ALMAS PARA EL RECUERDO: FANNY BULLOCK WORKMAN

ALMAS PARA EL RECUERDO: FANNY BULLOCK WORKMAN

Una de las reivindicaciones que he querido transmitir con mi libro VISIBLES, MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX, es que los historiadores debemos prestar más atención e investigar con más ahínco todas aquellas acciones femeninas realizadas en ámbitos públicos que parecían estar solo al alcance del sexo masculino. Este tipo de trabajos son imprescindibles en el avance por el reconocimiento de la igualdad y, afortunadamente, hay cada vez más publicaciones al respecto. Hoy, en el Día Internacional de la Mujer (que se lleva celebrando desde 1975), quiero reconocer la labor de la estadounidense Fanny Bullock Workman, una mujer casi desconocida pero que fue una de las primeras alpinistas profesionales y una defensora de los derechos de la mujer.

Por razones de un necesario acotamiento a la hora de realizar mi trabajo de TFM (que es de donde nace mi libro sobre las mujeres del XIX), no me dediqué en profundidad a describir la interesante aportación de las mujeres decimonónicas en el deporte. Hubo muchas que habría sido necesario mencionar, desde campeonas olímpicas en los deportes en los que se les permitía participar (tenis o tiro con arco, por ejemplo), a mujeres con un empuje envidiable que quisieron destacar en deportes tenidos por tan poco femeninos como el béisbol, el cricket, las carreras de fondo, la natación, el boxeo o el ciclismo, afición esta que llegó a constituir, incluso, todo un ejercicio de emancipación femenina, como ya conté en otro artículo de HELICONPues bien, Fanny Bullock, además de gran aficionada a la bicicleta, destacó en alpinismo, otro deporte que se tenía por no deseable para las mujeres de su tiempo, pero en el que muchas participaban aunque solo fuese por ese afán de viajar y descubrir que se hizo tan popular entre los burgueses del siglo y que ha ofrecido fotografías increíbles de mujeres ascendiendo paredes de piedra o hielo, incluso con sus complicados vestidos. Fanny fue más allá, incluso, descubriendo, describiendo, cartografiando y topografíando lugares casi inexplorados. Pero empecemos por el principio.

Fanny Bullock Workman (1859-1925) nació, como no, en el seno de una familia adinerada de Massachusetts (EE. UU.), lo que le permitió desarrollar todas sus aficiones e inquietudes. Como correspondía a su rango estuvo a cargo de institutrices en su infancia y estudió en algunas de las escuelas (para señoritas) más reconocidas del país, en Nueva York. Ya desde entonces mostraba su inquietud por los idiomas, los viajes y la aventura. Como muchos de los jóvenes altoburgueses de su tiempo (hombres, principalmente, pero también mujeres) tras sus estudios realiza un viaje por Europa, visitando, entre otros lugares, París. Es aquí, en el viejo continente, donde empieza a publicar algunas pequeñas historias con un estilo impecable, como una en la que una mujer inglesa, infatigable montañera y con pasión por los viajes, llega a ser una gran alpinista y termina casándose con un hombre con su misma afición. Fue el primer atisbo de lo que sería su verdadera vida, pues cuando volvió a Massachusetts en 1879 se casó con William Hunter Workman (1847-1937), hombre adinerado y muy aficionado al montañismo.

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Con William, Fanny descubre la escalada en las montañas de New Hampshire, donde llega a escalar el Monte Washington (de 1.918 mt) en varias ocasiones. Al contrario de lo que ocurría en Europa, en los EE. UU. se permitía a las mujeres pertenecer a clubes de senderismo y alpinismo, lo que abrió las puertas a Fanny para dedicarse a este deporte. En 1889 el matrimonio (con su hija Rachel) se traslada a Alemania para dedicarse por entero a sus aficiones. En Dresde, que es donde se instalan, Fanny no solo va a afianzar su amor por las montañas, sino también su compromiso con la igualdad de la mujer y su decidida cruzada por romper los tradicionales roles de esposa y madre asignados por únicos para la mujer. La bicicleta formaba parte de esa aspiración. Después de perder al que pudo ser su segundo hijo, Fanny y William se dedicaron a realizar rutas extremas en bicicleta.

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Recorrieron miles de kilómetros por numerosos países, como Suiza, Francia, Italia, España (en 1895, donde recorrió unos 4.500 km por toda la península, el Sahara y parte de Marruecos, describiendo el paisaje español como “rústico, pintoresco y encantador”), Argelia, Indochina y la India (al que describió como “un país continuamente hermoso”), donde, junto a Birmania, Ceilán y Java, recorrieron unos 23.000 km en total. Todos estos viajes fueron documentados por el matrimonio con muchas fotografías (de él) y tres libros de viajes (de ella, fundamentalmente, donde, no obstante, consignó algunas incorrecciones cartográficas) contando sus aventuras, que incluían anécdotas como, por ejemplo, el látigo (para ahuyentar animales peligrosos) y el revólver (para defenderse de los ladrones) de los que nunca se desprendían, pues solían dormir a la intemperie allí donde les encontraba la noche. En esos libros Fanny denunció también las pésimas condiciones de vida en las que vivían muchas mujeres en distintas partes del mundo. Su propia experiencia servía igualmente de escaparate reivindicativo de la capacidad de la mujer para emprender cualquier empresa que se propusiera.

