FLAN DE CUAJADA

FLAN DE CUAJADA

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FLAN DE CUAJADA

Si alguna vez me oyen decir que un postre es tan fácil de hacer que hasta puedo hacerlo yo… créanme, es muy fácil de hacer. Facilísimo. Porque a mí no me salen bien los postres… ni el flan de sobre, que solo hay que seguir las instrucciones, me sale bien… los flanes me salen natillas y las natillas… leche avainillada. O eso, o todo una piedra. Total que no, que no soy yo de hacer postres, que no me salen. Aunque en honor a la verdad, he hecho ya unos cuantos siguiendo recetas que voy encontrando por ahí y aunque no quedan tal cual la receta (me dicen que las recetas nunca quedan tal cual las recetas, pero no es cierto, seguro), pues me han quedado bastante bien, la verdad…

Pero el Flan de Cuajada le he hecho varias veces, muchas, siempre sin mirar receta, y siempre me ha quedado muy rico. Y como me sale bien y queda rico, le repito varias veces, y como le repito varias veces, pues me sale bien y queda rico… al final mi vida culinaria es un bucle.

Vamos al lío. Para empezar este flan es muy corriente, ya le he escuchado a mucha gente decir que lo hace, pero yo no había oído hablar de él hasta que no se lo vi hacer a mi cuñada. Mi madre es muy buena cocinera. Siempre ha hecho los flanes en casa y además grandotes, ricos, con huevo o sin huevo, caseros, de los que se metían en la olla expres y con el caramelo recién hecho con paciencia y a la lumbre… riquísimos. Pero ya no se molesta tanto. Aún hace alguno de vez en cuando, pero por lo general ya no hace postres caseros. Sin embargo yo nunca llegué a aprender de ella esta ciencia… porque hacer postres es una ciencia. No basta con seguir una receta, hay que saber batir bien, hay que saber medir bien, hay que saber cuándo la leche hierve en un cazo y hay que saber ponerle mucho cariño y mimo, sobre todo cuando la batidora te pone toda la cocina perdida, los cacharros que una tiene no son los adecuados, y la leche se acaba pegando en el cazo… total que no… que para hacer postres, casi que hay que nacer.

O tener una cuñada a la que tampoco le quedan bien los postres y se apunta a todo lo que sea fácil y sin complicaciones. Como este flan. Pues un día vi como lo hacía y… ¡voilá! Ya no necesité más… desde entonces le hago varias veces, me sale bien y queda rico… creo que esto ya lo he dicho.

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FLAN DE CUAJADA

Ingredientes Para una bandeja grande como la de la foto (si se quiere hacer más pequeño, solo medio litro de leche y un solo sobre de cuajada):

1 litro de leche entera

1 paquete de sobaos pasiegos

1 bote de caramelo líquido

1 paquete de sobres de cuajada (se utilizan dos).

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INGREDIENTES

Preparación:

Se coge el recipiente donde vayamos a hacer el flan (también lo he hecho alguna vez en recipientes individuales y queda muy bien) y se pone caramelo líquido hasta que lo cubra todo. No hace falta que sea una capa gruesa, solo que haya caramelo líquido por todo el fondo.

Se ponen por encima sobaos pasiegos hasta cubrir totalmente el fondo, sin huecos.

Se hacen uno o dos sobres de cuajada (dependiendo de la cantidad que uno quiera hacer) siguiendo las instrucciones del paquete. No voy a decir más, mejor hacerlo tal y como dice el paquete. Y una vez listo se echa la leche por encima de los sobaos.

Notareis que los sobaos suben hasta la superficie, no hay problema. Se me olvidó decir que el recipiente tiene que ser planito, no es un flan para que quede alto, sino bajito.

Una vez hecho todo esto, se coge el recipiente, se mete en el frigorífico y se esperan unas horas hasta que veamos que ha cuajado. De la mañana a la tarde suele ser suficiente.

¡¡Y ya está!!

Tan fácil como eso.

Si uno quiere que quede bonito se puede adornar con una guinda roja y un poquito de nata montada, o simplemente tal cual. Nosotros no solemos dar la vuelta al flan porque le hago en un recipiente como el de la foto y no tengo nada lo suficientemente grande como para darlo la vuelta. A veces hago uno en una bandeja de cristal más pequeña y nos ponemos delante cuchara en mano y cae casi entero… por eso los vasitos individuales suelen ser una buena solución para medir las raciones.

Os aseguro que está rico, rico…

AlmaLeonor

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LA TRUFA, PROTAGONISTA DEL OTOÑO

LA TRUFA, PROTAGONISTA DEL OTOÑO

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La Trufa Negra (latín Tuberme lanosporum) es, desde la antigüedad, uno  de los hongos comestibles otoñales más populares entre los gourmets. Sólo crece en suelos calcáreos a una profundidad de 1-15 cm en la base de árboles como el roble, el avellano, la encina… Se desarrolla y crece hacia mediados de agosto y madura varios meses después (entre diciembre y febrero). Su muy poderoso perfume acabó convirtiéndola en una estrella de temporada para los chefs de todo el mundo.

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Grabado en color tomado del “Herbario Francia, o, Colección completa de plantas nativas que reino; sus propiedades y sus usos en la medicina por el Sr. Bulliard”. París 1780-1793

Al parecer, la Trufa Negra, era ya conocida por los egipcios, quienes la preparaban rebozada en grasa y cocida “al papillote”. Los griegos y romanos les atribuían virtudes afrodisíacas, una de las razones por las que en la Edad Media no eran bien vistas. Entonces se consideraban algo así como una manifestación del demonio, tanto por su color y aspecto amorfo como por el lugar donde se encontraban, bosques considerados moradas de brujas y hechiceros. Por estas causas las trufas no aparecen en ninguna receta de los libros de cocina medievales, hasta que se populariza brevemente en el Renacimiento y posteriormente, a principios del siglo XVIII, se empezaron a  buscar, localizar y cosechar, con la ayuda de cerdos y perros.  Entonces las trufas empezaron a ser objeto de gran lujo y se servían únicamente en las mesas de poderosos señores recuperando así, gracias a los cocineros de la época, el fervor perdido.

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Hoy en día, las trufas se siguen considerando como un alimento de gran poder afrodisíaco y sobretodo como aromatizante por excelencia, para condimentar variedad de platos exquisitos y darles un toque de distinción personal.

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Tradicionalmente la búsqueda de trufas era realizada por cerdos adiestrados, pero se las comían, por lo que actualmente se adiestran perros para ello.  Para encontrarlas hay que ir a un bosque de encinas (o de avellanos o de robles), y una vez allí localizar un “trufero”, un lugar con apariencia “a quemado”, como de tierra estéril, donde apenas crece hierba. Entonces el perro se encargará, olfateando, señalando y escarbando, de localizar el lugar exacto donde se encuentra el manjar. Es en este momento cuando entra en acción el buscador de trufa con un instrumento especial adecuado para escarbar la tierra. En algunas ocasiones la trufa se pudre y queda el olor, confundiendo con ello al perro.

