ELBA Y SANTA ELENA

ELBA Y SANTA ELENA

EXISTE UNA GRAN DIFERENCIA ENTRE ELBA Y SANTA ELENA. Porque todos sabemos cuál es la similitud, además de que ambas son un pequeño territorio insular. Tanto Elba como Santa Elena albergaron en algún momento de su vida, más concretamente en alguno de sus peores momentos, a Napoleón Bonaparte (1769-1821), general, Primer Cónsul, rey y emperador de Francia, una de las figuras más destacadas de la historia.

Entre ellas existen también importantes diferencias. Además de las territoriales (Elba está situada en el mar Tirreno y Santa Elena en el océano Atlántico), y las políticas (Santa Elena pertenece al Reino Unido y Elba a Francia), existe una diferencia sustancial. Pero para conocerla mejor y en toda su magnitud, primero hemos de conocer su historia.

Santa Elena es una remotísima isla del  océano Atlántico, situada a más de 1.800 km. de distancia de la costa occidental de Angola, en el continente africano, aunque administrativamente pertenece al Reino Unido (forma parte del territorio británico de ultramar, junto a las islas de Ascensión y Tristán de Acuña).

Este pequeño territorio insular fue descubierto en 1502 por el gallego João da Nova (1460-1509), un intrépido navegante al servicio de la corona portuguesa, quien le puso el nombre de Santa Elena de Constantinopla, la madre de Constantino. Juan de Nova, por cierto, es también el nombre de otra isla descubierta por él en 1501, situada entre Madagascar y el continente africano, que durante muchos años (desde 1897) fue un territorio francés dedicado a la explotación del guano (fosfato), hasta que fue abandonada hacia los años setenta. João da Nova, que fue nombrado Alcalde Menor de Lisboa en 1496 por el mismísimo rey Manuel I de Portugal, realizó durante toda su vida numerosos viajes intercontinentales, visitando la India en varias ocasiones. Conquistó  Mombasa (en Kenia) para Portugal y viajó hasta Cochín (actual Kerala) donde enfermó. Llegó hasta la isla hoy llamada de Juan Novoa, donde se recuperó y esperó refuerzos para emprender la conquista de Cochín, donde falleció en 1509.

Consta en los registros que Novoa llegó a la Isla de Santa Elena el 21 de mayo de 1502, pero nunca sospechó el destino que aquel pequeño y alejado territorio insular iba a tener en la historia: servir de cárcel y destierro de Napoleón Bonaparte. O tal vez sí, porque ya en 1513, Santa Elena se convirtió en el islote-prisión de su primer habitante europeo, el portugués Fernando López, condenado por traición por el poderoso Alfonso de Albuquerque (1453-1515). López falleció en la isla en 1530.

Los ingleses la conocen en 1588, pero pese a las visitas de varios navegantes británicos, la isla no es colonizada hasta la llegada de neerlandeses en 1645, quienes terminan por transferir el territorio a la Compañía Británica de las Indias Orientales. Es ahora cuando se construye un fuerte y se instala un destacamento permanente, que con el tiempo sirvió como lugar de tránsito en el comercio de esclavos. En 1810 era el punto desde donde se “exportaban” chinos de Cantón al continente europeo y a América. Con la construcción del Canal de Suez en 1869, Santa Elena prosperó económicamente, y su posición estratégica sería cada vez más importante para el poderoso Imperio Británico.

Pero antes de ese momento, también había sido, de nuevo, prisión militar. Fue allí donde, en 1815, se terminó por desterrar a Napoleón Bonaparte, siendo su prisión insular hasta su muerte el 5 de mayo de 1821. Años más tarde, durante la guerra de los Bóers, también fue el lugar escogido por Inglaterra para servir de prisión al general Piet Arnoldus Cronjé (1836-1911), líder de los ejércitos de la República de Sudáfrica, así como algunos otros militares y jefes zulúes, incluyendo el carismático, Dinuzulu kaCetshwayo (1868-1913), último rey zulú. Cronjé permaneció en Santa Elena hasta 1902 y Dinuzulu hasta 1910.

Por su parte, la isla de Elba y el resto de las islas tirrénicas  que forman el Archipiélago Toscano (Giglio, Capraia, Giannutri, Gorgona, Montecristo y Pianosa), a unos 20 km. de la costa italiana, surgieron, según el mito, de las perlas esparcidas por la diadema de Venus cuando se rompió al emerger la diosa del mar Tirreno. Desde entonces, se la han disputado varios pueblos, desde griegos, etruscos, cartagineses y romanos en la antigüedad a, mucho más tarde, napolitanos, franceses y españoles, que son quienes terminaron por hacerse con el control militar del territorio insular durante los siglos XVII y XVIII, fortificando el puerto de Capoliveri, de gran importancia en la Guerra de Sucesión española. Finalmente acabó en manos francesas.

Pero lo que a lo mejor poca gente conoce es que la Isla de Elba se convirtió durante un tiempo en un territorio independiente, una Micronación, para ser más exactos, la primera Micronación reconocida de la historia.