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Durante un recorrido en bicicleta por la India recibieron de nuevo la llamada de la montaña. En el Himalaya Occidental practicaron escalada de altura ascendiendo al temible Karakoram, pese a todas las dificultades que se encontraron con los porteadores y suministradores locales, con quienes chocaban a menudo a causa de su practicidad estadounidense, su intransigencia occidental y su impaciencia por emprender nuevos retos cuanto antes. Pero ya nunca se desprenderían de la afición al montañismo.

Habíamos respirado la atmósfera de ese gran mundo montañoso, habíamos bebido de las turbulentas aguas de sus glaciares y nos habíamos deleitado con la belleza incomparable y la majestuosidad de sus imponentes cumbres, y, a medida que pasaba el tiempo, sus encantos reafirmaban su poder y nos llamaba con tensiones irresistibles para regresar una vez más a esas regiones, cuya grandeza satisface plenamente el sentido de lo bello y lo sublime.

William y Fanny Workman, The Call of the Snowy Hispar

Fanny fue una de las primeras mujeres en coronar el Mont Blanc (en 1891), el Jungfrau y el Matterhorn y, junto a su esposo, volvió regularmente al Himalaya, donde realizaron ascensiones y exploraciones en toda la zona a lo largo de más de 14 años (entre 1898 y 1912). Por ejemplo, dieron su nombre y el de su fallecido hijo a sendos montes inexplorados, Bullock Workman (5.930 mt) y Siegfriedhorn (de 5.700 mt).

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Uno de los mayores logros montañeros de Fanny fue la ascensión al Pinnacle Peak (de 6.930 mt.), estableciendo un récord de altitud femenino en su tiempo (otros dos fueron el Koser Gunge, de 6.400 mt, y un pico del Pyramid Peak, de 6.878 mt). También se dedicó a explorar, junto a su esposo, algunos glaciares casi desconocidos del Himalaya, como el Chogo Lungma, el Hoh Lumba, el Hispar, el Biafo (de 60 km de largo, estableciendo un nuevo récord al ser la primera mujer en atravesar un glaciar de ese tamaño) y en 1912 el gran Glaciar Siachen, de 72 km, en esos momentos el glaciar subpolar más ancho, más largo, el menos accesible y el menos explorado del mundo, estableciendo otro récord femenino. Es aquí, en una meseta de unos 6.400 mt., donde Fanny, que había organizado y dirigido toda la expedición, se haría tomar por su esposo una fotografía icónica sujetando un periódico donde podía leerse “Votos para las mujeres”.

El objetivo de colocar mi nombre completo en relación con la expedición [Glaciar Siachen]… no es porque quiera empujarme de ninguna manera, sino únicamente que en los logros de las mujeres, ahora y en el futuro, deberían ser conocidas por ellos y declarar en forma impresa que una mujer fue la iniciadora y líder especial de esta expedición. Cuando, más tarde, la mujer ocupe su posición reconocida como trabajadora individual en todos los campos, así como en los de exploración, no se necesitará tal énfasis en su trabajo; pero ese día no ha llegado por completo, y en este momento corresponde a las mujeres, en beneficio de su sexo, dejar constancia de lo que hacen, al menos, en el registro.

Fanny Workman, Two Summers in the Ice-Wilds of Eastern Karakoram

Fanny Workman fue la primera mujer estadounidense que ofreció una conferencia científica en la Universidad de la Sorbona de París y la segunda en ser miembro de la Royal Geographical Society británica (la primera fue la naturalista y viajera inglesa Isabella Bird Bishop, en mayo de 1897). De vuelta a los EE. UU. el matrimonio Workman se dedicó a dar conferencias sobre su experiencia viajera y alpinista. Fanny, que había sido admitida como miembro de varios clubes alpinistas del mundo (como el American Alpine Club, Royal Asiatic Society, Club Alpino Italiano, Deutscher und Österreichischer Alpenverein y Club Alpin Français), fue reconocida como una gran escaladora y una de las figuras más importantes del alpinismo femenino de su época, junto a la conocida Annie Smith Peck (1850-1935) o la escocesa Lucy Smith, fundadora del Ladies Alpine Club en 1907.

Fanny Workman murió en 1925 en Cannes (Francia). Su fortuna sirvió para financiar varias becas, una de ellas para estudiantes de doctorado de Arqueología e Historia del Arte en una universidad de Pensilvania que aún hoy sigue vigente.

