EL TEDIO

EL TEDIO

Imágen: “Hombre en la ventana” (1875), de Gustave Cailebotte (1848-1894)

Por más años que retroceda en mi memoria, recuerdo haber sido siempre víctima del tedio. Es preciso, sin embargo, entenderse respecto a esta palabra. Para muchos, el tedio es lo contrario de la diversión; y diversión es distracción, olvido. Para mí, en cambio, el tedio no es lo contrario de diversión; más bien podría decir con franqueza que en ciertos aspectos se parece a la diversión, en tanto que provoca distracción y olvido aunque sean de índole muy particular. El tedio es para mí una especie de insuficiencia, incapacidad o escasez de realidad.

Alberto Moravia (1907-1990)
“El Tedio” (1960)

LAS GUERRAS DE LA HISTORIA

LAS GUERRAS DE LA HISTORIA

Imagen: Titulada muy graficamente como “El Conocedor” (1962), de Norman Rockwell.

El clima de la guerra fría explica también la importancia que alcanzaron en los EE. UU. los cultivadores de la llamada “sociología histórica”, que usaban modelos sociológicos esquemáticos para interpretar los hechos históricos […] En 1949 el presidente de la ‘American Historical Association’ declaraba: “no nos podemos permitir no ser ortodoxos” […] La actuación política y propagandística norteamericana se extendería también a Europa, donde se realizaba sobre todo a través del Congreso por la Libertad de la Cultura (CCF),una institución dirigida bajo mano por la CIA y dotada de recursos abundantes, procedentes del Plan Marshall (recursos que pasaban a menudo a través de fundaciones, reales o inventadas, para disimular su origen), que tenía en el patronato a personajes como Benedetto Croce (reemplazado a su muerte por Salvador de Madariaga), Jaspers, Maritain, etc. […] También la alta cultura experimentó los efectos de esta situación. Los pintores abandonaron el realismo comprometido del frente popular que quería hacer llegar el arte a las masas, en favor del expresionismo abstracto, y pasaron a usar un lenguaje que sólo entenderían las minorías intelectuales avanzadas. Hoy sabemos, además que la operación formó parte de las batallas culturales de la CIA. Un hombre como Nelson Rockefeller, presidente del MOMA de Nueva York, defendía el expresionismo abstracto como el arte de la libre empresa. Contaban, además, con una figura carismática, Jackson Pollock, nacido en Wyoming, que podía pasar por una especie de ‘cowboy,’ que no tenía influencias europeas ni había estudiado en Harvard y que, como buen artista auténticamente americano, era un gran bebedor. Se hizo una campaña para difundir a estos pintores, consiguiendo que los museos americanos, en su mayor parte dependientes del patrocinio privado, los comprasen, y ayudasen a difundirlos por todo el mundo, en exposiciones o con préstamos (todo ello financiado por la CIA y con un amplio apoyo del MOMA). Un hombre como Alfred Barr, director del MOMA desde 1929 hasta 1943, convencía a Henry Luce para que cambiase la política editorial de ‘Time-Life ‘y no atacase al “nuevo arte”, porque era necesario protegerlo a fin de que no fuera criticado como en la URSS, ya que era “empresa artística libre”: En agosto de 1949 ‘Life’ dedicó las páginas centrales de la revista a Pollock. A algunos de los mejores artistas esta situación de revolucionarios pagados por la burguesía acabó desequilibrándolos (Franz Kline murió alcoholizado y Rothko se abrió las venas) pero otros, como Paul Burlin, aceptaban el juego y sostenían que “la pintura moderna es el baluarte de la expresión creativa individual, lejos de la izquierda política y de su hermana de sangre, la derecha”.


JOSEP FONTANA (1931-2018)
La Historia de los Hombres” (2005) Editorial Crítica

JNUM, EL MODELADOR

JNUM, EL MODELADOR

Representación del dios Jnum (Pinterest)

En Egipto, en la isla de Elefantina (Asuán), también en el sur, se veneraba a otro dios con cabeza de carnero, esta vez de la variedad Ovis longipes paleoaegyptiaca, de cuernos horizontales y retorcidos en espiral, y de nombre Jnum. Custodio de las fuentes del Nilo ―de nuevo el agua― era conocido también como «el modelador» ya que era su torno de alfarero el que, con arcilla nilótica, daba vida a los hombres. Un relieve en el Templo de Jnum representa al dios dando vida al faraón Tutmosis III, sexto faraón de la XVIII Dinastía. Cuenta la leyenda que cansado de tal tarea, rompió su torno y colocó una parte de él en cada una de las mujeres de Egipto, siendo ellas a partir de ese momento las encargadas de traer vida al mundo. No deja de ser significativo que esta asociación tan clara a la fertilidad, la fecundidad y la capacidad creadora de vida de Jnum, sea cedida por el dios al sexo femenino, por cansancio.

