OLIVIA DE HAVILLAND

OLIVIA DE HAVILLAND

Y si a mí se me ocurría preguntar por ese hermano del que nadie hablaba, pero que yo sí que recordaba de muy niña, las respuestas también eran enigmáticas.
― A veces los hermanos no se entienden bien, como Jo-an-Fon-tai-ne y Oli-via-de-Ha-vi-lland… es inevitable.
― ¿Y esas quiénes son? ―se atrevió a preguntar mi madrina.
― Yo sí que sé quiénes son, madrina, pero papá se equivoca porque no pueden ser hermanas si cada una tiene un apellido diferente…
― ¡Anda! A ver qué dices a eso ahora… ¡listo!…
― Pues es bien sencillo… Una lleva el apellido del padre y la otra el de la madre.
Fue una invención de mi padre en esos momentos, porque de haberlo sabido realmente, y era cierto, me habría dicho quién llevaba el apellido de quién. Pero, aunque funcionó como respuesta al misterio de los distintos apellidos de Joan y Olivia, no me resolvió la duda sobre mi tío Carlos.

AlmaLeonor_LP

Olivia de Havilland (Dame Olivia Mary de Havilland)
Tokio, 1 de julio de 1916 – París, 25 de julio de 2020
In Memoriam.

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

SI TE DICEN QUE CAÍ

SI TE DICEN QUE CAÍ

Imagen: Fotografía de Joan Colom (1921-2017)

Un viento húmedo recorría la ciudad, ese día que fue la primera vez. Peatones malafeitados y de mirar torcido surgían de las esquinas igual que apariciones y se alejaban arrimados a la pared como buscando un hueco donde ocultarse, una grieta para escapar, como si las calles amenazaran convertirse en una riada. Tras las acacias deshojadas se alzaban fantasmas de edificios en ruinas. Balcones descarnados mostraban los hierros retorcidos y rojizos de herrumbre, y ventanas como bocas melladas bostezaban al vacío. Delante de una carbonería se agitaba una cola de mujeres con los pies enredados en un rumor de hojarasca, y una brigada de presos amontonaba escombros bajo el esqueleto metálico de un garaje, en medio de un luminoso polvo rojo. El número apuntado correspondía a un altísimo portal, un profundo zaguán de paredes y techo artesonado; la escalera de mármol subía en torno al hueco del ascensor, parado por restricción eléctrica. Vidrieras de cristal esmerilado que las bombas respetaros, segundo piso, primera puerta, que abrió la gorda del Continental comiendo a dos carrillos: Has hecho bien en venir, no te arrepentirás, hijo, llevándole cogido de la mano por un oscuro corredor en cuyas paredes desfilan profundos ejércitos en páramos desolados, sangrientas cargas de caballería con alazanes encabritados entre nubes de polvo y espectrales armaduras, escudos y pendones, espadas, pistolones de chispa, puñales repujados. Un piso antiguo y enorme, sumido en una olorosa penumbra, con resonancias de loza en el patio interior. Blancos sudarios cubrían sillas y butacas repitiéndose en los espejos. Abriendo una puerta claveteada con terciopelo vinoso, la bruja del Continental le hizo pasar y la puerta volvió a cerrarse tras él como una trampa. Está solo. Es un dormitorio alumbrado con luz de gas, hay un viejo biombo con podridos querubines y nacaradas nubecillas desconchadas, prendas femeninas tiradas en el diván, pesadas cortinas color miel y, bajo sus pies temblorosos, la gran alfombra con un borroso amanecer en la playa y unos hombres antiguos y lívidos maniatados junto a un fraile capuchino. Los van a fusilar, piensa, y entonces ve la espalda desnuda de chica sentada al otro lado de la cama. Ella se está quitando las medias muy despacio, las despega de sus piernas con una dolorosa atención, como si estuviera despellejándose. Y se vuelve de pronto y mira a Java por encima del hombro como una coneja asustada antes de ser agarrada por el cogote. ¡Grrrr…!, claman de nuevo las tripas de Java. Maldición.

Pero esta vez será distinto. Con ganas de orinar pero aguantándose. Hoy Java tiene media hora por delante y entrará en un bar casi vacío, en la barra pedirá una bolsa de patatas fritas y un vasito de sifón, por favor, luego irá al lavabo: los pantalones bajados, a horcajadas en el wáter, tira de la cadena y con el agua corriente se lava el pito y los huevos, chingándose de ganas de orinar. Mastica lentamente unas patatas como cartón mojado, mientras las ingles húmedas le transmiten vagas aprensiones a las enfermedades venéreas y a la tuberculosis. De nuevo ante el mostrador, mirando un plato de resecas empanadillas, nota los ojos como alfileres clavados en la nuca, y se vuelve, y le ve: no demasiado pulcro ni enfermizo, no tan delgado ni tan joven, tan pavero, con mirada superior y cabrona, con mucho fijapelo en la estrecha cabeza y negro bigotito de galán soñador sobre la boca pálida, no exactamente eso, sino mucho peor; y en una silla de ruedas, las piernas envueltas en un chal de lana azul, la mano esquelética apoyada en el puño marfileño del bastón.

