EDIPO, REY

EDIPO REY Y LA PANDEMIA

Imagen: Ciro Palumbo

La ciudad, como tú mismo puedes ver, está ya demasiado agitada y no es capaz todavía de levantar la cabeza de las profundidades por la sangrienta sacudida. Se debilita en las plantas fructíferas de la tierra, en los rebaños de bueyes que pacen y en los partos infecundos de las mujeres. Además, la divinidad que produce la peste, precipitándose, aflige la ciudad. ¡Odiosa epidemia, bajo cuyos efectos está despoblada la morada Cadmea, mientras el negro Hades se enriquece entre suspiros y lamentos!

Ni yo ni estos jóvenes estamos sentados como suplicantes por considerarte igual a los dioses, pero sí el primero de los hombres en los sucesos de la vida y en las intervenciones de los dioses. Tú que, al llegar, liberaste la ciudad Cadmea del tributo que ofrecíamos a la cruel cantora y, además, sin haber visto nada más ni haber sido informado por nosotros, sino con la ayuda de un dios, se dice y se cree que enderezaste nuestra vida.

Pero ahora, ¡oh Edipo, el más sabio entre todos!, te imploramos todos los que estamos aquí como suplicantes que nos consigas alguna ayuda, bien sea tras oír el mensaje de algún dios, o bien lo conozcas de un mortal. Pues veo que son efectivos, sobre todo, los hechos llevados a cabo por los consejos de los que tienen experiencia. ¡Ea, oh el mejor de los mortales!, endereza la ciudad. ¡Ea!

Edipo, Rey“, de Sófocles

26 de Junio. España. Fin de la obligatoriedad de llevar mascarilla en espacios abiertos y sin aglomeraciones. NO es el fin de la pandemia. ¡Oh, Edipo, rey, el mejor de los mortales, endereza la ciudad y condúcenos al éxito con los consejos de los que tienen experiencia.
AlmaLeonor_LP

LES MAMELLES DE TIRÉSIAS

LES MAMELLES DE TIRÉSIAS

Imagen Alfredo Palmero

TERESA
No mi Señor marido
No va a hacerme hacer lo que usted quiere
Soy feminista y no reconozco la autoridad del hombre
Por lo demás, quiero obrar según me parezca
Hace ya mucho que los hombres hacen lo que quieren
Después de todo yo también quiero ir a combatir contra los enemigos
Quiero ser soldado uno dos uno dos
Quiero guerrear y no hacer hijos
No mi Señor marido ya no me dirigirá más
No porque usted me haya hecho la corte en Connecticut
Deberé yo cocinarle en Zanzíbar

VOZ DEL MARIDO
Dame panceta te digo que me des panceta

TERESA
Ya lo ven sólo piensa en el amor
Pero no dudes imbécil
De que después de haber sido soldado quiero ser artista
Perfecto, perfecto
También quiero ser diputado abogado senador
Ministro presidente de la cosa pública
Y quiero ser médico físico o psíquico
Hacer cagar de miedo a mi gusto a Europa y América
Tener hijos cocinar ¡no! es demasiado
Quiero ser matemática filósofa química
Botones en los restaurantes pequeña telegrafista
Y quiero si me place mantener todo el año
A esa vieja bailarina que tiene tanto talento

VOZ DEL MARIDO
Dame panceta te digo que me des panceta

TERESA
Ya lo oyen sólo piensa en el amor
Cómete los pies a la Sainte-Menehould
Pero me parece que me está creciendo la barba
Mi pecho se desprende

(Lanza un gran grito y entreabre su blusa, de donde saca sus tetas —una roja, la otra azul— y en cuanto las suelta, se vuelan —globos infantiles—, pero permanecen retenidos por dos piolines)

Vuelen pájaros de mi debilidad
Etcétera
Qué lindos son los encantos femeninos
Realmente son bonitos
Uno se los comería
Pero basta de tonterías
No nos dejemos llevar por la aeronáutica
Siempre hay alguna ventaja en practicar la virtud
El vicio después de todo es algo peligroso
Por eso vale más sacrificar una belleza
Que puede ser una ocasión de pecado
Desembaracémonos de nuestras tetas

(Enciende un fósforo y hace explotar los globos)

Qué decir
No sólo me crece la barba sino también el bigote
A la miércoles
Parezco un campo de trigo que espera la segadora mecánica
Me siento viril de lo lindo
Soy un semental
De la cabeza a los pies
Soy un toro
¿Me haré torero?
Pero no echemos por tierra
Mi porvenir de grandes días de héroe
Esconde tus armas
Y tú oh marido menos viril que yo
Arma todo el lío
Que quieras

EL MARIDO

(Entra con un gran ramo de flores, ve que ella no lo mira y arroja las flores en el
salón)

