EL VIAJERO VUELVE AL CAMINO

EL VIAJERO VUELVE AL CAMINO

Imagen: “Space Tourist” (Digital Art), Vitaliy Gladkiy.

“No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: ”No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.”

Viaje a Portugal (1981), José Saramago

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LENIN Y LA INACCESIBILIDAD

LENIN Y LA INACCESIBILIDAD

Se llama Polo de Inaccesibilidad a un punto de difícil acceso y con una máxima distancia de la línea de costa en, al menos, tres puntos equidistantes. Así, el punto de la Tierra más alejado del mar, según algunos cálculos no totalmente documentados, se encuentra en el desierto de Dzoosotoyn Elisen, en la provincia de Xinjiang (China), situado a la friolera de 2.648 kilómetros del punto de costa más cercano. El Libro Guinness de los Records, reconoce como ciudad más alejada del mar a Ürümqi, las más cercana al punto anterior y un enclave muy visitado por los turistas que recorren la mítica Ruta de la Seda.

Cada Continente y hasta cada país, tiene su polo de inaccesibilidad: En Sudamérica se encuentra en pleno centro de la Amazonia, a 50 km al noroeste de la localidad de Diamantino en el Estado de Matto Grosso (Brasil); en Norteamérica en un punto casi inhabitado de Dakota del Sur;  en África en la República Centroafricana, cerca de la frontera con Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, seguramente en territorio de gorilas; y en España el polo de inaccesibilidad se encuentra cerca de una población toledana, Nombela, mientras que el punto más alejado del mar de toda la Península Ibérica se encuentra en el Cerro de los Ángeles, en Getafe (Madrid).

Si tenemos en cuenta toda la superficie terrestre, el lugar más alejado de la costa no se encuentra en tierra sino en el océano, concretamente en el Pacífico y es conocido como Punto Nemo, situado a 1.600 km de distancia de tierra firme (la zona habitada más cercana está a 2.700 kilómetros). Está tan alejado y en una ruta marina tan escasamente frecuentada, que hasta es probable que los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) estén más cerca que cualquier otro humano en la Tierra. En el Ártico, el polo de inaccesibilidad se encuentra en el mar y solo se ha creído alcanzar dos veces, una en un vuelo  en 1927, por Sir Hubert Wilkins y otra en 1957, por un rompehielos ruso.

Pero quizá el lugar más curioso de todos los polos de inaccesibilidad se encuentra en la Antártida, en el territorio de la antigua base rusa Vostok (“Oriental” en ruso, nombre del barco de la primera expedición antártica y vuelta al Mundo rusa de 1819-1821), inaugurada en 1957, cerca del polo sur geomagnético y donde la elevación sobre el nivel del mar es de 3800 metros. Hoy está administrada cooperativamente por Rusia, EEUU y científicos franceses. Es el lugar conocido como Punto Lenin.

Aunque su posición exacta es muy difícil de calcular por las placas de hielo en movimiento, es una estimación aproximada y existen varias mediciones, aunque la más reconocida es la que realizó el Instituto de investigación Scott, que lo establece en 85°50′S 65°47′E. Pero la controversia sigue.

Este punto fue alcanzado por primera vez en 1958 por la  3ª Expedición Antártica soviética comandada por Yevgeny Tolstikov, dentro de las actividade del  “Año Geofísico Internacional”. La expedición fundó una nueva base, llamada Sovetskaya y realizó trabajos científicos de medición de costa y estimaciones climáticas instalando una estación meteorológica automática en la isla Drygalski, que funcionó hasta marzo de 1960. Un grupo de 18 hombres  alcanzaron el polo de inaccesibilidad en Kemp Land, el 14 de diciembre de 1958, donde estimó que su temperatura es la más frío del mundo, con una media al año de -58,2º Centígrados.

La 12ª Expedición Antártica Soviética visitó el sitio en 1967 y colocó en centro del Polo de Inaccesiblidad, un busto de Lenin mirando hacia Moscú. La base casi desapareció cubierta por la nieve y el hielo, pero el busto de Lenin siguió allí impertérrito y el lugar está protegido como sitio histórico.

En el año 2005-6, la Expedición Trasantártica, una expedición internacional comandada por los españoles Ramón Larramendi, Juan Manuel Viu e Ignacio Oficialdegui, y llevada a cabo con un vehículo especial tirado por cometas (llamado el Trineo del Viento ) alcanza el polo de inaccesibilidad con una medición más precisa establecida por el British Antartic Survey: 83°50′37″S 65°43′30″E.

El busto de Lenin sigue siendo uno de los puntos de más atracción de este mar de hielo. La imagen fue tomada el 19 de enero de 2007 por el Equipo británico N2i  dirigido por Henry Cookson

AlmaLeonor.

ALMA VIAJERA

ALMA VIAJERA

¿Conocéis esta página de HELICON? Ya se que a veces da pereza, pero en la barra lateral de la página (en el móvil puede salir más abajo), hay más opciones que las entradas (casi) diarias. Una de esas opciones es la página ALMA VIAJERA, donde he ido colgando, siempre que he tenido tiempo, algunos relatos y albumes de fotos de viajes. Os invito a visitarla, ahora que empieza la temporada de salidas veraniegas… por si os sugiere alguna idea.

También podeis acceder pinchando en la imagen, en el enlace del texto, o aquí.

AlmaLeonor.

MEMORIAL DE LOS REPORTEROS

MEMORIAL DE LOS REPORTEROS

En 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas, proclamó el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa. Lo hacía siguiendo las directrices de la Conferencia General de la UNESCO. Este día 3 de mayo se eligió para conmemorar el aniversario de la Declaración de Windhoek, conferencia organizada por la UNESCO celebrada en esa ciudad de Namibia entre el 29 de abril y el 3 de mayo de 1991, en la que los representantes de medios de comunicación africanos elaboraron un documento donde se recogían los principios de la libertad de prensa.

En el año 2006 se inauguró en la ciudad francesa de Bayeux el Memorial de los Reporteros, un paseo rodeado de placas de piedra blanca en las que, año por año, se grabaron los nombres de todos los reporteros fallecidos ejerciendo su trabajo desde 1944. Uno de los propulsores del sitio, Robert Ménard, secretario general de la organización de defensa de la libertad de la prensa Reporteros sin Fronteras (RSF), declaró:

“No debemos olvidarles. Que sepáis que la democracia sin ellos no existe”.

¡Gracias…, A todos ellos!
AlmaLeonor.

VAVEL ARTÍCULOS

VAVEL ARTÍCULOS

Todos mis artículos en la Plataforma VAVEL (secciones, Historia, Viajes y Televisión), en una sola página… No llevo mucho tiempo, pero ya podéis ver unos cuantos artículos ahí. Se accede desde la imagen superior, o desde aquí.

Y también se pueden ver los enlaces a cada uno, pinchando en su título en la columna lateral derecha de HELICON

VAVEL-Historia…

VAVEL-Viajes y VAVEL-Televisión

AlmaLeonor_LP

 

 

MINIEXCURSIÓN A PAMPLONA

MINIEXCURISÓN A PAMPLONA

Pamplona  es una ciudad que merece más de una visita. Eso es lo que hemos constatado en esta nuestra primera (porque habrá más) aproximación a la que seguramente es una de las poblaciones más conocidas en el mundo gracias a sus fiestas de San Fermín.