JUAN MARSÉ (8 de enero de 1933 – 18 de julio de 2020)
Si te dicen que caí” (1973)

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO

Imagen: Lorenzo Mattotti

 

Pero necesitaba aclararle bien que el mundo perdió mucho cuando yo perdí a mi hijo Sebastián el último verano […] Él pensaba que nadie tenía derecho a quejarse o a obstaculizar en forma alguna, aunque supiera que lo horrible era horrible y lo incorrecto era incorrecto, ¡y en verdad Sebastián nunca estaba seguro de que algo fuera incorrecto! ¡Le parecía inapropiado adoptar una actitud acerca de cualquier cosa que se tratara! […] Excepto continuar haciendo lo que algo interior le imponía […] Le arrancaron o cortaron pedazos con sus manos o sus cuchillos o quizás con aquellas latas melladas con que hacían música; le arrancaron pedazos y se los metieron en sus boquitas negras, glotonas, feroces y vacías […] Sé que es una historia tétrica pero es un caso auténtico de nuestra época y del mundo en que vivimos y lo que le sucedió verdaderamente a Sebastián.

Tennessee Williams
Suddenly, Last Summer, (1958)

 

 

Hoy, 20 de junio, a las 23 horas y 44 minutos hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional – Ministerio de Fomento), justo en el momento en el que se publique este artículo, dará comienzo el VERANO 2020. Un verano que no será igual, ni parecido siquiera, a los que hayamos vivido nuca en la historia, a causa de la pandemia mundial por COVID-19 que aún estamos padeciendo. De momento, todas las celebraciones de la Noche de San Juan, tradicional inauguración festiva de la temporada estival, se han suspendido para evitar contagios por aglomeraciones. En España, casi todo el territorio nacional entrará en la Nueva Normalidad el próximo lunes 22 de junio, pero eso no significa que todo vuelva a ser como antes. Tendremos que seguir extremando las precauciones, utilizando mascarilla facial, gel hidroalcohólico y guardando distancias de seguridad en lugares públicos. Esto cambiará por completo el paisaje veraniego en todas partes, en las terrazas de las ciudades, en las playas, en los recorridos de montaña y las fiestas de todos los pueblos de España. Los hoteles, campings, museos, conciertos, cines, y toda clase de espacios con importante confluencia de personas deberán guardar una serie de medidas higiénicas que alteraran el status quo festivo que tradicionalmente se asocia a estas actividades en esta época del año. Pese a todo, este verano atípico trae consigo un anhelo de normalidad que esperemos siga manteniéndose cuando termine.

No obstante, los anuncios apocalípticos que han aparecido últimamente, que incluso llegan a augurar para este año 2020 el inicio de la Tercera Guerra Mundial, o que el fin del mundo que predijeron los mayas no era en el año 2012 sino en este año, no hacen presagiar nada bueno. ¿Será este nuestro último verano? Y entonces me he acordado de Tennessee Williams y su obra inmortal que casi puede leerse en términos apocalípticos, el fin de una era, de una forma de vida, el desencanto de mucha gente con la sociedad en la que ha estado viviendo, un mundo fagocitado, devorado por caníbales… síntomas todos ellos de que algo muy profundo está cambiando, para bien o para mal. 

Si no ocurre nada de todo eso, nos veremos de nuevo en otoño hablando del cambio de estación.
AlmaLeonor_LP

EL REFUGIO DE LOS INVISIBLES

EL REFUGIO DE LOS INVISIBLES…

El refugio de los invisibles eBook: Alberto Cerezuela: Amazon.es ...

