LA GUERRA DE LOS MUNDOS

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

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Al fin, sucumbió la hierba roja con tanta rapidez como se extendió. Fue presa de una enfermedad debida a la acción de ciertas bacterias […] La hierba roja se pudrió como algo ya muerto […] Y diseminados por todas partes: algunos en sus máquinas de guerra derribadas; otros en las máquinas de trabajo, ahora inmóviles, y una docena de ellos tendidos en una hilera silenciosa, se hallaban los marcianos… ¡todos muertos! Destruidos por las bacterias […]  derrotados por los seres más humildes que Dios, en sus sabiduría, ha puesto sobre la tierra.

H. G. Wells
La guerra de los mundos (1898).

 

H. G. Wells ejemplarizó con su libro la ineficacia del mundo colonial que persistía en su tiempo como el mejor de los estados posibles, cuando en realidad, los pobres seres de la tierra, las colonias, estaban destinados a derrotar a los “marcianos”, a los imperios colonizadores. El tiempo le dio la razón. Hoy, con una pandemia vírica que amenaza el status de comodidad al que nos hemos acostumbrados en nuestra cultura occidental, muchas son las lecciones que podríamos aprender de aquel libro de Wells. En primer lugar a no subestimar a ningún ser por pequeño que sea, o por pequeño que otros quieren que sea. Hoy, la guerra y la miseria está empujando a muchas personas a abandonar sus países de origen embarcándose en un incierto viaje a ninguna parte, pues nadie les quiere tener cerca. Hoy, que en este mundo intolerante nos vemos abocados a confinarnos en nuestras casas (los más estúpidos ni siquiera entienden eso), debemos volver la vista hacia aquellos a quienes denostamos con tanta ligereza. Hoy, una pandemia puede hacer que todo nuestro mundo se tambalee con una andanada en nuestra línea de flotación, el colapso de los servicios sanitarios y sociales y la paralización de la sociedad. Aquello que los más fanáticos decían que se produciría si ayudábamos a quienes más lo necesitaban, hoy, se ceba entre quienes no quisieron prestar esa ayuda. El colapso y el caos sanitario se ha producido por nuestras propias acciones. Algunas tan insolidarias como imprudentes. 

Hoy, más que nunca, es necesario aprender la lección. No hay ningún Goliat que no pueda ser vencido por un David. En nuestras manos está que podamos superar este brote pandémico del Covid-19 (Coronavirus). Pero también está en nuestras manos que aprendamos que la insolidaridad para con nuestros semejantes, su desgracia, nos puede alcanzar en cualquier momento y por las razones más insospechadas. 

¡Muchas gracias! A quienes están al pie del cañón haciendo su trabajo para evitar más contagios y fallecimientos. ¡Muchas gracias! A quienes siguen trabajando para que no nos falte lo más básico. ¡Muchas gracias! A la gente que se solidariza con los más necesitados y con quienes muestran su apoyo en redes y medios públicos. ¡Muchas gracias! A los ciudadanos que actúan con responsabilidad y disciplina social. ¡Muchas gracias! A quienes saben que saldremos de esta y que seguirán en la lucha por hacer que la lección no se olvide.

Muchos ánimos y un abrazo solidario a quienes están padeciendo este terrible virus en primera persona y a sus familias ❤ 

AlmaLeonor_LP

ANTÓN PIRULERO

ANTÓN PIRULERO

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Cuando yo era niña aprendí de mi madre una cancioncilla que después yo le cantaba a mi hijo cuando era pequeñito. Es una cancioncilla que conocemos (casi) todos y que viene a decir así:

Antón, Antón, Antón Pirulero
Cada cual, cada cual, que atienda a su juego
Y el que no lo atienda, pagará una prenda…

Se juega en un corro de gente en el que cada uno hace un gesto, puede ser de oficios o de lo que quiera, el caso es que haga un movimiento. El niño que hace de Antón Pirulero no hace ninguno, sino que es el que canta la canción y escoge hacer uno de los gestos del corro. En ese momento el imitado debe dejar de hacer el gesto o será sancionado. Y Antón Pirulero sigue cantando hasta que vuelve a cambiar de gesto y el nuevo sugerido debe dejar de hacer el suyo mientras que el anterior debe reiniciar su movimiento. El que falla en esta rueda, paga prenda y se convierte en el nuevo Antón Pirulero. También se jugaba cantando al tiempo que dos niños hacíamos palmas con diversos artificios, cada vez más deprisa hasta que uno perdía el ritmo. Nosotros en casa jugábamos con cartas. Cada uno tenía una carta y el Antón Pirulero iba soltando las del taco (podíamos incluso utilizar dos tacos de cartas). Cuando salía una carta de número igual a la de un jugador, este debe darle la vuelta y esperar a que salga la de otro jugador, entonces debe volver a colocarla de cara y el nuevo jugador volverla. Y así hasta que hay un fallo y se vuelve a repartir. La gracia estaba en soltar las cartas muy deprisa para despistar y provocar el fallo. Jugábamos en Navidad, sobre todo, y las prendas eran los dulces que cada uno tenía.

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Cuando nos juntábamos muchos primos jugábamos a cantar alrededor de un número menor de sillas y al finalizar la canción (se podía ralentizar o acelerar el canto) el que se quedaba sin silla era el nuevo Antón Pirulero, y así hasta que no quedaba más que uno y se quedaba con los dulces que cada uno había puesto como “prenda”. Si buscan por Internet verán innumerables variables al juego. Por ejemplo, aquí  juegan a imitar instrumentos musicales. Pero encuentren el juego que encuentren, siempre lo verán como Antón PIRULERO.

El indiano visto por José Gutiérrez-Solana
“La vuelta del Indiano” (1924) de  José Gutiérrez-Solana (1886-1945).

El otro día me ocurrió una cosa curiosa. Un conocido historiador, Esteban Mira Caballos, publicó en su muro de Facebook que estaba leyendo el testamento de un “perulero” del siglo XVII, extremeño para más señas. Le pregunté a qué se refería con “perulero” y me contestó que era un retornado del Perú, generalmente un retornado rico (a veces se le menciona como simplemente indiano o también chapetón). Yo confesé que no conocía esa palabra o, al menos, que no recordaba haberla escuchado en mis años de estudio de Historia. No es extraño, pues yo dediqué más atención, esfuerzo y tiempo a otras épocas históricas, primeramente Prehistoria e Historia Antigua (me siguen fascinando esas dos épocas) y más tarde Historia Contemporánea (siglo XIX), que es sobre la que hice mi trabajo de Fin de Máster. Pero a la Época Moderna no le presté más atención de la debida como estudiante, de ahí mi falta de conocimiento, o mi olvido, de la palabra “perulero”. Pero un comentario a ese post de Esteban Mira, me dijo que sí que conocía la palabra, que tenía que conocerla por fuerza, ya que era la que se mencionaba en aquel juego infantil, el de la cancioncilla de “Antón Perulero”. Y entonces se desató en mí un ciclón difícil de explicar… Yo conocía la cancioncilla, sí, pero como Antón PIRULERO, no “perulero”, y, desde luego, nunca la habría relacionado con un emigrante retornado del Perú colonial. ¿Qué ha pasado?

