ALMAS PARA EL RECUERDO: ROBERT MILLAR

ALMAS PARA EL RECUERDO: ROBERT MILLAR

Ahora que estamos en plena vorágine del Tour de Francia 2017, la vuelta ciclista con más historia y con más reconocimiento mundial, es un buen momento para recordar a un ciclista, una figura fulgurante de los años ochenta y noventa, más o menos cuando yo empezaba a aficionarme al ciclismo en ruta, y que hoy vuelve a ser recordado, aunque no por sus logros en la bicicleta, que tuvo muchos y muy importantes, sino por su cambio de sexo. Me estoy refiriendo a Robert Millar, hoy de nombre Philippa York. Vamos a conocer su historia.

Tengo guardada esta fotografía de la izquierda desde el año 2007 (según consta en mi ordenador, guardada junto con el enlace a una noticia que leí entonces) y es una de las que seleccioné hace unos meses cuando decidí iniciar esta serie de artículos titulados ALMAS PARA EL RECUERDO. No es que esta sección vaya a estar dedicada solamente a deportistas, pero lo cierto es que hasta ahora son los protagonistas de ella. No obstante me alegro de no haber hecho un artículo sobre Robert Millar/Philippa York hasta ahora, porque hubiese parecido una entrada tal vez poco apropiada, chismosa.

Hoy es diferente porque hace unos días, el pasado día 6 de julio, Philippa York decidió hacer pública (se sabía desde hace tiempo en el mundo del ciclismo) su historia: “Durante mucho tiempo he vivido como Philippa”. Lo hizo con una carta abierta en la web Cyclingnews.com, un espacio especializado en ciclismo, donde además colabora asiduamente desde el año 2010 con su nombre masculino, “Robert Millar Blog”:

“Creo que se trata del momento adecuado. Hace diez años aún fui objeto de arcaicos prejuicios e insultos por mi condición. Hago pública mi imagen, ya que vivimos en una época más tolerante, libre de ignorancia, y me dedicaré a analizar el ciclismo en televisión (ITV4)”.

Philippa York el pasado 6 de julio

Para hacer más visible su imagen y su voz, Philippa York ha aceptado la propuesta de la cadena británica ITV4, para ser comentarista en el presente Tour de Francia: “Estoy realmente encantada con este desafío. Creo que es el momento adecuado para volver a un papel más activo en el ciclismo, el deporte que siempre he amado”. 

Así que creo que hoy es un buen momento para conocer a Philippa York y también para recordar al ciclista Robert Millar. 

Robert Millar, en el Tour de Francia de 1993

Empecemos por saber algo más de Robert Millar. Nacido en Escocia el 13 de septiembre de 1958, pronto empieza a correr como amateur. Primero lo hará en Escocia, luego en carreras británicas y hasta en Francia. En esta primera etapa de su carrera llegó a estar clasificado en 4º lugar en el Campeonato del Mundo Amateur. En 1980 pasó al ciclismo profesional (con el equipo Peugeot). Desde entonces se le conocen varios éxitos en las principales carreras ciclistas mundiales: quedó varias veces entre los diez primeros en carreras del estilo de la Dauphiné Libéré (que ganó en 1990), como la París-Niza, le Grand Prix du Midi Libre, el Tour Midi-Pyrenees, Tour de Suisse, Tour del Mediterraneo o el Tour de Romandía; obtuvo la victoria en la Volta a Catalunya del 85 y en el Tour de Gran Bretaña del 89; en el Tour de Francia, participó en once ediciones, ocho de ellas terminadas por completo, y quedó entre los veinte primeros en seis ocasiones; fue segundo durante dos años en la Vuelta a España (1985 y 1986); en 1987, de la mano del equipo Panasonic, corrió su único Giro de Italia, quedando en segunda posición y ganando una etapa y la clasificación de la montaña.

Siempre fue un magnífico escalador. Participó en el Tour de Francia por primera vez en 1983, consiguiendo una victoria de etapa. Fue una victoria importante, ya que le arrebató el triunfo a Perico Delgado en una etapa de montaña pirenaica, la décima, celebrada un 11 de julio, que era además la primera del Tour en la que se subía a los col de Ausbisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde. Obtuvo seis segundos de ventaja sobre Perico, algo que el segoviano parece que no olvidó nunca. Millar quedó en el puesto 14 a veintitrés minutos del ganador del Tour de ese año, Laurent Fignon y Perico Delgado quedó en el puesto 15, después de haberse llegado a colocar en segunda posición.

Al año siguiente, en 1984, Robert Millar quedó en 4º lugar en el Tour (Perico Delgado tuvo que abandonar por una caída cuando se había colocado el 5º en la general), ganó una etapa y fue el primero en la clasificación de la montaña, algo que no había logrado ningún ciclista inglés y que no se repetirá en 20 años, concretamente hasta el año 2009, cuando Bradley Wiggins resultó tercero en el Tour. Había nacido el gran ciclista profesional.

