ENCUENTRO EN VITORIA-GASTEIZ

ENCUENTRO EN VITORIA-GASTEIZ

Estoy absolutamente emocionada con este evento organizado desde la Editorial Guante Blanco, que tendrá lugar el próximo día 4 de octubre en Vitoria-Gasteiz. Ahí estaré junto a grandes entre los grandes: Julio Corral San Román, Yvan Figueiras-Ruiz y Oscar Fábrega Calahorro, además del gran Enrique Echazarra.

Me emociona por varias razones… En primer lugar porque Vitoria es una ciudad a la que prometí volver y me encanta poder hacerlo en octubre… en segundo lugar por las ganas que tengo que volver a encontrarme en persona con Óscar Fábrega Calahorro y conocer a los grandísimos escritores que estarás presentes en el acto… y en tercer lugar, aunque no menos importante, porque ya tenía ganas de volver a hablar de LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA, de la que no he vuelto a hablar desde la Feria del Libro de Valladolid, así que estoy absolutamente emocionada y agradecida

¡¡Están todos invitados!!♥️♥️😍😍

AL SEÑOR LIBRERO

AL SEÑOR LIBRERO

Imagen: Consuelo Mura

Señor: le pido perdón; no hay ningún énfasis en los volúmenes que se le ofrecen. Si estuvieran escritor en estilo Salvandy se le pediría, por cada uno, cuatro mil francos.

No se emplean frases pomposas; jamás el etilo quema el papel; jamás se habla de cadáveres; las palabras horrible, sublime, horror, execrable, disolución de la sociedad, etc., no se emplean.

El autor tiene la fatuidad de no imitar a nadie, pero  si fuera necesario, para dar una idea de la obra, comparar su estilo con el de alguno de los escritores franceses, el autor diría:

He tratado de contar, no como los señores de Salvandy o de Marchangy, sino como Michel de Montaigne o el presidente De Brosses.

Henri Beyle “Stendhal” (1783-1842)
Vida de Napoleón” (1817-18)
Edición de la Colección Austral (1953)

LLEGANDO A LA LUNA

LLEGANDO A LA LUNA

Imagen: Jeanne Mammen

Durante mi estancia en la Luna, vi cosas nuevas y maravillosas que quiero contar. Primero no hay hembras sino machos, fanáticos del matrimonio masculino. Y las hembras ni siquiera saben el nombre. Hasta veinticinco años, cada una es una esposa, luego ella es un marido. No se preñan en el vientre sino en las pantorrillas de las piernas. Habiendo concebido el embrión, la pierna se engrosa y cuando llega el momento, hacen un corte y lo sacan como a un bebé, que exponen al viento con la boca abierta, y así lo viven. Y creo que de allí los griegos han tomado el nombre de ventregamba, que le dan a la ternera que queda embarazada en el vientre.

Pero contaré algo más maravilloso que esto. Hay una especie de hombres llamados Arborei, que nacen de esta manera: Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en el suelo, nace un árbol muy grande y carnoso, en forma de falo, con ramas y frondas, y para la fruta, bellotas del tamaño de un codo; cuando están maduras las recogen y sacan a los hombres de ellas. Tienen falsos genitales, algunos de marfil, los pobres de madera, y con ellos se mezclan y se divierten con sus niños. Cuando el hombre envejece, no muere, sino que como el humo, desaparece en el aire.

La comida para todos es la misma: encienden el fuego y en las ascuas asan ranas, de las cuales tienen una gran cantidad de moscas que vuelan por el aire; mientras cocinan el asado, sentados en círculo, como si estuvieran alrededor de una mesa, lamen Humo fragante. Y esta es su comida. Para beber, exprimen el aire en un cáliz y hacen que salga cierto licor como el rocío.

Ellos no orinan. El que es calvo y sin pelo está muy bien considerado. Los coronados están hechizados, por el contrario. En los Cometas, los que llevan el pelo se mantienen hermosos, como me dijeron algunos que habían estado allí. Su cabello está un poco por encima de la rodilla, no tienen uñas en los pies, pero solo un dedo. En la grupa de cada uno nace un brote, como una cola, siempre florido, que, incluso si uno cae en posición supina, no se rompe. Cuando se tocan la nariz, sale una manzana muy ácida y cuando se fatigan o hacen ejercicio con todo el cuerpo, sudan leche, de la que hacen queso con unas pocas gotas de licor de manzana. De las cebollas extraen un aceite espeso y fragante, como un ungüento. Tienen muchas viñas que producen agua. Las uvas tienen bayas grandes como el granizo y creo que, cuando un poco de viento y sacude esas vides, esas uvas se desgajan y el granizo cae entre nosotros.

