POSVERDAD

POSVERDAD

Imagen: Alex Berdysheff

Esta palabra, tan de moda hoy en día, es la traslación al castellano de del inglés post-truth. Aceptada recientemente por la Academia Española de la Lengua, significa “distorsión deliberada de la realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros en la posverdad”. Este breve diccionario que el lector tiene en sus manos se podría titular así, pues contiene más de sesenta ejemplo de distorsión deliberada de la realidad a través del lenguaje con una finalidad manipuladora, con el objetivo de influir en opiniones y actitudes.

Toda nuestra vida -y no solo la nuestra- política, económica, social o cultural está llena de ejemplos de este tipo de distorsiones, cuya expansión se ve favorecida y multiplicada por el uso y abuso de los numerosos artefactos que a revolución digital ha puesto en nuestras manos. Son armas tan extraordinarias, potentes y nocivas, si se usan mal, que pueden transformar la realidad en asuntos de enorme transcendencia, como se ha comprobado en los casos del triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas, en el referendo sobre el Brexit en Gran Bretaña o en el “procés” independentista catalán. Desde que la señora Clinton había puesto en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos, pasando por la afirmación de que Gran Bretaña debía pagar todos los meses millones de euros a los despilfarradores burócratas de Bruselas y acabando en el “España nos roba” de los secesionistas catalanes.

En el fondo, estamos hablando lisa y llanamente de mentiras, si bien hay que reconocer que suena mucho mejor hablar de posverdad, como si fuese algo que está “más allá de la verdad”, como si está última hubiese quedado anticuada, sobrepasada por el tiempo. Lo importante ya no es que algo sea cierto o no, que sea verdad o mentira, sino que, por medio de la manipulación, viva en las creencias y actitudes de la opinión pública como si fuera verdad.

Ejemplos de la posverdad podríamos encontrarlos en otras épocas de la historia. Las religiones, sin ir más lejos, están llenas de distorsiones deliberadas de la realidad, por no hablar de las múltiples dictaduras que en el mundo han manipulado la realidad a su antojo. ¿Qué es lo novedoso en la situación actual? En mi opinión, su extensión global, su naturaleza instantánea hasta el punto de que podemos hablar de un “mundo virtual”, de una posverdad que se superpone y, en ocasiones, intoxica al mundo real de la verdad, consiguiendo que le mundo real sea el virtual, y viceversa. En definitiva, llamar a la mentira -manifestación contraria a lo que se sabe- posverdad supone una tergiversación grave del lenguaje. Si aceptáramos esta falsedad, tendríamos que asumir que no podemos llamar a alguien mentirosos, sino “posverdadero”, que incluso podría sonar como un halago. Qué razón tenía Plutarco cuando en sus Dichos notables de los lacedemonios dijo aquello de que “los mentirosos son la causa de todas las crueldades y delitos del mundo”.

Nicolás Sartórius.
La manipulación del Lenguaje. Breve diccionario de los engaños” (2018)

 

 

LA ESPAÑOLA QUE DIO SU NOMBRE A TRES CIUDADES

LA ESPAÑOLA QUE DIO SU NOMBRE  A TRES CIUDADES

Juana María de León Smith. Retrato de 1815 (París).

No cabe duda de que los nombres españoles pueden encontrarse (casi) por todo el mundo. En Bergen, Noruega, encontramos en un viaje el nombre María, con su acento y todo en la puerta de un edificio religioso, en lugar del anglosajón Mary, y en todo el continente americano es más que corriente encontrar ciudades de nombre castellano. Así que no debe extrañarnos hallar topónimos con acento español casi que en cualquier lugar del mundo. Menos habitual es encontrar personas españolas cuyo nombre haya servido para bautizar una ciudad. Y no digamos si esa persona es una mujer. Y el sumun ya es si en lugar de una sola ciudad, han sido tres y en dos continentes diferentes.

