LOS TEBEOS CON LOS QUE APRENDIMOS A LEER

LOS TEBEOS CON LOS QUE APRENDIMOS A LEER

personajes

“Muchos de los adultos que hoy somos ávidos lectores comenzamos nuestras andanzas literarias de la mano de los famosos “tebeos” cuando éramos unos críos.”

Así empieza Carlos J. G. su artículo NOSTALGIA ENTRE LAS PÁGINAS. LOS TEBEOS CON LOS QUE APRENDIMOS A LEER, en la revista digital Think Future, donde hace un repaso a algunos de aquellos míticos “Álbumes Troquelados a Color” como figuraba en muchos de ellos, y que tanta compañía nos hicieron en una época sin móviles, consolas, tablets, iPhon, iPod y casi, casi sin Tele. Toda nuestra ventana al mundo la componían los libros y los tebeos.

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Yo fui una de esas personas que “casi” aprendió a leer con los tebeos… Digo “casi” porque evidentemente el aprendizaje y la comprensión lectora fue un logro escolar, pero una vez en casa “devoraba” tebeos. Y con ellos la práctica fue constante y el aprendizaje muy ameno. Sin el “casi”, con los tebeos aprendí vocabulario y expresiones correctas, composición de frases, ortografía y gramática. Algo que tristemente se dejó de obtener con los tebeos de la última generación. Hace muchos años que dejé de comprar Mortadelos (tengo una gran colección de antiguos Mortadelos), porque los últimos perdían mucho tanto en imágenes como en vocabulario, sobre todo en vocabulario que se reducía considerablemente a una aglomeración casi chabacana de expresiones mínimas, onomatopeyas y monosílabos.

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Aun cuando mi hijo estaba aprendiendo a leer (ahora tiene 22 años), servían mis viejos tebeos para que él pudiera aprender ese vocabulario que a mi me vino tan bien. Y lo aprendió. Fue la época en la que más Mortadelos compramos. Mi marido y yo los buscábamos en los mercadillos, para llevarnos los antiguos. Con ellos mi hijo, desde pequeñito sorprendía a propios y extraños utilizando palabras que hasta a los mayores les parecían ajenas. También nombres de personajes históricos y contemporáneos. Recuerdo una vez que durante un viaje en coche, me preguntó de repente que quién era “col”… así sonaba lo que me preguntaba… Tras mucho interrogar y casi cuando él estaba ya al borde de un ataque de histeria porque yo no era capaz de resolver su duda, acabé cayendo en la cuenta de que me pregunta por Helmut Kohl, el que fuera canciller alemán y que aparecía como un personaje, entre otros muchos de la política nacional e internacional, en un ejemplar de Mortadelo y Filemón que aún conservo. Esa inquietud por saber quién es quién y por conocer cosas y gentes también es algo que mi hijo aprendió con los tebeos y que las gentes de mi generación interiorizamos a base de leerlos y releerlos hasta que caían a pedazos de puro manoseo.

Mortadelo y Filemóm por Ibañez (disfraz de troglodita) Mortadelo y Filemón por Ibañez (disfraz de Mata Hari) mortadelo y filemón por ibañez disfraz de novia

Como digo, tengo en casa una buena colección de Mortadelos, pero también tebeos de Superlopez, Zipi y Zape, Joyas Literarias Juveniles y algún otro, aunque perdí por viejos y gastados los Jabato y Capitán Trueno que tanto me deleitaron de niña y jovencita. Con estos últimos aprendí muchas más cosas, además de vocabulario. Fueron ellos los primeros que me enseñaron a querer saber más de la Historia de Roma y de los Vikingos, los primeros que me enseñaron curiosidades de los pobladores africanos, de los egipcios, de las culturas asiáticas y de pueblos ya desaparecidos como Íberos e Hititas… ¡ah! los Hititas… cuando alguien me oía mencionar a los Hititas con mis años adolescentes me miraba con cara rara, como si hoy me pusiera a hablar de Wagner y Bach en una reunión de adolescentes fans de Justin Bieber y Milei Cirus, por poner un ejemplo. Pero yo sabía de esos pueblos porque lo había leído en El Jabato. Y no solo en sus historietas y andanzas, sino en las contraportadas de los ejemplares, donde venían una serie de retazos de la Historia y de curiosidades del mundo. Aprendí muchas cosas con aquellos tebeos. Muchas. Y con ellos aprendí también a amar la Historia y a querer ser historiadora.