Hoy, tal y como contamos en varios artículos de HELICON, existe una larga lista de Micronaciones, más o menos reales, que tienen en la Isla de Elba su primer precedente histórico. En 1814, en virtud del Tratado de Fontainebleau (del 11 de abril, artículos III y VII), dentro del conflicto llamado las Guerras Napoleónicas, entre el Primer Imperio francés y las fuerzas de la Sexta Coalición (Austria, Rusia y Prusia), Napoleón renuncia a la posesión de todos sus dominios excepto uno: la Isla de Elba, que queda conformada desde ese momento como un Estado, más concretamente, un Principado.

Así, el Principado de Elba, en el que convivieron con Napoleón unas 400 personas voluntarias asignadas a su servicio y protección, se inaugura el 20 de abril, cuando Napoleón salió de Francia para tomar posesión de su nuevo dominio, en realidad, un exilio forzado en una Micronación de efímera duración. Allí, Napoleón creó su propia y nueva bandera nacional, de fondo blanco cruzada por una franja diagonal roja con abejas amarillas. Recordemos que las abejas eran el símbolo personal de los Bonaparte (el emblema imperial francés fue el águila de una cabeza con las alas desplegadas) y que Napoleón las lució igualmente (eran de oro) en el manto que llevaba puesto el día de su coronación como emperador el 2 de diciembre de 1804. También estaban bordadas en la alfombra que decoró el evento tal y como puede apreciarse en algunos cuadros de la época, como en este François Pascal Simon, barón Gérard (1770-1837).

Las abejas fueron elegidas por el monarca como un símbolo de unión del pasado (la dinastía franca de los Merovingios, uno de cuyos reyes, Childerico I, fue enterrado con abejas amarillas en Tournai, Bélgica), con el futuro que él pensaba construir.  Al parecer el diseño de las pequeñas abejas doradas, fue obra del dibujante y grabador Dominique Vivant, barón de Denon (1747-1825), gran amigo de Napoleón a quien acompañó en muchas de sus campañas, realizando dibujos y ejerciendo la diplomacia. Denon fue el primer director del Musée Central de la République, que con el tiempo se convertiría en el Museo del Louvre.

Los Bonaparte fueron muy dados a establecer lazos simbólicos con el pasado (el que ellos querían, claro, porque Napoleón, por ejemplo, quiso alejarse de todo lo que recordara a los capetos), y así, Napoleón III revalorizó la imagen del caudillo galo Vercingetorix (c.80 a.C.-46 a.C.), a quien una obra de 1828 (Histoire des Gaulois depuis les temps les plus reculés, de Amédée Thierry) redescubrió para la historia francesa. En 1865, Napoleón III encargó la construcción de una monumental estatua de siete metros de alto, en su honor, que fue colocada en lugar donde, se suponía, tuvo lugar la batalla de Alesia. En el pedestal de aquella estatua, diseñado por el famoso arquitecto Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879), hizo colocar el siguiente mensaje al mundo: La Galia unida, la formación de una nación, animados por el mismo espíritu, puede desafiar el Universo. En 1884, la Enciclopedia Francesa Lavisse, decía de Vercingetorix que “fue el primer héroe de nuestra historia”.

Pero volvamos a Napoleón Bonaparte. Permaneció en su exilio en la isla de Elba hasta el 26 de febrero del año 1815, cuando emprendió rumbo a París dando comienzo el llamado Periodo de los Cien Días de su gobierno francés. La batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815, puso fin a la vida política de Napoleón, siendo desterrado a la Isla de Santa Elena, como decíamos antes. Allí murió el 5 de mayo de 1821 a los cincuenta y un años de edad. Aunque fue enterrado en un principio en la isla, desde 1840 sus restos reposan en el Palacio Nacional de los Inválidos, en París.

Elba dejó de ser una nación independiente cuando fue abandona por Napoleón, dando por finalizada la primera Micronación de la historia y volviendo a ser objeto de disputas territoriales. Primero fue territorio del Gran Ducado de Toscana, pasando a formar parte del Reino de Italia tras la unificación de 1860. Durante la Segunda Guerra Mundial fue posesión alemana durante un breve pero destructivo periodo de tiempo para, finalmente, volver a ser suelo italiano, parte de la provincia de Livorno en la Toscana. Santa Elena sigue siendo parte del Reino Unido hasta la fecha, sin embargo, en 1854, Napoleón III compró algunas zonas de la isla (concretamente la casa de Longwood y el valle de la Tumba, a los que se sumó años más tarde el Pabellón Briars), que pasaron a ser “dominios franceses de Santa Elena”. Pero no son territorio francés, sino “propiedades” particulares del Estado francés en la isla británica.

Así que la gran diferencia entre estas dos pequeñas islas unidas por la vinculación común a Napoleón Bonaparte, es que Elba llegó a ser una Micronación independiente y Santa Elena un presidio del territorio inglés.

Almaleonor.

 

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LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

La Libertad guiando al Pueblo (1830), es un cuadro que el francés Eugène Delacroix (1798-1863) pintó en 1830, en plena ola de revoluciones europeas que se iniciaron con la española de 1820 y tuvieron su continuación con las de 1848. En esta obra, una alegoría de la Marianne de la República Francesa, aparece conduciendo al pueblo levantado en armas para salvar la patria, tal y como lo había hecho cuando la Revolución francesa del siglo XVIII creó la representación de Marianne con la Francia que luchaba por desembarazarse del absolutismo monárquico.