Su vientre es como una bolsa de juegos, ponen todo en ese lugar, lo abren y lo cierran a voluntad, y no se ven tripas ni hígado, sino una cavidad peluda y aterciopelada, de modo que cuando los niños están fríos se aplanan dentro. Las túnicas que los ricos tienen son de vidrio muy fino, los pobres de cobre tejido. En el país es muy cobrizo y lo trabajan como lana rociando agua.

Sobre el tipo de ojos que tienen, tengo un poco de vergüenza decirlo, porque temo que me mientan, pero lo diré. Tienen los ojos dentro de cajones. Los que quieren se los quitan y los guardan dentro cuando no necesitan ver, luego los sacan de ahí y se los ponen para ver. Muchos habiendo perdido los suyos los tomaron prestados o los roban para poder ver y los ricos tienen sus provisiones de ojos guardadas. Las orejas son entonces frondas del árbol plano y las que brotan de las bellotas tienen madera.

Y otra maravilla que vi en el palacio. Un espejo muy grande se alza sobre un pozo no muy profundo: el que desciende al pozo oye todas las palabras que pronunciamos en la tierra y el que se mira en el espejo ve todas las ciudades y pueblos, como si los hubiera tenido ante ellos y yo vi todo lo mío y mi país, pero si me veían a mi, no podría averiguarlo.

Quien no crea todas estas cosas, si alguna vez viaja allí, sabrá que digo la verdad. 

“Historia Verdadera” (siglo II d. C.)
Libro Primero.

Luciano de Samósata

 

La misión Apollo-11 partió hacia el espacio  el 16 de julio de 1969, llegando a la superficie de la Luna un día como hoy, el 20 de julio. Al día siguiente, dos astronautas (Armstrong y Aldrin) caminaron sobre la superficie lunar dejando una huella indeleble del triunfo de la ciencia humana. Hay quien no ha creído nunca esta historia, ni ha querido ir hasta allí para verificarla, como dice el texto, y ha preferido, sin embargo, seguir pensando en conspiraciones inverosímiles y relatos fantásticos de viajes a la luna al estilo del que contó hace ya mucho tiempo (y no fue el primero) Luciano de Samósata, alguien quien decía de sí mismo que era un gran mentiroso al que no se debía creer: “Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello, mis lectores no deberán prestarles fe alguna(PliegoSuelto). Sobre Luciano y sobre otros fantásticos viajes a la luna, habló en mi libro LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA

AlmaLeonor_LP

EL AJUSTICIAMIENTO DEL CABALLERO DE LA BARRE

EL AJUSTICIAMIENTO DEL CABALLERO DE LA BARRE

El 1 de julio de 1766 la pequeña población de Abbeville, en el Somme francés, presenció una ejecución sumaria que ha pasado a la historia como símbolo de la intolerancia religiosa. Ese día se ejecutaba en la plaza pública al joven aristócrata François-Jean Lefebvre (caballero de La Barre), acusado de no haber rendido la pleitesía debida (quitarse el sombrero y hacer una genuflexión), a una procesión religiosa católica. A pesar de negar reiteradamente las acusaciones (también se dijo que había destruido un crucifijo, lo que era falso), fue condenado por el Parlamento de París el 4 de junio de 1766, a tortura, muerte por decapitación y a ser quemado en la hoguera junto con un ejemplar del Diccionario filosófico de Voltaire, un libro prohibido que había sido encontrado en su casa al efectuar un registro. Hasta Voltaire se interesó por este nefasto caso cuando supo de él, e intentó sin éxito que se reabriese el proceso para tratar de rehabilitar la memoria de La Barre. El 15 de julio de 1766 redactó la “Relation de la mort du chevalier de la Barre” y en 1775, “Le cri du sang innocent”, texto por el que Voltaire sería condenado, sin que llegase a cumplirse la sentencia por encontrarse en Suiza. El 25 de Brumario del año II3 (1 de noviembre de 1794), la Convención Nacional emitió un decreto exonerando a François-Jean Lefebvre.

