DICEN QUE…

DICEN QUE…

Imagen: Caiozzama

…Estando en casa de un hombre rico, San Ambrosio de Milán preguntó al dueño que como le iba en la vida. El hombre rico respondió que siempre había gozado de salud, riqueza, fortuna, y que al igual que sus hijos, no conocía la adversidad. Lo que fue interpretado por San Ambrosio como una mala señal y pidió de inmediato a sus compañeros abandonar el lugar. De pronto, se hundió la casa con todos sus propietarios dentro. La interpretación que se hace de esta historia tan ceniza es que Dios hace que la gente sufra para saber si se es buen cristiano o no lo es: «San Ambrosio les dijo ¿acaso no os había dicho yo que en esa casa no estaba Dios? Nuestro corazón se alegrará cuando estemos heridos, porque será un buen signo».

Fuente: Wikipedia

Imagen: Dev Patel (Sonny) en una escena de la película.

…En la India existe un dicho: Al final todo sale bien, y si no sale bien, es que no es el final.

«El exótico Hotel Marigold» (2012) John Madden.

Imagen: Ann Gollifer (Botswana, 2014) 

…Critias (de Platón) no creia en los dioses y pensaba que la religión era una invención de los legisladores para gobernar a los hombres. Así se lo cuenta a Timeo: «Cuando se habla de los dioses a los hombres, mi querido Timeo, es infinitamente más fácil satisfacerlos, que cuando se les habla de los mortales, es decir, de ellos mismos. La inexperiencia, o más bien, la completa ignorancia de los oyentes, deja el campo libre al que quiere hablarles de cosas que ellos no conocen. Y tratándose de dioses, ya sabemos a qué atenernos».

«Critias o La Atlántida«, de Platón

Imagen: Marius Zabinski 

…Un samurai del siglo XVI, Yamamoto Kansuke, escribió un manual sobre técnicas de lucha que se ha traducido como El Rollo de la Espada. En él pueden leerse cosas como esta: «Cuando luches en una noche oscura mantén bajo tu cuerpo, concéntrate en la posición adoptada por el enemigo e intenta escudriñar qué tipo de armamento lleva». Aunque también termina con una de las más sabias lecciones: «Es mejor errar por precaución y no entrar en un sendero infestado de bandoleros», es decir… Mejor no empieces una batalla.

Fuente: La Brújula Verde

Imagen: “Alhambra y Albayzin” (1833) por John F. Lewis. Biblioteca Nacional de España.

…El nombre de CARMEN tiene un significado completamente distinto al de un nombre propio. Carmen es también un tipo de construcción, una vivienda con patio, cercada con tapias blanqueadas, típica de la provincia andaluza de Granada, concretamente de la colina del Albaicín y del barrio del Realejo, que se pudieron originar tras la expulsión de los morisco en el año 1580 y el abandono de la zona. Adquieren toda su entidad en el siglo XVII. La palabra Carmen deriva al parecer del árabe Karm, que significaría jardín o viñedo, ya que la vivienda, condicionada por su situación en ladera, contaba por lo general con pequeños huertos y espacios ajardinados en terrazas, donde las parras servían como elemento ornamental y para dar sombra. No era un espacio lujoso, sino una casa sencilla, de gentes campesinas que supieron iluminar este espacio riguroso con los colores y los aromas de las flores (azucenas, rosas, jazmines, claveles, nardos, alhelíes, madreselva…), la vistosidad de los árboles frutales (granados, ciruelos, higueras, melocotonares, parras…), y la providencia de las verduras y hortalizas. Surcado por arroyuelos y pequeñas cascadas prodigadas por el terreno, el agua y las aves cantoras (ruiseñores, sobre todo), aportaban la musicalidad que evoca su origen árabe. «¿Qué son los cármenes de Granada? Lo más sencillo sería decir que son jardines, huertos y cercados de recreo; pero esta definición, sobre ser cómoda, sería incompleta… Los cármenes de Granada no son románticos, ni primitivos, ni modernos. Tienen su carácter heredado de los árabes, su tradición propia y su propio estilo.» Santiago Rusiñol (Centro virtual Cervantes).

Fuente: HELICÓN

Imágenes y textos incluidos en un álbum de mi página de Facebook AlmaLeonor_LP.

