RITA HAYWORTH

RITA HAYWORTH

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

“Su favorita, por encima de las demás, era Rita Hayworth. Contrariamente a lo que les sucedía a la mayoría de los hombres de su generación, a él no le gustaban las rubias del cine, sino las morenas. Y por eso le gustaba Rita Hayworth. Que fuese pelirroja era subsidiario, porque él siempre la vio morena en el cine en blanco y negro.”

RITA HAYWORTH
(Margarita Carmen Cansino)
17 de octubre de 1918 – 14 de mayo de 1987

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LA CIUDADANA OLYMPE DE GOUGES

LA CIUDADANA OLYMPE DE GOUGES

Retrato de Olympe de Gouges (finales siglo XVIII)

Si hubo una mujer de la que se pueda afirmar sin lugar a dudas que murió por defender sus ideales, esa fue la francesa Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y guillotinada por su causa.

«Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.»

Pocas veces en la historia unas palabras llegaron a resultar tan proféticas. Olympe de Gouges las colocó en el artículo X de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, escrita en 1791,  en plena era de la Revolución francesa, cuando los ánimos políticos y sociales seguían enfervorizados y aún se debatía como encajar a la mujer en la nueva Constitución (fue aprobada en junio de 1793 sin incluirla), con la monarquía como cabeza del poder ejecutivo y con un poder Legislativo formado por los representantes del pueblo.

¿Qué Pueblo?

La gran paradoja de la Revolución francesa es que consideró integrar en las decisiones políticas a todos los estamentos sociales, pero no a sus mujeres. En 1793, justo cuando Olympe es encontrada culpable y condenada a morir en el cadalso, el Diputado de la Convención, Jean-Pierre-André Amar (1755-1816), miembro del Comité de Seguridad Nacional, declara abiertamente que las mujeres no pueden ser objeto de derechos políticos. Sí que habían ejercido su derecho a participar como militantes activas en la Revolución, sí que habían portado armas, sí que habían defendido barricadas e incluso se encargaron de increpar y azuzar a los hombres que no se sumaban a la rebelión. Pero la Asamblea Nacional Legislativa optó por instaurar un sufragio censitario en el que no cabían las mujeres (tampoco los criados ni los depauperados, por cierto).

Marcha de las Mujeres sobre Versalles (5 de octubre de 1789) Bibliothèque nationale de France.

Sin embargo, ellas fueron quienes protagonizaron algunos de los episodios previos a la Revolución en 1788 y quienes encabezaron la importante Marcha sobre Versalles en octubre de 1789, con la intención de que el rey, Luis XVI (1754-1793) y su mujer, la conocida María Antonieta de Austria (175-1793), abandonasen el refugio de su palacio veraniego y asumiesen sus responsabilidades en París. Fue considerado uno de los muchos motines de subsistencia existentes en este siglo, una marcha provocada por la escasez de pan y protagonizada, como todos ellos, por mujeres. Pero fue mucho más que eso. Las mujeres de Versalles, las mujeres de 1789, las de 1793, las de 1795, las mujeres que respondieron a la Revolución con su presencia en las calles y en las barricadas, ejercieron de revolucionarias por derecho propio. Sin embargo no podían ejercer de ciudadanas por decreto político. Ninguna de estas mujeres (ni otras, como por ejemplo, Madame Manon Roland, escritora, política e influyente girondina, que también acabó guillotinada), formo nunca parte ni de la Asamblea ni de la Guardia Nacional.

Ni siquiera duraron los Clubes de Mujeres que se formaron en París, como la Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las Amigas de la Verdad, el primero formado exclusivamente por mujeres (creado en París por la feminista holandesa Etta Palm, llamada baronesa de Aelders), o el pro-Jacobino de las Republicanas Revolucionarias. Fueron clausurados el 30 de octubre de 1793 por la Convención Nacional.

Marie Gouze versus Olympe de Gouges

Olympe de Gouges en 1793.

Olympe de Gouges (1748-1793), fue el nombre con el que se dio a conocer públicamente Marie Gouze, una escritora y política girondina francesa, defensora a ultranza de la mujer y autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Olympe fue una adelantada feminista de su época.

