DESTINO INCIERTO

DESTINO INCIERTO

Imagen: Ramon Casas i Carbó

Relato finalista en el VIII Certamen de Microrrelatos Ateneo de Mairena del Aljarafe (Sevilla)

Le insisto acerca de la trascendencia del destino, pero es como darse contra un muro: persevera en que el destino resulta irrelevante si no nos esforzamos en disfrutar del trayecto, que solo desea experimentar una inédita experiencia a cada minuto, que la incesante concatenación de hallazgos inesperados enriquece nuestro devenir… que carece de lógica obsesionarse con el destino.

Estrangulo el asentimiento en mi garganta. Lleva razón: nadie argumentó jamás con tamaña nitidez mi verdadera misión en la vida.

Empero, enfrentándome a dicha lógica aplastante, reniego de ella y repito que en esta agencia de viajes no trabajamos así.

Blog Las Crónicas del Otro Mundo

«Las Crónicas del Otro Mundo»,
Adrián E. Belmonte y Carlos López,
Editorial Amaranta

AL BORDE DE LA NATURALEZA

AL BORDE DE LA NATURALEZA

LA IDEA
El ordenamiento de los objetos debe tener un hilo conductor que sirva para transmitir un contenido. Este es el aspecto más importante a la hora de empezar a plantearse montar una exposición. Tener un criterio en torno al cual van a seleccionarse y a ubicarse las fotos que vayamos a exhibir. Esto quiere decir que hay que elegir una temática, una idea guía, una
intención principal hacia la cual va a dirigirse la composición del espacio que vayamos a disponer. Hay que partir de algún punto, hay que definir cuál será el motivo principal de la exposición que vamos a organizar. La selección de las fotografías es la clave del éxito.

LA LEY DE LA SEMEJANZA
En el ámbito expositivo COMPONER significa ordenar el espacio y este espacio, además, ha de estar dispuesto bajo un criterio que consiga una muestra armónica, homogénea, que evite los contrastes violentos. Esto es conocido como la ley de la semejanza. Una de las cosas más importantes que tendremos en cuenta a la hora de montar una exposición, es dar la sensación de que el espacio nos invita a estar y, sobre todo, a mirar. Y de la armonía que se desprendan estas dos sensaciones dependerá la calidad del mensaje que pretendamos transmitir.

AL BORDE DE LA NATURALEZA
Una mirada abierta más allá de todo lo que nos rodea.
El marco en la naturaleza lo pone tu mirada.

Exponer es avanzar en la carrera del fotógrafo como artista.
Intencionalidad: Reflejar y mostrar una profunda veneración por la belleza y la libertad del mundo natural.

Pero el arroyo siguió fluyendo. Uniendo el Pasado y el Futuro.
Su búsqueda fue larga. Pero segura.
Pues el Espíritu vivía, esperando.
Liberado, resurgió su Poder.
El Lobo recobró su libertad. La Tierra toda.

LA LEYENDA DEL LOBO CANTOR
(George Stone)
Para llegar a la montaña tienen que atravesar 7 valles: el
valle de la búsqueda, el valle del amor sin límites, el valle del
conocimiento, el valle de la independencia (de la libertad), el
valle de la pura unidad, el valle del vértigo del
enamoramiento que priva de toda certeza y, finalmente, el
valle de la pobreza y la muerte (el olvido de sí), valle más
allá del cual no se puede avanzar.
“El lenguaje de los pájaros”
(Farid ud-Din Attar)
La vida es un fulgor tan
breve que la ardilla,
rojo relámpago del
bosque,
hace todo deprisa;
por si la diera tiempo.

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO
LOS QUE INICIARON EL VIAJE SE CONVIRTIERON
EN SUS PROPIOS AMIGOS Y A LA VEZ ENEMIGOS
DE SÍ, PORQUE CADA CUAL ES PRISIONERO DE
SUS ILUSIONES.

“EL LENGUAJE DE LOS PÁJAROS”
(FARID UD-DIN ATTAR)
LIBERTAD
PORQUE SÍ, EL AGUA
ECHÓ A CORRER, SALTÁNDOSE EL REGATO.
¿HACIA DÓNDE?
¿Y QUÉ LE IMPORTA AL AGUA?

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO
No aprendas nada, y el próximo mundo será
igual que éste, con las mismas limitaciones y
pesos de plomo que superar.

JUAN SALVADOR GAVIOTA
(Richard Bach)

Proyecto Expositivo de mi marido, Jose María de la Portilla, trabajo teórico final del curso de fotografía que ha realizado durante los últimos seis meses. Todas las fotografías son suyas.

AlmaLeonor_LP

CARCASSONA Y ALREDEDORES (2)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (2)

Carcassona y alrededores (fotos aquí o pinchando en la imagen)

Este viaje no lo iniciamos en Valladolid, sino en Pamplona, a donde llegamos el día anterior, el 17 de noviembre. De Pamplona salimos a las 10:00 de la mañana del 18, rumbo a Carcassona, no sin antes repostar a 1,30€ de gazole (un total de 65€).

Lo primero que tengo que decir es que, tal vez inocentemente, fuimos desde Pamplona hasta la frontera en Irún por la carretera nacional (N-121a), no por autopista (AP15), por lo que el viaje fue más lento y, esto fue inevitable, lleno de obras en varios tramos. Eso sí, el paisaje espectacular. Todo el otoño en explosión de colores a nuestro alrededor, sobre todo en los tramos en los que atravesamos o dejamos cerca los bosques de Orgi y Bertiz. También nos encontramos con varios túneles (alguno cerrado que nos obligó a circular por el puerto) y tramos de fuerte pendiente de bajada que llegaron a taponarme los oídos. Después, está el tema de atravesar Irún. Llevábamos puesto el Tom-Tom, pero en una rotonda nos hacía dar la vuelta por donde habíamos venido y no nos pareció lógico, así que tomamos la salida anterior y… se lio todo de una manera tremenda. Había muchas obras, dimos un montón de vueltas, pagamos un peaje (1,04€) de más y, finalmente, volvimos al punto donde nos confundimos y, efectivamente, había que volver por donde habíamos entrado para tomar un desvío casi inmediatamente a la derecha hacia Bayona. En ese momento decidimos no volver a dudar del Tom-Tom (no lo hacíamos por capricho, es viejo, está sin actualizar y ya nos la había jugado alguna vez antes) y seguir sus instrucciones. Claro que después el muy capullo se vengó y llegó un momento en el que ya fuese porque estaba nublado, ya porque es muy antiguo, ya por que sí, el caso es que funcionó pocas veces más. De este viaje no pasa que lo jubilemos.

Aire D’Hastingues (Francia)

Por cierto que llevamos todo el camino con unos 14º de temperatura y un cielo azul y soleado. Son las 11:25 de la mañana y hemos recorrido 93 km cuando pasamos la frontera francesa. Hay mucha policía gala, equipados con rifles y con cara de pocos amigos. No sabemos si será debido al COVID o por algún chivatazo, pero es la primera vez que vemos algo así en este punto. Empezamos la deriva de peajes: Biriatou (1,80€), La Négresse (2,50€), recogida de ticket en Sames y pago en Lestelle (19,40€), Muret (1,80€), recogida de ticket en Toulouse y pago en Carcassona-Est (9,10€). Total 35,64€ de peajes (incluido el de Irún que no debíamos haber pagado), que ya está bien, y eso solo en el viaje de ida. Afortunadamente, con lo poco que hemos circulado, no tuvimos que repostar más que una vez y poco (35€), antes de volver a entrar en España (repostamos en Pamplona ya para volver a Valladolid, por lo que no lo cuento como gasto del viaje), así que podemos decir que los gastos de gazole (me encanta esta palabra francesa) han sido en total 100€ justos.

En medio hicimos una parada corta en el Aire D’Hastingues y otra más corta todavía en el punto de peaje de Lestelle, donde seguíamos con una buenísima temperatura, 13º en este momento, y eso que ya llevábamos un trecho viendo los Pirineos nevados en el horizonte. El paisaje seguía siendo impresionante, tanto como las bajadas con fuerte pendiente por la que pasamos aproximadamente entre Pau y Tarbes, con ratios de 5% y 6% continuamente. En Toulouse, cogemos la E80 dirección Montpellier, la llamada Autoroute des Deux Mers, y después de más obras  y más paisaje infinitamente bello, tomamos la salida 24 dirección Carcassona-Est, dejando atrás el área desde donde se divisa la Cité y que ha sido punto de parada casi obligada las otras veces que pasamos por aquí.

A las 16:30 horas y con 515 km en el marcador, parábamos en la puerta del Hotel Espace Cité en la Rue Trivalle. Como diría el Tom-Tom… ¡Ha llegado a su destino!

DÍA 18 DE NOVIEMBRE: CARCASSONA LA NUIT

La entrada a la Cité por la Puerta Narbona

De la Cité de Carcassona hay pocas cosas que contar que no sepa ya prácticamente todo el mundo. No obstante, una amplia explicación sobre la historia de la Cité se puede encontrar en una entrada anterior de HELICON, el relato de nuestro VIAJE POR LOS CASTILLOS CÁTAROS del 2012, así que remito a ese artículo para saber más. Lo que si diré aquí, de nuevo, es que una vez que has visto su silueta en el horizonte ya no puedes sustraerte de acercarte a ella. Es un lugar imponente, soberbio, atrayente y muy, muy fotogénico. Nada más llegar al hotel, inscribirnos, instalarnos y asearnos, nos fuimos directos a la Puerta Narbona para fotografiar la Cité de noche.

El visitante olvida aquí, de pronto, los automóviles, la multitud de veraneantes y el estrés de sus contemporáneos

Así empieza una guía de Carcassona que adquirimos en el hotel. Nada más incierto. De día es un trasiego continuo de turistas. De noche, hay mucha gente igualmente, tanto visitantes como habitantes de la Cité, que los tiene (y no me refiero a los hospedados en los hoteles). Hay que tener muchísimo cuidado con los vehículos pues el tocón que impide el paso durante el día está abierto por la noche y el tránsito de coches es constante (durante el día se pueden ver algunos del mantenimiento de la Cité, debidamente identificados) y todos van muy rápidos (demasiado, pienso). Suponemos que serían los vehículos de los negocios para aprovisionarse para el día siguiente, pues alguno vimos descargando cosas en un par de locales.

Calles de la Cité

Pero esa noche también nos encontramos con alguna sorpresa, como por ejemplo, una dotación de bomberos que debían estar achicando agua de algún punto del interior de la Cité pues una manguera recorría buena parte de la calle central, la Cross Mayrevieille (no fuimos a ver hasta donde llegaba, pero si vimos a varios sapeurs pompiers deambulando por el interior de la Cité), desde la entrada, donde estaba el camión de bomberos que no cabe por la Puerta Narbona. También llegaron gentes que entraban por una puerta lateral nada más acceder a la Cité, y que guardaban dos personas con identificadores. Me pudo la curiosidad y pregunté. No se trataba de un espectáculo público, sino de un acto privado que se celebraba en la llamada Torre del Tesoro, y cuyo camino de acceso desde ese punto estaba iluminado. Y cuando ya casi nos íbamos vimos llegar dos autobuses hasta la misma Puerta Narbona. Un tropel de gente entró en grupo en la Cité y, de nuevo, la curiosidad nos hizo querer saber dónde iban. No sería a cenar, porque a esas horas (no eran ni las ocho de la tarde), todo lo que podía estar abierto en la Cité estaba ya cerrado y los pocos restaurantes abiertos, no tenían apenas gente y se disponían a cerrar. Así que ¿dónde iban? La respuesta, de nuevo, era privada. En el Anfiteatro (en realidad llamado Teatro Jean Deschamps) situado al lado de la basílica que solo puede verse desde lo alto de las murallas en la visita pagada al Castillo Condal, se celebraba un acto (no llegamos a entender si obra de teatro o concierto) al que acudían todas esas personas de los autobuses.

La Lices Basses (Torre Samson)

Total, que entre unos y otros, además de visitantes como nosotros que no dejaban de entrar y salir por la Puerta Narbona (es decir, sin contar los que accederían por las otras puertas), volvimos a constatar que pese a ser noviembre, noche cerrada, frío (moderado, no obstante) y sin apenas locales abiertos, la Cité sigue siendo muy visitada. Pero logramos hacer nuestras fotos nocturnas sin gente.

DÍA 19 DE NOVIEMBRE: LA CITÉ Y LA CIUDAD BAJA

La Cité de Carcassona. Puerta Narbona

El día de hoy le reservamos para dedicarlo por entero a la Cité y la ciudad de Carcassona. Hoy no moveremos la furgo del pequeño aparcamiento libre del hotel (según la web, este aparcamiento no se reserva, pero a nosotros nos hicieron el favor de guardarnos el sitio los días que salimos, todo un detallazo por su parte). Amaneció claro y luminoso y con una temperatura más que agradable (entre 7º y 10º grados toda la mañana), así que pudimos ir más ligeros de ropa.