Así se cuentan los acontecimientos, desde el punto de vista del ejecutor, en el libro Los Misterios del Cadalso: memorias de siete generaciones de verdugos (1688-1847), de Henri Sansón (traducido al español por Juan Sala), publicado en Madrid en 1863.

EL CABALLERO DE LA BARRE

A fines de junio de 1766, el ejecutor Carlos Enrique Sansón recibió orden de trasladarse inmediatamente a Abbeville para una ejecución capital. Aquel despacho y los términos apremiantes en que estaba formulado le sorprendieron extraordinariamente.

Pocos días antes, el Parlamento había desechado la apelación del joven caballero de La Barre, sentenciado por el presidial en Abbeville a ser decapitado y quemado, por haber cantado canciones abominables contra la Virgen y los santos. El culpable no tenía más de veinte años. Los abogados más distinguidos del foro de París calificaron de monstruoso el procedimiento que precedió a la sentencia, se decía en alta voz que al confirmar el juicio, el Parlamento no había querido si no dar una satisfacción a las conciencias católicas, alarmadas por el edicto de proscripción de los jesuitas. Nadie creía que aquella sentencia llegase a ejecutarse y que el rey dejase escapar aquella ocasión de usar de su derecho de gracia… El teniente criminal Duval de Soicourt hizo saber al ejecutor que se trataba del caballero de La Barre.

—Es un gran culpable, un gran culpable el que tenéis que castigar, y debéis estar orgulloso de poder vengar al rey de los reyes, a quien ese miserable ha ultrajado de un modo tan indigno.

Véanse los hechos que habían motivado la sentencia del caballero de La Barre.

En 1747 se había levantado en el Puente Nuevo  de Abbeville una especie de calvario de gusto italiano, adornado con la imagen de Jesucristo y el simulacro de todos los instrumentos de la pasión. La mañana del 9 de agosto de 1765 los transeúntes advirtieron que aquella cruz había sido mutilada durante la noche. Uno de los brazos del cristo estaba roto, la corona de espinas arrancada y el rostro de la imagen venerada lleno de lodo.

Esto acaecía en un momento de efervescencia religiosa, el proceso de La Valette, la agitación parlamentaria, el edicto de supresión de los jesuitas, los ataques de los filósofos, habían turbado a los católicos más sinceros, que se creían amenazados en sus conciencias. El atentado sacrílego de que su población acababa de ser teatro, conmovió profundamente a los habitantes de Abbeville. La ceremonia expiatoria que verificó el obispo de Amiens, el 12 de agosto, es decir, tres días después del suceso, contribuyó en alto grado a aumentar aquella efervescencia. El prelado se dirigió en procesión al calvario, le dio la vuelta con la cuerda al cuello y los pies descalzos, excomulgó a los culpables desconocidos y los entregó a la muerte y a la execración.

Más de cien testigos fueron oídos; ninguno de ellos pudo dar declaración alguna relativa al asunto que ocupaba a la justicia. En cambio, prodigaron las insinuaciones tan familiares a los habitantes de las poblaciones pequeñas, y que tan fácilmente salvan la distancia que separa la maledicencia de la calumnia; en su boca, las frases inconsideradas de cuatro botarates tomaron las proporciones de atentados premeditados contra la religión, y permitieron suponer que la mutilación sacrílega del Cristo revelaba una conspiración de los impíos contra el culto católico.

Había entonces en Abbeville una dama piadosa y caritativa, adorada por los pobres y venerada por todos los habitantes, que se había atraído la enemistad del teniente criminal. Madama Feydeau de Brou, que era el nombre de aquella dama, abadesa de Villancour, tenía en su convento una colegiala de que era tutor Duval de Soicour. La huérfana era rica y el teniente criminal había acariciado siempre la idea de hacer entrar aquella fortuna en su familia, dando a la joven por marido a un hijo suyo. Pero cuando ella hubo llegado a la edad de casarse manifestó gran repugnancia al enlace que se le proponía; la abadesa la prestó apoyo, y obtuvo una providencia del presidente, que quitaba la tutela a Duval de Soicourt. Ofendido en su orgullo, atacado en su codicia, y suponiendo que al obrar así, la señora de Villancour, llevaba la intención de proporcionar aquella opulenta alianza al caballero de La Barre, sobrino de la abadesa, y que se educaba a su lado, el teniente criminal juró tomar la revancha. Pocos días antes del atentado, se le ofreció una ocasión de satisfacer su odio.