En este cuadro están presentes símbolos que se asociarán desde entonces a la República, como el gorro frigio (relacionado con el liberalismo y la masonería, y que se colocó enseguida a la Marianne) y la bandera tricolor francesa que porta en una mano.

Esos símbolos inspirarán igualmente las alegorías de las repúblicas españolas. Tanto la Carmela de la Segunda República, como la La Niña Bonita de la primera, una imagen dibujada en 1873 por el caricaturista catalán Tomás Padró Pedret (1840-1877) en el semanario La Flaca. Revista liberal y anticarlista (publicada entre 1869 y 1876), donde firmaba con el pseudónimo “AºWº”.

La Niña Bonita mostraba los elementos propios del liberalismo (el gorro frigio y un seno descubierto), y añadía algunos elementos nuevos, como la figura alada (evocando a la Victoria-Nike griega), las tablas de la Ley (con la inscripción “RF”, la Constitución de la República federal española que no llegó a aprobarse) y la balanza de la Justicia. Libertad, Victoria y Justicia han sido representadas tradicionalmente con formas femeninas.

La Carmela de la Segunda República simplificará un poco todos estos atributos resaltando más la balanza de la justicia e introduciendo la bandera republicana tricolor. Es así como aparece en 1987 en la obra teatral del dramaturgo José Sanchis Sinisterra, titulada ¡Ay, Carmela! y que Carlos Saura convirtió en película, con el mismo título, en 1990.

En forma de lamento, ¡Ay, Carmela! fue también una canción nacida en la España de 1808 ocupada por los franceses, que pasó casi desapercibida hasta que ciento treinta años después, volvió a sonar con fuerza en una ya muy precaria Segunda República española.

La recuperación de la canción decimonónica durante la Guerra Civil española no es casual. Forma parte del imaginario idealizado del pueblo español levantado en armas contra “el invasor”: los franceses entonces y los fascistas después. En la España republicana se vive la contienda civil como una guerra de resistencia del pueblo en defensa de su libertad. Y en esa defensa popular vuelve con fuerza el recuerdo de la heroicidad del pueblo llano en 1808 representado por un universo femenino: las “Agustinas de Aragón”, las “Manuelas Malasaña”, las “Marianas Pineda”, la “Virgen del Pilar”… y el “¡Ay, Carmela!” que entonces se cantaba a las tropas napoleónicas desde las barricadas gaditanas.

El episodio decisivo de la Guerra Civil española que va a hacer revivir el grito, reconvertido ahora en republicano, es la batalla del Ebro, librada de julio a noviembre de 1938:

“El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba ba
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba ba
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba ba
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba ba
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba ba
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba ba
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!”

La batalla del Ebro figura en la historia de la Guerra Civil como la más larga y una de las más sangrientas de todo el conflicto. En ella tomaron parte cinco brigadas internacionales, siendo la 11ª Brigada, la que primero estableció una cabeza de puente en la margen derecha del Ebro desde la que se lanzó la ofensiva republicana. Bajo el mando del teniente coronel Juan Guilloto León (llamado “Modesto”), dos cuerpos de Ejército (el V de Enrique Líster y el XV de Manuel Tagüeña; hubo un tercero, el XII, al mando de Etelvino Vega, que apenas participó en un principio) compuestos de unos 100.000 hombres, cruzaron el Ebro cuando eran las 00:15 horas del 25 de julio de 1938.

Algunos eran muy jóvenes, de entre 17-18 años (llamados “la quinta del biberón”) y los mandos populares prácticamente inexpertos. Ni Enrique Líster ni Modesto eran militares de carrera (cantero y aserrador respectivamente, Tagüeña, de 25 años, era brigada), aunque ambos habrían recibido alguna formación militar en la academia Frunze de la URSS. Con esos mimbres se enfrentó la República a la batalla más decisiva de toda la guerra.

Pero el inicial éxito de esta ofensiva enardeció los ánimos de unos milicianos desmoralizados y una población civil muy castigada a estas alturas de la guerra. La ciudadanía soportó los combates, los bombardeos (todo el levante fue bombardeado varias veces) y las ofensivas propagandísticas de los franquistas que, con los “bombardeos del pan”, quisieron hacerles cómplices de una victoria que aún no habían conseguido.

Así, ¡Ay, Carmela! fue el confiado canto que recorrió todo el frente y alcanzó la retaguardia republicana, al menos, durante los más de tres meses que duró la defensa del Ebro. Los “contraataques muy rabiosos” de los que habla la canción ascendieron de grado con la llegada de la Legión Cóndor alemana y las tropas italianas, que dando apoyo a 15 divisiones de infantería sublevada, tomaron el Ebro de nuevo tras intensos combates (al estilo “topetazo del carnero”, dicen las crónicas).

El 18 de noviembre los republicanos están ya fuera del Ebro, en la anterior línea de defensa de Ribarroja. Pese al triunfalismo del ¡Ay Carmela!, la Segunda República quedó prácticamente sentenciada a partir de esta fecha.