FAMILIA DEL ARTISTA

FAMILIA DEL ARTISTA

Imagen: Victor Tkachenko

En los actos culturales debería estar prohibida la entrada a la familia del artista. También la de los amigos de la infancia. Por resumir, de todo aquel que conozca cierto anecdotario vergonzoso de la niñez y adolescencia y esté dispuesto a soltarlo a cualquiera que se le acerque en el cóctel. La familia es dinamita pura. El artista la utiliza como material creativo, moldea los recuerdos como le viene en gana, y la familia, sin entender que la literatura consiste, en gran parte, en una traición a los hechos reales, se cabrea, se queja o se envanece, según. El otro día hicieron un homenaje a Philip Roth en la Universidad de Columbia, y una de las cosas más divertidas que contó, en el repaso a su trayectoria literaria, fue que días antes de que apareciera el libro que le hizo popular, El lamento de Portnoy, invitó a sus padres a cenar con la intención de avisarles de que la novela que iba a publicar era bastante escandalosa y que tenían que estar preparados para las reacciones que pudieran leer. Roth supo por su padre que, de camino a casa, la madre dijo: «Este chico tiene aires de grandeza». Ay, las madres, cómo conocen a los hijos aunque los hijos sean ilustres. De cualquier forma, el muchacho no se equivocaba: aquel libro se convirtió en el colofón cachondo e irreverente con el que la literatura rubricó los años de revolución sexual de los sesenta. Las escenas caseras, con ese padre que padece un estreñimiento contumaz del que toda la familia está al tanto, y ese hijo que pilla un hígado de la cocina, en el desesperado intento de encontrar algo que se parezca a una vagina, y corre al cuarto de baño para hacerse pajas, levantaron reacciones de ira, sobre todo en la comunidad judía. Pajas reales, de jadeo silencioso interrumpido por la madre que llama a la puerta alarmada por si el hijo ha heredado el proverbial estreñimiento paterno; pajas mentales, las del chaval que brega con el deseo y la culpa. La familia tuvo que soportar las reacciones felices o airadas como si el libro fuera autobiográfico, y el autor, como es costumbre, se defendió diciendo: a mí que me registren, esto es solo ficción. La familia, ay. Debería haber un detector de familiares a la entrada de los eventos para dejarlos fuera. Eso debió de pensar el otro día Erica Jong, también experta en novelar todo aquello que toca, dicho esto en el sentido más literal de la expresión. Se trataba de otro homenaje universitario, en este caso a Miedo a volar, esa novela que en 1973 la dio a conocer en todo el mundo. Su protagonista, más que ser una heroína de la combustión interna, como el héroe de Roth, es una mujer de acción que cuenta sin reparos sus intercambios de fluidos. Todo parecía marchar de maravilla en el homenaje a este emblemático libro, hablaban las filólogas feministas, cantaban las excelencias de ese paso adelante que fue Miedo a volar en el relato de la sexualidad femenina, cuando llegó el turno de preguntas y se levantó una señora que parecía la doble de Erica Jong. Sus razones tenía, era la hermana. Soy la hermana de la autora, dijo, y después pasó a encadenar una serie de reproches a los que el público reaccionaba con ese gesto de asombro contenido tan propio de los americanos. A Erica le habrá ido muy bien con ese libro, dijo la hermana de la artista, muy bien, enhorabuena, pero a mí me hundió la vida, y quiero decir que por mucho que Erica se justifique diciendo que esto no es más que ficción, está claro que uno de los hombres que aparecen en la novela es mi marido, y me gustaría aclarar de una vez por todas que es completamente incierto que mi marido se metiera en la cama de Erica y le pidiera que le practicara una felación; esto fue una pesadilla para mi marido y para mí, así que sepan ustedes que si a ella el libro la hizo famosa, a nosotros sus mentiras nos han jodido la vida. Ufff. Dicho esto, el acto se dio por concluido. La hermana-bomba desapareció, y cuentan las crónicas que, en el cóctel, la autora se limitó a comentar, fríamente, que en su familia había gente más inteligente que la muestra que acababan de presenciar. ¡Ficción, ficción, esto es ficción!, dicen los autores desde que la literatura existe. Pero los padres o se tragan ese cuento. Fue sonado cómo el papá del autor teatral Sam Shepard (marido de Jessica Lange) se presentó, bastante borracho, por cierto, en el estreno de su última obra y en mitad de la representación comenzó a explicarle al público, que al principio no entendía si aquello era parte del espectáculo, que todo lo que se estaba contando en el escenario era una mentira podrida. Mientras se lo llevaban a rastras, el hombre iba balbuceando cómo pasaron verdaderamente las cosas. Ya les gustaría a los de La Fura dels Baus, que con gran aparataje de gritos y metralletas andan simulando, en su último montaje, el secuestro de un teatro a la manera chechena, conseguir que el público viviera un momento tan perturbador como ese de presenciar a un familiar borracho irrumpiendo en la sala para cantarle las cuarenta al autor. A ese autor que si escribe como se tiene que escribir, como si la familia no existiera, sentirá alguna vez en su vida el peso del viejo reproche bíblico: «Hijo mío, ¿por qué me has avergonzado?».