Te digo que quiero panceta

TERESA
Cómete los pies a la Sainte-Menehould

EL MARIDO
Ah! pero no es mi mujer Teresa
¿Qué patán se puso su ropa?
No cabe duda es un asesino la mató
Teresa mi querida Teresa dónde estás
A ti personaje vil que te disfrazaste de Teresa te voy a matar

(Pelean. Ella lo vence)

TERESA
Tienes razón no soy más tu mujer
Y sin embargo soy yo, Teresa
…Pero Teresa que ya no es mujer
Y cómo me convertí en un joven buen mozo
De ahora en adelante voy a llevar un nombre de hombre: Tiresias

Las tetas de Tiresias (Les Mamelles de Tirésias) es una obra de teatro surrealista de Guillaume Apollinaire estrenada en el Teatro Renée-Maubel de París un día como hoy, 24 de junio, pero de 1917, dirigida por Pierre Albert-Birot, con música de Germaine Albert-Birot y escenografía y vestuario de Serge Férat. Max Jacob dirigió los coros. La portada del programa del estreno era un dibujo de Pablo Picasso.

El autor se inspiró en el mito del adivino tebano Tiresias, quien cambio de sexo al menos seis veces a lo largo de su vida según la mitología griega. Apollinaire realiza una actualización de tintes provocadores, feministas y antimilitaristas. Cuenta la historia de Teresa, que cambia de sexo para obtener el poder entre los hombres. Su objetivo es alterar las costumbres, rechazar el pasado y establecer la igualdad de sexos. El estreno de la obra, abundante en travestismos, juegos de palabras y salidas de tono, constituyó un escándalo además por sus alusiones pacifistas en plena Primera Guerra Mundial (en la que, sin embargo, Apollinaire había luchado y sido herido), que hacía sospechosa de pangermánica toda conducta de este tipo. Apollinaire subtituló la pieza “drama surrealista”, dando lugar a una designación que pasaría a ser la de uno de los movimientos artísticos y literarios más significativos del siglo XX (Fuente: Wikipedia ).

ÁNIMA DE LAS PLANTAS

ÁNIMA DE LAS PLANTAS

Imagen: Karen Knutson

«Digamos, pues, tomando la investigación desde el principio, que lo animado se distingue de lo inanimado por vivir. Y como la palabra ‘vivir’ hace referencia a múltiples operaciones, cabe decir de algo que vive aún en el caso de que solamente le corresponda alguna de ellas, por ejemplo, intelecto, sensación, movimiento y reposo locales, amén del movimiento entendido como alimentación, envejecimiento y desarrollo. De ahí que opinemos también que todas las plantas viven. Salta a la vista, en efecto, que poseen en sí mismas la potencia y principio, en cuya virtud crecen y menguan según direcciones contrarias: todos aquellos seres que se alimentan de manera continuada y que se mantienen viviendo indefinidamente hasta tanto son capaces de asimilar el alimento, no crecen, desde luego, hacia arriba sin crecer hacia abajo, sino que lo hacen en una y otra y todas las direcciones.»

Aristóteles, De anima (Libro II, 2, 413a 20-30)

NOS HAN DADO LA TIERRA

NOS HAN DADO LA TIERRA

Imagen:; Mario Schifano (1979)

Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:

-Son como las cuatro de la tarde.

Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos delante, otros dos detrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces digo: “Somos cuatro”. Hacer rato como a eso de las once, éramos veintitantos; pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más este nudo que somos nosotros.
Faustino dice:

-Puede que llueva.

Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: “Puede que sí”.
No decimos lo que pensamos.
Ahora volvemos a caminar. Y a mi se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover.

¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?

No, el llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina. Vuelvo hacia todos lados y miro el llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga.

Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí.

Juan Rulfo “El llano en llamas (1953)

TRATADO DE MONSTRUOS

TRATADO DE MONSTRUOS

Imagen: Ykut Aydoğdu

La mujer tiene, pues, una larga carrera como monstruo de bello aspecto. Nietzsche la considera peligrosa, y la iglesia protestante la condena sistemáticamente en una época determinada; para la Inquisición, sobre todo para la inquisición protestante, la mujer era considerada un monstruo. Significativo es el hecho de que para Isidoro tanto las gorgonas como las sirenas son en realidad meretrices; también para Alciato, las sirenas son prostitutas.

Hector Santiesteban (2003)

HOME (PASSENGER)

HOME (PASSENGER)

Imagen: An Kun

Dicen que el hogar es donde está el corazón,
pero mi corazón es salvaje y libre.
Entonces, ¿estoy sin hogar
o simplemente sin corazón?
Dicen que el miedo es para los valientes
Porque los cobardes nunca lo miran a los ojos
Así que soy valiente para tener miedo
¿Se necesita coraje para aprender a llorar?