AlmaLeonor

Resumen de mi artículo “Con ese nombre de mujer” publicado el 21 de marzo de 2016 en la revista digital Anatomía de la Historia, que puede leerse entero en este enlace. Es mi pequeño homenaje a un día como hoy, 14 de abril, fecha emblemática de la proclamación de la Segunda República española en 1931.

 

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ANGELUS NOVUS

ANGELUS NOVUS

Imagen: Angelus Novus, de Paul Klee.

Imagen: Angelus Novus, de Paul Klee.

TESIS DE FILOSOFÍA DE LA HISTORIA.
Walter Benjamin (1892-1940)

“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.”

 

Gracias a Javier Ramos por descubrirme este párrafo.

 

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POEMA PROPIO Nº 47 (SILVIA)

POEMA PROPIO Nº 47 (SILVIA)

edward-robert-hughes-1851-1914

Imagen: Edward Robert Hughes (1851-1914)

El canto del mirlo negro
la hacía retornar por el pasadizo de las tinieblas
al juego de la vida o de la muerte
al oscuro salón de la ruleta rusa
al siempre solitario laberinto.

Silvia entre la fragancia de las flores
Silvia escribiendo versos en el aire
Silvia besando el polvo en la escollera
Silvia en el esplendor del arco iris
Silvia entre mariposas.

Un trueque injusto le cobró los ojos
y tantas veces muerta y renacida
y aquel rostro deforme en los espejos
y aquella amputación
y aquel naufragio.

Silvia casi ya ausente en el alambre
Silvia ya muy cansada
Silvia perdiendo pie
Silvia hacia las tinieblas
Silvia oyendo cantar al mirlo negro.

Jose Miguel Junco Ezquerra
Poema Propio nº 47 (Silvia)“, del poemario inédito: Voces
Para conmemorar el Día Azul de marzo.

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ARCHIPIÉLAGO

ARCHIPIÉLAGO

grecia_Albert Carel Willink (1900-1983) 22

Imagen: Albert Carel Willink (1900-1983) 

¿Tornan de nuevo las grullas a ti, las naves el rumbo
tuercen, van de tus playas en pos? ¿Serenas y ansiadas
brisas llegan al plácido mar, y al sol asomando
del abismo el delfín, luz nueva inunda su dorso?
¿Jonia brilla? ¿Tiempo es ya? Pues es primavera,
y ha tornado a nacer la vida en todos los seres,
y hay en los hombres amor, y tiempos áureos se evocan;
¡vengo en tu paz a ti, oh poderoso, a loarte!

¡Oh venerable!, descansas aún viviendo a la sombra
de tus montes; aún tus brazos jóvenes ciñen
amorosos tu tierra, y a tus hijas, ¡oh padre!
de tus islas radiantes aún ninguna perdiste.
Creta vive, y Salamis, que frescos laureles circundan.
Y alza, en medio de rayos, y a la hora del orto la testa
resplandeciente Delos, y Tenos y Kíos
frutas purpúreas guardan: y de embriagadas colinas
mana el vino de Chipre, y de Kalauria descienden
ríos de plata que van a las véteras aguas del padre.
Todas viven, las islas que un día engendraron los héroes.
Y año tras año irradian y si una vez, del abismo
liberado, el fulgor de la noche, la interna borrasca
a una de ellas sorprende y en tu seno a los hombres sepulta,
tú, tú en cambio pervives, deidad, pues sobre la oscura
sima, por ti mucho viose nacer y mucho morir. (…)

(…) Entonces, ¡oh amigos de Atenas, oh gestas de Esparta,
cara primavera de los griegos! Si llega
a nuestro otoño, tornad y mirad, espíritus todos
del mundo que fue, ¡pues el fin de los años se acerca!
¡La fiesta también celebrad, oh días de antaño!
A la Hélade miran los pueblos, llorando y cantando
del día orgulloso del triunfo los suaves recuerdos.

¡Floreced entre tanto, mientras los frutos maduran,
oh jardines de Jonia! ¡Floreced en las ruinas de Atenas!
¡Ocultad a los días futuros el duelo!
¡Coronad con eterno verdor, oh laureles, los túmulos
de los muertos, allá en Maratón, donde tantos
victoriosos soldados cayeron, o allá en Keronea,
cuyos campos los últimos atenienses sin armas
huir vieron del día fatal de la afrenta, allá donde
de la cima hasta el valle trenos se escuchan, y el canto
del destino las aguas vagabundas entonan!

Mas, oh tú, de los mares señor inmortal, aunque el canto
de de los griegos no más, como antaño, en tus olas te loe,
canta en mí más y más; que el espíritu impávido
de los mares, al modo de los nautas, disfrute
su solaz, y la lengua de los dioses distinga,
y el vaivén de las horas; y así, si el tiempo voraz
sobreviene a segar la miseria y los yerros
de mi vida mortal, y entre los muertos a hundirla,
que la paz en el fondo de tus abismos encuentre.

Friedrich Hölderlin (1770-1843)
(Fragmento, versión de Otto de Greiff)

 

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EXCURSIÓN A FRÍAS (BURGOS)

EXCURSIÓN A FRÍAS (BURGOS)

Es sábado, 18 de marzo, primer día de puente para quienes tienen fiesta el lunes y hace un calor demasiado inusual para esta época, para estos lares y para nuestra costumbre, pero aun así…. ¡Nos vamos de excursión!

