HISTORIA

HISTORIA

Imagen: Dragan Ilic di Vogo (1962) Belgrado (Serbia).

No llevéis al pasado vuestros miedos,
regresad a él como los muertos que lo habitan:
desnudos, con el alma a buen recaudo,
miradlo atónitos pero con un ansia de embalse,
oled su inconfundible aroma de ruina indeleble,
no le manchéis de deseo, dejadlo
tal y como os lo encontrasteis,
lleno de vida engastada en una esbelta
gota de ámbar
ajena a vuestro vértigo de flecha,
miradlo con las lentes que necesita
un oficio de forenses inquietos
y hacedle las preguntas que
nunca tendrán una respuesta,
que jamás nos salvarán la vida.

José Luis Ibáñez Salas.

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SANT ESTEVE Y LA REPÚBLICA CHECA

SANT ESTEVE Y LA REPÚBLICA CHECA

Durante estas fechas son casi incontables las tradiciones y costumbres locales en los países de tradición cristiana. Es una festividad religiosa, sí, pero al fin y al cabo, toda religiosidad conlleva una serie de ritos ancestrales y costumbres sociales.

En Roma, por ejemplo, celebraban por estas fechas las Festividades de Saturnalia. Era una fiesta dedicada al solsticio de invierno, entre el 17 y el 23 de diciembre, y se ofrecían al dios Saturno, dios de la agricultura. Entre sus muchas celebraciones, se incluían festejos, reparto de regalos y las comidas copiosas con amigos y familiares ¿les suena? A lo mejor no hemos cambiado tanto desde entonces. Solo hemos acordado otras fechas y otros nombres.

San Esteban (1476), de Carlo Crivelli (1435-1495)

Porque son muchas las fechas y sus costumbres, usos y maneras, que se rememoran y celebran en muchos sitios en estos días. Una de esas costumbres la tenemos muy cerquita, en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares… pero resulta que también se celebra mucho más lejos… en la República Checa (Alemania, Polonia, Holanda y Escandinavia, lo celebran como “segundo día de Navidad”). Me estoy refiriendo a la festividad de Sant Esteve o San Esteban mártir, celebrada hoy, 26 de diciembre, un santo católico que también se encuentra en el santoral ortodoxo (le consideran archidiácono), solo que aquí se conmemora el día 27, o bien el 9 de enero para aquellas iglesias ortodoxas que siguen aún el calendario juliano. San Esteban es venerado por las iglesias católica, anglicana, luterana, ortodoxas orientales, ortodoxa y la oriental nestoriana.

Sea como fuere, es una festividad dedicada al primer santo de la cristiandad, San Esteban, un judío helénico, diácono protomártir (de los primeros) y patrón de los talladores de piedra…. Porque fue lapidado (por eso se le suele representar con dos piedras, y la palma del martirio, claro) tras ser acusado de blasfemia al pronunciar un discurso en su defensa contra las autoridades judías.

​Es tradición que en este día (sea el que sea) las familias se reúnan (de nuevo) para una celebración familiar, pero esta vez, para dar buena cuenta de todo aquello que ha quedado sin consumirse en la cena de Nochebuena y comida de Navidad. En Cataluña, cada familia se reúne con la que no había celebrado en Navidad, como en  Baleares, donde se llama “Sa media” fiesta de Navidad, y en la Comunidad Valenciana se juntan en la casa de la familia paterna (en Navidad es costumbre en la casa materna… ¡lo que resolvería esta organización!). No es mala idea esta de celebrar el consumo de los restos, después de todo. Y ya nos vamos haciendo una idea de que en ciertos países esas sobras duran hasta el día 27 de diciembre y en otros, hasta el 9 de enero.

En los países anglosajones también celebran el día de San Esteban el 26 de diciembre, pero allí se llama Boxing Day, y está dedicado a la primera labor que realizó el santo: ofrecer caridad a los necesitados (en algunos sitios se tiene como el día de “deshacerse de los envoltorios de los regalos de Navidad”). En cierto sentido es lo mismo que ofrecer los restos de la comida anterior a la familia… otra forma de hacerlo, más social y humanitaria.

La curiosidad de la coincidencia de la celebración de San Esteban con la República Checa tiene su explicación. Y es que fue durante el imperio Carolingio cuando se establece que el día siguiente a cada Pascua de Navidad fuese día festivo y es por eso que la costumbre se implementó en los países de su influencia. Por ejemplo, en la República Checa, que es uno de los lugares donde se más se muestran las tradiciones navideñas en Europa, ya que allí se conservan desde el siglo XIV, testimonios escritos muy detallados sobre antiguas costumbres populares de la Navidad.

Las festividades navideñas checas comenzaban el 4 de diciembre con la fiesta de Santa Bárbara (santa muy venerada en la Comunidad Valenciana, por cierto), o Barborka, día en el que las “Barbaritas“, entre cuatro y seis chicas vestidas de blanco, cara tapada, una escoba en la mano y una campanita en la otra, regalan a los niños  los niños manzanas (secas o frescas) y les piden que sean buenos. A los traviesos les dejaba carbón y patatas. Este día era también en el que las muchachas casaderas checas cortaban ramilletes de cerezo que colocaban en un florero con agua esperando que florecieran antes de Nochebuena. Si lo hacían, significaba que en menos de un año tendrían boda.

Al día siguiente, 5 de diciembre, víspera de la fiesta de San Nicolás (recordemos que es el 6 de diciembre), Sv. Mikuláš, el santo hace una visita admonitoria a los niños checos acompañado por un ángel y un diablo (Krampus, ya hemos hablado de él). San Nicolás pregunta por su comportamiento durante el año y a los traviesos les espera una reprimenda del diablo que les asusta un poco, pero después de prometer que se portarán bien en el año entrante, el ángel les perdona y San Nicolás reparte regalos a todos.

Como en casi todo el norte de Europa, también en la República Checa se celebra especialmente el día de Santa Lucía, el 13 de diciembre, que además aquí es la patrona de las hilanderas. Según la tradición, si alguna hilandera se ponía a trabajar ese día, llegaba Lucía y le enredaba los hilos por no haber organizado una fiesta en su onomástica. Otra cosa que hacía la santa era visitar los hogares checos por la noche, comprobando que estuvieran limpios. Si encontraba polvo o ceniza, Santa Lucía lo limpiaba ella misma, pero debían invitarla a cenar en esa casa en agradecimiento.

Una de las mayores curiosidades checas se produce en la Nochebuena, pues es el momento de predecir el futuro. Sí. En esta noche en los hogares checos se trataba de averiguar si el próximo año sería benevolente y si habría felicidad en la casa. Los campesinos y ganaderos eran especialmente proclives a estas consultas, pues toda su vida dependería de una buena cosecha o una fructífera cabaña ganadera. En algunos pueblos a las gallinas se les daba de comer poniendo los granos en círculos, como modo propiciatorio para que no faltaran huevos.

Es curioso también que la mañana de Nochebuena se guardaba ayuno (a los niños pequeños se les decía que si aguantaban verían un cochinito dorado), para luego preparar una copiosa merienda-cena por la tarde (cuando aparece la primera estrella, a eso de las seis de la tarde) compuesta de, al menos, nueve platos. Esto también era una fórmula de propiciar la buena mesa para el año venidero. En las casas se elaboraban y se elaboran hoy en día también, varios tipos de galletas navideñas que se consumen en estos días. Cuanta más variedad de galletas, mejor.

La cena típica de Nochebuena consiste en una sopa de pescado de primer plato y pescado de segundo, habitualmente carpa (debajo de los platos se coloca una escama de carpa para que el dinero no falte en el año que entra), acompañada de ensaladilla. Desde mediados de diciembre es habitual ver en las calles de todo el país, puestos con grandes cubas de agua con las carpas vivas que se venden para Nochebuena. En algunos sitios es costumbre llevarla viva y mantenerla así en casa hasta el día de la cena… me imagino las penas de los más pequeños, más o menos como esos niños que juegan con el pavo que después verán cocinado encima de la mesa. Algunas, de nombre Pepicek (Joselito), son indultadas si siguen vivas en Nochevieja y devueltas al río.

En Cataluña no era muy común celebrar la Nochebuena. En realidad era un momento festivo infantil alrededor del Cagatió, un tronco (tronc) de Navidad al que había que golpear para que “cagara” regalos (chuches o chocolatinas doradas con forma de monedas), salir a la calle a cantar villancicos y, finalmente, asistir a la Misa del Gallo. La comida de Navidad era el momento familiar, con la gran comida típica, la escudella i carn d’olla, y sopa de gallets, aunque también se puede encontrar capón relleno o pescado al horno. Pero con el tiempo, mucha gente (sobre todo trabajadores llegados desde otros puntos de España) empezó a celebrar la cena familiar de Nochebuena y se consolidó como una celebración más. En todo caso, con las sobras de esa gran olla familiar, es con lo que se elaboraban los canelones de Sant Esteve, la comida típica catalana para este día festivo. Hoy, se encargan ya elaborados.

En Chequia, donde nos habíamos quedado, la tradición manda celebrar la cena Nochebuena con carpa. También son típicos los frutos secos y la fruta fresca, sobre todo manzanas, aunque esta es una fruta que tendrá su momento “estrella” un poco más adelante, justo cuando toda la familia, cogida de la mano, se levante de la mesa (todos juntos para propiciar la unión duradera, si alguien se levanta antes, trae mala suerte) y se acerque al Árbol de Navidad a buscar su regalo.

La tradición de colocar un Árbol de Navidad no es tan antigua como las demás de este país. Data de hace unos 200 años, cuando entra este adorno navideño en las casas burguesas donde se colocaban figuritas de pan o mazapán y los regalos a sus pies. Más tarde, ya en el siglo XIX, se extiende prácticamente a todos los hogares y se adorna más profusamente. Este momento está lleno de simbolismos en la República Checa. Por ejemplo, junto al árbol, las muchachas solteras deben colocarse de espaldas a la puerta y lanzar hacia atrás un zapato. Si la punta del zapato apunta hacia la puerta, se casará en el año entrante (que manía con casarse), pero si apunta hacia otro lado, la muchacha se queda soltera un año más. Luego, se cogen las manzanas de la mesa de Nochebuena y se reparten entre toda la familia. Cada uno debe partirla por la mitad. Aquel que encuentre una estrella en el corte de su manzana, tendrá felicidad y salud todo el año venidero, pero si no lo tiene, significa que alguna enfermedad entrará en su vida. También se hacen barquitos con cáscara de nuez y velas de papel, si tienes un lago o estanque cerca. Si el barquito se alejaba de la orilla, la persona se alejaría del hogar en el año venidero.

En la República Checa se celebra el día de San Esteban, el 26 de diciembre, más que día de Navidad. La fiesta grande es la de Nochebuena, como decíamos antes. Es solo que en todo el país, el día de San Esteban es el día de comer pavo asado, no las sobras como en Cataluña, y se acompaña de chucrú y unas típicas bolas de harina cocidas que en checo se llaman “knedlíky”. En Cataluña, por el contrario, se sirven en la cena de Nochebuena, acompañando la sopa de gallets, unas bolas de carne llamadas “pilotes”  una masa de carne picada, con huevo, pan rallado y especias, que tiene forma de pelota.

