DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO

Imagen: Lorenzo Mattotti

 

Pero necesitaba aclararle bien que el mundo perdió mucho cuando yo perdí a mi hijo Sebastián el último verano […] Él pensaba que nadie tenía derecho a quejarse o a obstaculizar en forma alguna, aunque supiera que lo horrible era horrible y lo incorrecto era incorrecto, ¡y en verdad Sebastián nunca estaba seguro de que algo fuera incorrecto! ¡Le parecía inapropiado adoptar una actitud acerca de cualquier cosa que se tratara! […] Excepto continuar haciendo lo que algo interior le imponía […] Le arrancaron o cortaron pedazos con sus manos o sus cuchillos o quizás con aquellas latas melladas con que hacían música; le arrancaron pedazos y se los metieron en sus boquitas negras, glotonas, feroces y vacías […] Sé que es una historia tétrica pero es un caso auténtico de nuestra época y del mundo en que vivimos y lo que le sucedió verdaderamente a Sebastián.

Tennessee Williams
Suddenly, Last Summer, (1958)

 

 

Hoy, 20 de junio, a las 23 horas y 44 minutos hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional – Ministerio de Fomento), justo en el momento en el que se publique este artículo, dará comienzo el VERANO 2020. Un verano que no será igual, ni parecido siquiera, a los que hayamos vivido nuca en la historia, a causa de la pandemia mundial por COVID-19 que aún estamos padeciendo. De momento, todas las celebraciones de la Noche de San Juan, tradicional inauguración festiva de la temporada estival, se han suspendido para evitar contagios por aglomeraciones. En España, casi todo el territorio nacional entrará en la Nueva Normalidad el próximo lunes 22 de junio, pero eso no significa que todo vuelva a ser como antes. Tendremos que seguir extremando las precauciones, utilizando mascarilla facial, gel hidroalcohólico y guardando distancias de seguridad en lugares públicos. Esto cambiará por completo el paisaje veraniego en todas partes, en las terrazas de las ciudades, en las playas, en los recorridos de montaña y las fiestas de todos los pueblos de España. Los hoteles, campings, museos, conciertos, cines, y toda clase de espacios con importante confluencia de personas deberán guardar una serie de medidas higiénicas que alteraran el status quo festivo que tradicionalmente se asocia a estas actividades en esta época del año. Pese a todo, este verano atípico trae consigo un anhelo de normalidad que esperemos siga manteniéndose cuando termine.

No obstante, los anuncios apocalípticos que han aparecido últimamente, que incluso llegan a augurar para este año 2020 el inicio de la Tercera Guerra Mundial, o que el fin del mundo que predijeron los mayas no era en el año 2012 sino en este año, no hacen presagiar nada bueno. ¿Será este nuestro último verano? Y entonces me he acordado de Tennessee Williams y su obra inmortal que casi puede leerse en términos apocalípticos, el fin de una era, de una forma de vida, el desencanto de mucha gente con la sociedad en la que ha estado viviendo, un mundo fagocitado, devorado por caníbales… síntomas todos ellos de que algo muy profundo está cambiando, para bien o para mal. 

Si no ocurre nada de todo eso, nos veremos de nuevo en otoño hablando del cambio de estación.
AlmaLeonor_LP

LA LANZA MEDIEVAL

LA LANZA MEDIEVAL

La lanza se sujeta con fuerza bajo la axila derecha para que no se mueva y se agarra por el asta, dejando el brazo izquierdo libre para manejar las riendas y el escudo. El caballo, el jinete y la lanza forman de este modo lo que ha sido llamado un “proyectil humano”. Un cuerpo de caballería así armado puede asestar a un enemigo numeroso un golpe tremendo cuyos efectos dependen del momento de la carga y de la conmoción causada por el impacto… Para que la maniobra resultara eficaz, se necesitaba una lanza pesada; una ligera se quebraría con el impacto. También se comprobó que el jinete que combatía de este modo podría agarrar la lanza un poco más atrás de su centro de equilibrio y aun así sujetarla con firmeza, lo que le permitía utilizar una lanza más larga y con ello obtener una ventaja evidente.

