FABULA DEL ORO Y LAS RATAS

FABULA DEL ORO Y LAS RATAS

25 DE ENERO 2020: AÑO DE LA RATA

Hace muchos años vivía en la India un rico comerciante de telas.  Vendía unos tejidos tan suaves y primorosos que eran reclamados por las damas más importantes del país y, por tanto, se veía obligado a viajar a menudo.

Su hogar era grande y seguro, pero el hombre estaba un poco preocupado. Se rumoreaba que últimamente había ladrones merodeando por el vecindario y se sentía intranquilo ¿Y si entraban a robarle durante su ausencia? Antes de partir, se acercó a casa de su mejor amigo para pedirle un gran favor.

– Amigo, como sabes, tengo que irme y temo que los ladrones asalten mi casa y roben mi caja de monedas de oro ¡Son todos los ahorros que tengo! Vengo a pedirte que la guardes tú porque eres la persona en quien más confío.

– ¡Por supuesto! Vete tranquilo que yo la mantendré a buen recaudo hasta que vuelvas.

El comerciante se fue de viaje hizo sus negocios y una semana después regresó al pueblo. Lo primero que hizo fue pasarse por casa de su amigo.

– ¡Hola! Acabo de llegar y vengo a recoger la caja de monedas.

– ¡Bienvenido! Me alegro de verte pero… me temo que tengo malas noticias para ti – dijo con tono

– ¿Cómo? ¿Qué pasa? ¿Algo no ha ido bien?…

– Pues la verdad es que no… Guardé las monedas que me diste dentro de un cofre cerrado con llave, pero vinieron las ratas, lo agujerearon… ¡y se comieron el oro!

Evidentemente, el comerciante no creyó semejante estupidez y supo que le estaba engañando para quedarse con su dinero. Puso cara de pena y fingió que se había tragado el cuento.

– Oh, no… ¡Qué horror! – dijo llorando y tapándose la cara – ¡Esto es mi ruina! Toda una vida trabajando para nada… Pero no te preocupes, sé que la culpa no es tuya sino de esas malditas ratas.

El amigo escuchaba sus lamentos en silencio y con cara de circunstancias. El comerciante continuó hablando.

– En fin… ¡Ya veré cómo consigo salir de esta desgracia!… A pesar de todo, quiero agradecerte el favor que me has hecho y mañana voy a preparar un rico asado. Me gustaría invitarte a comer ¿Te parece bien a la una?

El amigo aceptó  encantado y, con una sonrisilla maliciosa, se despidió pensando que ahora el rico era él ¡La jugada había sido perfecta!

Pero el comerciante, que de tonto no tenía un pelo,  no tomó el camino a su casa sino que a escondidas, entró en el  establo del estafador y se llevó su caballo. Al llegar a su casa, lo ocultó, dispuesto a darle una buena lección.

 Al día siguiente, tal y como esperaba, llamaron a la puerta. Era su amigo.

– Bienvenido a mi casa ¡La comida ya está lista! Pero… ¿Qué te sucede? Pareces muy disgustado…

– Sí, así es. Anoche alguien entró en el establo y robó mi caballo. Era un corcel de pura raza, el mejor que había en toda la comarca ¡Su valor es incalculable!

– A lo mejor – respondió el comerciante pensativo – se lo ha llevado la lechuza.

– ¿La lechuza?…

– ¡Sí, la lechuza! – repitió tratando de resultar creíble –Anoche me asomé a la ventana y con mis propios ojos, vi una lechuza que volaba cerca de las nubes, transportando un caballo entre sus patas.

– ¡Bobadas! ¿Cómo una pequeña lechuza va a sujetar un enorme caballo? ¡Eso es imposible!

– No… ¡Sí que es posible! Si las ratas comen oro ¿Por qué te resulta extraño que las lechuzas puedan sujetar caballos en el aire?

El amigo captó la indirecta. Se dio cuenta de que el comerciante había pillado la mentira de las ratas y pretendía  avergonzarle. Colorado como un tomate,  lo confesó todo y prometió devolverle las monedas. El comerciante, que era un hombre bueno y noble, le perdonó y le sirvió un plato de jugosa carne y un vaso de vino. Después, fue al establo a por el caballo de su amigo y cada uno se quedó con lo que era suyo.

Moralejasi tratas de engañar a alguien, es posible que al final te engañen a ti. Nunca hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan.

Adaptación de CRISTINA RODRÍGUEZ LOMBA

Hoy, 25 de enero, da comienzo el Año Nuevo Chino, el año de la Rata. Para los que tengan este signo en su zodiaco, 2020 será el año de los negocios, un «muy buen año laboral y económico». ¡Que así sea para todos! 

 

LA MENTIRA POLÍTICA

LA MENTIRA POLÍTICA

Imagen: Jean Pierre Ruel

La mentira política, hoy, y ello es una novedad, tiende a engañar ante todo a la opinión pública. La mentira política a la antigua tendía a engañar a los demás gobiernos. En nuestros días, esa mentira directa entre poderosos ya no puede existir. Abundantemente abastecido en informaciones públicas o secretas, cada dirigente sabe a qué atenerse sobre los medios del otro, sus recursos, su poderío militar, la solidez interna de su poder. Ambos pueden continuar, ciertamente, engañándose recíprocamente sobre sus intenciones, pero ya es rarísimo que logren mentirse con éxito sobre los hechos. Por lo menos no lo logran más que mediante un rodeo, un conjunto de procedimientos indirectos, a los cuales nuestra época ha dado el nombre de desinformación y que tienen todos como objetivo común emponzoñar las fuentes de información del otro, creándole la ilusión de que él ha descubierto solo, gracias a su habilidad y a la excelencia de sus servicios, lo que se ha fabricado a ese propósito y se ha empujado subrepticiamente hacia él para hacérselo tragar. Por lo demás, la desinformación influencia en una buena medida a los gobiernos a través de sus opiniones públicas, que ella toma a menudo como primer objetivo. Actúa sobre los periódicos, los medios de comunicación, los expertos, los institutos de investigación, las Iglesias, que condicionan a la opinión mientras acosan a los dirigentes con sus amonestaciones y sus consejos.