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Y otra curiosidad más… tenía yo unas conocidas, familiares, a las que visitaba con mis padres cuando ya era algo más mayorcita, que tenían un montón de ejemplares de “Don Micky”, un tipo de cómic infantil un poco posterior a mi infancia, pero que nunca llegué a tener ni de adolescente, porque, o bien por precio, o bien porque así se ha conservado en mi imaginario particular (no lo sé muy bien), eran tebeos asociados a un estatus social y económico al que nosotros no pertenecíamos (y del que si disfrutaban esas conocidas a las que mi familia visitaba). Ellas también tenían Barbie, cuando aún no era una muñeca popular y solo llegaba a ciertas casas pudientes. Nosotras, mi hermana y yo, teníamos Nancy. Una especie de formato infantil de diferenciación social. Curioso.

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Recuerdo todo esto ahora al leer este artículo. Precisamente hoy, que empieza el Carnaval, evoco a uno de los magos de los disfraces, Mortadelo y sus muchas imágenes y transformaciones. ¡¡FELIZ CARNAVAL A TODOS!!

AlmaLeonor

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12 respuestas a LOS TEBEOS CON LOS QUE APRENDIMOS A LEER

  1. Almudena dijo:

    Nada que añadir. Muy bien contado. Sólo hay una cosa que me ha llamado mucho la atención, lo de la Nancy como diferencia social. Es más, ni siquiera tengo un remoto recuerdo de que existiese la Barbie en mi época.

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    • almaleonor dijo:

      No exactamente de la más tierna infancia, quizá la Barbie sea de un poco más adelante, no mucho. Lo curioso es que yo si que tuve una “Barbie”, una especie de muñeca delgaducha y fea con vestidos intercambiables que un tío nos trajo de Alemania a mi hermana y a mi y a la que no hicimos caso en absoluto. Teníamos la Nancy y era lo más de lo más. Luego recuerdo que una amiga de una prima, mayor que yo incluso, con la que coincidía cuando íbamos de visita a casa de mi tía (antes se iba “de visita”) y que era “de muy buena posición” (la de mi tía también lo era), llevaba siempre un maletín enorme con sus (varias) Barbies (esta ya si, la oficial) y todos sus trajes (complementos como un armario y una bañera, no recuerdo muchos más, y un Ken impensable). No recuerdo que edad tenía, pero no era ya una niña de muñecas aunque tampoco muy mayor. Nadie de mi colegio tenía esa muñeca, solo conocí a aquella chica con Barbie hasta que ya siendo adulta se pusieron de moda y explosionó completamente… Pero si, hay cosas que yo asociaba entonces (y ese recuerdo me ha quedado hasta ahora) a un cierto estatus social elevado: El cine-exin, los Don Micky y la Babie… eran elementos que nadie de mi entorno tenía, solo ciertas personas que conocía por distintas circunstancias y que eran tenidas en mi casa por gentes “de buena posición”.

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  2. Almudena dijo:

    ¡Aaah! Yo de “buena posición ” nada pero tenía un tío marino que era mejor. Mi muñeca era y será siempre la Nancy (la de antes, que la de ahora es horrible) pero tenía Cine-exin y tocadiscos gracias a los viajes del tío marino 🙂 Para que veas que las apariencias engañan jajajaja

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  3. Trecce dijo:

    Qué de recuerdos y cuantos buenos ratos nos hicieron pasaron aquellos tebeos.

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  4. Dessjuest dijo:

    Mortadelo y Asterix, esos dos tebeos fueron los que más me marcaron de crío, evidentemente muchos más, pero Mortadelo es Mortadelo, aun hoy me leo algún cómic de ellos, y me siguen resultando graciosos 🙂

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    • almaleonor dijo:

      Asterix y TinTin los conocí de adulta… en mi infancia y adolescencia no existían en mi casa. Mortadelos aún leo alguno yo también si… y tengo unos cuantos guardados como oro en paño… 😀

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      • Dessjuest dijo:

        En mi casa no había ni Mortadelos, pero en el barrio había una tebeoteka, por diez pesetas pillabas uno durante un día entero 🙂 ni qué decir que los de Asterix estaban casi siempre pillados.

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      • almaleonor dijo:

        Mis padres compraban tebeos, pero no tantos como pudiese pensarse por lo que cuento. En realidad los que leía de niña y adolescente acabaron desechos de tanto releerlos. Los que tengo son comprados posteriormente, por mis padres o por mi, pero ya de adulta y trabajando, y en todos los casos, muchos se compraban de segunda mano en el mercadillo. Lo que si había en mi barrio eran kioskos donde intercambiar fotonovelas, que también había en mi casa. ¡¡Y lo que me gustaban!! jajajaja
        ¡Ah! Otro comic al que me aficioné de adulta es el Mafalda de Quino. Los tengo todos 😀

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  5. Ramón Abelardo dijo:

    Simplemente fantásticos, me has hecho rememorar mi infancia

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