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MUERTO DE CARNAVAL

MUERTO DE CARNAVAL

Imagen: Osario de la Iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid)

 

“…Pero ni aun así adquirió el difunto un aspecto púdico y decente: era un muerto de carnaval, ni siquiera mostraba sangre de bala o de puñalada corriéndole por el pecho que pudiera rescatarlo de su condición de mascarita.”

Jorge Amado

 

El Osario de la Iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) es el más grande de España, con más de 3000 calaveras de fallecidos del entorno, recogidos por los párrocos entre los siglos XIII a XVIII. Estas son algunas fotografías más tomadas durante una visita el pasado día 26 de febrero.

¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo (San Agustín).

LOS ARTISTAS CONTRA LA TORRE EIFFEL

LOS ARTISTAS CONTRA LA TORRE EIFFEL

Imagen: Fotografía de la Torre Eiffel alcanzada por un rayo en 1902.

Nosotros, escritores, pintores, escultores, arquitectos, apasionados aficionados por la belleza de París hasta ahora intacta, venimos a protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés anónimo, en nombre del arte y de la historia francesa amenazadas, contra la erección en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa torre Eiffel, a la que la picaresca pública, a menudo poseedora de sentido común y espíritu de justicia, ya ha bautizado con el nombre de Torre de Babel.

Sin caer en la exaltación del chauvinismo, tenemos el derecho de proclamar alzando la voz que París es la ciudad sin rival en el mundo. Por encima de sus calles, de sus amplios bulevares, a lo largo de sus admirables avenidas, en mitad de sus magníficos paseos, surgen los más nobles monumentos que el género humano haya creado.

El alma de Francia, creadora de obras maestras, resplandeció entre esta floración augusta de las piedras de Italia, Alemania, Flandes, tan orgullosas, y con razón, de su legado artístico, pero no poseen nada que sea comparable a las nuestras y desde todos los rincones del universo, París ha atraído la curiosidad y la admiración.

¿Vamos a permitir profanar todo eso? ¿La ciudad de París va a relacionar los más antiguos edificios barrocos con las mercantiles imaginaciones de un constructor de máquinas, para afearse irreparablemente y deshonrarse? Pues la torre Eiffel, que incluso la capitalista América no querría, es sin dudar ¡la deshonra de Paris! Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo dice, todos se afligen profundamente, y nosotros no somos más que un débil eco de la opinión universal y legítimamente alarmada.

Cuando los extranjeros vengan a visitar nuestra Exposición, exclamarán asombrados: “¡Cómo! ¿Es este el horror que los franceses han encontrado para darnos una idea de su gusto tan halagado?” Tendrán razón burlándose de nosotros, porque el París de los sublimes góticos, el París de Jean Goujon, de Germain Pilon, de Puget, de Rude, de Barye, etc., se habrá convertido en el París del Sr. Eiffel.

Para hacerse una idea de lo que adelantamos, basta además imaginarse una torre vertiginosamente ridícula dominando París, así como una negra y gran chimenea de una fábrica, aplastante con su enorme masa. Notre Dame, La Sainte-Chapelle, la torre SaintJacques, el Louvre, la cúpula de los Inválidos, el Arco del Triunfo, todos nuestros monumentos humillados, toda nuestra arquitectura venida a menos, desapareciendo entre ese sueño asombroso. Y durante veinte años veremos alargarse sobre toda la ciudad, todavía estremecida por el genio de tantos siglos, como una mancha de tinta, la odiosa sombra de la odiosa columna de hierro forjado.

Son ustedes, los que tanto aman París, los que la han embellecido y protegido contra las devastaciones administrativas y el vandalismo de las empresas industriales, a quienes corresponde el honor de defenderla una vez más.

Nosotros llamamos su atención para pleitear por la causa de París, sabiendo que dispensarán en ello toda su energía, toda la elocuencia que debe inspirar a un artista la belleza del el amor, lo que es grande y lo que es justo… Y si nuestro grito de alarma no es oído, si nuestras razones no son escuchadas, si París se obstina en la idea de deshonrar París, al menos ustedes y nosotros habremos hecho escuchar una protesta que honra.

Fdo., entre otros:
Guy de Maupassant, Charles Gounod, Victorien Sardou, Charles Garnier, Fançois Coppée, Sully Prudhomme, Leconte de Lisle, William Bouguereau, Alexandre Dumas (hijo), Ernest Meissonier, Joris-Karl Huysmans y Paul Verlaine.

Pese a todas las reticencias, la Torre Eiffel comenzó a construirse el 28 de enero de 1887 y las obras duraron hasta marzo de 1889, a tiempo para ser presentada en la Exposición Universal de París de ese año. Afortunadamente también, nos sigue acompañando hoy.

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FÊTE DES TRIPETTES

FÊTE DES TRIPETTES

Imagen de Pixabay. Este toro no es de la Fiesta de Barjols.