Bernard Hinault y Robert Millar

Su palmarés no recoge ninguna victoria en las grandes vueltas, pero siempre estuvo entre los primeros haciendo grande el ciclismo de los años ochenta y noventa, la mejor etapa, creo yo, de este deporte, cuando descollaban muchas y grandes figuras, como Bernard Hinault (es, por cierto, el último francés que ha ganado un Tour, en el año 1985), Laurent Fignon, Greg LeMond, Stephen Roche, Jan Ullrich, Lucien van Impe, Joop Zoetemelk, Alex Zülle, Freddy Maertens, Laurent Jalabert, Mario Cipollini, Francesco Moser, Giuseppe Saronni, Sean Kelly, Richard Virenque, Tony Rominger, Giuseppe Saronni, Marco Pantani…   y tantos y tantos otros, además de algunos de los mejores ciclistas españoles de todos los tiempos, como por ejemplo (y a riesgo de dejar muchos, muchísimos, en el tintero): José Luis Laguía, Melchor Mauri, Álvaro Pino, Marino Lejarreta, Vicente Belda, Chava Jiménez, Lucho Herrera, Fernando Escartín, Laudelino Cubino, Anselmo Fuerte, Peio Ruiz Cabestany, Julián Gorospe… y los enormes Miguel Indurain y Perico Delgado, el gran rival de Millar.

Miguel Indurain

En la mente de todo aficionado español al ciclismo quedó aquella mítica Vuelta a España de 1985, cuando en la penúltima etapa, una etapa durísima de puertos “rompepiernas” (los tres puertos de la etapa fueron: La Morcuera, Cotos y el Alto del León), por la sierra de Madrid, entre Alcalá de Henares y las Destilerías Dyc en Palazuelos de Eresma (Segovia), Perico Delgado (no olvidar tampoco la impagable labor de Pepe Recio) le disputó el liderazgo a Robert Millar (en estos momentos líder con maillot amarillo) con una escalada espectacular, digna de los mejores ciclistas del mundo y haciendo vibrar a todos los aficionados que no nos despegábamos del televisor.

 Pepe Recio y Perico Delgado

Descendiendo Navacerrada, Perico Delgado, que estaba a más de seis minutos del líder, Millar (era segundo Pacho Rodríguez a 10” y tercero Peio Ruiz Cabestany del MG-Orbea, el equipo de Perico, a 1’15”), acabó con las aspiraciones del escoces para terminar triunfante en una de las grandes vueltas. Perico Delgado le sacó una ventaja de siete minutos alzándose con el triunfo de la etapa y de la vuelta.

Para la afición inglesa fue una “vuelta robada”, un acuerdo de connivencia entre los equipos españoles. Philip Bouvet, del diario francés L’Équipe, declaró que Millar fue “la víctima de una formidable coalición española”. Toda la prensa y hasta el director deportivo del equipo Peugeot, Roland Berland, estaban convencidos de que se les había tendido una trampa urdida por todo el pelotón de la vuelta: “Está todo podrido, todo el pelotón estaba contra nosotros, parece que un español tenía que ganar a toda costa”. Millar aseguró que no volvería a correr la vuelta española. Pero si que lo hizo. Al año siguiente, con el equipo Panasonic, se colocó la camiseta amarilla en la etapa seis (coronando los Lagos de Covadonga), pero de nuevo, en la etapa once, esta vez un trial de 29 km en Valladolid, la pierde en favor de Álvaro Pino, quien se hizo con el triunfo de la Vuelta, con Millar en segunda posición a un minuto y seis segundos.  En 1988, con el equipo francés Fagor, volvió a la Vuelta quedando sexto. Perico Delgado ganó el Tour de Francia de ese año y Robert Millar lo abandona en la etapa 17.

Robert Millar y Perico Delgado

Durante la década de los noventa, Robert Millar ya no parecía ser el ciclista descollante de la década anterior. En 1991 terminó el Tour de Francia en el puesto 72, la única vez de las ocho que lo terminó que no se situó entre los 25 primeros. El año siguiente fue su Annus horribilis, cuando llegó a ser positivo por testosterona en la Vuelta a España de 1992. Perdió su tercer puesto y le sancionaron con 10′, una multa pecuniaria y una suspensión durante tres meses, algo que en su profesión no se olvida fácilmente y pasa factura, como le ocurrió tristemente a Marco Pantani (el año pasado se supo que su análisis estuvo manipulado por la mafia a causa de las apuestas clandestinas).  Aun así, obtuvo algunos buenos puestos en esta década: completó el Tour de Francia en 1992 (18ª posición) y 1993 (24ª); la Vuelta en 1992 (20ª) y 1993 (15ª); fue segundo y tercero en algunas carreras y campeón de Gran Bretaña de fondo en carretera en 1995. En ese mismo año su equipo, Le Groupement, se disuelve por quiebra y Millar abandona el ciclismo profesional.