Richard A. Fletcher
(citando un manuscrito de Pedro Ruiz, del siglo XI)

 

 

EL MUNDO DESDE LA VENTANA

EL MUNDO DESDE LA VENTANA

Imagen: Gustave Caillebotte y sus “Hombres en el Balcón”

Imagen: Silvestro Lega

Cuando el virus entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Nos cierran las puertas pero nos escapamos por los balcones convirtiéndonos en voyeurs de un mundo postapocalíptico. Unos aplausos calurosos agradecidos. Unas nubes como balas. Un operario de la limpieza fumigando un contenedor. Tres mujeres escondidas tras las persianas. Un tendedero lleno de bragas blancas. Una anciana leyendo un libro en la ventana. Una piel a la que le cuesta respirar. Una mujer paseando como un zombi por el balcón de su casa. Dos canastas de baloncesto abandonadas. Un hombre acuclillado en el bordillo de la calle con las manos en la cabeza. Una lágrima que asoma por el enrejado de una ventana. Una niña bajando unas escaleras corriendo. Dos hombres hablando de balcón a balcón. El sueño de Peter Pan escondido tras las persianas. La nostalgia de un abrazo. Un saxofonista en el edificio de enfrente ensayando en su habitación. Una mujer cosiendo en el balcón. Un banco vacío bajo la sombra de un árbol. Un rayo rompiendo la noche entre los edificios. Un gato cruzando un paso de cebra. Las cigüeñas sobrevolando la ciudad dormida. Un perro mirando a través de la ventana. El filo de una navaja rasgando ojos temerosos. Una mujer con mascarilla llevando en brazos a su bebé. Un grito mudo tras la persiana. Un hombre bajo un paraguas leyendo El Norte de Castilla. Las frías cadenas de la eterna espera. Como Aute decía, nueve infiernos sin el Dante. Y como decía el sargento Esterhaus en “Canción triste de Hill Street”, tengan cuidado ahí fuera. A dos metros está el peligro. También la vida.

Vicente Álvarez de la Viuda
Publicado en El Norte de Castilla el 21 de mayo de 2020

MALDAD LÍQUIDA

MALDAD LÍQUIDA

Imagen: Dima Rebus

El mal no es algo novedoso; ha estado con nosotros desde tiempos inmemoriales. Pero sí hay algo nuevo en el tipo de maldad que caracteriza nuestro mundo contemporáneo líquido-moderno. El mal se ha vuelto más penetrante, menos visible, se oculta en el tejido mismo de la convivencia humana y en el curso de su rutina y reproducción cotidiana. En su forma presente, el mal es difícil de detectar, desenmascarar y resistir. Nos seduce por su ordinariedad y luego salta sin previo aviso, golpeando aparentemente al azar. El resultado es un mundo social que es comparable a un campo minado: sabemos que está lleno de explosivos y que las explosiones ocurrirán tarde o temprano, pero no tenemos ni idea de cuándo ni dónde ocurrirán.

Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis

MEDIOAMBIENTE GLOBAL

MEDIOAMBIENTE GLOBAL

Imagen: Alanna Sparanese

Si quemas un pedazo de carbón en alguna parte, el dióxido de carbono sube a la atmósfera, y sabes que las moléculas de dióxido de carbono son excepcionalmente estúpidas. No saben nada sobre las fronteras nacionales. No tienen pasaportes. Son totalmente desconocedoras del importante concepto de soberanía nacional. Simplemente cruzan como si tal cosa las fronteras nacionales una tras otra. Hay una lección de esto, y es que el mundo es una unidad, las fronteras nacionales no tienen relación con estos problemas ambientales globales. Ninguna nación puede resolver este problema por sí sola. Tiene que ser que todas las naciones trabajen juntas.