Cementerio de la Cité

Empezamos a hacer fotografías antes de entrar en la Cité, pues vimos que estaba abierto, y entramos, en el Cimetière de la Cité, el cementerio más antiguo (algunas tumbas datan de 1800) y popular de los cuatro que tiene Carcassona (La Conte, Saint Michel y Saint Vicent, son los otros) y el único en la margen derecha del Aude. Sobrecoge, como todos los cementerios, pero este lo hace especialmente por la cantidad enorme de enterramientos que tiene, los muchos recuerdos que adornaban todos y cada uno de ellos (más que flores, que también había, pequeñas lápidas y recordatorios de todo tipo que abigarraban las tumbas) y por las torres medievales de la Cité sobresaliendo por encima de las cruces y ángeles de las lápidas de piedra. Una tumba sin cruces me llamó la atención.

Dama Carcas

Volvemos a la entrada de la Puerta Narbona para detenernos de nuevo junto a la Dama Carcas, la valiente mujer que originó, según cuenta la leyenda (ver HELICON ), el nombre de Carcassona: «Sire, Carcas sonne!». Aunque la que preside la Puerta Narbona es una reproducción, la original se encuentra en la exposición del Castillo (Musée Lapidaire), a partir de aquí ya todo es admiración, majestuosidad y leyenda viva. Cada pequeño detalle merece la pena ser fotografiado, con el aliciente, además, de que la poca gente que deambula por la Cité (había gente, pero mucho menos que en verano) invita a hacer más fotografías.

La Torre del Tesoro y la Torre de Bérard a la derecha

La ciudadela o la Cité de Carcassona tal y como la conocemos hoy es una recreación realizada por el gran arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879)​ sobre vestigios de siglos anteriores. Las obras comenzaron en 1853 y se prolongaron hasta el año 1911, ya con su sucesor, Paul Boeswillwald al frente. Hay restos de la época galo-romana (siglos IV y V) y de la época medieval (siglos XII a XIV). La Cité está rodeada por un total de 52 torres (todas tienen su nombre), cuatro puertas fortificadas (también los tienen) y 3 kilómetros de murallas.

Lices Hautes. Torre Moulin du Midi (derecha) y Gran Burlas (izquierda al fondo)

Gran parte de la Cité es visitable de forma libre y es el principal de sus encantos. Recorrer las lices, o calle entre las murallas interior y exterior, así como sus calles y callejuelas, plazas y recovecos, todas ellas repletas de tiendas, hoteles y restaurantes (y viviendas), invitan a realizar, esta vez sí, un viaje al pasado.

El visitante contempla estas torres y estas murallas en las que resuenan rumores de batalla, relinchos de corceles y zumbidos de ballestas. Se imagina a los caballos partir a galope por las puertas del castillo o a los burgueses desterrados huir en camisa por las pedregosas pendientes…”

Castillo Condal. Puerta fortificada y puente sobre el foso. Torres Casernes (con matacanes) y Mayor (al fondo)

El Castillo Condal  (Château Comtal) es uno de los edificios más destacados de la Cité, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1997. Fue mandado construir en el siglo XII por el vizconde de Carcassona, Ramón Trencavel, de una manera bastante avanzada para su tiempo. En el año 1209 la cruzada albigense conquista la ciudad y pasa a dominio real en 1226.

Está situado sobre un pequeño promontorio de la Cité, en el cinturón antiguo de la ciudad. La fachada exterior se asoma al rio Aude y domina la ciudad nueva (la Bastida). La entrada al castillo está situada en el interior de la Cité y está defendida por una barbacana circular, un foso seco (nunca se cubrió con agua) que salva un puente que en un principio no era de piedra, y una puerta flanqueada por dos torres de defensa. El edificio del castillo forma un espacio casi rectangular defendido por dos barbacanas semicirculares y por otras tres torres (San Pablo, Cuarteles y Mayor),  que muestran galerías de madera suspendidas, algo que no se conocía hasta entonces y que en el futuro serían conocidas como matacanes. La puerta del castillo se cerraba con un rastrillo y una puerta con armazón de hierro tras de la cual existía otro rastrillo. Estos dos rastrillos se maniobraban desde distintos puestos, separados entre sí, para evitar que una traición los invalidara. Muy listo el señor vizconde (y muchas traiciones debieron existir para tomar esta medida). El lado oeste del castillo está formado por la propia muralla exterior, de época galorromana (torres Pinte, que es rectangular, Pólvora y Capilla), y los lados sur, este y norte, dan al interior de la ciudadela. Desde el interior del castillo se puede hacer un recorrido por encima de las murallas de la Cité: la muralla medieval al oeste y la muralla galorromana al norte.

Poternas exteriores: Notre-Dame (primer término) y Mouretis (al fondo).
Torres interiores: Vieulas (izqd.) y Rodez (drcha.)

Tampoco le visitamos esta vez, será para la próxima (la entrada permite entrar y salir hasta tres veces en un día). Antes de seguir con la visita hagamos algo de historia de la construcción de la Cité. En el siglo XIII, las huestes del rey Luis VIII, “el león”, de la dinastía de los Capetos, consiguen vencer a los Trencavel que pierden definitivamente la ciudadela. El rey decide entonces reparar las murallas. De esta época son las defensas interiores y la fortificación de las exteriores. Destacan las torres más fuertes de toda la construcción, Gran Burlas y, sobre todo, Vade, un torreón dotado de pozo y horno que mide unos 25 m de altura. En el exterior destacan la torre Peyre.

Torres exteriores: La Peyre y La Vade. Torres Interiores (drch. a izqd.): Saint Sernin, Trauquet, St. Laurent y Davejean. Al fondo Torre Baltasar.

Siguiendo a su predecesor en la reconstrucción de la Cité, de Luis IX, “el rey santo” (San Luis), son la Barbacana de San Luis y la Puerta Narbona (al este), mejor dicho, la antepuerta que situó delante de la que ya existía y que constituye el prototipo de las puertas fortificadas de la Edad Media. Está compuesta por dos torres gemelas de 25 m de altura, que al estar unidas entre sí estrechan la entrada, que mide tan solo 2,50 m. Cada torre se prolonga hacia adelante por un saliente con arquerías que permitía a los arqueros cubrir mejor el paso, también provisto de dos rastrillos, una puerta fortificada y un puente levadizo. El rey colocó defensas también en las otras puertas de acceso a la Cité: Puerta del Aude (oeste), Puerta de San Nazario (sur), Puerta de Rodez (norte). La Puerta del Aude contaba con una barbacana defensiva en su tiempo, pero solo queda hoy la rampa de acceso, rodeada de murallas almenadas, ofreciendo una de las vistas más bonitas de la Cité.

Puerta del Aude (efecto Wi-Fi)

Las reconstrucciones de San Luis alcanzaron las torres de la defensa interior: Trauquet, St. Laurent, Davejean y Baltasar. Reformó y reforzó con grandes piedras de cantería las bases romanas de las murallas situadas al otro lado, al igual que las torres de este costado: Molino du Midi, Condestable, Vieulas, Marquière y Samson. De esta época son también las protecciones de las torres Baltasar, San Martín y Mipadre, fortificadas al estilo de la Puerta Narbona.

Torre Mipadre

De Felipe III, “el atrevido” (sucedió a su padre Luis IX tras morir durante la octava cruzada en Túnez), son las obras de las torres sur, Prisiones e Inquisición, así como la Torre del Tesoro, un potente torreón cuadrangular, rematado con un aguilón escalonado de estilo flamenco, que se redondea en la parte que da a las lizas, constituyendo casi una torre diferente. Consta de una bodega, dos pisos abovedados y un tercer nivel con pisos de madera. Bajo el armazón del tejado, un último nivel permite acceder a las almenas.

Imagen de la Virgen en la Puerta Narbona (y tocón que impide el paso de vehículos)

Sobre la Puerta Narbona una imagen de la virgen (el niño que portaba desapareció) del siglo  XIV, anuncia la religión de sus moradores y evidencia que la reforma de la Cité duró varios siglos. Paradójicamente, desde finales de la Edad Media su importancia defensiva fue disminuyendo, hasta que fue necesario rearmarla para la defensa de Francia frente a la Corona de Aragón, ya en época de Felipe el Hermoso, manteniendo esta función defensiva de frontera hasta la firma del Tratado de los Pirineos (7 de noviembre de 1659) que fijó definitivamente la frontera franco-española alejada de la Cité. Su deterioro fue evidente desde esta fecha hasta el siglo XIX cuando se acometió su reconstrucción.

Estatua de San Luis enrejado en una esquina
Edificio en una de las plazas de Carcassona

Además de las torres, las murallas, el castillo, la barbacana y las puertas defensivas, la Cité cuenta con algunas otras maravillas. Sus calles son una de ellas. Los edificios rezuman historias medievales, y esconden, a poco que te fijes, algunas maravillas que sorprenden en cada esquina. Como la pequeña estatua de San Luis que se esconde tras una reja.

Place du Château

También sus plazas, más dominadas por los comercios y restaurantes, pero con rincones tan bellos como el pequeño jardincito que hay en la Place du Château, y que nos sirvió de improvisado lugar para comer. Otras plazas también ofrecen bellezas, como las dos presididas por pozos: Place du Grand Puits y Place du Petit Puist,que abastecían de agua a la Cité. Las Plazas Marcou y Auguste Pierre Pont, son otros de los lugares más encantadores (y más llenos de restaurantes, sobre todo la primera). Y no hay que olvidar, para quien tenga curiosidad, los varios pequeños museos de la Cité: el Museo de la Escuela (Musée de l’Ecole); el Museo de la Inquisición (Musée de L’inquisition, con dos ubicaciones); y la Maison Hantée, la casa encantada, un lugar donde, dice el folleto, los “escalofríos y miedos están garantizados”… Pues ya saben.

Place du Petit Puist

Y una curiosidad que nos hemos encontrado en este recorrido es una especie de “desgaste” en las paredes de una parte de la Cité (la que da a la puerta del Aude, que ofrece al visitante una de las vistas más bellas de todo el conjunto, insisto), que parecían señales de red Wi-Fi. No es eso, claro está, sino las consecuencias de un montaje artístico que se llevó a cabo en el año 2018 y que cubría por completo esta puerta con unas cintas (o pintadas) amarillas. Era una obra titulada “Círculos concéntricos excéntricos”, del artista Felice Varini, para celebrar el 20 aniversario del nombramiento de Carcassona como Patrimonio de la Humanidad. Sinceramente, a mí no me gustó ese montaje (pueden verlo pinchando en el título) ni el efecto que hace actualmente, tres años después de la instalación. Prefiero la ciudad tal y como se veía en nuestras anteriores visitas. Aunque el efecto que se aprecia en las fotografías parece curioso, a mí me resulta inconveniente.

Durante la época estival la Cité cuenta con varios espectáculos, como el de la “Ciudad de las piedras vivientes”, en agosto, cuando en la noche se proyectan diferentes trabajos artísticos sobre las murallas de Carcasona acompañados de música. También se celebra el Festival de Carcasona, en el mes de julio, y que incluye espectáculos de teatro, música, danza, proyección de documentales y otros actos, en el Teatro Jean Deschamps, en el interior de la Cité. Este escenario privilegiado cuenta hoy con 3000 localidades de asiento (llegó a tener el doble) y desde el año 2006 está dedicado al actor y director de teatro francés Jean Deschamps, fundador del Festival de Carcassona en el año 1957.

Basílica de San Nazario y San Celso de Carcasona

Faltaría mencionar la Basílica de San Nazario y San Celso de Carcasona (Église Basílica de SaintNazaire-et-Saint-Celse de Carcassonne), que fue catedral hasta 1801, monumento histórico desde 1840 y se mantiene con el rango de basílica menor desde 1898. Su origen es una iglesia del siglo VI de la que no queda nada y sobre la que se erigiría un templo carolingio en el siglo VIII. Pero todo eso parece perderse en las brumas de la leyenda. La primera mención constatada a la actual iglesia bajo la protección de San Nazaire data del siglo X, cuando el obispo Gimer la eleva al rango de catedral. Más tarde, en el año de 1096, es consagrada por el Papa Urbano II. Todo el conjunto sufrió daños con los asedios de la cruzada albigense, pero también reparaciones y ampliaciones. Violet-le-Duc modificó tanto el exterior como el interior de la basílica manteniendo los dos estilos que la caracterizaron: el románico y el gótico. El románico evoca la prosperidad vizcondal de la época de las cruzadas, y el gótico evidencia la victoria de la iglesia sobre la herejía.

Altar mayor y vidrieras de Saint Nazaire

Del interior, destacaría yo sus vidrieras, que decoran el santuario y el crucero, y están dedicadas, unas a la infancia y pasión de Cristo (datan de 1280), y las demás a la vida de San Pedro y San Pablo, así como a los patronos, San Nazaire y San Celso, que son un poco más tardías (siglo XIV). Todas las vidrieras fueron restauradas durante la reforma de la Cité en el siglo XIX por el parisino Alfred Gérente (1821-1868).