Ayer, día 27 de mayo, tuve el honor de participar en el programa Tempus Fugit En Directo en el que se hablaba del libro de Alberto Cerezuela, El Refugio de los Invisibles,  una novela negra fantástica, publicada por Circulo Rojo que supone la primera incursión de su autor en una obra de ficción. Alberto Cerezuela era ya un experimentado escritor de ensayos, ensayos sobre su tierra, Almería, y el fundador de la Editorial Circulo Rojo, la primera empresa de autoedición de España. El Refugio de los Invisibles es una novela negra que, según podemos leer en la contraportada, “baila con la pasión, los errores, las leyendas, la mitología y, especialmente, con lo más profundo de la mente humana“. Pues de todo ello hablamos en Tempus Fugit con el mismo Alberto Cerezuela, y con los conductores habituales del programa, Raquel Berenguel, Óscar Fábrega (editor de Guante Blanco y escritor) y Jorge Barroso, reciente autor de El sueño oriental de Napoleón, que está desde el día 18 de marzo a la venta, y una servidora, invitada por Óscar Fábrega para acompañarles en esta segunda incursión del programa Tempus Fugit En Directo, un formato que se ha estrenado durante este tiempo de confinamiento, pero que espero se mantenga de alguna manera, porque resulta muy ameno y “visual”. También hubo una sorpresa, Rocío Juárez, autora del libro Septem, de Guante Blanco, que está teniendo muchísimo éxito, se incorporó al programa.

Para escuchar el programa, pinchar en la imagen o aquí.

Después de una introducción en la que se reflexionó sobre lo que estamos viviendo en este estado de Desescalada por fases del periodo de confinamiento por la pandemia del coronavirus, empezamos a hablar del libro de Alberto. Es un libro que ha recibido muchas, muchísimas críticas positivas y su autor se mostró agradecido por todo ese apoyo, máxime cuando muchas han venido desde gentes conocedoras tanto de Almería, que tiene un protagonismo importante en la novela, como de su persona, muy popular por su proyección pública gracias a su labor editorial. Alberto se tomó como una gran responsabilidad cumplir lo mejor posible con las expectativas de todos ellos y, desde luego, las ha cumplido con creces, y en opinión de muchos, entre los que me incluyo, las ha superado.

Quiero ampliar un poco la opinión que expresé en el programa sobre El Refugio de los Invisibles y por eso me he decidido a realizar esta entrada en mi blog HELICON. No voy a decir que es una reseña, porque no me atrevo a incursionar en un ámbito que no es el mío. Yo no soy reseñadora de libros, no dispongo de los conocimientos suficientes como para hacerlo, pero creo que puedo aportar una opinión fundada sobre un libro que he leído. Y cuando lo he leído con tanto gusto como me ha ocurrido con este, pues me apetece mucho más hacerlo. Es un honor, además, que tanto Óscar como Alberto, su autor, pensasen en mi para acompañarles a la hora de comentar esta novela en el programa en directo.

El refugio de los invisibles", la novela negra de Alberto ...

Lo primero que he comentado es que me encanta el doble protagonismo femenino. Tanto la mujer que aparece muerta en la Alcazaba, como la inspectora que se tiene que ocupar del caso, la inspectora Reyes Martínez, son personajes femeninos. Y son mujeres que, además, tienen un peso importante no solo en la trama, sino en la personalidad que se nos va mostrando del protagonista de la obra, el escritor Héctor Coronado.

Me ha gustado mucho la estructura de la novela. Me ha gustado la división en capítulos cortos, la diferente letra para diferentes tipos de narraciones, que la transición entre las evocaciones del pasado y el tiempo presente sean fluidas y rápidas, las muchas tramas que parecen subdividirse con cada capítulo, pero que aun así, no despistan… Son pequeñas cosas que redondean una obra, y en una novela negra, esas cosas son las que se quedan al final como un poso en la opinión que nos causa el libro. No solo tiene que gustar la narración, sino como se narra.

También le he dicho a Alberto que ese protagonismo de Almería, cobija toda la obra como un recipiente donde ir colocando todo lo que sucede. El  libro es casi una guía de viajes sobre la ciudad, sus monumentos, sus lugares de ocio, su historia, sus entresijos más desconocidos… todo ello, supone un peso añadido en su compromiso con la obra. Ha tenido que ser muy grande el nivel de exigencia del autor a la hora de retratar en su novela una ciudad por la que se nota que siente verdadera pasión, pero también sobre la que ha escrito mucho y por la que es conocido. Aunque solo fuese por la forma en la que ha resuelto este difícil papel, ya merece Alberto una enorme felicitación.

Otro de los temas muy presentes en la novela es la Historia, las leyendas, la mitología… que recorren toda la obra. Pero también las historias personales de cada personaje, unos retratos que se van haciendo a lo largo de toda la novela y justo en los momentos necesarios, ni antes ni después. Curiosamente la Historia también está presente en la configuración de los personajes y, a veces, Alberto les hace expresar lo que opinan de ella. Para Héctor Coronado, por ejemplo, la Historia “no era sino una sarta de mentiras previamente pactadas por quienes ganan, por los que sobreviven” (pag. 259)… Yo, personalmente, matizaría mucho esta afirmación, con la que, en general estoy de acuerdo, pero… Lo cierto es que una de las razones de mi libro La mentira y los mentirosos de la historia es explicar eso.