Botija perulera sevillana del siglo XVII. Museo do Pobo Galego. Fotografía de Milartino en Wikipedia CC BY-SA 3.0

Para empezar, y según el Diccionario de la Real Academia Española, perulero  como sustantivo es una “vasija de barro, angosta de suelo, ancha de barriga y estrecha de boca” que derivaría de “perol”. En España se conoce desde el siglo XVII la llamada botija perulera, que imitaba una vasija de origen romano muy popular en Sevilla llamada perula trianera, y que era uno de los artículos más usados en los buques que hacían la ruta del comercio de ultramar entre España y América, según las explicaciones que encuentro en wikipedia. Que en este caso el nombre se relacione con el Perú es más factible, aunque solo fuese por extensión de toda Sudamérica.

Fruto del perulero (Honduras y Guatemala)

En el Wikdicionario tiene otra acepción como sustantivo, un fruto, el de la chayotera o guatila (Sechium edule), pero solo según se dice en Guatemala y en Honduras, donde la variedad es amarilla y no verde como en Colombia de donde parece ser originario (por cierto que dice que es uno de los frutos que más ayudan al mantenimiento y cuidado del pelo, piel y uñas… habrá que tenerlo en cuenta). El fruto perulero o chayote existe en toda Sudamérica (y en algunas partes de África a donde fue llevado por emigrantes mexicanos sin mucho éxito) pero en cada sitio recibe un nombre diferente. En Perú se llama, curiosamente, calabaza china o calabaza chilena. En España también se cultiva con el nombre de patata china (o chayota). No confundir con el chilacayote o chiverre, planta de la que se obtiene el dulce llamado cabello de ángel que en España se elabora, principalmente (todo puede ser que me entere ahora de que no es así) con calabaza tipo cidra (Cucurbita ficifolia).

Pero como adjetivo, sigue diciendo la RAE, se puede referir tanto a los originarios del Perú, como a los indianos de este país retornados a España y, en este caso, se puede utilizar también como sustantivo. En el Wikdiccionario  es donde aparece la apostilla de su fortuna: “Dicho de un español, que tras emigrar al Perú retornaba enriquecido a España”, condición esta de la fortuna que no aparece en la definición de la RAE.

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Íñigo Noriega, indiano asturiano, en el siglo XIX

Pero como Pirulero no hay ninguna explicación ni definición de diccionario. Nada. Todo parece indicar que de alguna manera esa palabra llega a la cancioncilla infantil desvirtuando otra de la que procedería, pero no sabemos cuál exactamente. ¿Podría ser del perol de barro? ¿O sería de un originario del Perú? ¿Podría derivar de un vendedor de pirulís, que era lo que yo pensaba de niña? Si procede o no de “perulero”, es lo que me gustaría averiguar. El caso es que hay otras muchas explicaciones por el proceloso mundo de Internet sin que haya podido encontrar hasta ahora, el origen certero de ese vocablo, PIRULERO.

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El juego del “Don Pirulero” en Argentina

Para empezar, en toda transcripción de la cancioncilla que se puede encontrar por Internet figura la palabra Pirulero y no perulero y, desde luego, parece cantar el apellido de Antón y no un adjetivo que acompañe a su nombre. Yo creo, además, que de ser así, tendría que haber figurado como “Antón, el perulero”. Incluso he encontrado que en algunos casos la canción ha llegado a ser conocida como Al Don (siempre Pirulero) y hay quien se ha llevado una sorpresa al descubrir el error en el nombre. Nunca hubiese imaginado que una canción infantil causase tanta confusión…

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“Son de Niños. Anton Pirulero” (Obra colectiva) 2003 (Vídeo).

En la fundación Joaquín Díaz,  dedicada a recoger información sobre folklore y etnografía, figura como Antón Pirulero en varios discos que tienen recogidos. También en un libro titulado “Piezas infantiles. Sobre temas populares españoles” (Vol.II) de Ángel Oliver Pina, cuyos dos volúmenes fueron escritos en 1976 y 1977. La investigadora y especialista en literatura infantil y de tradición oral hispánica, Ana Pelegrín (1938-2008), en su obra “La flor de la maravilla. Juegos, recreos, retahílas” (Madrid, Fundación Germán Sánchez Rupérez, 1996), también menciona la cancioncilla como Antón Pirulero (su producción es muy extensa). Y casi que con esto debería bastar, pero aún tengo otra referencia académica, la de Carmen Trigueros Cervantes, profesora Titular de Universidad de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, que igualmente se refiere al juego de prendas con la cancioncilla titulada Antón Pirulero, al menos en su trabajo “Las danzas y los juegos populares en el currículum de Educación Física” (1998, Proyecto Sur).

Carmen Trigueros, quien ha respondido a mi requerimiento de información afirmando desconocer el origen de la canción, encuentra diferencias entre los Juegos Populares, más vinculados al folklore y a las celebraciones festivas, y los Juegos tradicionales, que son aquellos que se transmiten de generación en generación, entre los que se encontraría el Antón Pirulero.  Por mor de esa transmisión oral, imagino yo que pueden llegar a desvirtuarse alguna de sus palabras o frases, o cantarse de diferente manera según el lugar geográfico donde se uno se encuentre, así como las diferentes formas en las que un vocablo es entendido en según qué lugar. Por ejemplo, aquí en Castilla no creo que se conozca la botija perulera sevillana, como en Andalucía es posible que no se conozca lo que es una Almarraja  o una Damajuana en Cataluña…  Con el Antón Pirulero pudo suceder lo mismo.

En todo caso, insisto: en todas partes que mires en Internet, el juego y la cancioncilla figuran como Antón PIRULERO. Como tal lo citan personalidades de las letras como Andrés Aberasturi (artículo en El Mundo del 11 de abril de 2015) y Fernando Sánchez Dragó (artículo en El Mundo del 29 de marzo de 2015). No sé si ambos habrían investigado el origen de la cancioncilla al citarla en sus artículos, pero les concedo más sabiduría que la mía a la hora de utilizar el vocablo Pirulero en lugar de perulero.

Anton Pirulero. Cancionero Vasco.