Órgano de Saint Nazaire

Pero hay más maravillas. Por ejemplo el órgano, que ya existía en el siglo XVII (del fabricante Jean de Joyeuse) y es de los más antiguos de Francia. Aunque se ha restaurado varias veces (en los siglos XVIII, XIX y XX) apenas se utiliza hoy en día. Está catalogado como monumento artístico.

Piedra del Asedio

También alberga la llamada Piedra del Asedio (Pierre du siège) que representa la batalla de Toulouse en el siglo XIII, durante la Cruzada Albigense, donde es asesinado Simon de Montfort. Su cadáver fue devuelto a Carcassona y enterrado en la Iglesia de Saint-Nazaire, pero años después sus restos fueron llevados a un monasterio cerca de Toulouse y se piensa que esta piedra (descubierta en 1835) formaba parte de su tumba (sus restos están en Toulouse, pero en Saint-Nazaire se conserva también una lápida que debió formar parte del enterramiento primitivo). La curiosidad de esta Pierre du siège es que muestra el asedio con un trabuquete ¡manejado por mujeres!

Campana en Saint Nazaire

Una enorme campana de bronce llama enseguida la atención.   Construida en el siglo XVI, fue colocada en un principio en el crucero, en el sur de la basílica y hoy reposa en el suelo, sin que haya encontrado la razón. También vimos un relicario en madera de San Roque y, como no, una estatua de Juana de Arco, además de otras estatuas de obispos y santos (una lista de los objetos catalogados que se encuentran en la basílica puede verse aquí). También se puede visitar el Museo del Tesoro de Notre Dame de l’Abbaye.

Gárgola en Saint Nazaire
Puerta románica de Saint Nazaire

Del exterior son admirables sus agujas  y la torre (gran parte del exterior de la basílica estaba en obras, cubierta por andamios y lonas, una obra de restauración que comenzó en julio de 2020), así como las gárgolas de todo el conjunto y los canecillos que decoran la puerta románica, muy distinta a la puerta gótica (es por donde se accede hoy). El antiguo claustro de Saint Nazaire, en la parte sur del edificio, está ocupado hoy por el mencionado Teatro Jean Deschamps,construido en 1908 y no se visita, solo es visible desde lo alto de las murallas, accesibles con la entrada de la visita al Castillo Condal y, claro está, con las entradas a los espectáculos que allí se celebran.

Puerta de los Jacobinos

Aunque no fue exactamente en el día de hoy cuando lo visitamos, sino en dos momentos distintos a lo largo de los cuatro días que permanecimos en Carcassona, sí que voy a contar aquí nuestra visita a la Ciudad Nueva, la Bastida de San Luis. Situada en la orilla izquierda del río Aude, fue construida en 1260 por orden de San Luis siguiendo un plan cuadrangular en torno a una plaza central (hoy la Place Carnot). Dentro de esta zona aún pueden contemplarse casas señoriales, como la que hoy ocupa el Museo de Bellas Artes (Musée des Beaux-Arts, de entrada libre) de los siglos XVII a XIX, algunos edificios notables que hoy son hoteles, o las Halles, la antigua lonja del mercado del siglo XVIII, que ostenta el título de Monumento histórico de Francia y que ha sido restaurado recientemente.

El interior tiene otros muchos encantos que no recorrimos (mis piernas no dan para mucho caminar tampoco), pero si pudimos ver la Puerta de los Jacobinos, del siglo XVIII, pero colocada donde la antigua Bastida fortificada contenía una de las puertas de acceso, la puerta sur, las otras eran: Puerta de Tolosa (oeste), Puerta las Carmes (norte) y la Puerta de los Cordeleros (este). Junto a ella, hoy puede verse una parte de esa muralla. También vimos parte del llamado Baluarte de San Marcial, una de las defensas colocadas durante las guerras de religión en el siglo XVI para reforzar las defensas y que hoy contiene un bulevar y los Jardines del Calvario.

Catedral de Saint-Michel de Carcassona

Sí que pudimos ver parte de la Catedral de Saint-Michel (siglos XVI-XVIII, de estilo gótico, ya estaba cerrada), la que arrebató a Saint Nazaire su título de Catedral de Carcassona en 1803. Viollet-le-Duc también realizó la reforma de la catedral en 1857. Se pueden contemplar algunos restos de la muralla en su entorno, así como una estatua de Juana de Arco y algunas gárgolas. Se estaba echando la noche, así que no hicimos mucho más por aquí.

El Puente Viejo de Carcassona

Llegamos así a la última visita que hicimos en la ciudad de Carcassona, la visita al Puente de Piedra, o Puente viejo (Pont-Vieux), el puente medieval sobre el Aude, del siglo XIV, único enlace hasta el siglo XIX entre la Cité y la Bastida, hoy peatonal, y con unas preciosas orillas ajardinadas que lo flanquean. Desde el puente también hay caminos que llegan hasta la Cité, hasta la Puerta del Aude, pero nosotros llegamos a él siguiendo la calle de nuestro hotel, la Rue Trivalle, una elección acertada, pues es una de las viejas callejuelas de Carcassona, en la zona que une la ciudad alta con la baja (la Bastida), que circula paralela a las murallas de la Cité y que guarda el viejo encanto de los pueblos pequeños, así como varios restaurantes y comercios locales. También un centro religioso-hotelero Notre Dame De L’abbaye, o, al menos un albergue, así se anuncia en Internet, y que contaba con varias escenas medievales pintadas en su muro exterior, incluida una reproducción de la Piedra del Asedio. Y hasta un museo, el Centro Cultural de la memoria Combatiente, un pequeño museo militar gratuito, cuya visita se presentaba interesante (hay una sala que se ve desde el exterior), pero la dejamos para otra ocasión porque la hora se nos echa encima y nos quedamos sin luz.

Crucero que marca la mitad del Puente Viejo

El Puente Viejo tiene doce arcos de medio punto y 225 metros. Forma parte del Camino de Santiago en el sur de Francia. Se sabe que aquí se permitió construir un puente de madera en el siglo XII, el llamado Pont du Moulin du Roi, que fue destruido durante la cruzada albigense y vuelto a construir en piedra sufragado por sus habitantes, ya en el siglo XIV, con permiso del rey Felipe V capeto. El centro de este puente marcaba el límite entre la ciudad baja y la ciudad alta. Hoy, en ese lugar, se encuentra un cristo de piedra y ningún farol, por lo que la noche parece cortar el puente entre las dos zonas iluminadas. Tras varios derrumbes, fue restaurado (al parecer alterando algo el original) en 1820, y en 1926 declarado monumento histórico de Francia. Los otros puentes con los que cuenta hoy la ciudad de Carcassona son le Pont-Neuf (desde donde hay una vista panorámica del Puente Viejo y la Cité) y le Pont de l’Avenir (del futuro). Pero el Pont-Vieux sigue siendo el mejor acceso a la Cité.

El río Aude desde el Puente Viejo. Vista de los parques de sus orillas

Otro de sus encantos son los jardines que lo rodean, el Parque Bellevue y el Jardín de Pierre y Maria Sire . Ofrecen un lugar maravilloso para pasear, contemplar la Cité y el Puente viejo desde una nueva perspectiva, y admirar unas orillas muy cuidadas, iluminadas, con bancos para sentarse, con balcones a la orilla, con pasarelas sobre el río… Un sitio precioso de verdad.

Finalmente, en el lado de la ciudad vieja de la Cité, al lado del puente, se puede ver el edificio de la Real Manufactura, del siglo XIV y restaurado recientemente como oficina local de la Dirección General de Finanzas Públicas. Y al otro lado, en el lado izquierdo, justo al terminar el puente, una pequeña capilla (estaba cerrada), la de Notre Dame de la Sante (Nuestra Señora de la Salud) del siglo XV, que marca el inicio del camino del piedemonte pirenaico hacia San Jean de Pie de Port, en dirección a Santiago de Compostela. En el lado derecho, ya en la orilla de la ciudad nueva, el lujoso Hotel du Roi, que ocupa un edificio notable (no he encontrado que edificio es el que está adosado a la parte nueva del hotel) y un lugar privilegiado que llega a ocupar la orilla del río, una orilla a la que no se puede acceder de otro modo.

La Cité desde el Puente Viejo al anochecer

Y hasta aquí nuestra visita a Carcassona (la Cité y la Bastida). Para los dos días siguientes organizamos dos pequeños recorridos por los alrededores, que resultaron increíbles y de los que hablaré ya en el próximo capítulo.

AlmaLeonor_LP

Continuará…

CARCASSONA Y ALREDEDORES (NOVIEMBRE 2021)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (3)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (NOV-2021)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (NOV-2021)

Fotos aquí, o pinchando en la imagen

Cuando llega el otoño a nosotros nos entran más ganas de viajar que durante el verano. Las razones son muchas, pero la luz y los colores de los días otoñales, es la primera que esgrimimos. La segunda es que a partir de octubre (septiembre ya no) la masificación de los lugares más visitados desciende considerablemente.

Esta vez hemos viajado en noviembre, entre el 18 (jueves) y el 21 (domingo). Aunque ya no se puedan ver algunos de los espectáculos que se ofertan a los visitantes veraniegos, merece la pena pasear por algunos sitios en soledad, o casi. Uno de esos sitios en los que se agradece no encontrar tanta aglomeración de visitantes es la Cité de Cacassona (Francia), un lugar muy, muy, muy turístico que recibe mucha gente en todas las épocas del año, pero como en este mes de noviembre la mayoría de sus tiendas y restaurantes realizan un parón anual porque a partir del 3 de diciembre, cuando se inaugura la iluminación navideña, vuelve a contar con gran afluencia de público, pues hay menos gente. Claro que también es la época en la que se suelen celebrar eventos privados como alguno que nos encontramos y la filmación de una película, justo el último día, cuando ya nos marchábamos y quisimos despedirnos de la Cité, pues ya no se podía entrar por la Puerta Narbona porque se estaba llevando a cabo el rodaje. Nosotros decidimos ir en este mes y nos hemos encontrado con la Cité prácticamente vacía (con matices), unos días soleados (salvo algún momento de cielo cubierto) y unos enclaves que no conocíamos y que nos han encantado.

Además de la Cité de Carcassona, hemos paseado (brevemente, eso sí) por las calles de la población de Carcassona, hemos llegado hasta el Puente Viejo de piedra y, cruzándolo, nos situamos en la Ciudad Baja, la llamada Bastida de San Luís, el barrio cuadriculado de Carcassona que aún conserva algún vestigio de la bastida que mandó construir el rey santo para expulsar a los partidarios de los Trencavel de la Cité. Y también recorrimos algunos enclaves de los alrededores: Lagrasse, en el macizo de Les Corbières, un pueblo medieval que cuenta con dos abadías, una visitable y otra en la que aún viven monjes y no se puede visitar; la Abadía de Fontfroide, un antiguo monasterio hoy privado y con unos alrededores de ensueño; Montolieu, la ciudad del libro y de las artes, y con muchísimo encanto; Saissac y su castillo medieval, hoy en ruinas, que dominaba la Montagne Noire; y, finalmente, entrando por una carretera con paisajes que parecían sacados de un cuento de otoño, la Abadía de Villelongue, en realidad, los restos en ruina de la antigua abadía cisterciense a los que se ha adosado un hotel privado.

Han sido cuatro días maravillosos en los que hemos disfrutado de esta parte del Departamento del Aude en el momento adecuado. Al día siguiente, el día de salida del hotel, el lunes 22 de noviembre, la Cité amaneció preciosa con unos cielos azules clarísimos, pero se veían muchas nubes en el horizonte. Habíamos leído que esa semana llovería por la zona. Hicimos el viaje hasta España con cielo encapotado y algo de lluvia pero sin problemas. Sin embargo, al día siguiente, el 23 de noviembre y ya en Pamplona donde pasamos un día y medio más, nos enteramos que las lluvias caídas desde la tarde del lunes habían sido tan copiosas que la Abadía de Fontfroide tuvo que cerrar sus accesos y las playas de Gruissan (un pueblo cercano a Narbona y del que nos informamos por si nos daba tiempo a visitar), habían sido cubiertas por las aguas del mar embravecido. Y, por si no fuese suficiente, nevó en Valladolid y alrededores. Habíamos estado de viaje los días adecuados.

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando se viaja en otoño, además de la posibilidad de lluvia y frío, es que los días son más cortos. Y más después de la fecha del cambio de hora, a finales de octubre, cuando a las seis de la tarde ya es casi noche cerrada. Nosotros contábamos con ello, por eso no planeamos muchos itinerarios de visita. Descartamos Lastours y Minerve porque ya los conocíamos y preparamos información de Béziers y Capestang (departamento de Hérault), así como de Narbona y Gruissan (departamento del Aude), por si acaso el tiempo en la costa fuese más atemperado. No hizo falta tomar esta alternativa. De lo que queríamos ver en los alrededores de Carcassona solo nos faltó llegar a la Abadía de Saint Hilaire y visitar alguna exclusa del Canal du Midi, pero es que los sitios a los que fuimos eran demasiado bonitos, requerían más tiempo que una simple visita rápida y, como digo, la noche se echaba pronto encima y no se podían apreciar bien ni los sitios ni los paisajes que los rodeaban, con los preciosos colores de los árboles en otoño, hayas, robles, encinas, y toda una variedad arbustiva que lucía esplendorosa por donde quiera que fuéramos. Lo que sí teníamos en mente, y así lo hicimos, era fotografiar la Cité por la noche. Mi cámara, simple y con modo “automático” casi siempre, no da para mucho en la noche y en sitios cerrados, pero mi marido se llevó el trípode para poder captar la «Cité la nuit» en todo su maravillosa grandiosidad. Y como no había gente (con matices, insisto), pues las tomas quedaron perfectas.