Lo que es más importante: no hay forma de mitigar estos problemas para que introduzcamos la tecnología mitigadora o lo que sea hoy y luego en 2 o 3 o 4 años, o algo comparable al mandato político, el problema se resolverá. En cambio, presenta las circunstancias atenuantes ahora, y décadas después, cuando alguien que ni siquiera conoces ocupe tu cargo político, los beneficios llegarán.

Resolver estos problemas requiere una perspectiva transnacional y transgeneracional. En mi opinión, esa es una perspectiva muy adulta. Desprovincializando, deschauvinizando una conciencia de una especie en un planeta frágil exquisito, y por eso creo que este gravísimo problema ambiental global puede tener un lado positivo. La unión del planeta. El fin de nuestra adolescencia. El acercamiento a la madurez de nuestra especie.

Carl Sagan
Discurso en el 5th Emerging Issues Forum (1990).

20 años de la muerte de Carl Sagan | BBVA

LA CÉLEBRE RANA SALTARINA DEL DISTRITO DE CALAVERAS

LA CÉLEBRE RANA SALTARINA DEL DISTRITO DE CALAVERAS

Imagen del Reader’s Digest

Cumpliendo la petición de un amigo mío que me había escrito desde el Este, visité al bonachón y parlero Simón Wheeler, y le pregunté por el amigo de mi amigo, Leonidas W. Smiley, según se me había pedido, y doy a continuación el resultado de mi visita.

Tengo una vaga sospecha de que Leónidas W. Smiley es un mito; de que mi amigo no conoció jamás a semejante personaje, y que él había conjeturado únicamente que, si yo preguntaba por él al viejo Wheeler, mi pregunta le haría recordar a su infame Jim Smiley, y entonces entraría en acción y me mataría de aburrimiento con alguno de sus irritantes recuerdos de dicho individuo; con algún recuerdo tan largo y tan aburrido como inútil para mí. Si era eso lo que se proponía, lo consiguió.

Encontré a Simón Wheeler cómodamente adormilado junto a la estufa del salón del bar de la destartalada taberna en el ruinoso campo minero del Ángel, y me fijé en que era hombre gordinflón y calvo, y que tenía en su rostro sosegado una expresión de cautivadora gentileza y simplicidad. Se despertó y me dio los buenos días.

Simón Wheeler me hizo sentar en un rincón, me bloqueó allí con su silla, y acto continuo se sentó él, y me largó el monótono relato que sigue. Yo dejé que hablase a su manera, sin interrumpirle ni una sola vez.

–El reverendo Leónidas W., digo, el reverendo Leónidas, recuerdo…; bueno, había antes en este lugar un pícaro llamado Jim Smiley, allá en el invierno del año cuarenta y nueve…, o quizás fue en la primavera del cincuenta… No recuerdo con exactitud, pero lo que me hace pensar que era uno u otro de esos años, es que la gran barrera del río no estaba terminada cuando él llegó al campamento; pero, sea como sea, siempre diré que jamás se ha visto hombre más particular: hacía apuestas sobre cualquier cosa, por cualquier cosa que a uno se le ponía por delante, con tal que hubiese alguien que apostase en contra; y si no había quien apostaba en contra, entonces era él quien apostaba contra el que apostaba a favor. Lo que él quería era que otro apostase, y él se acomodaba siempre a la apuesta… Con tal de apostar, estaba satisfecho. Por otra parte, era un hombre con suerte, con una suerte extraordinaria: casi siempre ganaba. Andaba siempre al acecho de una oportunidad y dispuesto a aprovecharse; no había cosa que saliese a la conversación que no le sirviese a Jim Smiley para hacer una apuesta, dejando al contrario la elección, según ya le he dicho.

Llegaba hasta tal extremo de que si descubría un escarabajo alzando una pata para ir no importa adónde, le apostaba a usted el tiempo que tardaría en llegar… adondequiera que fuese, y si usted le aceptaba la apuesta, era capaz de seguir al escarabajo hasta México, con tal de averiguar adónde se dirigía y el tiempo que invertía en el camino.