Óscar Fábrega, conductor del programa, con los participantes. Muchas Gracias a Maite F. Muga, autora de las capturas de pantalla de las imágenes en directo.

Los personajes de la novela son fantásticos… ¡y hay muchísimos! Cada uno con su propia personalidad y evolución, todos ellos bien descritos, les vas conociendo en cada página y, a la vez, te van sorprendiendo hasta el punto de que llegas a sospechar de todos ¿Quién será el asesino? Cuando crees que lo sabes, un personaje que parecía oscuro se muestra amable, o viceversa. Esa intriga se mantiene hasta el final, lo que supone una de las genialidades que toda novela negra debe alcanzar, y Alberto lo logra. Luego están las sorpresas para quienes encontramos parecidos más que razonables entre las descripciones de algunos personajes y amigos comunes… Aquí no voy a hablar de ninguno, pero sí que me hubiese gustado hacerle a Alberto Cerezuela una pregunta que, al final, no he hecho, tal vez por si le obligaba a desvelar algo de la novela… Héctor Coronado ¿tiene algún tinte biográfico?

Alberto Cerezuela

Si contaré que, aunque no soy yo, que lo sé, me ha encantado encontrar a una Alma en el libro “Alma, la chica nueva… destacaba por su simpatía” (pag. 124) para luego encontrar mi antítesis, “Pilar, la encargada de las redes sociales, que tenía gesto serio” (pag. 127). La novela insiste en el carácter serio y tajante de este personaje: “…dijo Pilar de forma serie y contundente”; “Era una mujer cuadriculada” (Pag. 128). He visto un poco como las dos versiones de mi moneda, Alma y Pilar, simpatía y seriedad.

AlmaLeonor_LP… AKA… Pilar López

Y la música, claro. Quizá una de las partes más personales de la novela, además de Almería, son las muchas canciones de las que habla, a las que recurre para mostrar los sentimientos de los personajes, sus pensamientos, sus miedos, inseguridades… y seguridades. Son muchas canciones y muchas citas de canciones, bueno, citas de todo tipo. A mí que me gustan muchísimo las citas, ha sido una de las cosas que más me han gustado. Muchas citas, muchos libros, muchos autores, mucha música…

Raquel Berenguel

Como digo,  a mi me gustan mucho las citas y en El Refugio de los Invisibles  hay muchas citas y frases. También sobre mentiras, un tema que me sigue apasionando: “No hay nada más engañoso que un hecho evidente”. Sherlock Holmes (pag. 409); “Líbrame, señor, del labio mentiroso y de la lengua embustera… Mientras yo proclamo la paz, ellos prefieren la guerra”. Salmo 120 (pag. 34).

Las Mentiras, a veces, no son cuestión de blancos y negros, también son de grises. Así lo expresa Héctor Coronado, que parece conocer muy bien la mentira… “¿Acaso existe lo verdadero y lo falso? ¿La verdad y la mentira? ¿Incluso lo bueno y lo malo? Yo creo que todo está sujeto a la interpretación. Y a la empatía. A ponernos en el lugar de los demás. Antes yo era de blanco o de negro, pero ahora sé que existe el gris. A veces no tenemos más opciones que transformar la verdad, que disfrazarla, convertirla en una mentira porque nos enfrentamos a situaciones que nos sobrepasan. Y que hasta nos destrozan” (pag. 79). Yo es que creo que la mentira es, precisamente, la mayor falta de empatía, pero supongo que algo de razón tiene Coronado.

Rocío Juárez

Héctor Coronado es un personaje fascinante.  En un momento dado cita la obra de El Principito, pero su libro favorito es Alicia en el país de las maravillas (pag. 202). Coronado es un personaje muy complejo que juega con la mentira, el amor y la locura de una forma magistral: “Realmente, no hay nada más fácil que la confianza. Nos libera cuando la conseguimos, pero si la perdemos es casi imposible de recobrar. Por eso dudamos en quien confiar. El ser humano es traidor por naturaleza… La confianza te hace débil, vulnerable. Puede llegar a paralizar tus sentidos. Por eso, si solo confías en ti mismo, no te quemarás jamás“. Y un diálogo casi, casi, de Johnny Guitar entre Héctor y Martina:

“-No quiero que me mientas más Héctor

“-Todo el mundo miente…”

“-Solo mienten los malos

“-Te equivocas. Los malos mienten para meterse en tu cama; los buenos mienten para meterse en tu corazón.”