Ese fue el caso de Juana María de los Dolores de León Smith (1798-1872), natural de Badajoz, que fue la esposa del general Sir Harry Smith (1787-1860), gobernador británico de la Colonia del Cabo y que también tiene una ciudad con su nombre, Harrismith, a unos setenta kilómetros de la bautizada con el nombre de su esposa, Ladysmith, en el distrito de Uthukela de KwaZulu-Natal, en la actual Sudáfrica.

Resultado de imagen de Ladysmith

En este país, existe otra localidad bautizada con su nombre, aunque con una ligera variación ortográfica, Ladismith, en la región occidental de Klein Karoo, en la provincia Occidental del Cabo, que en un principio se llamó con su nombre español, Lady Juana María Smith. Además de estas dos ciudades en el continente africano, Lady Juana Smith, da nombre a otra población en el continente americano, concretamente en Canadá, en la Columbia Británica, cerca de Vancouver, en la costa este de la isla. Esta población fue fundada en 1898 con el nombre de Oyster Harbour, y en 1900 fue rebautizada como Ladysmith por James Dunsmuir (1851-1920), Primer Ministro de la Columbia Británica de 1900 a 1902, como homenaje a los británicos que levantaron el sitio de Ladysmith en Sudáfrica (el 28 Febrero de 1900, tras 118 de asedio, desde el 2 de noviembre de 1899) durante la Segunda Guerra Boer, donde murieron unos 3000 soldados.

La liberación de Ladysmith (1900), de John Henry Frederick Bacon (1868-1914).

Juana María de León era descendiente del conquistador vallisoletano Juan Ponce de León (1460-1521), primer gobernante de Puerto Rico y el primero que llegó a la Florida, que fue criado en Sevilla y era descendiente, a su vez, del rey Alfonso IX de León, pues su madre, Aldonza, era hija natural del monarca. Esta ascendencia noble fue transmitida por generaciones hasta la familia de Juana María, de la nobleza castellana atrapada por la Guerra de la Independencia española en un Badajoz tomado al asalto en cuatro ocasiones, la última de las cuales por el ejército británico el 7 de abril de 1812. Entonces Juana y su hermana mayor, huérfanas, se vieron desamparadas y pidieron protección a los oficiales británicos.

Juana María Smith (1854) en un dibujo de Julian C. Brewer.

Uno de estos oficiales fue Sir Harry Smith, entonces recién ascendido a capitán del regimiento de exploradores 95th Rifles, y al que le gustaba cazar liebres con su perro Moro por las tierras extremeñas. Así lo contó un oficial de su ejército:

“Estuve conversando con un amigo al día siguiente, en la puerta de su tienda, cuando observamos a dos señoras que venían de la ciudad, que se dirigían directamente hacia nosotros; ambas parecían jóvenes, y cuando se acercaron, la mayor de las dos arrojó hacia atrás su mantilla para dirigirse a nosotros, mostrando una figura notablemente hermosa, con rasgos finos, pero su rostro cetrino, quemado por el sol y agotado, aunque todavía joven […] Se dirigió de inmediato a nosotros de esa manera confiada y heroica, tan característica de la gran doncella española, nos dijo quiénes eran, la última de una antigua y honorable casa, y se refirió a un oficial de alto rango en nuestro ejército, que había sido alojada allí en los días de su prosperidad, por la verdad de su historia. Su esposo, dijo ella, era un oficial español en una parte distante del reino; él podría, o quizás no, seguir viviendo. Pero ayer ella y su hermana menor pudieron vivir en la riqueza y en una casa hermosa. Hoy no sabían dónde recostar sus cabezas, dónde cambiar de ropa o un trozo de pan. Su casa, dijo ella, era un desastre, y para mostrar las indignidades a las que habían sido sometidas, señaló donde la sangre todavía caía por sus cuellos, causada por el rasgado de sus aretes a través de la carne por las manos de peores que los salvajes […] Por sí misma, dijo, no le importaba, sino a la doncella agitada y casi inconsciente a su lado, a quien había tenido pero que últimamente había recibido de las manos de sus instructores convencionales, estaba desesperada y no sabía qué hacer; y que, en la prisión y la ruina que en ese momento estaban desolando la ciudad, no veía seguridad para ella, sino la que parecía no muy delicada que había adoptado: ir al campamento y lanzarse a la protección de cualquier oficial británico que se lo permitiera. Y tan grande, dijo, fue su fe en nuestro carácter nacional, que sabía que la apelación no se haría en vano, ni la confianza abusada […] ¡Allí estaba de pie un ángel! ¡El ser más encantador que nunca antes había visto! […] Catorce veranos aún no habían pasado por su rostro juvenil, que era de una delicada frescura, más inglés que español; su rostro, aunque no tal vez rígidamente hermoso, era sin embargo tan increíblemente hermoso e irresistiblemente atractivo, superando a una figura en la naturaleza. Mejor que mirarla era amarla, y yo la amaba, pero nunca le confesé mi amor, y mientras tanto, un hombre más impudente intervino y se la ganó. Pero aun así fui feliz, porque en él encontró un tal como su belleza y sus desgracias reclamaban: un hombre de honor y un marido digno de ella en todos los sentidos, Harry Smith.”