Como reminiscencias de los ritos sacrificiales, aún pueden encontrarse festivales en los que se sigue prácticamente la norma o Thysia de los primitivos sacrificios romanos, Dorsuale incluido, aunque nada, o casi, tengan que ver con ellos. Por ejemplo, una festividad que se sigue celebrando hoy, a mediados de enero ―el día 16, el 17 o el domingo que más se le aproxime, por la festividad cristiana de San Antonio Abad, patrón de los animales domésticos―, en la localidad de Barjols, en la Provenza francesa: el Boeuf de Saint Marcel o Fête des Tripettes (este año 2019 se celebra el 20 de enero).

Image illustrative de l’article Marcel de Die
Imagen: Busto relicario de San Marcel de Die conservado en la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción en Barjols.

En la procesión que se celebra cada cuatro años en honor a Saint Marcel de Die, el protagonista es un buey escogido, limpio y muy cuidado, al que se adorna con cintas y guirnaldas y es paseado por la ciudad, bebiendo de sus fuentes, hasta llegar a la última, la Fontaine du Boeuf. Una vez bendecido frente a la iglesia, en una celebración en la que participa todo el pueblo con sus mejores galas y trajes tradicionales, se sacrifica y se hornea en un fuego alrededor del cual se celebra la fiesta con la danza de las Tripettes, una tradición que recuerda la leyenda del traslado de las reliquias de Saint Marcel. El Gran Saint Marcel con sacrificio de res, es el que se conmemora cada cuatro años gracias a la asociación de amigos de Saint Marcel, pero todos los años se celebra la misma festividad, aunque sin sacrificio, la llamada Petit Saint Marcel.

La leyenda cuenta que los restos del santo fueron robados el 17 de enero de 1350 por el pueblo de Barjols para que pudieran descansar en su municipio. Aquel día, las mujeres se encontraban lavando las tripas de una res que sacrificaban por San Antón, en honor de otras que les había salvado de una hambruna, y se asociaron ya para siempre las tripas y el buey con Saint Marcel, con una cancioncilla que se repite en Barjols durante la fiesta: «¡Sant Maceu, Sant Maceu, leis tripetos vendran leu!».

AlmaLeonor_LP

LA HISTORIA DESDE EL HELICON: LOS BOVIDAE

EL PASAJE GUTIÉRREZ DE VALLADOLID

EL PASAJE GUTIÉRREZ DE VALLADOLID

Cuando un amigo viene a Valladolid hay un sitio que siempre me gusta enseñarle. No es tan conocido como el Museo Nacional de Escultura, ni tan monumental como la fachada de la Iglesia de San Pablo, justo enfrente del, antaño, Palacio Real y rodeada de otros palacios, hoy museos, como el mencionado. Ni siquiera es tan lúdico como las orillas del Pisuerga, con su Playa de las Moreras, o la animada Plaza Mayor y aledaños de la inacabada Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y la preciosísima fachada de la Universidad de Valladolid, con sus muchos bares y cafeterías con encanto. Ni siquiera es considerado por muchos tan histórico como el Museo de Valladolid (en el Palacio de Fabio Nelli, magnífico ya de por sí), la Casa de Cervantes, la Casa de Colón o los archivos de la Real Chancillería de Valladolid. No es tan antiguo como la Iglesia de la Antigua o la antigua plaza de toros de Valladolid (hoy bonito patio octogonal de vecinos), ambas vinculadas al fundador de la ciudad, el Conde Ansúrez. Sí que es más antiguo que el actual edificio del Ayuntamiento de Valladolid, que fue inaugurado en 1908 con la estatua del mencionado Conde Ansúrez justo enfrente, en la Plaza Mayor de Valladolid, auténtico centro neurálgico de la ciudad.

Me estoy refiriendo al Pasaje Gutiérrez, la galería comercial cubierta, de estilo modernista-industrial de Valladolid, único ejemplar de este tipo en nuestra ciudad y una de las únicas tres que quedan en toda España (junto al Pasaje Lodares de Albacete y el Pasaje Ciclón de Zaragoza). Es uno de los lugares más bonitos y con más encanto de Valladolid y, posiblemente también, uno de los más fotografiados.

El más grandioso de cuantos conocemos en España; más elegante y más espacioso que el magnífico con el que cuenta Zaragoza; no hay ni en Madrid ni en Barcelona, ni en Sevilla ninguno que con él pueda compararse”. El Norte de Castilla (17 de octubre de 1886). 