El caballero de La Barre y un amigo suyo llamado Etalonde de Morival se paseaban por la ciudad, y habiendo encontrado una procesión de capuchinos, la miraron pasar sin quitarse el sombrero; irreverencia atenuada en algún tanto por la circunstancia de que llovía a cántaros. Duval de Soicourt tuvo buen cuidado de no dejar escapar la ocasión de saciar su resentimiento; empezó una sumaria, y como el atentado le ofrecía los medios de completar su venganza, reunió los dos asuntos, y fundándose, tanto en la aventura de la procesión como en el hecho de la mutilación del crucifijo, y en el de las frases impías que le habían denunciado, decretó la acusación de cinco jóvenes pertenecientes a las familias más importantes de la provincia. Tres de ellos, Etalonde de Morival, Dumaniel de Saveuse y Donville de Maillefer pudieron librarse de las pesquisas, los otros dos, La Barre y Moisnel fueron presos.

El proceso no fue despacio. Moisnel, que no tenía más que catorce años, fue puesto en libertad, y a pesar de los pasos e instancias de madama de Villancour, el caballero de La Barre, y Etalonde de Morival, fueron condenados, el último en rebeldía (había huido), el 28 de febrero de 1766, a las crueles penas arriba citadas. Ya he manifestado que el Parlamento desechó la apelación. El caballero fue conducido a Abbeville, donde debía ejecutarse la sentencia.

Al día siguiente de la llegada de Carlos Enrique Sansón, el ejecutor, a Abbeville, estaba todavía durmiendo, cuando llamaron violentamente a la puerta de la casa en que se hallaba; era un calabocero de la cárcel, que le llevaba, de parte del teniente criminal, la orden de dirigirse inmediatamente a la casa de ayuntamiento donde se hallaba depositado el reo. Por el camino, refirió el carcelero que desde que supo el caballero de La Barre que habían llamado al ejecutor de París, preguntó varias veces si había llegado y manifestó gran impaciencia por verle; añadió que el teniente criminal a quien habían acudido varias veces para pedirle autorización, respondió la primera vez: «Decid al señor de La Barre que demasiado le verá mañana» y solo cedió a las reiteradas instancias del reo.

El caballero de La Barre, se hallaba en una habitación del piso bajo de la casa del Ayuntamiento, y en todas las salidas de esta se habían colocado centinelas. El carcelero avisó al reo que había llegado el que quería ver, y en el momento en que Carlos Enrique Sansón pisaba el umbral, Mr. de La Barre, que estaba sentado junto a la chimenea, se levantó y salió a su encuentro. Como he dicho ya, Mr. de La Barre tenia veinte años; su rostro imberbe, sus facciones finas, regulares y de una belleza algo femenina, le hacían parecer aún más joven de lo que era en realidad. Su talle era flexible y elegante; en cualquier otra circunstancia, Carlos Enrique Sansón hubiera quedado sorprendido del aire de nobleza y distinción que se advertía en su persona; pero la extraordinaria calma que conservaba aquel joven en tan terrible trance, absorbía su admiración en términos que no le permitía pensar en otra cosa; apenas podía advertirse emoción en su imperceptible palidez, y apenas sus párpados ligeramente enrojecidos manifestaban haber derramado algunas lágrimas. Miró al ejecutor sonriendo, y le dijo:

—Perdonad si os he hecho despertar; la perspectiva del sueño profundo que me haréis disfrutar dentro de poco me ha hecho egoísta. ¿No sois vos el que decapitó al conde de Lally-Tollendal?

Esta pregunta fue hecha con una sencillez y naturalidad que consternaron a Sansón, haciéndole turbarse y tartamudear.

—Le maltratasteis cruelmente, —continuó Mr. de La Barre— y os confieso que, en la muerte, es la única cosa que me espanta. He sido siempre algo presumido, y no puedo avenirme con la idea de que mi pobre cabeza, que decían no era despreciable, vaya a causar espanto a los que la miren.

