FOREVER YOUNG

FOREVER YOUNG

Estatua de Koko Rico (2006) dedicada al trompetista de jazz, Wynton Marsalis en el Parque de la Florida de Vitoria.

 

Siempre se puede hacer algo por los demás
y dejar que otros lo hagan por ti.
Se puede construir una escalera a las estrellas
y subir en cada peldaño.
Se puede permanecer siempre joven,
se puede permanecer eternamente joven.
Se puede llegar a ser justos,
se puede llegar a ser cierto,
siempre se puede conocer la verdad
y ver las luz en torno a ti.
Siempre se puede ser valiente,
mantenerse en pie y ser fuerte.
Haz que tu corazón esté siempre alegre.
Haz que tu canción sea siempre cantada.
Se puede permanecer siempre joven,
se puede permanecer eternamente joven.

Bob Dylan,Forever Young (extracto).

Entrada dedicada a la ciudad de Vitoria, eternamente joven.
AlmaLeonor_LP

LA SABIDURÍA FEMENINA

LA SABIDURÍA FEMENINA

Imagen: Max Gasparini

Hay un Upanishad del siglo VII a.C. en que los dioses védicos están reunidos, y ven una extraña cosa amorfa delante, una especie de niebla, y preguntan: «¿Qué es eso?». Ninguno sabe lo que puede ser. Uno de ellos sugiere: «Iré a ver de qué se trata». Y va hacia esa cosa brumosa y dice: «Soy Agni, el Señor del Fuego; puedo quemar cualquier cosa. ¿Quién eres tú?». Y de la niebla sale una pajita, que cae en el suelo, y una voz dice: «Veamos si puedes quemar eso».

Agni descubre que no puede quemarlo. Así que vuelve a los otros dioses y dice: «¡Qué extraño es esto!». Se adelanta el Dios del Viento: «Probaré yo». Allá va, y sucede algo parecido. «Soy Vayu, Señor del Viento. Puedo arrastrar cualquier cosa.» Otra vez cae al suelo una pajita: «Veamos si puedes arrastrar esto». Y no puede.

El también regresa. Entonces Indra, el más grande de los dioses védicos, se aproxima, pero cuando está cerca la aparición se desvanece, y donde había estado se materializa una mujer, una mujer hermosa y misteriosa, que instruye a los dioses, revelándoles el misterio del fundamento de su propio ser. «Esto es el misterio último de todo ser», les dice, «del que vosotros mismos habéis recibido vuestros poderes. Y puede anular vuestros poderes, según Su voluntad.» El nombre indio para ese Ser entre los seres es brahman, que es un nombre neutro, ni masculino ni femenino.

Y el nombre indio para la mujer es Maya-Shakti-Devi (Diosa Dadora de Vida y Madre de las Formas). Y allí, en este Upanishad aparece como maestra de los dioses védicos en cuanto al fundamento último y fuente de sus poderes y existencia. 

Es la sabiduría femenina.

Es la mujer como dadora de formas. Es la que dio vida a las formas y sabe de dónde provienen. Vienen de lo que está más allá de lo masculino y femenino. De lo que está más allá del ser y el no ser. A la vez es y no es. Ni es ni no es. Está más allá de todas las categorías del pensamiento y la mente.

Joseph Campbell.

TALIESIN

TALIESIN

Imagen: Maki Horanai (Japan – Surrealism)