Fue construido en 1886 por el arquitecto Jerónimo Ortíz de Urbina, quien se fijó en las galerías comerciales que ya eran frecuentes en otros países como Francia, Italia y Alemania, sobre todo el primero y en París, donde empiezan a conocerse a raíz del éxito de la Revolución Industrial. Así, el encargo lo hizo un industrial de la pujante Valladolid de entonces, el santanderino Eusebio Gutiérrez, quien quiso dotar de un enclave modernista en una de las zonas más interesantes de la ciudad, en un local de su propiedad, entre la Catedral y la Plaza Mayor. Al pasaje se accede hoy desde las calles Fray Luis de León (antes calle del Obispo) y Castelar (antigua calle Sierpes).

Sobre las puertas, ambas diferentes, figura el nombre, “Pasaje de Gutiérrez”, además de la fecha, en la primera puerta la de inicio de las obras, 1885, y sobre la segunda la de su inauguración, 1886.

En medio de las dos avenidas que comunican las puertas de acceso se encuentra una rotonda en la que se puede ver una preciosa estatua de Mercurio, el dios del comercio (y de los viajeros, profesiones enlazadas, por eso las alas en sus pies), para enfatizar aún más esta dedicación industrial. Es una escultura que imita otra de Juan de Bolonia (1529-1608), cuyo original, de 1565, se conserva en el Museo del Bargello de Florencia.

Alrededor de la rotonda se colocaron estatuas en terracota alegóricas de las estaciones: Primavera, verano (con su hoz) otoño e invierno.

Sobre la entrada de la Calle Fray Luis de León hay un balconcillo con unas figuras infantiles, un niño y una niña, que sujetan un reloj, un conjunto escultórico elaborado por el francés M. Gossin.

En ese balconcillo se celebró un concierto con un cuarteto de cuerda el día de la inauguración. El techo está realizado en cristal y metal, como la galería del centro, y de madera en varios tramos de los pasillos. En estos espacios de madera pueden admirarse obras del pintor palentino afincado en Valladolid, Salvador Seijas (1837-1913), referentes a diversos temas, como la agricultura, la primavera, el comercio y la industria. Desde 1998, tras una profunda restauración (realizada a instancias del Ayuntamiento, actual propietario del pasaje), está calificado como Bien de Interés Cultural.

Estas son algunas de las fotografías del Pasaje Gutiérrez tomadas por mí en diversos momentos, pero pueden verse más y saber más cosas, en los siguientes enlaces: Arte Valladolid (sobre las pinturas de Seijas); Info-Valladolid; Blog de Jesús Anta Roca (muy recomendable);  Wikipedia.

Este artículo se lo dedico a mi amiga Maite F. M. que es la última persona a quien se lo he mostrado.

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SAINTE ODILE versus SANTA LUCÍA

SAINTE ODILE versus SANTA LUCÍA

Imagen propia: Monasterio de Sainte Odile en Alsacia (2008)

El día de hoy, 13 de diciembre, se celebra la festividad cristiana de Santa Lucía, cuyo nombre significa “luz para el mundo“, y que es tenida por la patrona de quienes padecen afecciones oculares, pues según el martiryon griego Lucía de Siracusa (283-304) fue cegada en martirio (se suele representar a la santa con sus ojos sobre un platillo). Existe la leyenda sobre su persona que dice que fue la belleza de sus ojos la que no permitía descansar a uno de sus pretendientes, por lo que ella misma se los arrancó y se los envió al haberse declarado cristiana y en virginidad perpetua (su pretendiente, arrepentido, se convirtió al cristianismo). Otra leyenda le atribuye el poder de la vista aún sin ojos, demostrado ante un Tribunal que la juzgaba bajo la acusación de pertenecer al cristianismo. Por todo ello suele ser nombrada patrona de los oculistas y, por razones que aún se me escapan, de modistas y sastres (Valencia) y de los escritores. Será porque tanto unos como otros se “dejan los ojos” en sus respectivas profesiones…

Imagen: Lucía de Siracusa (1521), de Domenico di Pace Beccafumi.

Pues bien, también se tiene por una santa relacionada con la vista a Odile de Alsacia (662-720), dama noble nacida ciega en la localidad alsaciana de Obernai, cuyos padres fueron  los francos merovingios Adalrico (o Etichon) y Bereswinda, duques de Alsacia, y que recobró la vista cuando fue bautizada. Llegó a fundar y convertirse en abadesa del convento  de Hohenbourg, en una cima de los Montes Vosgos alsacianos, que acabaría llevando su nombre (Odilienberg). Fue canonizada por la iglesia católica en el siglo XI (por el papa León IX) y nombrada patrona perpetua de Alsacia por el papa Pío XII en 1946. Su festividad se celebra, igualmente, el 13 de diciembre. 