Es, pues, en primer lugar contra la opinión pública, o, dicho de otro modo, contra la humanidad en su conjunto, y no solo contra los gobiernos, como actúa la mentira o la privación de la verdad, que es su forma elemental. ¿Por qué? “La primera de todas las fuerzas es la opinión pública”, dijo Simón Bolívar. Ésa es la razón por la cual los que temen que la opinión pública esté demasiado bien informada están interesados en actuar de manera que la primera de todas fuerzas que pesen sobre ella sea la mentira.

Como la humanidad se encuentra comprometida en una civilización dominada por la información, una civilización que no sería viable si fuera regida de manera predominante sobre la base de una información constantemente falseada, creo indispensable, si es que queremos perseverar en la vía en que nos hallamos, la universalización de la democracia y, por añadidura, su perfeccionamiento. Pero creo más probable, en el presente estado de las costumbres, de las fuerzas y del modo en que queremos vivir, el triunfo de la mentira y de su corolario político.

Jean-François Revel
El conocimiento inútil” (1989)

DIOSES ÚTILES

DIOSES ÚTILES

Imagen: Edward Burra (1905-1976)

Las diversas religiones que existían en Roma eran todas consideradas por el pueblo como igualmente verdaderas, por el filósofo como igualmente falsas y por el político como igualmente útiles.

Edward Gibbon,
Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” (1776)
Cita de cabecera del libro “Dioses útiles. Naciones y Nacionalismos” (2016) de José Álvarez Junco.

BLUE MONDAY 2020

BLUE MONDAY 2020

Imagen: Richard Burlet

Me visto de azul por un día para contar al mundo que el BLUE MONDAY del 2020, no me pone triste. Ni una pizquita. Nada… Esperen que lo repaso de nuevo… No. Nada. No estoy triste, ni siquiera un poquito más triste que ayer ni un poquito menos que mañana. Índice cero. Bluegrama Plano. Niet.

Y es que desde el año 2005, se viene conmemorando este día como el más triste del año, un día elegido no al azar, dicen, sino merced a un complejo cálculo matemático elaborado por el profesor de la escuela de psicólogos de la universidad de Cardiff, Cliff Arnall. Según este señor, el tercer lunes de enero, en este año 2020 hoy, 20 de enero (un poco empacho de veintes si tengo), es el día más triste del año, el día en el que acumulamos más tristeza de todo el año. 

Se justifica por razones ya un poco manidas… a saber: el fin del periodo navideño y la llegada del extracto bancario en números rojos debido a los gastos en estas fechas y que aún no ha llegado la nómina de enero… el frío, que hoy si que se justifica un poco porque en España nos está afectando una borrasca de nombre Gloria, que ha empeorado el clima en muchos sitios, sobre todo el Levante… y la constatación palpable de que a estas alturas no hemos empezado siquiera a cumplir los propósitos de Año Nuevo… ¡Cómo si eso nos pillara por sorpresa! Ya sabíamos a la tercera uva que esos propósitos serían pospuestos de nuevo.

En fin. Que como el Día de la Madre, el Día del Padre, el Día de los Enamorados, el Black Friday etc. este día Blue Monday parece hecho y derecho para el consumo. Si estamos tristes ¡que mejor que un regalito para paliarlo! Una amiga mía me decía que cada vez que se encontraba con un revés en su vida se compraba lencería bonita (y cara). Su cuenta corriente se resentía, pero su armario lucía precioso con esos conjuntos guardados sin estrenar. Porque esa es otra, no los estrenaba. En lugar de arrugarse por un lunes cualquiera del año, propongo “estrenar” esas preciosidades que todos tenemos en nuestros armarios. Saquemos los conjuntos preciosos de lencería, o ese libro sin abrir, o esa botella de licorcito tan rico que nos negamos a terminar por si acaso, o ese perfume que solo usamos en ocasiones (si es Chanel nº 5, solo para dormir), o ese día tan fantástico que nos espera más allá de la puerta de casa, sea caliente o frío, que para el frío seguro que Papa Noel o los Reyes Magos, nos habrán traído un conjunto precioso para lucir.

Olviden el Blue Monday y den la bienvenida a la Joven de la Perla Blue. Yo, desde luego, pienso rescatarla cada vez que me de un arrechucho de tristeza para recordar este post.

AlmaLeonor_LP

 

 

AQUEL SANTO DÍA EN MADRID

AQUEL SANTO DÍA EN MADRID

Imagen: David Diehl

Cuando supe que mi astronave bordearía el planeta Tierra en su viaje de retorno al nuestro, le sugerí al jefe de la expedición la conveniencia de aprovechar la oportunidad para que yo pusiese al día nuestros conocimientos acerca del sentimiento religioso en las zonas terrícolas más adelantadas. La última investigación disponible databa de años atrás, a raíz del concilio ecuménico que se esforzó por modernizar la Iglesia católica y, a la vista de posteriores noticias, la situación había variado bastante por ciertas reformas vaticanas susceptibles de afectar a nuestras intenciones expansivas en la Tierra. Tratándose de catolicismo, y dada la excesiva densidad de la contaminada atmósfera terrestre, que nos impide permanecer en ella más de un día sin equipo adecuado, lo más razonable para mi proyecto era detener la nave en la frontera gravitatoria sobre la vertical de España. Elegir este país resultaba obvio por dos motivos. Primero, porque es bien conocido como máxima encarnación nacional del catolicismo más acendrado y ortodoxo; hasta el punto de que cuando el mencionado concilio recomendaba acabar con intolerancias seculares, el Gobierno español de entonces seguía prohibiendo la libertad religiosa alegando que todos los españoles son católicos de nacimiento y no necesitan otra fe. Segundo, porque posteriormente se ha iniciado en el país una transición política cuyas repercusiones sobre la religiosidad importa conocer como dato para nuestra estrategia futura, pues, no es lo mismo presentarse en la Tierra como colaboradores científicos que montar una aparición mesiánica capaz de asegurar el control ideológico sobre mentes propicias.