Pero a nosotros nos han encandilado otras (más que nada porque no nos gustan las corridas de toros ni los espectáculos taurinos) de las muchas cosas que tiene Pamplona  . Nos han encantado las calles de su casco antiguo, la serena tranquilidad que se respira en la plaza del Castillo, el verdor y cuidado de sus jardines de la Taconera y la férrea presencia de su catedral al final de una calle empinada. No hemos podido ver mucho más, pero como digo, esta ha sido una miniexcursión que preludiará otras visitas.

Acueducto de Noaín

Esta vez no fuimos desde Valladolid, sino desde La Rioja baja, así que fue fácil enlazar con la AP15 en Castejón y seguirla hasta Pamplona. Lo primero que llegamos a ver desde la furgo fue el Acueducto de Noaín, construido en 1790 para abastecer de agua potable a la capital desde el manantial de Subiza. Consta de 94 arcos a lo largo de aproximadamente 16 kilómetros, y pasamos justo por donde se encontraban otros tres que fueron demolidos para construir la autopista.

Entramos en Pamplona, la vieja Iruñea. Fundada, según se afirma, en el año 74 por el mismísimo Pompeyo con el nombre de Pompaelo, se situó sobre un asentamiento anterior de nombre Bengoda. Con el tiempo y el poder de la familia del conde Casio, trastocada en el musulmán Banu Qasi y, sobre todo, con el empuje de Iñigo de Arista (¿?-851), Pamplona consigue erigirse en la capital del Reino de Navarra. Es un enclave singular bañado por el río Arga y su afluente, el Elorz, además del Sadar, afluente a su vez del Elorz. Es, por tanto, un enclave húmedo y verde a los pies de varias elevaciones montañosas y con un clima variable que hoy nos regala un día de luz espléndida y un calor inusual para la época, aunque a esto ya lo estamos sufriendo en todas partes.

Vamos buscando donde aparcar al aire libre porque no queremos entrar en uno de los muchos parking subterráneos que nos encontramos aunque nos juren que mide más de 2 metros de altura. Un empleado de la ORA (todo el centro de Pamplona es zona residencial y no se puede aparcar sin tarjeta), nos dice que podríamos aparcar todo el día con un solo ticket de pago en un lugar llamado Club Larraina, que encontramos con sus indicaciones en: Cuesta de La Reina, 2. Es un sitio muy bueno si encuentra sitio y nosotros tuvimos la suerte de encontrar uno, de no haberlo hecho, no sé qué hubiese pasado… Está justo al lado de los Jardines de la Taconera.

Portal de Francia

El Parque de la Taconera se termina de conformar en el año de 1830, cuando la burguesía construía en todas partes lugares de esparcimiento para el paseo y el solaz. Es un parque abierto y de paseo libre al que se puede acceder por algunas de las antiguas puertas de acceso de la muralla, como la Puerta de San Nicolás (la más monumental, como un Arco de Triunfo, del que solo se conserva la fachada), el Portal Nuevo, o la Puerta de Santa Engracia. Nosotros vimos el Portal de Francia, llamado así porque es el acceso a Pamplona del Camino de Santiago francés.

Parque zoológico de la Taconera

Hay un paseo a todo lo largo del parque que permite contemplar la parte baja de la ciudad con su río Arga y los árboles pletóricos de otoño. Es un parque muy, muy, muy cuidado, con un esmero envidiable y con una sorpresa en su interior, un pequeño parque zoológico con varias clases de patos, ocas, cisnes, pavos reales y diversas aves, así como conejos y, al menos, cinco ciervos hembra que nos regalaron un paseo por el recinto como si quisieran posar para nosotros y nuestra cámara (no vimos ningún macho, una pena). En uno de los puntos centrales del parque se encuentra el monumento al tenor navarro Julián Gayarre (1844-1890).

Pamplona cuenta con más jardines monumentales que no visitamos en esta ocasión. Por ejemplo, es destacable toda la zona de la Ciudadela y el Castillo, así como el Paseo del Arga, también llamado Parque Fluvial de Pamplona, el de la Universidad o el de la Media Luna, aunque a nosotros nos llamó mucho la atención la existencia de un jardín japonés, el Parque de Yamaguchi, situado cerca del Planetario.

Inscripción latina en la fachada del Ayuntamiento

Pero, como digo, teníamos muy poco tiempo, así que nos lanzamos hacia el centro de la ciudad para recorrer sus calles y disfrutar de su ambiente cosmopolita. Y desde luego que disfrutamos. En la Calle Mayor pasamos por delante del Palacio Ezpeleta un precioso edificio del siglo XVIII. Además de la famosa calle Estafeta, tan retransmitida por televisión durante los San Fermines, muchas son las callejuelas de paseo sosegado pero con viva presencia, que se parecen a ella como gotas de agua de un mismo vaso. Inevitablemente, y siguiendo la ruta de los encierros, llegamos al mismísimo centro del Casco Viejo, donde se encuentra su Ayuntamiento, edificio reconstruido en los años cincuenta, pero que aún conserva su magnífica y decorada fachada dieciochesca (es de 1760), en la que figura una inscripción latina que dice más o menos: “La puerta está abierta para todos, mucho más el corazón” (patet omnibus janua cor valde magis), una frase que describe, creo yo que muy bien, como te hace sentir la gente navarrica.

Placas con los tres burgos originales.

Ese viejo ayuntamiento había sustituido al que Carlos III de Navarra (1361-1425) mandó construir en 1423 en el lugar donde  confluían los tres burgos originales de los que constaba Pamplona: Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Una serie de placas en el suelo recuerdan estos límites, a la vez que nos informa de lo siguiente que hay que visitar: la Iglesia de San Cernín y la de San Nicolás, además, claro está, de la Catedral. Pero primero hay que comer.

Iglesia de San Cernín

Iglesia de San Cernín.  Es el templo del patrón de Pamplona, San Saturnino o Cernín. Data del siglo XIII, aunque posiblemente hubiera allí un templo romano anterior. También fue una fortaleza militar de defensa, dada su situación en medio de los burgos que componían Pamplona. Hoy está situada en una calle estrecha, pero se ve bien el atrio porticado en su entrada. Otras curiosidades de la iglesia son su veleta en forma de gallo, el reloj de la torre de 1499, que es el que anuncia el momento exacto en el que hay que disparar el cohete sanferminero, y una oquedad, o “pocico”, donde San Fermin, que fue el primer obispo de Pamplona, bautizaba a los cristianos.