También un cancionero vasco del fondo documental de la Sociedad de Estudios Vascos Eusko Ikaskuntza, utiliza la denominación Antón Pirulero. Incluye una partitura y un reproductor de audio en el que se puede comprobar que es la tonadilla que todos (o al menos yo) conocemos. Y también  encontramos en una web sobre música y cultura internacionales, una mención de esta cancioncilla y juego infantil con el nombre de Antón Pirulero, extraída de un cancionero de Uruguay, aunque especifica que originaria de España. Igualmente adjunta partitura y audio, y es la misma tonada.

Partitura - Antón Pirulero
Antón Pirulero. Cancionero en Uruguay.

E, incluso, el conocido músico y divulgador musical en radio y televisión, Ramón Gener, descubre en la cadena SER (min. 09:00) que el soniquete de Antón Pirulero (y lo dice así, Pirulero), puede intuirse dentro de un fragmento del primer movimiento (Allegro con spirito) del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, un homenaje del maestro a la cultura popular española. También menciona esta coincidencia el artista colombiano John David Quijano Rodríguez en su trabajo Análisis y adaptación del Concierto de Aranjuez para guitarra solista y dos guitarras acompañantes ( 2013): “Con esta comparación no se pretende afirmar que Rodrigo utiliza la parte de la melodía infantil española Antón Pirulero o viceversa, sino se quiere evidenciar cómo toda esta tradición española y melodías tradicionales están implícitas en Rodrigo quien no puede ni desea escapar de esta, al crear su música.” Siempre Antón PIRULERO.

Sur le pont d'Avignon - Canciones infantiles francesas - Francia - Mamá Lisa's World en español: Canciones infantiles del mundo entero 1
“Sur le pont d’Avignon”. Canción popular francesa.

“En realidad es Antón Pirulero, la canción proviene de campiña francesa, como tantas otras como por ejemplo ‘Sur d’el pont d’Avignon’ o ‘Porqui tu m’amais encoré’. Antón era uno de los cabecillas de la revolución francesa en la región de los Pirineos así como lo eran en otras regiones Danton, Robespierre, Michellet, o, Eclat de Nuit. Refugiado entre los bosques y los Pirineos, Antón dominaba la región organizando feroces ataques coordinados en secreto con los revolucionarios en los pueblos. Las fuerzas Imperiales comprendiendo que sería imposible darle cacería en su dominio esperaban que cometa un error y sea atrapado al bajar a los poblados a abastecerse de su favorito Dordogne’ (foi grass) o una buena botella de Bordeux Châteaux Lafite. Ellos lo esperaban cobardemente entremezclados entre los comunes disfrazados de los mismísimos personajes de la aldea, labradores, carpinteros, monjas o prostitutas (este fue el origen de la palabra camuflaje). Los revolucionarios enseñaron esta canción a los niños para que la cantaran solo cuando el pueblo estaba libre de los nefastos guardias reales para cantar por el contrario si el pueblo estaba ocupado la tradicional ‘Le puits est plein de merde’. Así Antón pudo resistir el asedio y bajar a reabastecerse en el momento oportuno”.

Este relato humorístico aparece en el blog Javier, Paco y el Loco haciendo referencia a su libro del mismo título. Es una historia en la que mezcla fantasía con algún viso de realidad, pues sí que existe la canción que menciona al principio “Sur d’el pont d’Avignon” (las otras cancioncillas mencionadas, “Porqui tu m’amais encoré” y “Le puits est plein de merde”, no las encuentro por ningún sitio) pero la correcta ortografía es “Sur le pont d’Avignon” aunque su melodía no tiene nada que ver con la de Antón Pirulero:

Sur le pont d’Avignon
On y danse, on y danse
Sur le pont d’Avignon
On y danse tous en rond
Les beaux messieurs font comme ça
Et puis encore comme ça

(Sobre el puente de Aviñón
Bailamos allí, bailamos allí
Sobre el puente de Aviñón
Todos bailamos en círculos
A los caballeros guapos les gusta eso
Y luego otra vez así)

La historia del Puente de Avignon existe. Al parecer una isla situada debajo del puente ha sido tradicionalmente un lugar de recreo donde la gente podía ir a bailar. Debajo del puente, no encima. La canción, de la que también tenemos partitura y varios audios más en este enlace, fue compuesta en el siglo XVI por el reconocido músico bíblico francés Pierre Certon (1510-1572) y ha sufrido varias modificaciones en su tonada e incluso en el título (originalmente era «Sus le Pont d’Avignon»). Estaba un poco olvidada hasta que en el siglo XIX, una adaptación de Adolphe Adam (1803-1856) para la opereta titulada “L’Auberge Pleine” (1853), populariza la versión hoy conocida que, a finales de siglo, vuelve a modificar su título por el actual “Sur le Pont d’Avignon“. Así que esta explicación de Javier, Paco y el Loco no nos vale, es ficción… pero la conexión francesa puede que si.

Verán, hay alguna explicación sorprendente al origen de la cancioncilla Antón Pirulero que la sitúa en Francia y se referiría a un tal “Antoine Piruliere”, quien podría haber cometido un asesinato terrible: “mató a su mujer, la metió en un saco y la mandó a moler“.

El problema es que en la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica) este nombre no existe. No hay ningún registro de ninguna clase de este señor, ningún “Antoine Piruliere”. Así que no puede ser verdad, pero la relación con un asesinato nefando sí que se menciona en varios sitios, como también lo mencionan en la web antes citada: “Una de las versiones más extendidas asegura que la canción nació en Granada en 1860 y hace referencia a un señor llamado Antón Pirulero, que asesinó a su esposa con varias puñaladas, algunas hechas con un alfiler, y luego la molió en un molino.” La historia cobra así tintes mucho más trágicos… ¿Un asesinato? ¿En una canción infantil?

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Esta misma historia, que no tengo ni idea de donde procede, porque nadie tiene las fuentes, aparece mencionada en otro blog, Dentro del Misterio, en una fecha anterior (30 de abril de 2015, el otro enlace mencionado es del 31 de octubre del 2016). Pero como digo, no aporta ninguna fuente y la autora, Marian Tarazona, con la que logré comunicarme, me informó muy amablemente de que no dispone de fuente ninguna. Así que la historia del asesinato como origen de la canción Antón Pirulero, o del juego de prendas, tampoco se sostiene mucho.

