamente con sombrero de tres picos o montera de las permitidas al pueblo ínfimo y más pobre y mendigo, bajo de la pena por la primera vez de seis ducados o doce días de cárcel, por la segunda doce ducados o veinticuatro días de cárcel… aplicadas las penas pecuniarias por mitad a los pobres de la cárcel y ministros que hicieren la aprehensión.”

Bando de 10 de marzo de 1766
Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache 
(1699-1785).La película de la imagen está ambientada un siglo antes del bando de Esquilache, pero en ella Viggo Mortensen porta

capa larga para embozar y chambergo de ala ancha, precisamente la indumentaria prohibida por Esquilache y en el momento en el que se hace popular.

 

EL ACTOR Y EL CANÍBAL

EL ACTOR Y EL CANÍBAL

En ocasiones la vida ofrece curiosas (y macabras) relaciones. Una de ellas fue la que llevó a unir, de alguna extraña manera, la vida de dos personas muy diferentes. Una de ellas, un actor de relativo éxito y formación académica, la otra, un hombre a la deriva que terminó siendo un asesino caníbal confeso. Esta es la historia de Max Cantor (el actor) y Daniel Rakowitz (el caníbal).

Empecemos por Max Cantor (1959-1991), uno de los actores de la recordada película Dirty Dancing (1987) donde interpretó al malo Robbie, y poco más, pues su nombre se eclipsó pronto pese a que había empezado muy bien. Siendo un graduado de la Universidad de Harvard había realizado ya algunas incursiones en la interpretación antes de saltar a las producciones teatrales del siempre controvertido Peter Sellars o de Vic Aviles (fue suplente en una obra suya representada en el Teatro Biltmore de noviembre de 1983 a febrero de 1984). Su última participación artística fue en Fear, Anxiety & Depression (1989), de Todd Solondz.

No se sabe muy bien que le llevó a apartarse del cine y la interpretación, pero parece ser que en algún momento de su vida, y aunque ya había probado la cocaína, la adicción a la heroína se cruzó en su camino. Se dice que empezó a consumir al escribir un artículo sobre la heroína y la utilización de la ibogaína como remedio para dejar los opiáceos, como periodista freelance para el periódico alternativo neoyorkino The Village Voice. Era el cuatro de julio de 1985 y acababa de conocer ese mundo.

Estaba tratando de averiguar qué demonios estaba pasando. Quería penetrar en este movimiento y entender quién era quién. No sé por qué lo elegí, pero pensé que realmente podría mapear este mundo y aplacar mi curiosidad”.

Con ese empeño se introdujo en los más intrincados recovecos del submundo de la heroína, en el actual East Village de Manhattan, un lugar hoy de moda entre la gente “cool” (Madonna, Lady Gaga, Lou Reed, Iggy Pop… dicen estar enamorados del barrio), y que se considera es la zona situada entre el área este de la 3rd Avenue y el Bowery al East River, entre 14th Street y Houston Street. En la época en la que lo visitaba Cantor era conocido como Lower East Side (una zona más amplia que englobaba el East Village, y hoy reducido al espacio situado al sur de la calle Houston), un barrio de clase baja y trabajadores inmigrantes (tradicionalmente centro de inmigración de judíos y europeos orientales y más recientemente de latinos y asiáticos), con algunas calles consideradas muy peligrosas.

La que fuera también periodista de The Village Voice, Ann Marlowe, fue una de las heroinómanas asiduas de las calles de Lower East Side, inmersa en su ambiente engañosamente bohemio. Ella logró apartarse de aquel mundo, escribió un diccionario sobre la droga con un título más que significativo “Cómo detener el tiempo. La heroína de la A a la Z” (2000), y alcanzó el éxito como periodista independiente (sobre todo con sus reportajes sobre Afganistán y el terrorismo). Para Max Cantor su incursión en ese mundo supuso un fatídico parón del tiempo: “Hay mucha gente muy oscura relacionada con esta historia”, llegó a decir en una entrevista cuando le preguntaron por su trabajo como investigador freelance.

Un día, en el East Ninth Street descubrió un lugar al que llamaban el Templo de la Verdadera Luz Interior, un lugar donde sus miembros adoraban a las drogas, a las que llamaban “Psicodelia”.

Tenía un pequeño escaparate con un pequeño mandala pintado ¿Me preguntaba qué demonios están vendiendo estas personas? Me dijeron: ‘La psicodelia es el Creador’. Yo llamé a la puerta y dije: ‘¿Qué es este lugar?’ y ellos dijeron: ‘¡Es un templo!’ y me dieron lo que llamaron una carta, que era un folleto, en esencia, de lo que era su propósito, y me quedé impresionado. Así que decidí que iba a escribir un artículo sobre estos chicos. Me alegra que Nueva York tenga un templo psicodélico, a pesar de que sentí que era una locura.

Y entonces conoció al monstruo.


En 1985 Daniel Rakowitz, que había nacido en 1960 en Rockport (Texas), se trasladó a Nueva York. Se conocía su inestabilidad mental desde prácticamente siempre y había estado ya en tratamiento psiquiátrico. En Manhattan subsistía con precarios empleos de lavaplatos, pintando cuadros y vendiendo marihuana. Era un personaje que llamaba la atención con su larga melena, sus dotes de persuasión y sus excentricidades, que incluían un gallo-mascota con el que se le veía siempre en una mano, mientras en la otra portaba una Biblia. Era asiduo del Templo de la Verdadera Luz Interior, donde le conoció Max, pero pronto se califica así mismo como el “dios de la marihuana” y funda su propia iglesia, “The Church of 966”, en la que se erigió como Jesús reencarnado. Max Cantor quedó subyugado por su personalidad y le llevó incluso a su casa para entrevistarle.