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás.  Otro templo nacido como iglesia y bastión defensivo fue San Nicolás, del siglo XII. Se reforma entre los siglos XIII y XIV tras un incendio y aún tiene algunos añadidos del siglo XIX, e incluso del XX, como la torre actual, que es del año 1924. Contiene el órgano barroco más importante de Pamplona, construido en 1769. Este órgano suena cada 1 de noviembre en un concierto homenaje a Pablo Sarasate (1844-1908), cuyo paseo se encuentra justo en la entrada del Templo. Antes, este Paseo de Sarasate formaba parte de la Taconera, e inicialmente su nombre era Paseo de Valencia. Pero en 1908, al fallecer el violisnia, que vivió muy cerca, precisamente en la Calle de San Nicolás, el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre del Paseo.

El Paseo de Sarasate tiene una curiosa historia. Durante la Edad Media, la muralla de la ciudad pasaba por el lado par de esta calle y la iglesia de San Nicolás se integraba en el cerco defensivo. El paseo era entonces una avenida extramuros, fuera de la ciudad. Fue así hasta el siglo XVI, tras la conquista de Navarra, cuando se construyeron las actuales murallas integrando toda la zona.

Catedral

Catedral de Pamplona. Es una construcción que data de los siglos XIV y XV, de fachada robusta y sobria en la que destacan los magníficos capiteles corintios de las columnas de su entrada. El interior es más ornamentado, de estilo gótico, y alberga el mausoleo de Carlos III de Navarra (1361-1425) y su esposa Leonor de Trastámara (1362-1415). El claustro de la catedral, construido entre 1286 y 1472, es imponente, una de las cumbres universales del estilo gótico a decir de los expertos, aunque no pudimos entrar porque, como todos los sitios, tiene su horario y sus estipulaciones. Cuando llegamos nosotros estaba abierto, pero solamente se podía entrar adquiriendo la entrada completa con visita al museo y torres, cinco euros y un tiempo que no teníamos. Así que nos quedamos sin verlo. Por cierto, que menudo bicho nos encontramos allí… menos mal que ya estaba muerto…

Una paradita en la plaza del Ayuntamiento ya nos puso en contacto con el buen tapeo de esta ciudad pamplonica (la buena cocina de Navarra ya la conocíamos de anteriores viajes a la navarra pirenaica), pero más tarde nos fuimos hasta las calles laterales del Paseo Pablo Sarasate, pasando por delante del Monumento a los Fueros  y el Palacio de la Diputación Foral , por recomendación de la oficina de turismo para comer. Seguimos enamorados de la cocina navarra.

Plaza del Castillo

Justo antes de la parada dimos con la Plaza del Castillo, verdadero centro neurálgico de la ciudad, que nos recordaba ligeramente a la plaza del templete de Tudela (Navarra), pero más grande y con un ambiente más relajado y tranquilo. Nos hubiésemos quedado todo el día en ese lugar. Así de bien nos hizo sentir esta plaza muy frecuentada por paseantes, familias, gentes que solo disfrutaban del sol en uno de sus bancos, y ciclistas. Creo que, hasta el momento, es la ciudad española donde más gente en bici he visto. Y con perros.

Café Iruña

Pero ya toca ir terminando. Para ello, nada mejor que un café en uno de los sitios más bonitos que he visto, el Café Iruña, en uno de los laterales de la plaza del Castillo. Es un local que existe desde 1888 y aún conserva el aire decimonónico de los cafés de lujo y tertulia que tanto proliferaron en nuestras ciudades. Este lugar fue, además, el primer establecimiento comercial en contar con luz eléctrica en toda la ciudad. Una exclusividad más para un local que se ha hecho famoso en todo el mundo por ser uno de los favoritos del escritor Ernest Hemingway (1899-1961).

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre”. Ernest Hemingway.

Uno no puede irse de Pamplona sin visitar el rincón favorito del escritor y sin hacerse una fotografía junto a su estatua.

#AlmaLeonorLP

 

Para saber más sobre los Paseos por Pamplona,
el Ayuntamiento ofrece este  pdf.

Como siempre, más fotografías pinchando la primer imagen, en ALMA VIAJERA
o también aquí.

EXCURSIÓN SEGOVIANA: TURÉGANO Y CUELLAR

EXCURSIÓN SEGOVIANA: TURÉGANO Y CUÉLLAR

No podía haber dos pueblos encastillados más diferentes, pero visitamos ambos en una rápida excursión el pasado día 2 de octubre, posiblemente el día más caluroso de todo el verano y de lo que llevamos de año… ¡ah, no! Que ya estamos en otoño… pues a ver si alguien se lo hace saber al tiempo, porque no se da por aludido… ¡en fin! Miki se pasó el día jadeando.

El día 2, lunes, teníamos ambos el día libre, así que quisimos hacer una excursión rápida, a un lugar cercano. Al final nos decidimos por visitar Turégano, un sitio del que llevaba días leyendo cosas por Internet a propósito de unas conferencias sobre su Iglesia encastillada, al parecer uno de los mejores ejemplos de este tipo de construcciones en la península.

Según el Museo Arqueológico Nacional, que organizó las jornadas el pasado 28 de septiembre , las iglesias encastilladas (no tengo claro qué diferencia hay entre una iglesia “encastillada” y una “fortificada”) son un tipo de construcciones muy singulares y poco estudiadas. La documentación al respecto es escasa y no se tiene muy claro si fueron iglesias que se fortifican o fortificaciones que se santifican con una iglesia… en todo caso, el Centro de Documentación del Arte Románico tiene identificadas ochenta de estas construcciones, y una de ellas la Iglesia de Nuestras Señora de los Ángeles de San Vicente de la Barquera, que conocimos hace muy poco. También estoy por asegurar que la imponente iglesia-fortaleza de Santa María de Ujué, que visitamos en nuestras Excursión Navarra, se puede encuadrar igualmente en este tipo de construcciones.

Pero nos íbamos a Turégano, un municipio segoviano que registra ocupación humana desde la época prerromana, o así lo atestigua el castro arévaco que se encuentra en su término municipal. No obstante, su imponente castillo tiene orígenes celtibéricos y romanos, y también se pueden encontrar en su primera línea de defensa, trazas de construcción árabe (la muralla interior y la fortificación son del siglo XV),  por lo que todo el conjunto es un crisol de culturas.

En el año 1123, la reina  Doña Urraca hace donación de la villa al obispo Pedro de Agén, por lo que pasa a ser posesión del Obispado de Segovia desde entonces y residencia de los sucesivos obispos de la diócesis. El curioso escudo de la villa está elaborado a partir de los pertenecientes a los obispos Arias Dávila y Murillo Argáiz, con las Armas del Solar de Valdeosera. Turégano fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1931.

La historia del castillo de Turégano es interesante, pues aquí estuvo preso en 1585 Antonio Pérez, secretario del rey Felipe II, sin duda, uno de los prófugos más famosos de España, cuyos partidarios se instalaron en el cercano pueblo de Muñoveros para encontrar el mejor momento de asaltar el castillo y liberarle por la fuerza. Aunque consiguieron entrar, los alguaciles impidieron la fuga, principalmente por la habilidad del alcaide del castillo que engañó a los atacantes.