Imagen: Sainte Odile (Alsacia)

La historia de Odile se inicia antes de su nacimiento, pues su padre pensaba que su esposa Berswinde (en alsaciano) estaba embarazada de un varón. Tanta fue su decepción al ver nacer a la niña, y además ciega, que quiso matarla, pero la intercesión de su madre salvó su vida y fue entregada a las monjas del Monasterio de Balme (hoy Baume-les-Dames), en la Borgoña. Fue allí donde llegó un monje irlandés, Sant Erhard, quien siguiendo un mandato de Dios, bautizó a la niña recobrando esta inmediatamente la vista. Al llegar a oídos de su padre, mandó convertir la fortaleza franca de  Hohenbourg  en un monasterio para que su hija fuese su abadesa. Desde este lugar, Odile realizó numerosos milagros, convirtiéndose el Monasterio en objeto de numerosas peregrinaciones.  Hoy, tiene hasta su propia comisaría dentro del complejo.

Imagen propia: Capilla de la Croix (Alsacia) 2008

La parte más antigua del monasterio es la Capilla de la Croix, del siglo XII, que está decorada con frescos dorados. Todo el monasterio ofrece impagables vistas de los montes Vosgos y hasta de Estrasburgo en días despejados. También en su exterior se ha encontrado parte de un muro pagano (mur païen) megalítico, de la Edad del Bronce, realizado con cerca de 300.000 bloques de piedra de entre 1,60 y 1,80 metros de anchura y hasta 3 m de altura. No se conoce el origen y uso de este muro, pero seguramente evidenciaba una afluencia masiva de personas que justificarían el afán cristiano por convertir este espacio en un lugar de culto cristiano, en uno de los muchos ejercicios de sincretismo que realizó la Iglesia desde sus orígenes.

Imagen: John Bauer (1882-1918)

Santa Lucía es también una festividad muy celebrada en las iglesias ortodoxa y luterana y muy popular en los países escandinavos. Desde la Edad Media, la festividad de Santa Lucía, el 13 de diciembre, da origen al ciclo navideño, pues debido al retraso acumulado por el calendario juliano, este día coincidía con el solsticio de invierno y, por tanto, era el día más corto del año. En la mañana del 13 de diciembre, las niñas se visten con una túnica blanca (“Lucías“) portando una corona de siete velas en la cabeza (la que porta la luz). La hija mayor de cada familia, es la encargada de despertar a sus padres, llevándoles los dulces típicos de esta fecha, unos pastelitos llamados “Lussebulle” (bollos de Lucía), con forma de ojos.

En Suecia y Finlancia se celebra un Desfile de Lucías (acompañadas de muchachos-estrella, stjärngossar“, tocados con gorros puntiagudos estrellados), durante el cual las luces de las calles se apagan y solo se iluminan con las velas (hoy artificiales, por seguridad) que las “Lucías” llevan en su corona o en su mano. Se cantan villancicos y canciones tradicionales, se reparten dulces entre amigos y vecinos y se elije a la “Reina Lucía“, coronada cada día 13 de diciembre hasta el año siguiente. 

Y además de todo eso, hoy, 13 de diciembre, hubiésemos celebrado el cumpleaños de Lucía, mi suegra, tristemente fallecida el pasado 31 de mayo. ❤

Santa Lucía, espejismo resplandeciente,
difunde tu belleza en el esplendor de nuestro invierno.
Los sueños con alas susurran profecías sobre nosotros,
prende tus velas blancas, Santa Lucia.
Danos tú, novia navideña, una idea de la Navidad.
Prende tus velas blancas, Santa Lucia.

AlmaLeonor_LP

 

VOLVER A CAUTERETS

VOLVER A CAUTERETS

Pues eso es lo que hemos hecho este verano. Volver a un lugar que está ya instalado en nuestros corazones con el título honorífico de “nuestro lugar”, ese enclave que sabes que siempre aparecerá en tu mente cuando quieras evocar la felicidad, la tranquilidad, la paz y la estabilidad del espíritu. Ese sitio, para nosotros, es Cauterests, una localidad francesa del departamento de Hautes-Pyrénées, en la región de Occitania, enclavado en medio de un maravilloso valle de los Pirineos franceses. Ya estuvimos en el año 2009 y en septiembre del año 2013. Y este año hemos vuelto.

Oficina de Turismo de Cauterets

Cauterets se encuentra a unos 207 kilómetros de la frontera española por Irún (dirección Bayona, Po, Tarbes y finalmente Lourdes, a tan solo 30 km de esta localidad). Es un recorrido fácil de hacer por autovía y autopista (carísimos los peajes) y aunque salimos ya entrada la mañana, a media tardes estábamos instalándonos en el camping Les Glères (Los Manantiales), el primer camping creado en Cauterets (ahora existen otros seis) y abierto todo el año.

Nos hemos encontrado unos días fantásticos con una temperatura más que agradable, no superior a los 22º en los momentos álgidos del día, y alrededor de los 5º por la noche y madrugada. No en vano el nombre de Cauterets parece que significa “frío y calor”, aunque su etimología dice que viene del latín vallis caldarensis, valle de los baños calientes, lo que le dio su fama de lugar balneario.