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Conservarlas siempre supuso un problema. La forma tradicional consistía en recoger trufas que no estén dañadas por el agua y meterlas en un recipiente, alternando una capa de trufas y otra de serrín seco hasta cubrir por completo y se cierra al vacío. Se conservaban de esta manera en un lugar frío durante un poco tiempo.

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Las trufas pierden de un 10 a un 20% de su peso cuando son lavadas, entre la tierra que llevan en el momento de recogerse y la deshidratación que sufren hasta que se vende. Son muy populares en Francia los Mercados Especializados de Trufa, como en San Alvère (Dordoña), que se celebra todos los lunes de diciembre a febrero, y en Sarlat (los sábados de diciembre, enero y febrero), en el Perigord Noir, donde se pueden encontrar algunas de las mejores trufas negras francesas, tan alabada por el periodista Julio Camba (1882-1962) en su libro “La casa de Lúculo o el arte del bien comer” (1929):

“El que no haya tomado nunca una buena trufa asada en las julio cambacenizas del carbón de encina o cocida al vapor de un vino respetable, no sabe lo que son las trufas. La trufa es el producto más misterioso y más prodigioso de la tierra…

Las setas nos ofrecen el perfume del campo y de los bosques; esto es, el perfume superficial de la tierra. Las trufas, en cambio, nos ofrecen su esencia más íntima y entrañable. Tomarse una buena trufa, una de esas trufas de color ébano, gordas como el puño, que solo, ¡ay!, se producen en Francia –nuestras pobres criadillas de tierra, aún los tartufo bianchi italianos, son una especie de patatas comparadas con las trufas del Périgord–, equivale a un acto religioso, porque nos da un nuevo sentido del mundo y de la vida.”

El espíritu viajero de Camba, que ejerció como corresponsal de prensa en Nueva York, Londres, Berlín y París, no sólo le permitió conocer de primera mano las comidas y bebidas de los principales países del mundo, sino que también acabó enemistándole con el ajo, “aromatizador” por excelencia en la cocina española. Toda su experiencia y saber lo reflejó en uno de sus mejores libros, “La casa de Lúculo o el arte del bien comer” (1929), donde plantea una filosofía de la vida a través del paladar, saltándose todas las fronteras conocidas e imponiendo el sentido común y el humor al arte de la gastronomía, que él siempre atribuyó a las clases medias antes que a los estómagos opulentos:

juliocamba1929“La cocina española está llena de ajo y de preocupaciones religiosas. El ajo mismo yo no estoy completamente seguro de que no sea una preocupación religiosa, y por lo menos, creo que es una superstición. Las mujeres de mi tierra natal suelen llevarlo en la faltriquera para espantar a las brujas, y sólo cuando el bulbo liláceo ha perdido su virtud mágica en fuerza de rozarse con la calderilla, se deciden a echarlo a la cazuela. Es decir, que el ajo lo mismo sirve para espantar brujas que para espantar extranjeros. También sirve para darle al viandante gato por liebre en las hosterías, y aquí quisiera ver yo a los famosos catadores de la corte del Rey Sol, que, al comer un muslo de faisán, averiguaban, por la firmeza de la carne, si aquel muslo correspondía a la pata que el faisán replegaba para dormirse o a la otra…”

trufablancaLa tartufo bianchi, o Trufa blanca (Alba), de la que hablaba Julio Camba es una variedad exclusiva del Piamonte italiano. Su temporada de recolección abarca desde el 15 de noviembre al 15 de enero aproximadamente. El perfume intrigante y fragante de la tartufi es muy particular, hasta el punto de que Jean Anthelme Brillant-Savarín (1755-1826), afamado autor del primer tratado de gastronomía, llamado “Fisiología del Gusto” (1825), escribió que la trufa es el “diamante de la cocina”. A Brillan-Savarín se le atribuye la frase “Dime lo que comes y te diré lo que eres”, frase que ilustra la lápida de su tumba en el cementerio de Père-Lachaise de París.

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Los precios de la trufa, a nivel mundial, son cada vez más elevados, ya que año tras año, la producción va mermando y la calidad del producto va aumentando. La Trufa Blanca, la más cara en cuanto a precio final al consumidor, puede alcanzar entre 3500 y 5000 €/kg.

IMG_6657-1024x1017En la edición de febrero de 2013 de la Madrid-Fusión, Andrea Tumbarello, Chef del restaurante del Hotel Índigo de Madrid y del Don Giovanni de Marbella, pagó 8600€ en la Subasta Benéfica por una Trufa Blanca de Asti de 375 gramos. Tras esta su cuarta victoria consecutiva, Tumbarello afirmó: “Ha sido un gesto de amor por la trufa, por el orgullo de tenerla; es mi producto preferido, no lo hago por publicidad” El dinero recaudado fue a parar a la Fundación Luis Ganella, dedicada a ayudar a mujeres discapacitadas.

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Grabado en color tomado del “Herbario Francia, o, Colección completa de plantas nativas que reino; sus propiedades y sus usos en la medicina por el Sr. Bulliard”. París 1780-1793

El aroma de la Trufa, ya sea la Negra del Perigord, o la Blanca de Piamonte es muy particular y puede no agradar las primeras veces que se prueba. Sin embargo, parece que utilizándola en su justa medida, se acaba apreciando y disfrutando. Una alternativa viable para aromatizar con trufa es el aceite aromatizado, muy adecuado para muchos tipos de platos. Se recomienda utilizar el producto de marcas reconocidas para no acabar consumiendo aromas artificiales.

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La Trufa, pues, se puede utilizar en multitud de platos y tiene infinidad de aplicaciones, pero por si sola se puede preparar según algunas de las siguientes sugerencias:

Trufas en brocheta: 

Se pelan las trufas, se cuecen en agua, se sazonan con sal y se pinchan en una brocheta. Se asan ligeramente. Se sacan las trufas de la brocheta y se sirven con la salsa elegida.

También pueden cocerse con puerros y soasar ligeramente.

Salsas para trufas:

  • En una cazuela se pone aceite, garum (se puede encontrar envasado, una salsa asiática conocida como ñnoc-man), carenum, (Vino ácido obtenido por la cocción de mosto hasta la reducción a 1/3 parte de la cantidad)  vino, pimienta y miel. Cuando haya hervido se espesa con fécula.
  • Pimienta, aligustre, cilantro, ruda, garum, miel, vino y un poco de aceite. Se calienta y se sirve.
  • Pimienta, menta, ruda, miel, aceite y un poco de vino. Se calienta y se sirve.
  • Con el agua de cocer las trufas con puerros, se añade después sal, pimienta, cilantro picado, vino puro, un poco de aceite y se sirve.
  • Pimienta, comino, menta, ruda, miel, apio, vinagre o vino, sal o garum y un poco de aceite.

¡¡FELIZ DEGUSTACIÓN!!

 

Fuentes: Wikipedia y los distintos enlaces señalados pinchado en el texto e imágenes.