Este blog, Dentro del Misterio, aporta muchas versiones de una cancioncilla en la que parece que se canta el caso del asesino amolador en distintos países y con distintas letras (todas parecidas, no obstante). Pero no aporta ni partituras, ni audios, así que no podemos saber si son tonadas como la de Antón Pirulero o son otras versiones, eso sí, referidas a la muerte terrible de una pobre mujer a manos de alguien que, según refleja, puede llamarse Antón Perulero (esta vez sí), Antonio Retoño, Chico Perico (de este sí que he encontrado su delito machista, y su vinculación con una cancioncilla infantil, pero no he encontrado ningún vídeo o audio de esta), Bicho Colorado, Antonio Demonio, Pancho Carrancho (solo encuentro un libro de Néstor Montes de Oca Fernández titulado La verdadera historia de Pancho Carrancho, 2005, un relato para niños; además de una película de 1965 “¡Viva Carrancho!” dirigida por Alfonso Balcázar, que ni siquiera es su título original, aunque si el nombre del protagonista) o un tal Don Federico…. De quien si tenemos audio (y no se parece en nada a la canción de Antón Pirulero) y un juego infantil… si, si, un juego infantil que comienza diciendo “Don Federico mató a su mujer…”

A estas alturas aún no he encontrado referencia fidedigna alguna acerca del origen certero de la cancioncilla de Antón Pirulero, ni si su ortografía correcta es Pirulero o perulero, o si tal vocablo hace referencia a un apellido o un adjetivo. Todavía no me han llegado algunas respuestas a las preguntas que llevo haciendo desde hace unos días. Si me llegase algo concreto lo comentaría aquí (veo difícil que me llegue alguna respuesta más, aunque sigo esperando), pero no sé si se podrá llegar a descubrir la realidad sobre su origen, ya que lo que sí se repite constantemente, incluso en el mundo académico, es que es una cancioncilla tradicional transmitida de generación en generación de forma oral. Lo que sí parece estar más claro es que no tiene que ver con ningún supuesto hecho luctuoso, eso pertenece a otras canciones, tristemente infantiles y originadas, al parecer, hacia finales del siglo XIX o inicios del siglo XX. En cuanto a la conexión francesa, tampoco debe ser cierta. No hay vinculación alguna con la cancioncilla popular francesa mencionada antes ni existe un nombre afrancesado de Antón Pirulero. Además, la popularidad de este juego entre pueblos de habla hispana (hemos visto que se recoge en una recopilación de Uruguay), sugiere que su origen solo puede buscarse en España o en Sudamérica.

Falta dilucidar si Antón era perulero, o si se apellidaba Pirulero, o si se llegó a este segundo vocablo por una desvirtuación del original adjetivo perulero. A esta pregunta si que puede que responda un libro que he encontrado en la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica), titulado “Dialectos Castellanos. Montañés, vizcaíno, aragonés” (1892), escrito por Pedro de Múgica (1854-1944),  y publicado en Berlín por Heinrich & Kemke. Pedro de Múgica Ortiz de Zárate, fue un filólogo, profesor, lexicógrafo, compositor y crítico musical nacido en Bilbao, según puede leerse en su biografía publicada por la Biblioteca Virtual de la Filología Española (director: Manuel Alvar Ezquerra), además de lector de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Berlín, ciudad en la que residió casi toda su vida.

Pues bien, en la página 71 de este libro figura la palabra “perulero” (no aparece “pirulero” en todo el libro) con una acotación que dice: “Dícese de un juego de niñas: Antón perulero – cada cual atienda á su juego – y el que no atendiere, – pagará la prenda que debe – y Antón, Antón perulero”.

Así que, llegados a este punto, solo puedo concluir que sí, que nuestro Antón Pirulero tiene que ser una desvirtuación de un Antón, perulero para más señas, gentilhombre adinerado retornado del Perú (o de otro país sudamericano por extensión), que por lo visto no atendió bien a su juego y prendas le tocó pagar. El cómo llegó a ser conocido casi universalmente como PIRULERO, es un misterio, parece  que quedará oscurecido por las brumas del tiempo, pero la cancioncilla y el juego han cobrado vida propia, una vida que ya no es la de un perulero, sino la de Antón Pirulero, con nombre y apellidos.

AlmaLeonor_LP

ENCUENTRO EN VITORIA-GASTEIZ

ENCUENTRO EN VITORIA-GASTEIZ

Estoy absolutamente emocionada con este evento organizado desde la Editorial Guante Blanco, que tendrá lugar el próximo día 4 de octubre en Vitoria-Gasteiz. Ahí estaré junto a grandes entre los grandes: Julio Corral San Román, Yvan Figueiras-Ruiz y Oscar Fábrega Calahorro, además del gran Enrique Echazarra.

Me emociona por varias razones… En primer lugar porque Vitoria es una ciudad a la que prometí volver y me encanta poder hacerlo en octubre… en segundo lugar por las ganas que tengo que volver a encontrarme en persona con Óscar Fábrega Calahorro y conocer a los grandísimos escritores que estarás presentes en el acto… y en tercer lugar, aunque no menos importante, porque ya tenía ganas de volver a hablar de LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA, de la que no he vuelto a hablar desde la Feria del Libro de Valladolid, así que estoy absolutamente emocionada y agradecida

¡¡Están todos invitados!!♥️♥️😍😍

AL SEÑOR LIBRERO

AL SEÑOR LIBRERO

Imagen: Consuelo Mura

Señor: le pido perdón; no hay ningún énfasis en los volúmenes que se le ofrecen. Si estuvieran escritor en estilo Salvandy se le pediría, por cada uno, cuatro mil francos.

No se emplean frases pomposas; jamás el etilo quema el papel; jamás se habla de cadáveres; las palabras horrible, sublime, horror, execrable, disolución de la sociedad, etc., no se emplean.

El autor tiene la fatuidad de no imitar a nadie, pero  si fuera necesario, para dar una idea de la obra, comparar su estilo con el de alguno de los escritores franceses, el autor diría:

He tratado de contar, no como los señores de Salvandy o de Marchangy, sino como Michel de Montaigne o el presidente De Brosses.

Henri Beyle “Stendhal” (1783-1842)
Vida de Napoleón” (1817-18)
Edición de la Colección Austral (1953)

LLEGANDO A LA LUNA

LLEGANDO A LA LUNA

Imagen: Jeanne Mammen

Durante mi estancia en la Luna, vi cosas nuevas y maravillosas que quiero contar. Primero no hay hembras sino machos, fanáticos del matrimonio masculino. Y las hembras ni siquiera saben el nombre. Hasta veinticinco años, cada una es una esposa, luego ella es un marido. No se preñan en el vientre sino en las pantorrillas de las piernas. Habiendo concebido el embrión, la pierna se engrosa y cuando llega el momento, hacen un corte y lo sacan como a un bebé, que exponen al viento con la boca abierta, y así lo viven. Y creo que de allí los griegos han tomado el nombre de ventregamba, que le dan a la ternera que queda embarazada en el vientre.