Antonio Pérez del Hierro (1540-1611), fue el secretario de cámara y del Consejo de Estado del Rey de España Felipe II (lo fue desde que Felipe fuera príncipe, porque era hijo de Gonzalo Pérez, a su vez, secretario de Carlos I), sobre quien ejerció una gran influencia durante muchos años. Políticamente se confabuló con la duquesa de Éboli (Ana Mendoza de la Cerda, y además, se decía que Antonio era hijo bastardo de su difunto marido, el poderoso Ruy Gómez de Silva) contra la facción del igualmente poderoso (o más) III duque de Alba de Tormes (Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel). Cuando las relaciones del rey Felipe II con su hermano Juan de Austria (gobernador de los Países Bajos) y su secretario Juan de Escobedo (1530-1578), pasaron por un momento tenso, acabaron alcanzando al secretario real Antonio Pérez, y no muy favorablemente precisamente. Al llegar Escobedo (que además, había sido protegido del difunto duque de Éboli) a la Corte para informar directamente al rey de las actuaciones ilícitas de su secretario, Antonio Pérez ve tambalear su posición y decide eliminarlo. Primero lo intentó con veneno y al no conseguirlo encargó a unos sicarios que lo asesinaran (Juan de Escobedo es asesinado en Madrid el 31 de marzo de 1578).

Puesto todo el entramado de traiciones y confabulaciones al descubierto, Antonio Pérez es detenido el 28 de julio de 1579 y la princesa de Éboli puesta bajo custodia (terminó siendo recluida en su palacio de Pastrana durante el resto de su vida). Tras pasar por varios encierros, en 1585 Antonio Pérez es encarcelado en Turégano (“incomunicado y con grillos y embargadas sus haciendas”), mientras el puesto de Secretario de Estado era ocupado por Antonio Perrenot de Granvela (117-1586). Cuando Antonio Pérez es condenado ya por el asesinato de Escobedo, es trasladado a una prisión madrileña (pasó por varias), de donde, esta vez sí, logra escapar (al parecer su mujer, Juana Collado, le visitó e intercambiaron los vestidos para que escapara, pero tanto ella como sus siete hijos sufrieron prisión durante mucho tiempo) y huir a Zaragoza para pedir asilo y protección al Justicia de Aragón, Juan V de Lanuza (1564-1591), quien terminó siendo detenido y ajusticiado. Antonio Pérez huyó entonces a Francia desde donde intentó por todos los medios desprestigiar a Felipe II, primero coaligándose con Enrique de Navarra, después en Inglaterra, donde proporcionó información para el ataque inglés a Cádiz en 1596, y más tarde dando eco y proyección púbica a la Leyenda Negra contra Felipe II y contra España. Finalmente huyó a París donde fallecía en 1611 en la más absoluta pobreza, en un alarde de justo fin para quien realizara tales infames comienzos.

Turégano es hoy una tranquila localidad con una bella plaza porticada desde donde la vista del castillo  es impresionante, dominando todo el entorno. Una de las particularidades de este castillo, es que dentro de él se integra la Iglesia de San Miguel Arcángel, del siglo XIII (románico tardío) cuya espadaña sobresale de la imponente figura encastillada, al lado de la enorme torre del homenaje del castillo. Su fisonomía conforma todo un reto fotográfico. Para visitar el conjunto, consultar los horarios, pues son diferentes según el día de la semana y la época del año.

Comimos estupendamente en Turégano. Nos paramos en el Restaurante La Antigua Posada, horno de asar, donde, pese a no tener buenas críticas en Internet (según leo ahora), nosotros comimos muy bien. Los judiones y el lechazo estaban muy buenos, aunque eso si fueron platos un poco escasos, muy al contrario de mi plato de champiñones y chuletas de Sajonia, mas abundantes. La verdad es que esta vez nos alegramos de no haber hecho caso de las recomendaciones de la red porque aquí estuvimos muy a gusto, nos trataron muy bien y fue barato, 10€ el menú. No tiene página web así que dejo la del Ayuntamiento donde se pueden ver el resto de establecimientos del pueblo.

Después de comer aún nos dio tiempo a recorrer un poco los alrededores de la plaza mayor (hacía demasiado calor como para pensar en un recorrido más amplio) donde vimos, el canal, el monumento taurino y la Iglesia de Santiago (también algún nombre de calle anticonstitucional que debería estar ya cambiado según la ley de Memoria Histórica).

Antes de abandonar Turégano quisimos dar una vuelta, que se antojaba perfecta en el mapa de carreteras, para ver si podíamos visitar algún otro pueblo de los alrededores. Desde Turégano fuimos dirección El Guijar (SG-2361), desde ahí a Rebollo y luego a Puebla de Pedraza (SG-2311). Vimos con pena como el Rio Cega estaba seco absolutamente y el paisaje añoraba el agua casi con angustia, pero la zona es preciosa y la carreterilla invita a visitarla con un tiempo más agradecido. Al llegar a la bifurcación que nos permitía volver a Turégano para completar la vuelta perfecta (habíamos pensado incluso entrar en Muñoveros), desistimos para dirigirnos hacia Cantalejo (CL-603)  y tomar luego dirección Cuéllar (SG-205).

Y así, de vuelta a casa decidimos parar en Cuellar, también población de Segovia (en el límite con Valladolid), a ver el castillo y la villa, muy de actualidad por celebrarse allí actualmente la edición de Las Edades del Hombre (Reconciliare). Además del castillo, son destacables su triple recinto amurallado (muy, muy, muy reformado, tanto que parece “deslavado” y desde luego no recuerda para nada sus orígenes medievales: fue construidas a partir del siglo XI y reforzadas en el siglo XV), uno de los más importantes de por aquí, y el conjunto de arquitectura mudéjar, además de diversas iglesias y monasterios (como el Santuario de El Henar), judería y casas señoriales. Pero nuestra visita fue bastante “minimalista”.

En el castillo de Cuéllar se recuerda especialmente a la reina María de Molina (1264-1321), quien celebró allí las Cortes de 1297 y se refugió en el castillo ante el peligro de quienes intentaron arrebatar la Corona al futuro Fernando IV de Castilla. En 1444 el castillo y el señorío de Cuéllar fueron entregados al valido de Juan II de Castilla, el condestable Álvaro de Luna (1390-1453). Fue aquí donde se le detuvo y desde donde se le trasladó a Valladolid para ser decapitado. La villa pasa después a manos de la entonces princesa Isabel, futura reina católica. El nuevo monarca Enrique IV de Castilla celebró las primeras Cortes de su reinado en Cuellar y se la compró a su hermanastra por 200.000 Doblas de la Banda (cada una por un valor de 106 maravedíes) en concepto de dote para entregársela a su valido Beltrán de la Cueva (1435-1492), duque de Alburquerque y Gran Maestre de la Orden de Santiago en 1464. El nuevo señor reforzó y amplió su recinto amurallado y castillo ante las posteriores amenazas de la reina Isabel, quien quiso a toda costa recuperar su posesión (enfrentada a la princesa Juana, llamada la Beltraneja, por sospecharse que era hija del valido). No obstante, el duque de Alburquerque siempre fue isabelino y falleció en su castillo de Cuellar apenas un mes después de que Isabel consiguiese unificar el reino junto a su marido Fernando de Aragón. El resto es ya historia de España. La más reciente respecto a Cuellar y su castillo, habla de un recinto que fue utilizado como cárcel política durante el franquismo.