Un día atrapó una rana, la llevó a su casa y dijo que iba a educarla. Durante tres meses no hizo nada más que estar en su patio trasero enseñándole a saltar. ¡Y vaya si la enseñó! No tenía más que darle un empujoncito por detrás, ¡y viera usted un instante después a la rana remolineando por los aires como un buñuelo! ¡Viérala usted dar un salto mortal, y hasta dos, si arrancaba bien, y caer al suelo clavada de pies, sin molestia alguna, lo mismo que un gato! Le había enseñado también el arte de atrapar las moscas, y tan pacientemente la había adiestrado sobre el tema, que no se escapaba una de cuantas se ponían al alcance de su vista. Decía Smiley que todo lo que una rana necesite es que la eduquen, y que una rana educada era capaz de cualquier cosa… y yo creo que tenía razón. Yo le he visto poner aquí, en este mismo suelo, a Daniel Webster… (así se llamaba la rana) y cantarle: “Moscas, Daniel, moscas”; antes de que tuviera uno tiempo de parpadear, y ya la rana había pegado un salto, había atrapado una mosca allí, encima del mostrador, saltando otra vez al suelo, quedándose tan fija como un pegote de barro, y poniéndose a rascar un lado de la cabeza con la pata trasera, con la misma indiferencia que si creyese que lo que ella había hecho podía hacerlo cualquier otra rana. Con todas las habilidades que tenía, no habría podido encontrar usted otra rana más modesta. Y cuando se trataba de saltar sobre un terreno liso, avanzaba de un solo salto una distancia que ningún animal de su especie era capaz de salvar. Porque el salto en largo era su especialidad. En esos casos, Smiley apostaba todo por su rana mientras le quedaba un dólar disponible. Smiley estaba monstruosamente orgulloso de su rana, y bien podía estarlo, porque gente que había viajado y estado en todas partes aseguraba sin excepción que aventajaba a cuantas ranas ellos habían visto.

Pues bien: Smiley guardaba su rana en una pequeña jaula, y a veces la llevaba con él al campamento, para hacer apuestas. Cierto día, un individuo, extraño en nuestro campamento, lo encontró con su jaulita y le dijo: “¿Qué diablos es lo que puede usted llevar en esa jaula?”. Y Smiley contestó, haciéndose el indiferente: “Pudiera ser un loro, pudiera ser un canario; pero no es un loro ni un canario…, porque es una rana”.

El otro la tomó, la miró atentamente, la volvió a mirar en todos los sentidos, y luego dijo: “Pues sí, es una rana… ¿Y para qué sirve esto?” “Verá usted –dijo Smiley con soltura y despreocupación–, sirve, por lo menos, para una cosa, creo yo… salta más que ninguna otra rana del distrito de Calaveras”. El individuo volvió a tomar la jaula, y la examinó de nuevo con gran atención y durante largo rato, y luego se la devolvió a Smiley, diciéndole muy pausadamente: “Pues yo no le veo a esta rana nada de particular que no tenga cualquier otra rana.” “Quizás usted no lo vea –dijo Smiley–. Es posible que usted entienda de ranas y es posible que no entienda; a lo mejor tiene usted experiencia en ranas y a lo mejor no es usted sino lo que diríamos un aficionado. En cualquier caso, yo tengo mi opinión, y apostaré cuarenta dólares a que le gana a saltar a cualquier otra rana del distrito de Calaveras”.

El otro pensó un minuto, y luego dijo, con cierta pena: “Mire, en este lugar no soy más que un forastero, no tengo rana. Si tuviera una, apostaría”.

Entonces Smiley le dice: “Perfectamente, perfectamente; si quiere cuidar mi jaula por un instante, yo le buscaré una”.

El individuo tomó la jaulita, puso sus cuarenta dólares junto a los de Smiley y se sentó a esperar que este regresara.