Robert Millar en el Alpe D’Huez en el Tour de Francia de 1991.

Su vida privada era poco conocida. En la todavía clasista España de los ochenta, se le criticaba su coleta y su pendiente en la oreja, y entre sus compañeros de equipo era tenido por un personaje retraído y poco dado a comentar sus cosas. La prensa le calificaba de “taciturno” e impopular por sus repetidas negativas a ser entrevistado. En 1985 se casó, casi en secreto, con la francesa Sylvie Transler (hermana del ciclista Jerome Simon), de la que se separó a finales de los noventa y con la que tuvo un hijo.

En 1994, dos años después del disgusto del dopaje en la Vuelta a España, se hizo vegetariano manifestando a menudo su aversión a los productos químicos. En el año 2000 los rumores sobre su condición sexual hicieron que redujera drásticamente sus apariciones públicas, siendo su participación en los Juegos de la Commonwealth del 2002 la última ocasión en la que se dejó ver como Robert Millar. Al parecer, en el año 2003 inicia su camino de cambio de sexo y pasa por primera vez por el quirófano: “Ya sabía que era diferente desde los cinco años.”

Siguió, no obstante, ligado al ciclismo como preparador y director deportivo, pero al iniciarse el nuevo siglo no se sabe nada de él, desaparece. En el año 2003 fue incluido en el Salón de la fama del Deporte en Escocia y ni siquiera acudió a la ceremonia. Tan notoria fue su desaparición que el Daily Mail decidió profundizar en el tema y se llegó a realizar un documental titulado “En busca de Robert Millar”, basado en el libro del periodista Richard Moore. Entonces, en el año 2007, se publicó la imagen de la que hablaba al principio, una imagen en la que borrosamente se identificaba a una mujer de larga melena, de nombre Philippa York, como Robert Millar. El Daily Mail adelantaba entonces que Philippa vivía en Dorset con su pareja, una mujer llamada Linda Purr.

“Por mucho que he intentado mantener mi privacidad intacta durante el curso de los años, creo que hay varias razones obvias por las que no había tenido un perfil público desde que hice la transición. Por suerte, los tiempos han cambiado desde hace 10 años, cuando mi familia amigos y yo misma estábamos anclados en la vista arcaica y llena de prejuicios que mucha gente y algunos tabloides han mantenido sobre esto.”

Robert Millar, hoy ya Philippa York, es el primer ciclista profesional que ha manifestado públicamente su cambio de sexo. No es el único deportista que lo ha hecho, pero hay deportes en los que parece mucho más difícil hablar abiertamente de ello. Bienvenida de nuevo al mundo del ciclismo Philippa.

AlmaLeonor

Fuentes: WikipediaCyclinews; As; El MundoEl Mundo DeportivoEl Español; Diario Público; MarcaEl Periódico; ABCAS ; Il Corriere; El Mundo Deporte; Web oficial de Perico Delgado; Web oficial del Tour de Francia.

Hoy, 11 de julio, justo cuando acabo de terminar de escribir este artículo, toda la historia de Robert Millar ha sido contada en los comentarios de la décima etapa del Tour por los periodistas de Eurosport.

ALMAS PARA EL RECUERDO: SWIMMING BRIGHTON CLUB

ALMAS PARA EL RECUERDO: SWIMMING BRIGHTON CLUB

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Imagen: Swimming Brighton Club y East Sussex Record

Hoy traemos para nuestras ALMAS PARA EL RECUERDO no a un hombre sino a varios, los intrépidos nadadores ingleses que fundaron, en 1860, el Brighton Club Natación y Mar de Baño para Hombres, que es la denominación completa que adoptó en un principio el que hoy está considerado el más antiguo club de natación de todo el Reino Unido. Unos años después de su fundación, en 1863, se tomaron esta fotografía y tiene su curiosidad. Para conocerla en su total dimensión, hay que ir por partes.

EL CLUB

Frederick Cavill

Un pequeño grupo de amigos, aficionados a la natación, que se solían reunir en las cercanías del Lion Mansions Hotel desde el año de 1858, deciden formalizar su afición con la creación de un club de natación que se oficializa el 4 de mayo de 1860. Principalmente fueron los señores George Brown, J. Nyren, W. Patching, George Worsley (1835-1911), de 25 años, R. Ward Charles Hindley (1818-1893), de 40 años, que era el secretario y John Henry Camp (1826-1875), presidente. Al año siguiente se unió el conocido nadador de 23 años, Frederick Cavill (1839-1927). Cavill, natural de Kensington (Londres), emigraría a Australia una década más tarde (imagen de la derecha), donde fundó una escuela de natación, dando lugar a una muy conocida familia de nadadores profesionales.