Las “Knedlíki” son básicamente bolas de pan a las que se añade harina, huevos, leche, patata, y casi lo que se quiera (las de patata se suelen rellenar de carne o de tocino e incluso frutas). Luego se le da forma de cilindro, se cuece en agua y se corta en rodajas para servirlas junto a la salsa del plato. Este acompañamiento se conoce desde la Edad Media (se hacían solo de pan, posiblemente para aprovechar el pan duro), aunque las primeras referencias escritas se hallan en el siglo XVII y es en el siglo XIX cuando se convierten en manjar acompañando el plato principal de carne en el día de San Esteban.

Y ahora no nos queda más que celebrar el penúltimo día festivo antes de acabar el año (queda Nochevieja), con una comida propia de un santo dadivoso, San Esteban, que repartió su caridad con los necesitados, como en las familias del litoral mediterráneo español (Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares) y en la República Checa, se comparte los restos de la comida anterior entre la familia. ¡¡Feliz Día de Sant Esteve!!

AlmaLeonor_LP

 

MINIEXCURSIÓN A PAMPLONA

MINIEXCURISÓN A PAMPLONA

Pamplona  es una ciudad que merece más de una visita. Eso es lo que hemos constatado en esta nuestra primera (porque habrá más) aproximación a la que seguramente es una de las poblaciones más conocidas en el mundo gracias a sus fiestas de San Fermín.

Pero a nosotros nos han encandilado otras (más que nada porque no nos gustan las corridas de toros ni los espectáculos taurinos) de las muchas cosas que tiene Pamplona  . Nos han encantado las calles de su casco antiguo, la serena tranquilidad que se respira en la plaza del Castillo, el verdor y cuidado de sus jardines de la Taconera y la férrea presencia de su catedral al final de una calle empinada. No hemos podido ver mucho más, pero como digo, esta ha sido una miniexcursión que preludiará otras visitas.

Acueducto de Noaín

Esta vez no fuimos desde Valladolid, sino desde La Rioja baja, así que fue fácil enlazar con la AP15 en Castejón y seguirla hasta Pamplona. Lo primero que llegamos a ver desde la furgo fue el Acueducto de Noaín, construido en 1790 para abastecer de agua potable a la capital desde el manantial de Subiza. Consta de 94 arcos a lo largo de aproximadamente 16 kilómetros, y pasamos justo por donde se encontraban otros tres que fueron demolidos para construir la autopista.

Entramos en Pamplona, la vieja Iruñea. Fundada, según se afirma, en el año 74 por el mismísimo Pompeyo con el nombre de Pompaelo, se situó sobre un asentamiento anterior de nombre Bengoda. Con el tiempo y el poder de la familia del conde Casio, trastocada en el musulmán Banu Qasi y, sobre todo, con el empuje de Iñigo de Arista (¿?-851), Pamplona consigue erigirse en la capital del Reino de Navarra. Es un enclave singular bañado por el río Arga y su afluente, el Elorz, además del Sadar, afluente a su vez del Elorz. Es, por tanto, un enclave húmedo y verde a los pies de varias elevaciones montañosas y con un clima variable que hoy nos regala un día de luz espléndida y un calor inusual para la época, aunque a esto ya lo estamos sufriendo en todas partes.

Vamos buscando donde aparcar al aire libre porque no queremos entrar en uno de los muchos parking subterráneos que nos encontramos aunque nos juren que mide más de 2 metros de altura. Un empleado de la ORA (todo el centro de Pamplona es zona residencial y no se puede aparcar sin tarjeta), nos dice que podríamos aparcar todo el día con un solo ticket de pago en un lugar llamado Club Larraina, que encontramos con sus indicaciones en: Cuesta de La Reina, 2. Es un sitio muy bueno si encuentra sitio y nosotros tuvimos la suerte de encontrar uno, de no haberlo hecho, no sé qué hubiese pasado… Está justo al lado de los Jardines de la Taconera.

Portal de Francia

El Parque de la Taconera se termina de conformar en el año de 1830, cuando la burguesía construía en todas partes lugares de esparcimiento para el paseo y el solaz. Es un parque abierto y de paseo libre al que se puede acceder por algunas de las antiguas puertas de acceso de la muralla, como la Puerta de San Nicolás (la más monumental, como un Arco de Triunfo, del que solo se conserva la fachada), el Portal Nuevo, o la Puerta de Santa Engracia. Nosotros vimos el Portal de Francia, llamado así porque es el acceso a Pamplona del Camino de Santiago francés.

Parque zoológico de la Taconera

Hay un paseo a todo lo largo del parque que permite contemplar la parte baja de la ciudad con su río Arga y los árboles pletóricos de otoño. Es un parque muy, muy, muy cuidado, con un esmero envidiable y con una sorpresa en su interior, un pequeño parque zoológico con varias clases de patos, ocas, cisnes, pavos reales y diversas aves, así como conejos y, al menos, cinco ciervos hembra que nos regalaron un paseo por el recinto como si quisieran posar para nosotros y nuestra cámara (no vimos ningún macho, una pena). En uno de los puntos centrales del parque se encuentra el monumento al tenor navarro Julián Gayarre (1844-1890).

Pamplona cuenta con más jardines monumentales que no visitamos en esta ocasión. Por ejemplo, es destacable toda la zona de la Ciudadela y el Castillo, así como el Paseo del Arga, también llamado Parque Fluvial de Pamplona, el de la Universidad o el de la Media Luna, aunque a nosotros nos llamó mucho la atención la existencia de un jardín japonés, el Parque de Yamaguchi, situado cerca del Planetario.

Inscripción latina en la fachada del Ayuntamiento

Pero, como digo, teníamos muy poco tiempo, así que nos lanzamos hacia el centro de la ciudad para recorrer sus calles y disfrutar de su ambiente cosmopolita. Y desde luego que disfrutamos. En la Calle Mayor pasamos por delante del Palacio Ezpeleta un precioso edificio del siglo XVIII. Además de la famosa calle Estafeta, tan retransmitida por televisión durante los San Fermines, muchas son las callejuelas de paseo sosegado pero con viva presencia, que se parecen a ella como gotas de agua de un mismo vaso. Inevitablemente, y siguiendo la ruta de los encierros, llegamos al mismísimo centro del Casco Viejo, donde se encuentra su Ayuntamiento, edificio reconstruido en los años cincuenta, pero que aún conserva su magnífica y decorada fachada dieciochesca (es de 1760), en la que figura una inscripción latina que dice más o menos: “La puerta está abierta para todos, mucho más el corazón” (patet omnibus janua cor valde magis), una frase que describe, creo yo que muy bien, como te hace sentir la gente navarrica.

Placas con los tres burgos originales.

Ese viejo ayuntamiento había sustituido al que Carlos III de Navarra (1361-1425) mandó construir en 1423 en el lugar donde  confluían los tres burgos originales de los que constaba Pamplona: Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Una serie de placas en el suelo recuerdan estos límites, a la vez que nos informa de lo siguiente que hay que visitar: la Iglesia de San Cernín y la de San Nicolás, además, claro está, de la Catedral. Pero primero hay que comer.

Iglesia de San Cernín

Iglesia de San Cernín.  Es el templo del patrón de Pamplona, San Saturnino o Cernín. Data del siglo XIII, aunque posiblemente hubiera allí un templo romano anterior. También fue una fortaleza militar de defensa, dada su situación en medio de los burgos que componían Pamplona. Hoy está situada en una calle estrecha, pero se ve bien el atrio porticado en su entrada. Otras curiosidades de la iglesia son su veleta en forma de gallo, el reloj de la torre de 1499, que es el que anuncia el momento exacto en el que hay que disparar el cohete sanferminero, y una oquedad, o “pocico”, donde San Fermin, que fue el primer obispo de Pamplona, bautizaba a los cristianos.

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás.  Otro templo nacido como iglesia y bastión defensivo fue San Nicolás, del siglo XII. Se reforma entre los siglos XIII y XIV tras un incendio y aún tiene algunos añadidos del siglo XIX, e incluso del XX, como la torre actual, que es del año 1924. Contiene el órgano barroco más importante de Pamplona, construido en 1769. Este órgano suena cada 1 de noviembre en un concierto homenaje a Pablo Sarasate (1844-1908), cuyo paseo se encuentra justo en la entrada del Templo. Antes, este Paseo de Sarasate formaba parte de la Taconera, e inicialmente su nombre era Paseo de Valencia. Pero en 1908, al fallecer el violisnia, que vivió muy cerca, precisamente en la Calle de San Nicolás, el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre del Paseo.

El Paseo de Sarasate tiene una curiosa historia. Durante la Edad Media, la muralla de la ciudad pasaba por el lado par de esta calle y la iglesia de San Nicolás se integraba en el cerco defensivo. El paseo era entonces una avenida extramuros, fuera de la ciudad. Fue así hasta el siglo XVI, tras la conquista de Navarra, cuando se construyeron las actuales murallas integrando toda la zona.

Catedral

Catedral de Pamplona. Es una construcción que data de los siglos XIV y XV, de fachada robusta y sobria en la que destacan los magníficos capiteles corintios de las columnas de su entrada. El interior es más ornamentado, de estilo gótico, y alberga el mausoleo de Carlos III de Navarra (1361-1425) y su esposa Leonor de Trastámara (1362-1415). El claustro de la catedral, construido entre 1286 y 1472, es imponente, una de las cumbres universales del estilo gótico a decir de los expertos, aunque no pudimos entrar porque, como todos los sitios, tiene su horario y sus estipulaciones. Cuando llegamos nosotros estaba abierto, pero solamente se podía entrar adquiriendo la entrada completa con visita al museo y torres, cinco euros y un tiempo que no teníamos. Así que nos quedamos sin verlo. Por cierto, que menudo bicho nos encontramos allí… menos mal que ya estaba muerto…

Una paradita en la plaza del Ayuntamiento ya nos puso en contacto con el buen tapeo de esta ciudad pamplonica (la buena cocina de Navarra ya la conocíamos de anteriores viajes a la navarra pirenaica), pero más tarde nos fuimos hasta las calles laterales del Paseo Pablo Sarasate, pasando por delante del Monumento a los Fueros  y el Palacio de la Diputación Foral , por recomendación de la oficina de turismo para comer. Seguimos enamorados de la cocina navarra.

Plaza del Castillo

Justo antes de la parada dimos con la Plaza del Castillo, verdadero centro neurálgico de la ciudad, que nos recordaba ligeramente a la plaza del templete de Tudela (Navarra), pero más grande y con un ambiente más relajado y tranquilo. Nos hubiésemos quedado todo el día en ese lugar. Así de bien nos hizo sentir esta plaza muy frecuentada por paseantes, familias, gentes que solo disfrutaban del sol en uno de sus bancos, y ciclistas. Creo que, hasta el momento, es la ciudad española donde más gente en bici he visto. Y con perros.