Lo que convenció a mi jefe fue que para mis observaciones bastarían pocas horas, pues nuestro acercamiento al planeta coincidía con el día santo de la semana, allí llamado domingo, y el mero comportamiento de las masas populares acudiendo la los templos y practicando el culto permitiría por sí solo actualizar el índice de religiosidad. Así es como aquel domingo terrestre emprendí mi regreso a la Tierra, esquivando los toscos satélites artificiales que los atrasados terrícolas desparraman por su espacio como las latas y botellas vacías de sus playas. ¡Bien ajeno estaba yo en aquellos momentos a la sorpresa del cambio cuyas primicias informativas tengo el honor de someter a nuestras autoridades mediante la presente Memoria?

La verdad es que mi primera impresión, sobrevolando ya la capital, fue más bien confirmar lo que sabíamos, es decir, la intensa religiosidad colectiva, pues mis sensores psicosociales captaban fuertes ondas convergentes orientadas hacia un punto concreto de la ciudad. Hacia esa orientación atendían las mentes ciudadanas en su mayoría, bien meditando sobre el culto, bien preparándose con la lectura de Prensa especializada o cambiando impresiones sobre los actos del santo día. Ya veía yo a los más impacientes empezando a provocar embotellamientos en las calles conducentes al foco de convergencia, sin duda el templo principal. Desde los barrios más lejanos acudían arroyuelos humanos a sumarse en las bocas del metro o llenando autobuses y coches particulares. La creciente ionización psicológica del ambiente daba a entender que se acercaba la hora y para mí no podía existir duda de que aquellas masas, olvidando toda otra preocupación en su día sagrado, no podían concentrarse más que para una sola cosa: la celebración del culto nacional.

Mezclado con la multitud llegué al templo y me quedé estupefacto ante una arquitectura muy diferente de la conocida. Pero aún fue mayor la sorpresa en el interior, donde nada recordaba la liturgia de siempre: ni naves, ni retablos ni altares, sino un inmenso graderío al aire libre, rodeando un gran espacio rectangular cubierto de césped. En suma, algo más parecido a un circo romano que a una iglesia tradicional.

En vano procuré distinguir los consabidos símbolos del cristianismo, pues, aparte una abundante publicidad comercial (tan incompatible con la evangélica expulsión de los mercaderes del templo), los únicos objetos al parecer rituales eran tres maderos ensamblados entre sí y situados en cada uno de los lados menores del rectángulo. Dos postes verticales, algo más altos que un hombre, y un travesaño más largo colocado horizontalmente sobre ellos. Curiosamente, una red sujeta a los maderos parecía cerrar por detrás aquella especie de puertas.

Yo no sabía qué pensar. Por una parte, no podía dudar de que me encontraba ante una ceremonia religiosa, pues no podía tener otro objeto semejante reunión del pueblo en el día santo de una ciudad tan fervorosamente católica. Pero, por otra, ¿era posible tan radical transformación del culto en los pocos años de la transición … ? En esas dudas estaba cuando el clamor de los fieles que abarrotaban el graderío atrajeron mi atención hacia el comienzo del culto.

Unos personajes, sin duda los sacerdotes, emergieron del seno de la tierra por una salida en rampa y avanzaron, en hilera, a grandes saltos elásticos, hasta el centro del campo. Me sorprendió ante todo su juventud, pues yo esperaba, lógicamente, fa aparición de alguna venerable barba. En cuanto a sus ropajes ceremoniales, no eran menos insólitos que lo demás: vestían todos pantalón corto y calzaban fuertes botas. Las túnicas o camisetas diferían en el color: conté hasta 11 oficiantes cubiertos de blanco -símbolo seguramente de pureza, o al menos así era antes en la Tierra-, mientras otros 11 la llevaban de rojo oscuro, sin duda con un significado maligno, a juzgar por los gritos hostiles de la mayoría de los fieles, muy en contraste con la aclamación tributada al aparecer los 11 blancos. Tras esos 22 celebrantes emergieron otros tres, vestidos con chaquetas negras y provistos, dos de ellos, de sendas banderolas. El tercero portaba reverentemente lo que después se me reveló como el objeto fundamental del culto; a saber, una esfera al parecer de cuero y de algo más de un palmo de diámetro.

Los altavoces emitieron sonidos musicales, seguramente himnos religiosos. Se hicieron fotografías de los grupos formados por los 11 sacerdotes de cada color, que al punto se dispersaron por el campo, y se cruzaron secretas palabras litúrgicas entre un celebrante de cada bando, en presencia del portador de la esfera. Este último la depositó cuidadosamente en el suelo, ocupando el centro matemático del espacio sagrado, y extrajo de su bolsillo un argénteo silbato cuya aguda nota, rompiendo el religioso silencio de la muchedumbre, dio la señal para el comienzo del rito.

No voy a describirlo en sus detalles porque es mucho más importante el significado, que no me fue difícil interpretar, a pesar de no comprender algunos gritos de los fieles ni ciertas fases de la ceremonia, prolongada durante dos lapsos de tres cuartos de hora terrestre cada uno, con un intervalo, sin duda prescrito para la meditación, pero que más bien aprovechó la gente para relajarse bulliciosamente. En todo caso, lo esencial de la ceremonia es la constante pugna entre los dos bandos sacerdotales -los puros y los oscuros- para llevar la esfera -de cuero hacia el pórtico del bando opuesto, y lo curioso es que ese objetivo ha de lograrse únicamente mediante hábiles golpes de los pies. En todo ello participan desde el graderío los fieles tremolando banderas con los dos colores enfrentados, gritando jubilosamente el nombre de la capital española, profiriendo imprecaciones imposibles de hallar en los diccionarios e incluso -llevados de su ciego arrebato- lanzando imprudentes ofrendas de latas o botellas y otros objetos arrojadizos. Ciertamente, los españoles podrán haber cambiado de religión, pero no del apasionamiento con que la profesan.