Passenger (“Home”)

DELIRIO DE LAS GRANDEZAS

DELIRIO DE LAS GRANDEZAS

Imagen: “The Visionary” (1989), retrato de Donald Trump por Ralph Wolfe Cowan .

Por último, hablemos de una forma de locura que Morel coloca entre las idiopáticas de su clasificación y que desde algún tiempo a esta parte parece llamar la atención de los alienistas con tanta preferencia, como ha sucedido entre los toxicólogos respecto del arsénico. Aludo a lo que se llama la parálisis general progresiva o delirio de las grandezas. Esta forma de locura es, en efecto, singular, bastante común en nuestros tiempos, notable por las perturbaciones que producen los movimiento ya generales, ya parciales, en la marcha, en la actitud, en la palabra, etc. y por la exageración de la personalidad del loco, que se cree fuerte, más sano que nunca, capaz de todo, y se entrega a las ideas y proyectos grandiosos en esta o aquella forma, sintiendo progresivamente una debilidad muscular que le conduce a menudo con rapidez a la resolución completa de las fuerzas físicas y a la demencia, para terminar con la muerte.

Mas, por notable que sea esa forma de locura, y por más que bajo el punto de vista terapéutico y alienista, tal vez convenga considerarla aparte y como una forma especial de su género, muy diferente de las demás del mismo, no por eso deja de ser una manía, que tiene todos los caracteres esencial de este género, las ilusiones y las alucinaciones, con exaltación de las facultades psíquicas y de la personalidad, tanto en lo físico como en lo intelectual y moral. Que el delirio sea de grandezas, de ambiciones, de proyectos estupendos, regeneradores, etc., que el loco se crea sano, vigoroso, fuerte, capaz de todo, etc., eso no quita que sea víctima de ilusiones y alucinaciones, como los demás maníacos, siendo la primera la de la potencia muscular, acaso origen de todo lo demás. Luis explica la parálisis general por una enfermedad del cerebelo, y son tan sólidas sus razones que no titubeo en suscribir a su opinión. Su teoría da cuenta cabal de todos los síntomas que presenta esa forma de manía, ya prodrómicos [señal o malestar que precede a una enfermedad], ya constituyentes del mal en su apogeo, ya terminativos.

Bajo el punto de vista del diagnóstico, por lo tanto, no hay razón para no comprender en el género manía la parálisis general; no hay que formar un tipo radical aparte, porque no lo es. Es una especie de keromanía en muchos caos, o por lo menos en ciertos periodos. Gressinger la coloca y describe entre las formas de exaltación mental y con el nombre de manía exaltada. En muchas ocasiones, en efecto, el loco más parece monomaníaco que maníaco, y yo no vacilaría en muchos casos en calificar así esa forma. De todos modos, ora sea una manía, ora una monomanía, siempre resulta que el delirio de las grandezas no es un tipo radical, no es un género, es una especie, sea de la manía o de la monomanía y que por lo mismo está comprendido en el cuadro de nuestra clasificación.

Por lo demás, esa variedad de la manía, conforme sea el período en que se encuentre o en que se examine, puede presentar tan pronto la exaltación como el abatimiento, y dar lugar a que se la tome, ya por manía, ya por demencia. Recordad dos casos prácticos que hemos referido en la lección anterior, relativos a la demencia, tomados de Esquirol, en los cuales hemos visto ejemplos evidentes de esta verdad. Aludo al caso del comerciante y al de ese joven que acompañó a París a cierto doctor, y que lo entregó a Esquirol como atacado de una exaltación ligera. En uno y otro caso, después de periodos de exaltación y arrebato maníacos, se terminó la locura por una demencia.

Pedro Mata
Tratado de la razón humana en estado de enfermedad: o sea de la locura y de sus diferentes formas” (1878).

ESTUPIDEZ

ESTUPIDEZ

Imagen: Enrico Robusti

Otra de las variedades de la manía y de la cual forman también algunos autores una locura especial diferente de las demás, es la que los franceses, sobre todo, han designado con el nombre de estupidez. Pinel empezó a llamar la atención sobre esta forma de la enajenación mental, tomándola por una variedad del idiotismo; Esquirol, más bien, la consideraba como una variedad de la demencia; Georget como una suspensión de las facultades intelectuales; Delorc-Demary como una complicación de la monomanía y de la manía; Buslain opinaba a poca diferencia lo mismo; Bayllarget la tiene por una variedad del delirio melancólico; y si fuéramos siguiendo la opinión de otros muchos alienistas modernos, veríamos igualmente modos de considerar la estupidez, diversos y contradictorios. Todo eso nos prueba que la estupidez no es realmente ninguna forma de enajenación mental, ni sobre todo ninguna entidad morbosa de esa especie, consistiendo más bien, en un síntoma o aparato sintomático capaz de presentarse, no solo en la demencia, manía y monomanía, sino también en otras enfermedades que no son mentales, siquiera den lugar a locuras sintomáticas.