Pero contaré algo más maravilloso que esto. Hay una especie de hombres llamados Arborei, que nacen de esta manera: Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en el suelo, nace un árbol muy grande y carnoso, en forma de falo, con ramas y frondas, y para la fruta, bellotas del tamaño de un codo; cuando están maduras las recogen y sacan a los hombres de ellas. Tienen falsos genitales, algunos de marfil, los pobres de madera, y con ellos se mezclan y se divierten con sus niños. Cuando el hombre envejece, no muere, sino que como el humo, desaparece en el aire.

La comida para todos es la misma: encienden el fuego y en las ascuas asan ranas, de las cuales tienen una gran cantidad de moscas que vuelan por el aire; mientras cocinan el asado, sentados en círculo, como si estuvieran alrededor de una mesa, lamen Humo fragante. Y esta es su comida. Para beber, exprimen el aire en un cáliz y hacen que salga cierto licor como el rocío.

Ellos no orinan. El que es calvo y sin pelo está muy bien considerado. Los coronados están hechizados, por el contrario. En los Cometas, los que llevan el pelo se mantienen hermosos, como me dijeron algunos que habían estado allí. Su cabello está un poco por encima de la rodilla, no tienen uñas en los pies, pero solo un dedo. En la grupa de cada uno nace un brote, como una cola, siempre florido, que, incluso si uno cae en posición supina, no se rompe. Cuando se tocan la nariz, sale una manzana muy ácida y cuando se fatigan o hacen ejercicio con todo el cuerpo, sudan leche, de la que hacen queso con unas pocas gotas de licor de manzana. De las cebollas extraen un aceite espeso y fragante, como un ungüento. Tienen muchas viñas que producen agua. Las uvas tienen bayas grandes como el granizo y creo que, cuando un poco de viento y sacude esas vides, esas uvas se desgajan y el granizo cae entre nosotros.

Su vientre es como una bolsa de juegos, ponen todo en ese lugar, lo abren y lo cierran a voluntad, y no se ven tripas ni hígado, sino una cavidad peluda y aterciopelada, de modo que cuando los niños están fríos se aplanan dentro. Las túnicas que los ricos tienen son de vidrio muy fino, los pobres de cobre tejido. En el país es muy cobrizo y lo trabajan como lana rociando agua.

Sobre el tipo de ojos que tienen, tengo un poco de vergüenza decirlo, porque temo que me mientan, pero lo diré. Tienen los ojos dentro de cajones. Los que quieren se los quitan y los guardan dentro cuando no necesitan ver, luego los sacan de ahí y se los ponen para ver. Muchos habiendo perdido los suyos los tomaron prestados o los roban para poder ver y los ricos tienen sus provisiones de ojos guardadas. Las orejas son entonces frondas del árbol plano y las que brotan de las bellotas tienen madera.

Y otra maravilla que vi en el palacio. Un espejo muy grande se alza sobre un pozo no muy profundo: el que desciende al pozo oye todas las palabras que pronunciamos en la tierra y el que se mira en el espejo ve todas las ciudades y pueblos, como si los hubiera tenido ante ellos y yo vi todo lo mío y mi país, pero si me veían a mi, no podría averiguarlo.

Quien no crea todas estas cosas, si alguna vez viaja allí, sabrá que digo la verdad. 

“Historia Verdadera” (siglo II d. C.)
Libro Primero.

Luciano de Samósata

 

La misión Apollo-11 partió hacia el espacio  el 16 de julio de 1969, llegando a la superficie de la Luna un día como hoy, el 20 de julio. Al día siguiente, dos astronautas (Armstrong y Aldrin) caminaron sobre la superficie lunar dejando una huella indeleble del triunfo de la ciencia humana. Hay quien no ha creído nunca esta historia, ni ha querido ir hasta allí para verificarla, como dice el texto, y ha preferido, sin embargo, seguir pensando en conspiraciones inverosímiles y relatos fantásticos de viajes a la luna al estilo del que contó hace ya mucho tiempo (y no fue el primero) Luciano de Samósata, alguien quien decía de sí mismo que era un gran mentiroso al que no se debía creer: “Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello, mis lectores no deberán prestarles fe alguna(PliegoSuelto). Sobre Luciano y sobre otros fantásticos viajes a la luna, habló en mi libro LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA

AlmaLeonor_LP

EL AJUSTICIAMIENTO DEL CABALLERO DE LA BARRE

EL AJUSTICIAMIENTO DEL CABALLERO DE LA BARRE

El 1 de julio de 1766 la pequeña población de Abbeville, en el Somme francés, presenció una ejecución sumaria que ha pasado a la historia como símbolo de la intolerancia religiosa. Ese día se ejecutaba en la plaza pública al joven aristócrata François-Jean Lefebvre (caballero de La Barre), acusado de no haber rendido la pleitesía debida (quitarse el sombrero y hacer una genuflexión), a una procesión religiosa católica. A pesar de negar reiteradamente las acusaciones (también se dijo que había destruido un crucifijo, lo que era falso), fue condenado por el Parlamento de París el 4 de junio de 1766, a tortura, muerte por decapitación y a ser quemado en la hoguera junto con un ejemplar del Diccionario filosófico de Voltaire, un libro prohibido que había sido encontrado en su casa al efectuar un registro. Hasta Voltaire se interesó por este nefasto caso cuando supo de él, e intentó sin éxito que se reabriese el proceso para tratar de rehabilitar la memoria de La Barre. El 15 de julio de 1766 redactó la “Relation de la mort du chevalier de la Barre” y en 1775, “Le cri du sang innocent”, texto por el que Voltaire sería condenado, sin que llegase a cumplirse la sentencia por encontrarse en Suiza. El 25 de Brumario del año II3 (1 de noviembre de 1794), la Convención Nacional emitió un decreto exonerando a François-Jean Lefebvre.

Así se cuentan los acontecimientos, desde el punto de vista del ejecutor, en el libro Los Misterios del Cadalso: memorias de siete generaciones de verdugos (1688-1847), de Henri Sansón (traducido al español por Juan Sala), publicado en Madrid en 1863.

EL CABALLERO DE LA BARRE

A fines de junio de 1766, el ejecutor Carlos Enrique Sansón recibió orden de trasladarse inmediatamente a Abbeville para una ejecución capital. Aquel despacho y los términos apremiantes en que estaba formulado le sorprendieron extraordinariamente.

Pocos días antes, el Parlamento había desechado la apelación del joven caballero de La Barre, sentenciado por el presidial en Abbeville a ser decapitado y quemado, por haber cantado canciones abominables contra la Virgen y los santos. El culpable no tenía más de veinte años. Los abogados más distinguidos del foro de París calificaron de monstruoso el procedimiento que precedió a la sentencia, se decía en alta voz que al confirmar el juicio, el Parlamento no había querido si no dar una satisfacción a las conciencias católicas, alarmadas por el edicto de proscripción de los jesuitas. Nadie creía que aquella sentencia llegase a ejecutarse y que el rey dejase escapar aquella ocasión de usar de su derecho de gracia… El teniente criminal Duval de Soicourt hizo saber al ejecutor que se trataba del caballero de La Barre.