La significación del rito descrito es transparente para cualquiera que haya estudiado algo las distintas religiones terrestres. Obviamente, la esfera sagrada encama la bola del mundo, y el esfuerzo de los oficiantes, impulsándola en opuestas direcciones dentro del rectángulo cósmico, escenifica simbólicamente la lucha entre la fuerza del Bien y del Mal, correspondientes a los dos colores de las vestiduras. La reiterada invocación a Madrid por los espectadores, animando a los sacerdotes blancos, puede ser supervivencia de un antiguo culto local, así como las redes que retienen la esfera cuando falla el guardián de la puerta son quizá reminiscencia del oficio del pescador ejercido por el apóstol Pedro en el relato evangélico. Pero esos restos del pasado no deben inducirnos a error. La religión hispánica actual supone una revolucionaria transformación del catolicismo hasta casi hacerlo irreconocible, pues adopta una orientación geocéntrica, más interesada en glorificar las secretas fuerzas de la naturaleza que en cultivar la vida del espíritu o las virtudes ascéticas: nada más lejos del espíritu y la ascesis que la jaranera catarsis de los fieles durante la ceremonia.

Ese culto telúrico explica muchos aspectos del rito. Por eso los sacerdotes emergen desde una cavidad subterránea; por eso ofician con el pie, que es la parte del cuerpo en contacto permanente con la tierra. En cambio tocar la esfera con la mano constituye un pecado castigado en el acto, previo un toque del silbato ritual; instrumento, por cierto, con muchos precedentes míticos, desde la siringa del dios Pan y el ney de los derviches danzantes hasta el flautista de Hammelin.

Ese fuerte componente naturalista de la nueva religión no ha de desdeñarse como un atrasado primitivismo, sino que, por el contrario, revela una aguda comprensión del alma humana, basada seguramente en los progresos terrestres del psicoanálisis. Así se explica el rasgo más desconcertante del culto, pues a primera vista parecería aberrante el empeño de los sacerdotes del Bien en llevar la esfera simbólica hacia las redes del Mal. Ciertamente, una religión más antigua e ingenua prescribiría llevar el mundo hacia la propia puerta del Bien, pero tras 2.000 años de experiencia los hombres saben que -salvo casos aislados de santidad- esa buena intención directa no conduce a los deseados fines de amar a los enemigos o desdeñar las riquezas temporales. En cambio, los psicólogos modernos conocen bien la mayor eficacia de las vías indirectas y se aproximan al taoísmo, que, para lograr un fin dado, recomienda perseguir el opuesto. Resultado avalado por la experiencia, como en el caso de los jóvenes rebeldes que acaban integrándose mayoritariamente en su odiada sociedad como ciudadanos bienpensantes, o en el de quienes empiezan siendo revolucionarios para mejor conseguir una cartera ministerial. Así ocurre en la nueva religión hispánica, cuyo camino hacia el Bien pasa por la puerta del Mal, ateniéndose sin duda a la famosa creencia de sus economistas, que esperan alcanzar el bienestar colectivo si cada individuo se comporta con el más agresivo egoísmo. Por eso, los sacerdotes blancos impulsan el mundo hacia la puerta oscura, sabiendo de sobra que, apenas caiga en aquella red, el maestro de ceremonias hará sonar su silbato sagrado y la esfera volverá a su centro, donde se sitúa el perfecto equilibrio humano, entre la luz y la tiniebla.

Queda por explicar el importante problema de cómo ha sido posible tan extremado cambio de la fe religiosa durante una transición de solamente pocos años. La cuestión exige estudios cuidadosos, por la luz que puede arrojar sobre los procesos evolutivos de la sociedad, pero entre tanto el hecho queda en pie, aunque subsistan manifestaciones residuales del pasado en forma de alguna asistencia minoritaria -sobre todo de ancianos- a los antiguos templos, como yo mismo pude observar, y aunque en el país se siga reiterando oficialmente la vigencia del culto tradicional: como es sabido, siempre existe un desfase entre la verdad oficial de cualquier parte y la realidad del momento.

En definitiva, el culto hispánico anterior ha cedido el paso a esta nueva fe naturalista, en la que verdaderamente se vuelca el actual sentimiento religioso de los españoles, hasta el extremo de que, según conversaciones captadas a mi alrededor en el campo, no sólo el domingo es sagrado a la ceremonia, sino que entre semana muchos fieles se dedican piadosamente a llenar de cruces unos impresos especiales, ignoro si como nueva forma de oración o como público examen de conciencia y confesión de pecados cometidos.

En conclusión, y para el caso de decidirse a actuar en la Tierra, mi descubrimiento permite afirmar que el enfoque mesiánicos sería ineficaz, al no despertar apenas interés en un pueblo evidentemente desentendido de la vida del espíritu. Sólo cabría intentarlo -y aun así desconfío de los resultados- renunciando a individualizar el enfoque y ofreciendo en cambio un mesías colegiado, es decir, un equipo de 11 especialistas del puntapié, capaces de asegurar el triunfo en los cultos internacionales.

La táctica acertada sólo puede ser la de presentar nuestro futuro control en forma de una colaboración científica, encaminada a potenciar al máximo los recursos naturales y las fuerzas del planeta. Llevado hábilmente, ese fecundo, planteamiento podría incluso resultar aceptable para la iglesia tradicional, dado que en sus más recientes deliberaciones parece primar también el interés de sus jerarquías por problemas materiales -biológicos, económicos y sociales-, considerados antaño menos importantes que las cuestiones dogmáticas.