UN PAR DE PLATOS JAPONESES

UN PAR DE PLATOS JAPONESES

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Mi hijo va a participar en una fiesta japonesa en la que habrá demostraciones de todo tipo relacionadas con esta cultura asiática, entre ellas de cocina. Es el tercer año que participa en este evento y siempre practicamos en casa algunos platos japoneses. Hoy se había empeñado en preparar un par de ellos, así que hemos estado toda la mañana entretenidos. Primero buscando los ingredientes que nos hacían falta y luego cocinando. Finalmente la degustación ha sido una fiesta.

Las recetas las hemos extraído de “Como se prepara la cocina japonesa paso a paso” de Yoko Tanaka.

DOMBURI DE POLLO Y HUEVO

Domburi

El Domburi  (丼,?) es un plato típico japonés a base de pescado o carne que consiste en cocinarlo todo junto a verduras, huevos u otros ingredientes y servido sobre arroz. Se combina con una salsa que puede ser de dashi condimentado con salsa de soja y mirin. Las proporciones varían, pero normalmente hay tres a cuatro veces más dashi que shoyu (soja) y mirin (una especie de vino de arroz ligeramente dulce muy utilizado en cocina). En lugar de dashi (no lo hemos encontrado en la tienda) utilizamos caldo preparado, pero de pollo.

Nosotros hemos realizado el plato de pechugas de pollo, lo que viene a ser Oyakodon (親子丼) Domburi. Viene a significar “plato de padres e hijos” porque se junta el pollo (‘Oya’ = padres), con el huevo (‘ko’ = niños) en un ‘Don’ = tazón.

Ingredientes (estas medidas son para dos personas, nosotros las hemos doblado):

-Arroz Blanco (300-400 gr.)
-Media pechuga de pollo
-1 cebolla
-2 huevos
-3/4 de taza de dashi
-1/2 cucharada de azúcar
-1 cucharada de mirin
-1 cucharada de sake
-3 cucharadas de salsa de soja

Elaboración:

Preparar un arroz blanco cocido al gusto de cada uno. Mejor de grano corto, tipo SOS para que no quede suelto (la receta original es con arroz chino, ese que hay que lavar varias veces, dejar secar y luego cocinar…).

Cortar la pechuga de pollo en trozos regulares no muy pequeños y la cebolla muy fina. Saltearlos brevemente en una sartén y retirar. Quitar el aceite lo más posible (en la receta no dice que hay que saltearlo, pero yo si que lo he hecho).

En la misma sartén poner el dashi, el azúcar, el sake, el mirin y la salsa de soja a fuego fuerte. Cuando hierva agregar el pollo con la cebolla. Cuando vuelva a hervir, bajar a fuego medio y dejar que cueza el pollo.

Cuando esté listo, añadir los huevos batidos de forma uniforme y tapar la sartén inmediatamente sin mezclar. Cocer unos segundos y apagar el fuego, dejando que el huevo se cuaje en la sartén tapada. Ojo con esto. Si te gusta el huevo poco cuajado hay que retirarlo del fuego para que no se pase. Nosotros lo dejamos encima de la vitrocerámica un buen rato más porque queríamos el huevo un poco más cuajado.

Montar sobre cuencos, poniendo un  poco de arroz y vertiendo el  Domburi  caliente por encima.

YAKITORI

Yakitori

Es típico que este plato se encuentre en las muchas parrillas ambulantes de las calles de Japón y también en los restaurantes que abren al caer la tarde. A su olor acuden trabajadores antes de volver a casa. Se suele acompañar de una cerveza fría para mitigar el cansancio del día.

El Yakitori (焼き鳥, やきとり), es un tipo de brocheta de pollo japonesa, que admite múltiples preparaciones.  Las brochetas de trozos de pollo se llaman Yotsumi (四つ身) y las albóndigas de pollo, que es lo que hemos preparado nosotros, Tsukune (つくね)

Ingredientes (Igualmente doblados):

-200 gr. de pollo picado
-Un tallo de cebolleta tierna
-1/2 trozo de jengibre (lo hemos usado en polvo)
-1 cucharada de sake
-1/2 cucharadita de sal

Para la salsa: 2 cucharadas de azúcar; 4 cucharadas de sake; 4 cucharadas de mirin; ½ taza de salsa de soja. Si preparas las brochetas de pollo, hay que dejar macerar los trozos en esta salsa durante unos 10/15 minutos.

Elaboración:

Lo primero que hemos preparado es la salsa, mezclando bien todos los ingredientes (recordad que los hemos doblado) en una cazuela. Una vez bien mezclado todo con varillas poner la cazuela a fuego fuerte. Cuando hierva, bajar el fuego y dejar que espese sin dejar de remover (no espesa mucho, queda como un jarabe).

Luego hemos preparado las albóndigas mezclando la carne de pollo con el jengibre, la sal y el tallo de cebolleta muy picado añadiendo la cucharada de sake. Hemos dado forma a las albóndigas con una taza enharinada (de un tamaño medio) y las hemos ido friendo en una sartén a fuego fuerte. Este paso debería hacerse a la parrilla para ser el plato original, pero quedan muy bien en sartén.

Una vez terminado hemos calentado de nuevo la salsa para montar el plato. Ponemos tres albóndigas en cada brocheta, las colocamos sobre un plato y vertemos un poco de salsa por encima dejando el resto en un servicio aparte para utilizar al gusto.

Una cervecita fría ha sido nuestro complemento a esta magnífica comida de hoy… que no será la única japonesa en los próximos días.

 

Por cierto, hoy celebramos el séptimo aniversario de HELICON. Empezó a caminar un 10 de junio de 2006. ¡¡FELICIDADES!!

 

 

 

¡UN CAFÉ CON LECHE POR FAVOR!

¡UN CAFÉ CON LECHE POR FAVOR!