Elvira Lindo
DON DE GENTES,
Alfaguara (Penguin Random House España), Madrid, 2011

Publicado en El País (Dominical) el 20 de abril de 2008,

¡EMBRIAGAOS!

¡EMBRIAGAOS!

Imagen: Rufino Tamayo

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.

Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos.

Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: «¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.»

Charles Baudelaire

Poema número 33 de El spleen de París (Los pequeños poemas en prosa). Traducción de Enrique Díez Canedo (1935).

EL TACTO Y EL OLOR

EL TACTO Y EL OLOR

Imagen: Alfredo Montaña

El tacto es ciego, el olfato es galopante. La boca es frenética. El oído es torpe. Sólo el ojo alcanza la totalidad. Reconstruir una mujer a partir de su voz, de su contacto, de su sabor, de su olor. Eso es la imaginación. La imaginación es el vuelo de un sentido a través de todos los otros. La imaginación es la sinestesia, el olfato que quiere ser tacto, el tacto que quiere ser mirada. La imaginación nace de una limitación. La mirada, quizás, es menos imaginativa porque posee más. Pero la mirada necesitaba imaginar lo que ve, redondear y colorear el cuerpo de la mujer, acercar lo que está lejos, alejar lo que está cerca. No basta con mirar. Hay que sobremirar, sobrever. Hay que interiorizar lo que está afuera y verlo hacia adentro.

Todo lo que nos perdemos por no ser perros. Hay que dar los olores en lo que se escribe. Antes, cuando era un escritor joven y responsable, quería describir minuciosamente las situaciones, los lugares. Luego comprende uno que basta con dar un olor o un color. Al lector le sirve esto mucho más. Dice Baroja de una calle que era larga y olía a pan. Ya está. Un largo olor a pan. Para qué más.

El olor de una mujer, cada una con su olor. Los seres tienen aura, que es el olor. Por el olor somos mágicos. El olor es lo único que no puede poseerse, es la fragancia de una personalidad, y por eso desasosiega y trastorna.

Francisco Umbral

GENEALOGÍA DE LA MORAL

GENEALOGÍA DE LA MORAL

Imagen: Gustave Moreau (ca. 1890).

Una vez que el hombre vio la necesidad de hacerse una memoria, la empresa no se realizó nunca sin sangre, martirios ni sacrificios. Los sacrificios y empeños más terribles (como sacrificar a los primogénitos), las más repugnantes mutilaciones (las castraciones, por ejemplo) y los ritos más crueles de todos los cultos (toda religión es, en última instancia, un conjunto de crueldades) tienen su origen en ese instinto que fue capaz de ver que el dolor constituye el instrumento más poderoso de la mnemotécnica. […] Hay que lograr que un conjunto de ideas se hagan indelebles, omnipresentes, inolvidables y “fijas”, para que todo el sistema nervioso e intelectual quede hipnotizado por dichas “ideas fijas”. […] Cuando la humanidad ha tenido menos “memoria”, sus usos han ofrecido siempre el aspecto más terrible. La dureza de las leyes penales, en concreto, nos muestra el esfuerzo que había de hacer la humanidad para vencer la capacidad de olvidar y lograr que los individuos, que quedaban al punto esclavizados por las pasiones y los deseos tuvieran siempre presente una serie de exigencias primitivas impuestas por loa convivencia social.
Friedrich Nietzsche