Pero cualquier decisión excede del propósito de esta Memoria, limitada a informar verazmente acerca de las actuales creencias en uno de los países terrícolas adelantados, y con ese descubrimiento queda de sobra justificado mi breve descenso de aquel santo día en Madrid.

Jose Luis Sampedro
Artículo de El País del 17 de abril de 1987

ANTÓN PIRULERO

ANTÓN PIRULERO

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Cuando yo era niña aprendí de mi madre una cancioncilla que después yo le cantaba a mi hijo cuando era pequeñito. Es una cancioncilla que conocemos (casi) todos y que viene a decir así:

Antón, Antón, Antón Pirulero
Cada cual, cada cual, que atienda a su juego
Y el que no lo atienda, pagará una prenda…

Se juega en un corro de gente en el que cada uno hace un gesto, puede ser de oficios o de lo que quiera, el caso es que haga un movimiento. El niño que hace de Antón Pirulero no hace ninguno, sino que es el que canta la canción y escoge hacer uno de los gestos del corro. En ese momento el imitado debe dejar de hacer el gesto o será sancionado. Y Antón Pirulero sigue cantando hasta que vuelve a cambiar de gesto y el nuevo sugerido debe dejar de hacer el suyo mientras que el anterior debe reiniciar su movimiento. El que falla en esta rueda, paga prenda y se convierte en el nuevo Antón Pirulero. También se jugaba cantando al tiempo que dos niños hacíamos palmas con diversos artificios, cada vez más deprisa hasta que uno perdía el ritmo. Nosotros en casa jugábamos con cartas. Cada uno tenía una carta y el Antón Pirulero iba soltando las del taco (podíamos incluso utilizar dos tacos de cartas). Cuando salía una carta de número igual a la de un jugador, este debe darle la vuelta y esperar a que salga la de otro jugador, entonces debe volver a colocarla de cara y el nuevo jugador volverla. Y así hasta que hay un fallo y se vuelve a repartir. La gracia estaba en soltar las cartas muy deprisa para despistar y provocar el fallo. Jugábamos en Navidad, sobre todo, y las prendas eran los dulces que cada uno tenía.

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Cuando nos juntábamos muchos primos jugábamos a cantar alrededor de un número menor de sillas y al finalizar la canción (se podía ralentizar o acelerar el canto) el que se quedaba sin silla era el nuevo Antón Pirulero, y así hasta que no quedaba más que uno y se quedaba con los dulces que cada uno había puesto como “prenda”. Si buscan por Internet verán innumerables variables al juego. Por ejemplo, aquí  juegan a imitar instrumentos musicales. Pero encuentren el juego que encuentren, siempre lo verán como Antón PIRULERO.

El indiano visto por José Gutiérrez-Solana
“La vuelta del Indiano” (1924) de  José Gutiérrez-Solana (1886-1945).

El otro día me ocurrió una cosa curiosa. Un conocido historiador, Esteban Mira Caballos, publicó en su muro de Facebook que estaba leyendo el testamento de un “perulero” del siglo XVII, extremeño para más señas. Le pregunté a qué se refería con “perulero” y me contestó que era un retornado del Perú, generalmente un retornado rico (a veces se le menciona como simplemente indiano o también chapetón). Yo confesé que no conocía esa palabra o, al menos, que no recordaba haberla escuchado en mis años de estudio de Historia. No es extraño, pues yo dediqué más atención, esfuerzo y tiempo a otras épocas históricas, primeramente Prehistoria e Historia Antigua (me siguen fascinando esas dos épocas) y más tarde Historia Contemporánea (siglo XIX), que es sobre la que hice mi trabajo de Fin de Máster. Pero a la Época Moderna no le presté más atención de la debida como estudiante, de ahí mi falta de conocimiento, o mi olvido, de la palabra “perulero”. Pero un comentario a ese post de Esteban Mira, me dijo que sí que conocía la palabra, que tenía que conocerla por fuerza, ya que era la que se mencionaba en aquel juego infantil, el de la cancioncilla de “Antón Perulero”. Y entonces se desató en mí un ciclón difícil de explicar… Yo conocía la cancioncilla, sí, pero como Antón PIRULERO, no “perulero”, y, desde luego, nunca la habría relacionado con un emigrante retornado del Perú colonial. ¿Qué ha pasado?

Botija perulera sevillana del siglo XVII. Museo do Pobo Galego. Fotografía de Milartino en Wikipedia CC BY-SA 3.0

Para empezar, y según el Diccionario de la Real Academia Española, perulero  como sustantivo es una “vasija de barro, angosta de suelo, ancha de barriga y estrecha de boca” que derivaría de “perol”. En España se conoce desde el siglo XVII la llamada botija perulera, que imitaba una vasija de origen romano muy popular en Sevilla llamada perula trianera, y que era uno de los artículos más usados en los buques que hacían la ruta del comercio de ultramar entre España y América, según las explicaciones que encuentro en wikipedia. Que en este caso el nombre se relacione con el Perú es más factible, aunque solo fuese por extensión de toda Sudamérica.

Fruto del perulero (Honduras y Guatemala)

En el Wikdicionario tiene otra acepción como sustantivo, un fruto, el de la chayotera o guatila (Sechium edule), pero solo según se dice en Guatemala y en Honduras, donde la variedad es amarilla y no verde como en Colombia de donde parece ser originario (por cierto que dice que es uno de los frutos que más ayudan al mantenimiento y cuidado del pelo, piel y uñas… habrá que tenerlo en cuenta). El fruto perulero o chayote existe en toda Sudamérica (y en algunas partes de África a donde fue llevado por emigrantes mexicanos sin mucho éxito) pero en cada sitio recibe un nombre diferente. En Perú se llama, curiosamente, calabaza china o calabaza chilena. En España también se cultiva con el nombre de patata china (o chayota). No confundir con el chilacayote o chiverre, planta de la que se obtiene el dulce llamado cabello de ángel que en España se elabora, principalmente (todo puede ser que me entere ahora de que no es así) con calabaza tipo cidra (Cucurbita ficifolia).