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  • Me gusta en VASO. Bueno, en realidad me da igual que sea en vaso o taza. Ergonómicamente prefiero la taza, me gusta tomarla por su asita y no tocar el recipiente. Pero tiene que tener las paredes finas. No me gustan las tazas gruesas y por eso no me gusta usar mug, y eso que me encantan sus diseños. Al final elijo un vaso. Con el cristal de un vaso me aseguro un grosor adecuado.
  • El CAFÉ tiene que ser reposado. Sé que puedo ser tachada de “mala cafetera”, pero no me gusta el café recién hecho… matizo. Me gusta el café solo recién hecho, pero de cafetera de casa, de la tradicional italiana de toda la vida, no de la cafetera industrial de un bar, ni de máquina expendedora. Pero para tomar con leche me gusta de cafetera de goteo, eléctrica, y reposado, hecho el día anterior, o al menos unas horas antes. La cantidad también es importante: Hasta que cubra la parte ancha de la cucharilla y ésta no de café, sino de postre.
  • Ahora la LECHE. Descremada. Hace mucho tiempo que solo tomo descremada porque la entera me sienta mal. La cantidad también es importante. Es mejor que no llegue al borde del vaso, pero lo importante no es eso, lo importante es que al mezclarse con el café adquiera el color adecuado. Ni muy oscuro ni muy claro. Hay un punto, difícil pero lograble, que es el adecuado. Y aunque parezca cosa de capricho, no lo es. Esa mezcla perfecta augura mejor sabor. 
  • AZÚCAR. Difícil. Hace tiempo también que utilizo un sustituto al azúcar tradicional, el aspartamo, en polvo. Pero no renuncio al azúcar si quiero lograr mejores resultados. Lo ideal son dos cucharadas y “la puntita” de la cuchara de una tercera. Solo una puntita, porque si es mucho está demasiado dulce, y si falta no llega al punto adecuado de dulzor. Recuérdese que hemos preparado una mezcla exacta de café con leche anteriormente, y esta es la razón de la cantidad medida de azúcar. Si falla la mezcla anterior, esta medida que explico fallará también. 
  • Y ahora el punto de CALOR. No crean que esto es lo más sencillo, no. Antes, teniendo que calentar al fuego en un cazo, era un trabajo ímprobo conseguir ese punto de calor maravilloso. Digamos que la cuestión entonces era no dejar que hierva, y retirarlo justo antes de que llegue al punto anterior a la ebullición. Ahora, con los microondas resulta más fácil, bueno, no tanto. En el mío ya tengo cogido el punto, y eso que conforme el microondas va teniendo sus años, hay que volver a calibrarlo. Al principio bastaba con un minuto, ahora he de poner un minuto y al acabar, un punto más. Y todo esto si la cantidad que hemos puesto en el vaso es la adecuada. Hay que volver al punto 3 para comprobar que no hemos llenado el vaso, en ese caso todas las medidas, incluida esta del punto de calor, hay que modificarlas. 
  • Y si pensamos que está listo tras esta operación, estamos errando. Hay que ESPERAR. Al sacarlo del microondas no se puede tomar inmediatamente. He descubierto que el gesto que hacemos de remover el azúcar tiene dos efectos: Uno, que se consigue homogeneizar todo el sabor al fusionar perfectamente los ingredientes entre sí; y dos, que el tiempo que empleamos en realizar esa tarea es el necesario para que el punto de calor acabe de alcanzar la perfección. Sin ese tiempo de espera no es lo mismo.

Y ahora si…. ¡¡A disfrutar de un estupendo café con leche para el desayuno!!

AlmaLeonor

Imagen: Andrea Slater

BROWNIE DE CHOCOLATE

BROWNIE DE CHOCOLATE

Encontré por casualidad una receta de Brownie de Chocolate que me pareció sencilla. Yo no suelo hacer postres, creo que ya lo he dicho varias veces, es que no me sale ni el flan de sobre… Pero si que hay un postre que hago, que es el Flan de Cuajada.  Pues bien, fui a comprar un recipiente para hacer un gran flan para el sábado día 8, fiesta de Valladolid, y en el envase venía la receta del Brownie de Chocolate. Me dije… ¿Por qué no?

Veamos… Ingredientes: 150 gr. de mantequilla, 125 gr. de chocolate negro (tenia parte de una tableta que compré en Asturias hace tiempo, artesano), 3 huevos, 150 gr. de nueces (tengo un sobrecito de almendras picadas tostadas, servirá), una taza y media de azúcar refinada, una taza y media de harina tamizada, una cucharada de esencia de vainilla (no tengo, no importa), un cuarto de taza de cacao en polvo, dos cucharadas de café soluble en polvo.

Primera consideración… utilicé cuatro huevos, y una taza (con todo lo “inconsistente” que es esa medida) de cada ingrediente “en polvo”, es decir, azúcar, harina y cacao. De café soluble utilicé cuatro cucharaditas de café descafeinado diluido en un chorrito (otra medida “inconsistente”) de Ron Negrita.

Preparación:

Precalentar el horno a 180º… lo de siempre. Untar un molde con mantequilla y forrar la base con papel de horno… no entendía porque untar el molde y luego forrarlo con papel, pero por si acaso lo hice y forré con papel de aluminio, que de horno no tengo. Seguimos… Ponemos la mantequilla y el chocolate negro en un cuento al baño maría… no, no, no, no… hace tiempo que sé que la mejor forma de deshacer chocolate es en el microondas con un poco de mantequilla y un par de cucharadas de agua… un par de minutos y listo (si hace falta más, pues más). Dejar enfríar.

En un cuenco grande batir bien los huevos con el azúcar y la esencia de vainilla. Como no hay vainilla, solo los huevos con el azúcar. Y con la batidora. Agregamos el chocolate fundido (hay que dejarlo enfriar, no ponerlo en caliente), y mezclamos. Luego se va añadiendo poco a poco (tamizado, dice la receta) la harina, el cacao en polvo y el café soluble (recuerdo que lo mezclé con Ron Negrita) y se mezcla todo muy bien con una cuchara. Dice la receta que “no es conveniente batir demasiado”, lo que tomo como una indicación de no utilizar la batidora. Mezclar con la cuchara. Luego se añaden las nueces, o sea, las almendras tostadas y picadas que tenía (otro día tengo que contar para que las uso, que está buenísimo).

Se pone toda la mezcla en el molde y al horno 40 minutos. De reloj. Dice la receta que hay que dejarlo enfriar y luego meterlo en la nevera, para calentar la porción cuando se vaya a comer (acompañada de helado de vainilla). Pero como lo terminé justo para la comida, ni lo dejamos enfriar en la nevera ni necesitamos volver a calentarlo.

La fotografía no es mía. Es de internet, pero salió muy parecido. Intenté hacer una, pero me salen fatal. Tengo que perfeccionar la técnica de fotografía de cocina, porque no consigo hacer una foto de ningún plato como es debido. Para la próxima vez lo intento…. Porque me ha salido tan bueno, pero ¡¡tan bueno!! Que me atreveré a hacerlo otra vez….

AlmaLeonor

MENÚ AL CURRY

MENÚ AL CURRY

Andaba yo el otro día por el supermercado mirando y remirando entre los estantes de las cosas que no suelo comprar… me gusta este ejercicio porque siempre encuentro algo que me llama la atención y ¡voilá! apareció. Me encuentro un paquete de Arroz basmati con una receta para prepararlo con pasas y curry… ¡que interesante!… pero como el paquetito de arroz se me hacía muy caro (casi tres euros), me dije que lo mismo daba prepararlo con arroz vaporizado. El resto de los ingredientes los tenía.

Fue todo un éxito la receta, aunque varias amigas me recomendaron repetirla con arroz basmati porque, según me dijeron, merecía la pena. Será otro día.

Contando esto a más gente, mi amiga Alicia Prado (¡¡mil gracias Alicia!!) me recomendó una receta que ella llamaba “Pollo al Pablo” y que prometo hacer en cuanto tenga oportunidad, pero como soy de natural impaciente, esta mañana hice una variante a la que aún no he puesto nombre, pero que quedó tan estupenda que me gustaría compartirla con vosotros.

Hoy presentamos, después de mucho tiempo de no abordar ninguno, el MENÚ AL CURRY.

ARROZ CON PASAS Y CURRY

Ingredientes: 400 gr. de Arroz vaporizado, 100 gr. de pasas, 50 gr. de piñones, una cebolla, media cucharadita de canela en polvo, un cucharadita de curry en polvo (colmada si gusta el curry), aceite y sal al gusto.