Carlos Enrique le respondió que en el accidente ocurrido al conde de Lally, menos había que culpar a la torpeza del ejecutor que a la violenta agitación de Mr. de Lally, cuyas contorsiones y estremecimientos nerviosos continuaron hasta el momento supremo. Añadió que la decapitación era un suplicio de caballero, porque para sufrirla, era necesario que el paciente manifestara firmeza, y que el valor de la víctima era tan necesario para llevarle a cabo, como el vigor y la destreza del que manejaba la espada. Por último, bajando la voz, porque la emoción le embargaba, le dijo que en vista del extraordinario valor con que hablaba de lo que para otros hombres es un objeto de espanto, que procuran olvidar, podía responderle de que no experimentaría sufrimientos inútiles, y que si cabeza no sufriría la mutilación que le ponía inquieto.

—Está bien, —dijo— quedareis contento de mí; pero, os lo repito, cuidad de que yo no tenga que quejarme de vos. Los muertos son quizá más temibles de lo que se cree; no vayáis a haceros un enemigo en la sepultura.

Y le despidió.

En el momento de retirarse Carlos Enrique Sansón, vio entrar a una señora anciana vestida con traje religioso y acompañada de un sacerdote. Era la abadesa de Villancour, que iba a dar el último adiós al que amaba como un a un hijo y le llevaba un confesor.

A las ocho de la mañana, el teniente criminal llegó, y Carlos Enrique Sansón, que no había cesado de pensar en el pobre joven con quien había tenido la conversación, se sorprendió al ver el contraste que ofrecía la actitud tranquila y serena de la víctima, con la fisonomía descompuesta del juez. El rostro de Mr. Duval de Soicourt estaba lívido; sus labios pálidos temblaban, y sus ojos despedían un brillo febril; dirigía sonrisas a todo el mundo; pero su odiosa alegría, sincera la víspera, era en aquel momento más afectada que verdadera; en su voz ahogada, en su agitación, se adivinaba que la conciencia había lanzado su grito, y que este grito turbaba la vergonzosa embriaguez del odio satisfecho. Iba, venia, se multiplicaba para apresurar los preparativos de la partida, manifestaba que le parecía lenta la marcha del tiempo, y de cuando en cuando exhalaba suspiros profundos, que revelaban las inquietudes de su alma.

Por fin, el 1° de julio a las nueve de la mañana, se puso en marcha la fúnebre comitiva. Mr. de la Barre, que llevaba al pecho un cartel en que se leían en letras gordas estas palabras, Impío, blasfemador, sacrílego, abominable y execrable, marchó al sitio del suplicio conducido en una carreta. A la derecha iba su confesor, que era un religioso dominico; y al otro lado quiso colocarse el teniente criminal. Apenas le vio el caballero, una ligera contracción alteró sus hermosas facciones, se volvió e hizo una seña imperativa al ejecutor, que iba detrás, para que se colocara a su derecha, y cuando este obedeció, dijo en voz alta y de modo que pudiera oírla Duval de Soicourt:

—Así voy mejor. Entre el médico del alma y el del cuerpo, ¿qué mal puede sucederme?

Se le condujo delante del pórtico de San Wulfranc, donde debía hacer retractación, pero rehusó enérgicamente pronunciar la fórmula de costumbre.

—Confesarme culpable, —exclamó— seria ofender a Dios con una mentira, no lo haré.

Al llegar delante del cadalso, el ejecutor le vio ponerse pálido, y le miró fijamente; él comprendió aquella mirada, porque dijo en seguida:

—No tengáis más miedo que yo, y estad seguro de que no haré el niño.

El dominico que auxiliaba al caballero se ahogaba de emoción. El ejecutor hizo seña a los ayudantes que había llevado, de que se acercaran y le dieran la espada que debía servir para la decapitación. El caballero quiso verla, pasó su dedo por el filo, y después de cerciorarse de que era de buen temple y estaba recién afilada, dijo:

—Vamos, maestro, herid con mano segura; ya veis que no tiemblo.

El ejecutor fijó en el joven sus ojos asombrados.

—Pero, caballero, la costumbre exige que os pongáis de rodillas.

—La costumbre perdonará por esta vez; los criminales son los que se arrodillan. He rehusado hacer la retractación, y esperaré la muerte en pie.

Carlos Enrique Sansón, desconcertado, no sabía qué hacer.

—Vamos, herid —repitió el caballero con voz algo alterada por la impaciencia.

Entonces, sucedió una cosa tan extraordinaria que merece referirse. El ejecutor hizo volar la espada con tanto vigor y precisión, que cortó a cercen el nudo de la columna vertebral y atravesó el cuello sin derribar la cabeza, que quedó sobre el tronco por espacio de un segundo; y solo cuando el cuerpo se desplomó, se desprendió de él y fue a rodar a los pies de los espectadores de aquella asombrosa ejecución.