Pero como adjetivo, sigue diciendo la RAE, se puede referir tanto a los originarios del Perú, como a los indianos de este país retornados a España y, en este caso, se puede utilizar también como sustantivo. En el Wikdiccionario  es donde aparece la apostilla de su fortuna: “Dicho de un español, que tras emigrar al Perú retornaba enriquecido a España”, condición esta de la fortuna que no aparece en la definición de la RAE.

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Íñigo Noriega, indiano asturiano, en el siglo XIX

Pero como Pirulero no hay ninguna explicación ni definición de diccionario. Nada. Todo parece indicar que de alguna manera esa palabra llega a la cancioncilla infantil desvirtuando otra de la que procedería, pero no sabemos cuál exactamente. ¿Podría ser del perol de barro? ¿O sería de un originario del Perú? ¿Podría derivar de un vendedor de pirulís, que era lo que yo pensaba de niña? Si procede o no de “perulero”, es lo que me gustaría averiguar. El caso es que hay otras muchas explicaciones por el proceloso mundo de Internet sin que haya podido encontrar hasta ahora, el origen certero de ese vocablo, PIRULERO.

don pirulero
El juego del “Don Pirulero” en Argentina

Para empezar, en toda transcripción de la cancioncilla que se puede encontrar por Internet figura la palabra Pirulero y no perulero y, desde luego, parece cantar el apellido de Antón y no un adjetivo que acompañe a su nombre. Yo creo, además, que de ser así, tendría que haber figurado como “Antón, el perulero”. Incluso he encontrado que en algunos casos la canción ha llegado a ser conocida como Al Don (siempre Pirulero) y hay quien se ha llevado una sorpresa al descubrir el error en el nombre. Nunca hubiese imaginado que una canción infantil causase tanta confusión…

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“Son de Niños. Anton Pirulero” (Obra colectiva) 2003 (Vídeo).

En la fundación Joaquín Díaz,  dedicada a recoger información sobre folklore y etnografía, figura como Antón Pirulero en varios discos que tienen recogidos. También en un libro titulado “Piezas infantiles. Sobre temas populares españoles” (Vol.II) de Ángel Oliver Pina, cuyos dos volúmenes fueron escritos en 1976 y 1977. La investigadora y especialista en literatura infantil y de tradición oral hispánica, Ana Pelegrín (1938-2008), en su obra “La flor de la maravilla. Juegos, recreos, retahílas” (Madrid, Fundación Germán Sánchez Rupérez, 1996), también menciona la cancioncilla como Antón Pirulero (su producción es muy extensa). Y casi que con esto debería bastar, pero aún tengo otra referencia académica, la de Carmen Trigueros Cervantes, profesora Titular de Universidad de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, que igualmente se refiere al juego de prendas con la cancioncilla titulada Antón Pirulero, al menos en su trabajo “Las danzas y los juegos populares en el currículum de Educación Física” (1998, Proyecto Sur).

Carmen Trigueros, quien ha respondido a mi requerimiento de información afirmando desconocer el origen de la canción, encuentra diferencias entre los Juegos Populares, más vinculados al folklore y a las celebraciones festivas, y los Juegos tradicionales, que son aquellos que se transmiten de generación en generación, entre los que se encontraría el Antón Pirulero.  Por mor de esa transmisión oral, imagino yo que pueden llegar a desvirtuarse alguna de sus palabras o frases, o cantarse de diferente manera según el lugar geográfico donde se uno se encuentre, así como las diferentes formas en las que un vocablo es entendido en según qué lugar. Por ejemplo, aquí en Castilla no creo que se conozca la botija perulera sevillana, como en Andalucía es posible que no se conozca lo que es una Almarraja  o una Damajuana en Cataluña…  Con el Antón Pirulero pudo suceder lo mismo.

En todo caso, insisto: en todas partes que mires en Internet, el juego y la cancioncilla figuran como Antón PIRULERO. Como tal lo citan personalidades de las letras como Andrés Aberasturi (artículo en El Mundo del 11 de abril de 2015) y Fernando Sánchez Dragó (artículo en El Mundo del 29 de marzo de 2015). No sé si ambos habrían investigado el origen de la cancioncilla al citarla en sus artículos, pero les concedo más sabiduría que la mía a la hora de utilizar el vocablo Pirulero en lugar de perulero.

Anton Pirulero. Cancionero Vasco.

También un cancionero vasco del fondo documental de la Sociedad de Estudios Vascos Eusko Ikaskuntza, utiliza la denominación Antón Pirulero. Incluye una partitura y un reproductor de audio en el que se puede comprobar que es la tonadilla que todos (o al menos yo) conocemos. Y también  encontramos en una web sobre música y cultura internacionales, una mención de esta cancioncilla y juego infantil con el nombre de Antón Pirulero, extraída de un cancionero de Uruguay, aunque especifica que originaria de España. Igualmente adjunta partitura y audio, y es la misma tonada.

Partitura - Antón Pirulero
Antón Pirulero. Cancionero en Uruguay.