Yo, personalmente, pienso que a veces es al revés ¿no? Pero claro, también dice que “hay pocas cosas tan engañosas como una sonrisa” (pag. 133). Menos mal que esto no afecta a mi personaje sosías, Alma… hala, ya he desvelado algo… Alma, no miente respecto a su simpatía, espero que me perdone Alberto.

Jorge Barroso

Por debajo de todo, el tema subyacente sigue siendo el amor… es inevitable hasta en una novela negra. El amor, los amores prohibidos, las pasiones ocultas, los amores recordados, los olvidados, las promesas de amor: “el amor verdadero permanece grabado a fuego en nuestra memoria y no se borra… todo el mundo busca el auténtico amor, pero algunos hubieran deseado no haberlo encontrado nunca“… Y las traiciones, que a veces devienen en obsesiones, en deseos inconfesos, en desencantos… en los invisibles. Y, finalmente, sobrevolándolo todo, la muerte, una presencia que una se encuentra desde las citas del principio: “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que  no los roba muchas veces, y definitivamente”. François Mauriac (pag. 63).

No llegué a decirle en mi intervención a Alberto que también me ha llamado la atención, la tremenda actualidad de su novela. No es solo una novela en la que se habla de historia, sino que tiene muy presente temas tan actuales como las redes sociales, los escritores autoeditados, los programas de radio, los investigadores del misterio… casi se podría decir que entre la historia, la música, Almería, los misterios, los temas más actuales, etc., la policía parece ser la que menos protagonismo tiene, algo inusual en una novela negra.

El faro del fin del mundo - Wikipedia, la enciclopedia libre

Por cierto, programa de radio del que se habla en la novela se llama El Faro del Fin del Mundo, una fantástica novela de Julio Verne y cuyo faro existe en realidad en una isla situada en Tierra de Fuego y una réplica en La Rochelle, en Francia, que tengo anotado desde ya para visitar. He estado dos veces en La Rochelle y en ninguna de ellas nos hemos acercado a verlo. ¡¡Mecachis!!

Para terminar, me encanta el poema de Blas de Otero que cita Alberto en su novela, un poema titulado, Pido la paz y la palabra. Es uno de mis poemas favoritos que figura en HELICON desde hace mucho y que he compartido alguna vez más en las redes. En HELICON, en una entrada del 21 de abril de 2008, ese poema acompaña a otro de Blas de Otero que también me gusta mucho y con el que me despido. ¡Gracias Alberto Cerezuela por esta novela y muchas gracias a Oscar Fábrega por la invitación a tu programa! 

EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

AlmaLeonor_LP

 

 

 

 

 

MALDAD LÍQUIDA

MALDAD LÍQUIDA

Imagen: Dima Rebus

El mal no es algo novedoso; ha estado con nosotros desde tiempos inmemoriales. Pero sí hay algo nuevo en el tipo de maldad que caracteriza nuestro mundo contemporáneo líquido-moderno. El mal se ha vuelto más penetrante, menos visible, se oculta en el tejido mismo de la convivencia humana y en el curso de su rutina y reproducción cotidiana. En su forma presente, el mal es difícil de detectar, desenmascarar y resistir. Nos seduce por su ordinariedad y luego salta sin previo aviso, golpeando aparentemente al azar. El resultado es un mundo social que es comparable a un campo minado: sabemos que está lleno de explosivos y que las explosiones ocurrirán tarde o temprano, pero no tenemos ni idea de cuándo ni dónde ocurrirán.

Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis

JULIO ANGUITA

JULIO ANGUITA

 Imagen: Sesión fotográfica en Madrid el 6 de julio de 2013 junto a Julio Flor, para el libro “Contra la Ceguera”

 

“La tercera razón por la que Julio Anguita es hoy un ex dirigente revalorizado radica en su forma de comunicación política y en su forma de vida. Julio Anguita es un político crecido en la disputa e indiferente (incluso antipático) ante el halago. Esa actitud muestra una personalidad política fuerte y muy segura de sí misma, difícil pero no vanidosa. Ese porte se complementa con una capacidad de comunicación refinada, basada en la explicación racional, directa, serena, reiterativa y didáctica de sus propuestas. Una forma de comunicación que contrasta con la retórica habitual de los políticos profesionales, que se mueve entre la frase prefabricada del asesor, la jerga técnica, la visceralidad calculada o desatada y el desatino gramatical.

Finalmente, un valor añadido de Julio Anguita es su forma de vida, máxima si se compara con los dirigentes de hoy… Estamos en un tiempo de corrupción de la política y de corrupción de la política…Frente a ello, la figura de Julio Anguita emerge con la fuerza de la excepcionalidad. Se trata de un ex dirigente político que no ha cruzado puertas giratorias y que a diferencia de lo que suele ser tan habitual en la izquierda no ha hecho de su compromiso originario un ascenso social.”