Random Shots by a Rifleman” (Disparos al azar por un fusilero),
por Sir John Kincaid (1835)

Unos días más tarde, Juana María, de 14 años y Sir Harry, de 25, contraían matrimonio. Nunca se separarían. Curiosamente, fallecieron el mismo día, 12 de octubre (en algunos lugares aparece que Juana María falleció el día 10), aunque de años diferentes, Harry en 1860 (a los 73 años) y Juana María en 1872 (a los 74 años). Ambos reposan juntos en St Mary’s, en Whittlesey (Cambridgeshire).

Sir Henry George Wakelyn Smith, 1st Baronet de Aliwal GCB (1787-1860)

Lady Smith, pese a su juventud, no quiso alejarse nunca de su marido  y le acompañó durante todos sus destinos militares (excepto durante la Batalla de Bladensburg el 24 de agosto de 1814, en el marco de la guerra anglo-americana de 1812-15 por las colonias canadienses). Su esposo fue comandante de brigada en Waterloo en 1815 y después estuvo destinado en Francia, Glasgow, Nueva Escocia, El Cabo de Buena Esperanza (intervino en la Sexta Guerra Xhosa de 1834-36)… fue nombrado gobernador de la Provincia de la Reina Adelaida (Sudáfrica) mientras estuvo en manos británicas y también enviado a La India en 1840 donde participó en la campaña Gwalior de 1843 y resultó victorioso en la Primera Guerra Anglo-Sikh de 1845 (fue nombrado 1º Baronet de Aliwal por ello).

Durante todo este tiempo se cuenta que Juana María viajaba en el tren de equipajes y dormía al aire libre, como el resto de las tropas inglesas, padeciendo sus mismas privacidades. Estos gestos, unidos a un carácter fuerte, pero amable, y varias muestras de buen juicio, hicieron que Juana María fuese muy querida por los hombres bajo el mando del ya General Smith, e incluso por los más recios oficiales, como el Duque de Wellington, quien comentaría en alguna ocasión la buena amistad que le unía a Lady Smith y pronunció un encendido discurso en el Parlamento británico en favor de Sir Henry por sus victorias indias. Fue ascendido a Teniente General en 1846 y al año siguiente nombrado Alto comisionado británico y Gobernador de la Colonia de El Cabo (entre 1847 y 1852), Juana María le acompañó entonces a su nuevo destino africano, donde Sir Henry tomó el mando de una expedición para controlar la soberanía del Río Orange contra los Boers, y luchó en la batalla de Boomplaats del 29 de agosto de 1848. En 1853 vuelve a Inglaterra.

Anexiones sudafricanas de Harry Smith (1847-1854)

En Sudáfrica Lady Smith siguió siendo la mujer afable y comprometida que había sido en otros destinos de su marido. Se dice (aunque no es seguro) que Juana María dio a conocer el Melón en esta parte del continente africano, donde se le conocía como Spanspek (literalmente “tocino español”). Por los servicios prestados a la corona por su marido, el Parlamento británico concedió a Juana María Smith una pensión de 500 libras desde 1848. Pese a todos los exitosos destinos de Sir Henry, nunca estuvo sobrado de dineros y el matrimonio pasó penalidades económicas desde su vuelta a Inglaterra.