He apuntillado “con matices” a la afirmación de que no había gente en la Cité y tiene su explicación. Para nosotros esta ha sido la cuarta vez que la visitábamos (en meses distintos) y nunca la habíamos visto con tan poca gente, ni siquiera de noche. Pero eso si… ¡Había mucha gente! Al menos, mucha para un mes como noviembre en el que se ralentiza todo en la Cité para hacer un merecido descanso entre los meses de verano y la temporada de Navidad, las épocas de mayor afluencia de visitantes. Pero Carcassona recibe gente (y mucha) todo el año. La ciudad tiene aproximadamente una población (gentilicio carcassonnais) de algo menos de 48.000 habitantes, pero tanto la ciudad como el enclave de la Cité, reciben alrededor de tres millones de turistas al año procedentes de todas las partes del mundo. Así que, podemos afirmar que disfrutamos de unos días privilegiados en muchos sentidos.

Además, para esta ocasión, elegimos un hotel en lugar de utilizar la furgo para dormir. El Hotel Espace Cité en la esquina del 132 de Rue Trivalle, con un precio bastante aceptable, nos proporcionó un lugar confortable para dormir y desayunar, muy cerquita de la Cité, prácticamente delante de la Puerta Narbona. Además, contamos con la atención y amabilidad de los empleados del hotel que hicieron nuestra estancia mucho más agradable. Un diez en toda regla para este hotel, como también para el Restaurante la Rapiere (que también es hotel, en el 9 Montee Gaston Combeleran, y admite mascotas tanto en las habitaciones como en el restaurante), justo enfrente y que visitamos cada noche para cenar. Un menú exquisito, un ambiente relajante y acogedor y una atención amable, hicieron de nuestro primer viaje fuera de España desde la pandemia (nos pidieron en todas partes el certificado COVID, suficiente con el código QR del certificado de vacunación que llevábamos ambos tanto en el móvil como en papel), una fantástica experiencia. Repetiremos, sin duda.

En los próximos días más cosas sobre el viaje y, sobre todo, más fotos.
AlmaLeonor_LP

Continuará…

CARCASSONA Y ALREDEDORES (2)

CARCASSONA Y ALREDEDORES (3)

YAMAGUCHI (PAMPLONA)

YAMAGUCHI (PAMPLONA)

Para ver todas las fotografías, pinchar en la imagen o AQUÍ.


Habíamos leído en alguna parte que Pamplona contaba con un precioso jardín japonés y nos apetecía mucho conocerlo, así que en nuestra última visita a la capital navarra, el pasado 23 de noviembre, nos acercamos al Parque Yamaguchi, en el barrio Ermitagaña.

El Jardín Japonés Yamaguchi fue diseñado por paisajistas japoneses en 1997, como consecuencia del hermanamiento de Pamplona con la ciudad japonesa de Yamaguchi, localidad evangelizada por San Francisco Javier, patrón de Navarra, que no de Pamplona, cuyo patrón no es tampoco San Fermín, como se podría suponer, sino San Saturnino, festividad que se celebra hoy, 29 de noviembre.

El Yamaguchi cuenta con 80.000 m2 de parque que rodea un lago artificial y donde se puede encontrar desde una cascada, hasta un puente y paseos de madera, arreglos ornamentales con piedras y arbustos, y muchísimos árboles, algunos de los cuales se trajeron expresamente de Japón, homenajeando a las cuatro estaciones. Son más de 600 plantas y cerca de 400 árboles, entre los que se encuentran: cerezo japonés, ginkgo biloba, sauce llorón, ciprés de los pantanos, arces, robles, secuoyas y acebos.

El cerezo japonés (Prunus serrulata) es el más vistoso de los árboles del Yamaguchi, seguido del ciprés de los pantanos (Taxodium distichum), una especie que, curiosamente, procede del sureste de los EE. UU. y se desarrolla muy bien en zonas encharcadas. También se pueden contemplar un par de ejemplares de Secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum) y del Tulípero de Virginia (Liriodendron tulipifera), que es un árbol muy apreciado por la abejas. También se pueden ver de vez en cuando unas cajas nido instaladas para atraer la población de aves, desde cernícalos y autillos a ejemplares de jardín, como gorriones, carboneros y herrerillos.

En el lago, cuyas aguas tranquilas representan en la cultura japonesa la quietud en la madurez de la vida, un gran geiser anima la población de patos y palomas (entre los más visibles, aunque también pudimos ver algunos carboneros y gorriones) que no le abandonan. Un palafito o pagoda se asoma al conjunto y permite obtener una visión casi completa del parque y del lago.

Junto al parque se encuentra el Planetario de Pamplona y junto a él otro parque singular que dejamos para otra ocasión, pues se puso a llover en ese momento. Me refiero al Jardín de la Galaxia, un parque que replica a escala la Vía Láctea con más de 500 arbustos representando las estrellas, nebulosas y hasta un agujero negro. Otra curiosidad es que su diámetro, de 30 metros, equivale a escala a 100.000 años luz.

Pamplona es una ciudad llena de jardines. A los del precioso Parque de la Taconera, que ya conocemos, se unen los de la Ciudadela, la Vuelta del Castillo y el Parque Antoniutti, así como los Jardines de la Media Luna (Tejería) y el Parque del  Campus de la Universidad Pública de Navarra, de unos 40.000 m2 de extensión, y cerca de 43.000 árboles  y arbustos de 100 especies distintas de los cinco continentes entre ellos: sequoya, acacias, magnolios, chopos lombardos, palmeras, cedros del Atlas, árbol de Judea, avellano turco, thuya o eucaliptos, además de otros autóctonos como abetos, arce, serbal de los cazadores, tilos, encinas, robles y hayas que, por otro lado pueden contemplarse en varios de las pequeñas zonas arboladas que hay por toda la ciudad, barrios exteriores y localidades de los alrededores.

Nos ha encantado esta visita. Para ver el resto de las fotografías, pinchar en la imagen de cabecera o AQUÍ.
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VISITA RELÁMPAGO A TORO

VISITA RELÁMPAGO A TORO

FACHADA DEL AYUNTAMIENTO DE TORO (ZAMORA)

Es lunes y sabemos que todo museo o lugar visitable con entrada está cerrado (incluidas iglesias y demás edificios religiosos, que ya les vale), pero aun así, como este día de noviembre amanece luminoso y claro, hemos decidido ir a visitar TORO, una localidad de la provincia de Zamora, que dista tan solo 79 km. de Valladolid y que no conocemos.

La ruta es fácil, salimos de Valladolid por la carretera Salamanca cogiendo enseguida la A-62 hasta encontrar la salida hacia Toro, no tiene pérdida. En apenas 55 minutos nos encontramos ya a las puertas de la localidad, vemos que no es difícil aparcar y lo hacemos en la misma avenida por la que hemos entrado (Av. de Luis Rodríguez de Miguel). Desde aquí vemos la primera referencia monumental, la Puerta de la Corredera, construida en 1602 en honor a Felipe III, que estaba incluida en el tercer recinto amurallado de la ciudad. Es la entrada natural al recito histórico de la ciudad de Toro.

Puerta de la Corredera

Esta puerta se construyó a semejanza de los arcos triunfales de la Roma Imperial, era decorativa y está realizada con grandes bloques de sillería. El arco es de medio punto y tres bolas decoran el frontón triangular. En la parte derecha del arco, visto desde la entrada a la ciudad, existe una inscripción de difícil lectura, pero la que se encuentra en su parte exterior central se puede leer perfectamente:

PHILIPPO III HISPANIARVN REGI LONGE POTENTISSIMO ET INVICTISSIMO SENATVS POPVLVSQVE TAVRISANVS DEDICAVIT. IIII IDVS FEBRVARII ANNO MDCII. REGIO VRBIS PREFECTO GARSIA SILVA FIGVEROA.

La ciudad de Toro, situada estratégicamente en una elevación sobre el río Duero, es reflejo de su notable papel histórico, de especial relevancia entre los siglos XII y XVI, en la que fue sede real y lugar de celebración de Cortes. Aquí, en la que fuera residencia regia en el Palacio de Diego de Ulloa y Sosa (siglo XV), del que hoy solo queda la portada después del incendio de 1923, se convocaron las Cortes por Fernando II de Aragón (1505), leyéndose el testamento de Isabel I de Castilla donde fue proclamada heredera Juana I y nombraba regente a su padre Fernando V de Castilla. En esta celebración de las Cortes de Toro de 1505 se promulgaron las célebres ochenta y tres Leyes de Toro, anticipo del moderno Código Civil (el primero de 1889). La Portada del Palacio de las Leyes se encuentra en la Calle Capuchinos, dentro de la zona más antigua de la ciudad, en la parte izquierda de la misma.

Verraco de la ciudad de Toro

Pese a que su nombre evidencia claramente la figura de un bovino, un toro, su etimología, documentada desde antiguo, deriva de «Campu Gothorum», es decir, «campo de godos», denominación que, desvirtuada con el paso del tiempo, llegó a convertirse en la actual Toro. No obstante, la figura del toro, el animal, recorre toda la población, empezando por su escudo, protagonizado por un toro y un león en posición rampante. También con una figura singular, un verraco (se denominan así genéricamente, siento algunos un gran cerdo y otros un pequeño toro, de la etapa final de la Edad de Bronce y principios de la Edad de Hierro, signo reconocible de los Vettones) que fue hallado en la ciudad y que para muchos es lo que justifica el origen de su nombre. También hay quien ve en este toro pétreo la prueba de que esta localidad fue el primitivo asentamiento vacceo de «Arbocala», población conquistada por Aníbal como menciona Tito Livio. Sin que nada de esto esté probado fehacientemente, el Verraco de Toro, realizado en granito, fue hallado en la ciudad por los repobladores cristianos en tiempos del Alfonso III de Asturias. Hoy en día está situado justo enfrente de la entrada del Alcázar de Toro, donde está situada la Oficina de Turismo, y un lugar privilegiado desde donde observar todos los maravillosos alrededores.

Alcázar de Toro

Me he desviado un poco de la ruta que seguimos. Desde la puerta de la Corredera, seguimos por la calle principal hasta dar con el Arco o Torre del Reloj, situada sobre la llamada Puerta del Mercado (siglo XV) una de las que flanqueaban el recinto amurallado de Toro. La torre data del siglo XVIII y se atribuye su diseño a Joaquín Churriguera. El reloj que le da nombre está en el segundo cuerpo de la torre y uno más abajo podemos ver una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, justo en el lugar en el que originalmente se encontraba una capilla dedicada a la Virgen de las Nieves, que fue trasladada a la Iglesia del Santo Sepulcro (del siglo XII ha sido objeto de varias reformas hasta el siglo XIV), otro de los lugares que visitar en Toro, justo en la Plaza Mayor de la localidad, frente al Ayuntamiento.

Torre del Reloj sobre la Puerta del Mercado.
Sagrado Corazón de Jesús
Ayuntamiento de Toro
Iglesia del Santo Sepulcro

Como ya he dicho, no visitamos ningún edificio en su interior porque los lunes no es día de visitas, todo está cerrado (afortunadamente, la Oficina de Turismo estaba abierta), pero anotamos Toro para una próxima vez. Nos gustaría entrar en esta Iglesia del Santo Sepulcro y otros edificios sacros a los que ya no llegamos, como por ejemplo la Iglesia-Museo de San Sebastián de los Caballeros  y la Iglesia mudéjar de San Salvador de los Caballeros, hoy también museo de escultura medieval. Tampoco nos acercamos hasta la Iglesia de San Lorenzo el Real, una de las más antiguas de Toro (siglo XII) y que alberga numerosos sepulcros de gentes notables de los siglos XV y XVI. No obstante, para quien no tenga tiempo de hacer estas visitas o le pase como a nosotros que decide visitar Toro cuando los monumentos están cerrados, aquí se pueden ver. Es una página fantástica, de la Web de Turismo de Toro, con vistas panorámicas de la localidad y de todos sus monumentos, incluida una visita virtual en el interior de todos ellos.

Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)
Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora)

Mención aparte merece la Colegiata de Santa María la Mayor, imponente edificio religioso alzado  unos cien metros sobre el rio Duero y desde donde se puede observar toda la vega. Construida a finales del siglo XII, es un ejemplo del románico de transición, que también se puede observar en otras localidades castellanas, como por ejemplo la Colegiata de Nuestra Señora de la Anunciada de Urueña (Valladolid) que visitamos el otro día y que presenta una similar factura, aunque la de Toro es más monumental y se reconocen en ella varios momentos constructivos después de algunos derrumbes, que llegan hasta el siglo XVI. Pero el pórtico occidental se acabaron durante el reinado de Sancho IV (1284-1295), gracias al mecenazgo de su esposa, la gran María de Molina.

Puerta Septentrional de la Colegiata
Puerta Septentrional de la Colegiata (Detalle)
Puerta Septentrional de la Colegiata (Detalle)

La Puerta Septentrional de la Colegiata, que pudimos admirar detenidamente, es del maestro Mateo, y muestra un gran número de figuras con instrumentos musicales (los Ancianos del Apocalipsis) en torno a una manifestación de la divinidad de Cristo, flanqueado por los santos intercesores, la Virgen y Juan. Es una preciosidad de puerta que no nos cansábamos de fotografiar. Y por lo que vemos en la web, merece muchísimo la pena visitar el interior.

Paseo del Espolón
Vistas desde el Paseo del Espolón

Nosotros disfrutamos de un día espléndido con una luz otoñal fantástica, sol aun con fuerza y algo de fresquete a primera y última hora, que invitaba a recorrer sus calles y alrededores. Andando, andando llegamos hasta la zona del Alcázar y el llamado Paseo del Espolón con vistas al río, los cortados que lo rodean y el impresionante Puente de Piedra. Un simpático toresano nos cuenta en este punto que se puede llegar hasta los alrededores del río desde una carretera que se ve muy bien desde aquí arriba, sin tener que hacerlo a través de los caminos que vemos partir desde el pueblo y que, aunque no presentan mucha dificultad, no me atrevo a realizar porque ya llevo mucho tiempo andando y no puedo abusar de mis rodillas.

Arco del Postigo (vista norte)
Arco del Postigo (vista sur)

Así que, después de entrar en la Oficina de Turismo, subir a lo alto del Alcázar y fotografiar el verraco de piedra, nos volvimos a la furgo callejeando y en la calle Trascastillo encontramos el Arco del Postigo, uno de los postigos de la antigua muralla de la ciudad (Toro llegó a contar hasta con tres recintos amurallados), que a finales de la Edad Media tenía abierta sobre el arco una capilla que se llamaba de Nuestra Señora de la Antigua. Hoy se puede ver un relieve de la Anunciación.

Área Recreativa Puente Mayor de Toro (Zamora)
Hora de Comer…

Ahora, ya en la furgo, nos dirigimos hasta donde nos indicó el simpático anciano que nos abordó en el Paseo del Espolón y nos encontramos con una estupenda chopera (aunque podría estar más arreglada, incluido el camino de acceso, que es de tierra, pero es fantástica) con mesas y bancos, justo al lado del río y desde donde se accede al Puente de Piedra, que según un cartel, es el Área Recreativa Puente Mayor de Toro. Nos ha encantado y vamos a comer aquí.

El río Duero es otro de los elementos protagonistas de Toro, ya que lo atraviesa de este a oeste. En este valle el río ha ido erosionando sus orillas llegando a alcanzar en algunos puntos los 6 km de anchura y creando cortados, terrazas, laderas, abarrancamientos y fondos de valle. El límite sur de la población es una ladera de una pendiente media del 25%, llamada «La Barranquera». En los alrededores del río se encuentran las tierras vinícolas del término municipal que han dado a esta localidad su Denominación de Origen Toro.

La Barranquera de Toro
El Puente de Piedra desde la Chopera

Ahora solo nos queda recorrer esta parte del río y atravesar el magnífico Puente de Piedra, de veintidós arcos apuntados, que en origen (en el siglo XI) fue de madera, y que mantiene una orientación paralela a la corriente del río, por lo que se supone que en origen la corriente del río tendría otra dirección. Fue construido en piedra de arenisca, y no de caliza toresana. Antiguamente unía el campamento romano de Villalazán con la ciudad vaccea de Arbucala, y durante la guerra de la independencia española, mientras las tropas francesas se retiraban en 1812, volaron dos de sus arcos tratando de impedir la llegada de Wellington. Pero hoy en día solo es un lugar de paseo peatonal desde donde observar su caudal, las islas del meandro y las grullas que se pasean de uno a otro lado con toda la majestuosidad de su vuelo.

La Colegiata desde el Puente de Piedra
El Puente de Piedra
El Puente de Piedra
El Puente de Piedra
El Puente de Piedra

Aquí nos pasamos buena parte de la tarde, fotografiando un montón de rincones embellecidos por los colores otoñales de la arboleda, los rayos de sol que los atravesaban y adornados por la estampa del puente que ofrecía miles de encuadres para tomar fotografías. No podemos olvidar las vistas de Toro y de su Colegiata en todo lo alto de la Barranquera, que junto al puente ofrecía unas vistas preciosas. La verdad es que no nos hubiésemos marchado de este lugar, absolutamente tranquilo (no vimos a nadie paseando por aquí mientras estuvimos nosotros, solo cuando nos marchábamos llegó una pareja) y bello que ofrecía, además, un curioso fenómeno sonoro: A un lado del río se escuchaba el bramar de las aguas al pasar por los pilares del puente y la escollera, que formaba remolinos y espumeaba de la fuerza con la que pasaba; al otro lado, ni un solo sonido y una inmensa calma.

El Puente de Piedra al caer la tarde

Fue un magnífico broche final a una excursión relámpago a Toro que nos dejó un maravilloso sabor de boca. ¡Precioso! Algunas imágenes más se pueden ver pinchando aquí o en la imagen de cabecera.

AlmaLeonor_LP

Postdata: Durante el recorrido por Toro salieron a mi paso una buena cantidad de imágenes pintadas en las paredes que merecen ser conocidas. Se pueden ver pinchando aquí, o en la imagen:

BALTANÁS Y ANTIGÜEDAD (PALENCIA)

BALTANÁS Y ANTIGÜEDAD (PALENCIA)

Álbum de Fotos completo pinchando en la imagen o aquí.

Es sábado y hemos decidido hacer una pequeña excursión. El día está nublado y la temperatura es agradable, unos 26º, por lo que no es un mal día de verano para salir por ahí. Nosotros salimos siempre en otoño, pero hoy hemos hecho una excepción.

Había visto una publicación de la localidad palentina de Baltanás en internet. No conocemos este sitio y la imagen, con un cerrito lleno de chimeneas de bodegas, nos pareció un destino digno de visitar y fotografiar. Mirando el mapa encontramos que muy cerca se encuentra un pueblo llamado Antigüedad, del que nunca habíamos oído hablar, así que era motivo más que suficiente para ir. Vemos que hay un par de Ermitas en los alrededores y también un par de  Monumentos que nos sorprenden: uno está dedicado a los aviadores españoles y el otro al ciclismo, pero antes se erigió como homenaje al norteamericano Lance Armstrong. El primero le visitamos, el segundo no.

BALTANÁS

La localidad palentina de Baltanás es la capital de la Comarca del Cerrato, un espacio dominado por páramos y tierras de secano con algunos espacios de regadío bañados por los ríos Pisuerga y Carrión (otros ríos del Cerrato son el Esgueva, el Arlanza y el Franco), que tradicionalmente comprende territorios de Palencia, Valladolid y Burgos. Estrabón sitúa aquí las tierras de los vacceos y hoy está poblado con 37 villas y un solo un enclave, Dueñas, que ostenta el título de ciudad. A lo largo de la historia Castroverde y Palenzuela fueron su capital, hasta que a finales del siglo XV, por decisión de los Reyes Católicos, recae en el municipio de Baltanás, el de mayor extensión de toda la comarca (Dueñas es el de mayor población). Este lugar era conocido como Valle de Atanasio (no sé quién sería) y, con el tiempo, el nombre fue evolucionando al de Baltanás.

Todos esos páramos ofrecen un paisaje suave y sosegado, con enormes extensiones cerealeras, que a estas alturas del año ya están todas segadas y recogidas. Si en lugar de un día nublado hubiese amanecido un día soleado de verano, no hubiésemos aguantado la solana ni la temperatura. Los campos amarillos nos habrían cegado completamente. Tenemos que hacer este recorrido en primavera para ver los campos verdes. De momento, seguimos la autovía de Castilla hasta Magaz de Pisuerga, donde cogemos una salida en dirección a Baltanás. Otra de las razones por las que queríamos visitar este lugar es para ver el área de Autocaravanas con la que cuenta el pueblo. Es pequeñita, pero está muy bien situada, justo al lado de la Ermita de Nuestra señora de Revilla. Será nuestra primera parada.

La renacentista y barroca Ermita de Nuestra Señora de Revilla estaba en fiestas, pero cerrada, no pudimos visitarla por dentro. Si que pudimos recorrer su atrio, con varias plantas y árboles y una cruz de piedra, y comprobar (por el pañolón que colgaba en la puerta de entrada) que está dedicada a la Virgen con el niño y San José en su huida hacia Egipto sobre una borriquilla. La Virgen de Revilla se llama así porque así es el nombre del barrio donde está ubicada, pero por lo visto (ya digo que no la pudimos ver) dentro se exhibe una talla de la virgen, del siglo XIII (en torno al año 1293), que es tenida por la figura de belén más antigua de España. Probablemente fue llevada a Baltanás por los frailes del antiguo Convento de San Francisco que se encontraba en la localidad. La talla adquirió fama en los años ochenta porque fue robada por el famoso ladrón de obras de arte (que hizo su “agosto” fama y fortuna en España, por lo visto), Erik el Belga (René Alphonse Vanden Bergue), y más tarde fue recuperada en parte, solo la virgen y el niño (San José y la borriquilla eran unos añadidos del siglo XV y los ladrones los desecharon). El susto fue tan grande que actualmente la original se guarda en el Museo del Cerrato y la ermita alberga una copia completa realizada por el restaurador burgalés Florentino Lomillo.

Volvimos a la furgo para acercarnos al barrio de las bodegas, en el Cerro del Castillo, la parte más alta del municipio y donde se encuentra también la Iglesia Parroquial de San Millán, del siglo XVI, de estilo renacentista y con una torre altísima (por lo visto era más alta y se eliminó parte de su altura en el siglo XIX) y cuadrada llamada Torre del Campanario, rematada por unos pináculos en cada esquina. Justo al lado se encuentra la Cilla, una antigua casona de piedra, sin ninguna ventana ni abertura más que la puerta principal, que era el lugar donde se guardaba el diezmo de la iglesia. La torre conserva solo tres de las seis campanas que tenía en un principio y un reloj en uno de sus lados (dicen que había uno en cada fachada). Tampoco pudimos verla por dentro. Aquí todos los templos están cerrados a cal y canto.

Lo más conocido y visitado de Baltanás son sus bodegas en el llamado Barrio de las Bodegas. Y no solo por la población en fiestas, que justo se celebraban estos días, sino también por el bonito y variado conjunto de chimeneas que se observa desde todas partes y que ofrece increíbles encuadres para fotografiar. Bueno, sería mucho más atractivo sin la enmarañada red de cables y torres eléctricas que rodea todo el lugar y que impide que tomes una fotografía sin que esos elementos la ensucien. Incluso en las fachadas de las bodegas, el contador de la luz y gruesos cables negros impedían una fotografía limpia. Una pena, porque seguro que hay formas mucho más acordes con el entorno de hacer llegar electricidad a las bodegas, si es que es tan necesario hacerlo. En todo caso, aquí pudimos comprobar que la luz (del día, no la eléctrica) no era la más adecuada para que las fotografías reflejasen todo el entorno con la belleza que requería. Una razón más para volver en primavera, o quizá en otoño, cuando la luz es mucho más agradecida.

El sito es bastante amplio y cuenta con varios niveles. Principalmente son dos las zonas que ocupan las bodegas: la del Cotarro del Castillo y la de las Erillas. En la primera, de 3,5 hectáreas, se contabilizan 305 bodegas, rodeando el cerro en seis niveles superpuestos. Las Erillas cuentan con 69 bodegas que llegan hasta el páramo, con una superficie de apenas una hectárea. Se pueden recorrer por varios caminos (no se puede circular con vehículo, está prohibido, aunque por las de la parte más baja llegan coches, así que hay que tener cuidado, porque los caminos son muy estrechos). En ellas no solo se conserva y se bebe el vino, también se elabora siguiendo un método tradicional. Muchos de los actuales propietarios de bodegas siguen haciendo su propio vino, que pertenece a la Denominación de Origen Arlanza.

Se cree que las bodegas son muy antiguas, aunque la primera datación aparece en el siglo XVI, en el año de 1543 cuando se documenta en una carta de venta del señorío de Baltanás firmada en Valladolid el 21 de septiembre de ese año, en la que se citan expresamente las bodegas: «El nuevo señor de Baltanás (D. Pedro de Zúñiga y Enríquez, IV marqués de Aguilafuente) compra por la suma de 62.205 maravedises las bodegas y cuevas halladas junto al Castillo«.​ En lo alto de este cerro (la denominación correcta es cotarro) había un castillo que se construyó en el siglo IX del que actualmente no existe nada.