Como era ya más de media tarde y hacía un calor endiablado, dimos una vuelta por Castillo y Murallas (el arco de San Basilio permite acceder a ellas) y dejamos para otra ocasión el recorrido por el resto del pueblo. Luego nos marchamos a casa.

AlmaLeonorLP

 

Fotos de TURÉGANO

Fotos de CUÉLLAR

 

 

SUANCES Y SAN VICENTE DE LA BARQUERA

DÍAS DE PLAYA EN CANTABRÍA: SUANCES Y SAN VICENTE DE LA BARQUERA (AGOSTO Y SEPTIEMBRE 2017)

Tal vez no sea casualidad que las dos localidades costeras cántabras empiecen por la misma consonante, pero el caso es que ambas son las protagonistas de nuestras últimas excursiones y ambas nos han encantado hasta el punto de contar, las dos, con una promesa de retorno.

SUANCES

SUANCES (CANTABRIA) AGOSTO 2017

Fuimos en Agosto. Lo digo porque es algo inusual en nosotros, que no solemos movernos en ese populoso, caluroso y agotador mes, pero teníamos un bonito día para hacer una excursión y nos decidimos por Suances.

Habíamos leído que tenía una playa para perritos, y esto nos apetecía, pues ya no hacemos un viaje sin Miki. Como el día se presentaba fresquito (salimos con unos 10º de Valladolid) pensamos que no sufriríamos los rigores del verano y nos arriesgábamos a una jornada lluviosa, pero nos fuimos.

No es difícil llegar. Desde Valladolid tomamos la E-80/A-67 dirección Santander sin problemas. Dejamos atrás Fromista, Mave (siempre que pasamos por aquí nos decimos que queremos volver, comimos de maravilla hace algún tiempo), Aguilar de Campoo, Reinosa… pero en Torrelavega debimos tomar una salida que no era, o la tomamos demasiado pronto, porque el caso es que atravesamos toda la fábrica que ocupa buena parte del cinturón industrial de esta ciudad.

Nos presentamos enseguida en Suances, el Portus Blendium romano. Nada más aparcar, en el puerto, parecía que la lluvia nos iba a visitar. Pero fue una falsa alarma… Eso sí, mientras nosotros disfrutábamos del día en camiseta, había quien se había tomado en serio la previsión de lluvia y se abrigó a conciencia.

La marea estaba baja en la Playa de la Ribera, que fue la primera que visitamos. Como digo, hacía buenísimo, pero no tanto como para que la playa estuviese ocupada por bañistas. No había nadie absolutamente. La marea estaba baja y nos permitió pasear, incluso con Miki, hasta el final de la misma, donde esperaba ya el mar.

Comimos, y muy estupendamente por cierto, en el Restaurante La Dársena, en la misma playa y, más tarde, nos fuimos a pasear por el puerto (la marea ya estaba alta y no se veía el lugar por donde habíamos paseado en la mañana) con intención de llegar hasta la playa canina. Pero no llegamos tampoco. Nos quedamos en la pequeña playa de la Riberuca, donde no había casi nadie (para no mentir, había otras personas con perro y un señor tomando el sol) y pudimos disfrutar de una jornada deliciosa jugando con Miki en la arena y en la orilla. La playa canina está un trecho más allá, pero nos contaron que es muy sucia y que con la marea alta casi no queda playa.

Finalizamos el día con un paseo por la enorme Playa de la Concha, donde ahora sí que había más bañistas disfrutando del día. Nos hicimos fotos en la zona dunar, donde hay un monolito que recuerda a Miguel Delibes y sus palabras sobre Suances, y terminamos el día con un café en una preciosa cafetería cinéfila donde Miki volvió a ser la estrella.

Cuando nos marchábamos vimos la zona más alta de Suances, con los muchos apartamentos y hoteles y la famosa Estatua de los Vientos, maravillosamente acompañada por un precioso atardecer. Pero ya no paramos. Fue aquí donde hicimos nuestra promesa de volver a Suances (es que nos quedó mucho por ver, además), pero ahora tocaba marcharse.

SAN VICENTE DE LA BARQUERA

SAN VICENTE DE LA BARQUERA (CANTABRIA) SEPTIEMBRE 2017

Esta vez era septiembre. El día 11, para ser exactos. Nos habíamos planteado dormir una o dos noches en algún lugar de la costa y nos decidimos por San Vicente de la Barquera que, aunque conocíamos de hace mucho tiempo, queríamos volver a visitar y conocer de paso la playa canina de la que nos habían hablado varios amigos.

El camino de ida era el mismo que para ir a Suances, pero esta vez antes de llegar a Torrelavega vimos una indicación hacia Santillana del Mar y San Vicente de la Barquera que también permite ir a Suances y evitar la vuelta “fabril” que habíamos tenido que dar el mes anterior. La próxima vez haríamos lo mismo.

Igualmente nos presentamos enseguida en San Vicente de la Barquera, y más rápidamente aún en el Camping El Rosal, todo un descubrimiento que nos hará volver a esta preciosa localidad mucho más frecuentemente de lo que nos imaginábamos. Tiene una ubicación envidiable, nos atendieron muy amablemente y las parcelas son fantásticas. Todo un descubrimiento, ya digo.

Con la alegría de estar tan bien situados en San Vicente de la Barquera, salimos a dar nuestro primer paseo por los alrededores del camping. Tiene de todo alrededor. Un pinar precioso, un sistema dunar muy cuidado, una zona de viviendas con varios restaurantes y tiendas y, sobre todo, una playa magnífica y larguísima, que aunque no estaba permitido utilizar con perro (a partir del 30 de septiembre si, lo que nos alegró enormemente), si que pudimos pasear con Miki por los alrededores (como hacían otras personas) disfrutando de un día maravilloso, caluroso, pero cubierto y ventoso.

Tengo que decir que salimos de Valladolid con una previsión de lluvia copiosa para los dos días, y con unas temperaturas bajas, sobre todo por la noche. Pero decidimos ir de todas formas. En el camino ya vimos que las previsiones se rebajaron y la lluvia ya no amenazaba con ser copiosa sino ocasional. Y, finalmente, solo llovió durante unas horas por la noche sin que al día siguiente se arrugase el día. Muy al contrario, amaneció con un esplendoroso azul en el cielo, unas pequeñas nubes que embellecían aún más, si cabe, el paisaje y un día agradable para pasear y disfrutar de la orilla del mar. ¡Una maravilla!