AlmaLeonor_LP

LA HISTORIA DESDE EL HELICON: LOS BOVIDAE

DEL ENGAÑO

DEL ENGAÑO

Imagen: Nikolay Tolmachev

 

Una de las cosas más indignas que puede cometer un hombre, es engañar a otro, porque el engaño repugna en todo a la verdad. Ninguna cosa, dice San Crisóstomo, destierra el bien como el fingimiento engañoso, porque el mal encubierto debajo de especies de bien, mientras no se conoce, no se guarda, ni se teme. Hay muchas maldades, que no se conocen en la juventud, hasta que se van perfeccionando la comprensión de lo bueno y de lo malo; pero el engaño y la mentira son tan repugnantes a la naturaleza, que aun la distinguen los niños sin haber llegado a la edad en que se hace buen uso de la razón. Esto se ve cada día en sus juguetes y diversiones, ofendiéndoles de haber sido engañados de sus iguales o de otros mayores; con esto mimo, que ellos advierten de malo en otro, se les debe hacer ver que merecen castigo si lo ejecutan ellos. Lo más importante consiste en imponer a los jóvenes que digan siempre la verdad, con discreción, sin perjuicio, o daño del prójimo, poniendo mucho cuidado en no hacer ni decir delante de ellos de burlas, ni de veras, cosas que puedan instruirles en usar de artificios engañosos o en inventar mentiras, manifestándoles, que los mentirosos, son siempre tenidos por gente ruin, e indigna de tratar con hombres de bien, pues acordándose de estas lecciones, es muy natural que sirvan en lo sucesivo para contenerles en este vicio, al que inclina mucho el vil interés.

Monseñor Rolin, traducido por Dña. Catalina de Caso
Madrid, 1755

SUFFRAGETTES

SUFFRAGETTES

Como he venido contando por las redes sociales (Facebook, Instagram y Linkedin), mañana martes participaré en un cineforum sobre la mujer con la película “Sufragistas” (2015,  Sarah Gavron), que se llevará a cabo en el Campus de Segovia de la Universidad de Valladolid (UVA). Tendrá lugar a las 10:45 de la mañana (en el cartel inicial la hora era errónea).

Me hace mucha ilusión participar en este evento porque será la primera vez que hable de mi libro VISIBLES. MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX, y espero que resulte interesante.

AlmaLeonor_LP

RETRATO DE MARCELINA PONCELA

RETRATO DE MARCELINA PONCELA

Interesante mañana con la presentación del libro “Retrato de Marcelina Poncela” (2019) de María Dolores Cid Pérez, compañera mía del Máster de Historia y que ha llevado su investigación sobre esta casi desconocida pintora vallisoletana hasta esta publicación… mejor dicho… hasta el próximo día 12 de marzo a las 19:30 cuando se inaugurará en el MUVA de Valladolid, una exposición única con las obras de Marcelina, una extensa y muy dispersa colección que se reúne por primera vez.

El acto estuvo presentado por Gloria Reguero, concejal por el grupo municipal Si Se Puede, en representación del Ayuntamiento de Valladolid y Blanca García Vega, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, quienes resaltaron la importancia de Marcelina en Valladolid y la gran carga simbólica de que esta presentación se inserte en los actos por la celebración del Día de la Mujer (8 de marzo) y en el Centro Municipal de la Igualdad del Ayuntamiento de Valladolid.

Loli, completamente entregada en su exposición, nos recordó los vínculos que Marcelina siempre mantuvo con Valladolid (“cuéntame cosas de mi Valladolid“, pedía en una de sus cartas a una amiga vallisoletana), y la ignominia que sufrió toda su vida profesional una mujer que siempre estuvo entre las más grandes pintoras de su época, y a la que hasta en una obra suya que figura en el Ayuntamiento de Valladolid se la identificó como “Marcelino”. Más recordada, quizá, como la madre del insigne Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), Loli nos desveló que aunque Marcelina fuese obviada en otro tipo de obras, su hijo siempre la mencionó en los prólogos de las suyas.