—Es un gran culpable, un gran culpable el que tenéis que castigar, y debéis estar orgulloso de poder vengar al rey de los reyes, a quien ese miserable ha ultrajado de un modo tan indigno.

Véanse los hechos que habían motivado la sentencia del caballero de La Barre.

En 1747 se había levantado en el Puente Nuevo  de Abbeville una especie de calvario de gusto italiano, adornado con la imagen de Jesucristo y el simulacro de todos los instrumentos de la pasión. La mañana del 9 de agosto de 1765 los transeúntes advirtieron que aquella cruz había sido mutilada durante la noche. Uno de los brazos del cristo estaba roto, la corona de espinas arrancada y el rostro de la imagen venerada lleno de lodo.

Esto acaecía en un momento de efervescencia religiosa, el proceso de La Valette, la agitación parlamentaria, el edicto de supresión de los jesuitas, los ataques de los filósofos, habían turbado a los católicos más sinceros, que se creían amenazados en sus conciencias. El atentado sacrílego de que su población acababa de ser teatro, conmovió profundamente a los habitantes de Abbeville. La ceremonia expiatoria que verificó el obispo de Amiens, el 12 de agosto, es decir, tres días después del suceso, contribuyó en alto grado a aumentar aquella efervescencia. El prelado se dirigió en procesión al calvario, le dio la vuelta con la cuerda al cuello y los pies descalzos, excomulgó a los culpables desconocidos y los entregó a la muerte y a la execración.

Más de cien testigos fueron oídos; ninguno de ellos pudo dar declaración alguna relativa al asunto que ocupaba a la justicia. En cambio, prodigaron las insinuaciones tan familiares a los habitantes de las poblaciones pequeñas, y que tan fácilmente salvan la distancia que separa la maledicencia de la calumnia; en su boca, las frases inconsideradas de cuatro botarates tomaron las proporciones de atentados premeditados contra la religión, y permitieron suponer que la mutilación sacrílega del Cristo revelaba una conspiración de los impíos contra el culto católico.

Había entonces en Abbeville una dama piadosa y caritativa, adorada por los pobres y venerada por todos los habitantes, que se había atraído la enemistad del teniente criminal. Madama Feydeau de Brou, que era el nombre de aquella dama, abadesa de Villancour, tenía en su convento una colegiala de que era tutor Duval de Soicour. La huérfana era rica y el teniente criminal había acariciado siempre la idea de hacer entrar aquella fortuna en su familia, dando a la joven por marido a un hijo suyo. Pero cuando ella hubo llegado a la edad de casarse manifestó gran repugnancia al enlace que se le proponía; la abadesa la prestó apoyo, y obtuvo una providencia del presidente, que quitaba la tutela a Duval de Soicourt. Ofendido en su orgullo, atacado en su codicia, y suponiendo que al obrar así, la señora de Villancour, llevaba la intención de proporcionar aquella opulenta alianza al caballero de La Barre, sobrino de la abadesa, y que se educaba a su lado, el teniente criminal juró tomar la revancha. Pocos días antes del atentado, se le ofreció una ocasión de satisfacer su odio.

El caballero de La Barre y un amigo suyo llamado Etalonde de Morival se paseaban por la ciudad, y habiendo encontrado una procesión de capuchinos, la miraron pasar sin quitarse el sombrero; irreverencia atenuada en algún tanto por la circunstancia de que llovía a cántaros. Duval de Soicourt tuvo buen cuidado de no dejar escapar la ocasión de saciar su resentimiento; empezó una sumaria, y como el atentado le ofrecía los medios de completar su venganza, reunió los dos asuntos, y fundándose, tanto en la aventura de la procesión como en el hecho de la mutilación del crucifijo, y en el de las frases impías que le habían denunciado, decretó la acusación de cinco jóvenes pertenecientes a las familias más importantes de la provincia. Tres de ellos, Etalonde de Morival, Dumaniel de Saveuse y Donville de Maillefer pudieron librarse de las pesquisas, los otros dos, La Barre y Moisnel fueron presos.

El proceso no fue despacio. Moisnel, que no tenía más que catorce años, fue puesto en libertad, y a pesar de los pasos e instancias de madama de Villancour, el caballero de La Barre, y Etalonde de Morival, fueron condenados, el último en rebeldía (había huido), el 28 de febrero de 1766, a las crueles penas arriba citadas. Ya he manifestado que el Parlamento desechó la apelación. El caballero fue conducido a Abbeville, donde debía ejecutarse la sentencia.

Al día siguiente de la llegada de Carlos Enrique Sansón, el ejecutor, a Abbeville, estaba todavía durmiendo, cuando llamaron violentamente a la puerta de la casa en que se hallaba; era un calabocero de la cárcel, que le llevaba, de parte del teniente criminal, la orden de dirigirse inmediatamente a la casa de ayuntamiento donde se hallaba depositado el reo. Por el camino, refirió el carcelero que desde que supo el caballero de La Barre que habían llamado al ejecutor de París, preguntó varias veces si había llegado y manifestó gran impaciencia por verle; añadió que el teniente criminal a quien habían acudido varias veces para pedirle autorización, respondió la primera vez: «Decid al señor de La Barre que demasiado le verá mañana» y solo cedió a las reiteradas instancias del reo.

El caballero de La Barre, se hallaba en una habitación del piso bajo de la casa del Ayuntamiento, y en todas las salidas de esta se habían colocado centinelas. El carcelero avisó al reo que había llegado el que quería ver, y en el momento en que Carlos Enrique Sansón pisaba el umbral, Mr. de La Barre, que estaba sentado junto a la chimenea, se levantó y salió a su encuentro. Como he dicho ya, Mr. de La Barre tenia veinte años; su rostro imberbe, sus facciones finas, regulares y de una belleza algo femenina, le hacían parecer aún más joven de lo que era en realidad. Su talle era flexible y elegante; en cualquier otra circunstancia, Carlos Enrique Sansón hubiera quedado sorprendido del aire de nobleza y distinción que se advertía en su persona; pero la extraordinaria calma que conservaba aquel joven en tan terrible trance, absorbía su admiración en términos que no le permitía pensar en otra cosa; apenas podía advertirse emoción en su imperceptible palidez, y apenas sus párpados ligeramente enrojecidos manifestaban haber derramado algunas lágrimas. Miró al ejecutor sonriendo, y le dijo:

—Perdonad si os he hecho despertar; la perspectiva del sueño profundo que me haréis disfrutar dentro de poco me ha hecho egoísta. ¿No sois vos el que decapitó al conde de Lally-Tollendal?