Era un club modesto, de precios bajos, pero con mucho entusiasmo. Los socios que quisieran unirse debían pagar una cuota de entrada de un chelín y una suscripción semanal de dos peniques. En un principio no tenían ni un lugar donde cambiarse y las competiciones, que comienzan a celebrarse en 1861, eran igualmente poco significativas. Poco a poco se dotan de vestuarios y empiezan a organizar eventos con más premios que, aunque modestos (algunas veces constaban de una libra de té, o un jamón o una prenda de vestir… o pequeñas cantidades de dinero), pronto van a ser un acertado reclamo para atraer gente al club. En 1863, cuando se tomaron esa fotografía de la cabecera, el número de socios había pasado de 13 a 59.

John Henry Camp en 1872

Además de Cavill, de todos estos primeros miembros del Club de Natación de Brighton, el más famoso fue su primer presidente, John Henry Camp, toda una celebridad en la ciudad y que era conocido como “el capitán Camp”. Su particularidad es que pese a que su pierna izquierda había sido amputada, no le impedía ser un excelente nadador. Además de ser el primer presidente del Club fue instructor de natación y socorrista, llegando a salvar a no menos de 20 personas durante su pertenencia al club.

Una de las actividades más populares promovidas por el Club de Natación Brighton, fue el “Tea Party Acuático” celebrado en el muelle oeste de Brighton sobre una balsa de madera (la imagen inferior es de El Gráfico de 1881, pero se celebró desde los inicios), que se hacía acompañar de “caballitos” hechos de toneles de madera para diversión de los asistentes. La popularidad de John Henry Camp sirvió como acicate para la prensa local que en agosto de 1868 publicaba: El Capitán Camp, el nadador con una sola pierna, preparará y participará del tea party en el agua esta tarde.”

Camp padeció una larga y dolorosa enfermedad al final de sus días que le hizo gastar todos sus ahorros, llegando a vivir casi en la indigencia de no ser por la ayuda del resto de miembros del club. En su lápida, el club hizo poner una inscripción que decía: “Esta lápida fue erigido por el Brighton Club de Natación a la memoria de su antiguo Steward, John Henry Camp, el célebre nadador con una sola pierna, Nacido el 26 de julio de 1826, Murió en Brighton, 28 de diciembre de 1875, a los 49 años…. Su lema fue: me atrevo con cualquier ola para salvar una vida.”

Desde la muerte de John Henry Camp, al mejor nadador y líder del Club Brighton, se le otorgaba el título de “capitán” en su honor. El primero en ostentarlo fue George Harding, un excelente nadador que mantuvo el título durante los cuatro años siguientes, un importante logro ya que el número de socios había aumentado hasta los 115 miembros.

El Club Brighton se vinculó al condado de Sussex y junto a otros clubes de natación promovieron y fundaron la Asociación de Natación Amateur del condado de Sussex. La mayor parte de la información de este artículo se ha extraído de su página web.

LOS BAÑOS

“Swimming Hole”, de Thomas Eakins 1884-85 (existe también una fotografía).

En estos años existían algunas particularidades respecto al baño en las playas. La primera, es que muchos señores acostumbraban a bañarse desnudos; y la segunda, es que para bañarse en las playas públicas estas tenían que contar con las llamadas “máquinas de baño”, una especie de “carricoche” que entraba en el agua y que servía para cambiarse y disfrutar del agua sin ser vistos por otros. Lo utilizaban tanto hombres como mujeres, aunque los espacios playeros estuviesen restringidos y separados por sexos.

Así que las reuniones de los socios del Brighton Club, quizá para escapar a estas restricciones, tenían lugar a las 6 de la mañana, excepto si eran competiciones con público, en cuyo caso cumplían la normativa y se cubrían para bañarse.

Pero a algunos no les gustaba nada esa costumbre de utilizar “ropa de baño”. Uno de ellos fue el reverendo (de la Iglesia de Inglaterra) Robert Fancis Kilvert (1840-1879), un personaje controvertido del que, pese a su temprana muerte a los 38 años, se conservan varios diarios que escribió con gran información acerca de la vida rural inglesa de la segunda mitad del XIX. Gran entusiasta del nudismo, consideraba que era una práctica natural y saludable.