La crónica y la leyenda se apoderaron de aquel hecho extraño, para inventar toda clase de historias en prosa y verso, que no son más exactas unas que otras. Uno de estos historiadores, poco escrupuloso, añade que el ejecutor envanecido de su destreza, se volvió a los circunstantes, diciéndoles:

—¿No es verdad que ha sido un gran golpe?

Debo, en honor de nuestra siniestra corporación, la reparación de desmentir estas odiosas palabras que hubieran manchado hasta los labios de un verdugo. Debe colocarse en el número de las ficciones absurdas la que representa al ejecutor por vocación, fanático por su oficio, y admirándose de su talento de destrucción. Si la historia cita ejemplos de algunos monstruos crueles por instinto, y sanguinarios por amor a la sangre, no es entre los nuestros. He conocido por necesidad a muchos colegas míos, y si la mayor parte de ellos no me parecían víctimas, en igual grado que yo, de su nacimiento, y de sus antecedentes de familia, puedo asegurar por lo menos que ninguno de ellos ejercía sin pena y sin una especie de vergüenza, un cargo tan poco en armonía con los sentimientos más naturales del hombre.

La sentencia que condenó a La Barre, en la época en que la filosofía y la tolerancia empezaban a arraigarse en nuestro suelo, quedará en la historia como una anomalía monstruosa e inexplicable. La superstición y el fanatismo han pesado bastante sobre la memoria de aquel infortunado joven para que no obtuviera, como la del viejo Lally, el favor de una estéril y tardía rehabilitación. Pero la conciencia imparcial de la historia no puede engañarse sobre el verdadero carácter de aquel asesinato jurídico, cometido en nombre de una religión santa y venerable, que la intolerancia comprometía siempre que le daba por misionero al verdugo.

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Estatua de Chevalier de la Barre en Montmartre (Parque Nadar), París. Imagen Wikipedia Jim Linwood de Londres subido por paris 17

La estatua del caballero de La Barre que desde el 24 de febrero de 2001 se encuentra cerca de la basílica del Sacré-Coeur en París, también tiene una larga historia de intolerancias. Fue instalada en primer lugar frente a la misma basílica en 1897 promovida por un grupo de librepensadores. Esta estatua se trasladó al cercano parque Nadar en 1905 tras la declaración de separación Iglesia-Estado en Francia. De nuevo sufrió una ignominia en 1941 cuando el gobierno acomodaticio de Vichy mandó desmontarla y fundirla. Hoy, un pedestal a los pies de la estatua recuerda que «La tolerancia universal es la más grande de las leyes».

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Placa en Abbeville. Imagen Wikipedia By Moonik – Own work

En la localidad de Abbeville se viene celebrando desde 1902 una serie de actos de homenaje a François-Jean Lefebvre que se completaron en 1907 con un monumento sufragado por suscripción popular en el mismo lugar de su ejecución. Desde entonces, el primer domingo de julio se celebra en Abbeville una manifestación en recuerdo de quien murió tan terriblemente por culpa de la intolerancia religiosa.

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LA NOCHE DE SAN JUAN

LA NOCHE DE SAN JUAN

“Fiesta de San Juan” (1875), de Jules Breton.

Celebramos la fiesta de la Noche de San Juan, el 23 de junio, como la noche más corta del año (en el hemisferio norte) o la más larga (en el sur). Pero en realidad no es ese día, sino el del solsticio de verano, que este año 2019 se ha producido el pasado día 21 a las 17:45 horas.

La celebración pagana del solsticio de verano en el hemisferio norte tenía como rito principal el encendido de una hoguera, rito propiciatorio y de fuerza al sol que empieza a manifestarse más débilmente a partir de este momento, cuando los días irán haciéndose cada vez más cortos. Con este rito también se realizaba un acto “purificador”, quemando en la hoguera todo aquello que de negativo había sucedido hasta el momento y pidiendo prosperidad y bienes para el tiempo nuevo que se iniciaba. Sobre todo se celebraba con las parejas jóvenes que elegían estas fechas para comprometerse o casarse.