Como suele pasar con otros personajes de la Historia, Juana María y su esposo Sir Henry fueron tardíamente protagonistas de obras literarias de ambiente histórico. Su historia novelada aparece en la obra Then Spanish Bride” (1940) de Georgette Heyer, abarcando desde que se conocieron en Badajoz hasta la Batalla de Waterloo. Habían aparecido brevemente en la obra An Infamous Army” (1937) de la misma autora y de forma breve también Juana María aparece en el epílogo de “La Compañía de Sharpe” (1982), la decimotercera novela histórica de la serie Richard Sharpe de Bernard Cornwell. Igualmente, Juana María es nombrada en la obra de 1984 “El otro lado de la colina”, de Peter Luke, que narra las peripecias militares de su marido, Sir Henry, durante la Guerra de Independencia española y las Guerras Napoleónicas. Salvador de Madariaga también la nombra en su obra “Mujeres españolas” y en Badajoz, existe una calle con su nombre, Calle de Lady Smith.

La edición en línea de “La autobiografía del teniente general Sir Harry Smith” (1903, Londres: John Murray, Albemarle Street), está dedicada a Juana Smith, cuyo encanto y gracia brillan a través de las memorias de su esposo. Y también brilla a través de su nombre en tres ciudades distintas de dos continentes diferentes.

AlmaLeonor_LP

FRASES CON IMÁGENES (LXXXII)

FRASES CON IMÁGENES (LXXXII)

Fred Astaire (Los Ángeles) 1940 (Fotogramas)

 

“Nuestro paso de regreso a casa fue igual de ligero / Como los pies de Astaire / Y, como un eco lejano, / un ruiseñor cantó en la Plaza Berkeley / lo sé porque yo estaba allí / aquella noche en la Plaza Berkeley”

A Nightingale Sang in Berkeley Square
Canción de 1939 escrita por Eric Maschwitz y con música de Manning Sherwin.

 

LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA

LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA

LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA está de nuevo en una Presentación. Esta vez en la Biblioteca Municipal de Tudela de Duero (Valladolid) mañana, día 7 de febrero de 2019, a las 19:00 horas. Están todos invitados, pero como es muy difícil que los seguidores de este blog puedan acudir, al menos por cuestiones geográficas, les invito a que compartan el cartel por sus redes habituales para llegar al mayor numero de personas posibles que puedan asistir.

¡Muchas Gracias!
AlmaLeonor López Pilar.

VISIBLES… EL SIGLO XIX

VISIBLES… EL SIGLO XIX

Damas de luto en la época victoriana (imagen no incluida en el libro, pero que estuvo a punto de ser la portada).

 

The long nineteenth century es el nombre con el que el historiador Eric Hobsbawm se refiere al periodo comprendido entre 1789, año de la Revolución francesa, y 1914, año del inicio de la Primera Guerra Mundial. Este largo siglo XIX de 125 años, compendia una serie de transformaciones socio-políticas que terminaron por reescribir toda la historia europea y mundial. Es en este Siglo de las Revoluciones, como también se le ha llamado, donde se define y acaba por triunfar, el nuevo modelo social burgués: políticamente liberal, económicamente industrial-capitalista, y culturalmente conservador y moralizante. Las revoluciones que suceden en la primera parte del periodo ―entre 1789 y 1848―, intentan abrir la puerta a una mayor intervención popular en la vida pública y dan lugar a lo que Hobsbawm califica como «la mayor transformación en la historia humana desde los remotos tiempos». Y, finalmente, es en este momento donde el feminismo del siglo XX y la historiografía tradicional, instalan el inicio de la lucha por la emancipación femenina.