Los elementos exteriores (no vimos el interior de ninguna, pero la mayoría hemos visitados bodegas y nos hacemos una idea) más vistosos de las bodegas son varios. Primero, sus puertas de madera, la mayoría de enebro, y con la particularidad de que tienen aberturas o agujeros para que la bodega esté ventilada. Algunos de los merenderos que se sitúan junto a la entrada de las bodegas mantienen asientos de piedra tallada en la entrada para sentarse y conversar. Las  zarceras son los conductos de ventilación y punto de contacto con el exterior y, finalmente, las chimeneas, llamadas humeros, con forma circular o cuadrada, muy variadas y originales algunas, y simples sin dejar de ser bellas, otras.

Las bodegas de Baltanás están catalogadas como un Bien de Interés Cultural y consideradas como Bienes Protegidos. Esto significa que no se pueden realizar actuaciones urbanísticas sin permiso de Patrimonio y sin cumplir unas normas urbanísticas específicas, que, como he dicho más arriba, ya podrían contemplar el paisajismo y ocultar cables, torres y contadores eléctricos que ensucian, y mucho, la vista.

ANTIGÜEDAD

La siguiente visita nos llevaría a Antigüedad, un pueblo cuyo nombre ya nos intrigaba bastante, pero antes, hicimos una paradita en la fábrica de quesos del Cerrato de Baltanás para hacer acopio de un par de ejemplares y amenizar la comida, que hicimos muy a gusto en una zona de merenderos situada junto a la Ermita de Nuestra Señora de Garón, ya en el término municipal de Antigüedad, y que, endemoniadamente, no tiene una zona adecuada para aparcar (las cunetas son casi impracticables, aunque coches había, y solo hay un par de lugares alrededor de la ermita, que no son los más adecuados para dejar un vehículo pues afean el entorno) .

Es un lugar curioso, pues no es un pueblo, sino un enclave que data del siglo XI, de origen mozárabe, del que solo se conserva una fuente (que no vimos y que no sabemos si es que ya no está o como es que no la vimos, aunque si nos damos cuenta de haber visto una zona acotada y llena de agua que podría ser la fuente anegada, o… ) y la ermita, de origen románico, donde se encuentra la patrona de Antigüedad, Santa María de la Asunción, a la que llamaban Virgen de la Antigua y de donde pudo venir el nombre del municipio. El documento más antiguo donde figura el nombre del enclave mozárabe data de 1492 y trata de la compra del lugar por el ayuntamiento de Antigüedad “mediante el pago del censo, mil maravedíes, y 12 gallinas de por vida, a entregar el día de Todos los Santos”. Curioso el pago de esta compra. Esta ermita si que pudimos verla por dentro, estaba abierta.

Después de comer en el entorno nos dirigimos al pueblo donde tomamos un café en la única terraza que vimos disponible. Estaba bueno, la verdad, y nosotros, que no solemos tener suerte al pedir un café en ningún sitio, nos sorprendimos.

Antigüedad (en origen Antiquitat) debió adquirir cierta importancia en el siglo XV cuando se hace con los términos de Garón y Villella. No llegamos a visitar la Ermita del despoblado de Villella, aunque sí que vimos que se encontraba en la zona, pero nos dio un poco de reparo entrar en una carretera comarcal. Otra vez quizá, aunque ahora que leo la historia de este sitio, creo que debimos acercarnos. Al parecer hay un yacimiento arqueológico que ha descubierto un cementerio sobre un cerro, con varios huesos, vasijas y otros utensilios. El lugar debió de estar ocupado en el siglo X por la población de Villella y hoy solo queda una ermita con una virgen. Cuenta una leyenda que esa talla la llevó a Antigüedad una anciana que decía proceder de ese poblado, donde todos habían muerto, contaba, y solo quedaba ella que falleció finalmente en la localidad. Eso ocurrió hacia el siglo XV, y se considera que ya entonces estaba despoblado. El yacimiento informará tal vez de lo que ocurrió en ese lugar…

Imagen: Wikipedia by Roberdlc 

Hay otras curiosidades en Antigüedad, a las que no accedimos, pero que me parece que debo contar. En primer lugar una cruz de unos setenta centímetros de alta, conocida como la Cruz de la Muñeca, que recuerda el sitio exacto donde se cayó el féretro de Felipe el Hermoso donde yacía el esposo de Juana I de Castilla y que trasladaba por estos pagos hasta la localidad de Tórtoles (de Esgueva, que hay otros dos en España, uno de Ávila y otro de Zaragoza). Por lo visto está en medio de un páramo junto al viejo camino de Tórtoles. Otra piedra, llamada Piedra de la Plaga, recuerda la plaga de langosta acaecida en 1691 que asolo las cosechas de los pueblos de los alrededores de Antigüedad. Los vecinos de este pueblo llevaron en procesión a la Virgen de Garón hasta el límite con Baltanás ofreciendo una misa. Y la plaga no pasó de allí, salvando las cosechas del pueblo. En ese lugar se colocó un monolito para agradecer la intercesión divina.

Imagen: Diario Palentino

Habíamos visto en Internet que en la carretera comarcal P-1411 desde Antigüedad, existía un monumento al ciclismo que nació como un homenaje al ciclista Lance Amstrong, que durante la Vuelta Ciclista a Castilla y León del año 2009, justo en este punto, a unos 20 kilómetros de la meta de la primera etapa, disputada entre Paredes de Nava y Baltanás, en un terreno denominado Finca de los Alfoces, se cayó rompiéndose la clavícula. La Asociación Juvenil El Torreón, de Antigüedad, decidió entonces dedicarle un homenaje con una bicicleta (vieja, de color azul) incrustada en un mojón de cemento con una placa que rezaba algo así como que aquí quedó “la clavícula de Armstrong”. Pero después de que al ciclista norteamericano se le retirasen todos sus títulos y logros por un feo, feísimo, asunto de dopaje, en el año 2013 la localidad palentina, al quite, y por iniciativa de su alcalde, cambió el monumento por otro dedicado al ciclismo en general, esta vez, con la bicicleta sobre un altísimo poste, que muchos ciclistas de Valladolid y Palencia tienen como punto de referencia para hacer rutas.

Lo que si hicimos fue una parada en el Monumento a los Aviadores Españoles que se encuentra en esta localidad. Se trata de un cerrito en la carretera que va de Antigüedad a Tabanera, donde se instaló en el año 2007  un auténtico McDonnell Douglas F-4 Phantom II (de nombre  Titán 57 ), un cazabombarderos supersónico que ya está en desuso, cedido por el Ejército del Aire de la base de Torrejón de Ardoz a la localidad para homenajear a este lugar “cuna de pilotos”. Dos son los pilotos más reconocidos nacidos en la localidad, los hermanos César y Augusto Martín Campos, que, para más curiosidad, lucharon cada uno en un bando en la Guerra Civil española. Pero hay también algunos pilotos (tres) vinculados a la localidad por afinidad o parentesco, así que, curiosamente, este lugar tan apartado del Cerrato, sin aeropuerto cerca, ha hecho nacer el gusanillo de la aviación a más de uno de sus hijos. Incluso existe un libro que los recuerda. Muy curioso este pueblo, sí.

Nos volvemos a casa pronto, pero hemos disfrutado mucho de esta excursión. Solo nos queda una pena más… Volviendo a casa, entre Villaviudas (un nombre curioso que no tiene que ver con el estado civil sino que deriva del poblador de la zona en el siglo X, una persona de origen mozárabe llamado Vibdas o Uibdas) y Magaz, pasamos por un puente sobre el Pisuerga, a la altura de Reinoso del Cerrato, desde el que pudimos observar varias garcetas descansando sobre ramas en una especie de meandro pequeño que hace el río en esa parte. Pero no vimos ni una sola entrada para poder acercarse, ni siquiera un sitio para aparcar la furgo un momento y tomar unas fotografías. Una pena que no se tengan en cuenta estos detalles en enclaves tan guapos de nuestro entorno.

AlmaLeonor_LP

SERENÍSIMA VENECIA

SERENÍSIMA VENECIA

Imagen: Joseph Mallord William Turner (1775-1851 ). Venice (1834).

En el año 2007, a principios de abril, realizamos un viaje a VENECIA. Esta ciudad es tan inmortal que da igual el año en el que la visites, siempre será la misma, siempre encontrarás los mismos rincones maravillosos, sus puentes, sus canales, sus palacios, su decadente encanto… Siempre será la viva imagen que la llevó al esplendor del siglo XIII y a los paisajes que pintó Turner en el XVIII. Así que, como este año no hemos hecho ningún viaje, me ha parecido un buen momento para recordar uno de los más bonitos que hemos hecho, aunque sea de hace tanto tiempo: VENECIA.

El León Alado de San Marcos termina resultando familiar a todo el que viaja por el Véneto. Aparece en lo alto de las columnas en las plazas centrales de Vicenza, Verona, Chioggia y otras ciudades como símbolo de su pertenencia al imperio veneciano. El hecho de que el león no haya sido nunca derribado como signo de opresión demuestra la naturaleza benévola de la autoridad veneciana.

En el siglo VI d.C. Venecia no era más que una serie de pequeñas aldeas en una laguna cenagosa. En el XIII ya gobernaba sobre Bizancio, y en 1.508, el Papa, los monarcas de Francia y España y el Sacro Emperador Romano se vieron obligados a aliarse para frenar los avances de este poderoso Imperio. Unidos sus ejércitos en un frente común (la liga de Cambrai) saquearon las ciudades del Véneto incluyendo aquellas que como Vicenza habían apoyado desde un principio la liga. Así se detuvo la expansión territorial de Venecia, pero ésta continuó dominando el Mediterráneo oriental durante otros 200 años.

La forma veneciana de gobierno llegó a ser muy parecida a la democracia y mantuvo en pie la ciudad y su imperio hasta la intromisión de Napoleón en 1.797. Pero para entonces Venecia ya era sinónimo de decadencia y se había apagado el importante instinto mercantil que creo y mantuvo la República Serenísima durante tanto tiempo. Tras 1.367 años de existencia independiente, el Dux y su Gran Consejo renunciaron sin más, pero su legado perdura y fascina a los visitantes con su extraordinaria belleza e historia excepcional.

HISTORIA DE VENECIA (Guía Visual El País Aguilar)

Nos alojamos en un camping en Fusina. A las 11 de la mañana estábamos ya en el embarcadero para coger el vaporetto que nos llevaría a Venecia. Poco después ponemos pie en Venecia por vez primera. Ahora nos dirigimos hacia la plaza de San Marcos, pasando previamente por La Academia y el puente del mismo nombre sobre el Gran Canal, donde tomamos contacto con esta impresionante red de canales que serpentean Venecia y dan nueva forma a la laguna original. Y donde también pudimos comprobar la gran cantidad de visitantes que nos íbamos a encontrar durante todo el trayecto. Cuando por fin llegamos a la Plaza de San Marcos, no sabría describir la sensación que nos embarga. Nos sorprendieron sus dimensiones. Nos pasó algo muy curioso con Venecia. Pese a que todos los lugares por donde pasábamos tenían una especie de “maravilloso encuadre fotográfico” que nos hacía tirar fotos sin parar, teníamos la sensación de que los lugares más emblemáticos, como la propia Plaza de San Marcos, nos eran ya conocidos.

Supongo que esto es así porque Venecia es una de las ciudades más fotografiadas y divulgadas del mundo. Prácticamente todos hemos visto fotos de Venecia y de sus encantos, y ahora, al verlos “en directo” nos embargaba la sensación de “volver” a un sitio conocido. No obstante San Marcos, sorprende y muy gratamente. No son solo sus dimensiones y la imponente presencia de su Catedral y Campanile, es, sobre todo, la grandiosidad con que se presenta tanto la plaza en sí como el lateral que conduce al Palacio Ducal y el puerto de San Marcos.

Los visitantes que llegaban a Venecia por la laguna, desembarcando en este lugar debieron de quedarse siempre maravillados ante tanto despliegue de esplendor. Cuando solo podía llegarse a Venecia por mar, el puerto flanqueado por sus dos columnas, la de San Marcos y la de San Teodoro, recibían a los visitantes con la altivez propia de quien se sabía dominador. Venecia era así entonces, y hoy en día todavía se muestra altiva.

Antes de hablar de San Marcos tengo que contar algo de las Góndolas. Vimos muchas por los canales, muchísimas. Llegamos a la conclusión de que debe ser un buen negocio. Ofrecen una maravillo estampa de foto, que no nos cansamos de reflejar. Aunque les pondría una “pega” importante: los gondoleros. Vimos muy malos modos, voces y actitudes chulescas en muchos de ellos, algo que nos desagradó en alguna ocasión sobremanera. Pero debe ser parte del “encanto” de Venecia porque parece que a nadie le importa demasiado. En un programa reciente de televisión hicieron un comentario parecido sobre los gondoleros y comentaron también que las góndolas son ahora todas negras (antes eran de colores) porque así lo decidió el Dux. Las negras se utilizaban para transportar difuntos y nadie quería montarse en ellas después, así que se tomó la decisión de que todas fuesen negras y así nadie sabría cuál de ellas había transportado un difunto… solución salomónica al estilo veneciano.