Se remojan las pasas un rato en agua tibia y se tuestan un poco los piñones en la sartén, reservándolos. Se cuece el arroz. En una sartén ancha se pone la cebolla picada a fuego suave para que se dore sin tomar mucho color. Cuando esté lista se añaden los piñones tostados, las pasas escurridas, el arroz cocido y escurrido, la canela y el curry. Se da unas vueltas para que se unifique todo y listo.

Yo lo rematé con unas láminas de cebolleta, muy finas, pasadas por harina, y fritas en la misma sartén, a modo de ornamento. La fotografía es de Internet, no mía… me fue imposible sacar una fotografía decente para poder ponerla aquí… RECTIFICO: Esta fotografía es la del plato que preparé… al final una de las que tomé no estaba tan mal hecha como yo pensaba.

FILETES DE POLLO CON MANZANA Y CURRY

Ingredientes: Una pechuga de pollo en filetes finos, una manzana golden, un manojo de cebolletas (yo utilicé una cebolleta grande, media cebolla pequeña y casi una cebolla roja, porque lo tenía a mano), un paquetito pequeño de nata para cocinar, un par de cucharadas de curry, aceite y sal. Para adornar: Hinojo y Sésamo.

Se cortan cebolleta y manzana a lo “brunoise” (en dados… ¡lo que he aprendido Alicia!). Se rehogan ambas en una cazuela ancha y baja con aceite, a fuego suave, removiendo de vez en cuando. Se pone un poquito de sal, se tapa y se deja hacer durante un rato. Mientras tanto se preparan los filetes de pollo: Se salpimentan, se bañan ligeramente con harina, y se fríen (reservar el aceite sobrante). Cuando la cebolla y la manzana estén muy blanditas (van soltando agua y se reblandecen mucho), se pasa por la batidora, se añade la nata líquida (y un poquito de agua si queda demasiado espeso) y las cucharadas de curry, removiendo bien toda la mezcla. En la misma cazuela, se ponen los filetes de pollo fritos, se cubren con la salsa de curry y se añade el aceite (caliente) de freír los filetes. Se remueve con cuidado y se deja todo el conjunto un rato a fuego muy muy muy suave y tapado. Antes de servir se pone por encima el hinojo  y el sésamo.

Imaginad la fotografía de Internet que os muestro, pero en filetes.

Prometo que la próxima vez pondré mis propias fotografías, pero de verdad que no hubo forma de que quedaran bien. O me salían muy oscuras, o salía un fogonazo con el flash y no se veía nada de nada.

De postre os podría sugerir un HELADO DE MOJITO. Lo probamos hace unos días de una Sushitería que han abierto en mi ciudad y estaba buenísimo.

¡¡Buen Provecho!!  AlmaLeonor

MENÚ: GASTRONOMÍA NAVIDEÑA

MENÚS: GASTRONOMÍA NAVIDEÑA

 Tenía la intención de colocar en esta sección una selección de platos navideños “a mi estilo”. Pero como he caído en la cuenta que el puede lo celebra en casa de mamá y el que puede más sale de Cotillón… si yo pongo aquí una serie de platos de fácil factura, pondría a más de uno en un compromiso. Así que lo dejo para otro día (lo pondré, descuiden) y copio una serie de ideas sobre GASTRONOMÍA NAVIDEÑA que tuvieron a bier pertreñar ese magnífico dúo llamado GOMAESPUMA, hace ya unos cuantos años en su libro: NAVIDAD CON OREJAS. ¡¡Buen Provecho!!

 

Con esta entrada inauguro la temporada navideña en Helicon. ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

 

En Navidad se puede comer de todo y lo que a uno no le guste se puede dejar en un ladito del plato. No obstante en el “Hit Parade” los que van a la cabeza en superventas son el Pavo y el Besugo, seguidos muy de cerca por el Cordero, que últimamente está pegando muy fuerte y ha subido tres puestos en la pasada semana.

El Pavo, sin ir más lejos (porque podríamos irnos a Varsovia, pero estamos muy bien escribiendo este libro en casa calentitos), se cocina de muy diversas maneras. La más usual es la más corriente, siguiéndole en dificultad las más complicadas, hasta llegar a una receta que es prácticamente imposible de realizar. Con el Besugo, por el contrario, pasa exactamente lo mismo.

Por ejemplo, y sin ir más lejos (porque acabamos de llegar a Varsovia y no e splan de marcharse ahora otra vez, con lo que cuestan los billetes), basta recordar a aquél sacrificado armenio que tenía cara de pavo y su mujer se le comió en Nochebuena.

Una manera muy absurda de hacer el Pavo es la siguiente: Se coge el Pavo, se le suena el moco con unos klinex y se le mete al baño de María. Conviene antes llamar a María no vaya a ser que no esté en casa porque haya ido a la peluquería o algo. Si el baño de María estuviera ocupado, porque ella también tiene derecho a ducharse y eso, se puede meter al Pavo en el bidet de algún conocido, siempre que éste sea de confianza y muy limpio. Mientras se caldea el Pavo, coloque en una sartén un tomate maduro, dos tomates verdes, un tómate lo que quieras que estás invitado, dos tomates gordos pelados, otro tomate igual de gordo sin pelar (que ya lo pelará cuando tenga tiempo, usted no se agobie) y un poco de salsa de tomate en su tinta.

Saque el Pavo y cuando el animal esté confiado creyendo que ya va a salir, vuelva a meterlo otra vez haciéndole una aguadilla. Añada a la sartén algunos tomates y espere una media hora. Transcurrido este tiempo saque al Pavo definitivamente del agua y tiéndalo en el suelo. Fricciónele con fuerza en el pecho practicándole la respiración boca a pico. En caso de que reaccione el muy canalla, intodúzcalo de nuevo en el baño de María sin más contemplaciones. Meta la sartén con los tomates al horno. Trocee a María en lonchas finas e introdúzcala en una cacerola de barro. Dore el Pavo en el asador a fuego lento. Saque los tomates del horno y júntelos con el Pavo. Saque a María de la cacerola y métala en su propio baño para que parezca suicidio y nadie le pueda echar a usted las culpas. Sirva todo muy frío acompañado de un vino del país.

Para cocinar el Besugo al horno se coge el Besugo por la cola, se le sacan los ojos, y se colocan en el árbol de Navidad. Se mete el Besugo en el horno y, una vez asado, se le vuelven a colocar los ojos en su sitio.

 

 

MENU ALSACIANO

MENU ALSACIANO

Nuestro viaje por las tierras alsacianas tuvo dos protagonistas culinarios indiscutibles: La Choucroute y la Tarte Flambée. Además, y con permiso por supuesto, del Vino de Alsacia.