E, incluso, el conocido músico y divulgador musical en radio y televisión, Ramón Gener, descubre en la cadena SER (min. 09:00) que el soniquete de Antón Pirulero (y lo dice así, Pirulero), puede intuirse dentro de un fragmento del primer movimiento (Allegro con spirito) del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, un homenaje del maestro a la cultura popular española. También menciona esta coincidencia el artista colombiano John David Quijano Rodríguez en su trabajo Análisis y adaptación del Concierto de Aranjuez para guitarra solista y dos guitarras acompañantes ( 2013): “Con esta comparación no se pretende afirmar que Rodrigo utiliza la parte de la melodía infantil española Antón Pirulero o viceversa, sino se quiere evidenciar cómo toda esta tradición española y melodías tradicionales están implícitas en Rodrigo quien no puede ni desea escapar de esta, al crear su música.” Siempre Antón PIRULERO.

Sur le pont d'Avignon - Canciones infantiles francesas - Francia - Mamá Lisa's World en español: Canciones infantiles del mundo entero 1
“Sur le pont d’Avignon”. Canción popular francesa.

“En realidad es Antón Pirulero, la canción proviene de campiña francesa, como tantas otras como por ejemplo ‘Sur d’el pont d’Avignon’ o ‘Porqui tu m’amais encoré’. Antón era uno de los cabecillas de la revolución francesa en la región de los Pirineos así como lo eran en otras regiones Danton, Robespierre, Michellet, o, Eclat de Nuit. Refugiado entre los bosques y los Pirineos, Antón dominaba la región organizando feroces ataques coordinados en secreto con los revolucionarios en los pueblos. Las fuerzas Imperiales comprendiendo que sería imposible darle cacería en su dominio esperaban que cometa un error y sea atrapado al bajar a los poblados a abastecerse de su favorito Dordogne’ (foi grass) o una buena botella de Bordeux Châteaux Lafite. Ellos lo esperaban cobardemente entremezclados entre los comunes disfrazados de los mismísimos personajes de la aldea, labradores, carpinteros, monjas o prostitutas (este fue el origen de la palabra camuflaje). Los revolucionarios enseñaron esta canción a los niños para que la cantaran solo cuando el pueblo estaba libre de los nefastos guardias reales para cantar por el contrario si el pueblo estaba ocupado la tradicional ‘Le puits est plein de merde’. Así Antón pudo resistir el asedio y bajar a reabastecerse en el momento oportuno”.

Este relato humorístico aparece en el blog Javier, Paco y el Loco haciendo referencia a su libro del mismo título. Es una historia en la que mezcla fantasía con algún viso de realidad, pues sí que existe la canción que menciona al principio “Sur d’el pont d’Avignon” (las otras cancioncillas mencionadas, “Porqui tu m’amais encoré” y “Le puits est plein de merde”, no las encuentro por ningún sitio) pero la correcta ortografía es “Sur le pont d’Avignon” aunque su melodía no tiene nada que ver con la de Antón Pirulero:

Sur le pont d’Avignon
On y danse, on y danse
Sur le pont d’Avignon
On y danse tous en rond
Les beaux messieurs font comme ça
Et puis encore comme ça

(Sobre el puente de Aviñón
Bailamos allí, bailamos allí
Sobre el puente de Aviñón
Todos bailamos en círculos
A los caballeros guapos les gusta eso
Y luego otra vez así)

La historia del Puente de Avignon existe. Al parecer una isla situada debajo del puente ha sido tradicionalmente un lugar de recreo donde la gente podía ir a bailar. Debajo del puente, no encima. La canción, de la que también tenemos partitura y varios audios más en este enlace, fue compuesta en el siglo XVI por el reconocido músico bíblico francés Pierre Certon (1510-1572) y ha sufrido varias modificaciones en su tonada e incluso en el título (originalmente era «Sus le Pont d’Avignon»). Estaba un poco olvidada hasta que en el siglo XIX, una adaptación de Adolphe Adam (1803-1856) para la opereta titulada “L’Auberge Pleine” (1853), populariza la versión hoy conocida que, a finales de siglo, vuelve a modificar su título por el actual “Sur le Pont d’Avignon“. Así que esta explicación de Javier, Paco y el Loco no nos vale, es ficción… pero la conexión francesa puede que si.

Verán, hay alguna explicación sorprendente al origen de la cancioncilla Antón Pirulero que la sitúa en Francia y se referiría a un tal “Antoine Piruliere”, quien podría haber cometido un asesinato terrible: “mató a su mujer, la metió en un saco y la mandó a moler“.

El problema es que en la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica) este nombre no existe. No hay ningún registro de ninguna clase de este señor, ningún “Antoine Piruliere”. Así que no puede ser verdad, pero la relación con un asesinato nefando sí que se menciona en varios sitios, como también lo mencionan en la web antes citada: “Una de las versiones más extendidas asegura que la canción nació en Granada en 1860 y hace referencia a un señor llamado Antón Pirulero, que asesinó a su esposa con varias puñaladas, algunas hechas con un alfiler, y luego la molió en un molino.” La historia cobra así tintes mucho más trágicos… ¿Un asesinato? ¿En una canción infantil?

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Esta misma historia, que no tengo ni idea de donde procede, porque nadie tiene las fuentes, aparece mencionada en otro blog, Dentro del Misterio, en una fecha anterior (30 de abril de 2015, el otro enlace mencionado es del 31 de octubre del 2016). Pero como digo, no aporta ninguna fuente y la autora, Marian Tarazona, con la que logré comunicarme, me informó muy amablemente de que no dispone de fuente ninguna. Así que la historia del asesinato como origen de la canción Antón Pirulero, o del juego de prendas, tampoco se sostiene mucho.