Café Iruña

Pero ya toca ir terminando. Para ello, nada mejor que un café en uno de los sitios más bonitos que he visto, el Café Iruña, en uno de los laterales de la plaza del Castillo. Es un local que existe desde 1888 y aún conserva el aire decimonónico de los cafés de lujo y tertulia que tanto proliferaron en nuestras ciudades. Este lugar fue, además, el primer establecimiento comercial en contar con luz eléctrica en toda la ciudad. Una exclusividad más para un local que se ha hecho famoso en todo el mundo por ser uno de los favoritos del escritor Ernest Hemingway (1899-1961).

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre”. Ernest Hemingway.

Uno no puede irse de Pamplona sin visitar el rincón favorito del escritor y sin hacerse una fotografía junto a su estatua.

#AlmaLeonorLP

 

Para saber más sobre los Paseos por Pamplona,
el Ayuntamiento ofrece este  pdf.

Como siempre, más fotografías pinchando la primer imagen, en ALMA VIAJERA
o también aquí.

LA ARAÑA Y EL CÁLIZ

LA ARAÑA Y EL CÁLIZ

Odilon Redon (1840-1916), The Chalice of Becoming (El Cáliz del Destino, 1894).

“Et si musca vel aranea casu contingente super calicem ceciderit, si viva fuerit uel mortua caute extrahatur et conburatur et cinis in sacrario repponatur.”

[Si una mosca o araña caía en el cáliz… Había que sacarla, estuviese viva o muerta, con sumo cuidado, quemarla, y echar sus cenizas por el sumidero.]


Andrés de Albalat
Sínodo de Valencia en el año del Señor de mil doscientos cincuenta y ocho, martes después de la fiesta de San Lucas.
Actualmente la festividad de San Lucas se celebra el
18 de octubre.

Flaming Chalice Fiber Art by PeacePeg

Esta traducción de Valentia Medievalis, acerca de uno de los más curiosos temas tratados en los sínodos celebrados en Valencia entre los años 1255 y 1273, y en los que fray Andrés de Albalat, nombrado Obispo de Valencia por el papa Inocencio IV el 25 de febrero de 1249, tuvo un más que importante papel, adolece de una importante imprecisión: el sumidero.

No está claro que sea la traducción más correcta, aunque figure así en alguna obra, incluso mucho más moderna como vamos a ver. Por ejemplo, como me ha apuntado un amigo bastante más experto en este tema que yo, en el “Tratado de las Ceremonias de la misa y de las demás cosas tocantes a ella”  (1655) del licenciado Ivan de Bustamante (Madrid, 1655), y editado por Joseph Matías de Valmayor. En sus páginas 462-463 dice concretamente:

“11. Si antes de la consagración cayere en el Cáliz mosca, o araña, o otra cosa […] Si fuere araña, no conviene que se use del vino, ni agua, por el peligro de ponzoña. Si cayó, o se echó de ver después de la consagración, y no se atreviese el Sacerdote a tomarla, por hacer asco, la sacará, y la lavará con vino, y acabada la Misa, se quemará, y las cenizas, y el vino con que se lavó, se echarán en el sumidero” (1655).

Es decir, aquí sí que se utiliza la palabra “sumidero”, pero en otras traducciones se especifica un poco más a que se hace referencia con esa palabra. Por ejemplo, en el “Ceremonial Romano de la Missa rezada conforme el missal más moderno”, (1708), escrito por D. Frutos Bartolomé de Olalla y Aragón y editado por Antonio Gonçalez de Reyes, se especifica claramente, en su punto 5º, que “lo eche en el sumidero de la Pila del Bautismo(1708).

En el “Curso de derecho canónico hispano e indiano” (1743) de Pedro Murillo Valverde, al ser más moderno, se entienden mucho mejor las instrucciones, pero seguimos teniendo un problema en cuanto a la especificación final, el sitio donde ha de arrojarse el bicho quemado:

“Si cayere una mosca, araña, o alguna otra cosa en el cáliz, antes de la consagración, arroje el vino en un lugar decente, y ponga oro en el cáliz, mezcle un poco de agua, ofrezca como [dice más] arriba y prosiga la misa. Si después de la consagración cayere la mosca, o algo parecido, y le da naúsea al sacerdote, extraígala, lávela con vino, terminada la misa, quémela, y lo quemado y lo del lavatorio arrójelo en un lugar secreto” (1743).

En el “Suplemento al Diccionario de Teología del Abate Bergier” (1857), escrito por D. Antolín Monescillo, no habla ni de sumidero ni de Pila Bautismal, ni de “lugar secreto”… habla de “piscina”:

“Cuando por casualidad cae dentro del cáliz alguna mosca o araña […] Si lo advierte después de la Consagración, con la mayor cautela posible extraerá la mosca o araña, la lavará con curiosidad, y acabada la misa quemará al animal, echando sus cenizas con la ablución en la piscina.”

En todo caso siempre se pide que si el sacerdote “no hace asco” se tome la sangre consagrada con la mosca o araña, o incluso con las cenizas de la segunda, aun siendo considerada “ponzoñosa”… Siguiendo en el punto 5º: “Si no tuviere asco, ni temiere algún peligro, recíbalo con la Sangre” (1708); o según el Curso de Derecho Canónico: “Pero si no le causare náusea, y no temiese ningún peligro, consuma el sacramento” (1743). Así de contundente.

Ahora bien, los cánones recogen todas las situaciones posibles, y en el caso de haberse “comido” el bicho intruso, son muy estrictos en eso de seguir manteniendo la ortodoxia:

“11. Y advierta que no podrá aquel día decir otra Missa (aunque por otra causa la pudiera decir) por haberse desayunado, comiendo voluntariamente cosa que si sola basta para quebrantar el ayuno, como le quebrantara si en el Cáliz se echara un poco de pan, o cosa semejante. No es lo mismo del que acaso se le entró en la boca una mosca volando, o algunas gotas de agua, o nieve lloviendo, lo que no quebranta el ayuno, por no ser acto voluntario, ni de su intención, como lo es en el caso presente” (1655).

Cuídese mucho el sacerdote de romper el voto del ayuno en estos casos “voluntarios” de consumo de animal extraño con el vino consagrado. Pero no todo acaba en el sumidero de la Pila Bautismal, o en un lugar secreto… Hay un caso en el que las cenizas quemadas tienen otro destino:

“6. Si cayere en el Cáliz alguna cosa venenosa, o que provocare vómito, el vino consagrado se ha de poner en otro Cáliz, y poner otro vino con agua, para consagrar de nuevo. Acabada la Missa, la Sangre embebida en un paño de lino, o en estopa, se guarde tanto tiempo, hasta que las especies del vino se hayan secado, y entonces se queme la estopa, y las cenizas se echen en el Sagrario.” (1708).

Si. Un nuevo destino para el resto ceniciento, el Sagrario. Y no, no se preocupen, todo este ceremonial se realiza sin haber consumido la “cosa venenosa” que pudiera haber caído en el Cáliz… en el Canon de 1655 se especifica mejor:

“12. Si lo que cayó en el Cáliz es cosa venenosa, o que provoque a vómito, no consumirá la sangre, sino hará otro Cáliz, y lo consagrará…” (1655).

También este Canon, que no aclara muy bien en qué clase de sumidero hay que hacer desaparecer las cenizas, tanto de la araña como de la cosa venenosa (al menos hasta el punto 18, en el que ya se dice “sumidero o Pila Bautismal”), se especifica mucho mejor que en el de 1708, lo que ha de hacerse en este segundo caso…

“12… y acabada la Missa, embeberá la Sangre en un paño limpio de lino, o en unas estopas, y se guardarán en el Sagrario, hasta que estén secas, y entonces se quemarán, y las cenizas se echarán en el sumidero; y adviértase, que de ninguna manera se quemen los paños hasta que estén muy secos, porque mientras hay humedad, o las especies no están de todo punto corrompidas, permanece la Sangre de Cristo” (1655).

Igualmente manda proceder, para el caso de advertir en el cáliz, y después de la Consagración, la presencia de un “veneno”, el “Suplemento al Diccionario de Teología del Abate Bergier” (1857). Aquí es mucho más claro en esto. Habla de un veneno: “Si el celebrante sabe que en el cáliz han echado veneno…” (1857). No me quiero imaginar como es posible que el sacerdote sepa que han puesto veneno en el cáliz…

Todos los casos que puedan sucederse durante una misa están contemplados en los Cánones. Algunos son simplemente normas de uso, pero no cabe duda de que estos casos sobre arañas no dejan de tener una curiosidad añadida.

AlmaLeonor.
(Aclaraciones y explicaciones obtenidas por gentileza de F.P.R.A.).

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS PERSONAS DE LA HISTORIA

LAS PERSONAS DE LA HISTORIA

Imagen: Leszek Milewski

 

De la historia no podemos sacar instrucciones claras para tomar decisiones hoy, ni un plan de acción para anticiparnos al futuro. Ya hemos visto lo que puede suceder cuando los líderes políticos y de opinión afirman que están aplicando las lecciones del pasado. La historia tiene tanto alcance y una naturaleza tan proteica que una persona puede encontrar en ella justificación o ejemplos previos para cualquier cosa que desee hacer, sea buena o mala. La historia y sus personas nos brindan más que un humilde conocimiento y un humilde estímulo: el de que somos hasta cierto punto seres de nuestra época, pero capaces de trascender o poner en cuestión los límites. Tengo la esperanza de que esos individuos del pasado […] nos arrojen cierta luz a nosotros hoy sobre la complicada naturaleza de la humanidad, y sus muchas contradicciones, incoherencias, maldades y locuras, pero también sobre sus virtudes. Por encima de todo, las personas de la historia nos hacen conscientes de la enorme capacidad para el bien y el mal que todos poseemos”.

MARGARET MACMILLAN

 

LA CIUDADANA OLYMPE DE GOUGES

LA CIUDADANA OLYMPE DE GOUGES

Retrato de Olympe de Gouges (finales siglo XVIII)

Si hubo una mujer de la que se pueda afirmar sin lugar a dudas que murió por defender sus ideales, esa fue la francesa Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y guillotinada por su causa.

«Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.»

Pocas veces en la historia unas palabras llegaron a resultar tan proféticas. Olympe de Gouges las colocó en el artículo X de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, escrita en 1791,  en plena era de la Revolución francesa, cuando los ánimos políticos y sociales seguían enfervorizados y aún se debatía como encajar a la mujer en la nueva Constitución (fue aprobada en junio de 1793 sin incluirla), con la monarquía como cabeza del poder ejecutivo y con un poder Legislativo formado por los representantes del pueblo.

¿Qué Pueblo?

La gran paradoja de la Revolución francesa es que consideró integrar en las decisiones políticas a todos los estamentos sociales, pero no a sus mujeres. En 1793, justo cuando Olympe es encontrada culpable y condenada a morir en el cadalso, el Diputado de la Convención, Jean-Pierre-André Amar (1755-1816), miembro del Comité de Seguridad Nacional, declara abiertamente que las mujeres no pueden ser objeto de derechos políticos. Sí que habían ejercido su derecho a participar como militantes activas en la Revolución, sí que habían portado armas, sí que habían defendido barricadas e incluso se encargaron de increpar y azuzar a los hombres que no se sumaban a la rebelión. Pero la Asamblea Nacional Legislativa optó por instaurar un sufragio censitario en el que no cabían las mujeres (tampoco los criados ni los depauperados, por cierto).