HUELLAS EN LA NIEVE

HUELLAS EN LA NIEVE

Imagen: Lily Seika Jones

«No me gustan las manadas. No nací para ser gregario. No me gustan las leyes dictadas por los clanes. No nací para dominar, ni para ser dominado. Nunca seré tu jefe… ni tu subordinado… pero, si quieres, correré contigo a través de la estepa hasta los lugares que nos están prohibidos; allí donde la manada no se atreve a internarse… donde el mundo es magia y la realidad la tejen las invisibles manos de las viejas y sabias normas.»

Javier Arries.

LA REINA DE SABÁ

LA REINA DE SABÁ

Imagen: Viktoria Stoyanova

10 Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles. Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía. Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase. Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada.

Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído. Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia. 10 Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.

11 La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras preciosas. 12 Y de la madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores; nunca vino semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.

13 Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.

1 Reyes 10 (Reina Valera 1960)

GANARSE SU ALMA

GANARSE SU ALMA

Imagen: Gabriel Moreno.

Lo bueno se hace esperar. Hay pardillos por ahí que se creen que si le ponen la mano en el culo a una mujer y ella no se queja, ya la tienen en el bote. ¡Aprendices! El corazón de la hembra es un laberinto de sutilezas que desafía la mente cerril del varón trapacero. Si quiere usted de verdad poseer a una mujer, tiene que pensar como ella, y lo primero es ganarse su alma. El resto, el dulce envoltorio mullido que le pierde a uno el sentido y la virtud, viene por añadidura.

CARLOS RUÍZ ZAFÓN
«La Sombra del Viento» (2001)

LA ÚLTIMA CENA (JUEVES SANTO)

LA ÚLTIMA CENA (JUEVES SANTO)

La última cena. Leonardo da Vinci, (circa 1490).

Para Baigent, Lincoln y Leigh, María Magdalena fue en realidad el Santo Grial del que hablaban las leyendas medievales. No era la copa con la que Jesús instauró la Eucaristía durante la Última Cena, ni aquella en la que José de Arimatea recogió la sangre de Jesús, sino ella, María, la depositaria de la sangre de Jesús, entendida esta como su descendencia. No se trataba del Santo Grial, sino de la sangre real, una sangre real que pasaría a los merovingios varios siglos después.

[…] Vayamos hasta Milán. Allí, en el convento de Santa María delle Grazie, se encuentra La Última Cena, una pintura mural que Da Vinci realizó entre 1495 y 1497. Como recordarán los que hayan leído la obra de Brown, hay algo extraño en el personaje que hay a la izquierda de Jesús. En teoría, se trata de Juan el Apóstol, siempre caracterizado como un joven imberbe y algo afeminado. Pero, si se fijan con atención, parece más bien una mujer. Así, según esta propuesta, se trataría en realidad de María Magdalena. ¿Pruebas? Circunstanciales, aunque curiosas: la inversión de colores (rojo y azul) entre este y Jesús, que vendría a representar que era su otra mitad; la ausencia del cáliz, lo que indicaría que el grial era otra cosa; la letra M que forman, tirando de imaginación, Jesús y la supuesta Magdalena; el collar de oro que luce en su cuello o, quizá lo más importante, la extraña postura de ese personaje, que parece apartarse de Jesús. Busquen cualquier otra representación artística de esta escena evangélica y podrán comprobar que, casi siempre, Juan aparece recostado sobre el pecho de Jesús, en clara alusión a la descripción de la Última Cena que aparece en el Evangelio de Juan: «Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús» (13, 23). Juan suele ser representado así porque se considera que se trata del dichoso discípulo amado, pero ¿por qué en la versión de Da Vinci es justo lo contrario? ¿Acaso se trataba en realidad de María Magdalena? Como vemos, la relación entre nuestra protagonista, Juan y el misterioso discípulo es toda una constante en esta trama.

Oscar Fábrega Calahorro
«La Magdalena, verdades y mentiras»
Editorial Guante Blanco (2018)

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