Hicimos el recorrido por el pueblo acompañados por este preciosísimo día y con una temperatura más que agradable. Así que la visita fue completa. Visitamos la zona monumental con el castillo y la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, con su Albergue para Peregrinos y su primitivo Hospital de la Concepción. Todo el entorno es una preciosidad con unas vistas estupendas a las que la cámara no dejaba de enfocar. No había rincón que no mereciese una fotografía. Por eso, y por lo angosto de esta parte alta, me resulta extraño que aquí se ubiquen desde los Juzgados municipales (con un edifico nuevo que no hace ningún favor al entorno) hasta el Ayuntamiento, pasando por un colegio privado y viviendas a las que hay que acceder por la empinada calle empedrada tras retirar un bolardo… me pareció extraño, la verdad, extraño e innecesario. Pero supongo que sus razones tendrán. Al otro lado del puente sobre la ría también hay cosas que ver, aunque aquí la cámara se dirige, casi inevitablemente, hacia el mar, como el Miki, que nos dio algún susto. Si miramos hacia la calle del otro lado, corremos el riesgo de ser “asaltados” por quienes quieren recomendarte su restaurante…

 

Si he de poner alguna pega a este viaje es que no encontramos un buen sitio para comer. Tampoco buscamos mucho, porque además nosotros llevábamos nuestras cosas, pero como tuvimos tan buena sensación en Suances, quisimos repetir y no nos salió bien la jugada. En el camping no comimos bien, todo hay que decirlo. Y al día siguiente pedimos una pizza en un sitio cualquiera que, aunque estaba bien hecha y sabrosa, no era para tirar cohetes. En otra ocasión, o elegimos mejor, o nos quedamos en la furgo directamente. Por cierto, que teníamos muchas ganas de dormir en la furgo ¡hacía muchísimo que no lo hacíamos!

Tanto tiempo hacía que hasta nos olvidamos muchas cosas. No tuvimos la precaución de preparar el Potty y nos fuimos sin él. Tampoco revisamos el gas (la bombona esta ya en las últimas y como hacía tanto tiempo que no la usábamos casi no podemos calentar ni el café) ni el agua (nos fuimos sin llenar el depósito) y, por olvidar, hasta nos olvidamos del cargador de la cámara del marido, así que casi todas las fotos son mías. Pero, como estaríamos en un camping y solo por un par de noches (nos hubiésemos quedado solo una si hubiese aparecido la lluvia copiosa de la predicción), pues no nos preocupamos demasiado. Ni siquiera llevábamos comida para los tres días, pero si para salir del paso con alguna visita a una pizzería.

San Vicente de la Barquera es una maravilla paisajística. Desde antes de llegar ya se aprecia la belleza de un enclave que pugna por ser bonito mires hacia donde mires: a un lado el mar, al otro las montañas; en la entrada, una ría con uno de los puentes más bonitos del norte; en lo alto, un castillo y una iglesia que coronan el paisaje como una guinda corona un pastel. Todo  es precioso.

Pero sin duda lo que nos encandiló fue el camping y su entorno. Es un lugar muy frecuentado por surfistas que llenaban el camping (muchos se alojaban en los bungalows, preciosos) y el aparcamiento de la playa con sus furgonetas y autocaravanas. Y verlos trasegar por todas partes con sus tablas a cuestas (y sus hijos y sus perros, ellos y ellas, con niños de todas las edades) era fantástico. Claro que observarlos sobre el mar, con las oportunidades que les brindaron las olas los dos días que estuvimos, fue ya algo sublime. Nos contaron que el primer día las olas no eran de las buenas, las que a ellos les gustan, porque eran olas “de aire”, decían. El segundo día ya se vio que eran más de su gusto, porque una inmensidad de surfistas abordaron el mar durante todo el día (y una montonera de pescadores en el malecón y unos cuantos fotógrafos con sus trípodes capturándolo todo… era “el” día). De verdad que estuvimos encantados.

La playa canina está cerca de la carretera, en la rotonda donde hay que tomar el desvío hacia el camping. No está demasiado lejos de este, pero no está al lado tampoco. Hay que bajar unas escaleras, pero luego el espacio es precioso y la arena muy buena. Había varias personas disfrutando con sus perros tanto en la arena como en el mar, y nosotros pasamos una tarde magnífica allí con el Miki. Por cierto, conocimos a dos bulldogs inglés, preciosos, que llevaban una simpatiquísima pareja de Extremadura que estaban disfrutando de unos días en Cantabria. Ojala volvamos a coincidir.

El miércoles nos levantamos con ánimo de recoger enseguida y pasar un rato más en la playa antes de marcharnos, pero hacía un día tan bueno, tan magnífico, que no pudimos por menos que remolonear todo lo que nos permitieron en el camping antes de salir.

Luego, el camino de vuelta se nos hizo tan rápido como cuando volvimos de Suances, pero no porque tuviésemos ganas de irnos, sino porque lo hacíamos con la misma promesa. La de volver en cuanto podamos.

AlmaLeonor.

 

Como siempre, las fotos del viaje pinchando en las imágenes de cabecera (SUANCES y SAN VICENTE DE LA BARQUERA) y en ALMA VIAJERA.

 

 

 

EXCURSIÓN A FRÍAS (BURGOS)

EXCURSIÓN A FRÍAS (BURGOS)

Es sábado, 18 de marzo, primer día de puente para quienes tienen fiesta el lunes y hace un calor demasiado inusual para esta época, para estos lares y para nuestra costumbre, pero aun así…. ¡Nos vamos de excursión!

Llevábamos tiempo queriendo ir a conocer Frías, en la comarca de Las Merindades (capital Villarcayo)  en la zona conocida como Valle de Tobalina y Montes Obarenses.  Desde luego es una zona que hay que explorar a fondo, pues son muchos los lugares interesantes que encierra. De momento, hoy nos vamos a Frías.

Nos acompaña el “tigreton”, nuestra mascota viajera, como siempre desde que lo compramos en Suiza, nuestro segundo viaje importante por nuestra cuenta (el primero fue al Mont Saint-Michel), pero por el camino nos encontramos con otro “bichejo” que no esperábamos, uno de los 91 Toros de Osborne que quedan por la geografía española (14 de ellos en la CCAA de Castilla y León, ninguno en Valladolid), el antiguo Logo de las bodegas Osborne, diseñado por el pintor Manolo Prieto (aquí se puede leer más sobre su historia), aunque ni recuerdo en qué punto.

Lo que sí que recuerdo es la ruta que seguimos, así que si alguien está interesado puede seguirla y encontrar el bicho. Desde Valladolid tomamos la autovía A-62 hasta Burgos, y desde allí seguimos dirección Vitoria por la AP-1 de peaje (unos cinco euros) hasta tomar la salida 3 Briviesca-Oña. Allí seguimos por la N-1 hasta tomar la N-232 aproximadamente en Cubo de Bureba, para en Busto de Bureba (si, atravesamos esta comarca también, la Bureba), tomar la BU-504 que durante aproximadamente 17 kilómetros, nos llevaría a Frías, aunque aún tendríamos que tomar otra comarcal (BU-520). Pues bien. En todo ese recorrido no vimos ni un solo cartel que anunciara o promocionara la visita a Frías. Ni uno. Yo recuerdo haber visto algún cartel de carretera con la silueta inconfundible del peñón con el torreón del Castillo, pero desde luego por aquí no hay ni un solo cartel, y cuando tomamos la desviación desde la BU-504, apenas una señal antigua de esas blancas terminadas en pico indicaba la dirección con el nombre del pueblo, Frías. Señores responsables, quienes sean… un poquito de atención a estos detalles sería de agradecer.