Era 1989, una semana antes de mi 30 cumpleaños, y sentí que de todas las personas en el Lower East Side, este tipo era la guinda del pastel. Quiero decir que era el más loco, el más loco, el más descarriado, y también el más guapo de todos. Este tipo realmente tenía algo. Era muy divertido y muy agradable.

Ese año de 1989 (cuando al parecer estaba casado con una niña de 14 años a la que frecuentemente encadenaba al frigorífico) fue cuando Daniel Rakowitz conoció a Monika Beerle, una muchacha de origen suizo, de 26 años de edad, que se encontraba en Nueva York estudiando danza y también consumía drogas. Era bailarina en el clásico Billy’s Topless de Chelsea y al conocer a Rakowitz se fue a vivir con él porque ya no podía pagar su propio apartamento (otras versiones dicen que fue al revés). Todo ello, claro, según la confesión de Daniel, pues ella no pudo decir nada, solo llegaron a convivir durante 16 días antes de que Daniel la matara.

Resultado de imagen de Monika Beerle

Rakowitz solía reunirse con sus acólitos en el Tompkins Square Park contándoles la historia que más tarde uno de ellos relató a la policía: Después de matar a la que llamaba “su novia”, desmembró su cuerpo en la bañera. No contento con eso, afirmó haber hervido los trozos de su cuerpo y cocinar con ellos una sopa que llevó al albergue para personas sin hogar situado en el mismo Tompkins Square Park. Rakowitz dijo también que la había probado y que le gustaba, definiéndose así mismo como un caníbal convencido. Cuando fue detenido por la policía llevó a los investigadores hasta la Terminal de Autobuses de Port Authority donde había escondido su cráneo y sus dientes en un cubo de arena para gatos. No se sabe a ciencia cierta si realmente llegó a realizar el acto caníbal.

Tuve que matar a Monika porque quería impedir la misión que me ha confiado mi supremo maestro, Satán. Traté de convertirla en la gran sacerdotisa de mi Iglesia, pero no quiso y pretendió obstruir mi labor. No era digna de seguir en el mundo, por eso la maté.

El 22 de febrero de 1991, un jurado de Nueva York, después de un juicio que duró semanas lleno de provocaciones de Rakowitz (decía que no la había matado, pero si desmembrado, se reía de las declaraciones, invitaba a fumar al juez, sufría frecuentes arrebatos psicóticos…) determinó que Daniel Rakowitz, de 31 años de edad, no era culpable del asesinato de Monika Beerle el 19 de agosto de 1989, alegando locura.

Soy el nuevo Señor, y tomaré el liderazgo de los cultistas satánicos para asegurarme de que hagan todo lo que se debe hacer para destruir a todas aquellas personas que no están de acuerdo con mi iglesia. Y yo voy a ser la persona más joven elegida para la presidencia de los Estados Unidos.

Fue condenado a permanecer en el Centro de Psiquiatría Forense de Kirby en Wards Island. Se revisó su caso en 1995 y varios psiquiatras certificaron que Rakowitz padecía de esquizofrenia paranoide y que nunca había consentido en tomar medicamentos psiquiátricos. En 2004, un jurado consideró que Rakowitz ya no era peligroso, pero decidió que todavía estaba mentalmente enfermo y debía permanecer en el Kirby Forensic Psychiatric Center en Wards Island (Nueva York). Ha sido la última vez que se revisó su caso.

¿Y qué fue de Max Cantor?

Pues Max estaba, como decía antes, subyugado por la personalidad y verborrea de Rakowitz, quien le hablaba no solo de su “iglesia” y de drogas, sino también de sus supuestos poderes sobrenaturales, sus planes para matar camellos de Manhattan, o sus citas del Mein kampf de Hitler. Poco después de la entrevista en su casa saltó a la prensa la detención de Daniel y Cantor descubrió quien era realmente el personaje al que había idolatrado. O tal vez no. De repente, Max descubrió que un artículo suyo podía ser el más codiciado del momento. Incluso Rakowitz se acordó de aquel simple periodista freelance y se puso en contacto con él para reclamarle un testimonio a su favor, asegurando que había más personas implicadas en el asesinato de Monika. Y Max cayó en la trampa. Se obsesionó con la historia y decía a todo el mundo que iba a escribir un libro sobre el caso.

El periodista Al Aronowitz escuchó a Cantor, y aunque no le reveló mucho, sí que recogió algunas de las habladurías y conspiraciones de las que Cantor decía conocer por rumores. En ellos se mezclaban sectas satanistas, rituales religiosos y, sobre todo, la implicación de más personas en el asesinato de Monika, asesinato del que Daniel se declaraba inocente (pese a su confesión inicial). La historia incluía la intervención de personas, decía Max, demasiado influyentes, pero asiduas al ambiente bohemio y drogadicto del Lower East Side, tal y como se lo había hechor creer Rakowitz, aunque nunca se pudo probar que alguna persona más estuviese en la casa aquel fatídico día.

Y entonces, el 3 de octubre de 1991, Max Cantor aparece muerto con una jeringuilla de heroína colgando de su brazo. Tenía 32 años. Las teorías conspirativas volvieron a circular con más fuerza, pero ninguna investigación realizada por la policía avaló ninguna de ellas. Todo apuntaba a un accidente cuando Max Cantor intentaba emular a los drogadictos sobre los que decía investigar. Sin embargo, el misterio parece seguir abierto.

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