Como es un valle profundo, tardaba en llegar el sol por la mañana y Miki siempre estaba buscándolo, aunque a nosotros nos preocupó más saber cómo funcionaría el avance que habíamos comprado hacía unos meses y que aún no habíamos estrenado. Aunque en algún momento se mostraba un pelín enredado a la hora de montarlo (y más si hay que contar con la “ayuda” de Miki), el resultado es espectacular. Tuvimos un pequeño problema con el suelo del camping, porque era muy duro y no clavaban bien las piquetas, pero al final pudimos disfrutar de él durante los siete días que estuvimos en el Camping Les Glères, nuestro favorito en Cauterets, en la misma entrada del pueblo y justo al lado de una parada de ACs estupenda.

El avance resultó ser un cenador espléndido y nos permitió disfrutar de un espacio más amplio para poder hacer vida de camping y además, dejar nuestras cosas cuando nos marchábamos con la furgo a hacer algún recorrido por los alrededores.

CAUTERETS

Estación de Cauterets (septiembre-2013)

Al salir del camping lo primero que nos encontramos es la fabulosa Estación de Cauterets, monumento histórico, que hoy en día solo funciona como punto de encuentro para algunas líneas de autobús y como centro de actividades culturales (tiene en su interior un teatrito muy bonito). Su construcción data de 1901 (fue prefabricada en madera, hecha a mano, en Burdeos y construida en Cauterets sobre una losa de cemento), cuando funcionaba la vía de tren Pierrefitte-Cauterets (conectaba estas localidades con Luz-Saint-Sauveur), que fue abandonada en 1949 y todo el recorrido se transformó en una vía verde de 30 kilómetros.

Antigua estación des Oeufs (Cauterets)

En el centro de Cauterets aún se conserva la llamada Estación des Oeufs (huevos), construida en 1896, que conectaba esta localidad con el cercano Pont d’Espagne. Nunca se llegó a realizar la prevista conexión de ambas líneas.

La ciudad conserva aún ese aire decimonónico de enclave balneario, que es lo que la dio fama y elegancia. Muchos de sus edificios, como el mismo Ayuntamiento o la Oficina de Turismo y varias otras casas y hoteles (Residencia Continental, Hotel du Lys, Gran Hotel de Inglaterra, Les Promenades…) mantienen sus fachadas balconadas y aire cosmopolita decimonónico. La Villa Golitsyn, el Chalet Galitzine, que data de 1840, y otras bonitas casas se pueden visitar al fondo (imágenes propias aquí, al final del álbum), al tiempo que otros lugares como Le Pavillon des Abeilles y el museo de 1900, con colecciones de arte y de tradiciones populares, así como una exposición permanente dedicada al esquí y al alpinismo, desde 1850 hasta nuestros días.

Thermes des Griffons (La Raillere)

Y, por supuesto, las Termas de César, reformadas en 1999, conservan el mismo aire señorial que tuvieron originalmente, cuando se construyeron en 1844. Marcan incluso periodos vacacionales, pues los servicios del camping, por ejemplo, cuentan con ofertas según los forfaits de las Termas. Otro edificio termal de Cauterets, es el de Thermes des Griffons, en el barrio de La Raillere, junto a la Gave de Jeret, que forma unas impresionantes cascadas que se pueden observar desde la carretera según se sube, o a través del Camino de las Cascadas desde Cauterets, con paradas en todas ellas.

En La Raillere, se pueden ver también la cascada de Lutour, que en el año 2013, cuando estuvimos por última vez, causaron un gran estropicio en la zona (también al restaurante que hay justo en su base) por la crecida de las aguas y las inundaciones que sufrieron en todos los Pirineos centrales.

Volviendo al centro de Cauterets, no podemos dejar de admirar el Gran Casino, hoy cine y restaurante, y la preciosa plaza en la que está ubicado. Delante del edificio hay un juego de fuentes de agua que por la noche se transforman en un precioso espectáculo de luz.

Las Galerías d’Explanade, se sitúan justo enfrente del Casino, con su impronta Art-Decó, hoy flanqueando restaurantes y tiendas de recuerdos, pero también una biblioteca municipal.

Al final de la plaza un cedro impresionante cierra el entorno (desde aquí se llega a la otra parada de ACs al otro lado del pueblo) en un extremo y, al otro, un parque infantil y un minigolf completan uno de los rincones más bonitos de Cauterets.

En la plaza, donde se encuentra el Ayuntamiento y la Oficina de Turismo, también es el lugar donde se ubican varios de los restaurantes de Cauterets (uno de los lugares más animados es la pequeña pizzería para llevar, siempre con clientes), alguno con wifi gratuita disponible, y varias tiendas de ropa deportiva y de alpinismo, con ofertas y precios más que interesantes, pero también con marcas que no se encuentran fácilmente, al menos aquí en España. También aquí es donde podemos adquirir los famosos berlingots, unos caramelos artesanales que se fabrican en Cauterets desde el siglo XIX, casi por prescripción facultativa. Resulta que los clientes de las termas que venían a la localidad para beber aguas ferruginosas, se veían aquejados de un mal aliento muy molesto y el médico del balneario les recomendaba tomar caramelos. Así, Cauterets dio servicio a esta necesidad de sus visitantes creando un producto único que podían llevarse como recuerdo, los berlingots.