Criada en un acomodado ambiente burgués y casada tempranamente con un hombre que casi ni conocía y la sobrepasaba en años, siempre consideró el matrimonio como una tumba para la mujer. De este matrimonio tuvo un hijo, Pierre Aubry (1766-1803), quien tuvo que renegar de las ideas de su madre ante la amenaza de seguirla en la guillotina (falleció diez años después, con apenas 36 años, a causa de fiebre amarilla en la Guyana francesa).

Trasladada a París al enviudar, Olympe se cuidó de formarse en los ambientes culturales franceses acudiendo a los salones y tertulias de la época donde contactó con los movimientos políticos pre-revolucionarios. También comenzó su carrera como escritora con el nombre que ya la acompañaría toda su vida, Maríe-Olympe (era el segundo nombre de su madre) junto a una derivación de su propio apellido, Gouges. Con este nombre se le conocen alguna obra de teatro, como La esclavitud de los negros (1792), obra claramente abolicionista en la que vuelca todas sus ideas políticas al respecto, abogando por el derecho a la libertad de todo ser humano, incluidas las mujeres. Se dio a conocer en París con el título de Zamore y Mirza y con varios problemas para ser representada, pues muchos de los que acudían como público a las salas de la Comédie-FranÇaise, eran tratantes de esclavos. Esta obra le valió uno de sus primeros encarcelamientos por orden real.

Société des Amis des Noirs: “Los mortales son iguales, no es el nacimiento, sino la virtud sola que marca la diferencia.”  Bibliothèque Nationale de France. 

Pero ella siguió con su militancia y en años siguientes publica algunos ensayos sobre el tema: Réflexions sur les hommes nègres (1788) y  Le marché des Noirs (1790). Guiada por estas ideas abolicionistas ingresó en la Société des Amis des Noirs y se adhiere a la corriente moderada liderada por el fundador del Club, el político y miembro de la Asamblea Legislativa, Jacques Pierre Brissot (1754-1793), multiplicando su actividad militante con la publicación de panfletos políticos, como Lettre au Peuple (1788).societe-des-amis-des-noirs

En agosto de 1793 fue detenida por la publicación de uno de estos panfletos, uno en el que defendía la causa “brissotins” o “rolandista” (seguidores de Brissot y del político Jean-Marie Roland de la Platière, Ministro del Interior y esposo de la mencionada Madame Manon Roland), causa llamada en el siglo XIX, de los Girondinos,  criticando abiertamente la política del presidente de la Convención Nacional, Maximilien Robespierre (1758-1794), jefe  de la facción más radical de los jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública, entidad que gobernó Francia durante el periodo conocido como el Terror.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

«Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la Nación, solicitan ser constituidas en Asamblea nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han decidido exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer, con el fin de que esta declaración, presente continuadamente en la mente de todo el cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y deberes; con el fin de que los actos de poder de las mujeres y los actos de poder de los hombres puedan ser comprados en cualquier momento con el objetivo de toda institución política, y sean más respetados; con el fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, basadas en lo sucesivo sobre principios sencillos e incontrovertibles, tiendan siempre hacia el mantenimiento de la Constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos. En consecuencia, el sexo superior, tanto en belleza como en valor -como demuestran los sufrimientos maternales- reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Desde este clarificador Preambulo, Olympe defendió la igualdad de las mujeres en todos los sentidos, incluyendo el derecho a formar parte de las Asambleas políticas que su participación en la Revolución había contribuido a crear: «La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos» (art.I), «el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más limitaciones que la tiranía perpetua a que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón» (art.IV).

Déclaration des Droits de la Femme et de la Citoyenne
Déclaration des Droits de L’Homme et du Cioyen

La declaración fue una respuesta feminista a la a Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, de la que ella sentía que se había excluido a las mujeres. Curiosamente, esta Declaración y la esencia misma de la Revolución francesa, con su encendida defensa de la igualdad, de los derechos de todos los ciudadanos por igual, fue tomada a principios del siglo XX como el punto fundacional de la lucha por la emancipación de la mujer. Sin embargo, es este episodio el que establece definitivamente la distinta relación con el hecho público que se establece entre los sexos. Y será un proceso irreversible. Las mujeres del siglo XVIII habrían sido más libres que las resultantes tras el episodio revolucionario, tal y como manifestaron mujeres de la talla de Madame de Staël (1766-1817) en su tiempo o Margarita Nelken (1894-1968) mucho más tarde, lo que resulta una paradoja en cierto sentido y significaría el primer caso de retroceso social en una historia de avances. Olympe de Gouges fue quien lo adelantó.

«Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible… ¿Qué os queda entonces? La convicción de las injusticias del hombre.» (Epílogo)

«Las armas de los radicales» (1819), caricatura del inglés George Cruikshank.

Acusada de colaboracionismo con la facción girondina, de simpatías realistas y considerada traidora a la Asamblea francesa del periodo conocido como la Terreur (septiembre 1793 a junio de 1794), implantado por el poder jacobino de Robespierre, Olympe fue detenida el 2 de noviembre de 1793 y condenada a muerte por el Comité de Salvación Pública, el brazo armado encargado de acabar con los considerados activistas contrarrevolucionarios.  Curiosamente, fue en este periodo cuando se abolió la esclavitud en Francia (decreto del 29 de agosto de 1793). Olympe de Gouges fue guillotinada al día siguiente.

AlmaLeonorLP

LA BOTELLA O LA MUGER

LA BOTELLA O LA MUGER

Póster Publicitario Absinthe Rosinette. Paris (1900)

Disputaban, sin saber
Un pastor y un Lechuguino,
Cual es tesoro más fino,
La Botella o la Muger:
Aquel dijo… A mi entender
Es más sabrosa y más bella
………… La Botella.

Cuando exhausto de fatiga
Bajo un ombú me reclino
De Baco el licor divino,
Todas mis ansias mitiga;
Allí es mi mejor amiga,
Mi Sol, mi Luna, y mi Estrella
………… La Botella.

El que empieza a envejecer
Se refosila, imagino,
Mas, en dos cuartas de vino
Que en seis cuartas de muger;
Porque siempre está en su ser
Sin melindres de doncella,
………… La Botella.

Calla, dijo el Lechuguino,
Solo un hombre sin templanza
Puede poner en balanza
A las mugeres, y al vino:
¿Quién suaviza el cruel destino?
¿Quién da el supremo placer?
………… La Muger.

No hay contento comparado
Con los goces del amor;
Ni otra delicia mayor
Que el de amar y ser amado,
Es el don más delicado
Que Dios quiso al Mundo hacer,
………… La Muger.

Sin ellas todo sería
Caos de inmensa tristura
Porque son de la natura
La más perfecta armonía,
Es del hombre la alegría
Consuelo en su padecer
………… La Muger.

No siempre dijo el Pastor,
Porque salen, camarada,
A estocada por cornada
El fastidio y el amor;
Mas mi prenda es superior
Pues no es falaz como aquella
………… La Botella.

Cuantos besos más le doy
Más me inflama y me enardece,
Y cuando aquel desfallece
Yo más animado estoy,
Papa, Rey, Príncipe soy
Sin que me cause querella,
………… La Botella.

Dama que no pide, y da,
Grata aun después de gozada,
Cuando la ven más preñada
Tanto más virgen está,
Sin muger muy bien me va
Porque me suple por ella
………… La Botella.

Silenciosa y no profana,
Un tapón tiene su boca,
Aunque a celos la provoca
Tal vez cierta Dama-Juana
Espera su turno ufana
Y a su rival atropella
………… La Botella.

Muger, dijo el Lechuguín,
Bocado de Reyes es,
Pues dice el nombre al revés
De los Reyes en latín
Mas no conoce un malsín
De cuanto puede valer,
………… La Muger.

A nuestros hijos ¡que humanas
Dan sus cuidados prolijos!
A ver si a ti te dan hijo
Botella ni Damas-Juanas,
En sus angustias tiranas
Sabe al hombre sostener,
………… La Muger.

Tiene el hombre una aflicción,
Gime solo… y de repente
Ve a su amada, y luego siente
Taz, taz en el corazón,
Porque una innata afección
Le dice que es su placer,
………… La Muger.

En esto, dejanse ver
Baco y Cupido abrazados
Y dicen… callad cuitados
Que no os sabéis entender:
Todo puede complacer,
Tomado en media bella,
La Muger y la Botella,
La Botella y la Muger.