Decía el reverendo en distintas fechas de 1872:

“Durante el baño de la mañana temprano, antes del desayuno, muchas personas fueron despojándose abiertamente de sus ropas sobre la arena.  Que deliciosa sensación de libertad correr desnudos hacia el mar, donde las olas se vuelven espuma y el sol de la mañana, de color rojo brillante, cae sobre los miembros de y corrían hacia el mar. Yo habría hecho lo mismo. […] Un muchacho me llevó a la puerta de la máquina de baño lo que pensaba eran dos toallas, pero luego me di cuenta de que uno de los trapos que me había dado era un par de calzoncillos a rayas rojas y blancas muy cortos para cubrir mi desnudez [se llamaban “caleçons”]. No acostumbrado a este tipo de cosas y costumbres que tenían, y en mi ignorancia, me bañé desnudo desdeñando los convencionalismos del lugar y escandalicé a la playa. […] En Shanklin uno tiene que adoptar la costumbre detestable de bañarse en calzones. Si a las señoras no les gusta ver hombres desnudos. ¿Por qué no se mantienen fuera de la vista? hoy he tenido un par de calzones prestados que no me han dejado seguir nadando. Las fuertes olas les arrancaron y les enredaron alrededor de mis tobillos. Mientras tanto, yo estaba encadenado agarrado y tirado por un golpe de mar, que se retiraba de repente y me dejó desnudo sobre la arena. Después de esto tomé el trapo miserable y peligroso y lo arrojé fuera de mí y por supuesto había allí algunas señoras preguntándose qué me ocurrió en el agua.”

Esta costumbre masculina originó en la época varios reglamentos y normas destinadas a guardar el debido decoro y no escandalizar a las señoras (de lo que se quejaba Kilvert amargamente), y así, era fácil encontrar medidas como que entre las 8 de la mañana y las 9 de la noche, había que utilizar un traje de baño para hacer uso de las playas. En las competiciones públicas se introdujo la costumbre de utilizar los llamados caleçons, una especie de “calzones” masculinos para el baño. No fue hasta la desaparición de las “máquinas de baño” y después de permitirse las playas mixtas, cuando se empieza a utilizar el traje de baño decimonónico que nos es familiar, y que para los señores cubría hasta las rodillas.

A la izquierda, un nadador masculino con su “bañador” emergiendo del mar en una caricatura dibujada hacia 1900 por el ilustrador inglés Everard Hopkins (1860-1928). A la derecha, otro nadador masculino de Inglaterra, pero en una playa pública de Francia, en 1877, según dibujó George Du Maurier (1834-1896).

LAS MÁQUINAS DE BAÑOS

Máquinas de Baños en 1870. Caricatura satírica de George du Maurier sobre “un encuentro inesperado”. Observese que el señor utiliza calzones y no bañador completo.

Lo cierto es que bañarse tras las “máquinas de baños” impedía que desde la orilla alguien pudiera estar observando al bañista, ya fuesen señoras con ropajes imposibles para el baño, ya fuesen señores tal y como vinieron al mundo.

Esta especie de casetas-carro de cuatro ruedas, que estaban realizadas en madera y cubiertas con lonas, se desplazaban hasta el agua tiradas por caballos. En el extremo que entraba en el agua, tenían una especie de “parapeto” a ambos lados que impedía que un bañista viera a otro al descender del carro.

La “máquina” parece que fue inventada por un cuáquero, el Sr. Benjamín Beale, en 1750 en Kent (Inglaterra), para preservar la modestia de las mujeres en el baño, y no verse enfrentadas a la vergüenza de contemplar a los señores que disfrutaban desnudos del agua. Antes, hacia 1735 se conocen las “campanas de la modestia”, un artilugio un tanto envarado e insuficiente, que pretendía cumplir la misma misión.

Máquinas de Baño en Brighton, según una caricatura de William Heath de 1829.
Máquinas de Baño en Brighton en una fotografía de 1891. Los dos hombre en primer término llevan “calzones” de baño en lugar del bañador de una pieza que ya se acostumbra a utilizar en estos años.

Desde el siglo XVIII este tipo de artilugios se hicieron populares en muchas playas segregadas de Europa (sobre todo en Inglaterra, pero también en Francia o Alemania) y también fuera de ella (en EEUU y México), pero con el inicio del siglo XX, la utilización de bañadores de cuerpo entero (tanto para ellas como para ellos) y la popularización de las playas mixtas, acaban desapareciendo.

LA FOTOGRAFÍA 

La fotografía se dio a conocer en septiembre de 2011 cuando el Club Brighton montó una exposición de carteles, fotografías, películas, archivos y otros elementos de su historia, entre los que se encontraba esta imagen con 19 de sus miembros, aunque no han sido identificados. En un principio resultó algo intrigante porque todos estamos acostumbrados a la imagen de los típicos bañistas victorianos con un excesivamente largo “traje de baño”, normalmente a rayas horizontales. Pero lo cierto, como venía diciendo, es que hasta la segunda mitad del XIX era más corriente que se disfrutara desnudo de los baños de mar.

Los archivos del club indican que la fotografía fue tomada en el año 1863, durante la reunión de Comité del Club, celebrada el 2 de junio de ese año, cuando se admitió como miembro al fotógrafo Benjamín Botham, a quien se le conminó a tomar “un boceto fotográfico de los miembros del Club”, según consta en las actas de dicha reunión.