Llevábamos tiempo queriendo ir a conocer Frías, en la comarca de Las Merindades (capital Villarcayo)  en la zona conocida como Valle de Tobalina y Montes Obarenses.  Desde luego es una zona que hay que explorar a fondo, pues son muchos los lugares interesantes que encierra. De momento, hoy nos vamos a Frías.

Nos acompaña el “tigreton”, nuestra mascota viajera, como siempre desde que lo compramos en Suiza, nuestro segundo viaje importante por nuestra cuenta (el primero fue al Mont Saint-Michel), pero por el camino nos encontramos con otro “bichejo” que no esperábamos, uno de los 91 Toros de Osborne que quedan por la geografía española (14 de ellos en la CCAA de Castilla y León, ninguno en Valladolid), el antiguo Logo de las bodegas Osborne, diseñado por el pintor Manolo Prieto (aquí se puede leer más sobre su historia), aunque ni recuerdo en qué punto.

Lo que sí que recuerdo es la ruta que seguimos, así que si alguien está interesado puede seguirla y encontrar el bicho. Desde Valladolid tomamos la autovía A-62 hasta Burgos, y desde allí seguimos dirección Vitoria por la AP-1 de peaje (unos cinco euros) hasta tomar la salida 3 Briviesca-Oña. Allí seguimos por la N-1 hasta tomar la N-232 aproximadamente en Cubo de Bureba, para en Busto de Bureba (si, atravesamos esta comarca también, la Bureba), tomar la BU-504 que durante aproximadamente 17 kilómetros, nos llevaría a Frías, aunque aún tendríamos que tomar otra comarcal (BU-520). Pues bien. En todo ese recorrido no vimos ni un solo cartel que anunciara o promocionara la visita a Frías. Ni uno. Yo recuerdo haber visto algún cartel de carretera con la silueta inconfundible del peñón con el torreón del Castillo, pero desde luego por aquí no hay ni un solo cartel, y cuando tomamos la desviación desde la BU-504, apenas una señal antigua de esas blancas terminadas en pico indicaba la dirección con el nombre del pueblo, Frías. Señores responsables, quienes sean… un poquito de atención a estos detalles sería de agradecer.

También me iba quejando yo de la falta de un sitio donde parar y admirar el paisaje totalmente espectacular que se va abriendo ante nosotros según subimos el monte, cuando de repente, a 1000 metros de altura nos encontramos con una señal de punto panorámico. ¡Vaya! Esta vez me tengo que callar. El Mirador del Portillo de Busto, es un lugar maravillosamente enclavado al pie de la carretera (se hubiese agradecido, no obstante, alguna estrategia para entrar y salir con más seguridad, pues hay curvas antes y después del aparcamiento del mirador), que permite admirar todo el paisaje circundante de los Montes Obarenses y Las Merindades. Además, desde aquí salen varios caminos para hacer senderismo, a buen seguro con unos paisajes aún más preciosos. Primer acierto y no habíamos hecho más que empezar.

En Este punto leemos que hay una zona de cascadas en la localidad de Tobera, una formación sobre el río Molinar que cuenta hasta con una leyenda. Será nuestra próxima parada.

Tobera  es una antigua localidad muy cercana a Frías, de la que es barrio desde la época del Marqués de la Ensenada. Existió en época romana y por sus lindes aún quedan restos de la antigua calzada romana de la Bureba que unía la meseta castellana con la cornisa cantábrica. En el siglo XIII es zona de transformación de lana y con el tiempo, los saltos de agua del río Molinar fueron aprovechados para instalar batanes con los que cobraron auge las industrias de linos y papeles. En todo caso, parece que su nombre derivaría de la Toba, la piedra caliza tan abundante en este valle del Ebro. Hoy, Tobera, con su bonito Paseo del Molinar, es un enclave tranquilo visitado por turistas, senderistas y excursionistas como nosotros.

Según cuenta una de las leyendas de la zona, en este lugar a un correo real al ir a cruzar el peligroso paso del Río Molinar, le salió al paso una enorme serpiente, causando horror en jinete y caballo, que se desbocó. Entonces el correo real se encomendó al Santo Cristo de los Remedios mientras desenvainaba su espada dispuesto a hacer frente a la serpiente maligna, pero el reptil se volatizó en cuanto terminó su oración. Una vez cumplido el encargo postal que le había hecho la reina castellana, y puesta ésta al corriente de la hazaña, dio orden de construir en ese punto del río un pequeño humilladero al Santo Cristo de los Remedios que tan buen servicio había prestado. Hoy, en la capilla del humilladero, y bajo la imagen del cristo, se guarda en una urna de cristal la talla de una colosal serpiente con una calavera sobre ella, en recuerdo de este hecho milagroso. Dicen, que durante mucho tiempo en lugar de una talla de madera, hubo en realidad la muda de una enorme serpiente.