Esta pregunta fue hecha con una sencillez y naturalidad que consternaron a Sansón, haciéndole turbarse y tartamudear.

—Le maltratasteis cruelmente, —continuó Mr. de La Barre— y os confieso que, en la muerte, es la única cosa que me espanta. He sido siempre algo presumido, y no puedo avenirme con la idea de que mi pobre cabeza, que decían no era despreciable, vaya a causar espanto a los que la miren.

Carlos Enrique le respondió que en el accidente ocurrido al conde de Lally, menos había que culpar a la torpeza del ejecutor que a la violenta agitación de Mr. de Lally, cuyas contorsiones y estremecimientos nerviosos continuaron hasta el momento supremo. Añadió que la decapitación era un suplicio de caballero, porque para sufrirla, era necesario que el paciente manifestara firmeza, y que el valor de la víctima era tan necesario para llevarle a cabo, como el vigor y la destreza del que manejaba la espada. Por último, bajando la voz, porque la emoción le embargaba, le dijo que en vista del extraordinario valor con que hablaba de lo que para otros hombres es un objeto de espanto, que procuran olvidar, podía responderle de que no experimentaría sufrimientos inútiles, y que si cabeza no sufriría la mutilación que le ponía inquieto.

—Está bien, —dijo— quedareis contento de mí; pero, os lo repito, cuidad de que yo no tenga que quejarme de vos. Los muertos son quizá más temibles de lo que se cree; no vayáis a haceros un enemigo en la sepultura.

Y le despidió.

En el momento de retirarse Carlos Enrique Sansón, vio entrar a una señora anciana vestida con traje religioso y acompañada de un sacerdote. Era la abadesa de Villancour, que iba a dar el último adiós al que amaba como un a un hijo y le llevaba un confesor.

A las ocho de la mañana, el teniente criminal llegó, y Carlos Enrique Sansón, que no había cesado de pensar en el pobre joven con quien había tenido la conversación, se sorprendió al ver el contraste que ofrecía la actitud tranquila y serena de la víctima, con la fisonomía descompuesta del juez. El rostro de Mr. Duval de Soicourt estaba lívido; sus labios pálidos temblaban, y sus ojos despedían un brillo febril; dirigía sonrisas a todo el mundo; pero su odiosa alegría, sincera la víspera, era en aquel momento más afectada que verdadera; en su voz ahogada, en su agitación, se adivinaba que la conciencia había lanzado su grito, y que este grito turbaba la vergonzosa embriaguez del odio satisfecho. Iba, venia, se multiplicaba para apresurar los preparativos de la partida, manifestaba que le parecía lenta la marcha del tiempo, y de cuando en cuando exhalaba suspiros profundos, que revelaban las inquietudes de su alma.

Por fin, el 1° de julio a las nueve de la mañana, se puso en marcha la fúnebre comitiva. Mr. de la Barre, que llevaba al pecho un cartel en que se leían en letras gordas estas palabras, Impío, blasfemador, sacrílego, abominable y execrable, marchó al sitio del suplicio conducido en una carreta. A la derecha iba su confesor, que era un religioso dominico; y al otro lado quiso colocarse el teniente criminal. Apenas le vio el caballero, una ligera contracción alteró sus hermosas facciones, se volvió e hizo una seña imperativa al ejecutor, que iba detrás, para que se colocara a su derecha, y cuando este obedeció, dijo en voz alta y de modo que pudiera oírla Duval de Soicourt:

—Así voy mejor. Entre el médico del alma y el del cuerpo, ¿qué mal puede sucederme?

Se le condujo delante del pórtico de San Wulfranc, donde debía hacer retractación, pero rehusó enérgicamente pronunciar la fórmula de costumbre.

—Confesarme culpable, —exclamó— seria ofender a Dios con una mentira, no lo haré.

Al llegar delante del cadalso, el ejecutor le vio ponerse pálido, y le miró fijamente; él comprendió aquella mirada, porque dijo en seguida:

—No tengáis más miedo que yo, y estad seguro de que no haré el niño.

El dominico que auxiliaba al caballero se ahogaba de emoción. El ejecutor hizo seña a los ayudantes que había llevado, de que se acercaran y le dieran la espada que debía servir para la decapitación. El caballero quiso verla, pasó su dedo por el filo, y después de cerciorarse de que era de buen temple y estaba recién afilada, dijo:

—Vamos, maestro, herid con mano segura; ya veis que no tiemblo.

El ejecutor fijó en el joven sus ojos asombrados.

—Pero, caballero, la costumbre exige que os pongáis de rodillas.

—La costumbre perdonará por esta vez; los criminales son los que se arrodillan. He rehusado hacer la retractación, y esperaré la muerte en pie.

Carlos Enrique Sansón, desconcertado, no sabía qué hacer.

—Vamos, herid —repitió el caballero con voz algo alterada por la impaciencia.

Entonces, sucedió una cosa tan extraordinaria que merece referirse. El ejecutor hizo volar la espada con tanto vigor y precisión, que cortó a cercen el nudo de la columna vertebral y atravesó el cuello sin derribar la cabeza, que quedó sobre el tronco por espacio de un segundo; y solo cuando el cuerpo se desplomó, se desprendió de él y fue a rodar a los pies de los espectadores de aquella asombrosa ejecución.

La crónica y la leyenda se apoderaron de aquel hecho extraño, para inventar toda clase de historias en prosa y verso, que no son más exactas unas que otras. Uno de estos historiadores, poco escrupuloso, añade que el ejecutor envanecido de su destreza, se volvió a los circunstantes, diciéndoles:

—¿No es verdad que ha sido un gran golpe?

Debo, en honor de nuestra siniestra corporación, la reparación de desmentir estas odiosas palabras que hubieran manchado hasta los labios de un verdugo. Debe colocarse en el número de las ficciones absurdas la que representa al ejecutor por vocación, fanático por su oficio, y admirándose de su talento de destrucción. Si la historia cita ejemplos de algunos monstruos crueles por instinto, y sanguinarios por amor a la sangre, no es entre los nuestros. He conocido por necesidad a muchos colegas míos, y si la mayor parte de ellos no me parecían víctimas, en igual grado que yo, de su nacimiento, y de sus antecedentes de familia, puedo asegurar por lo menos que ninguno de ellos ejercía sin pena y sin una especie de vergüenza, un cargo tan poco en armonía con los sentimientos más naturales del hombre.