El fotógrafo Benjamin William Botham (1824-1877), que había sido pañero en Suffolk, llegó a Brighton alrededor de 1860. Tenía unos 35 años y se instaló en la ciudad con su esposa, Ellen Bedwell,  y sus cuatro hijos, ejerciendo de fotógrafo ambulante. Un par de años más tarde, ya tenía un estudio fijo en el 43 de Western Road, justo en la parte trasera de su domicilio en Brighton (el 33 de Clarence Square), donde trabajó como fotógrafo profesional hasta 1868, cuando vendió su estudio y se dedicó a algo totalmente diferente: fue el titular del The New Oxford Teatro de Variedades en New Road, Brighton, hasta su fallecimiento el 18 de diciembre de 1877.

Benjamin fotografió a los 19 miembros del Brighton Club en los alrededores de las instalaciones, cerca del agua, trasladando todo su equipo allí para la ocasión.

Es una fotografía del tipo impresión de albúmina en papel, un formula muy corriente en los años sesenta del siglo XIX y que consistía en cubrir el papel con clara de huevo, un excelente revestimiento, pero que tendía a amarillear con el tiempo (hacia la década de 1880 ya se utilizan otros sistemas para evitar este problema, como por ejemplo, la albúmina fermentada). El desenfoque de los bañistas de las filas traseras sugiere también que la cámara utilizada era de tipo “caja deslizante”, que requería un tiempo de exposición más largo, y revelada con el proceso de “placa húmeda” (y el uso de collodion wet plate”), lo que dificultaba mucho el revelado. Además, habría que añadir las dificultades de tomar una fotografía al aire libre y no en el estudio, donde tendría todos los elementos necesarios a mano. Bien pensado, fue todo un prodigio fotográfico.

Pero no fue la única fotografía de los primeros nadadores del Club, aunque sí la única de la que no se ha logrado identificar a ningún miembro. Norman & Co. hizo esta otra fotografía, que fue tomada a las 8:00 de la mañana de un día indeterminado de marzo de 1891, y es también muy interesante. Los seis hombres más mayores del centro fueron algunos de los primeros miembros del club.

De esos hombres, el segundo empezando por la izquierda (con abrigo claro, bigote y sombrero) es George Brown, uno de sus fundadores; el que está inmediatamente a su lado a la derecha parece ser Leonard Reuben Styer (1843-1932), un dentista que fue presidente del Brighton Club desde 1880 hasta 1931 y una de las personalidades más descollantes del mismo; y el que le sigue a la derecha es John Hawgood (1844-1896), un vendedor de muebles, nacido en Londres, que fue campeón de natación y Secretario Honorario del Club entre 1886 y 1888.

Al contrario que en nuestra fotografía protagonista, los nadadores de esta última ya utilizan traje de baño largo y posan con él. En dicha prenda ya aparece bordado el escudo del club, “dos delfines” que, a su vez, es un símbolo asociado tradicionalmente con la ciudad de Brighton. En la imagen de Botham llevaban los típico caleçons, introducidos desde Francia, que se veían obligados a utilizar cuando competían en público y no podían nadar desnudos, según normas establecidas en la década de los años sesenta, cuando se tomó la fotografía. Según una nota periodística aparecida en “The Spectator” el 6 de agosto de 1864, en la competición de los “Quintos Juegos Anuales de Natación del Club de Natación de Brighton”, se dictaron unas normas de “decoro” que incluían el uso de esta prenda y el uso de gorro de baño.

Los caleçons se sujetaban con una cuerda atada a la cintura que con los embates del mar tendía a desatarse y hacer que los calzones se movieran (de lo que también se quejaba Francis Kilvert ¿recuerdan?), por lo que unos años después, a finales de la década de los setenta, es cuando se empiezan a introducir los famosos bañadores de una pieza hasta la rodilla que nos son tan familiares. Estos evitaban “accidentes” y resultaban más cómodos y prácticos para el nadador.

Otro detalle curioso son los sombreros de copa que lucen los fotografiados de nuestra imagen . Ni es un atuendo necesario para el baño, ni una fotografía de esta guisa requiere tal cortesía en la indumentaria (ni tampoco anteojos, pipas…). Sin embargo también ofrecen alguna pista sobre la correcta datación de la fotografía, pues hay alguno, dos de la fila superior concretamente, que eran llamados en esos años (en la década de los cincuenta y principios de los sesenta) de “tubo de estufa”, por ser muy altos y echados hacia un lado. A mediados de los años sesenta ya se dejan de usar.

Pero nuestra fotografía amarillenta nos dice algo más. Es sabido que las fotografías de grupo, digamos mejor las fotografías “formales” de un grupo deportivo, no son habituales hasta más tarde (un buen ejemplo sería la fotografía anterior, de 1891) y son bastante infrecuentes en la década de los sesenta. Así que ¿qué sentido tenía esta fotografía, por otro lado “tan informal”? Es difícil saberlo, pero lo que sí es seguro es que esta imagen no fue tomada para ser exhibida en el club a la vista de todo el mundo, ni para pasar a la posteridad como una fotografía oficial de grupo del Club de Natación de Brighton.