Natalicio de María Talavera (1839-1867)

El Parnaso Oriental.  Guirnalda poética de la República de Uruguay 
Poesías patrióticas. Buenos Aires: Imprenta de la Libertad (1835).

 

 

LAS VÍRGENES SIN NOMBRE

LAS VÍRGENES SIN NOMBRE

Virgen de la Consolata (Turín). Se dice que fue pintada por San Lucas (detalle).

¿Se habían dado cuenta de que todas las advocaciones de la Virgen María en nuestro país, carecen, en realidad, de nombre alguno? Ni siquiera María, tan popular como nombre propio en el mundo entero, puede ser un nombre, sino un apelativo. De hecho, de los personajes principales del relato Bíblico, solo Jesús tiene un nombre propio como tal, que derivaría del Yeshúa arameo, transformado en el Iesoús griego para finalizar con el Iesus latino. Hay quien lo hace derivar del hebreo Josué, que es el mismo que en arameo se diría Yeshua, pero eso sería otra historia. El caso es que él sí que tiene nombre, mientras que por mucho que busquemos, a Dios padre no se le conoce otro nombre que el de Dios, que puede ser un título tan genérico como el de Espíritu Santo, el otro vértice de la Trinidad, y de quien tampoco conocemos el nombre… ¿el espíritu santo… de quién?

Pero hablaba yo de María… La Biblia reconoce como María a varios personajes, empezando por la Madre de Jesús, pero también María la hermana de Moisés y Aarón, que acabó siendo reconocida por el nombre original en hebreo, Miryam (origen del Maryam en árabe), mientras que para la Madre de Jesús se utiliza simplemente María. Pero es que María, según alguna de las muchas interpretaciones que se han realizado sobre esta palabra, significa “señora”, un título. No debemos desdeñar esta interpretación porque fue realizada por los mismísimos Padres de la Iglesia (siglos I-VIII), partiendo del arameo mra, con ese significado de “señora” o también “excelsa”. Incluso en algunas versiones posteriores, María es relacionado también con “luz”. Yendo más allá, una interpretación de ese nombre de María, bajo la óptica egipcia, haría derivar el vocablo de mry, que significa “amada”. La Iglesia reconoce los apelativos de Santa María, Madre de Dios o María, Madre de la Iglesia… pero no quiere decir que sea un nombre.

 

Para concluir… no importa tanto encontrar el auténtico origen de este vocablo, como constatar, con todo ello que, en todo caso, María, bien puede ser un título o un tratamiento: la excelsa y amada señora que dio a luz a Jesús…  la Santa Señora,  madre de Dios; o la Señora que es Madre de la Iglesia. O sea, una mujer sin nombre.

Piensen en sus nombres, o en los de sus esposas, madres e hijas… Curiosamente, en España hubo un tiempo en el que era de cumplimiento obligado incluir María delante de todo nombre de niña (una amiga mía, de nombre Susana y cuya madre se negaba a tal norma, acabó incluyéndola por obligación, pero al final: Susana María), y ahora pienso que, además de un absurdo precepto religioso (que, por otro lado, era más alienante que absurdo), tenía una razón lógica. Les cuento, verán. Mi madre se llama Pilar, solamente Pilar. A mí me bautizaron como María del Pilar por mor de ese precepto que mencionaba antes, pero es que ahora veo que el nombre de mi madre no tiene ninguna lógica… Pilar… mi madre lleva el nombre de ¡una columna de piedra! No es un nombre, ¡es una columna! En cambio, el mío, María del Pilar, significa, implícitamente al menos, un apelativo femenino: “la señora del pilar de piedra”… no es que me lleve un nombre propio tampoco, pero al menos no me quedo solamente con la piedra.