La sentencia que condenó a La Barre, en la época en que la filosofía y la tolerancia empezaban a arraigarse en nuestro suelo, quedará en la historia como una anomalía monstruosa e inexplicable. La superstición y el fanatismo han pesado bastante sobre la memoria de aquel infortunado joven para que no obtuviera, como la del viejo Lally, el favor de una estéril y tardía rehabilitación. Pero la conciencia imparcial de la historia no puede engañarse sobre el verdadero carácter de aquel asesinato jurídico, cometido en nombre de una religión santa y venerable, que la intolerancia comprometía siempre que le daba por misionero al verdugo.

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Estatua de Chevalier de la Barre en Montmartre (Parque Nadar), París. Imagen Wikipedia Jim Linwood de Londres subido por paris 17

La estatua del caballero de La Barre que desde el 24 de febrero de 2001 se encuentra cerca de la basílica del Sacré-Coeur en París, también tiene una larga historia de intolerancias. Fue instalada en primer lugar frente a la misma basílica en 1897 promovida por un grupo de librepensadores. Esta estatua se trasladó al cercano parque Nadar en 1905 tras la declaración de separación Iglesia-Estado en Francia. De nuevo sufrió una ignominia en 1941 cuando el gobierno acomodaticio de Vichy mandó desmontarla y fundirla. Hoy, un pedestal a los pies de la estatua recuerda que «La tolerancia universal es la más grande de las leyes».

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Placa en Abbeville. Imagen Wikipedia By Moonik – Own work

En la localidad de Abbeville se viene celebrando desde 1902 una serie de actos de homenaje a François-Jean Lefebvre que se completaron en 1907 con un monumento sufragado por suscripción popular en el mismo lugar de su ejecución. Desde entonces, el primer domingo de julio se celebra en Abbeville una manifestación en recuerdo de quien murió tan terriblemente por culpa de la intolerancia religiosa.

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LA NOCHE DE SAN JUAN

LA NOCHE DE SAN JUAN

“Fiesta de San Juan” (1875), de Jules Breton.

Celebramos la fiesta de la Noche de San Juan, el 23 de junio, como la noche más corta del año (en el hemisferio norte) o la más larga (en el sur). Pero en realidad no es ese día, sino el del solsticio de verano, que este año 2019 se ha producido el pasado día 21 a las 17:45 horas.

La celebración pagana del solsticio de verano en el hemisferio norte tenía como rito principal el encendido de una hoguera, rito propiciatorio y de fuerza al sol que empieza a manifestarse más débilmente a partir de este momento, cuando los días irán haciéndose cada vez más cortos. Con este rito también se realizaba un acto “purificador”, quemando en la hoguera todo aquello que de negativo había sucedido hasta el momento y pidiendo prosperidad y bienes para el tiempo nuevo que se iniciaba. Sobre todo se celebraba con las parejas jóvenes que elegían estas fechas para comprometerse o casarse.

El sincretismo cristiano vino a sobreponerse a esta tradición en lugar de prohibirla por pagana. Para ello trasladó la fecha de la celebración del solsticio de verano (21 de junio) a la noche anterior al nacimiento de San Juan Bautista, el 24 de junio, seis meses antes del nacimiento de Jesús, según dictan los Evangelios. Así, venimos celebrando la Noche de San Juan con una idea completamente distinta. En lugar de lamentarnos por la pérdida de fuerza del sol, celebramos la llegada del verano, cuando parece cobrar más intensidad y protagonismo. Y en lugar de “purificar” todo aquello que dejamos atrás, celebramos el final del periodo escolar y de la primera mitad del año.

Las celebraciones varían poco en cada lugar. En Alicante se festeja la noche del 24 al 25, por ejemplo, pero en general en todas partes se procura prender una hoguera cerca del agua (el mar, un río, un lago), para unir en un solo acto agua y fuego. Una de las tradiciones actuales consiste en “saltar” la hoguera como acto purificador y también arrojando a ella papeles donde previamente se ha anotado todo aquello de lo que queremos desprendernos en adelante. En algunos sitios se completa con la quema de un muñeco de trapo llamado “juanes”, “juanillos” o “juas”.  En Galicia es frecuente preparar una Queimada y hacer un conjuro.

John William Waterhouse (1849-1917).

La invocación al agua (más relacionada con los ritos celtas) está muy presente en todas las celebraciones sanjuaneras , pues hay leyendas que dicen que las aguas iluminadas por el primer rayo de sol del día 24 son aguas bendecidas que proporcionarán protección a quien se bañe o se lave la cara o los ojos con ellas. Incluso si recibe un baño de rocío en esa madrugada llevará el poder consigo todo el año. Hay una leyenda muy común que también tiene que ver con el agua y con la noche de San Juan, que es la de la “Encantada”,  una bella joven que peina su larga cabellera con un peine de oro a orillas de un lago o río y cerca de una cueva o castillo. Existen muchas versiones (algunas próximas a la leyenda germana de Lorelei, incluso), pero una puede ser esta recopilada por Antonio Selva Iniesta 

En la madrugada del día de San Juan, solía aparecer una dama muy blanca con el pelo muy largo y rubio al pie de la cueva de la Camareta, a orillas del camino de la Junta de los Ríos, muy próximo al río Mundo, sentada en una piedra y peinándose con un peine de oro, preguntándole, si alguien pasaba por allí, sobre qué le gustaba más, si el peine o ella. Dicen que en cierta ocasión pasó un pastor y al hacerle la pregunta, éste respondió que el peine, exclamando ella: ¡maldito seas, que por tu culpa seguiré encantada!

 «La Encantada de la Camareta: antología e interpretación»
(1993)
Antigüedad y Cristianismo X: 479-488)

Así que en esta noche del 23 de junio, si es que no lo hicieron en la anterior del 21, o si lo prefieren, en la de mañana 24, celebren la conjunción del inicio del verano con el fin de los días largos, la del paganismo del solsticio del sol con la del cristianísimo San Juan, la del fuego y el agua… la noche, en fin, más festivalera del año.

¡¡FELIZ NOCHE DE SAN JUAN!!

EL VERANO

EL VERANO

Imagen: Giovanni Segantini

El cielo azul con límite brumoso;
la mies en ondas de oro cimbreada;
el crepúsculo unido a la alborada;
el mar tranquilo; el monte silencioso;
en el otero, fresco y oloroso
se oye piar de clueca y de pollada;
rumor de vuelo y sones de cascada:
zumbar de insecto, arrullo cadencioso
¡Ya llega! Con su cetro nacarado
toca la tierra y surgen sus tributos.
¡Cómo no amarle? Vedle coronado
con destellos del sol enrojecidos…
Viene, entre aromas, sazonando frutos,
llenado trojes y poblando nidos.

Rosario de Acuña (1852-1923)

 

Hoy, 21 de junio, a las 17:54 horas, justo cuando se publique esta entrada en HELICON, dará comienzo el verano peninsular del 2019 que durará hasta el día 23 de septiembre. 

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