Marcha de las Mujeres sobre Versalles (5 de octubre de 1789) Bibliothèque nationale de France.

Sin embargo, ellas fueron quienes protagonizaron algunos de los episodios previos a la Revolución en 1788 y quienes encabezaron la importante Marcha sobre Versalles en octubre de 1789, con la intención de que el rey, Luis XVI (1754-1793) y su mujer, la conocida María Antonieta de Austria (175-1793), abandonasen el refugio de su palacio veraniego y asumiesen sus responsabilidades en París. Fue considerado uno de los muchos motines de subsistencia existentes en este siglo, una marcha provocada por la escasez de pan y protagonizada, como todos ellos, por mujeres. Pero fue mucho más que eso. Las mujeres de Versalles, las mujeres de 1789, las de 1793, las de 1795, las mujeres que respondieron a la Revolución con su presencia en las calles y en las barricadas, ejercieron de revolucionarias por derecho propio. Sin embargo no podían ejercer de ciudadanas por decreto político. Ninguna de estas mujeres (ni otras, como por ejemplo, Madame Manon Roland, escritora, política e influyente girondina, que también acabó guillotinada), formo nunca parte ni de la Asamblea ni de la Guardia Nacional.

Ni siquiera duraron los Clubes de Mujeres que se formaron en París, como la Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las Amigas de la Verdad, el primero formado exclusivamente por mujeres (creado en París por la feminista holandesa Etta Palm, llamada baronesa de Aelders), o el pro-Jacobino de las Republicanas Revolucionarias. Fueron clausurados el 30 de octubre de 1793 por la Convención Nacional.

Marie Gouze versus Olympe de Gouges

Olympe de Gouges en 1793.

Olympe de Gouges (1748-1793), fue el nombre con el que se dio a conocer públicamente Marie Gouze, una escritora y política girondina francesa, defensora a ultranza de la mujer y autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Olympe fue una adelantada feminista de su época.

Criada en un acomodado ambiente burgués y casada tempranamente con un hombre que casi ni conocía y la sobrepasaba en años, siempre consideró el matrimonio como una tumba para la mujer. De este matrimonio tuvo un hijo, Pierre Aubry (1766-1803), quien tuvo que renegar de las ideas de su madre ante la amenaza de seguirla en la guillotina (falleció diez años después, con apenas 36 años, a causa de fiebre amarilla en la Guyana francesa).

Trasladada a París al enviudar, Olympe se cuidó de formarse en los ambientes culturales franceses acudiendo a los salones y tertulias de la época donde contactó con los movimientos políticos pre-revolucionarios. También comenzó su carrera como escritora con el nombre que ya la acompañaría toda su vida, Maríe-Olympe (era el segundo nombre de su madre) junto a una derivación de su propio apellido, Gouges. Con este nombre se le conocen alguna obra de teatro, como La esclavitud de los negros (1792), obra claramente abolicionista en la que vuelca todas sus ideas políticas al respecto, abogando por el derecho a la libertad de todo ser humano, incluidas las mujeres. Se dio a conocer en París con el título de Zamore y Mirza y con varios problemas para ser representada, pues muchos de los que acudían como público a las salas de la Comédie-FranÇaise, eran tratantes de esclavos. Esta obra le valió uno de sus primeros encarcelamientos por orden real.

Société des Amis des Noirs: “Los mortales son iguales, no es el nacimiento, sino la virtud sola que marca la diferencia.”  Bibliothèque Nationale de France. 

Pero ella siguió con su militancia y en años siguientes publica algunos ensayos sobre el tema: Réflexions sur les hommes nègres (1788) y  Le marché des Noirs (1790). Guiada por estas ideas abolicionistas ingresó en la Société des Amis des Noirs y se adhiere a la corriente moderada liderada por el fundador del Club, el político y miembro de la Asamblea Legislativa, Jacques Pierre Brissot (1754-1793), multiplicando su actividad militante con la publicación de panfletos políticos, como Lettre au Peuple (1788).societe-des-amis-des-noirs

En agosto de 1793 fue detenida por la publicación de uno de estos panfletos, uno en el que defendía la causa “brissotins” o “rolandista” (seguidores de Brissot y del político Jean-Marie Roland de la Platière, Ministro del Interior y esposo de la mencionada Madame Manon Roland), causa llamada en el siglo XIX, de los Girondinos,  criticando abiertamente la política del presidente de la Convención Nacional, Maximilien Robespierre (1758-1794), jefe  de la facción más radical de los jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública, entidad que gobernó Francia durante el periodo conocido como el Terror.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

«Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la Nación, solicitan ser constituidas en Asamblea nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han decidido exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer, con el fin de que esta declaración, presente continuadamente en la mente de todo el cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y deberes; con el fin de que los actos de poder de las mujeres y los actos de poder de los hombres puedan ser comprados en cualquier momento con el objetivo de toda institución política, y sean más respetados; con el fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, basadas en lo sucesivo sobre principios sencillos e incontrovertibles, tiendan siempre hacia el mantenimiento de la Constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos. En consecuencia, el sexo superior, tanto en belleza como en valor -como demuestran los sufrimientos maternales- reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Desde este clarificador Preambulo, Olympe defendió la igualdad de las mujeres en todos los sentidos, incluyendo el derecho a formar parte de las Asambleas políticas que su participación en la Revolución había contribuido a crear: «La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos» (art.I), «el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más limitaciones que la tiranía perpetua a que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón» (art.IV).

Déclaration des Droits de la Femme et de la Citoyenne
Déclaration des Droits de L’Homme et du Cioyen

La declaración fue una respuesta feminista a la a Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, de la que ella sentía que se había excluido a las mujeres. Curiosamente, esta Declaración y la esencia misma de la Revolución francesa, con su encendida defensa de la igualdad, de los derechos de todos los ciudadanos por igual, fue tomada a principios del siglo XX como el punto fundacional de la lucha por la emancipación de la mujer. Sin embargo, es este episodio el que establece definitivamente la distinta relación con el hecho público que se establece entre los sexos. Y será un proceso irreversible. Las mujeres del siglo XVIII habrían sido más libres que las resultantes tras el episodio revolucionario, tal y como manifestaron mujeres de la talla de Madame de Staël (1766-1817) en su tiempo o Margarita Nelken (1894-1968) mucho más tarde, lo que resulta una paradoja en cierto sentido y significaría el primer caso de retroceso social en una historia de avances. Olympe de Gouges fue quien lo adelantó.

«Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible… ¿Qué os queda entonces? La convicción de las injusticias del hombre.» (Epílogo)

«Las armas de los radicales» (1819), caricatura del inglés George Cruikshank.

Acusada de colaboracionismo con la facción girondina, de simpatías realistas y considerada traidora a la Asamblea francesa del periodo conocido como la Terreur (septiembre 1793 a junio de 1794), implantado por el poder jacobino de Robespierre, Olympe fue detenida el 2 de noviembre de 1793 y condenada a muerte por el Comité de Salvación Pública, el brazo armado encargado de acabar con los considerados activistas contrarrevolucionarios.  Curiosamente, fue en este periodo cuando se abolió la esclavitud en Francia (decreto del 29 de agosto de 1793). Olympe de Gouges fue guillotinada al día siguiente.

AlmaLeonorLP

BATRACOMIOMAQUIA

BATRACOMIOMAQUIA

Theodor Severin Kittelsen (1857-1914)

“Al comenzar esta primera página, ruego al coro del Helicón que venga a mi alma para entonar el canto que recientemente consigné en las tablas, sobre mis rodillas —una lucha inmensa, obra marcial llena de bélico tumulto— deseando que llegue a oídos de todos los mortales cómo se distinguieron los ratones al atacar a las ranas, imitando las proezas de los gigantes, hijos de la tierra.”

La Batracomiomaquia o “Batalla de las Ranas y Ratones”, es una obra épica cómica, una parodia sobre la “Ilíada”, atribuida igualmente a Homero por algunos autores romanos, pero que según Plutarco podría ser de Pigres de Halicarnaso (hermano o hijo de Artemisia, la reina de Caria), y según otros, sería incluso de un autor más moderno, de la época helenística. Por extensión, se denomina Batracomiomaquia a toda disputa estúpida por naturaleza, algo así como cuando nosotros decimos “entre tirios y troyanos” (como una disputa entre dos cuestiones iguales), y me pregunto si se podría asimilar a la guerra descrita en los Viajes de Gulliver entre Liliput y Blefuscu sobre cómo cascar los huevos cocidos (y que satiriza los conflictos religiosos de la Europa de la época del autor, Jonathan Swift, entre Inglaterra y Francia respectivamente).

La historia griega dice más o menos esto:

Un ratón llamado Hurtamigas, que bebía agua de un lago se encontró con el Rey Rana, llamado Hinchacarrillos, quien lo invitó a su casa. Mientras el Rey Rana cruzaba nadando el lago, con el ratón sentado en su espalda, se enfrentaron a una espantosa serpiente acuática…

De súbito apareció una hidra, con el cuello erguido sobre el agua ¡Amargo espectáculo para entrambos! Al verla, sumergióse Hinchacarrillos, sin parar mientes en la calidad del compañero que, abandonado, iba a perecer. Fuese, pues, la rana a lo hondo del lago y así evitó la negra muerte. El ratón, al soltarlo la rana, cayó en seguida de espaldas sobre el agua; y apretaba las manos; y, en su agonía, daba agudos chillidos. Muchas veces se hundió en el agua, otras muchas se puso a flote coceando; pero no logró escapar a su destino. El pelo, mojado, aumentaba aún más su pesantez. Y pereciendo en el agua, pronunció estas palabras:

—No pasará inadvertido tu doloso proceder, oh Hinchacarrillos, que a este náufrago despeñaste de tu cuerpo como de una roca. En tierra, oh muy perverso, no me vencieras ni en el pancracio, ni en la lucha, ni en la carrera; pero te valiste del engaño para tirarme al agua. Tiene la divinidad un ojo vengador, y pagarás la pena al ejército de los ratones sin que consigas escaparte.

Otro ratón fue testigo de lo ocurrido desde una orilla del lago, y corrió a contar a todos lo que había visto. Los ratones se prepararon para la batalla como venganza por la traición del Rey Rana y enviaron un heraldo para proponer a los dioses que eligiesen bando, y específicamente a Atenea para que les ayudase…

Entonces Zeus llamó a las deidades al estrellado cielo y, mostrándoles toda la batalla y los fuertes combatientes, que eran muchos y grandes y manejaban luengas picas —como si se pusiera en marcha un ejército de centauros o de gigantes— preguntó sonriente “¿Cuáles dioses auxiliarán a las ranas y cuáles a los ratones?” Y dijo a Atenea:

—¡Hija! ¿Irás por ventura a dar auxilio a los ratones, puesto que todos saltan en tu templo, donde se deleitan con el vapor de la grasa quemada y con manjares de toda especie?