Los vinos de Alsacia llevan el nombre de sus cepas nobles: el Riesling, considerado como el rey de los vinos de Alsacia (aunque nosotros habíamos oído que este era el vino típico del Rin), el Gewürztraminer, el Muscat y el Pinot Gris. Las otras cepas son el Pinot tinto, el Pinot blanco (llamado Klevner), el Sylvaner y Chasselas. Otras variedades más exclusivas son las reunidas bajo las denominaciones: “Grands Crus d’Alsace”, el Cremant espumoso de Alsacia, o el “Vino de Hielo”, el más raro, ya que procede de vendimias tardías cosechadas por menos de 7º. En el norte se ha establecido más recientemente una Carretera de los Vinos del Bajo Rin, bajo el nombre de “Couronne d’Or”, que atraviesa 21 pueblos alrededor de Estrasburgo. Alsacia produce más de un millón de hectolitros por año, cuyo tercio está destinado a la exportación.

Probamos un Menú Alsaciano en la maravillosa ciudad de Colmar, en el Restaurante La Pérgola en la Rue des Marchands, y pedimos distintos platos típicos (tuve la precaución de apuntarlos directamente de la Carta): Choucroute Garnie a l’Alsacienne 6 viandes; Bouché à la Reine à notre façon Spaëzle; Graten de Spaëzle aux Lardons à la sauce Munster, pero el camarero fue tan amable que nos regaló una postal de su establecimiento con la receta de La Choucroute. Una recomendación: Si alguien quiere probar un plato alsaciano que esté bueno bueno, que pida…. “Tarte Flambée”, jejejejeje.

                            Rin Alsacia 331 Colmar  Rin Alsacia 330 Colmar

No es no  nos gustase La Choucroute, bueno no nos gustó para que negarlo. Pero la causa está en el dificil sabor de la col fermentada, un “tono” en el gusto para el que creo que hay que estar algo acostumbrado. El resto de los platos estaban bien, muy especiados, muy calientes, y muy consistentes. Todo demasiado para un mes de julio.

La Carretera de los Vinos de Alsacia transcurre entre Marlenheim en el norte, hasta Thann, en el sur, a través de 120 km. costeando los Montes Vosgos y salpicada de pueblecitos a cual más bello y pintoresco que invitan a detenerse. Todos ellos cuentan con bodegas donde degustar y/o comprar vinos.

 

La Choucroute

 

Au terme d’une longue route
Heurex qui trouve la choucroute.

La Choucroute es  una especialidad alsaciana, que también se cocina en Lorena y en diversas regiones de Alemania (Selva Negra, Baviera).  La palabra procede del alsaciano surknit, que a su vez se deriva del alemán sauerkraut, (“hierba agria”) y que designa indistintamente la col así tratada y al plato entero. Su ingrediente fundamental es el repollo cortado en finas cintas y ligeramente fermentado en salmuera, La Choucroute, que es el resultado de la fermentación láctica de la col en presencia de Sal. Para fabricarla, se emplea de preferencia la col llamada "quintal de Alsacia" o la "col de Brunswick" (col blanca). La que venden en conserva, de origen alemán, suele ser buena y a veces más práctica.

El plato de la «auténtica chucruta», debe llevar las «tres salchichas sacramentales» (Frankfurt,  Estrasburgo y Montbéliard), pecho de carnero, culata de buey, muslos de oca y otras carnes saladas. La Choucroute a la alemana, cocida con vino del Rhin, se sirve con salchichas de Nuremberg a la parrilla, salchichas de Frankfurt, costillas de cerdo ahumadas, jarrete, brazuelo y, en lugar de patatas hervidas, manzanas.

Una variante es La Choucroute de pescado. En ella La Choucroute cruda, remojada en Riesling o en Sylvaner, no se cuece en manteca de cerdo o en grasa de oca, sino en un fondo de ave, o simplemente en vino, y se sirve acompañada -a elegir- de salmón ahumado, de haddock, de bacalao, de rodaballo, de vieiras, de rape o de salchichas de pescado, asociadas con diversas guarniciones, con una mantequilla blanca o con una salsa muselina.

Pero la guarnición tradicional, conocida en toda Francia desde la difusión de las brasseries a comienzos de siglo, suele constar de tocino ahumado, costillar (o pescuezo) de cerdo, costillas de cerdo salado y salchichas escalfadas. En la Alsacia de antaño, La Choucroute guarnecida solía ir acompañada la mayor parte de las veces de un puré de guisantes.

Sin embargo, el plato número uno de Alsacia sigue siendo la "choucroute garnie"  En los restaurantes franceses, la carta indica casi siempre una Choucroute, que no es necesariamente la garnie. Sin embargo, la base es siempre la misma: col agria cocida durante largo tiempo con vino blanco de Alsacia y bayas de enebro, acompañada por diversas clases de carnes, que pueden ser hervidas o también asadas. En Alsacia, se utiliza tocino gordo en vez de mantequilla.

La Choucroute debe acompañarse con vasos de cerveza muy fría o copas de vino blanco muy seco y de excelente calidad. Curiosamente, en Alsacia, con platos tan sustanciosos, rara vez se utiliza el vino tinto. Con La Choucroute suele beberse el vino Traminer, considerado como un blanco "desengrasante". Otras variantes se basan siempre en blancos alsacianos: Gewúrztraminer, Sylvaner y Pinot gris.

Hansi, el famoso dibujante alsaciano, consideraba La Choucroute de Colmar como la única auténtica y daba él mismo la receta:

«En una marmita bien estañada o de barro, dorar una cebolla muy finamente cortada en dos grandes cucharadas de grasa de oca o de manteca de cerdo. Añadir 1 libra de chucruta, no lavada, o lavada muy ligeramente, fresca, en su punto. Añadir un buen vaso de vino blanco, una manzana cortada en trozos y una decena de semillas de enebro envueltas en un trapo. Verter caldo hasta que la chucruta quede casi cubierta. Poner la tapa y dejar que cueza durante 2 ó 3 horas (los cheff franceses recomiendan que sea durante cinco horas a lo menos. El célebre pintor Toulouse-Lautrec, quien era además un excelente cocinero, decía que si La Choucroute debía ser servida al mediodía, convenía ponerla al fuego desde el día anterior, porque nunca estaría demasiado cocida. Y un refrán alemán dice que La Choucroute empieza a tener sabor cuando se ha calentado siete veces). Una hora antes de servir, agregar media copa de kirsch natural. Colocar la chucruta en una fuente redonda caliente. Rodearla de trocitos de tocino, de costillas, de salchichas de Colmar previamente calentadas durante 10 minutos largos, sea en la chucruta sea en agua casi hirviente. Servir con algunas patatas, no a la inglesa, sino hervidas, bien harinosas y bien secas.»

 

Tarte Flambée

La Tarte Flambée es una torta salada tradicional originaria de la Alsacia. La costumbre en Estrasburgo es comer al menos 8 Tartes , comer una tras otra hasta que no se pueda más. Siempre empiezan por Tartes con sabor más suave, como la de cebolla, luego otras con jamón, y las más fuertes al final, como la de queso Münster. Afortunadamente, es un plato relativamente ligero. Aunque de lejos parezca una pizza, por el aspecto, no tiene nada que ver ni en la masa ni en los rellenos que admite. Hay muchas versiones, aunque siempre debería llevar cebolla. Está muy buena con cebolla y champiñones, pero la que más nos gustó a nosotros es la de queso Münster que probamos en el pueblo de Wihr-au-Val. Además tienen una variedad que es mitad pizza y mitad Tarte.

