DÍA DE LA CONSTITUCIÓN

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN

“Para llegar a conseguir esto hay antes una historia de combates, sacrificios y heroísmo de numerosos luchadores. Por mucha luz que desde el día de hoy tratemos de proyectar sobre ese pasado, nunca será suficiente para iluminar la acción de miles de personas, hombres y mujeres, que vivieron y murieron como héroes durante ese tiempo; no será posible nunca sacar del anonimato a tantas gentes, cuya vida daría tema para montones de novelas y de filmes dramáticos. Nuestro presente democrático se asienta sobre las hazañas de una multitud de heroínas y de héroes. Por mucho que logren sacarse a flote episodios de ese pasado, serán siempre una mínima parte de lo que realmente hubo.”

Santiago Carrillo
“La crispación en España” (2008)

 

La Constitución española fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978, siendo posteriormente sancionada y promulgada por el rey Juan Carlos I el 27 de diciembre y publicada en el Boletín Oficial del Estado el 29 de diciembre del mismo año, día de su entrada en vigor. Con ella se puso en marcha la Transición Española hacia la democracia tantas veces anhelada durante los tristes años de la dictadura franquista. Hoy es un día para la alegría y la esperanza y una llamada firme para que estos tiempos confusos que vivimos no retrotraigan al arcaísmo un logro cobrado con tanto sufrimiento.

AlmaLeonor_LP

EN QUE CONDICIONES SE PUEDE RESPETAR EL PASADO

EN QUE CONDICIONES SE PUEDE RESPETAR EL PASADO

Imagen: Léon Spilliaert

El monacato, tal y como existía en España y existe en el Tíbet, es para la civilización una especie de tisis. Detiene en seco la vida. Simplemente, despuebla. Enclaustramiento, castración. Ha sido un azote para Europa. Añádase a esto la violencia que tan frecuentemente se ha hecho a las conciencias, las vocaciones forzadas, el feudalismo apoyándose en el claustro, el mayorazgo metiendo en el monasterio el exceso de familia; las salvajadas de las que acabamos de hablar, los in pace, las bocas cerradas, los cerebros tapiados, tantas inteligencias desdichadas puestas en el calabozo de los votos eternos, la toma de los hábitos, entierro de almas completamente vivas. Añádanse los suplicios propios de las degradaciones nacionales y cualquiera se sentirá estremecer ante el hábito y el velo, esos dos sudarios de la invención humana.

Sin embargo, en algunos puntos y en algunos lugares, a pesar del pensamiento moderno, a pesar del progreso, el espíritu claustral persiste en pleno siglo XIX, y una curiosa recrudescencia ascética asombra en este momento al mundo civilizado. El empecinamiento de las viejas instituciones por perpetuarse se parece a la obstinación del perfume rancio reclamando vuestra cabellera, a la pretensión del pescado atrasado que querría ser comido, a los vestidos de niño persiguiendo al hombre para vestirlo y a la ternura de los cadáveres que querrían volver para abrazar a los vivos.

“¡Ingrato! – dicen los vestidos-, te he protegido del mal tiempo ¿Por qué no quieres saber nada de mi?”; “Vengo de alta mar”, dice el pescado; “He sido una rosa”, dice el perfume; “Te he amado”, dice el cadáver; “Os he civilizado”, dice el convento.

A todo esto una respuesta: “en otros tiempos”.

Pensar en la prolongación indefinida de las cosas difuntas y en el embalsamamiento de quienes nos han gobernado para que sigan haciéndolo, restaurar los dogmas en mal estado, redorar los relicarios, enlucir de nuevo los claustros, volver a bendecir las reliquias, volver a amueblar las supersticiones, volver a alimentar los fanatismos, recuperar el mango de los hisopos y de los sables, reconstruir el monaquismo y el militarismo, creer en la salud de la sociedad por la multiplicación de los parásitos, imponer el pasado al presente: todo eso parece extraño.