También me iba quejando yo de la falta de un sitio donde parar y admirar el paisaje totalmente espectacular que se va abriendo ante nosotros según subimos el monte, cuando de repente, a 1000 metros de altura nos encontramos con una señal de punto panorámico. ¡Vaya! Esta vez me tengo que callar. El Mirador del Portillo de Busto, es un lugar maravillosamente enclavado al pie de la carretera (se hubiese agradecido, no obstante, alguna estrategia para entrar y salir con más seguridad, pues hay curvas antes y después del aparcamiento del mirador), que permite admirar todo el paisaje circundante de los Montes Obarenses y Las Merindades. Además, desde aquí salen varios caminos para hacer senderismo, a buen seguro con unos paisajes aún más preciosos. Primer acierto y no habíamos hecho más que empezar.

En Este punto leemos que hay una zona de cascadas en la localidad de Tobera, una formación sobre el río Molinar que cuenta hasta con una leyenda. Será nuestra próxima parada.

Tobera  es una antigua localidad muy cercana a Frías, de la que es barrio desde la época del Marqués de la Ensenada. Existió en época romana y por sus lindes aún quedan restos de la antigua calzada romana de la Bureba que unía la meseta castellana con la cornisa cantábrica. En el siglo XIII es zona de transformación de lana y con el tiempo, los saltos de agua del río Molinar fueron aprovechados para instalar batanes con los que cobraron auge las industrias de linos y papeles. En todo caso, parece que su nombre derivaría de la Toba, la piedra caliza tan abundante en este valle del Ebro. Hoy, Tobera, con su bonito Paseo del Molinar, es un enclave tranquilo visitado por turistas, senderistas y excursionistas como nosotros.

Según cuenta una de las leyendas de la zona, en este lugar a un correo real al ir a cruzar el peligroso paso del Río Molinar, le salió al paso una enorme serpiente, causando horror en jinete y caballo, que se desbocó. Entonces el correo real se encomendó al Santo Cristo de los Remedios mientras desenvainaba su espada dispuesto a hacer frente a la serpiente maligna, pero el reptil se volatizó en cuanto terminó su oración. Una vez cumplido el encargo postal que le había hecho la reina castellana, y puesta ésta al corriente de la hazaña, dio orden de construir en ese punto del río un pequeño humilladero al Santo Cristo de los Remedios que tan buen servicio había prestado. Hoy, en la capilla del humilladero, y bajo la imagen del cristo, se guarda en una urna de cristal la talla de una colosal serpiente con una calavera sobre ella, en recuerdo de este hecho milagroso. Dicen, que durante mucho tiempo en lugar de una talla de madera, hubo en realidad la muda de una enorme serpiente.

Esta es la leyenda de Tobera (que recuerda poderosamente a la batalla de San Miguel y el dragón/serpiente) por la que a 1,5 km aproximadamente del centro de la localidad, en medio de un estrecho paso del agua surcado por un puente romano-medieval (lugar por donde pasaba la calzada romana), se alza el pequeño Altar de Caminantes del Santo Cristo de los Remedios (al parecer es del siglo XVII por lo que la reina del encargo de la leyenda no puede ser Isabel, como he leído en algún sitio), al pie del Santuario de Santa Maria de la Hoz, un pequeño edificio construido en los años de la repoblación de Frías, justo durante paso del románico al gótico, por lo que contiene muestras eclécticas de ambos estilos. Fue una hospedería de peregrinos que bajaban por aquí para llegar al camino de Santiago.

El templo parece que data del siglo XIII aunque se cree que antiguamente había aquí uno anterior. El sitio, desde luego, parece apropiado para albergar un punto de culto pagano, con el río, las rocas y los árboles formando un todo. De hecho, hay una roca enorme a los pies del Santuario, con un árbol detrás (no es un tejo), que recuerda poderosamente a los lugares de culto celtas. Su construcción románica tardía presenta algunas de las novedades que ya trae el gótico, como son las arquivoltas ojivales de la puerta de entrada, que inusualmente cuenta con una fila decorada con figuras esculpidas. Los capiteles del soportal y el resto del tempo, son claramente románicos. Encima de la entrada todavía puede verse la ventana de la antigua vivienda del ermitaño. Las imágenes esculpidas sobre ella son de factura moderna, imitando las que existieron en su momento, pero el resto son de la misma época que el tempo y encontré alguna muy curiosa, con forma de cabeza diabólica… La ermita solo se abre en el mes de julio, cuando se celebra aquí una romería.

Por cierto, que ya en el mismo aparcamiento a pie de carretera, un macho cabrío y dos cabras salen a saludar a todo el mundo (y de paso a pillar bollo, bocadillo, dulces o lo que sea), con mucho descaro. Y es que no me extraña nada de nada, porque por aquí crece mucha cicuta (es parecido al perejil) así que supongo que no les amargará un dulce. Como digo, hay apenas un kilómetro y medio entre ambos recorridos (ermita y cascadas) que se puede hacer perfectamente a pie, pero luego me di cuenta de que yo había “triscado” demasiado por aquí.

Se nos había hecho un poco tarde y queríamos comer en Frías, pero al llegar nos quedamos embelesados por la magnífica Área para Autocaravanas que tiene a sus pies (ver la web para condiciones. Nosotros solo aparcamos no pernoctamos). Y justo al lado un área recreativa, Las Fuentecillas, con mesas, papeleras, mucho espacio verde, aparatos de gimnasia, un antiguo Lavadero Medieval restaurado  y un riachuelo que atraviesa todo el recinto para adentrarse en un molino privado. Un sitio privilegiado.

Desde aquí se puede subir andando al pueblo, pero nosotros fuimos con la furgo porque nos dijeron que hay varios aparcamientos justo antes de la zona monumental en el centro. Y sí, hay aparcamientos, al menos vimos dos, justo a  los pies del castillo, con lo que la visita es mucho más cómoda. En lugar de empezar por la visita al castillo, optamos por ir al pueblo y buscar donde tomar un buen café. De camino encontramos el antiguo Convento de San Francisco, hoy vivienda y un rollo muy desgastado en el rincón de una casa. Y un poco más adelante, todo en cuesta arriba (todo lo bonito suele estar cuesta arriba), tuve que entrar en una tienda de recuerdos para ver si tenían un bastón o un palo de caminante. Mis rodillas me dieron un serio aviso y no podía más. No había tenido la precaución de coger mis propios palos (no se me van a volver a olvidar más), así que menos mal que tenían uno al menos para terminar la visita. La tienda estaba justo debajo del gran peñón que sustenta el castillo y toda ella estaba atravesada por una enorme roca. “Que pueblo tan bonito tenéis”, se me ocurrió decirle a la mujer de la tienda. “No es pueblo, es ciudad”. ¡Oh! ¡Pues que ciudad tan bonita! Ya sabemos algo más de Frías.