Juan Andrade
“Atraco a la memoria: Recorrido Histórico por la vida de Julio Anguita” (2016).
Portada

En memoria de Julio Anguita,
fallecido el pasado día 16 de mayo de 2020. DEP

LA CÉLEBRE RANA SALTARINA DEL DISTRITO DE CALAVERAS

LA CÉLEBRE RANA SALTARINA DEL DISTRITO DE CALAVERAS

Imagen del Reader’s Digest

Cumpliendo la petición de un amigo mío que me había escrito desde el Este, visité al bonachón y parlero Simón Wheeler, y le pregunté por el amigo de mi amigo, Leonidas W. Smiley, según se me había pedido, y doy a continuación el resultado de mi visita.

Tengo una vaga sospecha de que Leónidas W. Smiley es un mito; de que mi amigo no conoció jamás a semejante personaje, y que él había conjeturado únicamente que, si yo preguntaba por él al viejo Wheeler, mi pregunta le haría recordar a su infame Jim Smiley, y entonces entraría en acción y me mataría de aburrimiento con alguno de sus irritantes recuerdos de dicho individuo; con algún recuerdo tan largo y tan aburrido como inútil para mí. Si era eso lo que se proponía, lo consiguió.

Encontré a Simón Wheeler cómodamente adormilado junto a la estufa del salón del bar de la destartalada taberna en el ruinoso campo minero del Ángel, y me fijé en que era hombre gordinflón y calvo, y que tenía en su rostro sosegado una expresión de cautivadora gentileza y simplicidad. Se despertó y me dio los buenos días.

Simón Wheeler me hizo sentar en un rincón, me bloqueó allí con su silla, y acto continuo se sentó él, y me largó el monótono relato que sigue. Yo dejé que hablase a su manera, sin interrumpirle ni una sola vez.

–El reverendo Leónidas W., digo, el reverendo Leónidas, recuerdo…; bueno, había antes en este lugar un pícaro llamado Jim Smiley, allá en el invierno del año cuarenta y nueve…, o quizás fue en la primavera del cincuenta… No recuerdo con exactitud, pero lo que me hace pensar que era uno u otro de esos años, es que la gran barrera del río no estaba terminada cuando él llegó al campamento; pero, sea como sea, siempre diré que jamás se ha visto hombre más particular: hacía apuestas sobre cualquier cosa, por cualquier cosa que a uno se le ponía por delante, con tal que hubiese alguien que apostase en contra; y si no había quien apostaba en contra, entonces era él quien apostaba contra el que apostaba a favor. Lo que él quería era que otro apostase, y él se acomodaba siempre a la apuesta… Con tal de apostar, estaba satisfecho. Por otra parte, era un hombre con suerte, con una suerte extraordinaria: casi siempre ganaba. Andaba siempre al acecho de una oportunidad y dispuesto a aprovecharse; no había cosa que saliese a la conversación que no le sirviese a Jim Smiley para hacer una apuesta, dejando al contrario la elección, según ya le he dicho.

Llegaba hasta tal extremo de que si descubría un escarabajo alzando una pata para ir no importa adónde, le apostaba a usted el tiempo que tardaría en llegar… adondequiera que fuese, y si usted le aceptaba la apuesta, era capaz de seguir al escarabajo hasta México, con tal de averiguar adónde se dirigía y el tiempo que invertía en el camino.

Un día atrapó una rana, la llevó a su casa y dijo que iba a educarla. Durante tres meses no hizo nada más que estar en su patio trasero enseñándole a saltar. ¡Y vaya si la enseñó! No tenía más que darle un empujoncito por detrás, ¡y viera usted un instante después a la rana remolineando por los aires como un buñuelo! ¡Viérala usted dar un salto mortal, y hasta dos, si arrancaba bien, y caer al suelo clavada de pies, sin molestia alguna, lo mismo que un gato! Le había enseñado también el arte de atrapar las moscas, y tan pacientemente la había adiestrado sobre el tema, que no se escapaba una de cuantas se ponían al alcance de su vista. Decía Smiley que todo lo que una rana necesite es que la eduquen, y que una rana educada era capaz de cualquier cosa… y yo creo que tenía razón. Yo le he visto poner aquí, en este mismo suelo, a Daniel Webster… (así se llamaba la rana) y cantarle: “Moscas, Daniel, moscas”; antes de que tuviera uno tiempo de parpadear, y ya la rana había pegado un salto, había atrapado una mosca allí, encima del mostrador, saltando otra vez al suelo, quedándose tan fija como un pegote de barro, y poniéndose a rascar un lado de la cabeza con la pata trasera, con la misma indiferencia que si creyese que lo que ella había hecho podía hacerlo cualquier otra rana. Con todas las habilidades que tenía, no habría podido encontrar usted otra rana más modesta. Y cuando se trataba de saltar sobre un terreno liso, avanzaba de un solo salto una distancia que ningún animal de su especie era capaz de salvar. Porque el salto en largo era su especialidad. En esos casos, Smiley apostaba todo por su rana mientras le quedaba un dólar disponible. Smiley estaba monstruosamente orgulloso de su rana, y bien podía estarlo, porque gente que había viajado y estado en todas partes aseguraba sin excepción que aventajaba a cuantas ranas ellos habían visto.