Hay, sin embargo, teóricos para estas teorías. Estos pensadores, gente de juicio, por otra parte, utilizan un procedimiento bien sencillo: aplican sobre el pasado un enfoscado que llaman orden social, derecho divino, moralidad, familia, respeto a los mayores, autoridad como antaño, la santa tradición, legitimación; y os gritan: “¡Mirad!, tomad esto, honrados ciudadanos”. Esta lógica era conocida por los antiguos. Los arúspices la practicaban. Frotaban con greda blanca una becerra negra, y decían: “es blanca”. Bos cretatus.

Víctor Hugo
“Los Miserables”

LAS HOJAS SECAS

LAS HOJAS SECAS

Eran dos hojas secas las que hablaban […] Y huyeron las mariposas blancas y las libélulas azules, dejando su lugar a los insectos oscuros que venían a roer nuestras fibras y a depositar en nuestro seno sus asquerosas larvas.

-¡Oh! ¡Y cómo nos estremecíamos encogidas al helado contacto de las escarchas de la noche!

-Perdimos el color y la frescura.

-Perdimos la suavidad y la forma, y lo que antes al tocarnos era como rumor de besos, como murmullo de palabras de enamorados, luego se convirtió en áspero ruido, seco, desagradable y triste.

-¡Y al fin volamos desprendidas!

-Hollada bajo el pie del indiferente pasajero, sin cesar arrastrada de un punto a otro entre el polvo y el fango, me he juzgado dichosa cuando podía reposar un instante en el profundo surco de un camino.

-Yo he dado vueltas sin cesar, arrastrada por la turbia corriente, y en mi larga peregrinación vi, solo, enlutado y sombrío, contemplando con una mirada distraída las aguas que pasaban y las hojas secas que marcaban su movimiento, a uno de los dos amantes cuyas palabras nos hicieron presentir la muerte.

-¡Ella también se desprendió de la vida y acaso dormirá en una fosa reciente, sobre la que yo me detuve un momento!

-¡Ay! Ella duerme y reposa al fin; pero nosotras, ¿cuándo acabaremos este largo viaje?…

-¡Nunca!… Ya el viento que nos dejó reposar un punto vuelve a soplar, y ya me siento estremecida para levantarme de la tierra y seguir con él. ¡Adiós, hermana!

-¡Adiós!…

Silbó el aire, que había permanecido un momento callado, y las hojas se levantaron en confuso remolino, perdiéndose a lo lejos entre las tinieblas de la noche.

Y yo pensé entonces algo que no puedo recordar, y que, aunque lo recordase, no encontraría palabras para decirlo.

Las Hojas Secas
Gustavo Adolfo Bécquer.

 

¡Adiós Octubre!
31-10-2019

 

 

 

FRASES CON IMÁGENES (XCVI)

FRASES CON IMÁGENES (XCVI)

Imagen: Jamie Wyeth

Siempre he pensado que en el amor desinteresado de un perro, en el sacrificio de sí mismo, hay algo que llega directamente al corazón del que con frecuencia ha tenido ocasión de comprobar la amistad mezquina y la frágil fidelidad del hombre natural.

ARIEL CONCEIRO
“Traducción Infiel de El Escarabajo de Oro”

LA SABIDURÍA FEMENINA

LA SABIDURÍA FEMENINA

Imagen: Max Gasparini

Hay un Upanishad del siglo VII a.C. en que los dioses védicos están reunidos, y ven una extraña cosa amorfa delante, una especie de niebla, y preguntan: «¿Qué es eso?». Ninguno sabe lo que puede ser. Uno de ellos sugiere: «Iré a ver de qué se trata». Y va hacia esa cosa brumosa y dice: «Soy Agni, el Señor del Fuego; puedo quemar cualquier cosa. ¿Quién eres tú?». Y de la niebla sale una pajita, que cae en el suelo, y una voz dice: «Veamos si puedes quemar eso».

Agni descubre que no puede quemarlo. Así que vuelve a los otros dioses y dice: «¡Qué extraño es esto!». Se adelanta el Dios del Viento: «Probaré yo». Allá va, y sucede algo parecido. «Soy Vayu, Señor del Viento. Puedo arrastrar cualquier cosa.» Otra vez cae al suelo una pajita: «Veamos si puedes arrastrar esto». Y no puede.