La tipología social es, además, completamente diferente a la del Antiguo Régimen. Con este panorama, la situación de la mujer no puede ser tampoco ni muy clara ni medianamente uniforme. Mientras en Inglaterra la temprana industrialización convierte a las mujeres en actores de las reivindicaciones laborales; en Francia se frenan los avances legislativos acerca del matrimonio, divorcio, concubinato y derecho de los hijos naturales, con el Código Napoleónico de principios de siglo, «una monstruosidad, una herramienta que somete, que envilece a la mujer», en palabras de George Sand. Mientras en Alemania, Suiza y Holanda se generaliza el protestantismo ―y lo extiende por el mundo a través de sus respectivas colonias― que revalorizaba el recogimiento familiar y moral; en los países del orbe católico se inicia una cruzada anti-laicista contra el positivismo racional dieciochesco que culmina con la firma de Concordatos con la Santa Sede.

En el marco de estos acuerdos estado-iglesia, se recupera la rancia moralidad que confina de nuevo a la mujer en el reduccionista ámbito del hogar. En medio, la razón ilustrada dejó abiertas puertas de realización y liberalización femenina que la nueva clase burguesa va a tratar de neutralizar y utilizar al mismo tiempo: por un lado, privilegia la moralidad como principal preocupación social, revalorizando la familia ―por encima del individuo― y exigiendo a la mujer su «silencio, sumisión y conformismo»; pero por otro, al convertir a las mujeres en «el eje de la familia y del hogar», implícitamente aumenta el valor, protagonismo y visibilidad de la casada: «Digámoslo de una vez: el matrimonio es el estado natural de una mujer y el primer precepto que dio el Señor a los hombres» (Periódico de las Damas (1822), Nº I, Madrid, pp.8-9).

Mª del Pilar López Almena.

VISIBLES. MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX

POLEMISTAS

POLEMISTAS

Imagen: Carolina Himmel

Varios gauchos en la pulpería conversan sobre temas de escritura y de fonética. El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que Cabrera ignora su analfabetismo; afirma que la palabra trara* no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito.

-Pago la copa para todos -le dice el santiagueño- si escribe trara.

-Se la juego -contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra.

De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo y sentencia:

-Clarito, trara.

Luis Antuñano

EL CÓDIGO DE HAMMURABI

EL CÓDIGO DE HAMMURABI

Parte superior de la Estela de Hammurabi (Wikipedia)

Cuando queremos evocar la equidad a la hora de impartir justicia, solemos recordar el dicho “ojo por ojo, diente por diente”, del Código de Hammurabi, uno de los más antiguos compendios legislativos del mundo, aunque tal vez no sepamos mucho más sobre ello. Vamos a tratar de solucionar eso.

“…Anum y el divino Enlil también me designaron a mí, Hammurabi, príncipe devoto y respetuoso de los dioses, para que yo mostrase la equidad al país, para que yo destruyese al malvado y al inicuo, para que el prepotente no oprimiese al débil, para que yo, como el divino Shamash, apareciera sobre los hombres e iluminara la tierra, para que promoviese el bienestar de la gente…”  (Prólogo en verso del Código de Hammurabi)

Hoy, las leyes siguen teniendo el mismo carácter sancionador, punitivo y preventivo. Hoy, son leyes que, al menos en teoría, se establecen en función de una necesidad social y con el consenso que otorga la representatividad popular en el órgano legislativo correspondiente en cada nación, en el caso de las democracias, las Cortes o Parlamentos. Por eso, tal vez nos sorprenda saber que este conjunto de leyes babilonias le fueron entregadas a Hammurabi por los dioses, por un dios, Shamash, dios de la justicia de la ciudad de Sippar, donde probablemente se erigió en principio. No es algo extraño en la antigüedad, pero sí la forma en la que el “príncipe devoto” de Babilonia las hizo públicas: las mandó grabar en una enorme roca granítica para conocimiento de todos. Claro que en aquellos tiempos solo unos pocos privilegiados eran capaces de “leer” la escritura cuneiforme, pero es seguro que, de alguna forma, esas leyes se conocieron en todo su Imperio y, afortunadamente también, a lo largo de la historia hasta nuestros días.