Virgen del Pilar (1780), de Ramón Bayeu (1746-1793)

Si pensamos en prácticamente todos los nombres marianos de España, encontramos ejemplos similares: La Inmaculada Concepción, que son dos nombres femeninos, no son nombres, son los atributos que le asignó la Iglesia de Roma a la Madre de Jesús, a la que nombró Virgen por decreto conciliar; Lo mismo podríamos decir de la Virgen de la Asunción, en realidad, una mujer que es llevada al cielo (asunción) en cuerpo y alma tras su “durmimiento”; o Dulce Nombre de María, que nos queda con las ganas de saber cuál es ese nombre, el de esa “señora excelsa” cuyo nombre es tan dulce… Pero es que hay más…

  • María del Mar… la señora del mar.
  • La Virgen de Lourdes… una aparición mariana en la localidad francesa de Lourdes, como la Virgen de Fátima lo es por la localidad portuguesa del mismo nombre, o como la Virgen de Loreto lleva ese apelativo por la ciudad italiana de la que es originaria, un vergel de laureles (lauretum en latín). Y lo mismo pasa con la Virgen del Rocío, una imagen hallada en la aldea almonteña del mismo nombre, o las rivales vírgenes sevillanas de distintos barrios, la Macarena y la de Triana… llevan el nombre del barrio, no un nombre propio.
  • La Virgen del Camino… una señora en el Camino de Santiago.
  • La Virgen del Pino… una imagen encontrada en un pino en la bella localidad de Teror en Gran Canaria.
  • Nuestra Señora de los Ángeles… ni siquiera es María…
  • Nuestra Señora de la Esperanza… de la Fe, o de la Caridad, todos ellos nombres femeninos hoy en día, pero que son solo virtudes teologales.
  • María Auxiliadora, o la Virgen del Perpetuo Socorro, o Nuestra Señora de la Purificación o de la Consolación… explican muy bien cuál es su función, pero no es nombre.
  • Nuestra Señora del Rosario… pues eso, lo que lleva la señora en la mano.
  • Nuestra Señora del Carmen… curioso, porque deriva del Monte Carmelo, en Israel, o de la palabra Carmen, que es un canto extraño, un conjuro, un hechizo, un poema cantado con un ritmo determinado y cadencioso.
  • Nuestra Señora de los Dolores… no hace falta decir lo que son los dolores…
  • Nuestra Señora de la Almudena… la señora de la “ciudadela”, al-mudayna, o madina, un diminutivo árabe de “ciudad”, como la ciudadela árabe que existía en Madrid, la Almudena, o la antigua medina musulmana, en cuya muralla se encontró la que hoy es la patrona de Madrid.

… Piénsenlo.

Busquen una advocación mariana y se encontrarán con que en realidad no dice el nombre de la mujer de la imagen, sino un atributo, un lugar de origen, un elemento sobre el que se posa, un objeto que porta… pero no un nombre, porque ni siquiera María lo es… significa “señora”.

En cambio, los nombres propios los encontramos fácilmente en el pecado (Eva, Magdalena) o en el santoral: Santa Isabel, Santa Ana, Santa Lucía, Santa Águeda, Santa Bárbara, Santa Brígida, Santa Catalina, Santa Clara, Santa Cristina, Santa Elena, Santa Eulalia, Santa Genoveva, Santa Inés, Santa Juana, Santa Lucrecia, Santa Margarita, Santa Micaela, Santa Matilde, Santa Mónica, Santa Rosa, Santa Teresa, Santa Úrsula, Santa Tecla, Santa Felicidad… una santa que bien podría ser virgen, pues su nombre es un estado emocional en realidad.

LA VIRGEN DE SAN LORENZO

La Virgen de San Lorenzo de Valladolid (Fuente: Domus Pucelae)

Me he desviado un poco bastante del tema, porque yo, de lo que quería hablar es de la patrona de mi ciudad, la Virgen de San Lorenzo. Pero cuando me he dado cuenta de que, en realidad, nuestra Virgen no tiene nombre, me he puesto a pensar y he descubierto que, como he explicado, no lo tiene ninguna. Así que nuestra patrona no es un caso extraño. Es, eso sí, la única de la península (creo, tampoco he realizado un estudio exhaustivo) que lleva el apelativo de un señor, de un santo.

La historia de nuestra Virgen pucelana es prácticamente igual a la de todas las de los hallazgos de tallas de imágenes marianas contadas en casi todas partes. La mayoría de esas historias derivan de que, por temor a la invasión musulmana, muchas imágenes de cristos, santos y vírgenes fueron ocultadas, apareciendo “milagrosamente” tiempo después y originando su propia leyenda (aunque se tallase realmente en siglos posteriores). Esta Virgen nuestra fue hallada por unos aguadores vallisoletanos a la orilla del río, en la parte donde se solían abastecer desde el río Pisuerga para venderla por la ciudad, justo donde la historia sitúa la “Puerta de los Aguadores”, fuera de las murallas vallisoletanas.