El también regresa. Entonces Indra, el más grande de los dioses védicos, se aproxima, pero cuando está cerca la aparición se desvanece, y donde había estado se materializa una mujer, una mujer hermosa y misteriosa, que instruye a los dioses, revelándoles el misterio del fundamento de su propio ser. «Esto es el misterio último de todo ser», les dice, «del que vosotros mismos habéis recibido vuestros poderes. Y puede anular vuestros poderes, según Su voluntad.» El nombre indio para ese Ser entre los seres es brahman, que es un nombre neutro, ni masculino ni femenino.

Y el nombre indio para la mujer es Maya-Shakti-Devi (Diosa Dadora de Vida y Madre de las Formas). Y allí, en este Upanishad aparece como maestra de los dioses védicos en cuanto al fundamento último y fuente de sus poderes y existencia. 

Es la sabiduría femenina.

Es la mujer como dadora de formas. Es la que dio vida a las formas y sabe de dónde provienen. Vienen de lo que está más allá de lo masculino y femenino. De lo que está más allá del ser y el no ser. A la vez es y no es. Ni es ni no es. Está más allá de todas las categorías del pensamiento y la mente.

Joseph Campbell.

LAMENTO DE ARIADNA

LAMENTO DE ARIADNA

Imagen: Marina Krasnitskaya

¿Quién me da calor, quién me ama todavía?
¡Dadme manos cálidas!
¡Dadme un anafre para el corazón!
Tendida, estremecida,
como una tenue mortecina a quien calientan los pies,
agitada ¡ay! por fiebres desconocidas,
temblando ante afiladas, gélidas flechas de hielo,
acosada por ti ¡pensamiento!
¡innombrable! ¡oculto! ¡atroz!
¡cazador tras las nubes!
Hundida por tu rayo,
ojo sarcástico que me mira en la penumbra.
Así yazgo,
me encojo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios perpetuos,
herida por ti,
el más cruel cazador,
tú desconocido —Dios…
¡Hiere más adentro!
¡hiere una vez más!
¡Desgarra, desgarra este corazón!
¿Qué es este martirio?

Friedrich Nietzsche
Ditirambos Dionisiacos

Nietzsche daba el nombre de Ariadna a Cósima Wagner.

CUENTO AZUL

CUENTO AZUL

Imagen: Million Shades of White

Los mercaderes procedentes de Europa estaban sentados en el puente, de cara a la mar azul, en la sombra color índigo de las velas remendadas de retazos grises. El sol cambiaba constantemente de lugar entre los cordajes y, con el balanceo del barco, parecía estar saltando como una pelota que rebotara por encima de una red de mallas muy abiertas. El navío tenía que virar continuamente para evitar los escollos; el piloto, atento a la maniobra, se acariciaba el mentón azulado…

Marguerite Yourcenar
El día Azul (30 de agosto de 2019).

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

Imagen: Gabriel Pacheco

Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque también ellos sean sensatos. Ved cómo hablaba un gavilán a un ruiseñor de moteado cuello, al que llevaba bien alto, entre nubes, apresándolo en sus garras. Y él, traspasado por las corvas uñas, gemía lastimeramente; el gavilán con altivo tono le dijo estas palabras:

-Infeliz, ¿por qué chillas? Te tiene alguien mucho más fuerte que tú. Irás allí donde yo te lleve, por muy cantor que seas. Contigo haré mi cena, o te soltaré, según me plazca. ¡Insensato, el que pretende medir su fuerza con quienes son superiores a él! Privado se ve de la victoria, y a más de infamias, sufre dolores.

¡Perses! Tú escucha a la justicia, y no agrandes la insolencia. La insolencia es mala para el mísera mortal. Ni aun el procer puede fácilmente sufrirla, sino que es abrumado por ella cuando viene a caer en alocados trances. Senda que conduce al otro lado, en busca de lo justo, es más ventajosa. Justicia sobre Insolencia reina, cuando el fin de su curso alcanza: sufriendo el tonto aprende.