Allí estuvo un buen tiempo, pensando y pensando para sus adentros, hasta que sacó la rana de la jaula, le abrió la boca de par en par, sacó una cuchara de té y atiborró a la rana de perdigones de codorniz…; la atiborró hasta que se le salían casi por la boca…; y la puso en el suelo. Durante ese tiempo, Smiley, que había ido a la charca, chapoteaba en el barro. Al fin, atrapó una rana, la llevó y se la dio al individuo, diciendo: “Ahora, si ya está listo, póngala al lado de Daniel, con las patas de adelante al nivel de las de Daniel, y yo daré la señal”. Entonces dice: “Uno, dos, tres, ¡ya!”. Y él y el forastero dan un golpecito por detrás a sus respectivas ranas. La nueva rana salta con gran agilidad, pero Daniel hace un esfuerzo y da un empujoncito hacia arriba, se encoge de hombros…, así… como un francés…, pero en vano. No pudo moverse; estaba tan bien asentada como una iglesia, y tan imposibilitada de moverse como si estuviera atornillada. Smiley estaba terriblemente sorprendido, y también enojado, pero, por supuesto, no podía sospechar lo que pasaba.

El individuo tomó el dinero y se fue. Pero cuando llegó al umbral de la puerta, hizo chasquear su pulgar, por encima del hombro, de esta manera, con aspecto insolente, y dijo con soberbia: “Pues, la verdad, no le veo a esta rana nada de particular que no tenga cualquier otra rana”.

Smiley quedó un buen rato, rascándose la cabeza, con los ojos clavados en Daniel. Al fin, se dijo: “¿Por qué diablos hizo esta rana como que quería escupir?… ¿No le pasará algo?… Desde luego, parece como inflamada”.

Entonces tomó a Daniel por la piel del cuello, la levantó, y exclamó: “¡Por vida de mis gatos, si no pesa lo menos cinco libras!”. La puso boca abajo, y la rana vomitó dos puñados de perdigones. Entonces, Smiley comprendió todo. Se volvió loco de rabia, y dejando a la rana, corrió tras el individuo, pero no pudo alcanzarlo. Y…

Al llegar a este punto, Simón Wheeler oyó que le llamaban desde el patio y salió para ver quién era. Al salir, se volvió hacia mí y me dijo: “Quédese donde está, forastero, y descanse a su gusto, que no tardo ni un segundo”.

Pero con permiso de ustedes, no creí que la historia del emprendedor vagabundo Jim Smiley pudiera proporcionarme muchos datos referentes al reverendo Leónidas W. Smiley, y me marché.

Me tropecé en la puerta con el acogedor Wheeler, que ya volvía, y que tomándome por un botón del saco, volvió a empezar: –Pues, como digo, este mismo Smiley tenía una vaca amarilla, que era tuerta, y que no tenía cola, o casi no la tenía, nada más que un pequeño rabo del largo de una banana, y…”.

Pero yo no tenía ni tiempo ni ganas para oírle contar lo de la desdichada vaca, y me despedí y me fui.

Mark Twain

Narrativa Breve (Francisco Rodríguez Criado)

EL ALBA

EL ALBA

Imagen: Pavel Antipov

El alba da la certeza del tiempo y de la luz, y la incerteza de lo que luz y tiempo van a traer. Es la representación más adecuada que al hombre se le da de su propia vida, de su ser en la vida, pues que el ser del hombre también siempre alborea. Ante el alba, el hombre se encuentra consigo y ante sí, en ese su ir a desbordarse e ir a ocultarse, en esa su indecisa libertad semisoñada. Y ante el alba, la suya, la del día, se despierta yendo a su encuentro. Es su primaria, su primera y trascendental acción […] Y ojalá que a esta misma hora, que bien pudiera ser la del alba, alguien pueda seguir hablando -aquí y allí o en otra parte cualquiera- acerca del nacimiento de la idea de libertad.

Maria Zambrano (1904-1991)
Discurso de aceptación del Premio Cervantes el 23 de abril de 1998.