Pues bien: Smiley guardaba su rana en una pequeña jaula, y a veces la llevaba con él al campamento, para hacer apuestas. Cierto día, un individuo, extraño en nuestro campamento, lo encontró con su jaulita y le dijo: “¿Qué diablos es lo que puede usted llevar en esa jaula?”. Y Smiley contestó, haciéndose el indiferente: “Pudiera ser un loro, pudiera ser un canario; pero no es un loro ni un canario…, porque es una rana”.

El otro la tomó, la miró atentamente, la volvió a mirar en todos los sentidos, y luego dijo: “Pues sí, es una rana… ¿Y para qué sirve esto?” “Verá usted –dijo Smiley con soltura y despreocupación–, sirve, por lo menos, para una cosa, creo yo… salta más que ninguna otra rana del distrito de Calaveras”. El individuo volvió a tomar la jaula, y la examinó de nuevo con gran atención y durante largo rato, y luego se la devolvió a Smiley, diciéndole muy pausadamente: “Pues yo no le veo a esta rana nada de particular que no tenga cualquier otra rana.” “Quizás usted no lo vea –dijo Smiley–. Es posible que usted entienda de ranas y es posible que no entienda; a lo mejor tiene usted experiencia en ranas y a lo mejor no es usted sino lo que diríamos un aficionado. En cualquier caso, yo tengo mi opinión, y apostaré cuarenta dólares a que le gana a saltar a cualquier otra rana del distrito de Calaveras”.

El otro pensó un minuto, y luego dijo, con cierta pena: “Mire, en este lugar no soy más que un forastero, no tengo rana. Si tuviera una, apostaría”.

Entonces Smiley le dice: “Perfectamente, perfectamente; si quiere cuidar mi jaula por un instante, yo le buscaré una”.

El individuo tomó la jaulita, puso sus cuarenta dólares junto a los de Smiley y se sentó a esperar que este regresara.

Allí estuvo un buen tiempo, pensando y pensando para sus adentros, hasta que sacó la rana de la jaula, le abrió la boca de par en par, sacó una cuchara de té y atiborró a la rana de perdigones de codorniz…; la atiborró hasta que se le salían casi por la boca…; y la puso en el suelo. Durante ese tiempo, Smiley, que había ido a la charca, chapoteaba en el barro. Al fin, atrapó una rana, la llevó y se la dio al individuo, diciendo: “Ahora, si ya está listo, póngala al lado de Daniel, con las patas de adelante al nivel de las de Daniel, y yo daré la señal”. Entonces dice: “Uno, dos, tres, ¡ya!”. Y él y el forastero dan un golpecito por detrás a sus respectivas ranas. La nueva rana salta con gran agilidad, pero Daniel hace un esfuerzo y da un empujoncito hacia arriba, se encoge de hombros…, así… como un francés…, pero en vano. No pudo moverse; estaba tan bien asentada como una iglesia, y tan imposibilitada de moverse como si estuviera atornillada. Smiley estaba terriblemente sorprendido, y también enojado, pero, por supuesto, no podía sospechar lo que pasaba.

El individuo tomó el dinero y se fue. Pero cuando llegó al umbral de la puerta, hizo chasquear su pulgar, por encima del hombro, de esta manera, con aspecto insolente, y dijo con soberbia: “Pues, la verdad, no le veo a esta rana nada de particular que no tenga cualquier otra rana”.

Smiley quedó un buen rato, rascándose la cabeza, con los ojos clavados en Daniel. Al fin, se dijo: “¿Por qué diablos hizo esta rana como que quería escupir?… ¿No le pasará algo?… Desde luego, parece como inflamada”.