—¡Oh padre! Jamás iré a prestar mi auxilio a los afligidos ratones, porque me han causado multitud de males, estropeando las diademas y las lámparas para beberse el aceite. Y aun me atormenta más el ánimo otra de sus fechorías: me han roído y agujereado un peplo de sutil trama y fino estambre que tejí yo misma; y ahora el sastre me apremia por la usura —¡situación horrible para un inmortal!— pues tomé al fiado lo que necesitaba para tejer y ahora no sé como devolverlo. Mas ni aun así querré auxiliar a las ranas, que tampoco tienen ellas sano juicio: pues recientemente, al volver de un combate en que me cansé mucho, me hallaba falta de sueño y no me dejaron pegar los ojos con su alboroto; y estuve acostada, sin dormir y doliéndome la cabeza, hasta que cantó el gallo. Ea, pues, oh dioses, abstengámonos de darles nuestra ayuda: no fuese que alguno de vosotros resultase herido por el punzante dardo, pues combatirán cuerpo a cuerpo, aunque una deidad se les oponga; y gocémonos todos en contemplar desde el cielo la contienda.

Así dijo. Obedeciéronla los restantes dioses y todos juntos se encaminaron a cierto paraje. Entonces los cínifes preludiaron con grandes trompetas el fragor horroroso del combate; y Zeus Cronida tronó desde el cielo, dando la señal de la funesta lucha.

Se libró la batalla y los ratones fueron más fuertes. Zeus, entonces, invocó a un ejército de cangrejos para evitar la completa destrucción de las ranas…

De pronto se presentaron unos animales de espaldas como yunques, de garras corvas, de marcha oblicua, de pies torcidos, de bocas como tijeras, de piel crustácea, de consistencia ósea, de lomos anchos y relucientes, patizambos, de prolongados labios, que miraban por el pecho y tenían ocho pies y dos cabezas, indomables: eran cangrejos, los cuales se pusieron a cortar con sus bocas las colas, pies y manos de los ratones, cuyas lanzas se doblaban al acometer a los nuevos enemigos.

Temiéronles los tímidos ratones y, cesando en su resistencia, se dieron a la fuga.

Impotentes ante sus pinzas acorazadas, los ratones se retiraron, finalizando al ocaso la guerra de un solo día.

El poema se compone de aproximadamente 300 hexámetros. En el proemio (versos 1-8) se adivina ya el toque cómico al presentar una guerra (narrada con lenguaje épico) entre dos tipos de animales, digamos, insignificantes: ranas y ratones.  Los detalles de la batalla (versos 202-259) son presentados como la lucha entre dos héroes individuales, aunque la la descripción final de la lucha es confusa debido al cruce de muchos textos traducidos e insertados en las traducciones antiguas. Pero, pese a que los dioses habían declinado no intervenir, al final Zeus lo hace en favor de las ranas. Para los expertos, es un texto muy rico en lecturas, pero que rezuma, ante todo, un profundo antibelicismo: todas las guerras son tan absurdas como una lucha entre ratones y ranas.

Las ilustraciones de esta entrada son obra de Theodor Severin Kittelsen (1857-1914), un artista noruego muy conocido por sus ilustraciones y pinturas inspiradas en la naturaleza y en los cuentos de hadas y leyendas nórdicas, sobre todo las relacionadas con los Trolls.

Troll (1906)

Vivió durante dos años en un faro en las islas Lofoten, donde además de pintar, empezó a escribir relatos para acompañar sus dibujos. Sus mejores años artísticos los pasó en una finca llamada Lauvlia, en Sigdal, cerca de Oslo, (Noruega, hoy museo), donde residió los restantes años de su vida. En Lauvlia, Kittelsen vivió con la que fuera su esposa desde 1889, Inga Dahl, con quien llegó a ser padre de nueve hijos en sus veinte años de matrimonio.

Kittelsen realizó su obra “Krigen mellom froskene musene” basada en la Batracomiomaquia entre 1884 y 1885, plasmando en una serie de magníficos dibujos el espíritu épico del relato homérico, pero también la parodia que se trasluce de la desigual batalla. Sin embargo, no fue una de sus obras exitosas y no encontró editor para ella en forma de libro. Todas las ilustraciones fueron compradas por un coleccionista sueco, Pontus Fürstenberg, quien las legó a su muerte al museo de arte de Gotemburgo. Hoy, pueden encontrarse en una obra editada por la Revista Babar en en forma de ebook (descargable desde el enlace), desde una traducción contemporánea, publicada en 1887 por el erudito Jenaro Lenda Mira (1816-1893), bibliotecario jefe de la Biblioteca Nacional.

Merece la pena conocer este relato y recordar, hoy más que nunca, la absurda realidad de las guerras. Todos acabamos siendo ranas o ratones engullidos por feroces cangrejos por voluntad de los dioses. Ni los ganadores ni los perdedores de las guerras tienen en sus manos el poder de decidir. Toda guerra es una falacia absurda… una cruel falacia absurda.

Almaleonor

 

 

 

 

 

LA MENTIRA: LO QUE PARECE, NO ES

LA MENTIRA:
LO QUE PARECE, NO ES

Artículo de Alma Leonor López publicado el 2 de febrero de 2015 en Anatomía de la Historia, sección Siglos XIX y XX.

“La mentira es un gran problema que, con frecuencia, nos inquieta en nuestro quehacer cotidiano porque tal vez denunciemos, temerariamente, como mentira lo que no es mentira, o pensemos que, a veces, se puede mentir con una mentira honesta, oficiosa o misericordiosa.”

Agustín de Hipona, Sobre la mentira

En el año 2013 Anatomía de la Historia publicó mi artículo Corruptelas que hicieron Historia, donde se hablaba de algunos de los casos de corrupción más sonados de nuestro país a la luz de los que estaban siendo conocidos en aquellos momentos. Aún siguen presentes en la actualidad política, aunque ahora un poco más acompañados, si puede decirse así, ya que otros escándalos político-financieros, relacionados algunos con la ocultación de ingresos a través de las llamadas tarjetas black, están provocando un rosario de dimisiones políticas no solo por la corrupción manifiesta, sino además, por mentir.

Y de esto es de lo que trata este artículo, de mentiras, de cómo la mentira aparece en la historia unas veces con su acepción primera (“expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”, según el DRAE), y otras en forma de alguno de sus sinónimos: farsa, invención, engaño, simulación, falacia, treta, argucia, fraude, subterfugio, enredo, artificio, disimulo, apariencia, bola, embuste, chisme, calumnia, difamación, exageración, burla… o, sugestivamente, cuento, fábula y novela, como puede encontrarse en algún listado de sinónimos, aunque en puridad, una ficción no sea una mentira, ya que ésta ha de resultar, necesariamente, una acción intencionada como explicó Agustín de Hipona: “El pecado del mentiroso está en su deseo intencionado de engañar… Las bromas no son mentiras” (Sobre la mentira).

Fue la radio la que resultó testigo de una de las mayores “bromas” de la historia, la retransmisión teatralizada de la novela La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, que el 30 de octubre de 1938 realizara un joven Orson Welles (1915-1985) causando una alarma generalizada de pánico en todo Estados Unidos, pese a que se había anticipado un mensaje aclarando que se trataba de una invención (Welles tuvo que volver a explicarlo en el minuto 40:30 aproximadamente). Todo había sido una ficción, un “truco o trato” en la noche más “terrorífica” de Estados Unidos, la noche de Halloween.

Pero vamos a ver algunas mentiras más que se sucedieron a lo largo de la historia… solo algunas, porque todas es imposible contarlas.

PRENSA, PROPAGANDA Y MAINSTREAM

Se suele decir que desde el siglo XVIII la prensa ha jugado un importante papel como un “cuarto poder”, pero finalizando el siglo XIX fue una suerte de prensa sensacionalista la que originó, en la Guerra Hispano-estadounidense de 1898, el anticipo de un conflicto bélico y hasta una nueva forma de hacer periodismo, llamado con el tiempo amarillismo, que consiste en falsear o presentar exageradamente un acontecimiento como “subterfugio” para provocar una reacción, ya sea comercial, social, política o, como en este caso, militar: el 16 febrero de 1898, al día siguiente del suceso, The New York Journal, el diario del gran magnate William Randolph Hearst, publicaba en titulares la noticia del estallido del barco estadounidense USS Maine en el puerto cubano de La Habana, culpabilizando a España de haber emprendido una acción de guerra: “El Maine, partido en dos por una máquina infernal del enemigo”. Sin embargo, la nota de su enviado a Cuba, Silvester Scovel, solo informaba de la explosión, sin más datos. Nacía así el periodismo al servicio de los intereses políticos o la prensa llamada hoy mainstream, creadora propia de opinión pública.

Uno de los mayores embustes conocidos a través de una publicación en prensa fue la sonada orquestación político-novelesca de los llamados Protocolos de los Sabios de Sión, muy difundidos a principios del siglo XX en Rusia (y en toda Europa, solo en la Biblioteca del Museo Británico se conservan 43 ediciones, la primera de 1905), con la pretensión de desacreditar a los judíos y, en cierto modo, justificar los pogromos rusos.

“La política no tiene nada que ver con la moral. Un jefe de Estado que pretenda gobernar con arreglo a leyes morales, no es hábil y, por tal, no está bien afianzado en su asiento. Todo el que quiera gobernar debe recurrir al engaño y a la hipocresía.” (Protocolo I)

Los Protocolos explicaban una elaboradísima trama conspiratoria sionista para hacerse con el control político mundial (empezando por la masonería y el comunismo y después manipulando la economía, controlando los medios de comunicación y fomentando los conflictos religiosos), una idea que ha continuado circulando durante mucho tiempo y que incluso a día de hoy puede rastrearse por Internet. En el año 2010 Umberto Eco reescribió la historia de los Protocolos, y de paso buena parte de la historia europea de la segunda mitad del siglo XIX, en su novela El Cementerio de Praga, donde el protagonista, el capitán Simonini (acuciado por una doble personalidad) se confiesa espía y autor de los documentos.

El texto de los Protocolos, del que no se conoce su origen exacto, aparece publicado por primera vez en 1903 en el diario ruso Znamya (‘bandera’), pero el que se difunde profusamente a partir de la Revolución Rusa de 1917 es el de la tercera edición de 1905, publicada en Rusia por Sergei Nilus (1862-1929), escritor, religioso, místico y, según él mismo, agente secreto de la Ojrana, la policía secreta rusa.

Poco después, en 1921, se publican en Nueva York una serie de artículos periodísticos sensacionalistas sobre los Protocolos cuya autora era la princesa Catherine Radziwiłł (1858-1941), la condesa polaca Ekaterina Adamovna Rzewuska, casada con el príncipe Wilhelm Radziwiłł a los 15 años, tenida por instigadora y chismosa en su tiempo y a la que se le conocen varios libros escritos con pseudónimo (el más conocido es el de Paul Vasili, nombre con el que escribió, por ejemplo, La Société de Madrid. 1886). Fue condenada y enviada a prisión en alguna ocasión por fraude y falsificación y el escritor francés André Maurois dijo de ella que era una “mitómana” y que toda su vida era un engaño y una mentira.