CERVEZAS Y VACUNAS

CERVEZAS Y VACUNAS

Imagen: Dima Rebus

Se había desatado otra epidemia de sarampión en los campos de SWAPO (South West Africa People’s Organisation, Organización del Pueblo de África del Sudoeste). Era incomprensible. La segunda vez que teníamos problemas de salud graves en pocos meses después de haber vacunado a todo el mundo. Ya había varias docenas de niños muertos. Certificamos que habían sido vacunados en el registro de cada campamento. Mandé, por avión, muestras de las vacunas recibidas. De las que estaban en Luanda y de las que trajimos de regreso de los campamentos. Se tomaron entretanto medidas para frenar la epidemia en lo posible. Días después, nos enviaron los resultados: las que estaban en Luanda, estaban bien, pero las de los campamentos eran inservibles.

Tenía que ser la cadena de frío. Las vacunas en general, pero las de sarampión en particular, son muy sensibles a los cambios de temperatura y pierden su eficacia si bajan o suben más allá de un limitado margen. Y ése es el problema habitual en casi todas las emergencias. Pero ésta no era una emergencia. La cadena de frio para mantener las vacunas estaba instalada y era revisada regularmente por un equipo médico que trabajaba con nosotros. La última revisión se había hecho hacía unas semanas. Tenía sólo cuatro escalones: el almacén central, uno regional en la zona de la SWAPO, uno por campo de refugiados (había seis) y uno por sección en cada campo. Los frigoríficos eran de gas, por no haber electricidad, pero eficaces.

Decidimos hacer una investigación por sorpresa, sin anunciarnos y ver qué pasaba. La cosa fue bien hasta el tercer escalón. Empezamos por uno de los campamentos. Llegamos y, sin dar tiempo a nadie, fuimos al puesto de salud y entramos, ante la sorpresa de los funcionarios de salud de SWAPO, en el almacén. Abrimos el frigorífico. Estaba lleno de cervezas. Las vacunas, en un armario. No les dio tiempo a hacer el cambio. Casi los abofeteo. Los insulté hasta quedarme ronco. Hasta cansarme. Llegó un responsable superior y se agarró un cabreo mayor al mío. Casi noventa muertos ya, sólo en ese campamento. Eran unos criminales.

Agarré al responsable superior y lo llevé conmigo al segundo campamento. Lo mismo, sólo que allí había también algo de carne de venado. No seguimos.

Tardé varios días en encontrar una solución y la que escogí parecía un tanto absurda. Pero me pareció la más realista. Además de las medidas drásticas que imagino tomó la SWAPO (probablemente, fusilar a alguno de los responsables) decidí comprar más frigoríficos y poner dos en cada eslabón de la cadena: uno para cervezas, el otro para vacunas.

Y funcionó. Os aseguro que funcionó.

Jose Mª Mendiluce
Con rabia y esperanzas” (1997)

RESURRECCIÓN

RESURRECCIÓN

Imagen: Otto Dix

No puede actuarse en la historia lo que es antihistórico, lo que es la negación de la historia. 0 la resurrección de la carne o la inmortalidad del alma, o el verbo o la letra, o el Evangelio o la Biblia. La historia es enterrar muertos para vivir de ellos. Son los muertos los que nos rigen en la historia, y el Dios del Cristo no es Dios de muertos, sino de vivos. El puro cristianismo, el cristianismo evangélico, quiere buscar la vida eterna fuera de la historia, y se encuentra con el silencio del universo, que aterraba a Pascal, cuya vida fue agonía cristiana. Y en tanto la historia es el pensamiento de Dios en la tierra de los hombres.

MIGUEL DE UNAMUNO
“La Agonía del Cristianismo” (1938)

LA DICHA DE VIVIR

LA DICHA DE VIVIR

Imagen: Gwen Murphy

Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús, conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro.

Yo soy el resucitado de Naim -dijo el hombre- antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan solo. Ahora nada de eso puedo, mi vida es un páramo ¿a que debo atribuirlo?

Es que cuando el Maestro resucita a alguno, asume todos sus pecados -respondió el Apóstol- es como si aquel volviera a nacer en la pureza del párvulo...

Así lo creía y por eso vengo.

¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?

Que me devuelva mis pecados -suspiró el hombre.

Leopoldo Lugones.