Más que Tarte Flambée, en Alsacia se llama flammekueche (alsaciano). En ciertos lugares (Alsacia cuenta con muchas diferencias del norte con respecto al sur) la llaman flammekuara.

MENU: Comer y Beber en Alemania

 

MENU: COMER Y BEBER EN ALEMANIA.

Como Helicón se ha convertido momentáneamente en un Monográfico sobre el viaje, hoy la sección de Menú, también tocará el tema. Nosotros llevamos nuestra comida de casa, pero solemos comer alguna vez en nuestros lugares de destino, para probar al menos, sus productos típicos.

En esta ocasión probamos los sabrosos bocadillos de salchichas que se pueden encontrar por toda Alemania, sobre todo en las freidurías o schnellimbiss. Sin duda este país es conocido internacionalmente por sus wurst o salchichas. Las hay de todos los tipos y colores, y cada región defiende que la suya es la mejor, e incluso se disputan, entre Nuremberg y Ratisbona, el privilegio de haberla inventado. Berlín, es la ciudad que puede alardear de haber creado una verdadera pasión por la currywurst, que se corta en finas lonchas y se acompaña de curry, aunque nosotros probamos una de este tipo en un puestecillo en el bello pueblo de Bernskastel-Kues en el Mosela. Otras variedades que se pueden encontrar son la weissbrut blanca, propia del sur; la frankfurter  conocida como perrito caliente; o la bratwurst, con especias y muy habitual en todo el país. Nuestra mejor bratwurst la tomamos en Friburgo, en el mercado que se sitúa los sábados alrededor de la Catedral, y aderezada con cebolla frita. ¡¡¡Buenísima!!!

Un apartado aparte merecen los panes. En Alemania los encontrábamos de todos los tipos, formas y sabores y probamos una buena variedad de ellos. Cualquiera de sus panes negros, acompañados simplemente con un poco de mantequilla, es sin duda todo un placer. En el Lago Mummelsee compramos una tarrina de grasa con especias (pensábamos que era otra cosa) que se tomaba untada en estos panes y aderezada con sal. Al principio nos sorprendió, pero estaba buenísimo. Otros panes comunes son el famoso gewürzbrot con especias, el zwiebelbrot con cebolla, o el sorprendente pumpernickel, negro y con semillas y un delicioso sabor a jamón, típico de Westfalia (este no le llegamos a pillar). Aunque sin duda el panecillo más conocido sea el laugenbrezel, un lazo salado que se vende por la calle y que es apropiado para cualquier momento. Ya sea caliente o frio resulta un aperitivo de lo más apetitoso. Además lo vendian en bolsitas tipo snack que también resultaban toda una tentación.

Hay incluso Rutas Culinarias que se aconsejan en las Oficinas de Información Turística, como la Ruta de los Espárragos en Baden, baja Sajonia o en Beelitz, al sur de Berlín. En muchos lugares se celebran fiestas del espárrago y de las delicias culinarias propias de finales de primavera. En Schleswig-Holstein, la Ruta Alemana del Queso se extiende entre el mar del Norte y el mar Báltico. En ella se pueden visitar más de 30 queserías artesanales, que producen distintas variedades de quesos de vaca, cabra y oveja. Pero no hicimos ninguna de ellas.

Probamos, eso si, un estupendo Kebab, en una maravillosa cena en la calle más animada del Casco Viejo de Heidelberg. Teníamos ese capricho. Alguien nos había dicho que en Alemania se puede degustar el mejor Kebab de Europa y no quisimos perdernoslo.

Pero la tradición alemana con mayúsculas es la Cerveza, eso no cabe duda, y cada comarca tiene la suya propia, todas de diferentes tipos y de calidad excepcional. Hay más de cinco mil variedades repartidas por todo el país, que pasa por el ser el segundo bebedor de cerveza del mundo (detrás de los checos). Se puede beber en las cervecerías o brauereien o pedirlas en los restaurantes.

La mayor parte de las cervezas alemanas se basan en la Reinheitsgebot, la ley de pureza aprobada en 1516 en Baviera, que establecía los tres únicos ingredientes permitidos en su fabricación: lúpulo, malta y agua. La aplicación la Ley en toda Alemania fue una de las condiciones que Baviera estableció para su incorporación al Estado alemán en 1871. En algunos casos la ley se convirtió en un arma de doble filo que, pese a proteger al preciado producto de ingredientes no deseados, limitó la variedad y la creatividad de otras tradiciones cerveceras alemanas.                              

Pese a todo, la variedad puede apreciarse en cervezas de temporada como la maibock, que se produce para el comienzo del verano, o la marzenbier, hecha en marzo para ser bebida en el Oktoberfest. Un caso extremo es la sticke, una alt (cerveza de fermentación alta) que se produce en Dusseldorf sólo unas pocas veces al año en series limitadas y se distribuye por sorpresa para deleite de sus fans. En Colonia, el nombre de su cerveza tradicional, la kölsch, sirve también para definir el dialecto y la forma de ser de sus habitantes. En otras ocasiones la cerveza constituye un patrimonio cultural a recuperar. Es el caso de la gose, una cerveza blanca que sólo se encuentra en la ciudad de Leipzig y sus alrededores, y que estuvo a punto de desaparecer al no cumplir la ley de pureza, pues incorpora sal y cilantro. Un ejemplo de sofisticación berlinesa es la berliner weisse, una cerveza de trigo que se suele servir mezclada con sirope de frutas, lo cual, según algunos puristas, no es más que una horrorosa excentricidad.

Pero lo normal es que uno se encuentre con una cerveza rubia (Lager y Pilsen), oscura (Dunkel) o dulce (Malz). Nosotros nos dejamos aconsejar cada vez que pedíamos una y probamos unas cuantas. En algún camping nos comprabamos un par de botellines (bueno no se les puede aplicar el diminutivo, pues eran muy grandes) y nos les tomábamos mientras descansábamos de la jornada del día.

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Sin embargo, en las regiones que visitamos, aunque si que se consumía cerveza, era más corriente encontrarse con vino. En las regiones del Rin y del Mosela se producen buenos vinos blancos, ligeros y perfumados. Es la llamada Ruta del Riesling en la región de Rheingau, también conocida como la Ruta del Vino de Mosela. A todo lo largo del Mosela y del Rin, hay numerosísimas bodegas y todas ellas ofrecen catas de vinos. Nuestro primer Riesling lo compramos en Trittenheim y después, en St-Goar, visitamos la tienda de Stefan, del que ya he hablado, y nos trajimos un Riesling blanco de calidad, de su propia cosecha y un licor de melocotón, también artesanal de su bodega.