Pues bien, en esos artículos Radziwiłł describe cómo, entre los años 1904 y 1905, un agente de la Ojrana (según su versión era el periodista de Le Figaro Matvei Golovinski), le entrega en su apartamento de los Campos Elíseos de París unos documentos en francés, los Protocolos, siguiendo órdenes de Piotr Rachkovski, jefe del servicio secreto ruso, de la Ojrana. Pero toda la historia quedó desacreditada cuando se descubrió la mentira de Radziwiłł, ya que los documentos no eran originales, Rachkovski en esas fechas no estaba ya en París y, por supuesto, ella no poseía un apartamento en los Campos Elíseos.

Los Protocolos son una elaborada falsificación, una mentira antisionista con muchas ramificaciones, que según el Museo del Memorial del Holocausto ha sido varias veces condenada: en 1935 un tribunal suizo declaró que los Protocolos eran “difamatorios” y “falsificaciones obvias”; en 1964 el Senado de Estados Unidos emitió un informe en el que se dice de los Protocolos que estaban “fabricados” y eran un “galimatías”; en 1993 un tribunal ruso condenaba a los difusores de una nueva edición de los Protocolos por propagar el “antisemitismo”. Pues bien, aun así, es una de las publicaciones más difundidas en todo el mundo.

Para cuando los Protocolos llegan a Estados Unidos, hacia 1928, algunos magnates, como Henry Ford (1863-1947), los tomaron, si no como auténticos, sí como reflejo de una realidad posible.

Los Protocolos de los Sabios de Sión fueron también uno de los pasquines utilizados por la propaganda intencionadamente antisemita del nazismo alemán para justificar su ideología y amparar el Holocausto judío. A Joseph Goebbels se debe la famosa frase una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, tantas veces parafraseada hoy en sentido contrario. La propaganda de los regímenes dictatoriales europeos del siglo XX, tanto de los fascismos como del régimen estalinista, puede encuadrarse también en una suerte de “exageración”, de política intencionadamente difamatoria, con el fin de subyugar a la opinión pública y promocionar la ideología dominante. Es doblemente dolosa si tenemos en cuenta que son campañas realizadas en tiempos en los que la censura y la represión impedían una contrastación efectiva de las mentiras.

Una forma de “engañar” y mentir a la opinión pública y, en cierto sentido, a la historia, también puede ser la falsificación de documentos gráficos como las fotografías. No es una exclusividad de nuestra era digital, sino que ha venido siendo una práctica habitual casi desde su mismo nacimiento. Como casos de semejantes montajes hay muchísimos, señalaremos solamente que no siempre se han manipulado para “eliminar” una presencia políticamente incómoda (como hizo Mussolini con el mozo que sujeta su caballo, para ofrecer una imagen más “marcial”; o Lenin con Trotsky de 1917 a 1926, o Stalin con este deportado y ajusticiado político), también se han utilizado para “retocar” carteles inapropiados (en la Rusia bolchevique “Abajo la Monarquía” decora una bandera anodina y un cartel que rezaba “Relojes. Oro. Plata”, se sustituye por un mensaje más adecuado: “en la lucha tendrás tu derecho”), o para “añadir” ausencias significativas, como la del general Francis Preston Blair Jr. en una fotografía junto al General William Tecumseh Sherman y su Estado Mayor de la Unión, tomada entre 1862 y 1865 por el equipo del famoso documentalista de la Guerra Civil estadounidense Mathew B. Brady (1822-1896).

O para cubrir las ausencias de parte de la familia real española en una felicitación navideña. Porque la política reciente también ha hecho uso de este “montaje” de forma más que habitual. Por ejemplo en el año 2004, en Estados Unidos, al entonces candidato demócrata a la presidencia y actual secretario de Estado, John Kerry, le “fabricaron” un pasado de lucha apasionada por los derechos civiles trucando una fotografía en la que aparecía junto a una activista Jane Fonda. Y en 2011, durante la operación secreta de las fuerzas especiales norteamericanas que acabó con la captura y muerte del terrorista Osama bin Laden, el presidente Barack Obama y sus colaboradores más inmediatos siguieron todos los acontecimientos desde una sala de la Casa Blanca, escena que todos los periódicos del mundo pudieron contemplar al día siguiente. Todos menos uno. Hubo un diario ortodoxo judío que borró digitalmente de la escena a las mujeres presentes en la reunión: Hillary Clinton y Audrey Tomason.

El caso es que muchas veces una imagen sí que necesita de mil palabras para no mentir.

MENTIRA VERSUS POLÍTICA

Ya desde la Antigüedad clásica, la política y el poder, encontraron en la mentira una “herramienta necesaria y justificable” −decía Hannah Arendt (Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, 1954)− para encumbrarse, mantenerse y perpetuarse en los puestos dirigentes de la nación. La mentira, amparada en ocasiones en la maquiavélica “razón de Estado” como fin que justifica los medios, hace que la autora alemana se cuestione hasta dónde esta utilización del “falso testimonio”, puede llegar a resultar dañina no solo para la credibilidad del político, sino también para “la naturaleza y dignidad del campo político, de la verdad y la veracidad”. En definitiva, el peligro de que la banalidad de la mentira acabe por hacerla tan habitual que resulte aceptable. En su estudio Eichmann en Jerusalén, Arendt busca la evidencia de un falso testimonio, un delito de perjurio más allá del eficaz comportamiento del burócrata que cumple órdenes superiores.

Pero cuando quien falta a la verdad es el primer mandatario de un país, esta justificación no sirve. Políticos que fueron manifiestamente “cazados” en una mentira pueden ser muchos, pero nos centraremos en dos buenos ejemplos de presidentes estadounidenses: Richard Nixon, el único presidente en la historia de Estados Unidos que se vio obligado a dimitir de su cargo, el día 9 de agosto de 1974, tras la investigación de dos periodistas que sacaron a la luz toda una trama de obstrucción a la justicia y escuchas fraudulentas, bautizada como caso Wartergate; y el presidente Bill Clinton, por cuyo affaire sentimental con una becaria de la Casa Blanca de nombre Monica Lewinsky en enero de 1998 (asunto que saltó a la opinión pública desde la red de Internet), fue acusado por el fiscal Kenneth Starr de perjurio, además de otros cargos −hasta once−, entre los que se encontraba el de coacción de testigos por haber obligado a mentir a aquélla en otra causa. Aunque no llegó a dimitir por el escándalo y nunca admitió que cometiese perjurio, sí que tuvo que reconocer que había mantenido algún tipo de relación sexual con la becaria. Un año más tarde salió absuelto de todos los cargos.

Y aún está por determinar por la comunidad internacional, pero podríamos mencionar hasta a un tercer presidente estadounidense, George W. Bush, quien hizo creer a todo el mundo que, el otrora aliado norteamericano, el presidente iraquí Saddam Hussein, ocultaba armas de destrucción masiva en su país (violando la Resolución 687 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 1991) capaces de provocar una masacre terrorista internacional. Con este, digamos, bullshitting (una aseveración sin saber a ciencia cierta su veracidad y sin que le importe al interlocutor que lo sea, según el filósofo Harry Frankfurt), el “Trío de las Azores” (Bush y los jefes de Gobierno europeos, José María Aznar y Tony Blair) emprendió la que quizá fue la más estrepitosa y mediática de las guerras modernas, la Guerra de Irak (2003-2011).

También en España, y en cierto sentido a consecuencia de este asunto, conocimos un sangrante caso de bullshitting cuando el Gobierno Aznar, con su ministro del Interior, Ángel Acebes a la cabeza, afirmó por todos los medios a su alcance la autoría etarra de los atentados que la organización terrorista Al-Qaeda perpetró en Madrid el 11 de marzo de 2004 en la Estación de Atocha.

ESPIANDO, QUE ES GERUNDIO

Pero a veces “no decir la verdad” no tiene por qué ser una mentira. Otra herramienta política, el espionaje, se basa en mantener la ilusión de un artificio, un doble juego, la falsedad de una lealtad hacia un bando que en realidad está sirviendo al contrario. Ejemplos de espías en la Historia hay muchos, y es uno de los más famosos, quizás, el del francés Alfred Dreyfus (1859-1935), un posible caso de espionaje, antisemitismo y mentiras a partes iguales.

Muchas mujeres participaron en contiendas y guerras utilizando el “ardid” de un fingido cambio de sexo para poder luchar como hombres. Fue el caso, por ejemplo, de Catalina de Erauso y Pérez Galarraga (1585?-1650), la “monja alférez” española, pero la lista podría ser enorme. Muchas fueron también las mujeres que mantuvieron una ficción actuando de espías, como la famosa holandesa Mata-Hari (1876-1917), o las mujeres españolas que, durante la Guerra de la Independencia, espiaron al francés con una fingida relación amorosa.

En una ocasión, en 1812, en la población vallisoletana de Tordesillas, una mujer, de nombre Ángela Villagarcía, realiza un servicio de espionaje, pero con una “artimaña” con la que “supo servir a un tiempo a su sangre y a su patria”, pues con ella, además del servicio a la independencia, pudo liberar a un hermano suyo, de nombre Antonio, presbítero de Torrecilla de la Abadesa, preso y condenado a muerte por el ejército francés. Ángela se dirigió al mariscal Auguste Marmont, que estaba en esos momentos atrincherado en la línea derecha del Duero (en el vado de Pollos), ofreciéndose llegar hasta las líneas inglesas (en la orilla opuesta), averiguar su composición y volver con la información, a cambio de la libertad de su hermano. Pero en lugar de eso, le reveló a Arthur Wellesley, capitán del ejército anglo-español (), todo lo hablado con el francés y, de paso, la posición de sus tropas. Poniéndose de acuerdo con el futuro primer duque de Wellintong, Ángela “regresa a Tordesillas, presenta el fruto de su espionaje, y obtiene la libertad de su hermano” (Eleuterio Fernández TorresHistoria de Tordesillas, 1905).

ATRÁPAME SI PUEDES

Alguien que procura engañar” o gentes “trapaceras”, son algunas de las acepciones que pueden encontrarse en el DRAE respecto a los gitanos, pero para hablar de auténticos trapaceros y mentirosos, vamos a recurrir, de nuevo, a Agustín de Hipona:

Miente el que tiene una cosa en la mente y expresa otra distinta con palabras u otros signos” (Sobre la mentira, Cap. II). De estos personajes la historia nos proporciona muchos nombres, tanto de hombres como de mujeres, que quisieron hacer de la mentira virtud, fortuna y fama… y terminaron por salir “escaldados”.

Desde Richard Adams Locke, quien, intentando hacer una fallida crítica social, publica como real la historia de unos habitantes alados-humanoides de la luna en el periódico The Sun en 1844… a Victor Lustig, que debe su fama a que, en 1925 y hasta en dos ocasiones, consiguió vender la Torre Eiffel… pasando por Konrad Kujau, quien en 1983 consiguió “colar” al periódico alemán Stern una serie de falsificaciones haciéndolas pasar por “los diarios secretos de Hitler” y por las que obtuvo una bonita suma de millones, además de una condena de 42 de meses de prisión.