Para Elphin soy el primer bardo en jefe.
Mi país original es la región de las estrellas del verano;
Idno y Heinin me llaman Merddin,
Pero más tarde los reyes han de llamarme Taliesin.
Estuve con mi Señor en la más alta esfera,
Caí con Lucifer en las profundidades del infierno.
He llevado un pendón ante Alejandro;
Sé los nombres de las estrellas de norte a sur;
He estado en la galaxia en el trono del Distribuidor;
Estuve en Canaán cuando Absalón fue muerto;
Llevé el Espíritu Divino al nivel del valle de Hebrón;
Estuve en la corte de Don antes de que naciera Gwdion.
Fui instructor de Eli y de Enoc;
Me dio alas el genio del espléndido báculo;
He sido locuaz desde antes de que me fuera dado el don de la palabra;
Estuve en el lugar de la Crucifixión del Misericordioso Hijo de Dios;
He sido tres veces aprisionado en la prisión de Arianrod;
He sido jefe máximo de los trabajos de la torre de Nemrod:
Soy un milagro cuyo origen no se conoce.
He estado en Asia en el Arca con Noé,
He visto la destrucción de Sodoma y Gomorra;
Estuve en la India cuando Roma fue construida,
Y ahora vengo aquí, a las ruinas de Troya.
Estuve con mi Señor en el pesebre del asno;
Conforté a Moisés a través de las aguas del Jordán;
He estado en el firmamento con María Magdalena;
Obtuve la musa del caldero de Caridwen;
He sido el bardo del arpa de Lleon de Lochlin.
He estado en la Colina Blanca, en la corte de Cynvelyn,
Estuve por un día y un año en cepo y grilletes,
He sufrido hambre por el Hijo de la Virgen,
Me he nutrido en la tierra de la Deidad,
He sido el maestro de todas las inteligencias,
Soy capaz de instruir al universo entero.
Estaré sobre el rostro de la tierra hasta el día del juicio
Y no se sabe si mi cuerpo es de carne o de pescado.
Luego, estuve durante nueve meses
En el vientre de la bruja Caridwen;
Originalmente fui el pequeño Gwion,
Y ahora soy Taliesin.

Taliesin (c. 534–599)
Poeta (bardo) galés.

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

Imagen: Gabriel Pacheco

Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque también ellos sean sensatos. Ved cómo hablaba un gavilán a un ruiseñor de moteado cuello, al que llevaba bien alto, entre nubes, apresándolo en sus garras. Y él, traspasado por las corvas uñas, gemía lastimeramente; el gavilán con altivo tono le dijo estas palabras:

-Infeliz, ¿por qué chillas? Te tiene alguien mucho más fuerte que tú. Irás allí donde yo te lleve, por muy cantor que seas. Contigo haré mi cena, o te soltaré, según me plazca. ¡Insensato, el que pretende medir su fuerza con quienes son superiores a él! Privado se ve de la victoria, y a más de infamias, sufre dolores.

¡Perses! Tú escucha a la justicia, y no agrandes la insolencia. La insolencia es mala para el mísera mortal. Ni aun el procer puede fácilmente sufrirla, sino que es abrumado por ella cuando viene a caer en alocados trances. Senda que conduce al otro lado, en busca de lo justo, es más ventajosa. Justicia sobre Insolencia reina, cuando el fin de su curso alcanza: sufriendo el tonto aprende.

Deprisa corre Juramento, en pos de las torcidas sentencias. Y hay un clamoreo de Justicia, al ser arrastrada por doquiera la conduzcan los tragones de regalos, cuando dictan sus normas basándose en torcidas decisiones. Ella les sigue, llorando, por la ciudad y moradas de pueblos [vestida de bruma, portando ruina a los hombres] que la proscriben y no la administran en forma recta.

Mas quienes dictan para extranjeros e indígenas sentencias rectas, y en nada se apartan de lo justo, prospérales la ciudad, y sus gentes florecen en ella; por su tierra se extiende la Paz nodriza de mozos, y nunca a ellos asigna la dolorosa guerra el longitonante Zeus. Nunca a varones de recta justicia acompañan Hambre ni Aflicción, sino que en convites consumen la cosecha que con amor lograron. La tierra les procura rica subsistencia, y en los montes, la encina lleva, por la copa, bellotas; por el centro, abejas. Lanosas ovejas se vencen al peso de sus vellones. Engendran las mujeres hijos semejantes a sus progenitores. Se enriquecen con bienes sin tasa; no han de irse en las naves, pues el fruto lo da la fecunda gleba.

Pero aquellos que se ocupan de la Insolencia nefasta y de criminales obras, para esos tales reserva su Justicia el hijo de Crono, longitonante Zeus. A menudo la ciudad entera se ye privada de un vil rufián, aquel que peca y maquina maldades. Sobre ellos, desde el cielo, deja caer gran ruina el Cronión, Hambre y Morbo a la vez; van muriendo las gentes, las mujeres no conciben, se extinguen los hogares, por los designios de Zeus Olímpico. Y según las ocasiones, el Cronida les destruye vasto ejército o una muralla, o se cobra en el mar su vindicta con las naves de aquellos.