Esta es la leyenda de Tobera (que recuerda poderosamente a la batalla de San Miguel y el dragón/serpiente) por la que a 1,5 km aproximadamente del centro de la localidad, en medio de un estrecho paso del agua surcado por un puente romano-medieval (lugar por donde pasaba la calzada romana), se alza el pequeño Altar de Caminantes del Santo Cristo de los Remedios (al parecer es del siglo XVII por lo que la reina del encargo de la leyenda no puede ser Isabel, como he leído en algún sitio), al pie del Santuario de Santa Maria de la Hoz, un pequeño edificio construido en los años de la repoblación de Frías, justo durante paso del románico al gótico, por lo que contiene muestras eclécticas de ambos estilos. Fue una hospedería de peregrinos que bajaban por aquí para llegar al camino de Santiago.

El templo parece que data del siglo XIII aunque se cree que antiguamente había aquí uno anterior. El sitio, desde luego, parece apropiado para albergar un punto de culto pagano, con el río, las rocas y los árboles formando un todo. De hecho, hay una roca enorme a los pies del Santuario, con un árbol detrás (no es un tejo), que recuerda poderosamente a los lugares de culto celtas. Su construcción románica tardía presenta algunas de las novedades que ya trae el gótico, como son las arquivoltas ojivales de la puerta de entrada, que inusualmente cuenta con una fila decorada con figuras esculpidas. Los capiteles del soportal y el resto del tempo, son claramente románicos. Encima de la entrada todavía puede verse la ventana de la antigua vivienda del ermitaño. Las imágenes esculpidas sobre ella son de factura moderna, imitando las que existieron en su momento, pero el resto son de la misma época que el tempo y encontré alguna muy curiosa, con forma de cabeza diabólica… La ermita solo se abre en el mes de julio, cuando se celebra aquí una romería.

Por cierto, que ya en el mismo aparcamiento a pie de carretera, un macho cabrío y dos cabras salen a saludar a todo el mundo (y de paso a pillar bollo, bocadillo, dulces o lo que sea), con mucho descaro. Y es que no me extraña nada de nada, porque por aquí crece mucha cicuta (es parecido al perejil) así que supongo que no les amargará un dulce. Como digo, hay apenas un kilómetro y medio entre ambos recorridos (ermita y cascadas) que se puede hacer perfectamente a pie, pero luego me di cuenta de que yo había “triscado” demasiado por aquí.

Se nos había hecho un poco tarde y queríamos comer en Frías, pero al llegar nos quedamos embelesados por la magnífica Área para Autocaravanas que tiene a sus pies (ver la web para condiciones. Nosotros solo aparcamos no pernoctamos). Y justo al lado un área recreativa, Las Fuentecillas, con mesas, papeleras, mucho espacio verde, aparatos de gimnasia, un antiguo Lavadero Medieval restaurado  y un riachuelo que atraviesa todo el recinto para adentrarse en un molino privado. Un sitio privilegiado.

Desde aquí se puede subir andando al pueblo, pero nosotros fuimos con la furgo porque nos dijeron que hay varios aparcamientos justo antes de la zona monumental en el centro. Y sí, hay aparcamientos, al menos vimos dos, justo a  los pies del castillo, con lo que la visita es mucho más cómoda. En lugar de empezar por la visita al castillo, optamos por ir al pueblo y buscar donde tomar un buen café. De camino encontramos el antiguo Convento de San Francisco, hoy vivienda y un rollo muy desgastado en el rincón de una casa. Y un poco más adelante, todo en cuesta arriba (todo lo bonito suele estar cuesta arriba), tuve que entrar en una tienda de recuerdos para ver si tenían un bastón o un palo de caminante. Mis rodillas me dieron un serio aviso y no podía más. No había tenido la precaución de coger mis propios palos (no se me van a volver a olvidar más), así que menos mal que tenían uno al menos para terminar la visita. La tienda estaba justo debajo del gran peñón que sustenta el castillo y toda ella estaba atravesada por una enorme roca. “Que pueblo tan bonito tenéis”, se me ocurrió decirle a la mujer de la tienda. “No es pueblo, es ciudad”. ¡Oh! ¡Pues que ciudad tan bonita! Ya sabemos algo más de Frías.

Frías es la ciudad cabecera del municipio, en la comarca de las Merindades cuya capital y partido judicial es Villarcayo, situado sobre el cerro de La Muela al lado del Ebro. Su nombre procede de un término en latín que significaría “Aguas Fridas”. Durante mucho tiempo, tanto en época romana como medieval, fue un punto estratégico del paso por el Valle de Tobalina, entre la meseta castellana y las tierras cántabras del norte y esta circunstancia la hizo próspera, ya que el punto se convirtió en un lugar de cobro de derechos de paso como atestigua el entramado defensivo de todo el municipio, así como el torreón que se encuentra en medio del Puente Medieval sobre el Ebro. Después, hacia el año 1000, pasó a ser un enclave estratégico en la guerra entre Navarra y Castilla, cuando Sancho III (990-1035) el mayor incluye esta zona en el reino navarro. Tras la derrota de Atapuerca en el año 1054, Frías vuelve a Castilla, ahora ya transformada en reino (muy amplia e interesante la historia del municipio que figura en la página web del Ayuntamiento).