Como ya he dicho en alguna ocasión, Marcelina Poncela, como corresponde a una mujer tan notoria en su siglo, también figura en mi libro VISIBLES. MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX, junto con un agradecimiento a Loli por dejarme utilizar un dato poco conocido (o divulgado a menudo erróneamente) sobre Marcelina, su propia fecha de nacimiento, y que Loli descubrió en su investigación: “Es habitual encontrar el año de 1867 como fecha de nacimiento de la pintora vallisoletana, pero según una reciente investigación de Mª Dolores Cid Pérez, inédita, su partida de bautismo sitúa en 1864 su nacimiento. Agradecemos a Mª Dolores Cid la posibilidad de publicar la rectificación de este dato.”

AlmaLeonor_LP

¡¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES MARÍA DOLORES CID!!

 

LA CALUMNIA DE APELES

LA CALUMNIA DE APELES

Imagen: “La Calumnia de Apeles”, de Sandro Botticelli (Florencia, 1 de marzo de 1445 ​-  17 de mayo de 1510)

“¿Cómo enfrentarnos a una mentira? Desde niños nos acostumbramos a las mentiras hasta con los cuentos: Pedro y el Lobo, los tres cerditos, caperucita roja… De adultos, las mentiras nos rodean constantemente, ya sea en forma de promesas electorales o como productos milagrosos, y ningún detector nos libra de caer en sus redes […] Pero hasta este momento, y a lo largo de la historia, mentirosas y mentirosos compulsivos, consiguieron hacer de la mentira su vida, del engaño su fama y de la calumnia ―recuerden, la más grande mentira para Santo Tomás― la desdicha ajena. Y una de las más famosas es la que pintó Sandro Botticelli: La Calumnia de Apeles.

Al parecer, tanto Apeles como Botticelli pudieron verse afectados por una calumnia. Botticelli no directamente, pues se refiere a la condena y posterior ejecución de Girolamo Savonarola que él consideraba una injusta manipulación política de los Médici. Así, quiso reproducir la calumnia sufrida por Apeles de Éfeso (siglo IV a.C.), quien fue acusado difamatoriamente por el envidioso Antífilo, un pintor menor, de participar en la llamada Conjuración de Tiro de Teódotas contra Ptolomeo IV.

Apeles tardaría mucho tiempo en recuperarse de esta acusación y […] pintó un cuadro en el que hacía aparecer a Ptolomeo como un juez con orejas de burro, aconsejado al oído por la Sospecha y la Ignorancia. Botticelli sitúa frente a él un monje acusador, la Envidia, quien, apuntando directamente a los ojos del juez con una mano, lleva de la otra a la Calumnia, una bella y decidida mujer que porta una antorcha y a la que atusan el cabello la Insidia y el Engaño, mientras ella arrastra al acusado indefenso, semidesnudo y rogando compasión. Finalmente, y como apartadas de la escena, se encuentran la Verdad, una joven desnuda, y la Penitencia, una anciana vestida (de luto).

Toda la escena parece indicar la prevalencia de la injuria frente a la razón y el poder absoluto (y ciego) de una malaconsejada ley frente a la indefensión humana. El triunfo de la mentira, en definitiva.”

AlmaLeonor_LP
La Mentira y los Mentirosos de la Historia (2018)

 

UN HOMBRE Y UNA MUSA

UN HOMBRE Y UNA MUSA

Imagen: Shelby McQuilkin

HOMBRE.- Ya que has acudido a mi llamamiento, ¡oh musa!, escúchame atenta y propicia, y haz que se cumpla mi más ferviente deseo.

MUSA.- (Oculta tras una espesa nube.) Habla, y que tu lenguaje sea el de la sinceridad. Mi vista es de lince.

HOMBRE.- Yo quiero que mi voz se haga oír, en medio de la multitud, como la voz del trueno que sobrepuja con su estampido a todos los tumultos de la tierra; quiero que la fama lleve mi nombre de pueblo en pueblo, de nación en nación y que no cesen de repetirlo las generaciones venideras, en el transcurso de muchos siglos.

MUSA.- ¡Necio afán el de la gloria póstuma, cuyo ligero soplo pasará como si tal cosa sobre el esparcido polvo de tus huesos! Cuídate de lo presente y deja de pensar en lo futuro, que ha de ser para ti como si no existiese.

HOMBRE.- ¿Y eres tú, musa, a quien he invocado lleno de ardiente fe, la que me aconsejas el olvido de lo que es más caro a un alma ambiciosa de gloria? ¿Para qué entonces la inspiración del poeta?

MUSA.- ¡Locas aprensiones!… El bien que se toca es el único bien; lo que después de la muerte pasa en el mundo de los vivos, no es nada para el que ha traspasado el umbral de la eternidad.

HOMBRE.- ¿Qué estoy oyendo? ¿Aquella de quien lo espero todo se atreve a llamar nada al rastro de luz que el genio deja en pos de sí? La gloria póstuma, ¿es asimismo una mentira?