En el Lago Mumelsee había una tienda de productos comestibles que eran todos una tentación. Además de panes y embutidos encontramos unas pequeñas tarrinas que nos parecieron de queso para untar, y que presentaban varias especies. Mucha compraba una tarrina o bien pedía una de las muchas rebanadas de pan preparadas que también se vendían. Se aderezaban con sal antes de comerlas. Por la tarde merendamos con el embutido y la tarrina que habíamos comprado y nuestra sorpresa fue mayúscula cuando comprobamos que lo que contenía era simplemente grasa aderezada con especias y muy sosa. No obstante una rebanada de pan negro untada con ese compuesto y aderezada con sal resultaba de lo más sabroso, aunque no se podía abusar de ese producto.

En Baden-Baden observamos que muchas tiendas ofrecian licores de frutas, sobre todo el afamado Kirsch de la Selva Negra, pero también otros tipos de licores realizados con frutos del bosque, como arandanos, grosellas, mirtillos….también nos vinimos con un par de botellitas.

 

MENU: NEGRO Y CRIMINAL

MENÚ: NEGRO Y CRIMINAL

Tengo un libro que adquirí en la “Quedada de Barcelona” de marzo del año pasado, que se titula así:

MANUAL PRACTICO DE COCINA NEGRA Y CRIMINAL

De Montse Clavé

 

Colección: “Libros de Allende”

ISBN: 84-932457-6-3

 

Montse Clavé es autora de libros de cocina con títulos tan sugerentes como:

El Sabor de los Grandes Viajes” (2002-2003):

         El sabor en la ruta de Hernán Cortés

         El sabor en la ruta de Colón

         El sabor en la ruta de Marco Polo

Viaje por las cocinas del Ebro” (2000)

“Colección de Cocinas de allí, aquí” (1996-1998)

“Cocina Mexicana” (1995)

 

Actualmente dirige junto a su marido Paco Camarasa la librería “Negra y Criminal” de Barcelona, y tengo la satisfacción de poseer el título antes mencionado dedicado por ella y adquirido en la propia librería “Negra y Criminal” durante un sábado de mejillones y vino tinto, de amigos foreros y de visita por Barcelona. Un recuerdo inolvidable.

 

El libro “Manual Práctico de Cocina Negra y Criminal” recoge una serie de recetas de cocina unidas por la novela del género “Negro y Criminal”. Como ella misma afirma en el prólogo, con este libro “no tratamos de instigar al asesinato gastronómico” ni las recetas “contienen arsénico como ingrediente”, solo se trata de un libro con el que la autora desea “que sirva de sabroso entretenimiento”.

De Vazquez Montalban y su Carvalho nos ofrece una “Caldeirada Gallega”; de Georges Simenon y su Maigret, una “Soupe à l’oignon”; de Henning Mantel y Kurt Wallander, unas “Gambas en el Indico”; de Donna León y Brunetti, unos “Spaghetti alle vongole”; de Patricia Highsmith y Ripley, una excelente “Musaka”; con Camilleri-Montalbano-Montalbán, Maigret y Adelina, un “Conejo a la Cazadora”; con Dashiell Hammet y su Sam Spade bebemos un Talisker “single malt” de 10 años; con Agatha Christie una “Tarta sin arsénico”; y así otras muchas recetas más.

Al hilo de este libro, se me ha ocurrido entrar en la trastienda de la afamada Librería “Negra y Criminal” de Barcelona para preparar nuestro menú de hoy, ROJO, NEGRO Y AMARGO, por supuesto.

(nota: El menú que sigue es mío, no es para nada, el que figura en el libro. Las recetas del libro son estupendas, y con un “toqué” de humor negro fantástico, pero están protegidas por el dichoso “Copyright” y no las quiero reproducir aquí).

 

APERITIVO: “Sangría sin Alcohol

Ingredientes:

         Una botella de mosto rojo

         Una lata de Kas de limón

         Un Bote grande de Melocotón en almibar.

Preparación:

En una jarra que pueda ir al frigorífico, se mezcla bien el mosto, el kas de limón y el líquido del bote de melocotón en almibar. Se añaden algunos trozos pequeño del melocotón y se deja enfriar en la nevera. Tomar bien frío y ¡¡¡ROJO como la sangre!!!

 

PRIMER PLATO: “Arroz Negro

Ingredientes:

         Arroz tipo “vaporizado”

         Un par de latas grandes de chipirones en su tinta.

         Ajo, aceite, un cubito de caldo y agua.

Preparación:

El tipo de arroz, en realidad, es indistinto. Yo utilizo siempre el arroz vaporizado y por eso lo pongo. En una cazuela dorar un par ajos picados en un poquito de aceite. Antes de que tomen color añadir el agua necesaria y el cubito de caldo y esperar a que hierva antes de añadir el arroz. Dejar cocer. Cuando esté hecho montarlo en un bol para que tome una forma redonda al desmontarlo. Yo utilizo un recipiente para bizcocho con un hueco en el medio, pero es indistinto. Cuando esté desmondando en un plato de servir, colocar en el medio los chipirones en su tinta (de lata, aunque está mejor si se preparan, claro) previamente calentados en el microondas. Al servir, poner una porción de arroz y una porción de calamares para mezclarlos en el plato ¡¡¡y que resulte NEGRO, por supuesto!!!

 

SEGUNDO PLATO: “Mejillones en salsa roja

Ingredientes:

         Un par de kilos de mejillones

         Laurel, Sal, Pimentón, Guindilla, Ajo, Harina  (opcional)

         Aceite

         El jugo de cocer los mejillones, agua, un vasito de vino blanco (opcional)

Preparación:

Cocer los mejillones (una vez limpios) en agua con un poquito de sal y unas ramitas de laurel. Reservar el caldo resultante y abrir los mejillones.

En una cazuela ancha se pone un poquito de aceite y se doran varios ajos (yo utilizo una cabeza entera) bien picaditos. Antes de que tomen color se añade pimenton picante (o no) y una guindilla grande (o no) y se da unas vueltas para que no se queme. Si se quiere obtener una salsa más espesa añadir una cucharada de harina y remover también. Antes de que se queme añadir poco a poco el líquido de cocer los mejillones (ojo, hay que colarlo muy bien para eliminar impurezas, yo utilizo un papel de cafetera)y remover bien. Si se quiere que quede más líquido, añadir un poco de agua (también se puede añadir un vasito de vino blanco). Cuando se obtenga la consistencia deseada añadir los mejillones y dejarlo unos minutos en la cazuela con el fuego bajo y tapada. ¡¡¡Una mezcla explosiva: ROJO, NEGRO y picante!!!

 

POSTRE: “Café vienés

Ingredientes:

         Café con cuerpo, recién hecho.

         Un vasito de ron

         Helado de nata (o vainilla)

         Nata montada, canela en polvo.

Preparación:

Mezclar en cada vaso de café los ingredientes según el siguiente orden: Primero se pone una bola de helado de nata (mi favorito, aunque realmente se utiliza el de vainilla), luego se añade el café en la cantidad deseada (amargo, pero según gustos se puede azucarar) y unas gotitas de ron (mejor “negrita” que blanco). Por último se corona el vaso con la nata montada y se espolvorea con canela. ¡¡Un Amargo altamente adictivo!!

 

ALMALEONOR