La utilización de los minúsculos caleçons era algo demasiado privado como para aparecer en una imagen pública, y tanto las posturas de los fotografiados como los sombreros de copa sobre los cuerpos desnudos (incluso uno de los hombres hace un gesto como de sujetar sus dedos entre un imaginario chaleco), solo pueden apuntar a una broma particular entre los asistentes a la que se prestó el fotógrafo ambulante para poder entrar en el club, aun sabiendo que su obra no podría ser públicamente conocida sin despertar escándalo.

También se ha apuntado que la fotografía podría haber sido un guiño hacia uno de sus miembros más conocidos, John Henry Camp, el nadador de una sola pierna, por la postura de una de las figuras centrales de la fotografía, la del mencionado hombre que se lleva los pulgares al cuerpo como sujetando un imaginario chaleco, pero que se sostiene sobre una sola pierna ¿se trataba de una reunión de homenaje al capitán John Henry Camp, en esos momentos director del Brighton Club Natación? Tal vez nunca lo sepamos.

Prácticamente toda la información de este artículo se ha extraído de la magnífica web Photohistory-Sussex.

AlmaLeonor.

ALMAS PARA EL RECUERDO: JIM THORPE (1888-1953)

ALMAS PARA EL RECUERDO: JIM THORPE (1888-1953)

Voy a empezar a escribir una serie de historias de personas que unas veces serán extraordinarias y otras a lo mejor no tanto, pero cuya vida pienso que merece ser contada. Por eso he pensado llamar esta serie de artículos ALMAS PARA EL RECUERDO. Voy a empezar por alguien cuya vida es más que extraordinaria, pero que se vio sumido en el más cruel de los ostracismos, el provocado por el racismo y la xenofobia.

Me dirán ustedes que son muchos los deportistas, hombres y mujeres, que se vieron eclipsados por una cuestión racista en algún momento. Es verdad. Muchos han sido discriminados a lo largo de la historia por una cuestión de sexo, raza, religión, origen y condición. Pero hoy vamos a contar la historia de uno de los más grandes, la historia de Jim Thorpe (1888-1953). Conozcámosle.

Jim nació un 28 de mayo en el seno de la nación india Sac y Fox en Oklahoma (EEUU). Su nombre en idioma kikapú, la de su tribu, era Wa-Tho-Huk (algo así como Sendero Luminoso), pero fue bautizado por su madre, que era católica, como Jacobus Franciscus Thorpe, Jim Thorpe. Sus padres eran ambos mestizos: su padre era hijo de irlandés y madre nativa Sac y Fox; y su madre hija de padre francés y madre nativa de los potawatoni. La vida de Thorpe no fue fácil con estas circunstancias, pero además, se vio bastante afectado por el fallecimiento de su hermano gemelo, Charlie, a los nueve años,  y el de sus padres, en diferentes momentos, varios años después. Cursando estudios en la Carlisle Indian Industrial School de Pensilvania (una escuela concebida para la “americanización” de los indios, modelo para otras muchas,  acusada de abusos y violencia en su día y que fue clausurada en 1918), inicia su carrera deportiva. Era el año de 1907.

Equipo de Fútbol de los Carlisle Indian en 1911, con Jim Thorpe (tercero por la derecha en la fila del medio)

En unos años se convirtió en un excelente atleta, además de competir con éxito en fútbol americano, béisbol, baloncesto, lacrosse, natación, hockey sobre hielo, boxeo, tenis, tiro con arco… Llegó incluso a ganar un campeonato de baile de salón en 1912. Era un superdotado. “Nadie va a derribar a Jim”, le dijo a su entrenador de entonces.

Ese año consigue clasificarse para las pruebas de Decatlón y Pentatlón, prueba esta que se incluía por primera vez en los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Estocolmo (la prueba de Decatlón se instauró en Saint Louis 1904, pero en los siguientes Juegos de Londres 1908 no se celebró).

OLIMPIADAS DE ESTOCOLMO 1912

Thorpe fue considerado en estos Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912, el mejor atleta del mundo de su tiempo, tal y como se lo y así se lo dijo el propio rey Gustavo V de Suecia (1858-1950) cuando le colocó las dos medallas olímpicas de oro en Estocolmo 1912, ganadas en las pruebas de Pentatlón y Decatlón, disciplina ésta con la que estableció un récord olímpico de 8.413 puntos, que no sería sobrepasada en casi dos décadas.

Además, Thorpe, compitió en Suecia en Salto de Longitud y Salto de Altura. Sus logros son aún más sorprendentes si se tiene en cuenta que en estas competiciones tuvo que utilizar un par de zapatos y calcetines viejos (y dispares, un zapato era más grande que el otro y tuvo que utilizar varios calcetines en uno de sus pies) que encontró en un cubo de basura, pues alguien le había robado los suyos (posó así en las fotografías del evento olímpico).