Talla de la Virgen de San Lorenzo de Valladolid (Fuente: El Norte de Castilla)

Esa imagen, no tan pequeña como otras de su época y con un niño en brazos, originaria, hoy lo sabemos, de la segunda mitad del siglo XIV y de autor anónimo, fue llamada en un principio, la Virgen de los Aguadores, lo que viene a corroborar dos cosas: que ninguna Virgen lleva nombre propio y que esta nuestra siempre tuvo un nombre masculino.

La imagen fue entregada al párroco de la vecina Iglesia de San Lorenzo, la más cercana al río en esos momentos, y allí permaneció durante mucho tiempo, siendo tenida por la patrona de los aguadores del río y, más tarde, de todo Valladolid.

En 1917 es canonizada y el Ayuntamiento la nombra oficialmente Patrona de la ciudad de Valladolid (además de alcaldesa perpetua, lo que hoy causaría estupor) con lo que este año se celebra el centenario de ese nombramiento.  Como no se sabe a ciencia cierta en qué día fue hallada, para la celebración de la patrona se fijó la fecha de su festividad, el 8 de septiembre, día en el que el santoral católico celebra el nacimiento de la Virgen María, la madre de Jesús.

Y desde entonces se celebra en Valladolid la fiesta de su patrona en este 8 de septiembre, una fiesta y una patrona que, contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las vírgenes de nuestro país, no tiene su santuario propio y ni siquiera recibió nunca un nombre. Se quedó como “la virgen que se encuentra en la Iglesia dedicada a San Lorenzo en Valladolid”, o sea, la Virgen de San Lorenzo, la patrona de Valladolid.

AlmaLeonor

¡¡Felices Fiestas!!

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

Tengo el placer de dar a conocer mi novela corta titulada LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE, una obra en la que llevo trabajando tiempo y que es un sentido homenaje a mi padre, al Hollywood dorado de las actrices de los años 30, 40 y 50 y a una época en la que el cine era la válvula de escape de mucha gente.

De momento está disponible en formato digital en AMAZON, pero pronto estará lista en versión papel. Espero que podáis echarle un vistazo y que os guste. Hay muchas ilusiones puestas en este proyecto que hoy ve la luz.

Son muchas las personas a las que tengo que agradecer que hoy pueda contaros esto. No sería justo dejarme a nadie en el tintero, así que iré hablando de todo esto en los días sucesivos, con un poco de poso y tranquilidad.

¡¡Muchísimas gracias!!

AlmaLeonorLP

CUANDO INSULTABAN A INGRID BERGMAN

CUANDO INSULTABAN A INGRID BERGMAN

Ingrid Bergman con su hijo Roberto en brazos.

“Me llegaban cartas atroces, cada sobre iba lleno de odio. En algunas ponían que yo ardería en el infierno por toda la eternidad. Otras decían que era una agente del diablo y que mi pequeño era hijo del diablo. Y aun otras que mi bebé nacería muerto o sería jorobado. Hablaban de toda clase de horrorosas deformaciones que afectarían a mi hijo. Me llamaban puta y fulana. No podía creer que me odiara tanta gente. Al margen de lo que pensaran sobre mi vida, se trataba de mi vida privada, y yo no les había hecho nada. Estaba en estado de shock. Llegaban cartas de todas partes, pero la mayoría de América. América es muy grande, así que había gente para escribir cartas de todas clases. Roberto me preguntaba por qué las leía si me afectaban tanto. Decía que era como leer reseñas de críticos a quienes nunca les gusta tu trabajo. ¿Qué sentido tiene? Yo le respondía que era el único modo para encontrar cartas de amigos que me animaban y me apoyaban.”