Muy cerquita, pues todo está cerca en esta localidad, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora, inaugurada en 1886. Delante podemos ver, como en prácticamente todos los pueblos de Francia, un monumento a los caídos franceses en las dos guerras mundiales. Y, como en casi todas partes en Francia también, en el lateral de la calle, unos baños públicos cuidados y en servicio.

En estas callejuelas de Cauterets también se pueden encontrar algunos edificios de viviendas que igualmente tienen reminiscencias decimonónicas. De hecho, en uno de ellos hay un cartel que avisa de que fue en él donde se alojó el escritor y político francés, François-René de Chateaubriand.

Y es que son muchos los personajes famosos que recorrieron las calles de Cauterets en el siglo XIX para tomar baños o hacer curas de reposo en sus balnearios. Además de Chateaubriand, se sabe que lo visitaron la reina Hortense de Beauharnais (madre de Napoleón III), Carolina, duquesa de Berry (1798-1870), la escritora George Sand, el escritor Víctor Hugo (compuso aquí, mientras compartía paseos y baños con su amante Juliette Drouet, un poema incluido en el tercer libro de su obra “Contemplaciones”, el titulado “Las luchas y los sueños”, en agosto de 1843, tras enterarse por la prensa del fallecimiento de su hija), el poeta Alfred de Vigny, Giuseppe Verdi, etc., etc. Se sabe también que Gaston Phoebus (conde de Foix, 1343-1391) o la reina  Margarita de Navarra (1492-1549) también lo visitaron en su tiempo. Por cierto que Margarita, una prolífica escritora, sitúa en Cauterets el escenario de su obra de cuentos (72 relatos cortos publicados sin acabar en 1559), The Héptaméron.

De vuelta al Camping pasamos por la Estación de Telecabinas, que aunque cerradas ya en esta época (cierra el 22 de septiembre), aún podían verse pasar de vez en cuando sobre nuestras cabezas. La antigua estación del Teleférico había sido obra del equipo de Gustave Eiffel, pero hoy es un moderno edificio con telecabinas cerradas que llegan hasta el Cirque du Lys, desde donde se puede tomar un telesilla hasta el Grand Barbat. Allí, nos encontraremos rodeados de picos de más de 2000 mt, el más alto de los cuales es el Moun Born (2.724  m ) y en día de buen tiempo se puede ver a lo lejos el Pico Vignemale de 3298 mt (llamado en Aragón, Comachibosa), el más alto del pirineo francés.

En esta ocasión no subimos, y no solo porque estuviese cerrado. Ya nos ocurrió en la anterior ocasión, y es que no dejan subir con Miki…

CAMBASQUE

En nuestras anteriores visitas a Cauterets no nos acercamos a este lugar que veíamos anunciado cada vez que paseábamos por la localidad. Esta vez no nos quedamos con las ganas.

La estación de sky de Cambasque es, en verano, uno de los recorridos más bonitos que pueden hacerse, tanto en coche (son unos 7 km) como caminando desde Cauterets (la ruta es la GR10) como en bicicleta, emulando al gran Miguel Induráin que ganó aquí en 1989 su primera etapa en un Tour de Francia.

De camino, una encrucijada nos permite admirar la cascada de la Gave de Cambasque. Al otro lado del camino se llega a un restaurante, Granja Vasca, que por su ubicación tiene que disfrutar de unas vistas de infarto. Una vez arriba, el espectáculo es más que impresionante, con más de un camino para recorrer y una inmensidad montañosa que sobrecoge.

Una granja ubicada envidiablemente en medio del circo, nos ofrece también unos de los mejores momentos de la excursión, el paso de un rebaño de vacas con sus terneros y de una manada de caballos con sus potrillos. Precioso  e impagable. Una tarde para no olvidar.

Cauterets es un lugar mágico… y aún nos dio para más recorridos, pero por hoy, vamos a disfrutar de la noche. Otro día más…

AlmaLeonor_LP

 

 

VÍSPERA DE QUEDARSE

VÍSPERA DE QUEDARSE

Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.

Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.

El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…

Todo está preparado: en serio, en vano.

Juan Vicente Piqueras
(La latitud de los caballos, 1999)

 

 

EL VIAJERO VUELVE AL CAMINO

EL VIAJERO VUELVE AL CAMINO

Imagen: “Space Tourist” (Digital Art), Vitaliy Gladkiy.

“No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: ”No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.”

Viaje a Portugal (1981), José Saramago