El sincretismo cristiano vino a sobreponerse a esta tradición en lugar de prohibirla por pagana. Para ello trasladó la fecha de la celebración del solsticio de verano (21 de junio) a la noche anterior al nacimiento de San Juan Bautista, el 24 de junio, seis meses antes del nacimiento de Jesús, según dictan los Evangelios. Así, venimos celebrando la Noche de San Juan con una idea completamente distinta. En lugar de lamentarnos por la pérdida de fuerza del sol, celebramos la llegada del verano, cuando parece cobrar más intensidad y protagonismo. Y en lugar de “purificar” todo aquello que dejamos atrás, celebramos el final del periodo escolar y de la primera mitad del año.

Las celebraciones varían poco en cada lugar. En Alicante se festeja la noche del 24 al 25, por ejemplo, pero en general en todas partes se procura prender una hoguera cerca del agua (el mar, un río, un lago), para unir en un solo acto agua y fuego. Una de las tradiciones actuales consiste en “saltar” la hoguera como acto purificador y también arrojando a ella papeles donde previamente se ha anotado todo aquello de lo que queremos desprendernos en adelante. En algunos sitios se completa con la quema de un muñeco de trapo llamado “juanes”, “juanillos” o “juas”.  En Galicia es frecuente preparar una Queimada y hacer un conjuro.

John William Waterhouse (1849-1917).

La invocación al agua (más relacionada con los ritos celtas) está muy presente en todas las celebraciones sanjuaneras , pues hay leyendas que dicen que las aguas iluminadas por el primer rayo de sol del día 24 son aguas bendecidas que proporcionarán protección a quien se bañe o se lave la cara o los ojos con ellas. Incluso si recibe un baño de rocío en esa madrugada llevará el poder consigo todo el año. Hay una leyenda muy común que también tiene que ver con el agua y con la noche de San Juan, que es la de la “Encantada”,  una bella joven que peina su larga cabellera con un peine de oro a orillas de un lago o río y cerca de una cueva o castillo. Existen muchas versiones (algunas próximas a la leyenda germana de Lorelei, incluso), pero una puede ser esta recopilada por Antonio Selva Iniesta 

En la madrugada del día de San Juan, solía aparecer una dama muy blanca con el pelo muy largo y rubio al pie de la cueva de la Camareta, a orillas del camino de la Junta de los Ríos, muy próximo al río Mundo, sentada en una piedra y peinándose con un peine de oro, preguntándole, si alguien pasaba por allí, sobre qué le gustaba más, si el peine o ella. Dicen que en cierta ocasión pasó un pastor y al hacerle la pregunta, éste respondió que el peine, exclamando ella: ¡maldito seas, que por tu culpa seguiré encantada!

 «La Encantada de la Camareta: antología e interpretación»
(1993)
Antigüedad y Cristianismo X: 479-488)

Así que en esta noche del 23 de junio, si es que no lo hicieron en la anterior del 21, o si lo prefieren, en la de mañana 24, celebren la conjunción del inicio del verano con el fin de los días largos, la del paganismo del solsticio del sol con la del cristianísimo San Juan, la del fuego y el agua… la noche, en fin, más festivalera del año.

¡¡FELIZ NOCHE DE SAN JUAN!!

EL VERANO

EL VERANO

Imagen: Giovanni Segantini

El cielo azul con límite brumoso;
la mies en ondas de oro cimbreada;
el crepúsculo unido a la alborada;
el mar tranquilo; el monte silencioso;
en el otero, fresco y oloroso
se oye piar de clueca y de pollada;
rumor de vuelo y sones de cascada:
zumbar de insecto, arrullo cadencioso
¡Ya llega! Con su cetro nacarado
toca la tierra y surgen sus tributos.
¡Cómo no amarle? Vedle coronado
con destellos del sol enrojecidos…
Viene, entre aromas, sazonando frutos,
llenado trojes y poblando nidos.

Rosario de Acuña (1852-1923)

 

Hoy, 21 de junio, a las 17:54 horas, justo cuando se publique esta entrada en HELICON, dará comienzo el verano peninsular del 2019 que durará hasta el día 23 de septiembre. 

AlmaLeonor_LP

Noche de Walpurgis

La Exuberancia de Hades

La Noche de Walpurgis (Walpurgisnacht, 30 de Abril – 1 de Mayo) en la que, según las antiguas creencias, el Diablo andaba suelto; en la que se abrían las tumbas y los muertos salían a pasear; en la que todas las cosas maléficas de la tierra, el mar y el aire celebraban su reunión. Se celebra principalmente en Europa Central y Septentrional.