Las góndolas se hacen a mano con nueve maderas (abeto, alerce, caoba, cerezo, haya, limonero, nogal, olmo y roble), utilizando técnicas que datan de 1880. Para construir una góndola se necesitan tres meses y cuesta más de 120.000 Euros. Se utilizan más de 280 piezas de madera para construirlas, y llevan siete capas de laca para darles lustre. La forma asimétrica de la góndola contrarresta la fuerza del remo. Sin la curvatura hacia la izquierda en la proa (24 cm. más ancha que a la derecha) el barco iría dando vueltas. El ferro, con sus dientes de metal simboliza los seis sesttieri (barrios) de Venecia bajo un tocado del Dux.

HISTORIA DE VENECIA (Guía Visual El País Aguilar)

EL CAMPANILE

La primera Torre, o Campanile, se construyó en 1173 como faro para guiar a los navegantes por la laguna. En la Edad Media desempeño otro papel, servía de soporte a una jaula donde se encerraba a delincuentes y donde se les dejaba morir. Galileo hizo aquí una demostración de su Telescopio al Dux Leonardo Doná en 1609. Entonces se debía subir a pie por la escalera y rampa interior. El aspecto actual de la torre data de principios del siglo XVI cuando fue restaurada por Bartolomeo Bon tras un terremoto. La estructura sobrevivió a diversas vicisitudes hasta el 14 de julio de 1902 cuando cedió la cimentación y se derrumbó de repente. Las donaciones para su reconstrucción hicieron posible que un año después se colocase la primera piedra para la reconstrucción de un Campanile dov’era e com’era (donde estaba y como era). Esta nueva Torre se inauguró el 25 de abril (día de San Marcos) de 1912.

Los relieves alegóricos en mármol veronés rojo muestran la Justicia representando a Venecia, Júpiter como Creta y Venus como Chipre. Todos se reconstruyeron tras la caída del Campanile de 1902. La Loggetta, o base, la construyó Jacopo Sansovino en el siglo XVI. Las estatuas clásicas conmemoran la gloria de la República. El Ascensor que hoy permite llegar hasta lo alto de la torre (a 60 metros), fue instalado en la reconstrucción de 1902. En lo alto se pueden admirar las vistas más espectaculares de Venecia. Las calles abigarradas, las cúpulas de San Marcos, el Puerto, Santa María de la Salute, El Palazzo Contarini del Bovolo, La Iglesia de San Giorgio Maggiore en la isla del mismo nombre, el mar abierto… incluso en días despejados se pueden contemplar los Alpes (no fue nuestro caso). También se pueden observar las Campanas. Hay cinco campanas: La Marangona, marcaba el principio y final del día laboral; La Malefico, antecedía a las ejecuciones; La Nona tañía a mediodía; La Mezza Terza, llamaba a los senadores al Palacio Ducal; y la Trottiera, anunciaba las reuniones del Gran Consejo. La Aguja, de 98,5 metros de altura está coronada por una veleta dorada, obra de Bartolomeo Bon.

LAS COLUMNAS DE SAN MARCOS Y SAN TEODORO

Marcaban la entrada a Venecia cuando solo podía llegarse a ella por mar. Entre los tesoros traídos de Constantinopla se hallaban las dos enormes columnas de granito que ahora se alzan sobre la piazzeta. Se dice que las erigió el ingeniero Nicoló Barattieri, arquitecto del primer puente de Rialto, en 1172. Como pago a su trabajo, se le concedió el derecho de instalar mesas de juego entre las columnas. También en este lugar se instalaba el patíbulo hasta mediados del siglo XVIII, razón por la que, incluso hoy en día, no pasan entre las columnas los supersticiosos.

La columna oeste está coronada por una estatua de mármol de San Teodoro, patrón de Venecia hasta el año 828 cuando se trajeron los restos de San Marcos desde Alejandría. La estatua es una copia del original que se guarda en el Palacio Ducal. La segunda columna aparece rematada con un enorme león de San Marcos en bronce. Su origen sigue siendo un misterio, aunque se cree que podría tratarse de una quimera china con las alas añadidas para que parezca un león veneciano. En medio de ambas se colocaba estos días una réplica del esqueleto del Bucintoro, la barca ceremonial del Dux de Venecia, cuya réplica completa se encuentra en el Museo Naval.

LA CATEDRAL DE SAN MARCOS.

La Piazza de San Marco está presidida por la Basílica de San Marcos. Esta formidable Basílica con planta de Cruz Griega y coronada por cinco enormes cúpulas, es la tercera que se erigió sobre este emplazamiento. La primera, construida en el siglo IX para acoger el cuerpo de San Marcos, fue pasto de las llamas. La segunda se derribó en el siglo XI para construir un edificio más espectacular (1063-1094), que reflejara el poder de la República. La Basílica ha sido remodelada a lo largo de los siglos, y en 1807 sucedió a San Pietro, en el Sestiere de Castello, como Catedral de Venecia; hasta entonces era utilizada por el Dux de Venecia como capilla privada para ceremonias oficiales.

Son interesantes de admirar los Mosaicos de la Fachada que muestran cómo se sacó el cuerpo de San Marcos de Alejandría: bajo carne de cerdo para disuadir a los musulmanes; y como fue recibido con todos los honores por el Dux en la nueva Catedral. Se cuenta que mientras duraron las obras, los restos del Santo se ocultaron para que no fuesen robados. Pero se ocultaron tanto que una vez que murió el Dux y el Arquitecto de la Catedral, nadie sabía dónde estaban. Se dieron definitivamente por perdidos tras el incendio del año 976. No fue sino después de unas jornadas de rezos en las que participó todo el pueblo de Venecia cuando se encontraron los restos del Santo en una columna. Se consagró entonces la nueva Catedral (en el año 1094) y se enterraron con todos los honores en la Cripta. Hoy en día se encuentran en el Altar Mayor, rodeados por un Baldacchino de alabastro verde cuyas columnas están adornadas con escenas del Nuevo Testamento.

Los relieves del pórtico principal también sol dignos de admiración. Son del siglo XII, y muestran los trabajos del mes. El del vendimiador por ejemplo, representa a Septiembre. Las estatuas que coronan el arco central muestran a San Marcos rodeado por 6 ángeles incensiarios y se añadieron a principios del siglo XV. Los cuatro caballos de bronce que se muestran justo debajo, son réplicas de los originales que se trajeron del saqueo de Constantinopla de 1204. Éstos se muestran en el museo del interior de la Basílica.

En el lateral este de la Basílica se encuentran dos columnas del siglo VI provenientes de una Iglesia de Constantinopla. Se denominan Columnas de Acre, porque en un principio se pensaba que procedían de San Juan de Acre. Justo al lado, en una esquina del Templo se encuentra un grupo escultórico en piedra de pórfido, que representa a los Tetrarcas. Procedente de Egipto del siglo IV parece representar a Diocleciano, Maximiano, Valerio y Constancio, los Tetrarcas nombrados por Diocleciano para gobernar el Imperio Romano. En el lado oeste de la Basílica se pueden contemplar los “Leoncitos” de pórfido que dan nombre a la pequeña plaza en la que se encuentran (nosotros no los vimos, había obras en esa zona).

Para la visita al interior de San Marcos nos situamos en la cola de la entrada para realizar la visita al interior y también a los museos del Tesoro, la Pala D’Oro y el Museo Marciano.

Sombría, misteriosa y enriquecida con el botín de las conquistas, la Basílica es una mezcla única de influencias orientales y occidentales. Esta fantasía embellecida a lo largo de seis siglos con fabulosos mosaicos, mármoles y relieves, constituía un marco adecuado para las ceremonias de la República Serena. Aquí se presentaba el Dux ante los ciudadanos tras la elección, aquí se recibía a Jefes de Estado, Papas, Príncipes y Embajadores, y aquí se encomendaban los capitanes de navío antes de embarcar en viajes épicos.

Las puertas de bronce de la entrada son una adaptación del siglo XIII de dos puertas bizantinas muy antiguas (siglos V-VI). El paso de la plaza a la Iglesia se realiza a través del Atrio. Construido un siglo después del edificio de la Iglesia, fue decorado durante el siglo XIII con los mosaicos que revisten las pequeñas cúpulas, las bóvedas y los lunetos. Consta de una amplia narración bíblica del Antiguo Testamento, extraída de los libros del Génesis y del Éxodo: Abrahán, Noé y el Arca, la Torre de Babel, la Creación… están representados en el Atrio junto con textos bíblicos: “Al principio creó Dios el Cielo y la Tierra. El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas”.

En el Atrio occidental, en el portal central, se encuentran las hornacinas con la Virgen entre los apóstoles y los evangelistas (mosaicos más antiguos, de los siglos XI y XII) y por encima, el imponente San Marcos en hábito litúrgico (siglo XVI). La puerta por la que accedemos al interior de la Basílica es de auricalco damasquinado con las figuras de Cristo, la Virgen, Santos y Profetas en función de intercesores (siglo XII). Impresiona un poco pasar por debajo de semejante representación Bíblica ¿no?

Una vez dentro, la vista de la Nave Principal, en forma de Cruz griega, con la nave longitudinal apenas más larga que el transepto, se abre a nuestra vista hacia el presbiterio iluminándonos con el color dorado de toda su decoración. Símbolo bizantino del cielo, es uno de los elementos orientales que caracterizan a San Marcos, como también los mosaicos y la propia estructura arquitectónica. La cúpula central se apoya mediante pechinas y grandes bóvedas, sobre las cuatro pilastras que se subdividen en cuatro “pies”, que sustentan en el interior, con un doble orden de pequeñas bóvedas, una pequeña cúpula. También el valor simbólico atribuido a los espacios es de factura oriental bizantina: bajo las cúpulas hemisféricas, que representan el cielo, separado por la luz que entra en la base de las mismas a través de las ventanas superiores, está el espacio cuadrangular símbolo de la realidad terrena.

La Cúpula de Pentecostés fue la primera en decorarse con mosaicos. En ella el Espíritu Santo, representado al centro en forma de paloma, desciende como fuego sobre los apóstoles. Entre las ventanitas están representados los pueblos que escucharon la predicación apostólica, cada uno en su propia lengua (siglo XII). En la Cúpula de la Ascensión se puede observar la glorificación de Jesucristo, según la narración de los Hechos de los Apóstoles (siglo XII). En el día de la Ascensión se celebra la “festa della Sensa”, la más famosa fiesta político-religiosa del Estado veneciano.

El pavimento de toda la Basílica está recubierto de mosaicos de distinta factura. Hay figuras geométricas y figuras de animales (pavos reales, águilas, palomas, gallos, zorras…) todos ellos relacionados con los antiguos bestiarios medievales. La planta del pavimento fue dibujada por primera vez por Antonio Visentini (siglo XVIII).

El Retablo de Oro o Pala D’Oro, es una magnifica muestra del arte oriental bizantino en plata dorada, esmaltes y piedras preciosas, sobre lámina de oro, obra de la orfebrería gótica veneciana del siglo XIV. Los esmaltes cloisonés (técnica bizantina de los siglos X y XII) van engarzados sobre finísimos hilos de oro que delimitan las pequeñas celdillas en que éstos fueron aplicados en estado líquido. Andrea Dandolo (Dux entre 1343 y 1354) encargó el Retablo actual a Giovanni Bonesegna. Las inscripciones de la base dan noticia de los dos retablos anteriores, de 1102 y 1205, cuando se añadieron los paneles de la parte superior procedentes del convento del Pantocrátor de Constantinopla después de la conquista de 1204. Se estructura alrededor de la figura de Cristo Pantocrátor, sentado en trono dorado y rodeado por los cuatro evangelistas en posición de escritura de sus respectivos Evangelios. Más abajo se encuentra la Virgen María en actitud de oración acompañada por Dux Falier y por la Emperatriz Irene. A ambos lados de la composición central se encuentran doce figuras de Profetas, doce de Apóstoles y doce de Arcángeles, coronados por una figura más grande del Arcángel San Gabriel. Alrededor pequeñas escenas de la vida de Jesús y episodios posteriores a su muerte, así como escenas de la Vida de San Marcos y el traslado de sus restos desde Alejandría a Venecia.

Las capillas de San Marcos están dedicadas a importantes personajes venecianos. La Capilla Zen, alberga los restos del Cardenal Zen y data de 1504. La Capilla de Sansovino, con sus restos, se halla junto al Altar. La Capilla Mascoli debe su nombre a una cofradía de hombres o mascoli. En la última capilla de la izquierda se halla el icono de la Madonna de Nicopeia, que iba al frente del ejército Bizantino en las batallas antes de que fuese robada en la conquista de 1204.