MUSA.- (Mudando de acento.) Tú, mi hijo mimado, a quien destino para lanzar sobre la muchedumbre el grito supremo, óyeme con atención profunda y sumisa. Ya no es Homero, cuyos lejanos acentos van confundiendo su débil murmullo con las azules ondas del mar de la Grecia; ya no es Virgilio, cuyo eco suavísimo, a medida que avanzan los años, se hace más sordo y frío, más lento e ininteligible, como gemido que muere; ya no es Calderón, ni Herrera, ni Garcilaso, cuyas nobles sombras, cuando la clara luna se vela entre nubes blanquecinas y esparce por la tierra una confusa claridad, vagan en torno de las academias y de los teatros modernos, buscando en vano alguna memoria de tus pasados triunfos. Su nombre no resuena en ellos, el rumor de los antiguos aplausos se ha apagado para siempre, y únicamente les es dado ver salir por las estrechas puertas a los nietos de sus nietos que, ensalzando sin conciencia palabras vacías y abortos de raquíticos ingenios, acaban de echar sobre las venerandas tumbas de sus ilustres abuelos una nueva capa de olvido. Avergonzadas entonces, las nobles sombras quieren huir y esconderse en el fondo impenetrable de su eternidad; pero el mundo, encarnizadamente cruel con los caídos, al percibir a través de la noche sus vagos contornos, les grita, -¡Ya fuisteis!, y pasa adelante. He ahí lo que queda de lo pasado.

Rosalía de Castro (24 de febrero de 1837 – 15 de julio de 1885)
El Caballero de las Botas Azules (1867). Capítulo I.

EL REY CORNUDO

EL REY CORNUDO

Imagen: Pam Hawkes

Teniendo un rey un cuadro de sala para pintar, y no hallando ningún pintor lo pintase, a causa de que, en no contentarle la pintura, la mandaba deshacer y apalear al pintor, hubo un atrevido chocarrero, que, sin saber pintar, como supiese que el rey era cornudo, se atrevió de decirle que se lo pintaría, pero con un pacto que le diese la llave de la sala, porque nadie entrase a ver su pintura, hasta que la hubiese acabada. Contento el rey, para esto pidióle, para colores y cosas necesarias, cincuenta ducados y ración para su persona. Dados los dineros, el bueno del no pintor tuvo su entretenimiento de seis meses con el rey, diciendole que lo pintaba. Y, a la postre, teniendo pasaje con una nave, dijo al rey:

-Mañana le quiero mostrar mi pintura acabada, pero es bien que su alteza esté avisado de la propiedad de ella, y es que ningún cornudo la puede ver.

El rey, deseoso de saber si lo era, como se sospechaba, escerróse solo con el pintor, y, hablando con él, señalábale con una varilla la pared blanco, que maldita la figura que había, diciéndole:

-Mire vuestra Alteza, en este primer cuadro, cuál está Diana descuidadamente bañándose en esta cristalina fuente con sus ninfas.

El rey, aunque no veía nada, por no descubrir que era cornudo, respondía:

-Si, ya lo veo.

-Y en este otro, ¿no ve vuestra Alteza Acteón cuán embebido se está mirándola, y convirtiéndose en ciervo?

Respondió el rey:

-Si, veo.

-Y, en este otro, ¿cómo se mete, huyendo de sus canes, por este bosque arriba? Y, en este cuarto y postrero, entre está entretejida y aménisima arboleda, ¿cuál le comen y despedazan sus canes?

Y el rey siempre respondiendo que lo veía, saliéronse de la sala y tomó la llave en su poder, y el chocarrero prontamente se embarcó. Y, por probar su pintura, tomó el rey muchos caballeros y, puestos en la sala, manifetábales lo que el pintor le había relatado. Los cuales se sonreían, y otros le juraban que tal no había. Conociendo el rey la burla, y cuán cortesmente le había aquél chocarrero sosacado cincuenta escudos, y cuán delicadamente le dijo que era cornudo, mandóle buscar, para castigarle, y, no pudiendo haberle, mandó cerrar la sala para perpetuamente y poner encima de la puerta estos tres versos, escritos de oro, que decían:

Aunque por aquí salió
mi desengaño y cuidado,
mejor vivía engañado.

Don Juan Manuel,  El Conde Lucanor (XXXII: “De lo que contesció a un rey con los burladores que fizieron el paño”)
En, “El Cuento Español en los Siglos de Oro: Siglo XVI” (2002), de María del Carmen Hernández Valcárcel,  pag.203-4