Es a finales del siglo XII cuando esta ciudad aparece ya citada como “civitas”, por lo que es probable que existiese aquí, en la “Muela de Frías”, un antiguo asentamiento con una fortaleza en plena lucha contra los musulmanes. Ya en el siglo XIII se le dota de una muralla defensiva y se refuerza todo el entorno, pasando a ocupar el centro de defensa de la comarca en detrimento del Castillo de Petralata  (o Petralaja) en la Bureba, en Oña. Ya por entonces, bajo la fortaleza empieza a crecer su alfoz, las viviendas de Frías. En el siglo XV, llegando ya a su fin la Reconquista, los Reyes Católicos crean el ducado de Frías para los Velasco, una familia noble procedente de Cantabria, que llegaron a ser Grandes de España. El primer duque de Frías, en 1492, fue Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza (1454-1512), apodado el Gran Condestable, que además ostentó los títulos de III conde de Haro y VII condestable de Castilla. Este Velasco fue Virrey y capitán general del Reino de Granada, además de consejero de la Reina Juana I de Castilla.

El Castillo de Frías se encuentra estratégicamente ubicado en un extremo del peñasco de La Muela, lo que le da al torreón su característica forma “roquera”. El conjunto actual, muy bien conservado, es el resultado de una mezcla de construcciones de los siglos XII, XIII, XV y XVI, cuando se le dota de troneras para la artillería. En el patio de armas se encuentra un aljibe con un pozo. El acceso cuenta con un puente levadizo para salvar un foso excavado en la roca. La Torre del Homenaje, de mampostería y planta poligonal, se eleva de forma independiente del resto del castillo, al que se accede por una angosta escalera. Esta torre sufrió un gravísimo derrumbe en 1830 causando varias víctimas mortales. La causa se originó muchos años antes, cuando las tropas de Napoleón asediaron la muralla de Frías intentando acceder por una de sus puertas: la de Medina, la del Postigo y la de la Cadena o también llamada de la Villa. Fue esta última la que se voló y fue destruida por las tropas francesas, deteriorando seriamente la Torre del Homenaje. Toda la función militar del castillo de Frías cesó tras la Guerra de Independencia y en 1920 pasa a manos municipales. Hoy, es uno de los conjuntos monumentales más visitados de Burgos.

Otro de los lugares interesantes de Frías es la Iglesia de San Vicente Mártir y San Sebastián,  situada al otro lado del Castillo en el mismo promontorio rocoso de La Muela, como complemento defensivo del mismo. De su primitiva iglesia apenas quedan algunos restos, ya que un derrumbe en 1904 hizo que tuviera que reconstruirse casi por completo. Tras este desastre, su portada románica principal fue vendida al Museo de los Claustros de Nueva York y con lo obtenido se reconstruyó la nave. Cuenta con capillas interesantes de los siglos XIV y XVI, altares, sepulcros platerescos, un órgano de 1720 (recientemente recuperado), varias muestras de imaginería y pinturas religiosas, vidrieras (una de San Sebastián que fotografié desde el exterior, es uno de mis iconos favoritos) así como una exquisita reja de forja rodeando la Capilla de la Visitación, con un retablo atribuido al pintor e imaginero Juan de Borgoña (1494-1536). Esta capilla fue fundada en 1490 por un matrimonio de juedoconversos a cambio de ser allí sepultados, pero no se terminó toda la capilla y las sepulturas hasta 1519, terminadas por su hijo, Clemente López de Frías, quien llegó a ser deán de Sigüenza y mecenas del Monasterio de Nuestra Señora de los Huertos de Sigüenza (Guadalajara).

No pudimos admirar el interior como hubiésemos querido porque había una misa, pero como volveremos a Frías, intentaremos descubrir todas estas maravillas próximamente. En el exterior puede admirarse un Arco Plateresco, resto del pórtico que cubría toda la parte baja del templo y que se derrumbó completamente en 1836, realizado por los mismos arquitectos que la capilla de la Visitación, así que podíamos hacernos una idea de su magnificencia. La página web del Ayuntamiento de Frías la califica como “uno de los mejores ejemplos de arquitectura plateresca de la provincia de Burgos”.

Desde la Iglesia se accede a una explanada en la que se pueden admirar restos de la Muralla antigua de Frías, que data de la misma época que el castillo, del siglo XIII, y constata el carácter defensivo de la Iglesia de San Vicente. Desde la Puerta del Postigo, visible desde su reconstrucción en 1997, se accede a un paseo de ronda por los bajos del castillo que llega hasta el actual aparcamiento.

Uno de los encantos de esta ciudad de Frías son las llamadas Casas Colgadas, viviendas realizadas en toba y madera que se fueron construyendo al abrigo del promontorio de La Muela, conformando un paisaje en el que parecen asomarse al precipicio. Hay un camino que desciende desde la plaza hacia el lado sur de la ciudad para poder admirarlas, pero nosotros dejamos esta visita para el final, llegando hasta el cercano Monasterio de Vadillo (del siglo XIII, hoy en desuso)  para poder admirarlas en toda su extensión.