Al Museo Marciano se accede por una pequeña escalera (Logia dei Cavalli) situada a la derecha de la entrada principal en el Atrio occidental. La galería ofrece un bello panorama sobre la Basílica que nos recordaba enormemente a la galería de Santa Sofía. El Museo es reciente, se inauguró en el año 2003 y en él se muestran, en unos 1.000 metros cuadrados, numerosas obras de arte de la herencia de San Marcos, como mosaicos, tapices y bordados bizantinos, libros litúrgicos y musicales, obras escultóricas, el “Retablo de Todos los Días” de Paolo Veneziano (1345), una muestra de los distintos mármoles empleados en la Basílica… Al final se encuentran los cuatro caballos de San Marcos de Bronce Dorado, el único y bellísimo ejemplo de cuadriga en tondo que quedó de la estatuaria clásica. La fecha de su realización es incierta (entre el siglo IV a.C. y el IV d.C.) pero se sabe que los caballos procedían del Hipódromo de Constantinopla, y que llegaron a Venecia como botín de Guerra después de la Cuarta Cruzada de 1204.

El Tesoro de San Marcos se muestra en dos pequeñas salitas en el interior de la Basílica cuyos muros se supone formaron parte del antiguo Palacio Ducal. A pesar del saqueo tras la caída de la República y la venta de joyas para la recaudación de fondos a principio del siglo XIX, el Tesoro todavía cuenta con una valiosa colección de objetos (pocos) de oro, plata y cristal bizantinos. Incluye cálices, copas, relicarios, dos iconos del Arcángel San Miguel y un Perfumador o Lámpara procesional en forma de Basílica con cúpulas en plata dorada (siglo XII) realizado en Italia (tal vez en Venecia).

Desde el Museo, y una vez recorridas las salas, se puede acceder a la Galería Exterior de la Basílica. Desde la Terraza se puede admirar toda la Plaza de San Marcos, la Plazoleta y el Muelle. Allí acababa nuestra visita a la Basílica de San Marcos. Aprovechamos para sacar preciosas fotografías, y también para descansar, pues habíamos recorrido toda la planta varias veces, admirando los mosaicos de las cúpulas, y los del pavimento, en varias ocasiones. Lo que más nos impresionó, fue la vista de la Nave Principal desde la Galería Superior, por el extraordinario parecido con Santa Sofía. Sin embargo aquí, en San Marcos, había muchos más mosaicos dorados, aunque de fechas posteriores a los de Estambul.

Al final de la jornada, llegamos al embarcadero de Zattere, justo a tiempo de coger el vaporetto. El día de hoy ha sido tan agotador como intenso y bello. Pero aún el atardecer nos ofrece otra bonita estampa mientras el vaporetto nos aleja de la Sereníssima Venezia.

AlmaLeonor_LP
Abril de 2007

HEIDELBERG Y EL PALATINADO

HEIDELBERG Y EL PALATINADO

Álbum de fotos pinchando en la imagen o aquí.

Es julio del 2008 cuando emprendimos este viaje. La primera parada al llegar a Heidelberg fue en el parking del Castillo. Desde allí nos enamoramos de Heidelberg y se nos olvidaron todos los problemas de circulación y aparcamiento que habíamos vivido (muchos coches a la hora que llegamos, muchísimas bicis, vías estrechas, calles de una sola dirección…). Quisimos empezar a conocerla enseguida, empezando por la noche. Pero antes nos instalamos en el Camping Heidelberg-Schlierbach, justo debajo de donde estábamos, en un enclave a orillas del río Neckar.

Heidelberg es la más antigua ciudad universitaria alemana y una de las mejores zonas económicas del país. Es una ciudad romántica, cosmopolita y dinámica, y según la información que encontramos, une dos contrarios difíciles de congraciar: Mito y Modernidad, pero es absolutamente cierto. Aquí se descubrió el primer resto fósil de Homo Heidelbergensis, de hace unos 600.000 años, que fue, hasta descubrirse Atapuerca, el fósil humano más antiguo de Europa. Pero es más conocida por ser la ciudad del Romanticismo, gracias a los artistas alemanes del siglo XIX que la inmortalizaron en sus obras, tales como Grimm, Goethe, Eichendorff o Friedrich Hölderlin (1770-1843) quien afirmó que Heidelberg era “…de las ciudades patrias la más bella…”.

Desde la Bismarck Platz emprendimos el camino hacia el Casco Antiguo por la Hauptstrabe, la calle peatonal y comercial que atraviesa Heidelberg. A medida que nos acercábamos, el ambiente se animaba considerablemente y había muchos locales abiertos. Uno de los más emblemáticos es “El Buey Rojo”, un local de 1703 que reunía a las antiguas hermandades de estudiantes. Los estudiantes de hoy siguen haciendo caso de su máxima: “Si quieres recuperarte después de empollar como un animal, coge tus cosas y vete al Buey…”. Después de cenar, llegamos hasta la Plaza del Mercado, con mesas a la luz de las velas y con el Castillo iluminado al fondo. El ambiente del centro de Heidelberg no decaía mientras la noche se adueñaba de todos sus rincones.

El Puente de Piedra, por Friedrich Rottmann, (circa 1800)

Al día siguiente tomamos el bus hasta la parada del Alte Brücke, el Puente Viejo sobre el Neckar, que conecta el casco antiguo con la orilla opuesta del río, en el extremo oriental del distrito de Neuenheim. Pero, lamentablemente, estaba completamente cubierto por obras, aunque aún pudimos ver algo y observar el Castillo desde él. El primer puente sobre el Neckar, de madera, era medieval, del año 1248. Hasta 1786 no se construyó un puente de piedra, uno de nueve arcos de arenisca roja al que se le puso el nombre del Príncipe Elector del momento, Karl Tehodor. La Puerta de Entrada Sur, con sus dos torres blancas, también data de esta época. Durante los últimos días de la 2ª Guerra Mundial el puente fue volado, pero en 1946 se rescataron las piedras del río y el puente se reconstruyó por completo al año siguiente.

El mono del Puente de Heidelberg (Stateofthings wikipedia)

Cuenta la historia que junto a la Torre Norte del Puente Viejo se situaba un mono que mostraba un espejo a los paseantes. Cuando en 1689 se derribó tanto el puente como la torre, también desapareció el mono. En 1979 se realizó una escultura modernista del Mono del Puente que se ha colocado en la Puerta de Entrada Sur. Es una de las imágenes más fotografiadas de Heidelberg, literalmente “tomada” por un nutrido grupo de japoneses cuando nosotros llegamos, con lo que no pudimos fotografiarle ni de lejos.

Desde la Puerta del Puente se accede a la Calle Steingasse del Casco Antiguo. Lo primero que se puede ver son varias casas renacentistas muy bonitas, como la posada “Zum Goldenen Hecht” (El Lucio Dorado). Siguiendo por aquí encontramos la conocida como Casa Ritter, una de las más bellas fachadas de Heidelberg. Construida en 1592 por un comerciante de paños, fue la única casa renacentista burguesa que se salvó de la destrucción y el posterior incendio que asolaron el Castillo y la ciudad durante la Guerra del Palatinado, el 22 de mayo de 1693. Desde 1705, y completamente restaurada, es un lujoso hotel.

Luego nos acercamos a la Plaza del Mercado donde encontramos un animado mercadillo callejero que rodeaba la Iglesia del Espíritu Santo. En esta iglesia gótica de los siglos XIV-XV, están sepultados los Príncipes Electores del Palatinado. Es la iglesia más grande de la región y su torre tiene una altura de 82 mt. Fue destruida durante el incendio de 1693 y reconstruida en 1700. Desde entonces ha sido utilizada alternativamente por católicos y protestantes, llegando a construirse un muro de división que no desapareció hasta 1936. En la plaza se encuentra también la Fuente de Hércules, de 1701, y el Ayuntamiento, reconstruido el mismo año, que posee una torre con carillón cuyo sonido puede escucharse todos los días a las 12:00, a las 16:00, y a las 19:00 horas.

Nuestro paseo nos lleva ahora hasta la Estatua de la Virgen barroca (1718) situada en el Kornmarkt o Plaza del Mercado del Trigo, y poco después hasta la Plaza de la Universidad. La Universidad fue fundada en 1386 por Ruperto I, siendo la tercera del Imperio (después de las de Praga, 1348 y Viena, 1365) y la primera de Alemania. El edificio de la Vieja Universidad fue construido en 1712 y el de la Nueva Universidad en 1933. Nuestra información nos dice que son dignos de visitarse tanto el Museo de la Universidad, como la Cárcel de los Estudiantes, en la Calle Augustinergasse, pero nosotros estábamos ansiosos por subir al Castillo, y fue lo que  hicimos desde el Casco Antiguo, por una empinada y empedrada cuesta que va a dar directamente a las taquillas.

En el terreno de un Castillo medieval, en una terraza saliente del Monte Königsstuhl, domina uno de los testimonios culturales alemanes más importantes, el Castillo-Palacio de Heidelberg, que es considerado el Castillo en ruinas más grandioso de Alemania. Durante cinco siglos fue la residencia de los Príncipes Electores del Palatinado, tiempo durante el cual fue casi destruido en varias ocasiones. Las ruinas se convirtieron en el símbolo de toda una época, la del Romanticismo alemán.

En el año 1300 se modificó como Castillo defensivo y en el siglo XVII como Palacio Renacentista. En 1693 fue casi convertido en ruinas tras la Guerra del Palatinado y vuelto a reconstruir para ser de nuevo atacado por un rayo y un posterior incendio en 1764. Hoy, en contra de todos los planes de renovación y gracias a medidas de conservación monumental, se ha mantenido en su estado de semi-ruina.

Nada más pasar las taquillas se encuentra el Patio Principal, con el Gläserner Saalbau y su Campanario del siglo XVI, y los principales edificios: el Friedrichsbau (1605) y el Ottheinrichbau (1560). El Friedrichsbau (Edificio de Federico) es un Palacio Renacentista restaurado, con 16 antepasados en las hornacinas de la fachada. En este edificio se encuentra la Capilla, el Salón del Rey y el Edificio de las Doncellas, todo visitable de forma guiada

Visitamos la Bodega donde se encuentra el Gran Tonel, una enorme barrica con capacidad para 222.000 litros de vino que mandó construir (y rellenar) Karl Theodor hacia 1751, y para el que hicieron falta 130 troncos de roble. Una escalera permite ascender hasta la parte más alta y verlo desde arriba y por detrás (no es el de la imagen, era mucho más grande).

El Ottheinrichbau (Edificio de Ottheinrich) es una de las fachadas renacentistas más bellas de la época de este Príncipe Elector (1502). Se ha conservado en ruina, aunque en sus sótanos se encuentra el Museo Farmacéutico Alemán.

Fundado en 1957, fue una de las visitas más bonitas e interesantes que hicimos. Muestra la historia y el desarrollo de la farmacia desde la Antigüedad hasta el siglo XX (con una explicación del desarrollo de la Aspirina Bayer por ejemplo), así como varias reproducciones de farmacias antiguas con sus muebles, vasos, tarros de cerámica (alemanes, italianos, holandeses…) y utensilios médicos, a cual más bonito, pero también todos aquellos elementos, animales, naturales o artificiales, utilizados en medicina desde la Edad Media. Más abajo aún, se podía admirar la reproducción de un laboratorio alquimista, con sus pipetas, jarras de decantación, hornos, morteros, alambiques, etc que era una auténtica maravilla.

No se puede dejar de entrar los Servicios del Castillo, (se paga un euro) porque están cubiertos de cuadros donde se pueden ver monedas y billetes de todas las épocas y de todas las partes del mundo.

Ya solo nos quedaba entrar a través del Gläserner Saalbau (Salón de los Espejos), y su Torre Campanario que tiene un reloj de sol en la fachada. Este edificio, que sí está restaurado, es el acceso a una balconada muy amplia desde donde se obtienen magníficas vistas de Heidelberg, el Neckar y el Paseo de los Filósofos, el paseo situado al otro lado del río y desde donde los poetas que cantaron el romanticismo alemán contemplaban el Castillo.


Solo nos quedaba volver a recorrer la parte exterior. La Torre de Defensa es una derruida construcción que sirvió en su día para conservar en seco la pólvora. En 1693, expertos franceses consiguieron volarla pese a sus muros de 6.5 mt de espesor. Otros restos que pueden verse muestran la imponente arquitectura militar del edificio, pero que no pudieron escapar a la destrucción de 1693.

Al salir nos encontramos con la puerta que conserva una Argolla de Leyenda. Luís V mandó construir en 1620 una Torre de Defensa llamada Torturm (Puerta Fortificada), que cuenta con un Rastrillo y un Foso. En la parte de arriba está instalada la vivienda del vigilante de la Torre. Según se dice, instaló una pesada Argolla en la puerta y prometió que quien pudiese romperla con los dientes se convertiría en dueño del Castillo… Había que intentarlo.


“Que toda despedida vaya de la mano con la intención de volver”. ¡Hasta la vuelta Heidelberg!

AlmaLeonor_LP

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