También hay mentirosos, estafadores y desfalcadores profesionales, cuyas vidas fueron incluso recreadas en filmes. El más conocido es, seguramente, Frank Abagnale Jr., famoso gracias a la película de Steven Spielberg, Atrápame si puedes (2002) protagonizada por Leonardo DiCaprio y Tom Hanks. Pero también tienen películas sobre su vida, Ferdinand Waldo Demara (1921-1982), uno de los mayores embaucadores de estados Unidos; Nick Leeson (nacido en 1967), quien provocó la quiebra de la inglesa Banca Barinas (donde hasta la reina de Inglaterra tenía cuenta); o Frédéric Bourdin (nacido en 1974), habitual estafador y suplantador de identidades de jóvenes desaparecidos en los años 90 y que cuenta con un polémico documental británico sobre su vida titulado The Impostor (2012, Bart Layton).

Todos ellos acabaron por descubrir que al final, tanto en el cine como en la realidad, y si no que se lo pregunten a Jenaro García, el flamante fundador de Let’s Gowex (la Compañía española de Internet y comunicaciones, acusada de falsedad documental y contable), los mentirosos y falsificadores sí que pueden ser atrapados.

¿NUNCA ES LÍCITO NI PROVECHOSO MENTIR?

Lejos de escarmentar, la mentira, el fraude, el engaño y la suplantación han campado por nuestra historia sin que ningún pinocho de Collodi nos haya avisado nunca de su falta hasta que no ha sido ya demasiado tarde. Eso debieron pensar los troyanos de La Ilíada cuando vieron salir del famoso Caballo de Troya a los enfurecidos griegos y campar a sus anchas por la inexpugnable ciudad gracias a la “treta” de Odiseo.

E igualmente engañado se debió sentir el gobernador de Cuba Diego Velázquez, cuando Hernán Cortés (que además era su “concuñado”), merced a una hábil estratagema político-administrativa, funda en julio de 1519 la ciudad de la Villa Rica de la Vera Cruz, con la que compuso un Cabildo adicto que lo proclamó gobernador y capitán general de las tierras descubiertas, y con esa acreditación y “artimaña” se le adelantó en la campaña de conquista de la ciudad azteca de Tenochtitlán. Pues si hay que mentir, mejor que la recompensa resulte tan provechosa como a Enrique IV de Francia: “París bien vale una misa”.

Desde la exégesis religiosa, se ha intentado verificar si una mentira puede o no ser provechosa en según qué ocasiones. Para empezar, ni el Corán(“Luego roguemos seriamente que la maldición de Allah caiga sobre los mentirosos”, Corán 3:61), ni la Biblia (“No dirás contra tu prójimo falso testimonio”,  Éxodo 20:1-7 y Deuteronomio 5:6-21) consideran aceptable la mentira. Pero en la Sunna se aceptan excepciones (“primero para conciliar entre la gente; segundo, en la guerra; tercero, entre los esposos”, en este último caso no se refiere al adulterio, sino a elogios falsos o exagerados) y en la Biblia se anuncia su presencia habitualmente (por ejemplo en Mateo 24:11, “Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos”, pero hay más) constatando que la mentira coexiste con la verdad divina y que también imperan “escalas”.

San Agustín estableció hasta ocho tipos de mentiras, algunas de ellas excusables, y Santo Tomás de Aquino, tres: la útil, la humorística y la maliciosa, donde todas son pecado, y el peor de todos es la calumnia.

El relato bíblico de la Pasión refiere el “engaño” y traición de Judas, así como la triple negación de Pedro incurriendo en falsedad de testimonio; y San Agustín, que nos recuerda episodios bíblicos como la mentira de Jacob al decir que era su hermano Esaú, afirma que “se debería confesar que, en ocasiones, la mentira no solo no es digna de reprensión, sino que incluso podría ser digna de alabanza” (Sobre la mentira).

Con esta ideología cristiana no es extraño que durante siglos la Curia Vaticana pudiera mantener como verdad incuestionable el documento apócrifo conocido como Donatio Constantini, el documento según el cual el emperador Constantino I donó al papa Silvestre I la ciudad de Roma, las provincias de Italia, y de paso todo el Imperio romano de Occidente, es decir, que todo el mundo conocido pasaba a ser “patrimonio de San Pedro” y, por lo tanto, el Papa se otorgaba para sí la jefatura universal del orbe cristiano. Es más, la Donatio le vino muy bien al Vaticano como acreditado argumento político en las disputas territoriales con el Sacro Imperio Romano Germánico acerca de los llamados Estados Pontificios. Esta falsa atribución no fue desvelada hasta que en 1440 el humanista Lorenzo Valla, aplicando un método lingüístico de estudio, descubre la utilización de términos medievales y, en consecuencia, la falsedad de un documento atribuido al siglo IV. El Vaticano nunca ha reconocido un fraude documental.

Sin embargo, la Iglesia católica se especializó en la averiguación de la verdad entre los conversos para luchar contra la herejía (considerada una “falacia” contra la doctrina católica “verdadera” y el mayor de los pecados del cristianismo) estableciendo Pruebas de Verdad (ad eruendam veritatem) desde un organismo creado ad hoc, la Santa Inquisición, que podía incluso utilizar el tormento como medio de prueba.

Llegar a establecer quien dice la verdad o quién miente o actúa “pensando” en mentir o no, es una tarea ardua que ha preocupado a todos las culturas desde la Antigüedad. Ya lo decía Heródoto: “me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a rajatabla” (Historias, VII, 151, 3).

Pablo de Tarso (San Pablo) encontró en Epiménides (poeta y filósofo del siglo VI a. C.) una “paradójica” explicación sobre la proliferación de mentirosos entre los no cristianos cuando escribió su Carta a Tito, que se encontraba en Creta: “todos los cretenses son mentirosos” (Tito, 1:12). Lo paradójico es que Epiménides era cretense, con lo que tal explicación se complica, y necesitamos otra solución.

El rey Salomón patentó una forma poco convencional de desenmascarar a la mujer mentirosa que reclamaba el hijo que no era suyo (Libro I de los Reyes 3:16-18). Pero ni siquiera este juicio salomónico nos serviría hoy para dirimir, por ejemplo, si un anciano preferentista fue engañado por un banco usurero, o si por el contrario miente el cliente al afirmar que no conocía el alto riesgo de tal producto financiero. Y en esas estamos.

AlmaLeonor.

HOWARD HUGHES Y LOS IMPUESTOS

HOWARD HUGHES Y LOS IMPUESTOS

Uno de los personajes más pintorescos, maniáticos e inteligentes que pueden encontrarse en la industria cinematográfica es Howard Hughes (1905-1976), el más genuino multimillonario de la historia, el hombre más adinerado del mundo, a decir de la prensa de su época, y el primero en llegar a ser considerado billonario, pues se calculó que su fortuna rondaba los 2500 millones de dólares cuando, tras años de disputas legales posteriores a su muerte, todo su patrimonio se dividió entre sus 22 primos, sus únicos herederos.

Howard Robard Hughes, Jr., nació en Texas en una fecha indeterminada. Algunos dicen que fue un 25 de septiembre y otros un 24 de diciembre. Curiosamente tampoco está claro el momento de su fallecimiento. Sucedió el 5 de abril de 1976, pero no se sabe bien en qué momento. Hughes se encontraba enfermo y se autorrecluyó en un hotel de Acapulco, rodeado de los médicos que siempre le acompañaban (y por los criados mormones de los que se rodeó en los últimos veinte años de su vida), pero a los que no solía hacer mucho caso. Su estado era tan grave (se encontraba descuidado, greñudo y con las uñas larguísimas y sin cortar) que se decide trasladarle en avión hasta el Hospital Metodista de Houston. Allí solo pudieron certificar su muerte, pero nunca se aclaró si sucedió en el mismo hospital, durante el vuelo, o si ya había fallecido antes de salir de Acapulco. A su entierro en el cementerio Glenwood de Houston, solo asisten seis personas.

Si su nacimiento y muerte están rodeados de misterio, no es el caso de su vida, muy conocida en la época, y posteriormente, tanto por la intensa vida social que llevaba como por las películas que llegó a filmar o por los negocios que emprendió a lo largo de su vida, sobre todo con la aviación. Fue el creador de la compañía TWA, competidora de la todopoderosa PamAm y diseñó aviones para el ejército norteamericano.

La aviación le jugó algunas malas pasadas económicas (se vio obligado a pleitear para no tener que vender la TWA por determinación legal, pero al final tuvo que hacerlo y se embolsó una gran cantidad de dinero por ello) y algunos fracasos técnicos (el Hughes H-4 Hércules, el enorme hidroavión que diseñó para el ejército norteamericano que debía utilizarse en la IIGM, no llegó a ser construido), pero también le ocasionó el mayor daño a su salud. Fue en 1946, concretamente un 7 de julio, cuando el avión XF-11 que probaba para el ejército norteamericano, se estrelló en Los Ángeles. El avión se incendió y Hughes sufrió importantes lesiones internas, múltiples fracturas en clavícula y costillas (todas rotas) y quemaduras de tercer grado por todo el cuerpo (el característico bigote de sus últimos años ocultaba una de esas quemaduras). Estando convaleciente, pidió a sus ingenieros que acudieran para diseñar una camilla más adecuada a sus necesidades, con un sistema hidráulico compuesto de 30 motores que funcionaban al pulsar una serie de botones. Había inventado la moderna cama de hospital.

Pero sobre todo Hughes era multimillonario y ejerció de ello a menudo durante toda su vida (incluso en 1972, residiendo en Managua, intentó hacer negocios con el dictador Anastasio Somoza, pero tuvo que marcharse al ser sorprendido por el gran terremoto del 23 de diciembre de ese año). Se dice que amaba el dinero no por sí mismo, sino porque lo veía como el medio con el que podía obtener aquellas cosas a las que no alcanzaba a obtener por sus propias manos. Parece ser que fue el autor de aquella frase que declaraba que “todo el mundo tiene un precio”.

Hughes nació en el seno de una millonaria familia texana enriquecida con el petróleo. Heredó la fortuna de sus padres con 17 años, así que la acumulación de dinero nunca le fue algo extraño. Quería ser el hombre más rico de la tierra, y es posible que lo consiguiera. Sin embargo, su tesón, inteligencia, amor al riesgo y a las inversiones económicas, así como su apego por el trabajo compulsivo, no fueron los únicos elementos en hacer crecer su fortuna. También fue uno de los más grandes defraudadores de la hacienda norteamericana sin ningún escrúpulo. Mejor dicho… utilizó todos los resquicios legales a su alcance para escamotear el pago de altos impuestos.

Hughes fundó en 1932, en California, una compañía de aviación (antes de la TWA), llamada Hughes Aircraft, que quiso trasladar, sin éxito, a Nevada donde se pagaban muchos menos impuestos. Esto, que le salió mal, no fue óbice para que intentara toda su vida pagar menos al fisco. Al final, en 1953, encontró el modo: donó todos sus activos al Instituto Médico Howard Hughes, que él mismo había fundado, y que era una entidad exenta del pago de impuestos.