Muestra de escritura Cuneiforme. Museo de Estambul. Imagen propia

El Código de Hammurabi es también uno de los textos cuneiformes (está escrito en acadio) mejor conservados que se conocen, datado en el año 1690 a.C. Como decía, está grabado en una estela de diorita negra de 2,25 mt. de altura, encabezada por una imagen que representa a Hammurabi de pie recogiendo las 282 leyes de las que consta el código legislativo de manos del dios mesopotámico Shamash, quien permanece sentado. La piedra fue hallada en la ciudad de Susa (actualmente en Irán) en 1901 y trasladada a París donde fue estudiada por Georg Friedrich Grotefend (1775-1853), uno de los primeros especialistas en la escritura cuneiforme. Actualmente se encuentra expuesta en el Museo del Louvre.

Texto legislativo de Hammurabi. Elaboración propia.

Observando algunas de sus disposiciones legislativas parecería que el Código de Hammurabi, no dejaba lugar a dudas respecto a la “Ley del Talion” que aplicaba. Sin embargo, estas leyes (al igual que otras orientales, como el más antiguo Código de Ur, del siglo XXI a.C.) pretendían, por un lado, poner fin a prácticas individuales de venganza por la comisión de un desagravio y la mayoría de los castigos eran pecuniarios. Por otro lado, el código expresa la superioridad de la ley por encima del poder del rey, aunque sitúa a este como su garante supremo. Hammurabi (1792-1750 a.C.), sexto rey de la primera dinastía amorrea de Babilonia, deja claro en el prólogo la autoría divina de la legislación y, por ende, su sometimiento a los designios de un dios, Shamash, al que Hammurabi eleva aquí a dios supremo.

Estela del Código de Hammurabi en el Museo del Louvre de París (Wikipedia).

A través de sus directrices se ha podido saber algo más sobre los dioses mesopotámicos (menciona a Anum, como padre e todos los dioses, Enlil, Marduk, Enki, Shamash…), sobre la sociedad en tiempos de Hammurabi (hombres libres, obreros o “muskenus”, y esclavos) y, en general, que tipo de delitos preocupaban más a las gentes (con mayores penas) y cuáles se repetían más frecuentemente (recibe mayor atención). Lo más destacado es la diferencia de penas entre hombres libres (menos gravosas) y esclavos (más drásticas) y según la intencionalidad o no de la causa dolosa. También es destacable la regulación de todos los aspectos de la vida cotidiana, desde los contratos hasta honorarios, divorcio, herencias, robo, asesinato… Y también se ocupa de la mujer, generalmente peor tratada en cuanto a derechos conyugales que sus maridos. No obstante, algunas leyes protegían su condición de esposa y una situación de necesidad.

Texto legislativo de Hammurabi. Elaboración propia.

En realidad, estas leyes (y sus penas: la de muerte, la mutilación, la indemnización económica…) pretendían, además de la restitución del daño, producir un efecto ejemplificador de la justicia real y, por extensión, divina. Eran penas con un marcado carácter social y con ellas Hammurabi sentó las bases de su futuro Imperio, unificando religión, idioma y leyes. Había emprendido enseguida una serie de guerras de conquista contra Asiria, Elam, Larsa y otros pueblos, autoproclamándose Rey de Sumeria, Acadia y casi de toda Mesopotamia. Como culminación de su dominio de todos los estamentos sociales, habría logrado, al proclamarse a sí mismo elegido por el dios Shamash para dictar sus leyes, someter a su voluntad al poderoso estamento religioso de Babilonia que, a su vez, se dejó querer por el rey hasta el punto de constituir uno de los principales puntales de su poder.

“Cuando Marduk me mandó a gobernar el pueblo, a enseñarle al País el buen camino, yo hice de la Verdad y la Equidad el asunto mas importante: me ocupé del bienestar del pueblo.” (Prólogo en verso del Código de Hammurabi).

Fuentes: Hammurabi de Babilonia, príncipe piadoso, de Federico Lara Peinado, UCM; Código de HammurabiHistoria Clasica;  Museo del Louvre;  Wikipedia (Cabecera); Wikipedia (Estela)

AlmaLeonor_LP