Deprisa corre Juramento, en pos de las torcidas sentencias. Y hay un clamoreo de Justicia, al ser arrastrada por doquiera la conduzcan los tragones de regalos, cuando dictan sus normas basándose en torcidas decisiones. Ella les sigue, llorando, por la ciudad y moradas de pueblos [vestida de bruma, portando ruina a los hombres] que la proscriben y no la administran en forma recta.

Mas quienes dictan para extranjeros e indígenas sentencias rectas, y en nada se apartan de lo justo, prospérales la ciudad, y sus gentes florecen en ella; por su tierra se extiende la Paz nodriza de mozos, y nunca a ellos asigna la dolorosa guerra el longitonante Zeus. Nunca a varones de recta justicia acompañan Hambre ni Aflicción, sino que en convites consumen la cosecha que con amor lograron. La tierra les procura rica subsistencia, y en los montes, la encina lleva, por la copa, bellotas; por el centro, abejas. Lanosas ovejas se vencen al peso de sus vellones. Engendran las mujeres hijos semejantes a sus progenitores. Se enriquecen con bienes sin tasa; no han de irse en las naves, pues el fruto lo da la fecunda gleba.

Pero aquellos que se ocupan de la Insolencia nefasta y de criminales obras, para esos tales reserva su Justicia el hijo de Crono, longitonante Zeus. A menudo la ciudad entera se ye privada de un vil rufián, aquel que peca y maquina maldades. Sobre ellos, desde el cielo, deja caer gran ruina el Cronión, Hambre y Morbo a la vez; van muriendo las gentes, las mujeres no conciben, se extinguen los hogares, por los designios de Zeus Olímpico. Y según las ocasiones, el Cronida les destruye vasto ejército o una muralla, o se cobra en el mar su vindicta con las naves de aquellos.

¡Reyes! Parad mientes, también vosotros, en esta Justicia. Cerca están, entre los hombres, los Inmortales: se fijan en aquellos que, con torcidas sentencias, entre sí se ultrajan, sin cuidarse del temor a los dioses. Tres veces diez mil, sobre la tierra nutricia son los Inmortales, por encargo de Zeus, custodios de los mortales hombres. Ellos vigilan las sentencias y criminales obras, vestidos de truma, visitando toda la tierra. Existe también una doncella, Justicia, hija de Zeus, gloriosa y augusta para los dioses que el Olimpo habitan. Y siempre que alguien la ofende empleando torcidos agravios, al puntó acude a sentarse a la vera de Zeus, su padre, el Cronión, y denuncia el intento de hombres injustos.

El pueblo termina pagando las locuras de los reyes que, urdiendo aflicciones, por senderos descarriados desvían sus sentencias, alegando tortuosas razones. Precaviendo estas cosas, enderezad vuestros juicios, ¡oh reyes tragones de obsequios!, y olvidaos totalmente de torcidas sentencias. El hombre que prepara males a otro, se los prepara a sí mismo; la intención funesta es, para quien la concibió, funestísima. Pues todo lo ve el ojo de Zeus, y todo lo sabe; también hasta aquí, sin duda, alcanza su mirada, si quiere, y no se le oculta qué clase de justicia es esta que la ciudad en su interior guarda.

Y ahora ¡ que no sea yo justo entre los hombres, ni mi hijo!, puesto que es malo ser varón justo, si el injusto ha de obtener mayor ventaja. Mas, tal final, no espero que lo cumpla Zeus previsor, ¡Perses! Tú pon estas palabras en tus mientes, y a la justicia escucha, mas olvídate por entero de la violencia. Este destino dispuso el Cronión para los hombres; que, peces, bestias y aves aladas se devoren unos a otros, pues no existe la justicia entre ellos. A los hombres, en cambio, les dio la justicia, que es con mucho la más excelente norma. Pues si uno se presta, con conocimiento, a dictaminar lo justo, a este concade ventura el longitonante Zeus. Quien, por el contrario, recurriendo a testimonios, premeditadamente jura en falso y miente, con lo que daña la justicia e incurre en extravío incurable…, de ese tal, quedará disminuida la descendencia de un porvenir; mientras, que la descendencia de un varón fiel al juramento será, en el futuro, superior.

Hesíodo
Los Trabajos y los días (700 a. C.).