Vivió muchos años en California, donde tenía su casa, además de su negocio de aviación, pero pronto dejó la casa para vivir en hoteles (de lujo, por supuesto), porque así no tenía que declarar impuestos por su residencia habitual. Cuando unos años más tarde la ley se modifica de modo que quien viviera al menos 180 días al año en un hotel en un estado concreto, debería pagar igualmente por residencia, Hughes se fue cambiando de hotel, y de estado, antes de cumplir ese plazo. A consecuencia de esta “estratagema”, los estados de California y Texas no pudieron cobrar los impuestos relativos a su herencia porque ninguno de ellos pudo probar que era el Estado de residencia legal de Hughes. Un triunfo frente a la hacienda pública incluso tras su muerte.

Hughes siempre se rodeó de gentes de valía, hombres a los que se jactaba de “comprar” por un alto precio a cambio de su absoluta fidelidad a su causa y a sus empresas. Pero eso también le obligaba a pagar altos impuestos. Entonces Hughes ideó una forma de pagarles bien sin tener que declararlo al fisco. Mientras trabajasen para él les pagaba un sueldo casi miserable (que era por el que cotizaba), y cuando terminaban su trabajo en la empresa, Hughes les criticaba mordazmente, incluso con injurias ofensivas y de forma pública. Entonces sus empleados le “demandaban” judicialmente por difamación y, como era seguro que perdería el juicio, Hughes les pagaba una bonita y enorme cantidad de dinero… casi libre de impuestos para él. Una de las mayores indemnizaciones que pagó por este método fueron los 2.2 millones de dólares que se embolsó su socio durante un tiempo Robert Maheu.

Parece una forma diferente de finiquito en diferido, ¿verdad? Pero Hughes marcó una gran diferencia con respecto a todos los defraudadores a la Hacienda pública patrios… Todas las tretas que utilizó a lo largo de su vida para evadir impuestos, eran absolutamente legales. Nunca realizó un fraude fiscal, ni dejó de pagar los impuestos que le correspondían, pero intentó por todos los medios que esos fuesen los mínimos posibles. Cosas de milmillonarios.

Por cierto… ayer se cumplió el plazo para realizar la Declaración de la Renta en España. ¿Encontraron alguna fórmula para desgravar y no cotizar tantos impuestos? ¿No? Tal vez deberían haber leído algo sobre la vida de Howard Hughes… o haber preguntado a Marta Ferrusola, a quien le sale a devolver…

AlmaLeonor

 

DE MUTILADOS Y DISCAPACIDADES HISTÓRICAS (II)

DE MUTILADOS Y DISCAPACIDADES HISTÓRICAS (II):

De los Austrias a la actualidad

Artículo de Alma Leonor López publicado el 1 de abril de 2013 en la Revista Digital Anatomía de la Historia, sección Discusión Histórica.

Francisco Lezcano, el Nino de Vallecas, de Diego Velazquez.  

LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS Y LOS BORBONES

En Lepanto, en 1571, el mayor escritor de lengua española, Miguel de Cervantes, ‘el Manco de Lepanto’, perdía su mano izquierda, anquilosada por una herida de plomo. Pero la Corte española de los Habsburgo que terminó con el hijo de un “Rey Pasmado” –Carlos II, quien podría haber padecido el síndrome de Klinefelter, una enfermedad genética, además de raquitismo, prognatismo, epilepsia y diversas enfermedades más– fue prolífica en enanos cortesanos (al igual que en las cortes inglesa y francesa por otro lado), aquejados de diversas patologías, e inmortalizados por Velázquez.

Así aparecen, por ejemplo, Nicolasito de Pertusano y Mari Barbola (bufones de la infanta Margarita, a quien acompañan en Las Meninas), el primero con una deficiencia de la hormona del crecimiento y la segunda probablemente aquejada de acondroplasia.

De esta misma enfermedad también sufría Sebastián de Morra, bufón de la Corte al servició de Felipe IV y antes del príncipe Baltasar Carlos, de quien también fue bufón ‘El niño de Vallecas’, Francisco Lezcano, quien pudo padecer un hipotiroidismo congénito de tipo mixedematoso ―a decir del doctor Juan Falen Boggio―, que le llevó finalmente a la muerte a temprana edad.

O Diego de Acedo ‘el Primo’ (que no engañe el apodo, pues era muy inteligente y actuaba de secretario encargado de la estampilla de la firma real, más que de bufón), posiblemente también aquejado de una deficiencia en la hormona del crecimiento.

Y Juan de Calabazas, ‘Calabacillas’, bufón del Cardenal Infante Fernando de Austria y de Felipe IV, que podría padecer una forma de hipotiroidismo infantil

Por cierto que, en el nacimiento del rey Carlos II, la Gazeta de Madrid del siglo XVII se parecía bastante a muchos canales televisivos tan ideologizados y tan escasos  en el “rigor” y en la “veracidad” de sus informaciones. Dio la noticia del nacimiento del príncipe heredero, el domingo 6 de noviembre de 1661, de esta forma: “un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes”. Pero según el embajador de Francia, “el Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura (…) asusta de feo”.

El rey Carlos II

El hispanista John Lynch lo sentencia: “Carlos II fue la última, la más degenerada, y la más patética víctima de la endogamia de los Austrias”.

No nos hemos olvidado de las mutilaciones. Éstas siguieron presentes durante la Edad Moderna e, incluso, una de ellas llegó a ser la causa de una guerra entre España e Inglaterra en 1739.

La Oreja de Jenkins

Robert Jenkins fue un marino inglés (corsario, contrabandista, pirata…) que, en virtud del acuerdo llegado entre ambos países, mercadeaba con su bergantín “Rebecca” por el mar Caribe, con licencia de “navío de permiso”.

Esta práctica estaba sujeta a estrictas normas en cuanto a los puertos, mercancías y cantidades que se podían comerciar, y la flota española vigilaba contumazmente que se cumpliese la ley. Jenkins se la saltó, y aunque no era el único en aquellos tiempos, topó con un guardacostas español al mando del capitán Juan León Fandiño, quien le abordó (amparándose en el “derecho de visita”), le confiscó la carga y, como si de una actualísima “riña de políticos” se tratase (“-¡contrabandista!”, “-¡Y tu más!”), acabó cortándole una oreja como castigo ejemplar.

Era abril de 1731. “Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”, dicen que dijo. Y el inglés lo hizo. Así, el episodio fútil, convenientemente planteado en el Parlamento y agitado entre la opinión pública inglesa, obligó al primer ministro Robert Walpole, a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739.

En esta Guerra del Asiento, más conocida como Guerra de la Oreja de Jenkins, se desarrolló una de las batallas más importantes de todas las acaecidas en aquel siglo XVIII, la batalla o sitio de Cartagena de Indias, plaza que había sitiado el almirante inglés Edward Vernon, y que estaba defendida desde 1737 por el comandante general de Cartagena, el teniente general de la Armada española Blas de Lezo, apodado por sus hombres “Mediohombre”, pues con sólo 25 años ya era cojo (desde 1704), ciego de un ojo (en 1706) y manco (en 1713).

El almirante Blas de Lezo, “mediohombre”

En 1739 Vernon había destruido el puerto de Portobelo en Panamá, obligando al rey español a reorganizar completamente el comercio con América y la Flota de Indias. Esta victoria animó al inglés a emprender el asalto definitivo a Cartagena de Indias y del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, tuvo lugar el sitio.

La flota inglesa compuso la mayor agrupación de buques de guerra de la historia (solo superada por el desembarco de Normandía), con 195 barcos que contenían 3.000 cañones y cerca de 25.000 combatientes (incluidos esclavos macheteros jamaicanos y reclutas de Virginia comandados por Lawrence Washington, medio hermano del que sería el primer presidente estadounidense, George Washington), que superaba en más de 60 buques a la Armada Invencible de Felipe II.

Pero también fue vencida. Y esta vez por un valiente ’Mediohombre’ con unas fuerzas que “no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra que disponía la ciudad”, tal y como afirma Jesús María Ruíz Vidondo. El rey Jorge II prohibió que se hablase siquiera de la derrota, y se ocultaron una serie de medallas conmemorativas de la “victoria” que nunca se produjo. En ellas se veía a un “Don Blass” arrodillado (lo que le era imposible) y con los dos brazos completos, entregando su espada al inglés, con las leyendas: “Auténtico héroe británico, tomó Cartagena en abril de 1741” y “El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”.

Algo más de cincuenta años después, en 1797, otro inglés, el almirante Horatio Nelson, perdía un brazo al tratar de tomar Santa Cruz de Tenerife. También había perdido un ojo en una batalla anterior (en 1794).

LA GUERRA Y LA ACTUALIDAD

George Grosz,. Mutilado de guerra sobreviviendo tras el conflicto.

Las guerras siempre han ocasionado mutilados y heridos a perpetuidad, cuyas terribles secuelas les castigan de por vida y ocasionan a la sociedad en la que se insertan un esfuerzo doble para mitigar su dura reinserción (al tiempo que un gasto económico considerable). Por eso mutilar al enemigo siempre ha sido una estrategia de combate. Pese a ello, hubo algunos personajes en la historia reciente que serán recordados, además de por sus acciones militares, por la discapacidad que éstas les produjeron.

El conde Claus von Stauffenberg, coronel del Estado Mayor de la Wehrmacht y jefe del Ejército de Reserva de Berlín durante el Tercer Reich, era un alto y apuesto noble y militar alemán que gozaba de gran carisma entre sus compañeros de armas y entre la élite alemana de la época, como Albert Speer (arquitecto y ministro alemán). Stauffenberg perdió el ojo izquierdo, la mano derecha y los dedos meñique y anular de la mano izquierda en 1943, en el transcurso de una incursión durante una batalla al sur de Mezzouna (Túnez). Sin embargo, no fue este revés el que le llevó a planificar el conocido como “complot del 20 de julio”, el más importante intento de acabar con la vida de Hitler en 1944. Sus convicciones eran anteriores a su mutilación de guerra.

También fueron anteriores a sus heridas de guerra, las convicciones políticas del fundador de la Legión extranjera española, José Millán-Astray y Terreros. En la Guerra de Marruecos, entre 1921 y 1926, sufrió varias heridas a consecuencia de las cuales cojeaba de una pierna y se le amputó el brazo izquierdo. Además, un disparo en el rostro le causó la pérdida de un ojo, desgarros en el maxilar, y una profunda herida en la mejilla izquierda.

El muy condecorado Millán-Astray, un “notable erudito” y “conferenciante”, según el polémico Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia recibió el siguiente discurso por parte de Miguel de Unamuno en Salamanca: “El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra… Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.

Restos hallados de Ricardo III

Finalmente, las discapacidades y mutilaciones también han ayudado a la investigación histórica. Muy recientemente, la Universidad de Leicester, en el Reino Unido, ha podido confirmar, tras cuatro meses de pruebas y análisis, que los restos encontrados en una excavación pertenecen al rey Ricardo III, gracias, entre otros indicios, a la acusada escoliosis que padecía. William Shakespeare le describió como “un jorobado vil, ambicioso y corrupto”. No dijo nada de que fuese discapacitado.

AlmaLeonor

 

Viene de De mutilados y discapacidades históricas (I)

Y en HELICON… aquí.