Siquiera ofrezca la estupidez un aparato de síntomas especial, con un aspecto de inmovilidad general y a veces cataléptica, con una facies particular, no solo estúpida, sino tan pronto expresando el terror, tan pronto la opresión o abolición de todo sentimiento; siquiera sea interesante su estudio bajo el punto de vista, como creen algunos, del pronóstico y de la terapéutica; ello es lo cierto que relativamente al diagnóstico no vemos ninguna necesidad de tomarla por una forma diferente de la manía, pues podemos considerar que muchas veces presenta el maníaco la estupidez con todos sus caracteres, ya en el principio del mal, ya en otros periodos ya en su terminación.

Muchas veces acontece que un maníaco se presenta estúpido, como si se encontrase en el último extremos de la demencia, caracterizado con una abolición completa de todas las facultades anímicas, y sin embargo, no existe semejante abolición, la actividad psíquica del maníaco es completamente interior, no sale del radio íntimo de su conciencia y si ofrece la estupidez al exterior, es que hay una idea delirante que motiva la ausencia absoluta de toda manifestación anímica. Recordemos lo que hemos dicho respecto de un caso práctico citado por Esquirol, al tratar de la demencia, confundida por algunos con la manía, ese maníaco que cuando recobra la razón, dijo que había estado al corriente de todo lo que ocurría alrededor de sí, pero que no se movía, ni hablaba, ni daba muestras de sensibilidad alguna, porque oía una voz interior que le estaba diciendo “no te muevas, si no, estás perdido”.

Pedro Mata
Tratado de la razón humana en estado de enfermedad: o sea de la locura y de sus diferentes formas” (1878).

ELEONORA

ELEONORA

Imagen: Sarah Helser

Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones. Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general. Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, descubriendo que han estado al borde del gran secreto. De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal. Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la “luz inefable”, y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, “agressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi”. Diremos, pues, que estoy loco. La amada de mi juventud, de quien recibo ahora, con calma, claramente, estos recuerdos, era la única hija de la hermana de mi madre… Mi prima se llamaba Eleonora.

Eleonora, Edgar Allan Poe
(19 de enero de 1809 – 7 de octubre de 1849)

¡OJO CON ELLAS!

¡OJO CON ELLAS!

Imagen: Bev Howe


Andan por ahí, con su atrevido miedo, portando sus cuarenta y tantos, lindas, leídas, viajadas, sensibles.
¡Ojo con ellas!
Vienen de cerrar una puerta con decisión, pero sin olvido. Amaron, construyeron, parieron, cumplieron. Amaron a su hombre, dieron alas a sus crías y ahora, desentumecieron las suyas: ¡ahí estaban!: intactas, brillantes,soberbias, majestuosas, listas para el vuelo: no ya las de un hornero, sí las de una gaviota, soberana y curiosa.
¡Ojo con ellas!
Saben de la vida y de tu hambre porque con su cuerpo han sabido saciarlas. Expertas en estupidez y sus matices: se reconocieron inmersas en ella hasta el estupor y soportaron mucha hasta el dolor; sabrán distinguirla, no lo dudes. Versadas en economía, la aplican en el gesto, en el andar y en su exacta sensualidad.
¡Ojo con ellas!
Ojo con sus caderas sabias: ya se estiraron y contrajeron, se estremecieron y agitaron. Saben del amor, en todos sus colores, desde el rojo resplandor al mustio gris. Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía. Prontas a sentir, van con una vieja canción en los labios, profunda intensidad en la mirada y delicada seguridad en la sonrisa.
¡Ojo con ellas!
Pero, si esta advertencia es tardía, y descubres que ya no puedes dejar de pensar en ella, entonces, ten cuidado de ahora en adelante, no te equivoques; no lo arruines, no les envíes un mensaje de texto, mejor invítala a un café con tiempo; no recurras al email, preferirán, sin duda, un poema en servilleta. No les hagas promesas, no les vendas imagen, mejor exhibe tu autenticidad mas despojada. No caigas, por rellenar, en aturdido ruido vacuo, deja que respire un silencio en común.
¡Ojo con ellas!
Vienen de quemar las naves y cambiar comodidad indolente por riesgo vital. Avanzan por un camino incierto, pero elegido. En su cartera, fotos, un perfume y algunas lágrimas. En su mirada, una decisión…
¡Ojo con ellas!
… Tal vez, si tienes suerte, hay una en tu camino.

Jorge Eduardo Cinto.
Escritores de Tucuman Siglo XXI (Lucio Piérola Ediciones, 2008)