Esta noche es oposición a la fiesta de Todos los Santos (1 de Noviembre), ya que celebrar ritos paganos seis meses después, o sea, del otro lado del año, es una manera ritual de darle vuelta a su significado. Durante siglos, se conservó la creencia de que esa noche las brujas volaban sobre escobas, gatos o cabras hacia Brocken, la montaña más alta de la Sierra del Harz (en el Estado alemán de Sajonia-Anhalt), para celebrar sus rituales. De ahí que la noche de Walpurgis sea conocida también como “la noche…

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Los misterios y claves ocultas que encierra la iglesia de Wamba

Una maravilla de artículo. Tuve el privilegio de acompañar a su autor en su recorrido por Wamba y el resultado, este artículo y sus imágenes, no puede ser mejor. ¡Enhorabuena Álvaro! 🙂

Alvaro Anula Pulido (Graduado en Periodismo)

La estatua del rey Wamba, fastuosa e imponente, da la bienvenida en el pueblo que lleva su nombre. A pocos kilómetros de Valladolid, la pequeña localidad de Wamba es una más dentro de esa España rural que se resiste a ser absorbida por el desagüe de los nuevos tiempos. Nuevos tiempos que solo miran al futuro sin pensar en el pasado.

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POSVERDAD

POSVERDAD

Imagen: Alex Berdysheff

Esta palabra, tan de moda hoy en día, es la traslación al castellano de del inglés post-truth. Aceptada recientemente por la Academia Española de la Lengua, significa “distorsión deliberada de la realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros en la posverdad”. Este breve diccionario que el lector tiene en sus manos se podría titular así, pues contiene más de sesenta ejemplo de distorsión deliberada de la realidad a través del lenguaje con una finalidad manipuladora, con el objetivo de influir en opiniones y actitudes.

Toda nuestra vida -y no solo la nuestra- política, económica, social o cultural está llena de ejemplos de este tipo de distorsiones, cuya expansión se ve favorecida y multiplicada por el uso y abuso de los numerosos artefactos que a revolución digital ha puesto en nuestras manos. Son armas tan extraordinarias, potentes y nocivas, si se usan mal, que pueden transformar la realidad en asuntos de enorme transcendencia, como se ha comprobado en los casos del triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas, en el referendo sobre el Brexit en Gran Bretaña o en el “procés” independentista catalán. Desde que la señora Clinton había puesto en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos, pasando por la afirmación de que Gran Bretaña debía pagar todos los meses millones de euros a los despilfarradores burócratas de Bruselas y acabando en el “España nos roba” de los secesionistas catalanes.

En el fondo, estamos hablando lisa y llanamente de mentiras, si bien hay que reconocer que suena mucho mejor hablar de posverdad, como si fuese algo que está “más allá de la verdad”, como si está última hubiese quedado anticuada, sobrepasada por el tiempo. Lo importante ya no es que algo sea cierto o no, que sea verdad o mentira, sino que, por medio de la manipulación, viva en las creencias y actitudes de la opinión pública como si fuera verdad.

Ejemplos de la posverdad podríamos encontrarlos en otras épocas de la historia. Las religiones, sin ir más lejos, están llenas de distorsiones deliberadas de la realidad, por no hablar de las múltiples dictaduras que en el mundo han manipulado la realidad a su antojo. ¿Qué es lo novedoso en la situación actual? En mi opinión, su extensión global, su naturaleza instantánea hasta el punto de que podemos hablar de un “mundo virtual”, de una posverdad que se superpone y, en ocasiones, intoxica al mundo real de la verdad, consiguiendo que le mundo real sea el virtual, y viceversa. En definitiva, llamar a la mentira -manifestación contraria a lo que se sabe- posverdad supone una tergiversación grave del lenguaje. Si aceptáramos esta falsedad, tendríamos que asumir que no podemos llamar a alguien mentirosos, sino “posverdadero”, que incluso podría sonar como un halago. Qué razón tenía Plutarco cuando en sus Dichos notables de los lacedemonios dijo aquello de que “los mentirosos son la causa de todas las crueldades y delitos del mundo”.

Nicolás Sartórius.
La manipulación del Lenguaje. Breve diccionario de los engaños” (2018)