Y ya solo nos queda una visita que realizar, el Puente Medieval sobre el Ebro. Sobre el río existió un puente ya en época romana que fue reconstruido muchas veces hasta llegar a su actual conformación medieval con un torreón defensivo-recaudador en medio. Es posible que este torreón date de 1396 cuando se otorga a la ciudad los derechos de pontazgo, y que dado el trasiego que se atestigua en esta ruta (comerciantes y trashumantes que circulaban entre la meseta castellana, la Rioja y la cornisa cantábrica), debió de contar con mucho éxito. El torreón mide 143 m de alto desde el nivel del agua, lo que también le otorga un punto estratégico defensivo de primer orden. Hoy ofrece unas preciosas vistas sobre el Ebro a su paso por esta bonita ciudad, así como del promontorio de La Muela con su castillo e iglesia a uno y otro lado. También cuenta con un área recreativa que invita a pasar la tarde, pero nosotros ya hemos de dar por terminada nuestra excursión. Será para otra vez.

Todas las fotos, aquí, o pinchando en la imagen de cabecera.

AlmaLeonor

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LAS AVES (ARISTÓFANES)

LAS AVES (ARISTÓFANES)

– En el invierno mudan todas las aves, y les salen después nuevas plumas.

-Y vosotros, ¿qué sois?

-¿Nosotros? Dos mortales.

Aristófanes

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EL MARIDO VERDUGO

EL MARIDO VERDUGO

¿Teméis de esa que puebla las montañas
turba de brutos fiera el desenfreno?…
¡Mas feroces dañinas alimañas
la madre sociedad nutre en su seno!
Bullen, de humanas formas revestidos,
torpes vivientes entre humanos seres,
que ceban el placer de sus sentidos
en el llanto infeliz de las mujeres.
No allá á las lides de su patria fueron
a exhalar de su ardor la inmensa llama;
Nunca enemiga lanza acometieron,
que otra es la lid que su valor inflama.
nunca el verdugo de inocente esposa
con noble lauro coronó su frente:
¡Ella os dirá temblando y congojosa
las gloriosas hazañas del valiente!
Ella os dirá que á veces siente el cuello
por sus manos de bronce atarazado,
y á veces el finísimo cabello
por las garras del héroe arrebatado.
Que á veces sobre el seno trasparente
cárdenas huellas de sus dedos halla;
que á veces brotan de su blanca frente
sangre las venas que su esposo estalla.
y que ¡ay! del tierno corazón llagado
mas sangre, mas dolor la herida brota,
que el delicado seno macerado,
y que la vena de sus sienes rota!
Así hermosura y juventud al lado
pierde de su verdugo; así envejece:
Así lirio suave y delicado
junto al áspero cardo arraiga y crece.
Y así en humanas formas escondidos,
cual bajo el agua del arroyo el cieno,
torpes vivientes al amor uncidos
la madre sociedad nutre en su seno.

Carolina Coronado
Almendralejo 1846

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LA IGUALDAD DE LA MUJER

LA IGUALDAD DE LA MUJER

“Las mujeres son conscientes de la grandeza de la misión social  que se les ha encomendado; en nombre de la fraternidad piden que la libertad y la igualdad sean a partir de ahora una realidad tanto para  ellas como para sus hermanos”.

Eugénie Niboyet (1796-1883) 

Eugénie Niboyet fue una feminista francesa de origen suizo que creó el primer periódico feminista francés , La Voix des Femmes” , el 20 de marzo de 1848, tras la revolución proletaria que hizo abdicar a Luis Felipe I de Francia y crear la 2ª República. Subtitulado “un periódico socialista y político que representa todos los intereses de las mujeres”, La Voix des Femmes se convirtió también en una asociación feminista, que lejos de cuestionar el papel maternal de la mujer en el círculo familiar, promovían la necesidad de su seguridad financiera y salarial, su educación, su derecho a la propiedad y el derecho al voto. También se abogaba por el restablecimiento del divorcio que había sido derogado durante la restauración monárquica. Eugénie Niboyet propondrá la candidatura de George Sand a la Asamblea Nacional Constituyente, lo que acabará por llevar al cierre de la publicación el 20 de junio de ese año de 1848 y a la prohibición gubernamental de los clubes de mujeres. Eugénie Niboyet se retiró de la vida pública y se exilió en Ginebra dedicada a la traducción de libros infantiles. En 1860 regresó a Francia, donde publicó el Libro de las Mujeres ( Le Vrai livre des femmes ) en 1863. Siempre interesada por las cuestiones feministas, en 1878, a la edad de 82 años, fue honrada en el Congreso Feminista de París. Falleció en París el 6 de enero de 1883.

“Las mujeres no tienen que adquirir la libertad, sino ejercerla.” Eugénie Niboyet (1796-1883). 

Las mujeres continúan reclamando la igualdad social, política y jurídica, pero sobre todo laboral, más de un siglo después de iniciados los movimientos feministas. Hoy, 8 de marzo de 2017, Día Internacional de la Mujer, es más necesaria que nunca la reivindicación de la igualdad femenina. Ni una menos. Ni un derecho menos.

AlmaLeonor

 

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FRASES CON IMÁGENES (VIII)

FRASES CON IMÁGENES (VIII)

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“Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos: para un español quizá sea eso un lujo excesivo.”

 

Manuel Chaves Nogales
(Sevilla, 7 de agosto de 1897-Londres, 4 de mayo de 1944)
“A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España”
(Chile, 1937).

 

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