Entonces tomó a Daniel por la piel del cuello, la levantó, y exclamó: “¡Por vida de mis gatos, si no pesa lo menos cinco libras!”. La puso boca abajo, y la rana vomitó dos puñados de perdigones. Entonces, Smiley comprendió todo. Se volvió loco de rabia, y dejando a la rana, corrió tras el individuo, pero no pudo alcanzarlo. Y…

Al llegar a este punto, Simón Wheeler oyó que le llamaban desde el patio y salió para ver quién era. Al salir, se volvió hacia mí y me dijo: “Quédese donde está, forastero, y descanse a su gusto, que no tardo ni un segundo”.

Pero con permiso de ustedes, no creí que la historia del emprendedor vagabundo Jim Smiley pudiera proporcionarme muchos datos referentes al reverendo Leónidas W. Smiley, y me marché.

Me tropecé en la puerta con el acogedor Wheeler, que ya volvía, y que tomándome por un botón del saco, volvió a empezar: –Pues, como digo, este mismo Smiley tenía una vaca amarilla, que era tuerta, y que no tenía cola, o casi no la tenía, nada más que un pequeño rabo del largo de una banana, y…”.

Pero yo no tenía ni tiempo ni ganas para oírle contar lo de la desdichada vaca, y me despedí y me fui.

Mark Twain

Narrativa Breve (Francisco Rodríguez Criado)

CERVEZAS Y VACUNAS

CERVEZAS Y VACUNAS

Imagen: Dima Rebus

Se había desatado otra epidemia de sarampión en los campos de SWAPO (South West Africa People’s Organisation, Organización del Pueblo de África del Sudoeste). Era incomprensible. La segunda vez que teníamos problemas de salud graves en pocos meses después de haber vacunado a todo el mundo. Ya había varias docenas de niños muertos. Certificamos que habían sido vacunados en el registro de cada campamento. Mandé, por avión, muestras de las vacunas recibidas. De las que estaban en Luanda y de las que trajimos de regreso de los campamentos. Se tomaron entretanto medidas para frenar la epidemia en lo posible. Días después, nos enviaron los resultados: las que estaban en Luanda, estaban bien, pero las de los campamentos eran inservibles.

Tenía que ser la cadena de frío. Las vacunas en general, pero las de sarampión en particular, son muy sensibles a los cambios de temperatura y pierden su eficacia si bajan o suben más allá de un limitado margen. Y ése es el problema habitual en casi todas las emergencias. Pero ésta no era una emergencia. La cadena de frio para mantener las vacunas estaba instalada y era revisada regularmente por un equipo médico que trabajaba con nosotros. La última revisión se había hecho hacía unas semanas. Tenía sólo cuatro escalones: el almacén central, uno regional en la zona de la SWAPO, uno por campo de refugiados (había seis) y uno por sección en cada campo. Los frigoríficos eran de gas, por no haber electricidad, pero eficaces.

Decidimos hacer una investigación por sorpresa, sin anunciarnos y ver qué pasaba. La cosa fue bien hasta el tercer escalón. Empezamos por uno de los campamentos. Llegamos y, sin dar tiempo a nadie, fuimos al puesto de salud y entramos, ante la sorpresa de los funcionarios de salud de SWAPO, en el almacén. Abrimos el frigorífico. Estaba lleno de cervezas. Las vacunas, en un armario. No les dio tiempo a hacer el cambio. Casi los abofeteo. Los insulté hasta quedarme ronco. Hasta cansarme. Llegó un responsable superior y se agarró un cabreo mayor al mío. Casi noventa muertos ya, sólo en ese campamento. Eran unos criminales.

Agarré al responsable superior y lo llevé conmigo al segundo campamento. Lo mismo, sólo que allí había también algo de carne de venado. No seguimos.

Tardé varios días en encontrar una solución y la que escogí parecía un tanto absurda. Pero me pareció la más realista. Además de las medidas drásticas que imagino tomó la SWAPO (probablemente, fusilar a alguno de los responsables) decidí comprar más frigoríficos y poner dos en cada eslabón de la cadena: uno para cervezas, el otro para vacunas.

Y funcionó. Os aseguro que funcionó.

Jose Mª Mendiluce
Con rabia y esperanzas” (1997)

FRASES CON IMÁGENES (CIV)

FRASES CON IMÁGENES (CIV)

Imagen: Charles Leval (París)

 

Unas líneas más atrás he dicho que nada he inventado; quiero ahora rectificar mi aserto. Me he tomado la libertad, común a todos los historiadores desde los tiempos de Heródoto, de poner en labios de los personajes de mi narración discursos que jamás les oí ni podría haber escuchado. He hecho esto por idénticos motivos que movieron a los historiadores a hacerlo: para dar vida y verosimilitud a las escenas que resultarían poco convincentes si me limitase a narrarlas.

 W. Somerset Maugham
“El Filo de la Navaja”