Este blog, Dentro del Misterio, aporta muchas versiones de una cancioncilla en la que parece que se canta el caso del asesino amolador en distintos países y con distintas letras (todas parecidas, no obstante). Pero no aporta ni partituras, ni audios, así que no podemos saber si son tonadas como la de Antón Pirulero o son otras versiones, eso sí, referidas a la muerte terrible de una pobre mujer a manos de alguien que, según refleja, puede llamarse Antón Perulero (esta vez sí), Antonio Retoño, Chico Perico (de este sí que he encontrado su delito machista, y su vinculación con una cancioncilla infantil, pero no he encontrado ningún vídeo o audio de esta), Bicho Colorado, Antonio Demonio, Pancho Carrancho (solo encuentro un libro de Néstor Montes de Oca Fernández titulado La verdadera historia de Pancho Carrancho, 2005, un relato para niños; además de una película de 1965 “¡Viva Carrancho!” dirigida por Alfonso Balcázar, que ni siquiera es su título original, aunque si el nombre del protagonista) o un tal Don Federico…. De quien si tenemos audio (y no se parece en nada a la canción de Antón Pirulero) y un juego infantil… si, si, un juego infantil que comienza diciendo “Don Federico mató a su mujer…”

A estas alturas aún no he encontrado referencia fidedigna alguna acerca del origen certero de la cancioncilla de Antón Pirulero, ni si su ortografía correcta es Pirulero o perulero, o si tal vocablo hace referencia a un apellido o un adjetivo. Todavía no me han llegado algunas respuestas a las preguntas que llevo haciendo desde hace unos días. Si me llegase algo concreto lo comentaría aquí (veo difícil que me llegue alguna respuesta más, aunque sigo esperando), pero no sé si se podrá llegar a descubrir la realidad sobre su origen, ya que lo que sí se repite constantemente, incluso en el mundo académico, es que es una cancioncilla tradicional transmitida de generación en generación de forma oral. Lo que sí parece estar más claro es que no tiene que ver con ningún supuesto hecho luctuoso, eso pertenece a otras canciones, tristemente infantiles y originadas, al parecer, hacia finales del siglo XIX o inicios del siglo XX. En cuanto a la conexión francesa, tampoco debe ser cierta. No hay vinculación alguna con la cancioncilla popular francesa mencionada antes ni existe un nombre afrancesado de Antón Pirulero. Además, la popularidad de este juego entre pueblos de habla hispana (hemos visto que se recoge en una recopilación de Uruguay), sugiere que su origen solo puede buscarse en España o en Sudamérica.

Falta dilucidar si Antón era perulero, o si se apellidaba Pirulero, o si se llegó a este segundo vocablo por una desvirtuación del original adjetivo perulero. A esta pregunta si que puede que responda un libro que he encontrado en la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica), titulado “Dialectos Castellanos. Montañés, vizcaíno, aragonés” (1892), escrito por Pedro de Múgica (1854-1944),  y publicado en Berlín por Heinrich & Kemke. Pedro de Múgica Ortiz de Zárate, fue un filólogo, profesor, lexicógrafo, compositor y crítico musical nacido en Bilbao, según puede leerse en su biografía publicada por la Biblioteca Virtual de la Filología Española (director: Manuel Alvar Ezquerra), además de lector de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Berlín, ciudad en la que residió casi toda su vida.

Pues bien, en la página 71 de este libro figura la palabra “perulero” (no aparece “pirulero” en todo el libro) con una acotación que dice: “Dícese de un juego de niñas: Antón perulero – cada cual atienda á su juego – y el que no atendiere, – pagará la prenda que debe – y Antón, Antón perulero”.

Así que, llegados a este punto, solo puedo concluir que sí, que nuestro Antón Pirulero tiene que ser una desvirtuación de un Antón, perulero para más señas, gentilhombre adinerado retornado del Perú (o de otro país sudamericano por extensión), que por lo visto no atendió bien a su juego y prendas le tocó pagar. El cómo llegó a ser conocido casi universalmente como PIRULERO, es un misterio, parece  que quedará oscurecido por las brumas del tiempo, pero la cancioncilla y el juego han cobrado vida propia, una vida que ya no es la de un perulero, sino la de Antón Pirulero, con nombre y apellidos.

AlmaLeonor_LP

HÉROES

HÉROES

Imagen: David Bowie, “autorretrato”

Yo, yo seré Rey
Y tú, serás Reina
Aunque nada nos alejará
Podemos ser héroes, sólo por un día
Podemos ser nosotros, sólo por un día

Yo, puedo recordar (recuerdo)
De pie, junto a la pared (por la pared)
Y las armas, disparadas sobre nuestras cabezas (sobre nuestras cabezas)
Y nos besamos, como si nada pudiera caer (nada podría caer)
Y la vergüenza, estaba en el otro lado
Oh, podemos vencerlos, para siempre y para siempre
Entonces podríamos ser héroes, sólo por un día

Podemos ser héroes
Podemos ser héroes
Podemos ser héroes
Sólo por un día
Podemos ser héroes

No somos nada, y nada nos ayudará
Tal vez estamos mintiendo
Entonces será mejor que no te quedes
Pero podríamos estar más seguros, sólo por un día.

David Bowie
(8 de enero de 1947 – 10 de enero de 2016)

FRASES CON IMÁGENES (XCVIII)

FRASES CON IMÁGENES (XCVIII)

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Se acabaron las fiestas navideñas… toca recoger el árbol y belén (quienes lo hayan puesto, que no es mi caso) y guardar la vajilla y las copas de cristal de las cenas festivas. Afortunadamente ninguna se ha roto, no se cumple el presagio de Storni, pero sí que se “muere” un poquito dejando atrás momentos de buena voluntad. Volvemos a la vorágine del día a día, a la trágica y triste cotidianidad bebedora de polvo de cristales rotos…

AlmaLeonor_LP

¡FELIZ DÍA DE REYES!

¡FELIZ DÍA DE REYES!

Con dulce y grave majestad ferviente,
mientras arde cantando la retama,
llegan los Reyes cuando el sol derrama
su niña antigüedad de oro inocente.

LUIS ROSALES.

 

A veces, la más grande ilusión se esconde en la madrugada detrás de una barba postiza y una cara de sueño. ¡¡FELIZ DÍA DE REYES MAGOS!! 

AlmaLeonor_LP