¡Reyes! Parad mientes, también vosotros, en esta Justicia. Cerca están, entre los hombres, los Inmortales: se fijan en aquellos que, con torcidas sentencias, entre sí se ultrajan, sin cuidarse del temor a los dioses. Tres veces diez mil, sobre la tierra nutricia son los Inmortales, por encargo de Zeus, custodios de los mortales hombres. Ellos vigilan las sentencias y criminales obras, vestidos de truma, visitando toda la tierra. Existe también una doncella, Justicia, hija de Zeus, gloriosa y augusta para los dioses que el Olimpo habitan. Y siempre que alguien la ofende empleando torcidos agravios, al puntó acude a sentarse a la vera de Zeus, su padre, el Cronión, y denuncia el intento de hombres injustos.

El pueblo termina pagando las locuras de los reyes que, urdiendo aflicciones, por senderos descarriados desvían sus sentencias, alegando tortuosas razones. Precaviendo estas cosas, enderezad vuestros juicios, ¡oh reyes tragones de obsequios!, y olvidaos totalmente de torcidas sentencias. El hombre que prepara males a otro, se los prepara a sí mismo; la intención funesta es, para quien la concibió, funestísima. Pues todo lo ve el ojo de Zeus, y todo lo sabe; también hasta aquí, sin duda, alcanza su mirada, si quiere, y no se le oculta qué clase de justicia es esta que la ciudad en su interior guarda.

Y ahora ¡ que no sea yo justo entre los hombres, ni mi hijo!, puesto que es malo ser varón justo, si el injusto ha de obtener mayor ventaja. Mas, tal final, no espero que lo cumpla Zeus previsor, ¡Perses! Tú pon estas palabras en tus mientes, y a la justicia escucha, mas olvídate por entero de la violencia. Este destino dispuso el Cronión para los hombres; que, peces, bestias y aves aladas se devoren unos a otros, pues no existe la justicia entre ellos. A los hombres, en cambio, les dio la justicia, que es con mucho la más excelente norma. Pues si uno se presta, con conocimiento, a dictaminar lo justo, a este concade ventura el longitonante Zeus. Quien, por el contrario, recurriendo a testimonios, premeditadamente jura en falso y miente, con lo que daña la justicia e incurre en extravío incurable…, de ese tal, quedará disminuida la descendencia de un porvenir; mientras, que la descendencia de un varón fiel al juramento será, en el futuro, superior.

Hesíodo
Los Trabajos y los días (700 a. C.).

 

SÍNTOMA DE LOCURA

SÍNTOMA DE LOCURA

Imagen: Paul Bloomer

En una de las que serían sus últimas noches de libertad, Friedrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20 de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal, que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad.

La Historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

Chantal Maillard
La herida en la lengua” (2015) Ed. Tusquets.

EL DILEMA DE CALASAR

EL DILEMA DE CALASAR

Imagen: Menote Cordeiro

En el reino de Akúside, a orillas del mar Alado, en el norte, gobernaban tres jueces a los que llamaban Tule Tamón, que significa Tres bajo el cielo. Uno gobernaba el pasado, otro el presente y el tercero el futuro.

Un día llegó al palacio un hombre llamado Calasar que les explicó un dilema:

Ayer robé su fortuna a mi hermano, que hoy ha muerto y con cuya viuda me casaré mañana.

Los tres jueces se reunieron para dar un veredicto. El juez del pasado quería encarcelar a Calasar como culpable del robo y que devolviera lo robado a la esposa; el juez del presente pretendía condenar a Calasar a devolver una mitad de lo robado a la viuda y la otra mitad a él mismo, pues como único hermano era heredero de la mitad de dicha deuda. El juez del futuro afirmó que si la viuda pensaba casarse con el reo, implicaba que lo robado debía ser reintegrado en su totalidad a Calasar como cabeza de la nueva familia.

Los tres jueces consultaron al oráculo.

Matad a Calasar –sentenció la concha de tortuga-. Sea cual sea el veredicto la fortuna terminará en sus manos; su muerte es el único remedio para salvar la justicia.

Tule Tamón condenó a muerte a Calasar.

Akúside, de Ángel Vallecillo (2017)

HISTORIA (VII)

HISTORIA (VII)

Imagen: Joanna Sierko Filipowska

 

«Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía.»

HERÓDOTO. Historia, VII, 10.
Publicado por primera vez en HELICON el día 2 de julio de 2006