Más tarde, jugó a nivel universitario y profesionalmente, a fútbol americano (entre 1920 y 1921, fue el primer presidente de la Asociación Profesional de Fútbol Americano, APFA, que al año siguiente sería renombrada como Liga Nacional de Fútbol Americano NFL), béisbol y baloncesto (jugó con varios equipos formados únicamente por indios americanos), obteniendo grandes triunfos en todas las disciplinas.

La vida deportiva de Jim Thorpe tampoco fue nada fácil, pese a sus logros. El Olimpismo de inicios del siglo XX era totalmente amateur, y eso significaba que únicamente quien dispusiera de recursos económicos podía participar en los Juegos (o realizando extremos sacrificios personales). Y esto era válido tanto para atletas como para países. Thorpe era un indio nativo norteamericano y sus éxitos no eran bien vistos ni por la exclusiva sociedad elitista del deporte internacional de entonces, ni por el racismo imperante en los EEUU.

Pasado un año de las Olimpiadas de Estocolmo, alguien descubrió que había cobrado unas dietas (cantidades míseras, unos 35 dólares por semana) por unos partidos de béisbol, algo prohibido por las normas amateurs del Olimpismo, y fue desposeído de sus medallas. Sin embargo, se llegó a aducir que fue un caso de racismo por el origen étnico de Thorpe.

OCASO Y RECUPERACIÓN DE UNA ESTRELLA

Desdichadamente no fue el único caso de racismo ocurrido en un evento olímpico. Se tiene por los juegos más racistas de la historia del olimpismo los celebrados en  St. Louis (EEUU) en 1904, donde se celebraron pruebas paralelas y hasta un desfile dedicado a “razas inferiores” (en el Anthropological Day), para los que se reclutó, sin ningún criterio deportivo ni nacional, participantes buscados entre los miembros de los stand de la Exposición Universal que se estaba celebrando en la misma ciudad, entre ellos, indios de varias tribus, como sioux o cocopas mexicanos, sudafricanos, sirios, zulúes, pigmeos, filipinos y gentes de varias otras nacionalidades asiáticas y de medio-oriente.

En las Olimpiadas de Tokio de 1964, otro indio nativo norteamericano obtuvo una medalla de oro y un reconocimiento internacional. Fue en la prueba de los 10.000 m donde resultó ganador William Mervin “Billy” Mills (n.1938), conocido en su tribu (los Oglala Lakota de la reserva india de Pine Ridge) como Makata Taka Hela, convirtiéndose así en el segundo indio nativo americano después de  Jim Thorpe, en conseguir una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. Ningún estadounidense había ganado nunca esta prueba olímpica, ni volverá a suceder un logro así hasta Londres 2012 (donde ganó  Galen Rupp). Mills participó también en la Maratón quedando en el puesto 14. En 1983 la película Running Brave (de D.S. Everett) protagonizada por Robby Benson recrea su vida.

Pero el agravio hacia uno de los más grandes deportistas del siglo XX será recordado por siempre. Su grandeza deportiva le sitúa hoy junto a deportistas de la talla de Muhammad Ali, Babe Ruth, Jesse Owens, Wayne Gretzky, Jack Nicklaus, y Michael Jordan. Pero no llegó a ser reconocido como tal en vida. La humillación que sufrió Thorpe no fue reparada hasta pasados 30 años de su muerte, cuando en 1983, el COI, presidido entonces por Juan Antonio Samaranch, restituyó su nombre haciendo entrega de dos medallas de oro a sus descendientes. En realidad no fueron “sus” medallas, ya que aquellas fueron robadas del Museo Olímpico y nunca se hallaron.

Numerosas estatuas, placas y reconocimientos figuran desde entonces en todo el mundo en su honor. Una ciudad en Pennsylvannia fue renombrada con su nombre y el presidente Richard Nixón declaró el día 16 de abril de 1973 como el día de Jim Thorpe para reivindicar su nombre y su legado.  Todo ello, en realidad, demasiado tarde para él.

Desde el fin de su carrera deportiva, a los 41 años, vivió ejerciendo trabajos dispares, incluso como extra de cine, y murió sumido en el alcoholismo, el olvido y la pobreza a los 65 años, sin dejar de reivindicar siempre la validez de sus triunfos olímpicos. Toda la historia de su vida fue recreada en el cine en 1952 (un año antes de su muerte) con la película Jim Thorpe. All-american, dirigida por Michael Curtiz e interpretada (magníficamente) por Burt Lancaster.

Para ampliar todos los datos sobre los Juegos Olímpicos remito a los artículos que sobre ellos ya publiqué en HELICON, hace unos meses, empezando por el artículo TIEMPO DE OLIMPIADAS (I), desde donde se puede acceder a los siguientes.

AlmaLeonor.