 

Estas palabras fueron escritas por Ingrid Bergman (1915-1982) cuando, años más tarde de los acontecimientos que narra, contaba lo que llegó a sufrir en 1950 a causa de su relación con Roberto Rossellini (1906-1977). Si hoy nos parece que las redes sociales magnifican el odio visceral y la fácil descalificación anónima, situaciones como esta demuestran que el hombre (la humanidad) nunca estuvo, ni estará, libre de tirar piedras contra la Magdalena, sin importar para nada si está o no libre de culpa. Pero así como ella no dejaba de leer sus cartas, guiada por la confianza de que habría entre ellas quien la animaba y apoyaba, hoy no debemos dejarnos abatir por los comentarios en las redes, porque entre ellos, incluso entre los críticos, podemos encontrar a quien de verdad nos apoya y anima.

Ingrid Bergman se casó en mayo de 1950 con el director Roberto Rosselini, después de casi un año de público romance y estando ambos casados (ella con un dentista sueco con quien tenía una hija; él con la italiana Marcella de Marchis, con quien tenía dos hijos) además de que Rossellini mantenía una relación adúltera semipermanente (parecían estar “prometidos”) con la admirada Ana Magnani (1908-1973). Pero fue la relación con la sueca Ingrid Bergman, con quien tuvo un hijo en febrero de 1950, lo que causó un auténtico escándalo internacional: en Italia, por el “despecho” hacia una gloria nacional como era la Magnani (lo de la esposa legal parecía no importar demasiado); en Suecia, donde Ingrid llegó a ser fuerte y públicamente criticada por la iglesia luterana; y en los EEUU, donde hasta el senador Edwin C. Johnson llegó a pedir en el Congreso (en marzo, cuando el niño tenía apenas un mes) la adopción de medidas legales para no proyectar la película “Stromboli” (de Rossellini e interpretada por la Bergman), por lo que él llamó una «poderosa influencia maligna» para América de la actriz, a causa de su romance adúltero y maternidad fuera del matrimonio. Como ella contó años más tarde, recibió miles de cartas en las que llegaban a pedir que fuese quemada en la hoguera como a una bruja. La famosa columnista de Hollywood, Hedda Hopper (1890-1966), pudo contribuir a este malestar público por sus críticas mordaces y muy duras de ese año… por cierto que dirigidas  a ella y solo a ella, a Ingrid Bergman, hacia quien se dirigieron críticas, vituperios e insultos, no así hacia Rossellini, quien también era adúltero y padre del niño.

Finalmente Ingrid Bergman fue declarada persona non gratta en los EEUU y la pareja (con su hijo, Robertino) tuvo que emigrar a Italia. Rossellini se buscó otra amante.

AlmaLeonor

 

 

 

 

LIBERTAD

LIBERTAD

Pier Toffoletti

Risueños están los mozos,
gozosos están los viejos
porque dicen, compañeras
que hay libertad para el pueblo.
Todo es la turba cantares,
los campanarios estruendo,
los balcones luminarias,
y las plazuelas festejos.
Gran novedad en las leyes,
que, os juro que no comprendo,
ocurre cuando á los hombres
en tal regocijo vemos.
Muchos bienes se preparan,
dicen los doctos al reino,
si en ello los hombres ganan
yo, por los hombres , me alegro;
Mas, por nosotras, las hembras,
ni lo aplaudo, ni lo siento,
pues aunque leyes se muden
para nosotras no hay fueros.
¡Libertad! ¿Que nos importa?
¿Qué ganamos qué tendremos?
Un encierro por tribuna
y una aguja por derecho.
¡Libertad! ¿De qué nos vale
si son los tiranos nuestros
no el yugo de los monarcas,
el yugo de nuestro sexo?
¡Libertad! ¿Pues no es sarcasmo
el que nos hacen sangriento
con repetir ese grito
delante de nuestros hierros?
¡Libertad! ¡ay! para el llanto
tuvímosla en todos tiempos;
con los déspotas lloramos ,
con tribunos lloraremos;
Que, humanos y generosos
estos hombres, como aquellos,
á sancionar nuestras penas
en, todo siglo están prestos.
Los mozos están ufanos,
gozosos están los viejos,
igualdad hay en la patria,
libertad hay en el reino.
Pero, os digo, compañeras,
que la ley es sola de ellos,
que las hembras no se cuentan
ni hay Nación para este sexo.
Por eso aun que los escucho
ni me aplaudo ni lo siento;
si pierden ¡Dios se lo pague!
y si ganan ¡buen provecho!

Carolina Coronado
Almendralejo, 1846