Frías es la ciudad cabecera del municipio, en la comarca de las Merindades cuya capital y partido judicial es Villarcayo, situado sobre el cerro de La Muela al lado del Ebro. Su nombre procede de un término en latín que significaría “Aguas Fridas”. Durante mucho tiempo, tanto en época romana como medieval, fue un punto estratégico del paso por el Valle de Tobalina, entre la meseta castellana y las tierras cántabras del norte y esta circunstancia la hizo próspera, ya que el punto se convirtió en un lugar de cobro de derechos de paso como atestigua el entramado defensivo de todo el municipio, así como el torreón que se encuentra en medio del Puente Medieval sobre el Ebro. Después, hacia el año 1000, pasó a ser un enclave estratégico en la guerra entre Navarra y Castilla, cuando Sancho III (990-1035) el mayor incluye esta zona en el reino navarro. Tras la derrota de Atapuerca en el año 1054, Frías vuelve a Castilla, ahora ya transformada en reino (muy amplia e interesante la historia del municipio que figura en la página web del Ayuntamiento).

Es a finales del siglo XII cuando esta ciudad aparece ya citada como “civitas”, por lo que es probable que existiese aquí, en la “Muela de Frías”, un antiguo asentamiento con una fortaleza en plena lucha contra los musulmanes. Ya en el siglo XIII se le dota de una muralla defensiva y se refuerza todo el entorno, pasando a ocupar el centro de defensa de la comarca en detrimento del Castillo de Petralata  (o Petralaja) en la Bureba, en Oña. Ya por entonces, bajo la fortaleza empieza a crecer su alfoz, las viviendas de Frías. En el siglo XV, llegando ya a su fin la Reconquista, los Reyes Católicos crean el ducado de Frías para los Velasco, una familia noble procedente de Cantabria, que llegaron a ser Grandes de España. El primer duque de Frías, en 1492, fue Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza (1454-1512), apodado el Gran Condestable, que además ostentó los títulos de III conde de Haro y VII condestable de Castilla. Este Velasco fue Virrey y capitán general del Reino de Granada, además de consejero de la Reina Juana I de Castilla.

El Castillo de Frías se encuentra estratégicamente ubicado en un extremo del peñasco de La Muela, lo que le da al torreón su característica forma “roquera”. El conjunto actual, muy bien conservado, es el resultado de una mezcla de construcciones de los siglos XII, XIII, XV y XVI, cuando se le dota de troneras para la artillería. En el patio de armas se encuentra un aljibe con un pozo. El acceso cuenta con un puente levadizo para salvar un foso excavado en la roca. La Torre del Homenaje, de mampostería y planta poligonal, se eleva de forma independiente del resto del castillo, al que se accede por una angosta escalera. Esta torre sufrió un gravísimo derrumbe en 1830 causando varias víctimas mortales. La causa se originó muchos años antes, cuando las tropas de Napoleón asediaron la muralla de Frías intentando acceder por una de sus puertas: la de Medina, la del Postigo y la de la Cadena o también llamada de la Villa. Fue esta última la que se voló y fue destruida por las tropas francesas, deteriorando seriamente la Torre del Homenaje. Toda la función militar del castillo de Frías cesó tras la Guerra de Independencia y en 1920 pasa a manos municipales. Hoy, es uno de los conjuntos monumentales más visitados de Burgos.

Otro de los lugares interesantes de Frías es la Iglesia de San Vicente Mártir y San Sebastián,  situada al otro lado del Castillo en el mismo promontorio rocoso de La Muela, como complemento defensivo del mismo. De su primitiva iglesia apenas quedan algunos restos, ya que un derrumbe en 1904 hizo que tuviera que reconstruirse casi por completo. Tras este desastre, su portada románica principal fue vendida al Museo de los Claustros de Nueva York y con lo obtenido se reconstruyó la nave. Cuenta con capillas interesantes de los siglos XIV y XVI, altares, sepulcros platerescos, un órgano de 1720 (recientemente recuperado), varias muestras de imaginería y pinturas religiosas, vidrieras (una de San Sebastián que fotografié desde el exterior, es uno de mis iconos favoritos) así como una exquisita reja de forja rodeando la Capilla de la Visitación, con un retablo atribuido al pintor e imaginero Juan de Borgoña (1494-1536). Esta capilla fue fundada en 1490 por un matrimonio de juedoconversos a cambio de ser allí sepultados, pero no se terminó toda la capilla y las sepulturas hasta 1519, terminadas por su hijo, Clemente López de Frías, quien llegó a ser deán de Sigüenza y mecenas del Monasterio de Nuestra Señora de los Huertos de Sigüenza (Guadalajara).

No pudimos admirar el interior como hubiésemos querido porque había una misa, pero como volveremos a Frías, intentaremos descubrir todas estas maravillas próximamente. En el exterior puede admirarse un Arco Plateresco, resto del pórtico que cubría toda la parte baja del templo y que se derrumbó completamente en 1836, realizado por los mismos arquitectos que la capilla de la Visitación, así que podíamos hacernos una idea de su magnificencia. La página web del Ayuntamiento de Frías la califica como “uno de los mejores ejemplos de arquitectura plateresca de la provincia de Burgos”.

Desde la Iglesia se accede a una explanada en la que se pueden admirar restos de la Muralla antigua de Frías, que data de la misma época que el castillo, del siglo XIII, y constata el carácter defensivo de la Iglesia de San Vicente. Desde la Puerta del Postigo, visible desde su reconstrucción en 1997, se accede a un paseo de ronda por los bajos del castillo que llega hasta el actual aparcamiento.

Uno de los encantos de esta ciudad de Frías son las llamadas Casas Colgadas, viviendas realizadas en toba y madera que se fueron construyendo al abrigo del promontorio de La Muela, conformando un paisaje en el que parecen asomarse al precipicio. Hay un camino que desciende desde la plaza hacia el lado sur de la ciudad para poder admirarlas, pero nosotros dejamos esta visita para el final, llegando hasta el cercano Monasterio de Vadillo (del siglo XIII, hoy en desuso)  para poder admirarlas en toda su extensión.

Y ya solo nos queda una visita que realizar, el Puente Medieval sobre el Ebro. Sobre el río existió un puente ya en época romana que fue reconstruido muchas veces hasta llegar a su actual conformación medieval con un torreón defensivo-recaudador en medio. Es posible que este torreón date de 1396 cuando se otorga a la ciudad los derechos de pontazgo, y que dado el trasiego que se atestigua en esta ruta (comerciantes y trashumantes que circulaban entre la meseta castellana, la Rioja y la cornisa cantábrica), debió de contar con mucho éxito. El torreón mide 143 m de alto desde el nivel del agua, lo que también le otorga un punto estratégico defensivo de primer orden. Hoy ofrece unas preciosas vistas sobre el Ebro a su paso por esta bonita ciudad, así como del promontorio de La Muela con su castillo e iglesia a uno y otro lado. También cuenta con un área recreativa que invita a pasar la tarde, pero nosotros ya hemos de dar por terminada nuestra excursión. Será para otra vez.

Todas las fotos, aquí, o pinchando en la imagen de cabecera.

AlmaLeonor